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Asunto:[casaargentinaenbarcelona] nota112
Fecha: 6 de Septiembre, 2002  13:03:19 (+0200)
Autor:marcelo <dimitri1 @........ar>

DEBATE
Verdad o consecuencia  
 
 
 POR ASOCIACION MADRES DE PLAZA DE MAYO.
Un recorrido de 25 años 

Un reciente artículo del periódico Página/12, intenta mostrar a las Madres de
Plaza de Mayo como cómplices del gobierno de Estados Unidos durante la dictadura
militar. Las Madres creemos que muchos pensadores “progresistas” y “políticamente
correctos” a veces difaman, tergiversan y malinterpretan a las organizaciones
populares que plantean una salida por fuera del sistema de explotación y de
muerte.
Los gobiernos constitucionales que hemos tenido dieron impunidad a los genocidas
y continúan la represión. Pero no son criminales autónomos. Detrás de todos
ellos, pagándoles las campañas, dándoles dinero para armamento y control social,
instalando bases militares, extorsionando con la deuda externa, están los EE.UU.
y su criminal política imperialista.
Estados Unidos es el enemigo de la humanidad. Lo sabían nuestros hijos, y la
mayoría de nosotras no los comprendimos en su momento. Fuimos aprendiéndolo con
el tiempo. En las reuniones de los días martes, las marchas de los jueves, en las
noches frente a las comisarías o cuarteles o en las catedrales. Fuimos ingenuas,
sí, pero decididas. Tercas en el amor a nuestros hijos y con la firme convicción
de encontrar justicia para con el genocidio. 
Las Madres de Plaza de Mayo no nos hicimos revolucionarias después de leer a los
pensadores marxistas. Lo aprendimos en las calles y en las plazas. Tenemos
grietas en el corazón abiertas por el dolor y la injusticia, pero también la
esperanza de que nuestra lucha por la felicidad del pueblo no será en vano. 
Hay muchos arrepentidos que no comprenden que tampoco fue en vano la sangre de
nuestros hijos ni la de tantos que entregaron la vida antes que ellos, en este
desafío maravilloso de construir un hombre nuevo en un mundo más justo y
solidario. 
Nuestro recorrido
A partir de 1986 comenzamos un proceso de definición política que nosotras
llamamos “la socialización de la maternidad”.
Cada una de nosotras comenzó buscando a su propio hijo o hija desaparecidos.
Pero lentamente, comenzamos a sentirnos madres de todos los desaparecidos,
asumiendo como propios los miles que habían caído en las calles, en las montañas,
en las selvas, combatiendo o alfabetizando.
De a poco nos fuimos despojando en la Plaza de Mayo de la foto de nuestro hijo o
hija particular, para llevar el rostro de cualquier otro hijo. Después fuimos
sacando el nombre y las fechas de desaparición de cada uno de ellos de nuestro
pañuelo. Finalmente, bordamos en esos pañuelos blancos que nos identifican, la
consigna “Aparición con vida”.
Teníamos ya nueve años de lucha, cuando dimos un salto político e ideológico y
comenzamos a identificar a nuestros hijos con el marxismo y la revolución. Luego
de que varias Madres abandonaron nuestra Asociación, comprendimos que debíamos
reivindicarlos como militantes revolucionarios. Fue un gran paso adelante. La
mayor parte de las Madres decíamos, hasta ese momento: “Mi hijo no hizo nada”.
Muchas creíamos que habían caído en manos de la dictadura por figurar en la
“agenda de un terrorista”.
Fuimos fortaleciendo nuestra convicción de que no hubo víctimas “inocentes” de
la dictadura. Nuestros hijos fueron todos culpables de querer con todas las
fuerzas un país sin explotadores ni explotados, infinitamente más justo. 
Al principio temíamos reconocerlos como revolucionarios en forma pública.
Algunas madres, incluso hoy, lo siguen negando. Muchas decidieron marcharse de
nuestra organización.
Sin embargo, nuestro salto ideológico y político más significativo ocurrió
