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Muy
interesante artículo..........y ahora qué hacer, cuáles son las propuestas?, yo
en principio insisto en dejar de llamarnos Latinoamericanos, quizá nos queda
mejor Indo-Mestizoamericanos ó los Americanos desde México hasta la Patagonia
ó los habitantes de México, Centro y Sur América, busquemos un
termino justo que nos incluya a todos y mejor aún a los Indios y Mestizos
concientes Norteamericanos!! Por otro lado seguir creando círculos no solamente
cibernéticos de conciencia sino de cuerpo presente donde hayan propuestas de
acción concretas, como el dejar de ser consumidores de todo lo que los Gobiernos
y las Empresas "crean para nosotros" que a la final nos convertimos en
los indispensables sustentores de su juego, así que menos combustible,
menos lujos, menos energía eléctrica, menos comodidades, menos golosinas, menos
TV, menos alcohol, menos tabaco industrializado, menos medicamentos, menos
supermercados, menos individualismo y para ser mas autosuficientes, más caminar,
más biscicletas, más compartir los medios de transporte, más reciclaje e
intercambio (que no deja de ser un lujo), más silencio y noches verdaderas, más
sencillez, mejor alimentación, más juegos, música, creatividad, más agua y
bebidas frescas, más chicha, tabaco natural, más plantas medicinales, más
huertos caseros, intercambios, trueques y solidaridad!!!, en fin, si
no comenzamos nosotros el cambio y nuestra propia defensa y rechazo a
todos éstos abusos, por decir poco, quien?
Agradeciéndoles por tan completa información y deseándoles un buen día me
despido
Liliana
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00:21 An: ambientemor@googlegroups.com; Foro Nuevas
Comunas Betreff: [comunas] Transnacionales, saqueo de recursos y
conflicto ambiental en Latinoamerica
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09-nov-2006 17:19 Subject: Transnacionales, saqueo de recursos y conflicto
ambiental en Latinoamerica To: redanahuak@elistas.net, redluzargentina@egrupos.net , redchilenadeluz@yahoogroups.com,
redmexicanadeluz@yahoogroups.com,
redperuanadeluz@egrupos.net,
Foro Interredes <interredes@egrupos.net>
Transnacionales, saqueo de recursos y conflicto ambiental en
Latinoamérica
Ricardo Cifuentes
Villarroel (*) Los grandes
proyectos de las empresas transnacionales basados en el saqueo de recursos
naturales y la destrucción del medioambiente a una escala nunca vista hasta
ahora, se han convertido en la fuente principal de conflictos ambientales en
América Latina. La proliferación de estas operaciones económicas es
favorecida por planes que fomentan las exportaciones, fundamentalmente de
materias primas, con miras "al crecimiento y el desarrollo" de una región
con vastas riquezas minerales, con la mayor reserva de biodiversidad, con un
tercio del agua dulce y cerca de un tercio de los bosques del planeta.
La situación se identifica en los últimos quince años con una
globalización financiera y corporativa, que ha asumido una posición central
en todos los negocios internacionales. Este mercado global entre empresas
transnacionales define el rumbo de una acumulación: fuerte en el centro y
débil en las periferias, desarrollando un estilo colonial en la explotación
de los recursos. Estas operaciones, dominadas por el capital transnacional y
su búsqueda exclusiva de ganancias inmediatas, distorsionan las cifras del
producto bruto de cada país, al incluirse la explotación de recursos en el
rubro correspondiente a la producción nacional.
El proceso está
marcado por la entrega abierta de territorio, exenciones tributarias,
facilidades en las concesiones de aguas y de explotaciones mineras,
servicios baratos generalmente provistos por fondos públicos, desprotección
de la fuerza de trabajo, del medio ambiente y de la salud y el modus vivendi
de muchas comunidades. Este proceso se está dando de modo similar en
diferentes países latinoamericanos, conformando en algunos casos verdaderos
modelos de operación, donde las transnacionales, con una inversión mínima se
llevan recursos de enorme valor, dejando un saldo de contaminación y
destrucción del medio ambiente y un empeoramiento de las condiciones
económicas y de salud de las poblaciones afectadas directa o indirectamente
por su accionar.
