| Asunto: | [comunas] Debate por agrotoxicos en Santa fe | | Fecha: | Jueves, 23 de Febrero, 2006 22:08:28 (-0600) | | Autor: | Ricardo Ocampo <aina @...............mx>
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From: alberto lapolla <agrolapolla@...>
Date: Thu, 23 Feb 2006 17:35:48 -0300 (ART)
Subject: Debate por agrotoxicos en Santa fe
From: Isabel Zanutigh <izanutig@...>
Date: Wed, 22 Feb 2006 08:57:40 -0300
Debate por agrotóxicos 22 Feb 2006 Autor: TMO Por Luis Moro- El pasado 16
de febrero se realizó un encuentro el la Granja Agroecológica “La
Verdecita”, perteneciente al Centro de Estudios Políticos y Sociales sobre
Género, para debatir sobre los desmanejos con agrotóxicos en áreas urbanas,
violando la normativa vigente. Participaron autoridades del Ministerio de la
Producción, legisladores, productores de distintos puntos de la provincia y
hombres y mujeres afectados por la problemática.
Con el impulso del modelo agroexportador, los productores argentinos
apelaron al cultivo de la soja, que se expandió de modo impensado gracias a
su alta tasa de rentabilidad. Pero el monocultivo de esta leguminosa de
origen asiático, cuya semilla es rica en proteína y aceites y es utilizada
en los países europeos como forraje de animales, trajo algunas consecuencias
escasamente difundidas por los organismos oficiales y los medios de
comunicación masivos.
La multinacional Monsanto, una de las empresas más grandes del mundo que
impulsa el desarrollo de la soja, obtiene ganancias millonarias con la
expansión del cultivo, al proveer al mismo tiempo semillas y venenos
aplicados en grandes superficies. El “Round Up”, elaborado en base a
glifosato (1), es uno de los agrotóxicos más comercializados en estos días a
productores rurales, e incluso es utilizado por algunos municipios y comunas
santafesinos, para detener las malezas en áreas urbanas.
En estos días la fiebre del nuevo “dios verde” seduce a las élites
argentinas, tal como en los ’90 sucedió con las privatizaciones. Pero detrás
de la alta rentabilidad que obtienen productores, Monsanto y el Estado
argentino, se esconde la cara oculta del modelo. Pérdida de fertilidad de
los suelos por falta de rotación de cultivos; desaparición de cientos de
productores; despoblamiento rural, por la expulsión de mano de obra que
conlleva el monocultivo de la soja y múltiples problemas en la salud de la
población a raíz de la toxicidad de los agrotóxicos, son las consecuencias
silenciadas por los millones de dólares en juego.
Estos fueron algunos de los ejes del rico debate entablado en “La
Verdecita”, por productores rurales, autoridades del Ministerio de la
Producción y de la Dirección de Sanidad de la provincia de Santa Fe, (órgano
que ejerce el poder de policía sobre la ley fitosanitaria (11.273), que fija
restricciones para las pulverizaciones aéreas y terrestres con agrotóxicos
en áreas urbanas) y pequeños productores de hortalizas para el autoconsumo.
“La Verdecita” es una granja agroecológica para el autoconsumo ubicada
dentro del ejido de la ciudad de Santa Fe, sobre el Callejón Roca, a escasos
metros del barrio “29 de abril”, que alberga a víctimas de la mal llamada
“catástrofe hídrica” ocurrida en el año 2003. A mediados de 2005, las
mujeres que trabajan en la granja comenzaron a vislumbrar cambios en el
paisaje lindante. Los viejos productores de hortalizas se proponían sembrar
soja transgénica, utilizando Round Up, el herbicida de Monsanto. Las
mujeres, concientes del peligro de la utilización de estos venenos,
comenzaron a dialogar entonces con los productores y autoridades oficiales.
