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Asunto:[brisasrenovadoras] UNA DUDA QUE NOS HACE FELICES A LOS DEMAS
Fecha:Domingo, 15 de Abril, 2007  13:18:36 (+0200)
Autor:Armando Quintana <AROSQUI @..........net>

 

Una duda que nos hace felices a los demás

 

Evangelio según San Juan 20,19-31.

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes".
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré".
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe".
Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!".
Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!".
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro.
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

 

Una vez más se hace presente entre los suyos cuando éstos están reunidos. Es como si hiciera sagrado todo lo relacionado con la amistad, la comunión, la reunión, el estar juntos. No en vano había dicho en alguna ocasión aquello de "donde estén dos o más reunidos en mi nombre, allí estaré Yo en medio de ellos".

 

Ante su incredulidad, Jesús se muestra muy natural, casi hasta lo entiende: "les mostró sus manos y su costado".

 

Y su presencia trae paz, aporta compromiso –"como el Padre me envió, asi les envío yo a ustedes"-, y trae la presencia misteriosa pero real de Dios: "sopló sobre ellos y les dijo que recibieran el Espíritu Santo".

 

No solo paz, sino que ésta es consecuencia del perdón. Es presencia misericordiosa, que a su vez engendra también esa misma actitud hacia los demás que se relacionen con los que le han experimentado: "a los que perdonen los pecados, les quedarán perdonados".

 

Los discípulos siguen con una mezcla de sentimientos y actitudes: temor ante los demás, dudas ante Jesús, alegría por su encuentro, deseos de comprometerse.

 

Tomás protagoniza la duda histórica. Nos representa a todos. También a los mismos que ya Le habían visto: Si no lo toco y lo veo, no lo creo.

 

Jesús no se arredra ante ello. Lo entiende. Todo lo comprende. La fe es un camino difícil, y El lo sabe. Por eso como que condesciende a lo que pudiéramos llamar caprichos de Tomás. Y se vuelve a hacer presente en honor de la duda, como para intentar desterrarla para siempre. "Trae tu dedo, acerca tu mano", "ahora crees porque me has visto". Como si le dijera, eso no vale. Los que valen serán los que sin ver crean. No cabe duda que ahí estábamos incluidos nosotros. La duda de Tomás es feliz para nosotros. Nos hace sentirnos valorados por el propio Jesús. "Felices los que crean sin haber visto". La incredulidad de Tomás nos ha hecho escuchar las más preciosas palabras dirigidas a nosotros, los que no le hemos visto con los ojos de la carne, y hemos creído en El.

 

Reunidos, comiendo, en el trabajo, de muchas otras maneras que la historia nos irá enseñando, pues muchos otros signos hizo Jesús que no están escritos en los Evangelios. Para que nosotros creamos. Esa fe que hemos recibido en el Bautismo, como una semilla. Pero que ha de crecer. Señal de crecimiento, para darnos cuenta de ello, es si somos para los demás luz que llama a creer.

 

Y en todo, Jesús solo tiene una finalidad: para que tengamos vida, y la tengamos en abundancia. Solo en su Nombre. La Vida que sigue con nosotros y que estamos dispuestos a testimoniar. Con palabras y con hechos, porque aunque es bueno y reconfortante decir “Señor mío y Dios mío”, no basta con ello.

 

15 04 07

María Consuelo Mas y Armando Quintana