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Asunto:[brisasrenovadoras] El valor de los cinco minutos
Fecha:Sabado, 3 de Febrero, 2007  00:25:10 (+0100)
Autor:Armando Quintana <AROSQUI @..........net>


 

Un señor estaba trabajando en su fábrica, cuando, súbitamente, una de las
máquinas vitales para su línea de producción se detuvo.
El señor, acostumbrado a que esto sucediera algunas veces, intentó ver si
podía resolver el problema. Probó con la electricidad, revisando el aceite
que utilizaba la máquina, y probó tratando de hacer arrancar el motor en
forma manual. Nada. La máquina seguía sin funcionar.
El dueño empezó a transpirar. Necesitaba que la máquina funcionara. La
línea de producción completa estaba detenida porque esta pieza del
rompecabezas estaba roto.
Cuando ya se habían consumido varias horas y el resto de la fábrica estaba
pendiente de lo que pasaba con la máquina, el dueño se decidió a llamar a
un especialista. No podía perder más
tiempo. Convocó a un ingeniero mecánico, experto en motores.
Se presentó una persona relativamente joven o, en todo caso, más joven que
el dueño. El especialista miró la máquina un segundo, intentó hacerla
arrancar y no pudo, escuchó un ruido que
le indicó algo y abrió la "valijita" que había traído. Extrajo un
destornillador, abrió una compuerta que no permitía ver al motor y se
dirigió a un lugar preciso. Sabía dónde ir: ajustó un par de cosas e
intentó nuevamente. Esta vez, el motor arrancó.
El dueño, mucho más tranquilo, respiró aliviado. No sólo la máquina sino
que toda la fábrica estaban nuevamente en funcionamiento.
Invitó al ingeniero a pasar a su oficina privada y le ofreció un café.
Conversaron de diferentes temas pero siempre con la fábrica y su
movimiento como tópico central. Hasta que llegó el momento de pagar.
-¿Cuánto le debo? -preguntó el dueño.
-Me debe 1.500 dólares.
El hombre casi se desmaya.
-¿Cuánto me dijo? ¿1.500 dólares?
-Sí -contestó el joven sin inmutarse y repitió-, 1.500 dólares.
-Pero escúcheme-, casi le gritó el dueño-. ¿Cómo va a pretender que le
pague 1.500 dólares por algo que le llevó cinco minutos?
-No, señor -siguió el joven-. Me llevó cinco minutos y cinco años de
estudio.


Autor Desconocido