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EL
ROSARIO: “MEDIO DE CONTEMPLACIÓN E INSTRUMENTO PARA LA PREDICACIÓN PROFÉTICA”
En la fiesta de Nuestra Señora del
Rosario, traemos a la memoria la invitación del Maestro de la Orden, Fray
Carlos Azpiroz op, a
redescubrir este año el rosario, “como medio de contemplación e
instrumento para la predicación profética”.
En una carta que dirigiera a los hermanos y hermanas
dominicanos, en ocasión de celebrarse la Fiesta de María, Madre de Dios y la Jornada Mundial de
la Paz 2008, el pasado 1 de enero, Fray Azpiroz
ofreció una meditación sobre el rosario, desde el punto de vista de la memoria,
la reflexión teológica y la piedad popular.
Esta exhortación
del Maestro, se enmarca en el inicio de un largo proceso de renovación a través
de la “reflexión, decisión y acción en relación a todo lo que incumbe a nuestra
vida de predicadores del Evangelio”, con vistas al jubileo del 2016, al
cumplirse 800 años de la confirmación de la Orden por el Papa.
Roma, 1
de enero de 2008
Fiesta de María Madre de Dios
Jornada
Mundial de la Paz
Queridos hermanos y
hermanas,
Dentro de pocos
días, para la fiesta de la Epifanía, cerraremos el año del jubileo agradeciendo
al Señor por ochocientos (800) años de vida otorgados a nuestras monjas de la Orden. Ha sido un año de
muchas bendiciones tanto para la Orden como para la Iglesia en general. He
tenido el gran gusto de observar las numerosas iniciativas tomadas por nuestras
monjas. Se han publicado libros, escrito himnos, iniciado nuevas investigaciones
sobre las antiguas fundaciones y su oración contemplativa ha sido y continúa
siendo renovada. En efecto, toda la Orden ha llegado a obtener una mayor
apreciación de que las monjas están en el corazón de la Orden y que la base de
nuestra predicación no es nada menos que la contemplación profunda de nuestra
fe. Creo que la renovación de la vida de nuestras monjas está directamente
relacionada a la renovación de toda la Orden.
Mientras este año
del jubileo avanza hacia su fin, nos proponemos comenzar una novena de años que
culminaría con el jubileo del 2016, 800 años de la confirmación de la Orden de
Predicadores por el Papa. Los capitulares del reciente Capítulo General en
Bogotá han pedido que el tiempo entre estos dos años de jubileo (2006 – 2016)
sea consagrado a una seria renovación de nuestra vida y misión de predicadores.
(Capítulo General de Bogotá #51) Por tanto, deseo invitar a toda entidad de la
Orden, comunidades e individuos en ella, a iniciar el largo proceso de
renovación a través de reflexión, decisión y acción en relación a todo lo que
incumbe con nuestra vida de predicadores del Evangelio.
Para dar enfoque a
este primer año propongo que empecemos por la renovación de nuestra vida de
predicadores a través de un redescubrir del rosario, como medio de
contemplación e instrumento para la predicación profética. Aunque ya el rosario
se nos ha escapado de las manos de varias maneras como una contribución
particularmente dominicana a la vida de la iglesia, sin embargo, él perdura al
mismo tiempo con mucha vida entre nosotros. Les ofrezco
con esta carta una meditación modesta sobre el rosario partiendo desde el punto
de vista de la memoria, la reflexión teológica y la piedad popular.
1. Memoria
Permítanme evocar
algunas de mis propias memorias que espero también despierten en ustedes
algunas de las propias. Los recuerdos son importantes para forjar nuestra
identidad, dar cuerpo a nuestras ideas y para permitirnos revivir y
re-interpretar eventos claves de nuestra vida.
Mi primer recuerdo
del rosario remonta a mis primeros años en el Colegio Champagnat
de los hermanos Maristas en Buenos Aires con el primer rosario que tuve en mis manos.
