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Asunto:[brisasrenovadoras] Fw: Para Brisas:... elegidos por Dios y otros ...
Fecha:Jueves, 3 de Enero, 2008  16:16:35 (-0300)
Autor:Gladys Enciso <gladysenciso @.........ar>

 
----- Original Message -----
Sent: Thursday, January 03, 2008 7:51 AM
Subject: Para Brisas:...y elegidos por Dios


…y elegidos por Dios

(Jn 1,29-34):  Al día siguiente Juan ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios».

 

Es un honor ser elegido por Dios y al mismo tiempo es una responsabilidad. Suponemos es lo que siente Jesús cuando sabe que lo proclaman así. Por eso porque necesita fortaleza para ello baja el Espíritu para confortarlo.

 

Nosotros, por el Bautismo, también somos elegidos de Dios. No solo por el  Bautismo sino por los múltiples mensajes que han llegado a nuestra vida a través de la Palabra escuchada, del testimonio de familia y educadores, de otros amigos y compañeros, de un texto que leemos, de unas imágenes que contemplamos, de un poema que nos hace reflexionar…  A través de muchas cosas podemos escuchar su llamada. Sería bueno que ahora que estamos empezando el año nos paráramos a pensar si realmente nos sentimos elegidos de Dios, y que escuchemos en el silencio de nuestro corazón esa llamada. ¿La sentimos?. Siempre tenemos un recurso: rogar que el Espíritu venga sobre nosotros e ilumine nuestro interior. Nos dará luz, seguro, y abrirá nuestros oídos. Y empezaremos, o volveremos, a sentir ese honor y esa responsabilidad de sabernos elegidos. Y surgirá de nuevo la alegría en nosotros que nos impulsará a caminar con la frente levantada sintiéndonos sus testigos, como comentábamos ayer.

María Consuelo Mas y Armando Quintana

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03 01 08

 


 

 

Seguimos siendo sus testigos

(Jn 1,19-28):  Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron adonde estaba él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?». El confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo». Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?». El dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el profeta?». Respondió: «No». Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?». Dijo él: «Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías».

Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?». Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia». Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Con la verdad por delante. “Yo no soy el Cristo, solo la voz que clama en el desierto” preparando su camino. Es lo que intentaba Juan: que descubriéramos a uno que estaba – que está- en medio de nosotros. La misión de Juan sigue, pues, siendo actual. La realizan otros para nosotros, la realizamos nosotros para otros. Seguimos siendo sus testigos, pues hay algo que no debemos olvidar y es que “una imagen vale más que mil palabras”. Nuestra imagen, nuestras acciones, nuestros comportamientos hacen hoy en el mundo el papel que en otro momento realizó el Bautista. Sin hacernos los gallitos, sin pensar que estamos haciendo el no va más. No somos el Cristo, somos la voz que clama en el desierto. Es una invitación permanente la que en este sentido nos hace el Evangelio: Ser sus testigos. Y al comienzo de un año nos recuerda nuestra tarea en los días cuyas páginas nos quedan por llenar. Testigos del Evangelio.

 

 

“Evangelio como sinónimo de buena noticia, nosotros los creyentes somos testigos de Aquel que es para nosotros Buena Noticia, que sigue actuando y de su Espíritu que mueve a: tantas personas comprometidas con los pobres, a padres entregados a sus hijos, a hijos entregados a sus padres mayores, a profesionales que buscan en el ejercicio de su profesión algo más que un sueldo, a tantas personas que hacen de su vida un ejercicio de descentramiento poniendo al otro en el centro de su vida.” (Francisco Zamora). En esta línea seguiremos este nuevo año, recordando aquello de Teresa de Calcuta: “El bien que hagas hoy, puede ser olvidado mañana… Aún así, haz el bien. Da al mundo lo mejor de ti, aunque eso pueda nunca ser suficiente”

María Consuelo Mas y Armando Quintana

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02 01 08

 



Madre de  Dios y comienzo de año

(Lc 2,16-21): En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel Niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.