Como el objetivo básico es incrementar el capital,
el mundo corporativo impulsa preferentemente el desarrollo de industrias que
garanticen las mayores ganancias, como los monocultivos agroindustriales y
la minería. Más aún, dentro de cada una de estas actividades se da prioridad
al tipo de producción más rentable. Así, los monocultivos se orientan hacia
la exportación de alimento animal o de celulosa, y la actividad minera
muestra una tendencia a centrarse en la extracción de oro y uranio.
Frente a esta arremetida de las transnacionales que operan en el
ámbito de la extracción de recursos, los gobiernos locales no han hecho la
inversión necesaria en educación, capacitación, ciencia y tecnología para
crear capacidades orientadas a la obtención de un potencial valor agregado
dirigido a un "desarrollo hacia adentro". Mas bien, las nuevas promociones
de técnicos y profesionales pasan a constituir otro aporte nacional al éxito
de la inversión extranjera, al entrar de lleno al juego de la
"competitividad" de los países, medida en términos del crecimiento de las
exportaciones de las empresas transnacionales.
Todos los componentes
de la ecuación -grandes corporaciones en busca de la máxima rentabilidad,
organizaciones económicas intergubernamentales instrumentalizadas por el
gran capital para la obtención de sus fines, gobiernos y políticos locales
obsecuentes, legislaciones débiles o inexistentes, desinformación y ausencia
de espacios de participación ciudadana real- contribuyen a fortalecer la
salida vertiginosa de los recursos de América Latina. Se establece así una
suerte de destino manifiesto en el servicio de los intereses corporativos,
cuya orientación es totalmente opuesta al desarrollo, al mejoramiento de la
calidad de vida, la justicia social, la sustentabilidad. Por el contrario, y
pese al ambiguo y autocomplaciente discurso macroeconómico de gobiernos y
elites nacionales, en buena parte de la región se vive un constante
deterioro de las condiciones económicas y sociales de sectores mayoritarios
de la población, incluso en países que se presentan como paladines de esta
cruzada neoliberal. El caso de Chile es paradigmático, con su sorprendente y
siempre creciente desigualdad en la distribución del ingreso.
Ocupación del territorio
El desarrollo de los
proyectos extractivos exige ocupar e intervenir inmensas extensiones de
territorio, utilizar enormes cantidades de agua pura y emplear substancias
tóxicas de modo intensivo. La satisfacción combinada de estas necesidades
implica la destrucción masiva del medioambiente y un deterioro grave de las
condiciones de vida de las comunidades afectadas, que incluso pueden verse
privadas del acceso a recursos vitales como el agua y los recursos marinos.
Poco importa para este tipo de explotaciones que los territorios
intervenidos sean ricos en biodiversidad o que sirvan de sustento a
determinadas comunidades.
Resulta ilustrativo revisar el crecimiento
de la superficie ocupada por estos proyectos. Entre 1990 y 2000 se
deforestaron 467.000 km2 en América Latina para destinarlos a usos tales
como la agroindustria y las explotaciones mineras (1).
La deforestación de la Amazonia brasileña había llegado en 2005 a unos
680.000 km2, de acuerdo con un informe gubernamental que identifica con
imágenes satelitales las áreas destruidas por plantaciones para celulosa,
siembras de soya, empresas mineras y otros depredadores. ( http://www.mre.gov.br/, acceso el 21 de marzo de 2006)
En 2002 las plantaciones de eucaliptos en Brasil sobrepasaban los
30.000 km2 y ahora se discute una ley que permite la devastación forestal
prácticamente ilimitada. Se estima que Argentina perdió casi dos tercios de
sus bosques originarios durante el siglo veinte. Gran parte de ese
territorio está ahora ocupado por cultivos de soya, algodón y maíz
transgénicos (140.000 km2) y plantaciones de pinos y eucaliptos. En Paraguay
la superficie sembrada de soya creció entre 1995 y 2003 de 8.000 km2 a casi
20.000 km2. Para cultivar soya en Bolivia se deforestaron más de 10.000 km2
de bosque durante los últimos 15 años.
