| Asunto: | [comunas] Desarrollo Rural | | Fecha: | Sabado, 16 de Junio, 2001 11:00:19 (-0400) | | Autor: | Angel Ramirez Isea <actierradegracia @.....net>
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DESARROLLO RURAL Y ENTORNO: DIMENSIONES Y ÁMBITOS DEL
DESARROLLO RURAL
Alejandro Reyes Q. (alejandro.reyes@...)
Coordinación Área Agrícola. Fundación Polar
(Tomado del simposio "Desarrollo Rural: Conferencia Nacional y
Regional", Caracas, Venezuela)
La Génesis Rural de las Ciudades
Para entender el medio rural y sus dimensiones para los fines
del desarrollo, es indispensable conocer su origen y evolución
hacia las formas más complejas de ocupación del espacio que
conocemos como ciudades.
El fenómeno urbano, como se le denomina hoy día, es el
resultado de un proceso que tiene su génesis en los espacios
rurales. La domesticación de plantas y animales por parte de
los primeros grupos humanos los liberó de la búsqueda
itinerante del sustento para hacer posible la aparición de las
villas como unidades de ocupación estable. Esta primera forma
de asentamiento se caracterizó por su distanciamiento del
campo, la protección de su entorno a través de barreras
artificiales, la presencia de unidades de viviendas permanentes
y la construcción de cementerios y depósitos de almacenamiento.
Desde un punto de vista funcional, en esta primera etapa de la
ocupación del espacio lo urbano y lo rural, el campo y la
ciudad, constituyen una sola cosa.
Los primeros asentamientos surgidos en Egipto y Mesopotamia a
partir del Neolítico, marcan el inicio de un proceso de
especialización en donde la agricultura de subsistencia da paso
a formas cada vez más tecnificadas de la producción. Esta nueva
agricultura permite asegurar el sustento de un grupo cada vez
mayor de población no vinculada con la producción de alimentos.
En este período es posible hablar de “ciudades de maíz”,
“ciudades de trigo”, “ciudades de arroz”, para caracterizar su
fuente básica de energía.
La introducción de la metalurgia durante los períodos sucesivos
del proceso de urbanización trajo consigo la especialización
tecnológica, la diferenciación social y la tendencia a disociar
el funcionamiento de las ciudades de sus fuentes de
abastecimiento alimentario. El desarrollo posterior del
comercio a distancia, modificó el sentido de la limitación de
los recursos para considerar toda forma de riqueza como posible
de obtener a través del comercio o mediante el poder militar.
Los bienes no producidos en los espacios adyacentes o
hinterlands, podían procurarse a través del robo o el
intercambio comercial con algún otro lugar. En esta etapa, las
ciudades crecen a expensas de los recursos y el trabajo
procedente de los espacios rurales adyacentes, sin una
retribución equivalente de bienes y servicios. De esta manera,
comienza a perfilarse la disparidad entre los medios urbano y
rural que conocemos en la actualidad.
La diferencia morfológica entre los asentamientos rurales y las
nacientes ciudades, no se basó simplemente en el resultado de
una localización geográfica favorable para la obtención de
recursos y el intercambio comercial. Aunque estos aspectos
resultaron determinantes en el crecimiento demográfico y la
expansión económica, la diferencia entre las ciudades y los
pueblos que les dieron origen se fundamentó en la presencia de
un núcleo social organizado que aglutinaba a la comunidad, y en
el debilitamiento de los vínculos entre los habitantes y la
naturaleza que modificó las relaciones hombre – medio e
introdujo cambios sustanciales en el ambiente.
La Profundización de los Contrastes
A partir del siglo XIX se profundizan los contrastes entre los
espacios urbano y rural como resultado de un conjunto de
cambios relacionados. El crecimiento demográfico a favor de las
ciudades se mantiene a partir del siglo XVII, mientras que la
rapidez de los cambios tecnológicos hicieron posible la
transformación de una civilización predominantemente agrícola a
una civilización urbana. De esta manera, el proceso natural de
diversificación y evolución de los pequeños centros rurales
hacia formas morfológicas y funcionales más complejas, se
debilitó ante un proceso que concentraba cada vez más a la
población, las decisiones, las artes y el desarrollo
tecnológico en un número relativamente pequeño de grandes
ciudades. Para 1930, cerca de 415.000.000 personas,
equivalentes a un quinto de la población del planeta, se
concentraban en ciudades.