Reciben el anuncio y van solícitos, luego lo desparraman por todas partes, no se quedan con la noticia, la cual es bien recibida por los que la oyen. Y bendecían a Dios por lo que habían visto. María observa, silenciosa, agradecida, con recogimiento interior, guardando dentro de sí lo que le viene, rumiándolo por dentro y gozándolo. Por eso luego es capaz de actuar, de estar disponible, porque es receptiva, porque ama también el silencio, porque habla poco y ejecuta lo que en su interior le van hablando. Por algo el primer día del año civil se comienza con la fiesta de María, como Madre de Dios. Es ejemplo a imitar, camino a seguir. Ha sido y sigue siendo la primera creyente. Con mucha mayor discreción, aún, está José, su compañero y padre solícito. Ambos en actitud contemplativa. La de María aparece de forma más explícita. Guardaba las cosas en su corazón.

 

Madre de Dios y madre nuestra. Desde aquel primer SI. Y en ese contexto comenzamos un año nuevo, que se puede presentar ante nosotros con la zozobra de lo desconocido, con la incógnita de sus días aún sin descubrir, con la inquietud y preocupación de lo que tendrá Dios preparado para nosotros y sobre cual puede ser nuestra respuesta o actitud. Pero desde el principio como en el dintel de una nueva etapa aparece la figura de María, madre de Dios. Y eso, todos los años, no solo este nuevo que está comenzando. El primer día María aparece como diciéndonos que es un año de Dios, que hagamos lo que el nos diga –palabras que fueron suyas un día-, y mientras nos lo dice está y permanece a nuestro lado. Y junto a Ella tendremos más fuerzas para en este año ser testigos vivos de su Hijo, siendo luz, sembrando paz, pregonando la justicia, dándonos a todos sin reservas.

 

María, Madre de Dios y nuestra, gracias por serlo y danos tu aliento e inspiración en nuestro caminar de cada día en el 2008

María Consuelo Mas y Armando Quintana

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01 01 08

 



Somos Palabra, somos Comunicación

(Jn 1,1-18):  En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por Él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.

La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de Él y clama: «Éste era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado.

Dios es la Palabra. Dios es comunicación, es diálogo con las personas, con el mundo, con la sociedad, con las instituciones. Una comunicación que trae vida y luz. Es para alumbrar y dar fuerzas en el camino. Para orientar en el sendero. Ha sido anunciado, y preparado por múltiples profetas, entre ellos Juan, el mayor de todos. Ha estado y sigue estando con nosotros. Acampa en este mundo donde ha puesto su morada. Unos se dan cuenta, otros no. Unos pasamos de largo, otros nos paramos a entablar la comunicación que quiere. ¿En qué lado estamos nosotros? El mundo solo puede caminar, las personas solo podemos entendernos a través de la palabra, del diálogo, de la comunicación. Por eso, El se ha hecho todo eso.

 

En este año 2007 que acaba todos hemos vuelto a recibir ese don de la Palabra. Es hora de hacer balance sobre nuestra acogida de la misma. Es hora también de hacer proyectos sobre nuestro compromiso futuro en la línea del doble diálogo: con Dios y con la realidad cotidiana, pues nosotros también tenemos aquí nuestra morada.

 

Así nos lo cuenta Juan al comenzar su Evangelio, recordándonos en un pequeño trozo la historia de la Palabra hecha carne, pasando por el rechazo de los suyos a su glorificación. En este momento de fin de año ponemos nuestros ojos en lo que hemos vivido. Fácilmente descubrimos los momentos de oscuridad y silencio. Pero ha habido también muchos momentos de luz, que son los que conviene sacar hoy a relucir para dar gracias, y para, con pensamiento positivo, tomar fuerzas en el caminar del año próximo. Descubramos las maravillas que Dios ha hecho en nosotros, y como hemos sido también palabra que da vida y luz a nuestro lado a través de la comunicación interpersonal sobre todo. Ser agradecidos será una forma positiva de acabar el año y comenzar otro. Porque lo que importa es nuestra intención, nuestro esfuerzo, nuestras luchas, hayamos conseguido o no lo que nos proponíamos. Algo hemos hecho. Hoy es la hora, como nos lo ha recordado los textos evangélicos después de Navidad, del “Proclama mi alma la grandeza del Señor”, o del “A Ti, Señor, damos gracias”, o del “Bendito seas, Señor, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has dado a conocer a los sencillos”. Y es también el momento de las promesas, no tanto de las nuestras personales, sino de recoger y aceptar la promesa de la Palabra hecha carne que habla de beneficios y dones para los que la reciben y la siguen.

