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Capilla De Oración Católica |
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| Asunto: | [CapillaCatolica] Dios en mi historia | | Fecha: | Miercoles, 16 de Noviembre, 2005 15:38:44 (+0100) | | Autor: | mariazq <mariazq @.......com>
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MUY HERMOSO GRACIAS POR COMPARTIRLO Las cosas más bellas y mejores en el mundo, no pueden verse ni tocarse...
pero se sienten en el corazón.” 
P€®£a D€£ M@®
From: "capillacatolica" <capillacatolica@hotmail.com> Reply-To:
capillacatolica@eListas.net To:
"ForoCapilla" <slte9dqfo2v9ggdom8t9r1usm3@groups.msn.com>,
<capilladeoracioncatolica@egrupos.net>,
"eListasCapillacatolica" <capillacatolica@eListas.net> Subject:
[CapillaCatolica] Dios en mi historia Date: Mon, 14 Nov 2005
20:16:34 +0100 (Hora estándar romance)
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Os envio este
tremendo testimonio. La vida sin Dios es un fraude, y no merece la pena
vivirla ( oremos hermanos por todos los que se niegan a abrazar la
Cruz de Cristo, por que no saben lo que hacen ).-
Abrazos a todos, Juan
Juan Joya
Enviado: 08/11/2005 17:56 DIOS EN MI
HISTORIA
En
primer lugar permitidme que me presente: me llamo Jesús Muñoz (32
años) y soy sacerdote católico de la diócesis de Toledo (España). En el
año 96 estuve de misionero en Bolivia como catequista itinerante de
la Comunidades Neocatecumenales. Al volver a España para descansar y
tener unas vacaciones me diagnosticaron un cáncer colo-rectal con
metástasis
hepática.
He
sido sometido a varias operaciones: me extirparon el ano, el recto y
30 cm del colon, y me hicieron un ano artificial. Posteriormente me
quitaron una cuarta parte del hígado. También he sido sometido a
otras operaciones de menor consideración. He sido sometido a
tratamiento de radioterapia y actualmente estoy en tratamiento con
quimioterapia. Llevo ya tanto tiempo que el cuerpo se deteriora y
por esta razón no puedo viajar, ni muchas veces salir de casa.
Bueno, aunque es aceptable mi calidad de vida, varía mucho de mes en
mes e incluso de día a día. Nunca es igual, es imprevisible cómo me
voy a encontrar a la mañana siguiente. Es un misterio. El
sufrimiento es un misterio que solamente desde la fe se
ilumina.
El
tiempo pasado en Bolivia fue fantástico. De niño siempre quise ir a
las misiones y el Señor me lo ha concedido. Fue un tiempo de
renovación sacerdotal. Pues era un burgués, no me preocupaba de nada
salvo de mí mismo. Sin santidad, sin intimidad con el Señor y con su
Palabra, sin oración asidua. Muy despreocupado por la liturgia y por
quien me tocaba pastorear. No era capaz de morir por nadie. Pero
aparecía ante los feligreses como muy trabajador, preocupado por las
cosas, buen cura, humilde... Mentira todo. Pues soy un egoísta y un
orgulloso, que sólo me busco a mí en lo que hago. Un cura de pueblo
que sólo hace cosas; pero no lleva el Evangelio a su grey. Y apegado
al dinero, pues lo último que hice antes de salir para Bolivia fue
dar clases en un instituto de enseñanza secundaria y tener una
nómina abultada. Pues, el mayor peligro para un cura es el dinero
-también para cualquier cristiano-. "Porque la raíz de todos los
males es el afán de dinero" (1Tm.
6,10).
Pero los
milagros que he visto en la Evangelización y sobre todo mi equipo de
Evangelización me ayudaron mucho. Me corrigieron a tiempo y a
destiempo. Siempre con cariño o ,mejor aún, con amor evangélico. No
siempre recibía las correcciones con agrado: mi egoísmo y el ser
educado para ser el primero en todo, y un líder como cura se
manifestaba con toda claridad. Ciertamente que les estoy muy
agradecido, ha sido un segundo seminario de formación. Una
regeneración
sacerdotal.
