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Brisas Renovadoras para Tu Alma
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Asunto:[brisasrenovadoras] Fw: Para Brisas: Proclama mi alma las grandezas del Señor
Fecha:Jueves, 27 de Diciembre, 2007  02:13:07 (-0300)
Autor:Gladys Enciso <gladysenciso @.........ar>

 
----- Original Message -----
 
 

María visita a su prima

 

(Lc 1,39-45):  En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Familiares y amigas. Algo más: unidas por la fe reconocen la acción de Dios en sus vidas y alaban a Dios por ello. Su gozo por sentirse madre no le impide compartir la alegría de Isabel que también vive situación similar y más avanzada, y va solícita a hacerle compañía. Isabel también tiene la misma actitud y sus palabras quedarán recogidas en la historia y repetidas millones de veces por tantos y tantos creyentes del mundo entero: Bendita tu eres entre todas las mujeres.

 

Es también el primer encuentro de Juan y de Jesús, entre el último de los profetas y el que da cumplimiento a las profecías. En el brinco de gozo de Juan contemplamos la alegría de la humanidad al sentir que se cumple su esperanza en Jesús.

 

Pero el trozo evangélico comienza destacando la prontitud de María en ir a la casa de Isabel. El ser madre de Dios no le dispensa de la caridad. Al contrario, le urge. Corre a casa de su prima, se olvida de si misma, y siente prisa, sin pensar en el largo camino, sin tomar en cuenta su propio embarazo. Solo busca llegar cuanto antes para estar con Isabel y atenderla pues es mayor de edad.

 

¿Dejamos también nuestras cosas para ser útiles a los demás? ¿Nos olvidamos de esa manera de nosotros mismos? ¿O somos más bien prudentes y encontramos razones para reservarnos? ¿Pensamos que igual lo pueden hacer otros y por eso quedamos justificados? ¿Somos igual de agradecidos porque sabemos que llevamos a Dios en nuestro interior? ¿Saltamos de gozo cuando lo descubrimos a nuestro alrededor?

María Consuelo Mas y Armando Quintana

http://buscandolaluz.zoomblog.com/

21 12 07

 


Proclama mi alma las grandezas del Señor

(Lc 1,46-56):  En aquel tiempo, dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como había anunciado a nuestros padres— en favor de Abraham y de su linaje por los siglos».

María permaneció con Isabel unos tres meses, y se volvió a su casa.

Canto de proclamación de la acción de Dios en la historia. Canto de humildad y de sencillez. Cualquier comentario que se haga del mismo parece como si lo estropeara. Como para que lo aprendamos de memoria y lo recitemos de vez en cuando en el silencio de nuestro corazón recogiendo toda su enseñanza: alegría, agradecimiento, autoestima, reconocimiento de la acción de Dios en nosotros, proclamación de sus grandezas, aceptación de nosotros mismos, valoración de la sencillez, elección que Dios hace de nosotros, condena de la soberbia y del poder en servicio personal, grandeza de la humildad, valoración de la misericordia, conciencia de que somos pueblo, comunidad, inmersos en una historia. Es el espíritu de María lo que se expresa en el mismo, enseñándonos actitudes a tener en cuenta para que sigamos su ejemplo. María, un camino a seguir. El contenido de su oración no solo podría ser el de algunas nuestras de forma constante a lo largo del año, sino unos buenos indicadores de preparación personal para la venida inminente del Señor.

Por eso es dichosa, por haber creído. Son como trocitos de las Sagradas Escrituras que brotan de su corazón y que Ella hace suyos, no solo en su beneficio, sino sobre todo a favor de Israel, a favor de su pueblo. Por eso la conciencia de que somos pueblo, que estamos insertos en la historia, que es donde se sitúa Dios y sus proyectos, y no fuera del mismo.

El Magnificat, así se llama este canto de María, encarna una forma de orar, pero también una forma de vivir.

María Consuelo Mas y Armando Quintana

http://buscandolaluz.zoomblog.com/

22 12 07

 


 

 


José y María, una buena pareja

(Mt 1,18-24):  La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.

Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: «Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: ‘Dios con nosotros’». Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.

José, no cabe duda, era un hombre bueno. Dice los Evangelios que era un hombre justo. Como tal hombre era y se sentía libre. Podía no haberle gustado el aviso del ángel. Pero también, como María, aceptó la voluntad y la Palabra de Dios. Y, sin embargo, sigue apareciendo a un lado, como escondido, insignificante, y su actitud fue tan heroica como la de su mujer. Un carpintero. Natural y vecino de una aldea. Otra vez Dios repitiendo sus métodos y maneras: a través de la gente sencilla, de las cosas sencillas, de los acontecimientos sencillos. Sigue haciéndolo hoy también, solo es cuestión de darnos cuenta. Los que menos aparecen en público, los que no tienen tanto protagonismo, como José, son los hombres justos y los hombres de bien.

Pero como ser humano era una persona normal. Por eso sus dudas, y quiso dejar a María sin notoriedad, sin aspavientos, sin hacerle daño. Dudó. Todo se le venía encima, y en un pueblo pequeño. Pudo no haber entendido bien desde el principio el misterio, pudo sentir demasiada responsabilidad para su humildad, pudo creerse indigno. Pero el estaba comprometido con María, y eso le pesaba también, pues la conocía.

No sabemos si María conoció las dudas de José. En ese caso tendría también que haberlo pasado mal. Nada duele más como la desconfianza de aquel a quien quieres. Pero, aunque las hubiera conocido, María había dado ya su palabra a Dios. Y ahí todo estaba incluido.

A María hemos acudido en todos los momentos de nuestra vida: en los problemas, en las inquietudes, en nuestras desgracias, cuando hemos tenido miedo, cuando no sabíamos como obrar. Siempre la hemos encontrado. Cuando sintamos el zarpazo de la desconfianza de los demás hacia nosotros, cuando notemos el vacío que se nos hace, cuando nos sintamos ninguneados, aprendamos que también Ella entiende de eso. Y el Evangelio dice, casi al final de este pasaje, que todo esto ocurrió para se cumpliera lo profetizado.

María Consuelo Mas y Armando Quintana

http://buscandolaluz.zoomblog.com/

23 12 07



Esta noche es el Sol de un nuevo día

 

(Lc 1,67-79):  En aquel tiempo, Zacarías, el padre de Juan, quedó lleno de Espíritu Santo, y profetizó diciendo: «Bendito el Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido a su pueblo y nos ha suscitado una fuerza salvadora en la casa de David, su siervo, como había prometido desde tiempos antiguos, por boca de sus santos profetas, que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odiaban haciendo misericordia a nuestros padres y recordando su santa alianza y el juramento que juró a Abraham nuestro padre, de concedernos que, libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor en santidad y justicia delante de Él todos nuestros días. Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz».

 

Otro canto de explosión de alegría y agradecimiento como el Magnificat que al igual que este nos sirve de ejemplo de oración y de actitud vital en nuestro quehacer diario, movido desde los criterios del Evangelio: bendición y acción de gracias, reconocimiento de la acción de Dios, conciencia de nuestro ser de servidor, conocimiento de que las profecías se realizan, liberación del mal, postura de misericordia, compromiso de pacto y de alianza, fidelidad a la palabra dada, actitud de permanecer en el servicio encomendado, gratitud por la presencia de dios, constancia en el quehacer día a día, reconocimiento del Mesías como actor de la Historia, humildad aceptando el perdón y el reconocimiento de los pecados y, en toda su oración, una insistencia en la toma de conciencia de que es Dios quien actúa en el corazón de la historia y de las personas iluminándonos y guiándonos.

 

También para nosotros es un recuerdo de que hoy –esta noche es Nochebuena- “Dios nos trae, de lo alto, el sol de un nuevo día para iluminar a los que viven la más profunda oscuridad y seguir guiando nuestros pasos por los caminos de la paz”. Es la Navidad, luz que ilumina, guía para el camino. Cuestión no solo de una noche sino de todos los días. Esta noche y mañana es la foto, el recuerdo de lo que hemos de hacer vivo y permanente en todo el año. Esta noche es el Sol de un nuevo día.

