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Asunto:[budismotibetano] Nuestra fe en la ciencia
Fecha:Lunes, 28 de Noviembre, 2005  16:19:05 (-0600)
Autor:Michelle Sámano <michelle50677 @.....com>

VIDA CONTEMPLATIVA, VIDA ACTIVA
NUESTRA FE EN LA CIENCIA

Tenzin Gyatso XIV Dalai Lama del Tibet

    Como resultado del segundo encuentro público que el Mind and Life Institute promoviera a principios del mes de noviembre en Washington DC, entre algunos de los más prominentes científicos del mundo y el Dalai Lama del Tibet, famoso monje budista, hoy reconocido como una de las voces morales más respetadas en el mundo.  Su Santidad el Dalai Lama, cofundador de dicha Institución compartió, en un interesante artículo publicado en el New York Times el pasado 12 de noviembre, su gran fascinación por la ciencia:

  

   “Siempre me ha fascinado la ciencia.  Cuando niño en Tibet, era tremendamente curioso entorno al cómo funcionaban las cosas.  Cuando recibía un juguete, jugaba con él un poco, luego lo abría y veía cómo había sido armado.  Al crecer, apliqué el mismo escrutinio a una proyector de películas y un automóvil antiguo.

    En cierto momento estuve particularmente intrigado por un viejo telescopio, con el que estudiaba los cielos.  Una noche, mientras miraba la luna, me di cuenta que había sombras en su superficie.  Llamé a mis dos tutores principales para que las vieran, pues esto era contrario a la antigua versión de la cosmología que me habían enseñado, que sostenía que la luna era un cuerpo celeste que emitía su propia luz.

    Pero a través de mi telescopio, la luna era claramente mera roca y tenía cráteres.   Si el autor de ese tratado estuviese escribiendo actualmente, estoy seguro que presentaría de manera distinta la cosmología.

    Si la ciencia comprueba que alguna creencia budista es incorrecta, entonces el budismo tendrá que cambiar. Mi punto de vista es que la ciencia y el budismo comparten una búsqueda de la verdad y el entendimiento de la realidad.  Al aprender de la ciencia sobre los aspectos de la realidad, donde su comprensión puede ser más avanzada, creo que el budismo puede enriquecer su propia visión.

    Por muchos años, por mí mismo y a través del Instituto Mente y Vida, que ayudé a fundar en la década de los ochentas, he tenido la oportunidad de reunirme con eminentes científicos internacionales para discutir su trabajo y compartir opiniones, reuniones a través de las cuales y como resultado de la gran generosidad de estos investigadores he podido aprender algo de física subatómica, cosmología, psicología y biología.

    Sin embargo, son nuestros análisis de la neurociencia, los que han probado ser particularmente importantes.  A partir de estos intercambios, ha surgido una vigorosa iniciativa para promover la colaboración entre neurocientíficos y contemplativos budistas, para explorar el cómo la meditación puede alterar las funciones del cerebro.

    El objetivo de este proyecto no es comprobar si el budismo se encuentro en lo correcto o lo incorrecto, ni acercar a las personas al budismo, sino extraer a estos métodos de su contexto tradicional, estudiar sus beneficios potenciales y compartir los hallazgos con todo aquel que los considere útiles.

    Después de todo, si las prácticas de mi propia tradición pueden unirse y complementar a los métodos científicos, entonces podremos dar otro pequeño paso hacia el alivio del sufrimiento humano.

    Esta colaboración ya ha brindado sus primeros frutos.  El Dr. Richard Davidson, un neurocientífico de la Universidad de Wisconsin, publicó resultados de estudios de las imágenes cerebrales de los lamas en meditación.  Él descubrió que durante la meditación, las regiones del cerebro que se cree se relacionan con la felicidad, aumentan su actividad.  También descubrió que a mayor tiempo de práctica de la meditación, se presentará una mayor actividad.

    Se están realizando otros estudios.  En la Universidad de Princeton, el Dr. Jonathan Cohen, un neurocientífico, se encuentra estudiando los efectos de la meditación en la atención.  En la Universidad de California, en la Escuela de Medicina de San Francisco, la Dra. Margaret Kemeny ha estado estudiando cómo la meditación ayuda a desarrollar empatía en los profesores escolares.

