Cidalc al Día
Para
Reflexionar
Ecos de la Familia
Dominicana
Dando sabor a las comidas…
La Predicación es una misión a la que muchos de nosotros nos sentimos
llamados; pero ¿dónde hemos escuchado esta llamada? Seguramente no como
producto de una larga reflexión solitaria; sino como en un retiro, en una
conversación, en una jornada, en una reunión con otras personas llamadas
también a esta misión., quizás en la calle contemplando las necesidades de
otras personas… en otras palabras podemos decir que Dios nos ha llamado a
través de otras personas, a través de experiencias chocantes o
“maravillosamente sanantes”, de perdón, de acogida, de compartir.
En un mundo en que el individualismo, la competitividad y el éxito parecen ser
las banderas emblemáticas; Dios nos ha llamado
a través de otras personas, en comunidad y por testimonios o
experiencias de debilidad y crisis. La palabra que hemos recibido es como un
precioso regalo envuelto en un papel de regalo muy modesto.
Recuerdo que mi mamá para mi
cumpleaños, en cierta ocasión me preparó un keke así sencillo sin decoración…no
había dinero en ese entonces; para mi fue uno de los mejores regalos; pero más
aún al saber que lo había preparado con ingredientes donados algunos por otras
personas y otros comprados con mucho esfuerzo a mitad de precio…fue
delicioso aquel dulce; pero fue más la lección que me dio de un regalo hecho
gracias a otros, yo me sentía el niño más feliz del mundo. Creo que el regalo
de nuestra vocación de predicadores y predicadores nació desde una comunidad
que puso los ingredientes.
Santo Domingo fue un hombre que
quiso entregar el regalo de su vocación a muchos otros desde una
comunidad…sin duda no de perfectos, sino de hombres y mujeres con
carencias, heridas; pero igualmente llamados a predicar desde sus heridas y
carencias. Así son nuestras comunidades, seguramente llenas de “heridas y
carencias”; pero sobreabundantes en misericordia, perdón y tolerancia en
el amor (depende con que ojos miremos a nuestros hermanos y hermanas). Desde
allí predicamos, desde nuestra humanidad divinizada por el amor de Dios. El
proyecto de Domingo era el de “comunidades de predicación”…
no comunidades encerradas, ni predicadores solitarios; ¡tampoco comunidades
solitarias!
Este sentido de comunión y
fraternidad es la sal que da sabor a la “comida” que preparamos
para los demás; por eso es tan importante y “si la sal deja de
estar salada ¿para qué sirve?”
Si no hay fraternidad y unión en nuestra familia dominicana; ¿cómo
predicaremos la comunión del amor de Dios?
En un mundo en que el individualismo, competencia y el ideal de
“éxito” es el aire que se respira en nuestros centros de estudio y
trabajo…¿Cómo la Familia Dominicana está siendo
“sal” del mundo?
Creo que en Perú la Familia
Dominicana ha dado pasos muy importantes a nivel de integración y unión,
ejemplos sobran…en todas partes hay como un entusiasmo que se ha
concretado en acciones por trabajar unidos…talleres, retiros, vigilias,
actividades teatrales y deportivas, viajes de misión, encuentros de estudio,
reuniones de confraternidad, proyectos de organización a nivel
laical…etc. Es como ver germinar
flores por todos lados. Sin embargo aún
nos falta seguir creando el “sentir” como Familia Dominicana-
Perú.; ¿podría ser el reto para el próximo año? Saber que cada comunidad es
como una arteria dentro de un corazón que late y cada latido es un ladrido al
mundo. Esta comunión no es importante en sí misma, es importante porque es para
“los demás”… Somos una “familia para los demás”.
Juntos podemos ayudarnos, enriquecernos, consolarnos y orar unos por otros
mutuamente y así la misión será como alguien dijo “misión nunca
imposible”. Pensar en familia es pensar “más allá del yo” y
pensar más allá de mí…mis problemas, mis retos, mis proyectos, mí
pastoral, mi comunidad. Porque siempre hay alguien más allá en otra ciudad, en
otro distrito, en otra provincia que nos necesita. Pensar como familia es
pensar con el corazón abierto a los demás; sólo desde la comunión nuestra sal
será fermento en las comidas…porque haremos una comida “hecha en
casa” para muchos hambrientos que esperan.
Que Santo Domingo nos motive a
pensar como Familia Dominicana para los demás.
Que dediquemos unos minutos hoy a pensar en nuestra gran familia, a orar
por las decenas de hermanos y hermanas que en otro lugar están “acogiendo
y preparando” la Palabra de Dios para compartirla. Que hoy recordemos que estamos unidos para
celebrar, unidos para compartir, unidos para predicar.
Un abrazo a todos en Domingo y Catalina
Juan Edgardo Arévalo, laico dominico
Comunidad Proyección Social -Lima, Perú