La utilización de venenos en áreas próximas a centros urbanos esta
delimitada por la ley provincial 11.723, fitosanitaria, debido a la alta
toxicidad y el riesgo sobre la salud de la población. Con este argumento
legal, miembros de La Verdecita solicitaron en setiembre de ese mismo año a
las autoridades competentes que impidieran la violación del marco legal.
“Nosotros no queremos decidir que es lo que tienen que sembrar los
productores, pero esta libertad tiene como restricción la utilización de
venenos en zonas urbanas. Tenemos derecho a preservar nuestra salud y a
producir para el autoconsumo sin herbicidas”, expuso en la apertura del
debate Chabela Zanutigh, miembro del CEPGEN (Centro de Estudios Políticos y
Sociales sobre Género).
Otra de las integrantes de La Verdecita, Nidia Kreig, fue más allá y agregó
en esa misma línea de análisis que “Se trata de respetar a quienes quieren
sembrar para comer simplemente, a quienes optan por otra filosofía de vida,
a los pequeños productores de hortalizas que poseen dos, tres hectáreas
solamente. El Estado pareciera que únicamente impulsa el modelo
agroexportador, con todas sus implicancias. Es socio de los productores y de
Monsanto, pero del mismo modo, debería velar por aplicar políticas de
respeto a otras formas de producción y por la salud de todos nosotros”,
sentenció.
Los mates corrían en medio de una extensa ronda ubicada en el centro de la
granja, a la sombra de algunos sauces frondosos. Algunos funcionarios
optaron por escuchar en el comienzo del debate. Bruno Gatto, el intendente
de la comuna de Recreo, llegó acompañado de algunos funcionarios de esa
localidad para sumarse a la charla. “Este no es un tema simple, porque la
mayoría de los horticultores utilizan herbicidas. El problema no es
únicamente el glifosato… aunque a veces sorprende la falta de respuestas de
la Secretaría de Medio Ambiente ante distintos requerimientos. Tenemos que
arreglar las cosas antes, porque las alud de la población es lo principal y
después vienen los problemas”, dijo la autoridad de Recreo.
-La ley de fitosanitarios es clara. No se puede fumigar a 1500 metros de
áreas urbanas, ese es el límite. Sin embargo al lado de la Verdecita están
usando glifosato sin que las autoridades actúen - replicó Zanutigh, la mujer
que denunciara al entonces gobernador Carlos Reutemann por incumplimiento de
deberes de funcionario público, a escasas horas del ingreso del río Salado a
la ciudad de Santa Fe en abril de 2003. Un miembro de la Dirección de
Sanidad Vegetal de la provincia, Héctor Tourn, tuvo una intervención poco
feliz en un primer momento. -Yo no le puedo obligar a los productores a no
hacer soja –dijo Tourn en medio de algunos murmullos. “nosotros instamos a
las autoridades de las distintas comunas y ciudades a cumplir con la ley, a
fijar el llamado límite agronómico, pero es escasa la respuesta. Además
contamos con poco personal en la Dirección”, continuó el funcionario.
Un productor de la localidad de Carlos Pellegrini salió al paso. “Pero
ustedes tienen que ejercer el poder de policía. Primero que se cumpla la
ley, no se puede fumigar en ciudades. Después vendrá lo cultural”.
El sol del mediodía se hacía sentir. Algunos de los asistentes abandonaron
sus asientos en busca de la preciada sombra. La charla siguió entonces, en
medio de intercambios de opiniones.
-Sucede que a veces ni siquiera la población interviene ante estos
desmanejos. Si alguien observa o cree que se está utilizando una sustancia
venenosa que puede ser nociva para la salud de los habitantes, debe radicar
una denuncia, debe pedir que se investigue el caso, para averiguar con qué
se está fumigando, y si esa sustancia está permitida -esbozó un empleado del
Ministerio de la Producción de apellido Bochinfuzzo.
