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Asunto:[casaargentinaenbarcelona] nota64
Fecha: 3 de Julio, 2002  00:41:37 (+0200)
Autor:marcelo <dimitri1 @........ar>

From: Agencia SERPAL 
Date: jueves, 27 de junio de 2002 12:55:36 
To: Undisclosed-Recipient:, 
Subject: Envío especial De SERPAL / ARGENTINA: ELLOS SABEN QUE SOLO TIENEN 
UNA SALIDA: LA AUTORITARIA 


>> Envío especial para los suscriptores argentinos.- 
     SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa. 
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ELLOS SABEN QUE SOLO TIENEN UNA SALIDA: 
LA AUTORITARIA.... 

Amigas, amigos, 
Ayer circulábamos una "crónica de urgencia" con los principales datos 
obtenidos sobre los operativos represivos en los puentes de acceso a la 
Capital Federal. También compartíamos los pocos datos disponibles de 
movilizaciones e incidentes en el interior del país. Y avanzábamos la 
sospecha de que esta represión no fué casual, que estuvo arropada por frases 
lanzadas desde las más altas esferas del gobierno. Quieren frenar la 
movilización y la organización popular. Inútiles, ineficaces en atender las 
demandas más urgentes reclamadas desde hace meses por los sectores mas 
empobrecidos, recurren a la represión. Los viejos métodos. Los que matan 
diariamente por hambre y exclusión, pretenden imputar violencia a los que 
protestan sin ser escuchados. 
Quienes controlan el poder son cualquier cosa menos imbéciles. Han 
demostrado sobradamente su astucia y su falta de escrúpulos. 
Ellos saben que están sobre un polvorín social ( que ellos mismos han creado 
). Lo único que desconocen es cuándo estallará.  Puede que estén intentando 
la única salida posible para ellos:  provocar un estallido "antes de tiempo" 
"controlado ". 
Ellos saben que el proceso de movilización social puede llevar a 
convergencias populares de organizaciones de base, asambleas, sectores 
sindicales, a la construcción de alternativas viables para una gran mayoría 
de los argentinos. Saben que ese sería el final de los corruptos, de los 
represores, de los capataces de las multinacionales. Intentan anticiparse. 
Hay síntomas evidentes de todo eso. Las declaraciones del Vicepresidente 
Ruckauf no son un despiste o un accidente verbal. Ruckauf eligió su camino 
cuando era un joven ministro de trabajo en el gobierno de Isabelita y firmó 
laudos vergonzosos a favor de las grandes empresas. Después -1975- firmó el 
decreto autorizando las operaciones militares de las Fuerzas Armadas contra 
su propio pueblo, en "aniquilamiento de la subversión" . Esta semana resurge 
con su frase en la que anticipa que "si hay desbordes sociales" no dudaría 
en firmar un decreto similar. Ya no son suposiciones. No hubo desmentidos ni 
matizaciones. Eso es lo que promete el vice presidente Ruckauf.  Mientras, 
Duhalde calla y deja hacer. Como su predecesor, ante la gravedad de la 
situación y la justa indignación popular,más de lo mismo. Es posible que él 
también esté en el perverso juego del "estallido controlado". Por eso 
eligieron reprimir y asesinar a quienes reclamaban trabajo, comida y 
dignidad. 
Compartimos dos análisis, uno, el de Miguel Bonasso, "La masacre anunciada" 
y el otro, "Dolores" de Pasquini Durán, ambos de "Página 12". 
Un abrazo, Carlos. 
Redacción de SERPAL. 
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*** 
>> La masacre anunciada 
       Por Miguel Bonasso    ( "Página 12") 
Un juez de la Nación le anticipó a este cronista, hace 72 horas, que se 
preparaba “una violenta represión contra los piqueteros en el Puente 
Pueyrredón”. “Ojo –dijo el magistrado–, van a meter bala.” El magistrado lo 
sabía por personal de seguridad con el que está en contacto debido a sus 
funciones. Este cronista intentó por varias vías hacer llegar la versión a 
las organizaciones piqueteras que hoy fueron sangrientamente reprimidas, 
pero no sabe si los mensajes llegaron a destino. Si no lo advirtió en estas 
páginas (como suele hacerlo) fue porque no pudo confirmar la especie de modo 
fehaciente y temió actuar como repetidor de un rumor originado en las 
activas usinas de inteligencia de este Gobierno. Ahora, desgraciadamente 
para muertos, heridos y familiares, la realidad ha confirmado trágicamente 
el anticipo. El interinato de Duhalde ya tiene sus muertos, nuevos 