cuando decidimos no sólo reconocer a nuestros hijos como revolucionarios, sino
levantar sus mismas banderas y continuar su lucha.Fuimos increíblemente ingenuas
en esos primeros años, en aquellas peregrinaciones ante la Justicia, la Iglesia,
las embajadas, los ministerios. 
Nuestra organización tiene ya 25 años de lucha. Esos años son absolutamente
nuestros, desde el primer día hasta el último. Intentamos mantener durante estos
largos años una línea consecuente y sin renunciamientos. Nunca faltamos a la
verdad ni limitamos nuestro discurso y nuestra acción por campañas electorales,
candidaturas políticas u oportunismo mediático.
Muchas veces caminamos solas e incomprendidas por la mayoría de los
intelectuales y pensadores “progresistas”. Coherentes con nuestra exigencia de
justicia sin ocultamientos, decidimos no apoyar la Conadep, sino exigir una
comisión bicameral que comprometiese a la totalidad de las fuerzas políticas.
Denunciamos la hipocresía del Juicio a las Juntas. Rechazamos la exhumación de
cadáveres para evitar que nuestros hijos sean considerados muertos, víctimas de
un delito que proscribe, y no desaparecidos víctimas de un genocidio motivado en
las necesidades políticas de la burguesía local y el imperialismo. Nos opusimos
con todas nuestras fuerzas a la ley de reparación económica, porque jamás
aceptaremos plata del Estado que hizo desaparecer a nuestros hijos.
Por estas posiciones duras y radicalizadas, nos ganamos todo el odio de los
socialdemócratas que buscan desprestigiarnos para silenciar nuestra lucha. Los
“moderados” continúan defendiendo el sistema, presentando de tanto en tanto
ilusiones electorales, candidatos de caras lindas y jueces de sentencias
impactantes pero inútiles. 
Nuestra historia es un permanente recorrido. Nunca quisimos dejar como legado de
nuestro accionar un museo, ni el nombre en una calle, ni una placa en el patio de
un ministerio. Jamás pedimos a las autoridades políticas un reconocimiento
oficial a nuestra lucha. El sudor de nuestras pasiones es todo para el pueblo,
nuestro pueblo. Nuestra herencia deberán recogerla las nuevas generaciones que
sigan sumando sus esfuerzos por la liberación. Los hombres y mujeres que
comprendan nuestro recorrido, no se dejarán confundir por quienes tergiversan
nuestra historia, y jamás recurrirán al enemigo ante la urgencia de la muerte o
el hambre. Ellos redoblarán sus esfuerzos para acabar con él, como nosotras lo
hemos comprendido.
En virtud de este cometido, nuestra Asociación decidió hace algunos años
emprender la construcción de espacios políticos para que la juventud se
comprometa ideológicamente. Aprendimos que sólo la lucha política podrá liberar
al pueblo de las cadenas que todavía atan su destino al mezquino interés de sus
verdugos.
Al tiempo que participamos de los piquetes y luchas populares, mientras nos
movilizamos contra la prepotencia de los poderosos, abrimos una Librería y Café
Literario y enseguida una Universidad Popular.
Las Madres queremos estimular a la juventud al estudio, a la preparación en
cuadros políticos, al amor por el saber y a la hermosa quimera de poner lo mejor
de nosotros al servicio de los que sufren.
Nuestro camino de infinito amor a nuestros hijos, nos hizo revolucionarias. En
la proyección y desarrollo de este maravilloso sueño se consumen nuestras horas
más felices y nuestros sentimientos más solidarios.
EE.UU., enemigo de todos los pueblos
En nuestro largo camino aprendimos que cualquier intento de liberación por parte
de los pueblos tropieza con la burguesía. Los intelectuales le dicen “lucha de
clases”. Las Madres lo fuimos aprendiendo: la clase de los pobres que trabajan y
no tienen nada, contra la clase de los ricos que explotan y tienen el poder. En
