Cidalc al Día
Para Reflexionar
FREI TITO, A 30 AÑOS DE SU MARTIRIO
Frei Betto
Cuando se seque el río de mi infancia, se secará todo el dolor.
(Tito
de Alencar Lima)
El 10
de agosto se cumplen treinta años de la trágica muerte de Frei
Tito de Alencar Lima, en L´Arbresle,
al sur de Francia. En su dolor quedó
grabado lo más hediondo que produjo el militarismo brasilero, y, en él, se
refleja la venerable indignación de cuantos creen en la política como expresión
colectiva de principios éticos.
En el
sufrimiento de Tito, quien simboliza las víctimas de las torturas coleccionadas
en el libro Brasil, Nunca Mais (Vozes), se inscribe la esperanza de cuantos creen en la
política como mediación de las utopías libertarias. Preso en noviembre de 1969 en San Pablo,
acusado de proteger a Carlos Marighella, Tito es
sometido en la DEOPS junto a sus compañeros, a torturas y choques eléctricos.
En
febrero del año siguiente, cuando ya estaba en manos de la Justicia Militar, es
retirado del Presidio Tiradentes y llevado para la
Operación Bandeirantes, más tarde conocida como DOI-CODI en la calle Tutóia. Durante tres
días, golpean su cabeza contra la pared, le queman la piel con cigarrillos y le
aplican choques eléctricos por todo el cuerpo, especialmente en la boca,
“para recibir la hostia”, según gritan sus torturadores.
Fernando
Gabeira, que estaba preso al lado, presencia
todo. Quieren que Tito denuncie quién le
ayudó a conseguir la chacra de Ibiúna para el
congreso de la UNE en 1968, y que firme una declaración testificando que los
dominicos participaron de asaltos a bancos.
En el límite de su resistencia, Tito se corta la arteria interna del
codo izquierdo, con la gilette que le daban para
afeitarse la barba. Llegan a
atenderlo en el hospital militar en Cambuci.
Las
incesantes torturas no llegan a hacerle abrir la boca al hermano dominico de 28
años pero le escinden el alma. Se cumple
así la profecía del capitán Albernaz de la Oban:
Si no habla, será quebrado por dentro porque sabemos
hacer las cosas sin dejar marcar visibles.
Si sobrevive, jamás olvidará el precio de su silencio.
En
diciembre de 1970, Tito es incluido en la lista de presos políticos canjeados
por el embajador suizo Giovanni Bucher quién había
sido secuestrado por la VPR de Lamarca. Tito es desterrado del Brasil por el gobierno
Médici.
Desde
Santiago de Chile sale rumbo a París sin recuperar nunca su armonía
interior. En las calles de la capital
francesa, el “ve” el espectro de sus torturadores.
Luego
de ser transferido a L´Arbresle cerca de Lyon, en su estrecho dormitorio en el convento construido
por Le Corbusier, Tito se estremece con los gritos
del padre apaleado en el DOPS, gime con los gritos de la madre colgada del pau-de-arara (instrumento de tortura), se eriza de pavor
con los espasmos de sus hermanos electrocutados, se contorsiona con los
escalofríos que le producen el fantasma del delegado Fleury. Su mente naufraga en el delirio.
Tito
no recupera en el exilio, la paz que le robaran. El día 10 de agosto de 1974, un extraño
silencio amenaza el azul cielo del verano francés, envolviendo las hojas, los
vientos, flores y pájaros. Nada se
mueve. Entre el cielo y la tierra, bajo
la copa de un álamo, se balancea el cuerpo de Frei
Tito colgando de una cuerda.
El suicidio
fue su gesto de protesta y de reencuentro, en el otro lado de la vida, con la
unidad perdida. Dejó registrado en las
páginas de su Biblia que “es mejor morir que perder la vida”.
De
vuelta al Brasil en marzo de 1983, los restos mortales de Frei
Tito tuvieron una solemne acogida en la catedral de la Sede, en una celebración
presidida por el cardenal D. Paulo Evaristo Arns. Ahora reposan en Fortaleza. Aún no se apagó la luz de su ejemplo.
