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Asunto:[brisasrenovadoras] VIVIR EN LA ALEGRIA
Fecha:Miercoles, 23 de Mayo, 2007  14:18:45 (+0100)
Autor:Armando Quintana <AROSQUI @..........net>

 
 

Vivir en la alegría

 

(Jn 17,11b-19): En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad».

 

 

Hay mensajes que se repiten y se entrecruzan con los de días pasados. Al fin de cuentas el Evangelio no es un diccionario ni un manual de conceptos variados. Es la experiencia de un encuentro personal que crea unión entre las personas, y consecuentemente la alegría y la paz del encuentro recibido y que se aporta. Es la unión de Jesús con su Padre, de Jesús con nosotros, de nosotros con el Padre, de nosotros entre nosotros mismos. En definitiva, de no sentirnos nunca solos. “He velado por ellos y ninguno se ha perdido, guárdalos del maligno y santifícalos en la verdad, así tendrán mi alegría colmada”.

 

Casi es el centro de lo que captamos en el mensaje de hoy: la transmisión de una alegría interna. A pesar de los problemas y contradicciones de vivir en un sistema, llamado por Jesús el mundo, cuyos valores son totalmente diferentes a los que El preconiza y nosotros intentamos. Alegría, gozo, paz y serenidad en y a pesar de las dificultades. Pero para ello, como nos ha dicho en días anteriores, hemos de permanecer en El: encuentro personal, comunicación intensa, oración, escucha en silencio de su Palabra, dejar que trabaje en nuestro interior, dedicarle a ello un tiempo de nuestro quehacer diario por pequeño que fuese, son cosas que pueden ayudarnos para intentar tener el colmo de la alegría que es algo así como la alegría colmada de la que nos habla el Evangelio de hoy. Como cuando uno está atiborrado de trabajo y a punto de asfixiarse y necesita un parón, aunque sea para hacer silencio, asomarse a la ventana y respirar un poco de aire fresco o respirar hondo, y luego seguir afrontando el quehacer que a uno le toca.

 

No  podemos  olvidar  que  las  palabras  del  Maestro  estos  días  son como  un  testamento  para  nosotros.   Hoy  vuelve  a  recordar  que  nos  deja  en  el  mundo,  pero  que  no  somos  del  mundo.  Aún  más,  añade  que  el   mundo   nos   odia,  y  sin  embargo  nos  invita  a  esa  perfecta  alegría que El vive. No  nos  dice  que   nuestra  vida  va  a  estar  libre  de dificultades,  ni de  problemas,  ni  de  incomprensiones,  ni de dolor,  ni de cruz, por que nuestra  alegría,  la  que  El  le  pide  al  Padre  para  nosotros,  es  compatible  con  todo  ello.

 

María Consuelo Mas y Armando Quintana

http://buscandolaluz.zoomblog.com/

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