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Asunto:[budismotibetano] EL HOMBRE MANI
Fecha:Lunes, 11 de Abril, 2005  14:03:00 (-0500)
Autor:Michelle Sámano <michelle50677 @.....com>

VIDA CONTEMPLATIVA, VIDA ACTIVA
EL HOMBRE MANI

Un molino de plegarias es un instrumento ritual cilíndrico lleno de innumerables mantras e inscripciones enrolladas en el sentido de las manecillas del reloj, alrededor de un eje central.  Algunos molinos de plegarias son tan pequeños como un arete y otros tan grandes que ocupan la totalidad de una habitación y son movidos por peregrinos que asiéndose de asas, los hacen girar mientras recitan sus plegarias cotidianas.  Unos son activados por el agua de ríos o cascadas, aprovechando así esta fuente de energía natural y esparciendo sus bendiciones a través de la tierra.  Otros son movidos por el viento e inclusive en ocasiones, por pequeños motores eléctricos.  Los fieles tibetanos creen que el poner en movimiento estos molinos, así como el colgar las tradicionales banderas de oraciones puede llevar a actualizar los deseos y aspiraciones en estos objetos inscritos.


La provincia de Kham se encuentra en el este del Tibet y es similar al antiguo oeste de los Estados Unidos.  Los Khampas, son grandes jinetes que aprecian profundamente a los equinos.  Hasta hace alrededor de unos 50 años, la región de Kham estaba dividida en una variedad de pequeños reinos, cada uno con su propio pequeño ejército.

Hace muchos años vivió un hombre en la lejana provincia tibetana de Kham llamado el “Hombre Mani” debido al hecho de que día y noche, podía siempre ser encontrado girando su pequeño molino de plegarias.  El cilindro estaba lleno con rollos conteniendo el mantra del gran compasivo, el Bodisattva Avalokiteshvara, Om Mani Padme Hung.  El hombre vivía con su hijo y su fino caballo.  El muchacho era el amor de su padre y la fuente de orgullo y gozo para el hijo era su caballo.

La esposa de este hombre había ya partido hacia mejores renacimientos tras una larga vida de servicio y virtud.  Padre e hijo vivían libres de excesivas necesidades y deseos en una de varias casas de piedra cercanas a un río, al borde de una gran planicie.

Un buen día, su caballo desapareció.  Los vecinos lamentaron la pérdida del único valor material del hombre, mas el estoico viejo tan solo continuó girando su molino de plegarias y recitando el sagrado “Om Mani Padme Hung”, el mantra nacional del Tibet.  A quien fuera que preguntara o expresara sus condolencias entorno a la pérdida del bello caballo, simplemente le respondía: “den gracias por todo, ¿Quién puede decir lo que es bueno o malo? Veremos…

Después de algunos días, la espléndida criatura regresó, acompañada por un par de mustangs salvajes, los cuales tanto el viejo como su hijo, prontamente domaron.  Todos cantaban canciones de celebración y congratulaban al viejo por su inesperada buen fortuna.  El hombre simplemente sonreía sobre su molino de plegarias y decía “me encuentro agradecido…pero ¿quien sabe?, ya veremos”

Más tarde, mientras su hijo montaba a uno de los mustangs, fue arrojado al suelo rompiéndose una pierna.  Algunos de los vecinos lo cargaron a casa maldiciendo al caballo salvaje y lamentándose entorno a la mala fortuna del chico.  No obstante, su padre, sentado al pie de la cama de su amado hijo, simplemente continuó girando su molino de plegarias, mientras susurraba la plegaria del gran compasivo.  En ningún momento se quejaba ni renegaba entorno a lo sucedido, simplemente asentía su cabeza afablemente reiterando lo que ya había dicho anteriormente: “el Buda es bondadoso, me encuentro agradecido por la vida de mi hijo, ya veremos”.

Al mes siguiente aparecieron en el pueblo, oficiales del ejército, buscando a jóvenes conscriptos para atender una guerra fronteriza.  Todos los jóvenes locales fueron inmediatamente acuartelados, con excepción del hijo convaleciente del hombre mani.  Por esto, los vecinos felicitaron al viejo por su gran fortuna, atribuyendo el resultado, al Karma positivo acumulado por las plegarias del viejo hombre.  No obstante, este meramente continuó sonriendo y no expresó palabra alguna.

Un día, mientras el joven y su padre observaban pastar a sus finos corceles en los pastizales de la gran planicie, el viejo taciturno súbitamente comenzó a cantar:

“La vida simplemente da muchas vueltas, arriba y abajo como un molino de agua.
Nuestras vidas son como sus cubetas, siendo llenadas y vaciadas reiteradamente.
Como el barro del alfarero, nuestras existencias físicas son moldeadas en una forma u otra:

Estas formas son rotas y remoldeadas una y otra vez.
Lo bajo será alto y lo alto será bajo, lo obscuro se iluminará y el rico perderá todo.

Si tú mi hijo fueras un muchacho de talentos extraordinarios, prontamente te llevarían al monasterio como un lama encarnado.
Si fueras muy inteligente, hijo mío, encadenado a las disputas de otras personas estarías tras el escritorio de una oficina gubernamental.

Un caballo es un caballo de problemas.
La abundancia material es buena, pero muy prontamente pierde su sabor y puede convertirse en una carga, e inclusive al final, en una fuente de conflicto.

Nadie sabe lo que nos depare el Karma, pero una cosa es certera, lo que hoy plantemos será cosechado en el futuro en esta o en nuestras subsecuenters vidas.
Así que se bondadoso con uno y con todos y no tomes preferencia basada en la ilusión de la pérdida y la ganancia.

No tengas temores ni esperanzas, expectativas o ansiedad.
Da gracias por todo, sea el que fuera tu destino.
Acepta a todo; acepta a todos y sigue la infalible leí del Buda.
Se simple y sencillo, no te preocupes en demasía, permanece naturalmente relajado y en paz.

Puedes disparar flechas al cielo si así lo deseas, pero hijo mío, inevitablemente volverán a la tierra”.

Mientras cantaba, las banderas de oraciones flotaban sobre su cabeza y el antiguo molino de plegarias, lleno de cientos de oraciones de mantras inscritos a mano, continuaba girando.  El viejo volvió entonces al silencio.

Cortesía de Mathieu Ricard

Marco Antonio Karam
Presidente, Casa Tibet México
www.casatibet.org.mx

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