El área concesionada a
proyectos mineros tiende a cubrir un promedio del 10% del territorio de los
países en la región. Esta dimensión varía con la duración de las faenas
(entre 5 y 20 años) y si las solicitudes de exploración y explotación se
refieren más de una vez a un mismo sector. También hay que considerar que el
área de influencia de la explotación minera es siempre mayor que la
superficie concesionada, puesto que implica toda la infraestructura de vías
de comunicación y accesos a suministros, fuentes de energía y agua. La
energía proviene en parte de centrales hidroeléctricas -existentes o
proyectadas- que ocupan a su vez más territorio, más agua y generan otros
conflictos.
En Perú la superficie concesionada a las mineras creció
de 1,49% en 1991 a 8,2% en 2006 (105.504 km2); en México, 3% en 1994 y 8%,
en 2002 (158.595 km2); en Chile, 7,3% en 2002 y 10,6% en 2003 (80.000 km2);
en Ecuador, 5% en 2000 y 16,7% en 2004 (45.513 km2). En este último país las
solicitudes de concesiones cubrían el 69% del país en 2000 y el 84,5% en
2004. (2)
Los daños
A las emisiones nocivas lanzadas por estas
industrias al aire (CO², SO²), al agua y los suelos (dioxinas y derivados
del uso de cianuro, arsénico y mercurio, entre otros), se agregó en los
últimos años la contaminación con plaguicidas y transgénicos de los
monocultivos. Además de provocar serios problemas de salud y deterioro de
condiciones de vida a poblaciones campesinas de varios países, la aplicación
masiva de agroquímicos está produciendo daños de otro tipo que en un futuro
no tan lejano agravarán el panorama más allá de cualquier predicción. Se
teme que la destrucción de su hábitat, el uso de plaguicidas y la
introducción de cultivos invasores está causando la disminución de
polinizadores, lo que pone en el peligro de extinción a muchas especies
vegetales (3).
Las empresas transnacionales de plaguicidas producen también las
semillas transgénicas y son propietarias de la mayoría de las patentes de
biotecnología agrícola, con lo que pueden tener el control de la agricultura
y de la cadena alimentaria a nivel mundial (4).
La contaminación transgénica es un negocio adicional de estas industrias,
que por la vía judicial exigen pago a los agricultores cuyos cultivos
accidentalmente se han contaminado con semillas patentadas. Incluso cuando
no pueden cobrar por sus patentes, como le ocurrió a Monsanto en Argentina,
se beneficiaron con la venta de plaguicidas (5).
La operación de cada planta de celulosa requiere de cientos de miles
de hectáreas de plantaciones, conocidas ya como "desierto verde" porque han
significado la destrucción de una superficie similar o mayor de bosque
nativo con la correspondiente pérdida de biodiversidad en flora y fauna, la
contaminación y el agotamiento de cauces de agua. Además, la cantidad de
agua que precisa cada una de estas fábricas en sus procesos es tan enorme
que tienen que instalarse junto a grandes ríos para aprovechar el recurso y
luego desecharlo seriamente dañado.
Empresas y gobiernos presentan
en sus campañas a los monocultivos de árboles como "forestación". Sin
embargo, los estudios confirman los efectos negativos de esta actividad al
registrar destrucción de bosque nativo, disminución de biodiversidad y
fuentes de agua, problemas de salud a comunidades vecinas, contaminación de
agua y degradación de suelos (6).
