Inicio > Mis eListas > coaciosforu > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 12041 al 12060 
AsuntoAutor
Upupa epops, Capri Pablo Fe
gaviota daniel l
=?UTF-8?Q?Salida_e NACHOVEG
Fw: Recent news st Nacho Ve
Sylvia communis, P Pablo Fe
Fw: Chibibís y And Xuan Cor
Chibibís y Andarrí Xuan Cor
Re: Datos para el xurxo pi
Re: Datos para el Alejandr
direccion correo L Gilberto
Gerardo Báguena, s Adrian V
Re: direccion corr NACHOVEG
European conservat Rafa Sai
RE: direccion corr Luisma A
local COA Adrian V
Biches y Mavees Xuan Cor
Re: local COA jjfuente
Una de treparrisco Pedro J.
Una de treparrisco Pedro J.
Caida de migrantes Pablo Fe
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
coaciosforu
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 12040     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[coaciosforu] prensa
Fecha:Lunes, 6 de Agosto, 2007  21:35:28 (+0200)
Autor:El Yepa <elyepa @.......es>

Incendios en Canarias: impacto en la salud mental
  VOTE ESTA NOTICIA 
Enviar
Imprimir
Aumentar el texto
Reducir el texto
 
JOSÉ ANTONIO FLÓREZ LOZANO «Cuando el hombre no se encuentra a "sí mismo", no encuentra nada» Goethe


Asistimos recientemente, perplejos e impotentes, a la quema de bosques en Canarias. Se ha hablado hasta la saciedad del impacto ambiental, económico, ecológico y, por supuesto, de la posible pérdida de vidas humanas. Pero nada se ha dicho del impacto de este tipo de catástrofes en la salud física y mental de las personas afectadas. Fuego, humo y cenizas en los bosques canarios. Miles de hectáreas de árboles autóctonos, arrasadas. Inmensas pérdidas, daños incalculables y presupuestos ingentes para afrontar la repoblación forestal.

Pero, aparte de estos daños físicos y materiales, merece la pena hacer algunas consideraciones acerca de los daños físicos y psicológicos, éstos mucho más subjetivos y persistentes. Esta catástrofe ecológica puede quebrar el sentimiento de seguridad de las personas de ese medio, incluso llegar a poner en cuestión sus propias creencias e ideales de toda la vida. Siempre hay un antes y un después. Un después descrito por un paisaje carbonizado, tétrico, dantesco y trágico. Algunas víctimas quedarán marcadas de por vida y se limitarán a llevar una existencia anodina y sin ilusión. Éstas serán especialmente vulnerables en su salud; otras se readaptarán parcialmente y atenderán sus necesidades de forma inmediata.
La profunda frustración de muchas personas (¿por qué a nosotros?) contribuye a generar una sensación de indefensión y desesperanza, ingredientes necesarios para cualquier perturbación psicosomática. Sin duda, en los próximos meses aumentarán los trastornos psicopatológicos en muchas personas que han perdido su entorno natural (paisaje, cosechas, animales, casas, etcétera). Las farmacias y las consultas médicas en los centros de salud son quizá el mejor lugar para comprobar los efectos de esta explosión de ansiedad. Las recetas de todo tipo de ansiolíticos, antidepresivos e hipnóticos se dispararán en las poblaciones afectadas.
Sabemos que la salud es un difícil equilibrio con nuestro medio ambiente. De ahí que la destrucción del medio (la quema de los bosques) sea uno de los agentes estresantes más potentes, inductor, por supuesto, de numerosas enfermedades. Imaginemos una persona que vivía en las proximidades de uno de los bosques calcinados. Al levantarse temprano podía respirar un aroma de pino y de múltiples flores silvestres. Disfrutaba, asimismo, del trino y alegría de los pájaros y de un paisaje único, protector de su propia salud.

Ahora, sin embargo, contemplamos un paisaje carbonizado, fúnebre y triste, como antesala de la muerte. El «olor quemado» es insoportable y la monotonía negra del paisaje es, ciertamente, impactante. Una atmósfera de misterio, una sombra oscura dibuja la soledad dolorosa y la melancolía ante el espectáculo dantesco de la naturaleza absolutamente destruida. ¿Dónde están mis árboles? ¿Dónde se encuentran los animales? ¿Qué fue de aquel cuadro paisajístico multicolor?

