Cidalc al Día
Para Reflexionar
ETICA EN LOS NEGOCIOS
Frei Betto
La
palabra ética no comporta adjetivos. Por
lo tanto no podemos hablar de “nueva ética” ni de “ética en
los negocios”. Todos debemos ser
éticos y no solo “en los negocios”.
La
realidad cambia, la ética no. Puede
observarse más o menos, tener más o menos incidencia en la realidad en que
vivimos. Somos nosotros los que dejamos
de ser éticos o tan éticos como deberíamos.
No debemos poner la culpa en la ética.
Ni tratarla como si fuera algo descartable
que, como los equipamientos tecnológicos, exigen ser renovados cada año.
Nuestro incomodidad viene del hecho de que vivimos en un
mundo donde el éxito de los negocios parece no combinar con los principios
éticos. Si el lucro y cada vez más
lucro, se impone como principio vital para el éxito en cualquier negocio, ¿cómo
ser ético frente a la competencia, al peso de la carga tributaria, a los nuevos
recursos publicitarios que incentivan la atracción por el consumo? Está claro que ningún empresario estaría
satisfecho con la noticia de que uno de sus funcionarios embolsa dinero de la
empresa o que la directora de ventas apareció en un evento exhibiendo un
exagerado escote. O sea, hacerle fraude
al Estado y utilizar en la propaganda, modelos en ropas mínimas no parecen
herir la ética, pero hacerle fraude a la empresa y comportarse como quien
procura seducir más por los atributos físicos que por la inteligencia, son
actitudes consideradas como una grave falta de ética.
Deberíamos
preguntarnos si no estaríamos minando los propios fundamentos de la ética
cuando establecemos una “ética de ocasión” y una “ética de
principios”. La ética de ocasión
sería el sofisma legitimador de todo lo que me parece adecuado para mi éxito en
los negocios. Sería el pragmatismo
llevado a su paroxismo. La ética de
principios sería aquella que predico pero no practico; defiendo pero no la llevo a la práctica, la
propongo pero no la abrazo.
Como
los antiguos griegos, tengo la impresión de que retornamos a la condición de
seres pasibles movidos, ahora, por el dios Mercado. Es él quien dicta los destinos de nuestros
negocios. Y es de él de quien emanan las
reglas que nos obligan a infligir la ética.
En el fondo, sabemos que no somos malas personas. Pero... ¿ qué hacer
delante de fuerzas tan poderosas como las del dios Mercado? ¿Cómo establecer criterios éticos en la
competitividad, la publicidad, el amontonamiento del capital? ¿Cómo tener éxito en los negocios, si la legislación
nos aprisiona con una camisa de fuerza?
Estas son las preguntas de muchos empresarios que no soportan saber que
un colega tiene funcionarios sin papeles o explota el trabajo infantil. Empresarios que son éticos en sus relaciones
personales y familiares, pero que cuando se trata del mundo de los negocios es
como si viajaran a otro universo donde lo que es válido en la esfera doméstica,
en la que predomina la solidaridad, no se aplica a los negocios, movidos por la
competitividad. En casa, el fracaso de
uno es el dolor de toda la familia. En
los negocios, el fracaso de la competencia
es conveniente para mi éxito, y por lo tanto, motivo de mi alegría.
Hoy,
muchas empresas, inclusive bancos, divulgan sus códigos de ética. De hecho, ellas descubrieron que esto es un
buen negocio. Al cliente le gusta el
respeto, la atención y, sobretodo, un servicio de calidad. La empresa aumenta en confiabilidad aunque, en el día a día, no siempre las cosas
funcionen como reza el código o como anuncia la publicidad. La atención al consumidor tanto en el sector
público y el privado, continúa siendo como los milagros.
Para comenzar, se
encuentra con la dificultad para hablar con el santo por el teléfono
asignado. Son tantos dígitos diferentes,
tantas voces electrónicas, tanto tiempo que exige tanta paciencia, que el
cliente se siente en la piel de Sísifo, incapaz de impedir que la piedra ruede
montaña abajo.
No veo como hablar
de ética en los negocios sin antes preguntarnos por los principios éticos
universales que deben regir todas las esferas de nuestra existencia. El primero de ellos es la vida –del ser
humano, de la naturaleza, del cosmos- como don sagrado. Es éste el principio ético primordial y
fundamental. Cualquier actitud o
emprendimiento que amenace o destruya la vida, viola la ética y, por lo tanto,
debería figurar en la lista de crímenes.
Basta este
principio para una buena y profunda reflexión sobre la ética de mi negocio: ¿amenaza la salud
de los funcionarios y de los clientes?
¿Pone en riesgo el equilibrio ambiental?
¿Favorece la desigualdad social?
Creo que una buena agenda de responsabilidad social no es suficiente
para legitimar éticamente una empresa.
La responsabilidad debe ser también ciudadana, ambiental y
planetaria. Debe ser política. No habrá avances éticos si partimos del
presupuesto que la economía de mercado exige sacrificios humanos y que la
pobreza es una mancha indeleble en la historia humana. La pobreza es una violación a los derechos
humanos y debería movilizarnos a todos los que no somos víctimas de ella.
Aprenderemos entonces en la
práctica, porqué todo ser humano es nuestro prójimo y, cómo acentúa la palabra
de Dios, creado a imagen y semejanza divinas.
Es posible que, ese día, se inicie una nueva etapa en la historia humana: la economía dejará
de tener como paradigmas a la competitividad y a la acumulación, y pasará a
regirse por los paradigmas de las solidariedad y el compartir.
