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Asunto:[brisasrenovadoras] El misterio y lo tangible
Fecha:Jueves, 19 de Abril, 2007  21:57:11 (+0200)
Autor:Armando Quintana <AROSQUI @..........net>

 

 

 

El misterio y lo tangible

 

Juan 3,31-36.

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra. El que vino del cielo
da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio.
El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz.
El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida.
El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos.
El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él"

 

Juan repite hoy los conceptos teológicos que ha venido desgranando en textos anteriores y que hacen referencia a esa íntima unión entre Jesús y su Padre. Identificación que les permite ser una sola realidad: la divina. "El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos"

Una vez más el misterio, lo trascendente, se envuelve con lo terrenal, con lo profano, con la vida de cada día y, por asomo, parece algo separado. "El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra".

 

Pero el contexto de todo el Evangelio nos ayuda a afirmar que Jesús viene para unir ambas realidades, para acercarlas, para hacer que nosotros mismos seamos partícipes de la naturaleza divina, de manera que Dios, a través de nosotros, se introduzca en la vida de cada día, haciendo la fe y la realidad, el misterio y lo tangible, la trascendencia y lo terreno algo que pueden caminar juntos, y ser transformada la una por la otra.

 

Es como si este trozo evangélico nos hablase de dos caminos o de dos enfoques de la vida. Uno, mirando desde arriba, y el otro, desde el polvo de la tierra. Pero es que las dos posturas interiores se dan a la vez en nosotros, que somos un conjunto de cielo y de barro. Es, como dice el dicho, que las cosas no se dividen en blanco y negro. Es como cuando nos dejamos invadir por el Espíritu y cuando no levantamos vuelo y seguimos a ras del suelo.

Y es que en el fondo, nuestra vida es eso: mitad ángeles, con deseos de Dios, de cumplir su voluntad, de ser generosos, de renunciar a nuestro egoísmo y entregarnos a El y a los demás; y la otra mitad tierra, con egoísmo y pequeñeces.

 

En ese mismo contexto nos cuesta entender las palabras del evangelista ya no tanto de que "el que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida", sino, sobre todo, aquello de "que la ira de Dios pesa sobre él". Y es que siempre nos ha sabido entender a Dios como Padre, e imaginarlo dando siempre segundas y variadas oportunidades.

 

Es una forma más de esas dualidades que a veces vivimos: entendemos y no entendemos, creemos y dudamos. Es, en definitiva, nuestra vida en la que vamos descubriendo que tiene sentido cuando prevalece la luz y el mensaje de Jesús, que nos ha ofrecido la suya para darnos esa luz, esa vida y esa salvación, y también para seguirnos ayudando en esa lucha de cada día.

 

María Consuelo Mas y Armando Quintana

19 04 07