Los hermanos nos inculcaron un verdadero amor a María como madre que nos ama
incondicionalmente y que intercede por sus amados hijos e hijas, la María del
Evangelio de San Juan. Por supuesto se celebraba el mes de María con
procesiones, rosarios y letanías. Ya de joven portaba una decena del rosario en
mi bolsillo. La repetición del Padre Nuestro, el Ave María y el
Gloria permitían que esta oración se arraigara profundamente en mi vida.
Hoy
en día me gusta especialmente rezar de esta manera mientras camino. Me acompaña
por los diferentes paisajes ya sea que este de viaje o en la ciudad. Es la
“contemplación callejera” de la cual fr. Vincent de Couesnongle
nos habló una vez. Comienza marcando el ritmo de mis pasos, consintiéndome
detener un mundo siempre en movimiento. Me permite dar alma, vida y corazón a
la ciudad o al lugar por donde paso y a los encuentros que me esperan con sus
gozos y esperanzas, luces y sombras.
No
hace mucho, durante uno de nuestros retiros, el Consejo General meditaba sobre
el misterio de la muerte.
Uno de los frailes describía como los hermanos agonizantes
casi siempre piden su rosario, aun que sea tan solo para aferrarlo. Recuerdo
que en la película el “Batismo de Sangue”
(Bautismo de Sangre), que cuenta la historia de nuestros hermanos brasileños
torturados en los años 70 bajo la dictadura de Medici, fray Tito de Alencar,
mientras le arrastraban fuera del convento, gritaba a su hermano que fuese por
su rosario. ¿Qué significado tendría para él en aquel momento espantoso?
¿Cuáles son tus recuerdos del
rosario? ¿Qué significado tendrían para ti? ¿Para mí? ¿Qué nos diría de ello
nuestro estudio y reflexión teológica?
2.
Reflexión Teológica
Yo
creo que estos recuerdos nos hablan de la proximidad de Dios. El misterio de la
Encarnación, no solo comprende el nacimiento del Señor en un pasado milenario,
sino también la encarnación de la gracia, el nacimiento de Dios, en nuestra
vida diaria. Jesús vive y su Espíritu continúa sanándonos, enseñándonos,
perdonándonos, consolándonos y retándonos. Esto no es una vana abstracción, más
bien se hace visible en las imágenes asociadas a los misterios del rosario. La
conciencia de la encarnación se acrecienta a medida que se permite a estas
imágenes el entrañarse en los asuntos de nuestra vida diaria. Es así que el rosario es profundamente encarnador, bíblico, Cristo-céntrico y contemporáneo.
Por
supuesto, el rosario es
Mariano. Seamos claros en lo que significa esta aserción. En María se unen lo
divino y lo humano, la creatura se une al Creador. En María reconocemos nuestra
identidad y nuestro destino. Vemos la comunión santa de “Dios-con-nosotros” y
de “Dios-entre-nosotros”. Reconocemos que nuestro dios es Dios-para
con-nosotros –redentor y salvador, santificador y glorificador.
En
efecto, María es figura central en nuestra vida de fe. Mientras la consideramos
hija del Padre, madre del Hijo y esposa del Espíritu, debemos también
considerarla una creyente en el valle de las sombras y como llena de esperanza
cuando se confronta con una situación desesperada. Se le puede ver como
protectora de las mujeres en cinta que dan a luz en la pobreza, patrona de los
que inmigran a tierras extranjeras para sobrevivir y como la que hace duelo por
el hijo arrestado, torturado y asesinado. Y no en balde, a través de todo esto
somos testigos del triunfo de la fe, la
esperanza y la caridad. Ya
el Papa Juan Pablo II nos invitaba a contemplar el rostro de Cristo a través de
los ojos de María.
¿Qué
podría significar esto para nosotros? Como Maestro de la Orden soy misionero
que da aliento a sus hermanos y hermanas esparcidos por el mundo, escucho sus
historias y sus realidades. Porto el recuerdo de los rostros de familias
cristianas mal heridas en Bahawalpure (Pakistán
2001), de los vecinos de nuestras hermanas en las barriadas más pobres de
Kinshasa (Congo), los niños que nos seguían en Camerún, la plaza de la Guerra Civil en Campodos (Tibu), Colombia, de
familias pescando desde sus canoas a las afueras de Gizo en las Islas Salomón o
en el río Urubamba en las Amazonas peruanas. Estas imágenes, acompañando a los
misterios del rosario, se convierten en mi intercesión junto con la de María, mientras coloco
a los heridos a los pies de Jesús.