la Argentina, la burguesía está ligada ysostenida por el imperialismo
norteamericano. El imperialismo usa a los estados nacionales para imponer su
sistema: el hambre para cientos de millones de personas, y la infinita riqueza
para unos pocos.
Nuestro pueblo lo supo a través de la dictadura militar y la deuda externa. Lo
mismo padecieron todos los pueblos latinoamericanos. Las diferentes
administraciones norteamericanas, demócratas o republicanas, promovieron
continuas intervenciones militares, políticas, económicas, a fin de garantizar la
continuidad del sistema capitalista. Durante la década del ´60 y ´70, el
imperialismo norteamericano sembró dictaduras militares en todo el continente a
fin de contener, mediante el terrorismo de Estado, los procesos revolucionarios
en América latina.
El gobierno norteamericano había instruido militarmente a los ejércitos locales
en métodos de contrainsurgencia: los golpes en el vientre, el submarino seco, la
picana, la desaparición. Ellos formaron a nuestras fuerzas armadas y de seguridad
en las mil formas de torturar y asesinar a nuestro pueblo.
Querían destruir la resistencia popular para imponer el plan económico que ahora
llega a su etapa máxima de desarrollo: desocupación extrema, miseria generalizada
y un vaciamiento ético, moral, cultural y político. 
Antes, sin embargo, también habían cometido similares tropelías con su cuota de
sangre y destrucción. A veces siguiendo propósitos expansionistas, otras de
conveniencia económica, en todos los casos no se apartaron de la perversa lógica
capitalista. Durante el siglo veinte, el estado norteamericano intervino
militarmente en nuestros países: Filipinas y Haití en 1898 y 1915; Puerto Rico
desde 1898 hasta la actualidad; Honduras con la United Fruit; el Plan Colombia y
el brutal bloqueo económico al pueblo de la revolución cubana. Hay tantos más
etcéteras como olvidos por parte de la socialdemocracia en los medios de
(in)comunicación. 
El Estado terrorista norteamericano necesita consenso. El estado más poderoso de
la tierra no podría someter a continentes enteros sin un discurso que lo
legitime. Por eso nos atacan. Por eso algunos de los periodistas más “creíbles”
presentan una y otra vez variantes políticas moderadas de la misma dominación
capitalista. Por eso los medios de comunicación hacen la diferencia entre los
“piqueteros buenos” que cortan la ruta “a medias” y los “piqueteros malos”
que se cubren el rostro con un pañuelo y usan palos. 
Las Madres aprendimos, allá por 1986, cuando por primera vez viajamos a Cuba,
que nuestro deber era participar de todas las luchas que en el mundo se libran
contra el poder imperialista norteamericano.
En nuestro recorrido de 25 años de lucha y aprendizaje, llevamos nuestro pañuelo
a los pueblos de Uruguay, al Perú del MRTA, a Irak, a Yugoslavia en plena guerra,
a Israel, a los campamentos de refugiados Palestinos; vivimos en los campamentos
de los Sin Tierra de Brasil y compartimos la Selva de Chiapas con los Zapatistas;
dimos nuestro testimonio en Venezuela, en Puerto Rico, en toda Europa, Australia
y Canadá; con los campesinos paraguayos, los presos políticos de Chile, los
rebeldes de Ecuador... tantos lugares en el mundo donde llevamos la voz de
nuestros 30.000 hijos desaparecidos.
Las Madres queremos comprobarnos revolucionarias sintiendo como propia en
nuestro corazón cualquier injusticia cometida contra cualquier persona en
cualquier lugar del mundo.
Las Madres de Plaza de Mayo llevando cada vez más altas las banderas de lucha y
sueños revolucionarios de nuestros hijos. 
Este año, convocamos a todos a nuestra Marcha de la Resistencia en Plaza de
Mayo, el 11 y 12 de diciembre. Las Madres marcharemos bajo la consigna del “No
pago de la deuda externa”, como único camino para terminar con el hambre. 

