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Asunto:[brisasrenovadoras] Caricias para el alma 727
Fecha:Martes, 17 de Abril, 2007  13:47:48 (+0200)
Autor:Armando Quintana <AROSQUI @..........net>

 
 
Subject: ( C = P = S ) Caricias para el alma 727

 

 
 
 

 

 

 

NAPOLEÓN Y EL PELETERO
 
No mires hacia atrás con ira ni hacia adelante con miedo, sino a tu alrededor con atención.
                                                                        James Thurber.
 
Durante la invasión de Napoleón a Rusia, sus tropas estaban combatiendo en medio de otra localidad más de ese interminable país helado, cuando se separó accidentalmente de sus hombres.  Unos cosacos rusos lo descubrieron y empezaron a perseguirlo por las callejuelas.  Napoleón corrió para salvar su vida y entró en una pequeña peletería de una calle lateral y, al ver al peletero, gritó lastmosamente:
 
¡Sálvame, sálvame!  ¿Dónde puedo esconderme?
 
Rápido, debajo de esa pila de pieles del rincón -respondió el peletero, y cubrió a Napoleón con una pila de cueros.
 
Apenas terminó de hacerlo, los cosacos rusos irrumpieron por la puerta gritando:  ¿Dónde está?  Lo vimos entrar.  Pese a las protestas del peletero, destruyeron la tienda tratando de encontrar a Napoleón.  Clavaron sus espadas en el montón de pieles, pero no lo hallaron.  No tardaron en abandonar la búsqueda y se fueron.
 
Al rato, Napoleón estaba saliendo de entre los cueros, ileso, cuando en eso entraron sus guardias personales.  El peletero se volvió a Napoleón y le dijo tímidamente:
 
Disculpe que le haga esta pregunta a tan grande hombre, pero ¿qué sintió al estar debajo de esas pieles, sabiendo que esos momentos podían ser los últimos de su vida?
 
Napoleón se irguió en toda su estatura, e indignado, dijo al peletero:
 
¿Cómo se atreve a hacerme semejante pregunta a mí, el emperador Napoleón?  Guardias, llévense a este hombre atrevido, cúbranle los ojos y ejecútenlo.  Yo mismo daré la orden de disparar.
 
Los guardias tomaron al pobre hombre, lo arrastraron afuera, lo pusieron contra la pared y le vendaron los ojos.  El peletero no podía ver, pero oía los movimientos de los guardias mientras se ponían lentamente en fila y preparaban sus rifles y oía el suave ruido del roce del viento contra su ropa.  Sentía como el viento pinchaba suavemente su ropa y le enfriaba las mejillas y el temblor incontrolable de sus piernas.
 
Entonces oyó que Napoleón carraspeaba y gritaba lentamente:  Listos... Apunten...  En ese momento, sabiendo que hasta esas pocas sensaciones estaban a punto de serle arrebatadas para siempre, brotó en él una sensación que no podía describir y las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas.
 
Luego de un largo rato de silencio, el peletero oyó unos pasos que se acercaban y alguien le quitó la venda de los ojos.  Todavía cegado en parte por la luz repentina, vio a Napoleón que lo miraba fijo a los ojos, una mirada que parecía ver hasta el rincón más polvoriento de su ser.  Entonces Napoleón le dijo suavemente:  "Ahora lo sabe".
Steve Andreas
 
Con una caricia para tu alma
Graciela
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 
 
 
 
 
 


 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 




[Adjunto no mostrado: adiosnonino-grachi.mid (audio/mid) ]