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Asunto:[brisasrenovadoras] Tner tacto . Padre Mamerto Menapace
Fecha:Jueves, 9 de Noviembre, 2006  16:21:18 (+0100)
Autor:Armando Quintana <AROSQUI @..........net>

 
 

TENER TACTO.-
 
 
 
Suele suceder que a los cristianos les resultan muy divertidos los cuentos que tienen como protagonistas a los curas.  Sobre todo si estos quedan mal parados.  Quizá en el fondo sea una especie de compensación.  Los fieles tiene que aguantar tantos retos y tantos enjuiciamientos por parte de ellos, que el lógico que sientan una cierta gratificación cuando la vida los muestra con sus mismo defectos y debilidades.
 
En el seminario de aquella ciudad se tenía la costumbre de que, a partir del segundo año de Teología, se enviaba a los jóvenes estudiantes a que se iniciaran en la pastoral en los distintos lugares donde esta solía realizarse.   Algunos iban a dar catequesis a los chicos, en los barrios.  Otros visitaban la cárcel y se preocupaban de los presos, a quienes por respeto se le llamaba “internos”.  Otros salían a las capillas de campo.  Y por supuesto, también se visitaban el hospital.
 
Justamente a este servicio fue destinado un jovencito muy espiritual y un tanto despistado.  El rector le encargó que comenzara despacio y tuviera tacto.  Que se dedicara especialmente a escuchar a los enfermos, sin pretender conseguir de ellos ningún tipo de conversación.  Evidentemente temía que nuestro joven equivocara los métodos de apostolado.  Le importaba más, en ese momento, que el joven se formara, que lo que concretamente pudiera apartar a los hospitalizados.
 
Y hacia allá partió.  La hermanita responsable de las salas le indicó una sección donde se hallaban las personas más interesadas, previniéndolo de que entre ellos había un quemado, envuelto en vendajes y con un par de sondas, que había pedido una visita.  Nuestro seminaria fue a la sala e identificó al enfermo.  Una bombona de oxígeno estaba al lado de la cama y de allí partía una goma que iba a la máscara que alimentaba al paciente.  Evidentemente se trataba de la persona que se le había indicado.  Envuelto en su sotana recién estrenada, el joven se sentía poco menos que un enviado de Dios, portador de consuelo y espiritualidad por simple contacto.  Armando la más paternal de sus sonrisas, se acercó a la cama del enfermo, que por supuesto no podía hablar, pero que con la mirada demostró querer decirle algo importante.
 
La actitud ansiaba del hombre verdadero suscitó aún más la disponibilidad del seminarista que se inclinó bondadosamente sobre él como para ver si lograba captar lo que le quería decir.  Esto aumentó aún más el ansia del enfermo por comunicarle algo.  Ya francamente la cosa parecía angustiosa.  La sonrisa paternal del seminarista igualaba lo que había visto en los mejores ejemplos recogidos en personajes admirados de su corta vida clerical.  Pero el enfermo no tenía posibilidades de comunicarse verbalmente a causa de la sonda y de la mascarilla.  Por señas y en una actitud casi de ahogo, pidió un papel y lápiz del que se servía para indicar.  Con calma y dulzura el joven le alcanzó lo solicitado.  El pobre hombre garrapateó dos renglones y entregó el papel a la vez que perdía el conocimiento, mientras sus rostro daba señas de faltarle oxígeno.
 
Por poco se cae de espaldas el joven cuando leyó lo que el enfermo le manifestaba en aquel papel escrito que le había entregado casi al final de sus fuerzas.  El mensaje decía escuetamente.
 
     -¡Idiota! Me estás pisando el tubo.
 
 
 
Para acercarse pastoralmente a un enfermo, hay que hacerlo con tacto……. Hasta en los pies.
 
 
 
“Cuentos desde la Cruz del Sur”
 
M.Menapace