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Asunto:[brisasrenovadoras] Amémonos
Fecha:Lunes, 12 de Marzo, 2007  08:16:15 (-0300)
Autor:Gladys Enciso <gladysenciso @..........ar>




-----"QUE ME PALPEN DE ARMAS"



Creo en el amor como en la experiencia más maravillosa de la existencia,como 
generador de toda clase de alegrías. Y en el amor correspondido,como la 
felicidad misma.

Pero no fui educado para él, ni para la felicidad, ni para el placer.

Porque fui advertido malamente contra la entrega y el gozoso abandono que 
supone.


Cada día, entonces, todavía es una ardua conquista, una transgresión, una 
desobediencia debida a mí mismo, una porfía.


La laboriosa tarea de desaprender lo aprendido, el desacato a aquel mandato 
primario y fatal, aquel dictamen según el cual se gana o se pierde, se ama o 
se es amado, se mata o se es muerto.


La vida, por tanto, no me ha endurecido, ese sea tal vez mi mayor logro.


Que me palpen de armas. Dejo a un lado, si es que alguna vez tuve o me 
queda, toda arma que sirva para volverse temible, para someter, para 
acumular, para ser poderoso, para triunfar en un mundo de mano armada, en el 
que la felicidad se compra con tarjeta de crédito.


No quiero que la lucidez me cueste la alegría, ni que la alegría suponga la 
necedad o la ceguera...


Pero no me es fácil, me cuesta vivir a contratiempo, con la sensación de ser 
testigo de un desatino histórico gigantesco, de un extravío descomunal, tan 
irracional, absurdo o desolador como la bomba de neutrones.


No entiendo al mundo. Me parece, como dice Serrat, que ha caído en manos de 
unos locos con carnet. Me siento ajeno a la debacle, pero en el medio de 
ella.


Mi vida es apenas un instante en el océano del tiempo y es como si quisiera 
que ese instante fuera sereno y hondo, en el medio de una ensordecedora 
discoteca o de un holocausto definitivo, siempre a punto de estallar.


Me desazona la banalización de la vida. El pavoneo de la insensatez. El 
triunfo de la prepotencia y de la ostentación. La deshumanización salvaje de 
los poderosos, la aceptación y el elogio del "sálvese quien pueda". La 
práctica y la prédica del desamor y de la histeria.


Me descorazona la idiotez colectiva. La idealización de lo superfluo. El 
asesinato de la inocencia. El descuido suicida de lo poco que merecía 
nuestro mayor esmero. El desconocimiento o el olvido de nuestra propia 
condición.


Me conmovió, no hace tanto, que el cosmólogo Sagan, en un artículo extenso, 
escrito como desde un punto perdido en el infinito del espacio desde el cual 
el mundo se observa como una bolita cachuza, terminara diciéndonos: "Besen a 
sus hijos", escuchemos a esos hombres, sigámoslos. Leamos a los poetas, no 
permitamos que el misterio de la existencia deje de estremecernos cada día, 
porque es el costo más alto que podemos pagar por nuestra necedad y nuestra 
omnipotencia.


La vida de un árbol merece nuestra devoción y nuestro más grande regocijo; 
al amparo gozoso de su sombra, acariciados por la tibieza de la luz del sol 
y arrullados por el sonido mágico e irrepetible de su follaje, mecido por la 
mano invisible del viento, estaremos a salvo de la alienación y de la 
orfandad; siempre y cuando seamos capaces de apreciar esa gloria mientras 
nos sea posible de reconocer en ella nuestra mayor riqueza.


Que la muerte no nos hiera en vida, que la ferocidad no nos pueda el alma. 
Que nada troque nuestra dicha de estar despiertos.

Que una caricia nos atraviese como una flecha jubilosa y radiante.


Besemos a los que amamos. Amémonos".

autor : Oscar Martinez



 



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