Nuestro
mundo parece estar siempre dividido por las guerras. En mi mente figura primero
un Iraq arrasado por la guerra, y claro, no muy
detrás se encuentra el incesable fluido de sangre entre israelitas y
palestinos. El siglo veinte fue marcado por las guerras y la devastación en
todo el planeta. Durante los peores momentos la gente se aferró al rosario para
rezar por la paz. En
efecto ¿no fue éste el enfoque de las devociones de Fátima para la conversión
de Rusia y no es entonces que se invoca a María como Reina de la Paz? Al mismo
tiempo, no menospreciemos las guerras frías que se dan dentro de nuestras
familias, comunidades, y al interior de nuestras almas y corazones. ¿No podría
el rosario traernos la paz? Este año celebramos también el 50ª aniversario de
fray Dominique Pire, nuestro hermano belga, quien recibe el premio Nobel de la
paz por haber establecido “islas de paz.” Quizás su inspiración para este
proyecto nació desde reflexión mientras rezaba su rosario por la paz.
Las
palabras de la oración que acompañan mi reflexión nos hablan del Reino de Dios,
del pan cotidiano, de la liberación del mal, del fruto del vientre, de los
pecadores y de la hora de la muerte. El Reino de Dios es justicia y paz, la
voluntad de Dios está en desacuerdo con la opresión, el pan se comparte y el
perdón se da. El fruto bendito del vientre materno es sagrado. Sí, el rosario
–las palabras bíblicas y nuestra meditación – hacen de él una oración tan
profética como contemplativa, que tanto anuncia como denuncia, una oración que
al igual que consuela, transforma. Las palabras de alabanza a la Trinidad nos
invitan a vivir en comunidad, sin subyugación y en apertura y disposición hacia
el otro. Sí, “la voluntad de Dios” se hará y por esto no perdemos jamás la esperanza. Nuestra
predicación está llena de esperanza pues “[lo] que existía desde el principio,
lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y
tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida” (1 Juan 1). Viviendo en
compañía de Jesús, cómo lo hizo María, nos convertimos en ese discípulo y
apóstol de quien precisa el mundo y que Dios anhela.
3.
La Práctica de la
Piedad Popular
Después
del Vaticano II, tendíamos a menospreciar la importancia de la “piedad
popular.” No sin equivocarnos, hacíamos hincapié sobre el estudio bíblico y una
mayor participación litúrgica. Al hacerlo también minimizábamos aquella
expresión que permitía una mayor expresión de sentimientos religiosos, exposición
del Santísimo, procesiones, peregrinaciones a santuarios, devociones al
rosario, etc. Ahora, después de cuarenta (40) años de experiencia constatamos
que la gente, tanto ancianos como jóvenes necesitan de estas expresiones para
“que reavives el carisma de Dios que está en ti” (2 Timoteo 1,6).
Esta
piedad popular aún perdura con firmeza en los santuarios Marianos alrededor del
mundo. Este año celebramos 150 años de Lourdes (Francia) y 90 años de Fátima
(Portugal), para mencionar solo dos santuarios que atraen literalmente millones
de personas al año. Podríamos mencionar también a Guadalupe (México), Czestochowa (Polonia), Knock
(Irlanda), Chiquinquirá (Colombia), Coromoto
(Venezuela), Luján (Argentina), Manaoja (Filipinas),
y muchos más. Casi todo pueblo del mundo posee un santuario nacional a la
Virgen, quien reúne en un abrazo maternal a fieles de todas partes.
