Inicio > Mis eListas > budismotibetano > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 521 al 540 
AsuntoAutor
Re: Agus y el sexo Juan Car
Re: Agus y el sexo konrad a
Re: Agus y el sexo Juan Car
perspectivas difer javierag
Re: Agus y el sexo Sebastiá
un relato para rec javier a
El sentido de la javier a
Re: Agus y el sexo jose gar
El Dharma y la mor javierag
Reenviar: Canto d javier a
Reenviar: Canto d javier a
RE: El sentido de Shana
RE: El sentido de Xavier D
RE: Reenviar: Can Xavier D
Re: RE: El sentid javierag
Re: RE: El sentid javierag
El principio de to Agus y M
RE: El principio d Fabricio
Invitación de U javier a
RE: Invitación Xavier D
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
BudismoTibetano.net
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 537     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[budismotibetano] El principio de todo
Fecha:Jueves, 17 de Octubre, 2002  17:57:50 (+0200)
Autor:Agus y Marian <agusymarian @.....es>

Me gustaría compartir con vosotros como nos influye el dharma en la vida cotidiana y los problemas que de ella se derivan. Y para hacerlo he escogido un testimonio que me pidieron en la asociación UNESCO para el dialogo ínter-religioso, asociación con la cual colaboro regularmente. Esta asociación hace suyos los objetivos de la UNESCO en materia ínter-confesional y organiza regularmente encuentros entre personas de diferentes credos, plegarias y actos conjuntos así como el fomentar la tolerancia entre los seres humanos, partiendo de la premisa de que no hay ninguna practica o tradición espiritual verdadera y única, tan solo personas que eligen una u otra vía según sus características y condiciones.
También se trabaja en el contexto de "espiritualidad y sida", y es en ese contexto en el cual escribí lo que viene a continuación, que es mi experiencia personal y la relación que existe entre el camino espiritual y la enfermedad (en este caso el sida).
 

Mi experiencia y posterior relación con el sida han estado básicamente dividida en dos periodos muy diferenciados, pero también íntimamente relacionados el uno con el otro. Y ahora que lo observo con la perspectiva que tan solo el tiempo puede darnos, me doy cuenta que en realidad todo ha sido un lento y progresivo posicionamiento ante la experiencia del sufrimiento, una toma de conciencia ante algo que forma parte ineludible de la existencia humana.
Tengo 44 años y hace aproximadamente unos 17 años que contraje el virus del sida a causa de mi adicción a la heroína. El infierno había llamado a mi puerta y yo le abrí mi corazón y mi espíritu sin estar realmente ni preparado ni dispuesto para digerirlo. Lo cierto es que siempre tuve, aunque la mayoría de las ocasiones muy ocultas, algún tipo de inquietud espiritual o de intuición de que las cosas podían ser de otra manera distinta. No tenía el más leve afán de trascendencia, claro que no, ya que de alguna manera el juego estaba terminando para mí. Apenas quedaban cartas en la baraja, y con las que me habían correspondido en suerte no estaba haciendo la mejor partida que digamos.
Lo que realmente impulsó de una manera rotunda mi entrada en el camino del conocimiento, ya que es así como me gusta definir la espiritualidad, se produjo a partir del momento que fui capaz de mirarme al espejo y decirme a mí mismo: vas a morir, y hagas lo que hagas todo serán vanos intentos, fútiles por si mismos, porque nada ni nadie podrá impedirlo. Y lo cierto es que el SIDA sirvió de motor de arranque para poner en movimiento todo el engranaje de la maquina. Pero lo realmente notable, siempre bajo mi punto de vista, era que por vez primera me daba cuenta que existían unas causas muy poderosas para que muriese y bien distintas a las que yo creí en un principio. El hecho de estar infectado por el virus del SIDA no dejaba de ser circunstancial, algo que necesitaba de factores y circunstancias externas para que cristalizase. La verdadera causa, la más importante y definitiva, era que el hecho de haber nacido sería el impulso principal que me llevaría ineludiblemente hacia la muerte.
Y esto fue lo que marcó un antes y un después en mi concepción de la vida y de su sentido más intimo, porque el dharma (las enseñanzas del buda Sakyamuni), empezó a introducir en mi vida elementos muy novedosos y de una extrema utilidad, sobre todo en momentos cruciales para mí.
La vida tiene un principio y un final y esto es algo inmutable, quizás lo único, y al contemplarlo desde una perspectiva intima y personal, al sentirme invadido por una extraña sensación de aceptación vacía del más leve resentimiento, empecé a integrar estos dos aspectos de una misma realidad. La vida y la muerte, las incógnitas de siempre, el afán de trascendencia del ser humano, nuestro papel en la vida, todo esto dejó de tener demasiada importancia (si es que la tuvo alguna vez), ya que estaba empezando a comprender que más allá de toda filosofía, religión o creencia, tan solo podía encontrar lo que ya estaba en mi mente.
Porque junto a la confusión y el temor también conviven la sabiduría y la compasión, porque la impermanencia, que es la característica esencial de todas las cosas y fenómenos, me estaba mostrando la verdadera esencia de mis expectativas y proyecciones, y que en realidad son como sueños, carentes de identidad alguna fuera de mi propia mente. Es como si tras toda una vida en una pequeña celda, un buen día descubres que la puerta  esta abierta, siempre lo estuvo, y era los estrechos confines de mi propia mente lo que me mantenía prisionero.
Y eso fue lo que hice, cruce el umbral de la celda y aspiré con ojos inexpertos ese aire limpio y renovado que mi estrechez de mente me había robado. Y aunque la enfermedad se cebase en mi, jamás me sentí tan lleno de vida, de fuerza y de poder sobre lo que quería hacer con mi existencia.
¡Compartía tantas cosas con el resto de la humanidad! Y eso hacia que mi vida tuviese sentido, porque no puede haber vida más plena que la que se llena de amor y compasión por todo lo vivo que hay en la tierra. Porque el dolor y el sufrimiento forma parte de las características de la existencia, y poder paliar, en la medida de nuestras limitaciones, ese dolor y ese sufrimiento es la puerta que abre la antesala de la felicidad. Y aunque como todo el mundo empecé a morir el mismo día que nací, cuando me miro frente al espejo no puedo por menos que sonreír, ya que ese cuerpo que dejaré para que se pudra y se convierta en polvo, me permitió vivir una vida plena, con dolor y sufrimiento pero con amor, con mucho amor, compasión, generosidad y búsqueda del conocimiento.
¿No es suficiente motivo para ser feliz?

 
Disculpad por la extensión del mensaje pero es que soy un charlatán incorregible.
Una ultima cosa, pienso que sería estupendo compartir juntos ese tipo de experiencias tan intimas, si pero siempre desde la perspectiva personal. Todos hemos leído los textos de los grande maestros y conocemos historias y cuentos maravillosos dentro de la literatura budista. Eso está bien, claro que si, pero (y siempre desde mi punto de vista personal y totalmente subjetivo) sería más interesante algo mucho más dinámico. Personalmente, cuando le pregunto la opinión a alguien, es eso lo que quiero escuchar: "su opinión", y a veces caemos en tirar de catecismo.
En fin, es una simple opinión
 
                                                                                                    Agus