Cidalc al Día
Entrevistas
LOS
DOMINICOS Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL
Entrevista a Paulo Olascoaga
Paulo Olascoaga, montevideano. Es dominico seglar. 40 años. Su esposa es
Adriana –también dominica seglar- colabora con MCS CIDALC. Ambos estudiaron
Ciencias de la Comunicación Social. Son papás de Paloma y Juan Cruz. Paulo es
–entre otras cosas- Director General del Departamento de Prensa en el Canal 10
de Montevideo. Es también Profesor de Ética Profesional en la Universidad
Católica de Montevideo. Pero, sobre
todo, es dominico de alma. MCS CIDALC ha mantenido con él esta
entrevista.
Oímos continuamente que la Iglesia debe utilizar los
medios de comunicación social para evangelizar. ¿Cómo ves que lo hace hoy y como
podría mejorarlo en
adelante?
Pienso que la
Iglesia tiene una visión instrumental de los medios, se acerca a ellos para
usarlos, pero, en general, no convive con ellos. Convive más con el libro. Ahora
tal vez más con Internet, pero sólo como vehículo para enviar textos y no tanto
multimedia. Está acostumbrada a la comunicación en un solo sentido y no de ida y
vuelta, auque, no obstante, existen
experiencias muy ricas de radios comunitarias de comunicación “alternativa”.
¿Por qué
estás tan convencido de ello?
La Iglesia realiza mensajes “para la posteridad”, para
que queden registrados, se guarden, se archiven y sirvan de tradición para toda
la vida. Lenta en asimilación, no hizo suyas del todo las palabras del Papa Juan
Pablo II cuando lanzó “la nueva evangelización” y dijo de ella que debía ser
“nueva en su lenguaje”.
En contrapartida, el mundo de hoy está sometido al
vértigo, al cambio de formas constantes y, en ese mundo y no en otro, la Iglesia
debe dar su mensaje, que ha de cambiar y adaptarse constantemente en su forma de
comunicar, sin que por ello adultere la esencia de su mensaje. Si hoy lo que
atrae es “lo diverso”, “lo innovador”, tenemos todavía mucho para hacer. Hemos
de ver cómo estructuramos el mensaje, la Buena Noticia, que es esencialmente un
acontecimiento renovador, de cambio, de conversión, de conmoción. Hemos de
comunicarla de acuerdo a las formas actuales de los lenguajes de la humanidad,
evangelizando la propia cultura. Hay todo un camino para hacer en comunicación
mediante imágenes y sonidos, de encarnación en la cultura multimedia de hoy, sin
perder conciencia de la “marginación digital” de quienes no tienen acceso a la
tecnología presente, los marginados, que son los preferidos de Dios, y que
tenemos que estar en condiciones de ayudarles a
integrarse.
Paulo, ¿qué más sugieres que podríamos o deberíamos
hacer?
Hoy estamos en condiciones tecnológicas de desarrollar
una forma de comunicación participativa “en red”, donde las riquezas de todos
puedan circular más rápidamente, y de incrementar la democracia. Es un signo de
nuestro tiempo que el paradigma comunicativo para las organizaciones es muy
dominicano. Por eso, nuestro aporte a la Iglesia, en este sentido, es un
imperativo. Las organizaciones eclesiales pueden ser mucho más consultivas,
democráticas también gracias a la tecnología. Nuestro aporte ha de ayudar al
“cambio de mentalidad”, ya que tenemos experiencia de que la libertad permite la
acción del Espíritu. ¿Es posible un cambio de organización, gobierno y gestión
en la Iglesia? Los medios están ahí.
¿Cómo podríamos lograr superar esos desafíos de los que
hablas?
En primer lugar, son necesarias la contemplación y la
oración: pedirle a Dios que suscite comunicadores cristianos, obreros para su
mies allí donde la estrategia evangelizadora parece
necesitarlos.
