Asunto: Crear un movimiento ecosocialista mundial desde abajo / Entrevista con el politologo frances Franck Gaudichaud
De: jose martinez cruz <jose.martinezcruz@gmail.com>
Fecha: 6 de febrero de 2010 14:38
Para:
red-cuauhnahuak@googlegroups.com
Entrevista con el politólogo francés Franck Gaudichaud
"Crear un movimiento eco-socialista mundial desde 'abajo'"
El Ciudadano
| Después del fracaso de Copenhague y a 10 años de las protestas de Seattle |
Luego de que en la Cumbre
de Copenhague se impusiera por parte de los países ricos un acuerdo al
servicio de los intereses corporativos del Norte, el consenso entre
ecologistas y anticapitalistas se hizo evidente. Se trata de superar el
capitalismo del desastre. El Ciudadano conversó con Franck Gaudichaud,
analista, miembro de Rebelion.org y activista del Nuevo Partido
Anticapitalista francés, para quien “frente a la urgencia climática,
sólo nos queda autoorganizarnos”.
Gaudichaud ha indagado en las experiencias del movimiento obrero chileno durante la Unidad Popular, que cuajó en el libro ‘Poder popular y Cordones Industriales. Testimonios sobre el movimiento popular urbano 1970-1973’ y hoy es docente titular en Civilización hispano-americana en la Universidad Grenoble 3, Francia. Gaudichaud llama a desarrollar el Ecosocialismo para hacer frente a la barbarie neoliberal.
¿Qué
diferencia podemos hallar entre el movimiento que emergió en Seattle
hace 10 años con la experiencia del Klimaforum en Copenhague de este
año?
-
Hay que entender lo que se inició en Seattle hace 10 años atrás para
pensar el movimiento actual en Copenhague. Las luchas colectivas de
Seattle fueron un primer gran éxito ya que llevaron a esta cumbre al
fracaso después de los años de hegemonía política, económica e
ideológica del neoliberalismo. La dominación del “consenso de
Washington”, de las privatizaciones-flexibilizaciones del FMI, de la OMC
y de las multinacionales han sido cuestionadas en Seattle por lo que
aparece como el inicio de un “movimiento de movimientos” mundial que
busca rearticular y organizar el campo popular después de la caída del
muro de Berlín y el fin de los “socialismos reales” de Europa del este
(socialismos burocráticos autoritarios). De hecho, se considera muy a
menudo que esta dinámica novedosa comenzó unos años antes en Chiapas,
en la selva lacandona, cuando el grupo de los neozapatistas (y del
subcomandante Marcos) dijeron “!Ya Basta!” al neoliberalismo y al
acuerdo de libre-cambio del TLCAN.
¿Qué importancia le otorgas a este alzamiento?
-
Marcó simbólicamente el inicio de ese ciclo internacional de protesta
frente al “nuevo orden mundial” capitalista proclamado por Bush padre
en 1991 y surgido de la reorganización del mundo posterior a la
desintegración de la URSS
y a la primera guerra del Golfo en 1991. Los zapatistas fueron pioneros
porque supieron poner de realce un discurso universal de crítica
situando su lucha especifica en un cuadro global: gritaron con los
pueblos del mundo “si a la humanidad, no al neoliberalismo”
proponiendo crear “un mundo donde quepan todos los mundos”(1). Estas
ideas se reafirmaron con la convocatoria del primer “Encuentro
Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo” en la Selva Lacandona,
en 1996. Lo que el filósofo marxista Daniel Bensaïd denomina
“internacionalismo de las resistencias” o “nuevo internacionalismo” se
prolonga con las protestas de Seattle contra la OMC
en noviembre de 1999 y sobre todo surge, con todo su fuerza, durante el
Foro Social Mundial de 2001 en Porto Alegre - Brasil (2001) (2). Para
entender este proceso, hay que leer el último libro de Ester Vivas y
Josep Maria Antentas: Resistencias globales. De Seattle a la crisis de Wall Street (Editorial Popular, Madrid, 2009).
¿El Klimaforum se inscribe dentro de este proceso?
-
Sin lugar a dudas, la contra-cumbre del “Klimaforum” se inscribe en
esta trayectoria del movimiento altermundialista nacido durante los 90.