María Consuelo Mas y Armando Quintana

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31 12 07



Una familia original

(Mt 2,13-15.19-23):   Después que se fueron los Magos, el Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle». Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

Muerto Herodes, el Angel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño». El se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea, y fue a vivir en una ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese el oráculo de los profetas: «Será llamado Nazareno».

 

Parémonos un rato ante el misterio de Belén –o Nazaret, da lo mismo- que tenemos en casa: José, María y un niño recién nacido- Jesús-. Ahí tenemos una familia. Y pensemos cómo sería esa familia. A veces pensamos que todo transcurriría bien, que la felicidad y los parabienes colmaban sus vidas. Y sí, tendrían muchos ratos buenos, de alegría compartida, de cariño mutuo, de ratos compartidos con los vecinos, de fiestas vividas en el pueblo, de momentos de conversación en la mesa del comedor, de risas y bromas, de consejos de los padres al hijo, de idas y venidas al colegio. Como en todas las familias.

 

Pero es también una familia con dificultades, con problemas. El parto les pilla fuera de su casa, no encuentran una pensión ni de la más sencilla, todo estaba ocupado, al poco de nacer el niño peligra su integridad física y tienen que desplazarse a otro país desconocido con otras costumbres y estilos, vuelven al suyo y tienen miedo de que los peligros se vuelvan a repetir y se van a vivir a otra ciudad con el consiguiente problema de readaptación. No es fácil vivir así con un niño pequeño, y sin un trabajo fijo. Por otra parte, José, sabiendo que no es su padre biológico, hace de padre al cien por cien, haciéndonos comprender como un ejemplo vivo que no es la sangre lo que hace la paternidad sino el corazón. Pensemos en tantos padres biológicos hoy en día que han abandonado a sus hijos y como muchos solo se acuerdan de enviarle una mensualidad económica. Y pensemos también en muchos padres no biológicos que hacen de padres de corazón educando y haciendo suyos al hijo de su mujer. Como ayer, pasa también hoy.

 

Nos gusta esta familia porque es pobre, puede ser modelo para todos, sobre todo para los más sencillos, también para las instituciones de cualquier tipo, incluida la propia Iglesia como comunidad cristiana, que debe ser también pobre y no llenarse de oropeles o títulos mundanos. Nos gusta por el modelo de madre y de mujer que hallamos en María: esposada con Dios por una parte y con un carpintero por otra, podemos ser fieles a la familia, al matrimonio y a Dios al tiempo. Nos gusta, como hemos dicho, por el modelo de padre que encontramos en José –de quien con frecuencia nos olvidamos y no valoramos lo suficiente-: padre sin serlo, siéndolo. Y nos gusta sobre todo por Jesús, con padre en el cielo y en la tierra. Una familia difícil de imitar, desde luego, pero todo un ideal de familia.

 

En ella se miran hoy también la familia perseguida en muchas regiones del mundo, el padre que tiene que huir a otro país para buscar el sustento de los suyos y pasa años sin ver a su esposa e hijos, es la familia que huye, la familia inmigrante tantos años separada y a quienes se les pone dificultades para reunificarse familiarmente cuando han pasado ya años de estar separados, como esta familia que tuvo que huir a Egipto. Y que huyó de los que mataban niños, como Herodes. Familias que hoy tienen muchos Herodes que se llaman la intransigencia, el hambre, la pobreza, la intolerancia, la obligación de ser y sentir como mandan unas leyes.

