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Asunto:[brisasrenovadoras] HAY QUE CONTARLO A TODO EL MUNDO
Fecha:Sabado, 14 de Abril, 2007  14:50:43 (+0200)
Autor:Armando Quintana <AROSQUI @..........net>

 
 

Hay que contarlo a todo el mundo

 

Mc 16,9-15):   Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con Él, que estaban tristes y llorosos. Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron. Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea. Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación».

 

Dicen que en la tradición y todavía en la actualidad las mujeres están discriminadas. Si así fuera, no es la experiencia del Evangelio ni la que aporta Jesús con su manera de actuar. A quien primero se aparece es a una mujer, a María Magdalena, y que además había estado dominada por el mal. Así debieron interpretarlo también sus seguidores mas inmediatos en el tiempo, pues es más tarde San Pablo quien afirma que para Dios no hay hombre ni mujer, esclavo ni libre, sino que todos somos iguales ante sus ojos.

 

No debe ser casualidad también que la primera persona a quien Jesús se aparece en otro tiempo estuviere dominada por el mal. De alguna forma, nos recuerda la lucha permanente de Jesús y de sus seguidores contra toda clase de mal. Pues luchar contra los demonios, es eso: luchar contra el mal en cualquiera de sus formas y manifestaciones ya a niveles personales ya a niveles estructurales.

 

Se repite en estos días las mismas actitudes por parte de Jesús y de sus amigos.  Todos los evangelistas van contando lo mismo, cada uno a su modo, y desde su experiencia. El que recibe la Buena Noticia debe convertirse en testigo y compartirla con los demás. Hay tristeza y mucho de incredulidad por parte de los suyos. Las cosas como que necesitan ser demostradas, y eso en el mismo texto de hoy aparece en dos ocasiones.

 

Y de nuevo la misma insistencia. Se les vuelve a aparecer mientras están sentados a la mesa, no cuando estaban orando. La normalidad de la vida, de la que hemos hablado estos días. Y la insistencia hasta machacona de Jesús: No se guarden las cosas para ustedes. Antes decía: “no cuenten a nadie lo que han visto”, y a los agraciados por sus milagros les recomendaba el silencio. Sin embargo, ahora como que urge el testimonio y el compromiso con los demás. Como si quisiera dejar muy claro que necesita pregoneros en el mundo. Vayan por todo el mundo y proclamen lo que saben y viven. Proclámenlo no solo a las personas sino a toda la creación. Nuestra tarea apostólica no solo es con las personas ayudándoles a efectuar un cambio, sino también con las estructuras sociales colaborando en su transformación de acuerdo a los criterios del Evangelio dados a conocer por Jesús.

 

Y así, las mujeres, los discípulos, unos a otros van haciendo correr la Gran Noticia: El Señor ha resucitado, yo Le he visto. Está claro que ahora nos toca a nosotros. Le hemos encontrado en el camino, en la dificultad, en el trabajo, en los amigos, en la oración, en la Eucaristía, hasta en Internet. Y ahora nos toca a nosotros seguir caminando y contándolo a todo el mundo

 

María Consuelo Mas y Armando Quintana

14 04 07