CIDALC AL DÍA
Para Reflexionar
DESCONTEXTUALIZACIÓN
Frei Betto
En la cabecera de la cama de hotel de cualquier metrópolis
occidental es donde se encuentran las indicaciones de lo que puede interesar al
huésped: cines, teatros, night-clubs, museos... y horarios de misas y cultos en las
principales iglesias. Como en el juego
de los conejos que se encuentran rodeados de casitas, se le propone a cada uno
que se meta en un agujero. Encasillados
por su especialización, el abogado no sabe cómo cuidar de su propia gripe y el
médico ignora como regular el motor de su auto.
Al haber suprimido las clases de religión, en la nueva generación hay de
los que creen que David fue un luchador
de box que derrotó al gigante Goliat en un ring
en Manhatan y que el Génesis no pasa de ser un
espectáculo de Metal rock inglés.
Idiotizados por la descontextualización –sin criterios
que permitan establecer la relación entre la sonrisa del Presidente de Estados
Unidos y el llanto hambriento de un niño de Brasil, India o Zaire- somos como
el chico que mira perplejo las piezas de un rompecabezas amontonadas en una
caja. Aprendemos en los libros y en la
clase que somos un nudo de relaciones sociales o, como decía Ortega y Gasset,
“yo soy yo y mis circunstancias”, pero el sistema insiste en
transformarnos en amebas sin circunstancias, sin relaciones y sin historia.
Si no nos pueden arrancar físicamente del contexto, debido a
que somos de la especie de animales dependientes, se esfuerzan al menos por
aislarnos psíquica y políticamente.
Cuando más ignoremos el contexto en el cual estamos insertos, tanto
mejor para aquellos que tienen el poder sobre el status quo. Como son
inteligentes, jamás dirán las cosas de esa forma. Dirán que nos quieren ver felices y que la
preocupación con la realidad circundante sólo trae infelicidad: catástrofes, fracasos, violencias,
corrupciones. Ingrese a su capullo y
espere el momento de transformarse en una mariposa. Quien lo acepta, usufructúa la felicidad del
gusano con la alegría rastrera de soñar con su mariposa del futuro.
En socorro de quienes insisten en permanecer con los ojos
abiertos, pero con pereza de pensar, llega el oráculo sagrado de la TV y, a su
manera, hace las conexiones, induciéndolos a creer que fuera del libre mercado
–donde el hombre se afirma como lobo del hombre- no hay salvación. Y quien ni siquiera dispone de la libertad de
participar del mercado, que ingrese en la economía informal, asuma la
contravención o haga de su sufrimiento en este mundo, un meritorio recurso de
conquista de la salvación eterna. Un
poco de opio puede que nos convenza de que Dios quiere salvarnos de este mundo,
induciéndonos a ignorar que El vino a liberarnos en este mundo, a rescatar al propio
mundo y a integrar toda la Creación en la gloriosa resurrección del Hijo del
Hombre.
Algunos tienen la suerte de encontrar el hilo de Ariadne. Los
cristianos buscan en la Biblia el espejo que les permite descifrar los enigmas
de la historia. Encuentran en Jesús de
Nazaret el sentido más radical y profundo de sus existencias. Los marxistas, golpeados todavía por el
“terremoto” del Este europeo, se apegan a sus análisis de clases y
descubren que ser revolucionario es mucho más difícil que ser profesor de la
teoría de la revolución. Otros, menos
universales y poco preocupados con los destinos de la humanidad, ingresan en la
primera secta o grupo que les alivie el corazón y les asegure la
salvación. O entran en un equipo de
ajedrez, de gimnasia aeróbica o un video club, reduciendo el mundo a unas
paredes que lo cercan y a las veleidades individuales. Si existen favelas
o conflictos raciales, que se ocupen los políticos. O, ¡quién sabe, si tales fenómenos no forman
parte del paisaje humano, como la seca del Nordeste o las crecientes en épocas
de lluvia, a las cuales hay que acostumbrarse!....
La razón cínica se hace cómplice de la omisión, como si la
casualidad formara parte ineludible de la dinámica de la vida.
[Traducción: Jackie Paullier]