Tuve
también muchos sufrimientos internos. Ver que no era el super cura
que me habían dicho y formado; ver que la misión me superaba, pues no
podía estar a la altura de las circunstancias. En definitiva tener
que pasar por la puerta de la humildad, la cual yo rehusaba. Ver mis
pecados con una claridad que antes me estaba velada. Veía que no
servía para la Evangelización. Y rezaba al Señor que si era un
lastre para la Evangelización, que si iba a añadir problemas a los
que ya había en la misión que me retirase de ella. ¡Y cómo lo hizo!
El Señor, también me lo
concedió.
El
Señor siempre me ha concedido lo que le he pedido de todo corazón.
El siempre se abaja para escuchar al afligido y al atribulado, y a
la oveja perdida siempre la trata con mayores entrañas de
misericordia. En la misión vi qué es ser hijo de Dios, y vivir como
hijo de Dios.
Dios provee siempre: lo he visto en la misión y en mi enfermedad.
Cuando me diagnosticaron el cáncer, los médicos me aconsejaron que
los únicos lugares donde podían hacer frente a la enfermedad eran en
Barcelona y en Navarra. Yo llamé por teléfono explicándole todo a mi
obispo e hizo los trámites para que me atendieran en Pamplona, en la
Clínica Universitaria. Más aún, decidió que la diócesis se hiciese
cargo de los gastos, pues además de ser gravosos yo no tenía ni un
duro. Pero aún más, mi comunidad me ayudó y sigue haciéndolo para
pagar los viajes; y en Pamplona la 2ª Comunidad de S. Fermín me
buscó un piso donde alojar a mi familia y a mí en los períodos en
los que estaba y estoy fuera de la Clínica: el piso pertenece a una
familia en misión en Chile. Dios siempre provee, no deja solo al
desvalido, siempre abre puertas allí donde parece que se cierran.
Imaginaos una familia de Extramadura en Pamplona, donde no conoces a
nadie. Bueno ahora ya no puedo decir eso: hermanos de
Comunidades, familiares de amigos, vecinos... todos me tratan
estupendamente, todos puestos a mi servicio. Es obra de
Dios.
La
experiencia del sufrimiento es un misterio. En el postoperatorio
aunque estaba sedado con morfina recuerdo que en una ocasión
desperté y miré el crucifijo que tenía delante. No estaba encima de
la cama, sino enfrente, de modo que el enfermo pueda verlo. Yo miré
a Jesucristo y le decía que estabamos iguales: con el cuerpo
abierto, con los huesos doloridos, solos ante el sufrimiento,
abandonados en la cruz... Yo me fijé en mí y me revelé. No lo
entendía. Dios me había abandonado. No me quería. Y de pronto
recordé las palabras que desde el cielo Dios-Padre pronuncia
refiriéndose a Jesucristo el día del bautismo y posteriormente en el
Tabor: "Este es mi Hijo amado", "mi Predilecto". Y el Hijo amado de Dios
estaba colgado frente a mí en la Cruz. El amor de Dios crucificado.
El Hijo en medio de un sufrimiento inhumano. Entonces reflexioné: Si
me encuentro en la misma situación que El, entonces yo también soy
el hijo amado y predilecto de Dios. Y dejé de revelarme. Y entré en
el descanso. Y VI EL AMOR DE DIOS. La razón humana no
encuentra sentido al sufrimiento, no tiene lógica. Solo mirando al
Crucificado el hombre entra en la paz que el sufrimiento le ha
robado. Pues, con el dolor y el sufrimiento el hombre pierde la
capacidad de razonar y la voluntad. Y ya está perdido, le han
vencido. Ha dejado de ser hombre; pero el sufrimiento y la
resurrección de Cristo nos ha hecho hombres nuevos. Y también cuánto
me han consolado las palabras del Siervo de Yahveh: varón de
dolores, CONOCEDOR DE TODOS LOS QUEBRANTOS. ¡NO! No estoy solo en la
cruz. Doy gracias a la Iglesia por el don tan inmenso de la fe. Solo
la fe tiene respuestas a los interrogantes del hombre. Recuerdo
igualmente algunas frases de los salmos que he meditado y qué bien
me han hecho: "me estuvo bien el sufrir"; "hasta que no sufrí estuve
perdido". Aunque también es cierto que cuántas veces he llorado en
el silencio de la cama cuando llegan los dolores y el sufrimiento, y
ver que llega el final de los días. Y aparece como una
desesperanza; aunque yo rápidamente digo "todo sea por la
Evangelización". ¡Por la Evangelización! Aunque, a veces , ese
"todo" resulta una carga dura y
pesada.