Por Horacio Verbitsky.
Revolucionaria es la verdad

La señora de Bonafini dice que este diario intentó mostrarla como cómplice del
gobierno de los Estados Unidos durante la dictadura, que fue difamada y
tergiversada. Nada más falso. Vamos a repetir un párrafo de aquella nota, que lo
demuestra: “Nada de lo que hasta aquí se ha escrito implica crítica alguna a la
señora de Bonafini por su permanente y estrecha relación con la embajada de los
Estados Unidos en aquellos años. ¿A quién podía recurrir en su búsqueda
desesperada, ella y las demás mujeres que, sin experiencia ni formación política,
debieron salir a la calle para enfrentar a una dictadura promovida, apoyada o
consentida por el poder económico, los partidos políticos de derecha a izquierda,
la Iglesia y los mayores medios de comunicación?”, decía. Lejos de tergiversar o
difamar, informaba sobre hechos que no tienen nada de vergonzoso pero que la
señora de Bonafini preferiría borrar de su historia, tal vez porque no los
considera a la altura del grandioso personaje que se ha construido. 
La carta también reseña algunas cuestiones que dividieron al movimiento por los
derechos humanos. De un lado, está la señora de Bonafini y su grupo, que se
declaran revolucionarios y ridiculizan al resto como reformistas, moderados,
socialdemócratas, progresistas, arrepentidos o defensores del sistema, que en
lugar de hacer la revolución se dedican a interferir en su camino, servir a la
burguesía y al imperialismo. Del otro lado, se alinean los demás organismos de
derechos humanos, los periodistas e intelectuales que los acompañan. Apoyaron las
investigaciones de la Conadep, que documentó la extensión y las modalidades del
accionar del Estado Terrorista, incluyendo un relevamiento de los campos
clandestinos de concentración y sus operadores. Aportaron documentos y
testimonios para el juicio a las juntas militares, en el que fueron condenados
cinco ex comandantes, luego indultados. Con sus constantes denuncias al Congreso
han frustrado muchos intentos de las Fuerzas Armadas y el Poder Ejecutivo por
ascender a alguno de aquellos secuestradores, torturadores o asesinos. Han
recogido testimonios de algunos de los verdugos, coincidentes con los relatos de
las víctimas, cuya difusión acabó con cualquier intento por negar los hechos y
condujo al primer reconocimiento oficial castrense sobre la barbarie que habían
cometido. Han denunciado al Estado argentino ante los organismos interamericanos
y lo han obligado a reconocer su responsabilidad en aquellos crímenes, por la que
se pagan reparaciones económicas. Han recuperado a 70 chicos secuestrados,
enviado a la cárcel a muchos de sus apropiadores y conseguido el arresto de
Videla, Massera & Cía. Han promovido los juicios por la verdad, que en las principales ciudades del país movilizaron a la sociedad, no sólo por el conocimiento sino también por el castigo. De hecho, en sus audiencias se obtuvieron pruebas que luego sirvieron para abrir causas penales y detener a algunos de los peores monstruos, como el ex jefe de policía Miguel Etchecolatz. Han impulsado los juicios en España, Italia, Francia, Alemania, Suecia, Estados Unidos, que impiden a los asesinos salir del país. Han propiciado la derogación en el Congreso y la nulidad ante la Justicia de las leyes de punto final y obediencia debida, en lo que la carta minimiza como “sentencias impactantes pero inútiles” (sic). Mediante las
exhumaciones de cadáveres han obtenido pruebas que servirán para obtener
condenas, ya que los crímenes de lesa humanidad tampoco prescriben. Han
denunciado ante la justicia al actual jefe del Ejército por su participación en
una masacre de detenidos cuando era funcionario de la dictadura en el Chaco. Han
pedido al gobierno de los Estados Unidos que desclasifique documentos sobre
aquellos años, cuyo arribo al país hace ostensible la soledad en que han quedado
los guerreros sucios de la dictadura, abandonados hasta por el gobierno de Bush.
Investigan y denuncian el gatillo fácil policial y la criminalización de la
protesta social, integran junto a otras organizaciones sociales un frente contra
la pobreza. Para la señora de Bonafini nada de esto vale nada, no es
revolucionario como Saddam, Milosevic, las FARC o la ETA.
Hace muchos años que se inventa una realidad a la medida de su fantasía y cuando
algún molesto hecho interfiere, lo remueve con insultos. Sería más cómodo dejar
pasar, permitir que cada exabrupto se agote en el círculo de sus adherentes.
Analizarlos, refutarlos, poner a la vista sus incongruencias es un acto doloroso
de respeto por lo que ella fue y por los jóvenes que se le acercan, con
reverencia por el mito. En el movimiento por los derechos humanos, la de la
verdad no es una cuestión menor, porque la falsificación o la mentira no edifican
un mundo mejor, son más de lo mismo que se dice abominar. Revolucionaria es la
verdad.
 
pag12 6 set 2002




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