La
creatividad artística captó el rastro de sangre que se hace camino. El corta metraje, Frei Tito, dirigido por Marlene França,
recibió aplausos en festivales del exterior, conquistó en Cuba el premio al
mejor corta metraje en el festival Latinoamericano de Cine, y, en Brasil, el
premio Margarida de Prata
de la CNBB.
Premiada
por el Servicio Nacional de Teatro, la pieza de Licinio Rios
Neto, ¿No sería el Arco de Triunfo un
Monumento al Palo de Arara?, en memora de Tito, fue prohibida por la
Censura Federal durante el régimen militar, impidiendo que Ricardo Guilherme la montara para recorrer el país.
Adélia Prado lo homenajeó en
un conmovedor poema. Oriana
Fallaci le dedicó el libro –Un hombre- en el que narra la pasión de
ella por Panagoulis, líder de la resistencia contra
la dictadura griega. El senador italiano
Raniero La Valle escribió sobre Tito, Fora do Campo, editado en Brasil por la Civilização Brasileira. Clara de Góes
encontró en Tito la fuerza de inspiración para uno de sus libros de poesía.
Frei Tito es venerado por muchas personas de
fe que recurren a su intercesión en busca de gracias. Recordarlo es rescatar el sacrificio de todos
los que en Brasil, lucharon por la restauración del orden democrático. Es aún frágil pero promisorio, considerando
que la sociedad civil prosigue organizándose y movilizándose en la conquista de
la ciudadanía y la consolidación de la democracia.
Celebrar
este año la memoria de Frei Tito es homenajear el
sacrificio de todos los que en Brasil vivieron la bienaventuranza de la sed de
justicia y del hambre de libertad. Y que
no temieron da la vida para que todos tuviesen vida, y, vida en plenitud (Juan
10, 10).
Frei Betto
es autor, entre otros títulos, de Batismo de Sangue (Casa Amarela).
Traducción: Jackie Paullier
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FREI TITO, 30 ANOS DO MARTÍRIO
Frei Betto
Quando secar o rio
de minha infância,
Secará toda dor.
(Tito de Alencar Lima)
A 10 de agosto
completa trinta anos da trágica morte
de Frei Tito de Alencar
Lima, em L'Arbresle, no Sul da França. Em sua dor
gravou-se o que de mais
hediondo produziu o militarismo brasileiro
e, nele, reflete-se a venerável indignação de quantos acreditam na política como expressão coletiva de princípios éticos.
No sofrimento de Tito, tornado símbolo das vítimas
de torturas elencadas no livro
Brasil, Nunca Mais (Vozes),
inscreve-se a esperança de quantos acreditam na política como mediação de utopias libertárias. Preso em novembro de 1969, em São Paulo, acusado de oferecer infra-estrutura a Carlos Marighella,
Tito é submetido à palmatória
e choques elétricos, no DEOPS, em
companhia de seus confrades.
Em fevereiro do ano seguinte, quando já se encontra em mãos da Justiça
Militar, é retirado do Presídio Tiradentes
e levado para a Operação Bandeirantes, mais tarde conhecida como
DOI-CODI, na rua Tutóia. Durante três dias, batem sua
cabeça na parede, queimam sua pele com brasa de cigarros e dão-lhe choques por todo o corpo, em especial na boca, "para receber a hóstia", gritam os algozes.
Fernando Gabeira, preso ao lado, tudo acompanha. Querem que Tito denuncie quem o ajudou a conseguir o sítio de Ibiúna para o congresso da UNE, em 1968, e assine depoimento atestando que dominicanos participaram
de assaltos a bancos. No limite de sua resistência, Tito corta, com a gilete que lhe emprestam para fazer a barba, a artéria interna
do cotovelo esquerdo. É
socorrido a tempo no hospital militar, no Cambuci.