Frei Betto es autor de “Gosto de Uva –
escritos selecionados” (Garamond).
Traducción: Jackie Paullier
ÉTICA NOS NEGÓCIOS
Frei Betto
O termo ética não
comporta adjetivos. Assim, não
devemos falar de
“nova ética” nem de “ética nos negócios”. Todos devem ser
éticos não apenas “nos negócios”.
A realidade
muda, a ética não. Esta pode ser mais
ou menos observada, ter mais ou menos incidência
na realidade em que vivemos. Somos nós que deixamos de ser éticos ou tão éticos como deveríamos ser. Não devemos pôr
a culpa na ética. Nem tratá-la como se fosse algo descartável que, como os equipamentos
tecnológicos, exige nova reposição a cada ano.
Nosso desconforto
advém do fato de vivermos num mundo onde o sucesso dos negócios parece não combinar com os princípios éticos. Se o
lucro, e cada vez mais lucro, se impõe
como princípio vital do sucesso
em qualquer negócio, como ser ético perante a
concorrência, o peso da carga tributária,
os novos recursos publicitários
que erotizam os apelos de
consumo? É claro que nenhum empresário ficaria satisfeito com a notícia de que um de seus funcionários embolsa dinheiro da empresa ou que a diretora de vendas apareceu num evento exibindo um abusado decote, ou seja, sonegar
o Estado e utilizar modelos em trajes sumários na propaganda não parecem ferir
a ética, mas sonegar a empresa e portar-se como quem procura seduzir mais pelos atributos físicos que pela inteligência
são atitudes consideradas uma grave falta de ética.
Devemos nos perguntar
se não estaríamos minando os próprios
fundamentos da ética quando estabelecemos
uma “ética de ocasião”
e uma “ética de princípios”.
A ética de ocasião seria o sofisma legitimador de tudo aquilo que me parece adequado ao meu
sucesso nos negócios. Seria
o pragmatismo levado ao seu
paroxismo. A ética de princípios seria aquela que prego mas não pratico; defendo
mas não aplico; proponho
mas não abraço.
Como os antigos
gregos, tenho a impressão de que retornamos à condição
de seres passíveis movidos, agora,
pelo deus Mercado. É ele que dita
os destinos de nossos negócios.
E dele que emanam as regras que nos obrigam a
infringir a ética. No fundo, sabemos que não somos maus sujeitos. Mas... o que fazer diante de forças tão poderosas como as do deus Mercado? Como estabelecer critérios éticos na competitividade, na publicidade, no acúmulo do capital? Como ter sucesso nos negócios, se a legislação nos
amarra numa camisa-de-força? Essas são
indagações de muitos empresários que não suportam saber que um colega mantém funcionários sem carteira assinada
ou explora o trabalho
infantil. Empresários que são
éticos nas relações pessoais e familiares. Porém, quando se trata do mundo dos negócios
é como se eles se transportassem para um outro universo, onde o que é válido na esfera
doméstica, na qual
predomina a solidariedade, não
se aplica aos negócios,
movidos pela competitividade. Em
casa, o fracasso de um é a dor de toda a família. Nos negócios, o fracasso do concorrente é conveniente ao meu sucesso e, portanto, motivo de alegria para mim.
Hoje, muitas
empresas, inclusive bancos, divulgam seus códigos de ética. De fato, elas descobriram que isso é um bom
negócio. O cliente gosta de
respeito, atenção e, sobretudo, serviço de qualidade. A empresa aumenta o seu
teor de confiabilidade, ainda que, no dia-a-dia, nem sempre
as coisas funcionem como
reza o código ou anuncia a publicidade.
O atendimento ao
consumidor, tanto no setor público quanto no privado, continua a ser como os milagres. A começar pela dificuldade de falar com o santo pelo telefone
divulgado. São tantos dígitos distintos, tantas vozes eletrônicas, tanto tempo a
exigir paciência, que o cliente se sente na pele de Sísifo, incapaz
de impedir que a pedra role montanha
abaixo.
Não vejo como falar
de ética nos negócios se antes não
nos perguntarmos pelos princípios
éticos universais que devem
reger todas as esferas de nossa
existência. O primeiro deles é a vida – do ser humano, da natureza, do cosmo – como dom sagrado. Este é o primordial e fundamental princípio ético. Qualquer atitude ou empreendimento
que ameace ou destrua a vida, viola a ética e, portanto,
deveria figurar na lista de
crimes. Basta esse princípio para uma boa e profunda
reflexão sobre a ética do meu
negócio: ela ameaça a saúde dos funcionários e dos clientes? Põe em risco o equilíbrio ambiental? Favorece a desigualdade social?
Creio que uma
boa agenda de responsabilidade social não é suficiente para legitimar eticamente
uma empresa. A responsabilidade
deve ser também cidadã, ambiental e planetária. Deve ser política. Não haverá avanços éticos se partimos
do pressuposto que a economia
de mercado exige sacrifícios humanos e que a pobreza
é uma nódoa indelével na história
humana. A pobreza é uma violação
dos direitos humanos e deveria
mobilizar todos nós que não somos vítimas delas. Então, aprenderemos na prática por que todo ser
humano é nosso próximo e, como acentua
a palavra de Deus, criado à
imagem e semelhança
divinas. É possível que, nesse
dia, se inicie uma nova
etapa na história humana: a
economia deixará de ter como paradigmas a competitividade
e a acumulação, e passará a
reger-se pelos paradigmas da solidariedade
e da partilha.
Frei Betto é
autor de “Gosto de uva – escritos selecionados” (Garamond),
entre outros livros.