Esta imagen ennegrecida despierta en las personas traumatizadas episodios de tristeza y melancolía. En fin, un cuadro ante el que no quiero despertarme porque el dolor y la desesperación son los aspectos más destacados de mi humor. Las caras de estas personas, antes alegres, ofrecen un rostro de profundo abatimiento, impotencia, cansancio y melancolía. Un silencio profundo parece reinar en ese espacio quemado y enlutecido, algo similar a lo que pinto Edward Munchen su cuadro «El grito». Un horror inenarrable, miedo atroz y la incapacidad de tranquilizarse, una angustia a flor de piel. Este paisaje es como un grito «desgarrador» que podemos ver en las personas afectadas, con sus ojos inmensamente abiertos. Así pues, muchas personas atrapadas por el fuego y la posterior catástrofe vivirán durante mucho tiempo el acontecimiento traumático de forma persistente. Un sentimiento de «extrañeza» referido a «sí mismo» y a su entorno inmediato. Los trastornos psicosomático se disparan: problemas digestivos, hipertensión, taquicardia, palpitaciones, etcétera. En los próximos meses y años, en la población afectada aumentarán múltiples enfermedades relacionadas con el estrés producido por la quema: úlceras gástricas, neurosis, dispepsias, insomnio, migrañas, taquicardias, depresión,... Especialmente, los síntomas de angustias y los de aprensión, miedo y terror se extienden al igual que el fuego arrasador de fauna, árboles y matorrales. Los recuerdos, los sueños de carácter recurrente (a veces, sueños terroríficos), las sensaciones de que el acontecimiento traumático se está reviviendo vívidamente, el malestar psicológico intenso, la sensación de un futuro desolador y los síntomas persistentes de excitabilidad (ausentes antes de la catástrofe), dificultades para conciliar el sueño, irritabilidad, problemas en la concentración y respuestas exageradas de sobresalto constituyen algunas perturbaciones psicológicas propias de este tipo de catástrofes ecológicas.

En fin, la intranquilidad de ánimo y la expresividad morbosa son las características de estas gentes atrapadas por la angustia y la desesperación. Observando a estas personas, podemos contemplar la impotencia humana ante la fatalidad. En ese contexto hemos visto a personas cabizbajas que frotan las manos y que expresan muy bien el dolor del momento. Gestos de desesperación, de expresión crispada y dramática, que denotan un gran estrés y dolor. Y las demás personas que observamos, ¿rezan?, ¿maldicen?, ¿se sienten abrumadas?, ¿están desconsoladas? Tal vez ese paisaje quemado produzca una agresividad interna, dañina y autodestructiva, que nos puede llevar, por identificación con la naturaleza, a la propia destrucción de uno mismo (autolisis), al suicidio. ¡Yo no soy nada sin mi naturaleza!

Precisamente aquella exuberante naturaleza perfumada y de un vívido colorido se ha transformado en un paisaje de horror y espanto, un páramo carbonizado. Desesperación, infierno, pesadilla e impotencia son palabras que dibujan la experiencia vital de estas gentes acosadas por el fuego. Muchas personas pertenecientes a ese paisaje devastado están entristecidas imaginándose los animales aterrados que huían envueltos en llamas. Un dolor inenarrable, un terror que no podemos comprender. El impacto de este tremendo estrés potencia el riesgo de morbilidad y mortalidad. Siglos de paciencia, árboles centenarios carbonizados, testigos de la infancia de sus bisabuelos. Suelo destruido que no dejará ver la próxima primavera. En fin, un entorno sin reloj biológico ni climatológico.

En este paisaje carbonizado surge en el habitante el «sentimiento de culpabilidad» -¡lo pude haber evitado!-. Los trastornos de ansiedad, la irritabilidad y el miedo a que de nuevo pueda arder en su propia casa activan patrones de conducta enfermizos que se repiten cotidianamente. Asimismo, el concepto de «sí mismo» y el de «autoestima» se ven sensiblemente deteriorados como consecuencia de la inadaptación progresiva sufrida por la catástrofe de la quema del bosque. En fin, un humor depresivo envuelve al sujeto como una gigantesca telaraña pegajosa, exhibiendo, al mismo tiempo, signos de irritabilidad, apatía, desgana y falta de energía vital.

Otras personas sufrirán de evitación fóbica, lo cual determinará en última instancia el abandono de su propia casa y de ese entorno. Probablemente el abuso del alcohol y de los medicamentos sedantes se incrementen significativamente y produzcan conductas de dependencia. Igualmente, en tales circunstancias es previsible el aumento de la depresión, del absentismo laboral y del costo de la asistencia médica. El trastorno por estrés postraumático, finalmente, hace su aparición. El sujeto se ve asediado por la rememoración desagradable del evento traumático, lo que ocurre a través de pesadillas terroríficas en las que él mismo se ve rodeado y abrasado por el fuego.

Esta evocación displacentera se repetirá de forma reiterada hasta el punto de producir un estado psicológico de hipervigilancia y una profunda sensación subjetiva de angustia. El fuego no ha destruido solamente el bosque, sino muchas imágenes mentales de la persona, ha destrozado también gran parte de su propia «imagen personal», del concepto de «sí mismo». Tal vez el «sentido de la vida» del lugareño, destruido por el fuego, le conduzca finalmente a la enfermedad. De ahí la necesidad de realizar estudios de seguimiento a corto y largo plazo que permitan vigilar la salud de estas personas y aplicar programas terapéuticos integrales, necesarios para calmar el «ardor del fuego destructivo» en la mente humana.

El profesor doctor José Antonio Flórez Lozano es catedrático de Ciencias de la Conducta del departamento de Medicina de la Universidad de Oviedo


Estoy utilizando la versión gratuita de SPAMfighter para usuarios privados.
Ha eliminado 2733 correos spam hasta la fecha.
Los abonados no tienen este mensaje en sus correos.
¡Pruebe SPAMfighter gratis ya!




Crea tu propia Red Social de Noticias
O participa en las muchas ya creadas. ¡Es lo último, es útil y divertido! ¿A qué esperas?
es.corank.com