 

De esta familia de Nazaret, con gozos y dificultades, con alegrías y grandes problemas, con esperanzas y enormes sufrimientos cuando vieron crecer a su hijo y el rumbo que tomaba su vida que seguro le conduciría a la muerte, hemos de tomar ejemplos las familias de hoy, también con nuestros gozos y dificultades, pero también ha de tomar ejemplo la gran familia de la Iglesia, que es la comunidad cristiana, más allá de las organizaciones y modelos que nos hemos dado a lo largo de los tiempos. Pues el Jesús a quien seguimos vivió en una familia con normas y costumbres (muy posiblemente distintas a las nuestras de hoy pues la cultura ha cambiado, y con ella los usos y costumbres), era uno más del pueblo, tanto que sus paisanos un día se quedarán asombrados con lo que dice y hace pues se preguntarán: “¿No es éste el hijo de José y de María?

 

En esta familia nos miramos también tantas familias del mundo que sin los problemas y dificultades que tuvieron que pasar ellos y otros tantos hoy en el mundo, la vida nos ha sonreído y nos han venido dificultades, sí, pero superables y con fácil resolución. Unas y otras hemos de seguir viviendo con alegría, aprendiendo unos de otros, queriéndonos, amando a los demás, haciendo de nuestra casa una familia abierta, aconsejándonos, sin olvidar nunca la preocupación que nos debemos unos a otros, vengamos de la sangre o del corazón. Una familia original la que se nos pone como ejemplo, sí, pero una familia unida, con la comprensión mutua por delante y el amor como norma

María Consuelo Mas y Armando Quintana

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30 12 07

 



Un anciano justo y piadoso

(Lc 2,22-35):  Cuando se cumplieron los días de la purificación según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.

Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y en él estaba el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al Niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones».

Están insertos en el pueblo de Israel, y como tales, arraigados y cumplidores de sus normas y costumbres. Por eso llevan a su hijo al templo para presentarlo al Señor. Y ,dentro de la tradición, Simeón anuncia que la Buena Nueva se ha cumplido, que las profecías se han realizado, y que lo tradicional da paso a lo nuevo, porque así siempre ha sido, no para estancarnos en el ayer sino para dar paso al hoy. Lo viejo se cambia a nuevo, lo que ayer era norma hoy se convierte en novedad. Y ahora ya podemos descansar, como Simeón, cuando nos adaptamos a lo nuevo que el Espíritu va desencadenando en cada época y sentir.

Y una  vez más el mismo método que utiliza la Revelación de Dios: el anciano Simeón, que solo tenía como título el ser un anciano justo y piadoso, es el que a las puertas del temñplo canta las glorias del Mesías llamándole Salvador, Luz del Mundo y Gloria de Israel. No le han conocido ni le conocerán los sacerdotes y guardianes del templo, porque Dios no se revela a los sabios ni a los poderosos. Busca a los humildes para hacer grandes cosas. Al lado nuestro pueden haber otros justos, humildes y sencillos, que día a día nos estén trayendo la luz de Dios, despertando en nosotros actitudes de comprensión, de acogida o de solidaridad.

Pero el mismo que glorifica al Niño es quien profetiza a su madre que aquel niño será signo de contradicción, y eso hará sufrir a su madre. Por eso la llamamos también Ntra Sra de los Dolores, la Dolorosa.

María Consuelo Mas y Armando Quintana

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29 12 07

 



Los santos inocentes, de ayer y de hoy

(Mt 2,13-18):  Después que los magos se retiraron, el Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al Niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al Niño para matarle». Él se levantó, tomó de noche al Niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».

Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen».

