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Asunto:[brisasrenovadoras] Conversando como amigos
Fecha:Viernes, 25 de Mayo, 2007  14:18:22 (+0100)
Autor:Armando Quintana <AROSQUI @..........net>

 
 

Conversando como amigos

 

Jn 21,15-19):   Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos y comiendo con ellos, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos». Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas». Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras». Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme».

 

 

Una conversación íntima entre dos amigos, en la que se manifiestan aprecio, expresan tristeza, uno pregunta al otro, el otro quiere saber cosas, se reconocen fallos, se explicitan compromisos, y sobre todo se dice lo que se siente. Fluye el respeto, la confianza, la amistad, el amor. Lo lógico cuando entre dos personas amigas hay amistad.

 

"Sígueme " es  el  final  de  esta  misteriosa  conversación  entre  el Maestro  y  Pedro. Primero  le  exige  decir,  una  y  otra  vez ,  que  le  quiere.   El  Señor  lo sabía,  pero quiere  que  el  discípulo  confiese  su  amor,  que  se  lo diga   y  se  lo  repita,  para  que  él  mismo    se  quede  convencido. Sabe  Jesús  que  Pedro  no  ha  olvidado  su  pecado;  que  se  acuerda  de  su  cobardía, que  tiene  siempre  presente  sus  tres negaciones . Pedro se  acuerda,  pero  el  Maestro  quiere  sólo renovarle su confianza, encomendándole  sus ovejas,  y  anunciarle   que  va  a  ser   capaz  de  seguirle,  y  le  da  a entender  de  qué  modo  va  a  morir.

 

A  Pedro  le  hemos  visto    mas  de  una  vez  como  símbolo nuestro  cuando  hemos caído  y  no  hemos  sido  fieles. Ahora  también  podemos escuchar las palabras de Jesús, las  mismas  que  le dirigió a él , encomendándonos  una  tarea, seguro que en relación con los demás: ¿me amas?, pues sígueme.

 

Pero, para ello, necesitamos retomar la conversación que decíamos al principio. Se necesita que los dos amigos, en este caso ya no es Pedro un interlocutor sino cualquiera de nosotros, cada uno de nosotros, que los dos amigos nos paremos a hablar. Hace falta un rato, si es posible cada día, en que nos sintamos juntos y conversemos, con confianza, manifestando nuestro sentir, nuestro ánimo, nuestras quejas, nuestras alegrías. Con la seguridad de que somos escuchados. No hace falta grandes momentos. Puede ser mientras tendemos la ropa, cuando vamos en el autobús, cuando caminamos a hacer tal recado, cuando hacemos ese parada para respirar en medio del trasiego del trabajo. Pero si no hay conversación entre los amigos –Jesús y cada uno de nosotros- no hay desahogo, no hay prueba de confianza, no hay manifestación de amor y el compromiso de seguirle se va diluyendo en mil y una cosas de forma inconsciente. Cambiemos, pues, el nombre de Pedro por nuestro nombre propio y volvamos a leer el texto evangélico de hoy. Puede que salgan cosas interesantes, y sobre todo diferentes, para cada uno de nosotros.

 

María Consuelo Mas y Armando Quintana

25 05 07

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