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Asunto:[brisasrenovadoras] Un Dios de vivos
Fecha:Miercoles, 6 de Junio, 2007  13:02:50 (+0100)
Autor:Armando Quintana <AROSQUI @..........net>

 

 

Un Dios de vivos

(Mc 12,18-27):  En aquel tiempo, se le acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan que haya resurrección, y le preguntaban: «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno y deja mujer y no deja hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos: el primero tomó mujer, pero murió sin dejar descendencia; también el segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero lo mismo. Ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos, murió también la mujer. En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer».

Jesús les contestó: «¿No estáis en un error precisamente por esto, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos. Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error».

Casi siempre lo que nos preocupa son los casos concretos, la casuística, si puedo llegar hasta aquí o allí, si puedo hacer esto sin faltar, etcétera, pero nos olvidamos de lo fundamental que es la actitud interior con la que afrontar las cosas de la vida. A ello nos conduce también el texto evangélico de hoy. Lo importante es la vida, y que tratamos con un Dios de vivos.

 

         Y también se nos recuerda el hecho de la resurrección, de la vida que no termina sino que se transforma, y que es para todos y cada uno. Jesús es el testimonio. Lo que El experimentó, lo experimentaremos nosotros. Es la experiencia que atraviesa la historia, desde Abraham hasta nosotros pasando por Jesús. El hecho de la vida, de la Vida con mayúsculas, que ya hemos comenzado a vivir y a experimentar. Por eso tiene mucho de razón que la vida sea el primero de los derechos reconocidos como tales en la Declaración Universal de los DDHH. Con tiempo de antelación, el Evangelio ya lo había proclamado.

 

         En el texto de hoy son los saduceos, que no creen en la resurrección de los muertos y, con mala intención, buscan, con un ejemplo vulgar pero muy corriente en su práctica existencial, dejar en entredicho la resurrección y en mal lugar a Jesús. El Maestro, de forma inteligente –es uno de sus rasgos humanos que nos conviene también aprender, el saber responder de forma indirecta a las preguntas-, les habla de otro tipo de relaciones entre hombre y mujer, a quienes compara con los ángeles. "Están equivocados, ni conocen las Escrituras ni el poder de Dios". Hablamos de un Dios de vivos, es casi el mensaje central, como una llamada a vivir plenamente esta vida que ya ha comenzado, que no acaba, sino que un momento determinado se transformará, pero que ya ha comenzado. No hay que esperar al minuto después.

María Consuelo Mas y Armando Quintana

06 06 07

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