sacrificados en la pira del darwinismo económico. 
La forma en que actuaron las fuerzas provinciales, coordinadas con las 
nacionales de Gendarmería, Prefectura y Policía Federal, demuestra que la 
emboscada estaba preparada y que no hubo aquí ningún exceso, sino la 
recalcitrante adhesión de nuestras fuerzas de seguridad a repetir los 
procedimientos de la dictadura militar. Y un mensaje inequívoco del poder 
central. Si no fuera como queda escrito, ¿cómo podrían haber ingresado 
efectivos de la Federal cuatrocientos metros en terreno bonaerense?, ¿cómo 
podría haberse llevado a cabo el asalto sin orden judicial al local de 
Izquierda Unida donde hirieron y secuestraron militantes de un partido del 
arco parlamentario? ¿Cómo podría la Bonaerense haber ocupado el Fiorito para 
secuestrar gente?  Las denuncias huelgan. ¿Ante quién hacerlas? ¿Acaso ante 
la Justicia de la provincia de Buenos Aires? ¿A quién le puede denunciar 
este cronista que ayer a la tarde dos policías bonaerenses fueron vistos 
llevándose de la guardia del Fiorito dos bolsas de nylon, conteniendo ropas 
manchadas con sangre, obviamente pertenecientes a caídos en la represión? 
Que –una vez más– la Mejor Policía del Mundo (Duhalde dixit) hizo la que 
sabe y se robó pruebas del crimen. ¿Ante quién? 
¿Acaso ante el secretario de Seguridad Juan José Alvarez que solía ponderar 
el precio de una vida por encima del de una lata de tomate? ¿Ante el señor 
Gobernador de la Provincia más grande e injusta de la Argentina, un progre 
llamado Felipe Solá? ¿O ante el patriota de la máscara de goma que está 
(interinamente) al mando de la Nación para tapar, entre muchos otros 
entuertos, los desfalcos y tropelías perpetrados en su Provincia? 
A nosotros nos toca gritar: “Se va a acabar, se va a acabar esa costumbre de 
matar” y a ellos les toca acribillarnos a lo largo de todas nuestras vidas, 
para que Moneta, Rohm y otros muchachos que se llevaron algún mango sigan en 
libertad, impunes. 
“Volvería a firmar con gusto”, dijo hace pocos días Carlos Ruckauf, 
refiriéndose al decreto de Italo Luder que ordenaba el aniquilamiento de una 
generación. Seguramente, también volvería a aplaudir la muerte de 
muchachitos argentinos en Malvinas que apoyó hasta enronquecer una clase 
política que no tiene entrañas sino bolsillos. Y el largo genocidio 
silencioso perpetrado contra los excluidos por mandatarios como Menem, De la 
Rúa o Duhalde que son implacables con los humildes y genuflexos con los 
poderosos. 
Una vez más los paladines de la muerte se han sacado la careta de 
centuriones de la democracia. Que ningún varón prudente venga a decirnos que 
a los piqueteros los mataron por “infiltrados, por loquitos, por zurdos”. 
Porque eso equivale al “en algo andarían” con que se justificó la 
desaparición de 30 mil argentinos. Que ningún comisario de turbia foja venga 
a desfigurar lo que todos vimos con groseras explicaciones sobre el calibre 
del crimen. Que ningún alcahuete de los medios tape la olla podrida y le 
haga propaganda al caos. Una vez más, mataron a manifestantes populares que 
salen a la calle a gritar su hambre, su desesperación, el robo del futuro. 
A veces el periodista debe ceder paso al ciudadano y animarse a enarbolar un 
sueño: esto no va a parar hasta que cientos de miles de compatriotas 
salgamos pacíficamente a llenar y ocupar la Nueve de Julio para gritar 
“¡basta! La democracia no es un juego de tahúres, ni una película de 
gangsters. Háganse a un lado para siempre, y dejen que hablen las urnas”. O 
la Nación se hundirá, sin remedio, en una nueva tragedia. 
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***** 
>> Dolores 
          Por J. M. Pasquini Durán  ( "Página 12 ") 
No fueron errores ni excesos, sino la trágica consecuencia de lógicas 
políticas. Los incidentes de ayer en Puente Pueyrredón que, al caer la tarde 
contabilizaban dos muertos, varios heridos y decenas de presos, todos 
civiles, corresponden con puntualidad a las voces dentro y fuera del 
Gobierno que en las últimas semanas reclamaron un castigo ejemplar para la 
protesta popular callejera. En la instigación a la violencia coinciden 
promotores diversos, por motivos también múltiples. Están los impotentes 
para satisfacer las necesidades de los hambrientos y quieren apaciguarlos a 
