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Asunto:[brisasrenovadoras] Fw: LEYENDA DE GHANA
Fecha:Viernes, 5 de Diciembre, 2008  00:10:40 (-0300)
Autor:Gladys Enciso <gladysenciso @.........ar>

 
----- Original Message -----
From:



LEYENDA DE GHANA






 
 
Fábula de Ghana (África occidental)
 

      Un día la Vida tomó la figura de un joven apuesto y se puso a caminar por el mundo.

A la orilla de un bosque vio una cabaña, entró y encontró allí a un hombre pobre

 enfermo de elefantiasis: todos sus miembros estaban hinchado

s y tan deformes que se movía con mucha dificultad.

-¡Oh! ¿Que venturosos vientos te trajeron a mí?

¿Quién eres tú? -dijo el enfermo.

- Soy la Vida, -respondió el caminante.

Algunos me reconocen cuando llego, pero no cuando vuelvo.

 Yo voy y vengo; volveré por estos lugares dentro de siete años.

¿Pero, por qué gimes tanto?

-Tengo una enfermedad horrible; ha destruido mi aspecto humano

y me ha quitado la alegría de vivir.

 Ya no puedo más.

-Si quieres, -dijo la Vida, te curo. Pero tú me olvidarás.

-¡No! Le aseguró el enfermo. Guardaré eternamente en mi memoria

a quien me cure y le estaré agradecido para siempre.

La Vida esparció un polvo misterioso sobre el enfermo, y éste quedó curado como por encanto.

 La Vida siguió su camino y enseguida llegó a la cabaña de un leproso.

-¡Oh! ¡Bendito tú que vienes a mí! -exclamó el leproso al ver al hermoso joven.

 ¿Puedo saber tu nombre?

-Yo soy la Vida -dijo el recién llegado.

Algunos me reconocen cuando llego, pero no cuando regreso.

Voy y vengo.

Volveré por estos rumbos dentro de siete años.

Puedo curarte, ¿pero te acordarás de mí?

-No te olvidaré mientras viva -dijo el leproso.

La Vida lo curó y siguió su camino.

Al llegar a una aldea, se encontró con un ciego que buscaba el camino con un bastón.

Cuando oyó pasos, se detuvo y preguntó.

-¿Quién va? ¡Cuidado con este pobre ciego!

-Yo soy la Vida. Algunos me reconocen cuando llego, pero no cuando vuelvo.

Curó también al ciego y desapareció.

 Pasaron los años, y a su tiempo, como lo había prometido, volvió,

 pero esta vez oculto bajo la figura de un ciego.

 Era ya tarde cuando llegó a la cabaña del ciego que había curado.

Tocó a la puerta. No estaba, pero le abrió su esposa.

-Tenga piedad de este pobre ciego -dijo la Vida.

Conozco a su esposo; ¿me puede dar un refresco mientras lo espero?

Me basta con un poco de agua.

-Mi esposo es un verdadero tonto -refunfuñó la mujer

. Trae a casa a cuanto pobre se encuentra.

Puso un poco de agua sucia en una vieja jícara y se la ofreció

de mal modo al falso ciego.

Por fin llegó el

Señor de la casa, y la Vida se dirigió a él.

-Estoy de paso -dijo. ¿Puedes darme alojamiento hasta mañana?

El hombre murmuró algo, después extendió una estera en una esquina de la cabaña

y dio al ciego un puñado de cacahuates.

Cuando despuntó el alba, la Vida llamó a su anfitrión y le dijo:

-¿No te dije que algunos conocen a la Vida cuando viene pero no cuando regresa?

Tú no me has reconocido, porque la ceguera se ha quedado en tu corazón,

y volverá también a tus ojos.

Dijo esto y salió dejando tras de sí una polvareda.

 El hombre volvió a ser ciego, como siete años antes.

Cuando la Vida llegó a la cabaña del antiguo leproso, se cubrió de una lepr
a

tan horrible que la seguían enjambres de moscas.

Tocó a la puerta, pero aquel hombre, viendo al leproso, no lo dejó entrar

y rehusó darle de comer porque estaba demasiado sucio.

-Te lo había dicho -le recordó el caminante.

Algunos conocen a la Vida cuando viene, pero no cuando regresa.

Dijo y se marchó dejando tras de sí un reguero del misterioso polvo.

 El hombre ingrato se cubrió de nuevo de tanta lepra que la carne

se le caía a pedazos.

Cuando llegó a la cabaña del antiguo enfermo de elefantiasis, la Vida se

hinchó los miembros de tal modo que a duras penas podía caminar.

 Se asomó a la puerta y dijo:

-¡Buen hombre, un poco de refresco por caridad!

-¡Adelante! ¡Adelante! ¡Entra! -dijo el hombre, apresurándose a ayudar

 al fingido enfermo.

 ¡Oh! ¡Que desgracia! ¡Tan joven y tan enfermo!

Yo también, hace tiempo, tuve esa fea enfermedad, pero pasó por aquí

 un buen hombre y me curó.

Quizá...

Y mientras hablaba puso a cocer un plato de arroz, dio al enfermo nueces

 y una jícara llena de leche fresca, después preparó un asado de carnero

y se ocupó de cuidar al enfermo.

En la mañana, la Vida se presentó como el joven hermoso que era y dijo:

-Tú has reconocido a la vida también a su regreso.

 No olvidas los beneficios recibidos y sabes socorrer a quien sufre lo mismo

que tú has sufrido.

Por eso permanecerás sano y gozarás de prosperidad.

El hombre quiso hacer un regalo a la Vida, unas vacas.

Pero el joven se lo agradeció diciendo:

-No tengo necesidad de riquezas.

Quiero que recuerdes una cosa importante:

 La Vida puede cambiar y traer hoy bienes y mañana males,

 pero con frecuencia depende de ustedes hacerla mejor o peor.





 


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