-Nosotros en Carlos Pellegrini hicimos todas las denuncias, pero el problema
subsiste –denunció otra asistente. En la comuna no nos escuchan –prosiguió
-entonces hagan un piquete en frente de la casa del Intendente –se escuchó
irónicamente (y algo de cinismo) de boca de otro de los agentes estatales.
La mujer oriunda del interior de Santa Fe deslizó una idea interesante.
-Cuando se propagandiza la compra de Round Up, debería constar en la
publicidad que esun veneno perjudicial para la salud, como sucede en las
propagandas de cigarrillos.
Alejandra Silva, docente de la ciudad de Rosario, se expresó en relación a
la deficiencia en el sistema reprevención sanitaria, a la falta de
infraestructura. “no hay sistema desalad en el interior para atender
problemas de intoxicaciones de este tipo, además no hay médicos del trabajo
o toxicólogos que puedan distinguir estos casos, no hay un sistema de
vigilancia ni se elaboran protocolos. El problema es complejo”, sentenció la
investigadora. Luego agregó “De los 21 centros de toxicología del país,
siete están ubicados en ciudades. Nunca una intoxicación con glifosato va a
ser atendida en esos centros urbanos, es ilógico”.
-No puede ser que el municipio de Santa Fe arroje glifosato para combatir
las malezas en los zanjones del callejón Roca, donde se bañan los pibes del
barrio. El propio estado viola la ley y nos expone a riesgos de
envenenamiento… -intercedió Zanutigh
Antonio Riestra fue uno de los diputados provinciales asistentes, junto a
Lucrecia Aranda. “Debemos impulsar una legislación para contener y apoyar
otras formas de producción, como la horticultura y las granjas de
autoconsumo. Debe haber incentivos, porque el Estado no puede dedicarse a
apoyar únicamente el modelo agroexportador”, dijo Riestra. Su idea fue bien
recibida por los asistentes.
Hugo Gallo, docente, tomó la rienda luego. –Hay que hacer una ley que defina
una zona de forestación que divida las zonas hortícolas de los cultivos de
soja, por ejemplo. No es una idea descabellada -sentenció Gallo.
“El Estado no tiene una política de estímulo a los pequeños productores…
Obeid dice que nunca en la historia Santa fe tuvo tantos ingresos fiscales,
sin embargo hay dependencias sin personal ni presupuesto” reiteró Isabel
Zanutigh.
El debate, rico en ideas, tuvo idas y vueltas, posturas opuestas, puntos de
encuentro. Quedó la sensación que el debate fue un gran avance, un punto de
partida para dejar de ocultar la otra cara del modelo del monocultivo de
soja. La rentabilidad no puede ser excusa para envenenar a la gente. Una
premisa que debe limitar la ambición desmedida y la filosofía del “sálvese
quien pueda”, tan difundida por la ideología neoliberal y la sociedad de
consumo.
Nota
(1) El glifosato, más conocido como Round-up, es el más famoso herbicida de
la transnacional Monsanto. “A finales de los años noventa, los herbicidas a
base de Glifosato representaban por lo menos una sexta parte de las ventas
anuales totales de Monsanto y la mitad del total de sus ingresos” (1).
Vendido como sustancia “prácticamente benigna”, los síntomas de
envenenamiento agudo como consecuencia de la ingestión de Round-up en
humanos incluyen calambres gastrointestinales, vomito, hinchazón –
tumefacción– de pulmones, neumonía, turbación del conocimiento, y
destrucción de glóbulos rojos. Se ha reportado la irritación de ojos y piel
en los trabajadores que mezclan, cargan y aplican el glifosato. En 1993, un
estudio de la Universidad de California, en la Escuela de Salud Pública en
Berkeley, estableció que el glifosato es la causa más común de enfermedades
relacionadas con pesticidas entre los trabajadores de parques y jardines de
California, y la tercera causa entre trabajadores del agro. Brian Tokar.
“Monsanto: Un perfil de Arrogancia Corporativa”. Eco Portal, España.
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