La devastación que produce la minería queda patente en los grandes
depósitos de escoria contaminada que han acumulado años de explotación en
cada uno de los países. Esta destrucción continúa y se agrava a medida que
crece el número de las explotaciones a tajo abierto de cobre y sobre todo de
oro y uranio. Como en estos casos el mineral está diseminado en extensos
terrenos, su extracción implica remover con explosivos grandes cantidades de
roca y someter el material resultante a un proceso de lixiviación que emplea
enormes cantidades de agua mezclada con ácido sulfúrico para extraer cobre y
uranio, y con cianuro para recuperar el oro. Parte importante de estas
labores se efectúa a más de mil metros de altura sobre el nivel del mar,
cerca de fuentes acuíferas. Los desechos quedan ahí para siempre y se
convierten en fuente de contaminación de aguas superficiales y subterráneas
que al descender hacia los valles afectan a sectores con economías basadas
en principalmente en la agricultura.
En 1998, 23 de los 29 proyectos
mineros del departamento de Cajamarca en Perú correspondían a extracción de
oro. Las empresas socias del Consejo Minero -que extraen casi la totalidad
del cobre, oro, plata y molibdeno de Chile- explotaban en 2004 nueve
yacimientos de oro en ese país. Ese mismo año se realizaban operaciones en
23 yacimientos de oro en Centroamérica. La cifra tiende a aumentar en esa
subregión: este año se otorgaron 16 licencias para exploración de oro
solamente en el altiplano guatemalteco de San Marcos.
En
Latinoamérica únicamente Argentina, Brasil y México usan uranio para
producir energía eléctrica, por lo que despertó preocupación la denuncia
sobre exploraciones de uranio en Guatemala desde enero de 2005 y el
otorgamiento de nuevas licencias este año para explorar el elemento
radioactivo en ese país. En marzo de 2006 más de 32 empresas realizaban
prospecciones y exploraciones de uranio en Argentina, Bolivia, Brasil,
Guatemala, México y Perú (http://www.wise-uranium.org/upsam.html, acceso el 27 de
marzo de 2006).
El negocio parece asegurado para los próximos años
puesto que la Agencia Internacional de Energía Atómica anunció recientemente
la instalación de 130 nuevas centrales nucleares y el precio del uranio
sigue en ascenso. Dadas las precarias condiciones actuales para supervisar
las explotaciones de oro cabe preguntarse cómo se va a controlar la
extracción del uranio. Conviene recordar la mina de uranio de Wismut, que
funcionó entre 1945 y 1990 en la ex República Democrática Alemana y dejó más
de 5.000 mineros muertos de cáncer al pulmón (7).
En 2004 Perú contaba con ocho funcionarios para monitorear en
terreno más de 6.200 concesiones mineras; ese mismo año el gobierno chileno
dictaba un decreto para que la empresa Barrick Gold hiciera fiscalización
aduanera a su propio proyecto de plata y oro en la frontera con Argentina
(8).
Con tan mínima fiscalización estas industrias pueden ocultar buena parte de
sus actividades, incluyendo escapes radiactivos o tóxicos, intencionados o
accidentales. De hecho, en 1999 lluvias fuertes desenterraron centenares de
tambores de cianuro de sodio en Amapá, Brasil, en terrenos de una mina
asociada al Grupo AngloGold/Anglo American. Hubo muertos y los peces
desaparecieron del río Vila Nova, pero nadie se hizo responsable (9).
En Chile, en 2005, a raíz de un accidente radiactivo en una planta de
celulosa de Celco en construcción, se supo que la empresa había ocultado
hechos similares en el pasado (10). Poco después se descubrió que otra empresa de
celulosa en Chile, CMPC, ocultó durante diez años un derrame de mercurio en
una de sus plantas (
11).