En contraste, los pequeños centros poblados desprovistos de
mayores oportunidades, intensificaron su dependencia de las
actividades agropecuarias ahora fundamentalmente orientadas
hacia la satisfacción de los mercados urbanos. En las regiones
donde la baja calidad de los suelos, la ausencia de recursos
hidráulicos para riego y la escasez de tierras disponibles
impedían un crecimiento significativo de la producción
agrícola, se generaron espacios socioecómicamente deprimidos
dedicados a una agricultura de autoconsumo. Estas unidades del
territorio de muchos países, tanto desarrollados como
emergentes, dieron lugar a la relación indivisible medio
rural – pobreza tan generalizada en la actualidad.
La precariedad socioeconómica de los espacios rurales se
profundizó con la intensificación de los procesos migratorios
que atraídos por las mejores condiciones de vida de las
ciudades, despojaron al medio rural de una parte significativa
de sus recursos humanos para amenazar la integridad de las
familias rurales y atentar contra la tradición cultural de esos
espacios.
La Aproximación Tradicional al Desarrollo Rural
La superación de la pobreza en el medio rural es un tema
fundamental en las políticas de desarrollo de gran parte de los
países emergentes. A pesar de la cantidad considerable de
recursos dirigidos en esta dirección, son muy pocas las
experiencias exitosas conocidas. En gran parte, la poca
efectividad de las políticas de incentivo al desarrollo rural
deriva de la excesiva focalización sobre la agricultura,
obviando la posibilidad de encadenamientos y generación de
nuevas actividades y servicios que contribuyan a mejorar la
calidad de vida en diferentes direcciones. Sin negar el
significado económico de la agricultura, ésta ha demostrado ser
insuficiente para impulsar el desarrollo integral de estos
espacios. Así, el esperado impacto del aumento de la producción
sobre el mejoramiento de las condiciones socioeconómicas del
agricultor y su familia, no se ha materializado.
A la presencia de complejos factores sociales y culturales que
impiden la redistribución del ingreso en forma eficiente, se
une la ausencia de oportunidades económicas para un número
significativo de hombres, mujeres y jóvenes no directamente
vinculados con la agricultura.
El énfasis en la agricultura como único sector animador del
desarrollo rural, ignora los factores que permitieron la
transformación de pueblos en ciudades y tiende a condenar a
importantes grupos de la población a una actividad con escasas
perspectivas económicas. Este último aspecto se hace cada vez
más evidente frente a los nuevos principios que rigen a la
agricultura mundial. Los procesos de apertura comercial y la
competencia asociada, las exigencias de una agricultura
intensiva pero respetuosa del ambiente, el énfasis en la
especialización y el valor agregado, la reducción del gasto
público para la investigación agrícola, el desarrollo de la
biotecnología y la protección a la propiedad intelectual, son
sólo algunos de los cambios que imponen fuertes condicionantes
a la supervivencia de la agricultura en general. Este reto es
aún más formidable en el ámbito de las comunidades rurales,
caracterizadas por una escasa orientación comercial de la
producción que dificulta la inserción de los agricultores
dentro de los conceptos de eficiencia y productividad que rigen
al intercambio agrícola mundial. La superación de estas
transformaciones exige de la formulación de alternativas
novedosas, que lejos de pretender elevar la producción de estos
espacios a los niveles internacionales, refuercen el
funcionamiento y la especialización de los rubros producidos,
incorporen valor a la producción, identifiquen nichos de
mercado de nuevos productos, y diversifiquen la economía local
para beneficio de la estabilidad y calidad de vida de la
población.