    Sean cual fueren los resultados de este trabajo, me alegra que se esté realizando ya que muchas personas aún consideran la ciencia y la religión como disciplinas opuestas.   Mientras estoy de acuerdo que ciertos conceptos religiosos se contraponen con los hechos y principios científicos, también siento que la gente de ambos mundos pueden sostener una discusión inteligente, la que finalmente posee el poder de generar una comprensión más profunda de los desafíos que enfrentamos en nuestro mundo interconectado.

    Uno de mis primeros maestros de ciencias fue el físico alemán Carl Von Weizsäcker, quien fue un aprendiz de Werner Heisenber en la teoría cuántica.  El Dr. Weizsäcker gentilmente me ofreció algunas clases particulares sobre tópicos científicos. Confieso que mientras lo escuchaba, sentía que captaba lo intrínseco de todo el argumento, pero cuando las sesiones terminaban no podía retener muchas de sus explicaciones.

    Sin embargo, lo que más me impresionó del Dr. Weizsäcker, fue su preocupación por las implicancias filosóficas de la física cuántica y las consecuencias éticas de la ciencia en general.  Él sentía que la ciencia podía beneficiarse significativamente de la exploración de temas usualmente de la incumbencia de las humanidades.

    Creo que debemos encontrar una forma de promover la reflexión sobre consideraciones éticas que guíen la dirección del desarrollo científico, especialmente en lo que concierne a las ciencias de la vida.  Al invocar principios éticos fundamentales, no abogo por una fusión de la ética religiosa y la búsqueda científica.

Por el contrario, me refiero a lo que yo llamo “ética secular”, que incluye los principios vitales esenciales que nos son comunes como seres humanos: la compasión, tolerancia, consideración por los demás, el uso responsable del conocimiento y el poder.  Estos principios trascienden las barreras entre los creyentes religiosos y los no-creyentes; no pertenecen tan solo a una fe, sino a todas las creencias.

    Hoy en día, nuestro conocimiento del cerebro y cuerpo humanos a nivel celular y genético han alcanzado un nuevo grado de sofisticación.  Por ejemplo, los avances en la manipulación genética, implican que los científicos pueden crear nuevas entidades genéticas – como un animal híbrido y especies de plantas – experimentos cuyas consecuencias de largo plazo se desconocen.

    A veces, cuando los científicos se concentran en sus propios estrechos campos de trabajo, su gran enfoque obscurece el mayor efecto que podría tener su labor.  En mis conversaciones con científicos trato de recordarles el objetivo superior detrás de lo que hacen en su quehacer diario.

    Esto es hoy más importante que nunca.  Es demasiado evidente que nuestro pensamiento moral simplemente no ha podido mantener el ritmo del avance científico.   Aunque las ramificaciones de este progreso son tales, que ya no resulta adecuado decir que la elección de qué hacer con este conocimiento ha de ser dejado en manos de los individuos.

    Esto es algo que indicaré cuando hable en el encuentro anual de la Sociedad para la Neurociencia en Washington hoy.  Sugeriré que el cómo la ciencia se relacione con una humanidad más amplia, no es algo sólo de interés académico.  Esto debe indicar cierta urgencia a todos aquellos quienes se preocupan por el futuro de la existencia humana.

    Un diálogo más profundo entre la neurociencia y la sociedad, realmente entre todos los campos científicos y la sociedad, podría ayudar a profundizar nuestro entendimiento de lo que significa ser humano y nuestras responsabilidades por un mundo natural que compartimos con otros seres conscientes.

    Tal como el mundo de los negocios ha estado prestando renovada atención a la ética, el mundo de la ciencia se beneficiaría más al considerar con mayor profundidad las implicancias de su propio trabajo.  Los científicos deben ser más que meros adeptos técnicos; deben estar atentos a su propia motivación y la objetivo mayor de lo que realizan: el mejoramiento de la humanidad.
   
 Tenzin Gyatso, el 14º Dalai Lama, es el autor de “El Universo en un Solo Átomo: La Convergencia de la Ciencia y la Espiritualidad”.

Marco Antonio Karam
Presidente,
Casa Tibet México
www.casatibet.org.mx


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