As incessantes torturas não abrem a boca do frade dominicano
de 28 anos, mas lhe cindem
a alma. Cumpre-se a profecia
do capitão Albernaz, da Oban: Se não falar,
será quebrado por dentro, pois sabemos fazer as coisas sem deixar marcas visíveis. Se sobreviver, jamais esquecerá o preço de seu silêncio.
Em dezembro de 1970, incluído na lista de presos
políticos trocados pelo embaixador suíço Giovanni Bucher, seqüestrado pela VPR de Lamarca,
Tito é banido do Brasil pelo governo
Médici.
De Santiago do
Chile ruma para Paris, sem jamais
recuperar sua harmonia
interior. Nas ruas da
capital francesa, ele "vê" o espectro de seus torturadores. Transferido para L'Arbresle,
próximo a Lyon, em seu estreito quarto
no convento construído por Le Corbusier,
Tito estremece aos gritos do pai
espancado no DOPS, geme aos berros da mãe dependurada no pau-de-arara, arrepia-se de pavor aos espasmos
de seus irmãos eletrocutados, contorce-se em calafrios sob
o fantasma do delegado Fleury. Sua
mente naufraga em delírios.
Tito não recupera, no exílio, a paz
que lhe fora seqüestrada. No dia 10 de agosto
de 1974, um estranho silêncio paira sob o céu azul do verão francês, envolvendo folhas, ventos, flores e pássaros. Nada se move. Entre o céu e a terra, sob a copa de um álamo, balança o corpo de Frei Tito, dependurado numa corda.
O suicídio foi o seu gesto de protesto e de reencontro,
do outro lado da vida, da unidade
perdida. Deixara registrado nas
páginas de sua Bíblia que
"é melhor morrer do
que perder a vida".
De retorno ao Brasil, em março
de 1983, os restos mortais de Frei
Tito tiveram solene acolhida na catedral da Sé, em celebração presidida pelo cardeal D. Paulo Evaristo Arns. Repousam agora em Fortaleza. Não se apagou, todavia, a luz de seu exemplo.
A criatividade artística captou o
rastro de sangue que se faz caminho.
O curta-metragem Frei Tito,
dirigido por Marlene França, recebeu
aplausos em festivais do
exterior, conquistou em
Cuba o prêmio de melhor
curta-metragem, no Festival Latino-Americano de
Cinema e, no Brasil, o prêmio Margarida
de Prata, da CNBB.
Premiada pelo Serviço Nacional de Teatro, a peça
de Licínio Rios Neto, Não Seria o Arco do Triunfo um
Monumento ao Pau de Arara?,
em memória de Tito, foi proibida pela Censura Federal
durante o regime militar, impedindo
Ricardo Guilherme de montá-la
para percorrer o país.
Adélia Prado homenageou-o num comovente poema. Oriana Fallaci dedicou a ele o livro - Um Homem - em que narra a paixão dela por Panagoulis, líder da resistência
à ditadura grega. O senador
italiano Raniero La Valle escreveu,
sobre Tito, Fora do Campo, editado no Brasil pela Civilização Brasileira. Clara de Góes encontrou em Tito a força de inspiração para um de seus livros de poesia.
Frei Tito é venerado por muitas pessoas de fé, que recorrem à sua intercessão em busca de graças. Recordá-lo é resgatar o sacrifício de todos
que, no Brasil, lutaram pela restauração
da ordem democrática. Ela ainda
é frágil, porém promissora,
considerando que a sociedade civil prossegue se organizando e mobilizando
na conquista de cidadania e
na consolidação da
democracia.
Celebrar neste ano a memória de Frei Tito é homenagear o sacrifício de todos que, no Brasil, viveram
na bem-aventurança
da sede de justiça e da fome
de liberdade. E não temeram dar a vida para que todos tivessem
vida, e vida em plenitude (João 10, 10).
Frei Betto é
autor de Batismo de Sangue
(Casa Amarela), entre outros
livros.