Las Múltiples Dimensiones del Desarrollo Rural
El desarrollo rural exige de una visión interdisciplinaria e
integral que permita la formulación de un mayor espectro de
soluciones a los problemas propios de estos espacios. Al igual
que el urbanismo, entendido como el “conjunto de conocimientos
que se refieren al estudio de la creación, desarrollo, reforma
y progreso de las ciudades en orden a las necesidades
materiales de la vida humana”, la superación de los problemas
rurales exige, entre otras cosas, de la creación de una
disciplina similar: el ruralismo.
Como punto de partida es necesario considerar al fenómeno rural
como una forma de ocupación del espacio, en donde la ausencia
generalizada de oportunidades no deja otra alternativa que la
explotación de la tierra. No obstante, bajo estímulos
adecuados, estos espacios son capaces de evolucionar hacia las
formas más complejas de funcionamiento y especialización que
caracterizan a las áreas urbanas, de forma similar al proceso
que dio origen a las ciudades actuales. Entendido de esta
manera, el desarrollo rural constituye un proceso
multidireccional y complejo que debe reconocer las
particularidades locales, regionales y nacionales, así como el
marco internacional en el cual le toca desenvolverse. Para ser
efectivo, debe apoyar sus acciones en el análisis integral de
las variables más relevantes de la realidad estudiada para, a
partir de allí, formular alternativas de solución sostenibles
en el tiempo. Todo lo anterior, enmarcado dentro de una
plataforma política que:
· Incorpore las consideraciones relativas al desarrollo rural
en los procesos de formulación de decisiones, planificación y
gestión del desarrollo.
· Establezca los mecanismos para canalizar la participación de
la gente capaz de transformar y construir su propia realidad.
· Contribuya al mejoramiento de la eficiencia productiva
mediante la capacitación permanente, la dotación de tierras e
infraestructuras, el acceso a la información, el mejoramiento
de los servicios y mecanismos de comercialización, la oferta
oportuna de financiamiento y asistencia técnica, y el
fortalecimiento de las instituciones de apoyo.
· Respalde las iniciativas de los pequeños y medianos
empresarios agropecuarios en todas aquellas iniciativas que
agreguen valor e incrementen la oferta local de bienes y
servicios.
· Permita la incorporación activa de las mujeres, indígenas y
jóvenes en el desarrollo desde la realidad rural.
· Proporcione los lineamientos que guíen la ocupación armónica
del territorio, así como la preservación y utilización racional
de los recursos naturales.
El rápido desarrollo de las ciudades no puede ser culpado por
la situación de atraso que prevalece en los espacios rurales.
Por el contrario, un gran parte del fracaso de las políticas de
desarrollo rural surgen de las mismas alternativas de solución
que se formulan en torno al problema. Así, la experiencia
conocida y los resultados obtenidos señalan la conveniencia de
reflexionar en torno a las consideraciones que se indican a
continuación.
Adoptar un enfoque integral
El sentido multisectorial del desarrollo rural requiere de un
enfoque que trascienda del simple estímulo a la agricultura,
para de esta manera potenciar la economía rural mediante
acciones que contribuyan a la conformación de cadenas
agroproductivas y al fomento de actividades no agrícolas. Se
trata de propiciar una mayor inserción de lo rural en la
economía, mediante el aumento en las oportunidades de
producción y de comercio para financiar el desarrollo en el
medio rural.
Apoyarse en las potencialidades locales
El medio rural posee un importante capital natural,
tecnológico, humano y socio-cultural, que posibilita el
desarrollo endógeno de estos espacios. Contrario a la actitud
pasiva y carente de iniciativas que se otorga a las comunidades
rurales, estos grupos poseen valores éticos, expresiones de
organización y solidaridad, sistemas productivos, expresiones
artísticas e ideas que ofrecen un amplio espectro de
posibilidades. Así, más que una política unidireccional de
desarrollo basada en subsidios, donaciones y transferencia
tecnológica de modelos preconcebidos, se requiere del fomento
de un marco de programas coherentes de desarrollo económico,
educativo, social y cultural que reconozcan las condiciones
particulares de cada grupo de la sociedad rural, y proporcionen
respuestas a las demandas de los sujetos y actores sociales de
la misma.