María Consuelo Mas y Armando Quintana

http://buscandolaluz.zoomblog.com/

24 12 07



Acampó entre nosotros

(Jn 1,1-18):  En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.

La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.

Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de Él y clama: «Éste era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado.

 

Desde el principio había un proyecto. Y lo era de salvación y de salud. Relacionado con la vida y con la luz, para vencer las tinieblas y la muerte. Necesitaba una preparación, y para eso estuvieron con nosotros los profetas hasta Juan el Bautista. Hasta que llegó la luz, en forma de niño pequeño, como algo indefenso y a la vez tierno. Se encontró sin posada, al principio como que no había sitio para El. Pero no dejó de iluminar. Y quienes le recibieron se hicieron de su misma naturaleza, y corrió por ellos el mismo río de luz y de salud. Pero El no se desanimó y puso su tienda entre nosotros. Y, viviendo con nosotros y entre nosotros, mezclado en nuestra historia y avatares, en nuestras alegrías y tristezas, comenzó a repartir gracia y verdad, de tal forma que nos dio a conocer al Dios verdadero. Nadie sabía bien de El, y Jesús nos los dio a conocer.

 

Ante un misterio tan grande que San Juan nos explica con palabras insondables, lo mejor casi es hacerse uno niño para poder entender el mensaje de otro niño que viene, desde la pobreza y la exclusión (pues no tenían sitio para el mismo) a sembrar paz, solidaridad, justicia, fraternidad, desde el amor. Lo mejor es hacernos por un momento como niños para descubrir la necesidad que tenemos de un Padre, de alguien en quien apoyarnos, de sentirnos vulnerables y necesitados de ayuda.

 

Acampó entre nosotros. Puso su tienda en nuestro campamento. Su vida en nuestro pueblo y en nuestra historia, y se mezcló con nosotros y con nuestro mundo. No, no se disfrazó, sino que lo vivió con nuestra debilidad, y nace débil, niño pequeño, recién nacido, con medios pobres, en el frío de la noche, con el calor de sus padres y de unos animales. “Se hizo hombre por nosotros”, afirmamos en nuestra profesión de fe. Y ese nosotros es cada persona que ha vivido en la historia de la humanidad desde el principio hasta el último niño nacido ahora mismo. Ese nosotros es nuestro mundo con sus problemas y vicisitudes, los que pasaron los que vivían en la Edad Media y los que sufrimos y gozamos en esta etapa de la globalización. Puso su tienda entre nosotros significa que se insertó en nuestra historia y sigue en ella. Es un Dios solidario. No importa que algunos en aquel momento y hoy no lo reciban. No importa que hoy y ayer hayan quienes hagan lo contrario a lo que El enseña. Sigue poniendo su tienda en medio de las nuestras. Nos guste o no, nos demos cuenta o no, nos inquiete o no, ahí está, y ahí sigue: es el Enmanuel, el Dios con nosotros, en las debilidades y en las angustias, en las alegrías y en las sorpresas, sobre todo cuando más lo necesitamos su tienda no se muda de nuestra historia. Sean cuales fueren nuestras ofrendas, como las de los pastores. Mejor, claro está, la ofrenda de nosotros mismos, de nuestros deseos y fracasos, de nuestras posibilidades.

María Consuelo Mas y Armando Quintana

http://buscandolaluz.zoomblog.com/

25 12 07

 


Feliz Navidad a cada uno de mis amigos y amigas de la red
Que pasen estas fiestas por nosotros dejando su verdadera huella:
una esperanza, una fraternidad, un compromiso por la paz.
Quiero felicitarles con este sobrio mensaje y esta frase muy expresiva:
 
"No me resigno a que cuando yo muera, siga el mundo como si yo no hubiera vivido"
Pedro Arrupe, S.J.
 
 
Armando Quintana




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