 

Sin pensárselo un momento. Tomó al niño y a su madre y salieron, con lo puesto, huyendo a Egipto. Allí en Judea estaban siendo perseguidos, su vida y su integridad física corrían peligro. Le perseguían por lo que significaba, por las opciones, ideas y acciones que podía realizar contrarias al régimen de Herodes. Son los primeros refugiados políticos. Hoy millones de personas sufren este problema. También han de salir con lo puesto, huyendo de la guerra, de las opciones políticas dictatoriales, por pertenecer a un sindicato libre, del hambre, de los desastres medio ambientales. Lo recordaba el Papa recientemente en su mensaje de Navidad mostrando su preocupación por los refugiados en el mundo. Tienen derecho a ello. El art 15 de la Declaración Universal de los Derechos humanos así lo confirma. Egipto fue el primer país que dio asilo, en este caso a José, María y a su hijo Jesús. En España cada vez ponen más dificultades para pedirlo, los devuelven a su país antes de escucharles, y cuando lo hacen no llega al 4% aquellos que consiguen la protección internacional en nuestro país o en Europa por sentirse perseguidos, con el consiguiente problema de que al ser devueltos a su país de origen correrían la suerte de caer bajo las garras de los nuevos Herodes que en el mundo siguen habiendo. En su mensaje navideño, Benedicto XVI denunciaba esa situación: el hecho de que cada vez hay más inmigrantes, refugiados y deportados víctimas de las guerras, las tensiones étnicas y el terrorismo, pero también debido a calamidades naturales, muchas de ellas consecuencias de preocupantes desequilibrios ambientales.

 

Las dictaduras, las ideas fanáticas, las ambiciones de poder son así. Degüellan a quienes les salen al paso con tal de salir ellos adelante o quedarse arriba. Cientos de millones de inocentes han quedado en la cuneta. En los tiempos en que nace Jesús un clamor de llanto y lamento se oyó en aquel pueblo, eran las madres que lloraban a sus hijos, era el Herodes de entonces matando a inocentes, eran niños que, desde su niñez, se convirtieron en mártires y testigos, recordando hoy sangrantemente a la humanidad que no fueron los primeros ni han sido los últimos. Hoy sigue siendo día de ellos, de los Santos Inocentes, “es decir, de los niños esclavos, de los hambrientos, de los parados, de los inmigrantes, de os que sufren las guerras, de los niños callejeros, de los explotados, de los no nacidos. ¡Si….¡, de todos los niños” (S. Díaz), que además no viven en otro planeta, sino en el nuestro, en el mismo que habitamos cada día.

María Consuelo Mas y Armando Quintana

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28 12 07



Todo un privilegiado

 

(Jn 20,2-8):  El primer día de la semana, María Magdalena fue corriendo a Simón Pedro y a donde estaba el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó.

Navidad, nacimiento, un niño, alegría y ternura. Ayer dolor, crisis, esfuerzo, renuncia. Hoy, resurrección, alegría y gozo renovado, compromiso. El Evangelio es como la vida misma, un todo integral, donde no hay nada separado, sino que cada parte influye en el todo y según sean nuestras opciones integrales así afrontamos las partes y los momentos de cada instante de la vida.

 

El Evangelio habla de carreras, de prisas por conocer de Jesús, por saber donde estaba. Vieron y creyeron. Pero no solo son las prisas, es también la interioridad, la serenidad: Dichosos los que sin ver han creído.

 

Es el testimonio de Juan, el Evangelista, el discípulo de Jesús, el que lo ha conocido profundamente de cerca y con esa misma profundidad nos cuenta su experiencia. Es su fiesta, la de San Juan. En el verano, el Bautista. En el invierno, el Evangelista. Es el discípulo a quien amaba el Señor, hasta el mismo Juan habla así de si mismo. Juan es el que sabe vivir encendidamente su amistad con Jesús. El que reclina su cabeza sobre el pecho del Maestro. El que vela, al pie de la cruz, la agonía de Jesús, junto a María. El que recibe a María como Madre y la lleva a su casa. El que nos ha definido a Dios como Amor. El que nos repite el mensaje de “Aménse…”.Es todo un privilegiado.

María Consuelo Mas y Armando Quintana

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27 12 07






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