Incorporar la dimensión espacial
El desarrollo rural deben enmarcarse dentro de una dimensión
espacial acotada en términos geográficos, administrativos y
físico-naturales, para así actuar sobre unidades territoriales
concretas. Bajo esta consideración, el desarrollo debe
considerar la presencia de regiones rurales, conformadas por
sistemas de centros poblados de distinto rango y tamaño, y
todos ellos interrelacionados entre sí mediante una
multiplicidad de funciones vinculadas en grado variable a la
agricultura, la agroindustria, los servicios, el turismo, la
cultura y la conservación.
Aprovechar el sentido de las transformaciones
Los espacios rurales del país han evolucionando de una manera
espontánea para dar lugar a nuevas formas espaciales,
económicas y comunicacionales. Como señal de estos cambios se
observa el surgimiento de ocupaciones continuas rural-urbanas,
la planificación de nuevos centros poblados intermedios, la
conformación de “cúmulos”, el mejoramiento de la información a
través del acceso a Internet, así como la aparición de
actividades agrícolas no tradicionales (Ej. Agricultura
Sostenible, Agricultura Orgánica, Plantas Medicinales), y no
agrícolas (Ej. Artesanías, Transformación de Alimentos, Turismo
Rural, Empresas de Servicios).
Estos cambios y sus implicaciones sociales, económicas y
ecológicas, abren un espectro de nuevas opciones y soluciones.
Bajo el acceso oportuno a la información, los pequeños y
medianos agricultores encuentran una oportunidad para acceder a
nuevos espacios económicos que les permitan aumentar su
participación y mejorar sus niveles de vida. Los grandes
agricultores enfrentan nuevas responsabilidades y retos ante la
creciente demanda de alimentos, de materias primas y la
competencia internacional. Las instituciones, cuentan con
nuevas alternativas y posibilidades que les permiten ampliar el
marco de sus estrategias de desarrollo rural en sus dimensiones
espacial, ecológica, económica, social y cultural, al tiempo
que deben jugar un importante papel orientador mediante el
suministro de información oportuna relativa a los nuevos
mercados y sus exigencias.
El aprovechamiento de las transformaciones también requiere del
desarrollo de iniciativas innovadoras capaces de adaptarse al
sentido de la evolución, para generar oportunidades adicionales
y modificar la tendencia en el sentido deseado.
La Superación del Desbalance Rural – Urbano
Es de todos reconocido que el desarrollo rural no se alcanzará
de manera espontánea. Frente al proceso de modernización
gradual de los espacios rurales, persisten extensos grupos de
la población rural bajo condiciones de pobreza inaceptables a
la condición humana. A pesar de esta realidad, el desarrollo
rural del país aún requiere de un amplio consenso
interinstitucional en torno al significado del problema y a la
construcción de una visión compartida, pública y privada, que
de lugar a la delimitación de competencias con respecto al
tema. Es sólo a partir de esta unificación de criterios y
deslinde de responsabilidades, como podrá procederse a la
incorporación de las consideraciones relativas al desarrollo
rural en los procesos de adopción de decisiones y formulación
de políticas que conduzcan a fortalecer las economías locales,
reducir la pobreza, facilitar el acceso a los factores de la
producción, fomentar la eficiencia productiva, preservar los
valores cultura-les, propiciar la descentralización de las
decisiones y la participación ciudadana, y desarrollar una
cultura rural basada en la conservación de la biodiversidad y
los recursos. Todas estas estrategias son fundamentales para el
logro del desarrollo rural de Venezuela.
Referencias Bibliográficas
INSTITUTO INTERAMERICANO DE COOPERACIÓN PARA LA AGRICULTURA,
(IICA/ASADI). 2000. Nueva Ruralidad. San José. Costa Rica.
LACKY, POLAND. 2000. ¿Lamentando los problemas insolubles o
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Chile.
PORTER, MICHAEL. 1999. Ser Competitivo. Nuevas Aplicaciones y
Conclusiones. Ediciones Deusto.
THOMAS, WILLIAM. 1972. Man´s Role in Changing the Face of the
Earth. The University of Chicago Press.
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P/Asociación Cooperativa Tierra de Gracia:
Angel Ramírez-Isea.
Presidente - Consejo de Administración
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