Reacción de los afectados
Pese a que las
elites políticas hacen frente común con las empresas en las operaciones de
blanqueo de imagen y en la represión de las protestas a través de
paramilitares o mercenarios - práctica habitual en Africa (12)
y situación cada vez más común en países latinoamericanos como Colombia,
Ecuador y Perú (13)
- la reacción de las comunidades ha ido en aumento al conocerse el real
impacto de estos proyectos sobre su salud, sus patrimonios ambientales, sus
culturas y sus economías. Comienza a saberse que estas operaciones
industriales generan falsas expectativas de empleo y ni siquiera aportan
ingresos a los gobiernos nacionales, ya sea en impuestos o regalías. A las
movilizaciones indígenas y campesinas en Brasil, Bolivia, Colombia,
Guatemala y Ecuador, que se han enfrentado por años a las compañías mineras,
petroleras y forestales, se agregan ahora las protestas de sectores
ciudadanos que rechazan la instalación de megaproyectos destructivos del
medio ambiente en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. La gente también está
reaccionando contra las políticas que por un lado impiden que la población
tenga acceso a los recursos vitales y por otro los entregan al negocio
transnacional, como sucede con la privatización del agua y la concesión a
privados de los mares territoriales y bordes costeros. Se suma a lo anterior
una oposición cada vez más fuerte a los tratados de libre comercio bajo los
términos de las corporaciones transnacionales, que facilitan el saqueo y la
destrucción de recursos al disminuir aún más las débiles regulaciones
nacionales.
La reacción frente a las protestas es asumida
indistintamente por las empresas o los gobiernos, por separado o en
conjunto. Son numerosos y repetidos los casos de abusos a los derechos
humanos cometidos para facilitar la instalación y desarrollo de estos
negocios. Estos atropellos van desde la persecución de opositores
individuales hasta la represión masiva y el desplazamiento de comunidades.
Estos últimos años se han reportado casos graves de esta índole en Brasil,
Colombia, Ecuador, Guatemala, Honduras, Paraguay y Perú. Pero la represión
puede tomar otras formas, como en Chile, donde se echa mano a leyes
antiterroristas para encarcelar a dirigentes de comunidades indígenas que
defienden sus derechos territoriales frente a la expansión de las empresas
forestales. La mayoría de éstas se halla involucrada en denuncias por
participar en acciones represivas contra comunidades indígenas, por
conflictos de tierra o destrucción de bosques.
Afianzadas en la
región durante los regímenes dictatoriales de la segunda mitad del siglo
veinte, estas industrias no constituyen una fuente importante de empleo. Más
bien prescinden de la población, excepto como mano de obra barata ocasional.
Su accionar destructivo del entorno promueve el despoblamiento de las zonas
donde operan.
Los beneficios
En definitiva, los
únicos beneficiados reales resultan ser las empresas inversoras y sus
accionistas. En 2004 los ingresos de las 10 empresas mineras más grandes que
operan en Latinoamérica fueron de más de 130 mil millones de dólares (Alcoa,
AngloGold/Anglo American, Barrick Gold, BHP-Billiton, Meridian Gold,
Newmont, Noranda, Phelps Dodge, Placer Dome y Rio Tinto). Cinco empresas
forestales productoras de celulosa tuvieron ingresos por US$10.501 millones
en 2004 (Aracruz Celulose, Celulosa Arauco, CMPC, Bahia Sul Celulose,
Votorantim Celulose) Tres productoras de semillas transgénicas y plaguicidas
tuvieron ingresos por US$20.645 millones en 2005 (DuPont Agriculture &
Nutrition, Monsanto y Syngenta) (14). Cargill, la empresa de agronegocios señalada como
caso ilustrativo de lucro con la destrucción de la Amazonia, tuvo ingresos
de más de 63 mil millones de dólares en 2003 (15).
Entre 1994 y 2001, el Banco Mundial, a través
de su Corporación Financiera Internacional (CFI), otorgó préstamos por más
de 790 millones de dólares para proyectos mineros en Bolivia, Brasil, Chile,
México, Perú y Venezuela (a Anglo American, BHP-Billiton, Barrick Gold,
Mitsubishi, Mitsui, Newmont, Pan American Silver y Rio Tinto, entre otras).