Al igual
que en la Clínica he colocado un icono de la Virgen enfrente de mi
cama, pues quiero morir mirándola a ella. Y quiero morir sin agonía,
sin lucha, sino entregándome como ella me ha entregado a su
Hijo.
Actualmente mi enfermedad se agrava: tengo tumores en el hígado y en
el hueso sacro. Es decir, la metástasis comienza a extenderse; aunque
con la quimioterapia parece que la retienen un poco. De todos modos,
los médicos me han pronosticado que no viviré más de un año, dos a
lo sumo; según sea el avance de la enfermedad. Pido a Dios tener una
calidad de vida lo suficientemente aceptable como para evangelizar
desde mi situación. Pues no tengo cargo pastoral y me encuentro en
casa de mis padres para que me cuiden y, también, porque quiero
morir en ella, no en un hospital. Tener una muerte digna,
cristiana. Me siento como una barca varada en la orilla del lago de
Tiberíades. Ya no saldrá más a pescar; pero tengo la esperanza de
que Cristo también suba a ella para proclamar desde allí la Buena
Nueva a la muchedumbre. Esta es ahora mi misión: ser barca varada,
púlpito de
Jesucristo.
Creo
que me mantiene la oración de los demás: los hermanos, las
comunidades religiosas que conozco, el presbiterio diocesano... En
fin, la comunión de los santos. Veo que este tiempo es un
Adviento particular que el Señor me regla para prepararme al
encuentro con el novio y tener las lámparas preparadas con un aceite
nuevo. Y así poder entrar al banquete de bodas. Un don el poseer el
aceite de Jesucristo: fortifica mis miembros para la dura lucha de
la fe en el sufrimiento, me ilumina la historia que está haciendo
conmigo, y me asegura poseer el Espíritu de Jesucristo como arras
del Reino de los Cielos. Ciertamente nadie sabe ni el día ni la hora
de la muerte. Es vivir de la Esperanza. Nunca mejor en este año de
preparación para el Jubileo del 2000. De esto se reflexionará en
toda la Iglesia: sobre la virtud de la Esperanza. Y sobre el
Espíritu que nos hace decir ¡Abba! (Padre). Pero a veces, creo que
pierdo el tiempo que podría hacer más cosas, orar más, tener más
intimidad con el Señor, y otras veces la enfermedad no me deja hacer
más. ¿Será que sólo tengo que sufrir? Purificarme, convertirme,
Evangelizar desde el silencio. A esto me está ayudando la lectura de
las obras de Sta. Teresita del Niño Jesús y he vuelto a releer la
Carta Apostólica "Salvifici Doloris" del Papa Juan Pablo
II.
LO MAS IMPORTANTE HA SIDO DESCUBRIR EL AMOR DE DIOS EN EL
SUFRIMIENTO. QUE SE PUEDE VIVIR CON UN CANCER Y ÉSTE NO TE DESTRUYE,
Y VER EN ÉL A DIOS AMÁNDOME. Y ESTO GRACIAS A LA FE. UNA FE VIVIDA
EN PEQUEÑAS COMUNIDADES DONDE LA PALABRA DE DIOS ILUMINA MI
VIDA. --------------------------------- Hernández-Ardieta
Gracias, Juan, por el envío, es
maravilloso. |
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