En segundo lugar, precisamos urgentemente la formación y la reflexión. ¿Por qué hoy
las comunicaciones sociales (teoría y técnica) no integran – me parece- la
formación de los frailes, como otrora sí la “oratoria” “la retórica” o “la
homilética”? ¿Es que el Espíritu no suscita comunicadores? ¿O las estructuras
humanas están ahogando los carismas? Y en la liturgia, donde todo es
comunicación, hay un gran espacio para la Encarnación. Habitualmente, nos
quedamos en la utilización de guitarras y de los órganos eléctricos,
altoparlantes, diapositivas, pantallas gigantes...., reducimos la comunicación
social a mero instrumento, cuando queda todo un camino para transitar desde la
acogida de los fieles, pasando por las “perfomances” de las celebraciones y un
relanzamiento de los signos y sacramentos. La misión y la liturgia obligan a
estudiar los lenguajes contemporáneos para la inculturación del
Evangelio.
En tercer lugar, hay que incrementar la animación de
quienes trabajan en comunicación, tanto intelectual como pastoral. Animación
intelectual para ayudar al intercambio de experiencias, al mutuo
enriquecimiento, a la formación permanente, la investigación y la
experimentación innovadora, donde las Universidades cumplen un papel fundamental
como “nodos” de puesta en común, y plataformas de lanzamiento de proyectos.
Puede haber centros específicos de producción audiovisual o Internet. De hecho,
hay quienes estudian la evangelización y la comunicación desde el punto de vista
del Marketing. Esto habría que potenciarlo
más.
Habría que favorecer también la formación en la
utilización de los medios, que hoy son cada vez más potentes y baratos. La PC e
Internet, las cámaras de foto y video, la radio, la TV cable.....están ahí, como
papeles en blanco dispuestos a recibir el trazo de plumas...¡No sabemos
escribir!
¿Qué aspectos resaltarías en esa
tarea?
Creo que hoy nos aprietan dos urgencias. Una, la
información veraz. El mundo contemporáneo requiere cada vez más información, y
las fuentes se han multiplicado notoriamente, haciéndose cada vez más difícil de
discriminar lo verdadero de lo falso.
Nuestra misión dominicana no es sólo conocer la verdad,
sino también comunicarla. La tarea profética tiene mucho que ver con la
información veraz sobre la actualidad. Creo que con todo esto del orden
internacional, de la guerra en Irak, del acontecer verdadero del Oriente Medio,
de la auténtica situación de los países latinoamericanos....., las cadenas
internacionales de noticias, etc, es necesaria una red de comunicadores que sea
veraz y que, a la vez, tenga la
fortaleza suficiente para dar a conocer aquello que hay detrás y se esconde,
poner de manifiesto lo que los poderosos intentan
ocultar.
¿Deseas añadir algo más?
Sí, creo que la evangelización de la cultura tiene que
atender el entretenimiento. Considerando que las funciones de la comunicación
son informar, deliberar y entretener, creo que la función entretenida, hoy es
sólo tenida en cuenta por la Iglesia para criticarla, pero no hay una producción de entretenimiento en
consonancia con los valores del Evangelio.
Soy consciente que esta es una misión de los laicos, ya
que son ellos quienes “han de
sanear las estructuras y las condiciones del mundo, de tal forma que, si algunas
de sus costumbres incitan al pecado, todas ellas sean conformes con las normas
de la justicia y favorezcan, en vez de impedir, la práctica de las virtudes.
Obrando así, impregnarán de valores morales toda la cultura y las realizaciones
humanas” (LG 36).
La Jerarquía de la Iglesia tiene que orientar y
estimular a los laicos en el cumplimiento de esta tarea, para combatir la
violencia, el erotismo y el consumismo, valores que hoy impregnan
mayoritariamente toda la industria del entretenimiento. Esta ausencia de la
Iglesia en un aspecto tan
importante de nuestra cultura actual, como es el ocio y el entretenimiento, nos remite al tema de los medios de
comunicación social para sembrar los valores
evangélicos.
Estas dos urgencias, creo, son las que marcan la
necesidad de que la Iglesia cuente con medios propios de comunicación social. No
sólo para brindar su mensaje evangelizador –porque, en general, las empresas
privadas no se resisten a ello- sino para brindar una información veraz,
independiente de los intereses de los poderosos.
¡Muchas gracias, Paulo, por tu
testimonio!
Tú sabes que
cuando hice mi “promesa” me comprometí a decir y defender la Verdad en mi
trabajo profesional.