tiros. 
Hay estrategas de la tensión actuando para inclinar los miedos públicos a 
favor de algunos candidatos que, sin aterrorizar a los ciudadanos, no 
tendrían ninguna chance de regresar a funciones de gobierno. En la nómina 
deben figurar además los que buscan preservar las políticas del ajuste, 
exhaustas por sus propios fracasos y por el hastío generalizado en la 
sociedad. Los que quieren conservar sus lotes de privilegios a cualquier 
costo y los que temen perder las prebendas de las que abusaron desde sus 
representaciones institucionales. Los viejos y los nuevos autoritarios que 
sienten nostalgia por el orden de los cementerios. A cualquier ciudadano que 
piense un poco en este catálogo no le costará muchos esfuerzo ponerle 
nombres y apellidos. Juntos, son los que, en definitiva, instalarían otra 
dictadura si pudieran. 
Si no pueden no es por falta de vocación o de aspirantes civiles y militares 
Más aún: con las actuales políticas hemisféricas de la Casa Blanca, la 
democracia perdió su valor estratégico en nombre de la cruzada mundial 
contra el terrorismo. El principal obstáculo de los tiranos vocacionales es 
la desobediencia civil, la misma que en diciembre último tumbó presidentes 
con la única fuerza de su voluntad y la presencia en la calles. En ese 
momento también asesinaron manifestantes, pero ni así desarticularon la 
rebeldía. Por lo tanto, las chances de los retrógrados consisten en provocar 
el suficiente caos que les permita dar el zarpazo sin una resistencia masiva 
Para eso, buscan dividir y confrontar entre sí a los distintos sectores de 
la civilidad. En ese plan, desprestigiar a los piqueteros, presentándolos 
como bandas de violentos dirigidos por demagogos sin escrúpulos o por 
células terroristas que ponen en peligro la seguridad del resto de la 
sociedad, es uno de los argumentos favoritos de los publicistas del 
autoritarismo. ¿Cuántos recuerdan las múltiples gestiones pacíficas de estas 
organizaciones en busca de soluciones por vía del diálogo? ¿Cuántos olvidan 
que las razones últimas de sus protestas son el desempleo y el hambre 
extremos, con todas sus secuelas? ¿Quién tiene en cuenta sus fatigas 
cotidianas para sobrevivir con toda la dignidad posible mediante la 
solidaridad y la cooperación? 
Si para alguien esas no fueran razones suficientes, desde ayer hay motivos 
adicionales para estrechar filas en el movimiento popular. La represión 
alevosa y premeditada pretende quebrarles el espinazo a las entidades 
piqueteras, pero los propósitos que la alientan quieren, al final, controlar 
el poder del modo más absoluto para que nada cambie. Está claro que de las 
instituciones de la democracia poco se puede esperar en materia de 
resistencia. El prolongado silencio del Poder Ejecutivo, responsable de la 
seguridad de los ciudadanos, el receso del Legislativo, la ausencia de la 
palabra y de la acción de casi todas las cúpulas partidarias y sindicales, 
son signos que reafirman la debilidad estructural del régimen de transición 
para hacerse cargo de la realidad, sin contar que en su interior anidan 
voluntades cómplices o conciliadoras con los métodos represivos. En otras 
palabras, la sociedad depende de sus propias fuerzas y capacidades. Dicho 
así, suena como una tarea titánica, aunque no hace falta memoria muy larga 
para darse cuenta de que es difícil pero posible. 
El movimiento popular de resistencia, en primer lugar los piqueteros tan 
vilmente agredidos, deberá mostrar la sabiduría y el coraje para mantenerse 
movilizado pero sin hacerles el juego a los violentos. Una vez más, hay que 
citar el ejemplo de los defensores de derechos humanos, sobre todo de los 
afectados directos, que supieron canalizar las energías de sus rabias y 
dolores en una pelea que todavía continúa, sin tomar la justicia en mano 
propia ni caer en la tentación de ficticios vanguardismos. Los peligros 
están a la vista, los dolores pueden ser insoportables, pero no hay peor 
batalla que la que se libra en el campo y en el momento que eligen los otros 
Dado que no hay camino, para no caer hay que marchar con los ojos bien 
abiertos. 


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SERPAL, 27 de junio de 2002 

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