Se
observan todavía en los autos las medallas de San Cristóbal y rosarios que
cuelgan de los retrovisores, también pequeños altares hogareños o estatuas en
jardines. Tenemos los rituales de imposición de cenizas al comenzar la cuaresma
y los ramos al principio de semana santa que nos informan de los deseos y
sentimientos religiosos del pueblo. Estos ritos son los que introducen un
cierto orden y estabilidad, un cierto ritmo y dimensión encarnadora
en las vidas de la gente común, permitiéndoles de vivir más profundamente estos
eventos religiosos. ¿Podríamos nosotros, los Dominicos, recuperar la piedad
popular que nos caracteriza: el rosario?
En
efecto, he llegado a considerar el rosario como una oración estimada
universalmente. Ya sea en Italia como en Ucrania, México o Estados Unidos,
Filipinas o Vietnam, Kenia o Nigeria, el rosario es rezado y amado. Creo que una razón para
esto sea su realidad de oración tangible. Es algo que posee casi todo católico.
Se da como un regalo. Es un ritual que se celebra tanto en privado como en
común. Es algo que se puede tocar, sostener y aferrar en momentos difíciles de
nuestra vida, es como sujetarse de la mano de la misma Virgen. El rosario es puesto en nuestras
manos en “la hora de nuestra muerte” y en el día de nuestro entierro. Sus
oraciones son resúmenes de nuestra fe, aprenderlas es como aprender a hablar,
son el principio de una vida de oración y sí, también el final de nuestra vida
de oración –“hágase tu voluntad” “ahora y en la hora de nuestra muerte.”
Recibimos un rosario en nuestra juventud, un rosario en la toma de hábito, y un
rosario nos acompaña en nuestro entierro.
Conclusión
He
compartido con ustedes algunas de mis reflexiones, espero que sean tan
sencillas como profundas; quizás sean más una meditación y reflexión del
corazón que ninguna otra cosa. En el Capítulo General de Bogotá, fue mi
privilegio asignar a fray Louis-Marie Ariño-Durand de la Provincia de Tolosa
como promotor del rosario, él ha ya desarrollado y continúa a desarrollar un
extenso sitio-web que podrá servirles durante este
próximo año. Por otra parte, les pido que cooperen en su desarrollo
respondiendo a las solicitudes de fray Louis-Marie. Juntos podemos construir un
sitio-web para beneficio de la Iglesia entera.
Al
principio de esta novena de nueve años en preparación para la conmemoración del
aniversario de 1216, ¿podríamos usar este próximo año, que comprende la
Epifanía 2008 a
la Epifanía 2009, como un año para descubrir de nuevo el rosario en nuestra
vida personal, vida comunitaria y renovación de nuestra predicación tan
profética como contemplativa? ¿Podríamos contribuir al futuro de la piedad
popular de nuestras gentes desarrollando de nuevo novenas del rosario, misiones
y procesiones o santuarios? ¿Podríamos contemplar a nuestro Maestro con los
ojos del discípulo perfecto? ¿Podríamos contemplar al Hijo a través de los ojos
de su madre? ¿Podríamos contemplar nuestro mundo con su necesidad abismal de
transformación por el Evangelio? ¿Podríamos llegar a vivir y predicar
apasionados con la creatividad de Dios Padre y de María, Madre del Hijo amado?
Agradezco
la oportunidad que tengo de compartir con ustedes mis propias reflexiones. En
los próximos meses, el Consejo General determinara los distintos pasos y temas
para los próximos años que dedicaremos a la continua renovación de nuestra vida
y misión. Pido a los provinciales y vicarios generales, prioras y presidentes
de fraternidades laicas, ocuparse de hacer circular esta carta entre sus
miembros.
Durante
el Año Nuevo, sepan que les tendré muy presentes en mi mente y en mis oraciones
y a cambio, espero estar en las vuestras.
Hermanos
y hermanas, recorramos juntos este trecho de renovación. Pongámonos en camino
con la confianza que Domingo tenía en María, Madre de Dios.
Su
hermano en Domingo,
fr. Carlos A. Azpiroz Costa, O.P.
Maestro de la Orden de Predicadores
Prot.: 50/07/1404 – Lettere
all’Ordine