¡Tantas veces lo hemos oído! "Mi libertad
termina dónde empieza la libertad del otro".
- Tengo libertad para hacer el bien, para elegir cosas buenas. Es la
salud del alma, de la inteligencia humana.
- Cuando hago el mal, que lo puedo hacer, introduzco en mi espíritu
una célula cancerosa, meto las tinieblas en mí.
Y si la
libertad es el bien, la búsqueda del bien, no puede ser contra nadie. Mi
libertad no puede dañar a nadie. Si es el bien, es algo que es apetecido
por todos. Tu libertad y mi libertad deben ser causa de alegría y
bienestar para los demás.
¡Qué panorama delante de mí! Ya sé qué
vas a decir: "Eso es muy difícil, nadie hace las cosas siempre bien". De
acuerdo. Pero es el camino que tenemos que andar, es nuestra tarea: ser
libres y que mi libertad no dañe a nadie. En el momento en que mi libertad
hiere a alguien, ya no es libertad, es atropello, es
violencia.
Pero no sólo debo buscar mi libertad, debo crear clima
de libertad, para que se desarrolle la libertad de los demás: promotor de
libertad. Sentirme feliz al descubrir la libertad de los otros, al
ayudarle a que crezca su libertad.
¿Qué cosas o con qué personas no
me siento libre?
¿Me entristece la libertad de los demás?
¿Perjudico
la libertad de los otros?