En Aracruz y Bahia Sul hay participación del Banco Mundial, a través de la
CFI (http://www2.ifc.org/ogmc/eirprojects.htm, acceso 8 de
noviembre de 2004) (16).
Por otro lado, desde 1988 hasta 2005 el
Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA) había girado
garantías por un total de US$1.110,6 millones a proyectos mineros en
general. Los nombres de las empresas señaladas anteriormente se repiten
entre los beneficiados (
17).
La magnitud alcanzada por estas instalaciones productivas
resulta posible gracias a la participación interesada de la elite política,
que actúa como facilitadora de concesiones y encubridora de una inmensa
contaminación ambiental, a la vez que abandona su rol cautelar de los
derechos económicos y sociales de los sectores mayoritarios de la población.
Ya no es la clásica corrupción ligada al indebido enriquecimiento personal o
de pequeños grupos. Ahora se trata de elites políticas nacionales integradas
al tejido de las transnacionales, con sus funcionarios saliendo y entrando
de puestos públicos a privados (en directorios de empresa, agencias de lobby
o de asesorías) o a cargos en organismos intergubernamentales, colocando a
sus familiares y correligionarios en puestos de poder, obteniendo
financiamiento para los partidos políticos, recibiendo honores y
participación en fundaciones u otras plataformas para seguir en el negocio.
Todo se enmarca en una legalidad ad hoc, diseñada en muchos casos
por juristas y economistas vinculados a las pasadas dictaduras militares y
luego ampliada y perfeccionada por las corporaciones y los gobiernos
civiles. En las negociaciones previas y en la puesta en marcha de cada
industria opera el arte de la no transparencia, fenómeno ya documentado en
el caso de las petroleras a nivel mundial (18). La aplicación de políticas neoliberales coordinadas e
impuestas a través del Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y
Organización Mundial de Comercio, en connivencia con las redes políticas
locales, crea un ambiente favorable para estos proyectos, traducido en
débiles obligaciones laborales, ambientales y de fiscalización, grandes
facilidades financieras y amplia disponibilidad de mano de obra barata.
Tales condiciones permiten a las empresas operar con un ostensible desprecio
por las comunidades a las que afectan y utilizar procesos destructivos y
contaminantes rechazados en países desarrollados.
Esta situación se
ha ido enraizando profundamente hasta constituirse en el modelo natural de
hacer las cosas, que origina un convencimiento gubernamental reforzado por
los dogmas neoliberales predominantes en la clase política. Los países
latinoamericanos deben "crecer hacia fuera", en brazos corporativos. Se
trata de "la única vía posible de crecimiento", afirman a coro el sector
empresarial y los políticos. Este desastre se ha constituido así en sistema,
y el avance de una crítica se hace difícil ya que debe enfrentar a la
totalidad de las fuerzas involucradas en este exitoso esquema de explotación
colonial y de alienación, quizás el más perfecto de la historia. La
información disponible nos dice que en la región nos encontramos con una
pérdida brutal de recursos naturales y humanos, con una gigantesca
distorsión en el desarrollo y con un proyecto destinado a causar situaciones
de pobreza y deterioro ambiental irreversibles.
NOTAS:
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y el Caribe (CEPAL), (2005) Objetivos de Desarrollo del Milenio: una mirada desde
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Knight, J. Steets and J. Vamosi. (2006) "
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(*) Observatorio Latinoamericano de
Conflictos Ambientales (OLCA)
http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm
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IBEROAMERICANA DE LUZ 10o ANIVERSARIO (1996-2006) www.redluz-ci.org www.elistas.net/lista/redluz www.mind-surf.net/redluz.htm www.mind-surf.net/comunidad.htm CALENDARIO
ESPIRITUAL 2006 www.mind-surf.net/redluzcalendario.htm RED MEXICANA
DE CONCIENCIA www.redconciencia.org.mx PROYECTO
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