Se trata de un movimiento no lineal y por supuesto plural, cruzado de
múltiples contradicciones políticas pero también de mucha riqueza
gracias a su diversidad, un movimiento de movimientos que ha vivido
altibajos durante su corta existencia. Como lo escriben Vivas y
Atentas: “Desde mitad de los noventa una serie de campañas
internacionales, movilizaciones y encuentros, en interrelación con
luchas significativas a escala estatal, fueron dibujando un entramado
de redes, organizaciones, y experiencias cuya solidez y consistencia
iría en aumento. […] La explosión del movimiento Seattle inauguró un
periodo de rápido crecimiento del movimiento, hasta las movilizaciones
contra el G8 en Génova en julio de 2001 y los atentados del 11 de
septiembre (11S) en New York. Ésta fue una fase de desarrollo lineal,
semi-espontáneo y “automático” del movimiento”. Pero después del 11S y
con la nueva ofensiva imperialista de Bush, el movimiento perdió
centralidad y peso político. De nuevo, siguiendo al gran movimiento
antiguerra de 2003 contra la invasión en Irak, conoció una fase
creciente de dispersión y fragmentación. El “movimiento alter” ha
mostrado importantes limites también en términos de propuesta
programática concreta y de construcción de agenda de luchas globales,
cuando el capitalismo sigue devastando el planeta y que la crisis
mundial la están pagando los pueblos, del Sur en particular. Si hacemos
un balance, el movimiento ha tenido pocos éxitos concretos y no ha sido
capaz de revertir el “orden de la cosas”, es decir enfrentar el capital
y poner en jaque sus estados. Pero en el ámbito simbólico e ideológico
ha jugado un papel clave de “rearme” del pensamiento crítico mundial y
de intercambio de ideas y experiencias colectivas. Este aspecto es
sumamente importante después de la noche neoliberal y de su pensamiento
hegemónico único. Y en Copenhague (como en Belem en el Foro social
mundial) hemos visto de nuevo militantes y organizaciones sociales de
todo el mundo criticando frontalmente el orden mundial y, al mismo
tiempo, haciendo numerosas propuestas radicales de desarrollo
alternativo, no productivistas y presionando a los gobiernos para que
tomen medidas concretas urgentes. En este sentido, estoy de acuerdo con
el análisis de Cédric Durand (economista de la revista Contretemps)
(3): a diez años de Seattle, las movilizaciones y los debates marcan un
nuevo impulso para el movimiento altermundialista y una transformación
del espacio de las convergencias de luchas internacionales. Así,
Copenhague se inscribe en une continuidad de resistencias desde
Seattle, por ejemplo con la acción de masa titulada “Reclaim Power” (4)
que proponía interrumpir la rutina de las negociaciones para la
organización de una “Asamblea de los Pueblos” invadiendo el lugar mismo
donde se hallaban las selectas negociaciones institucionales
gubernamentales. Al mismo tiempo, Copenhague va más allá de Seattle por
el tamaño de la protesta: Cien mil personas desfilaron el 12 de
diciembre 2009 contra un poco más de 20 mil en Seattle, su dimensión
política y sus propuestas alternativas concretas.
¿Podemos
decir que hoy existe una confluencia, que no había en la década de los
‘90, entre los movimientos ecologistas y los anticapitalistas al
coincidir ambos en que el enemigo es el capitalismo del desastre?
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Hay que aclarar algo esencial: no se puede poner en el mismo plano el
movimiento altermundialista o “antiglobalización” con el
anticapitalismo. Dentro del primero militan activista anticapitalistas,
pero el movimiento altermundialista es mucho más variado y son muchos
los altermundialistas que siguen pensando que se puede regular el
capital, crear una “economía mundial social de mercado”, que el tiempo
de las revoluciones o de las rupturas anticapitalistas terminó, que el
Estado de bienestar puede ser reconstruido o sea una visión
socialdemócrata, reformista o antiliberal moderada. El movimiento está
conformado de muchas ONG’s, parcial o totalmente institucionalizadas,
de sindicatos, de colectivos múltiples como por militantes de
orientación variada como libertarios, comunistas, cristianos sociales,
ecologistas, etc. Es cierto que durante los últimos años muchos
activistas “moderados” se han radicalizado frente a la regresión
neoliberal y a la fuerza del imperialismo militar. Y por eso, más que
nunca tenemos que explicar que la única alternativa posible es
anticapitalista. Como lo plantea Michael Löwy, “¿Cuál es la raíz de la
dominación totalitaria de los bancos y de los monopolios, de la
dictadura de los mercados financieros, de las guerras imperialistas, si
no el sistema capitalista mismo? Por supuesto, todos los componentes
del movimiento altermundialista no están dispuestos a sacar esta
conclusión: algunos sueñan todavía con un retorno al neokeynesianismo,
al crecimiento de los “treinta gloriosos” o al capitalismo regulado,
con un rostro humano. Estos “moderados” tienen su lugar en el
movimiento, pero es innegable que una tendencia más radical tiende a
predominar. La mayor parte de los documentos generados por el
movimiento ponen en cuestión no solamente las políticas neoliberales y
belicistas, sino el poder del capital en sí mismo” (5).
¿Qué efectos permite esta confluencia en la articulación del movimiento social y en las luchas futuras?
-
Es un hecho no menor de las movilizaciones de Copenhague: hoy existe un
puente entre el movimiento por la justicia social global y el
movimiento por la justicia climática global. Eso, creo, es la esperanza
fundamental del Klimaforum, de la coalición “Climate Justice Now” y de
todos los militantes que estuvieron compartiendo este evento. Los
militantes del Klimaforum, donde participaron 522 organizaciones
provenientes de 67 países como los activistas “autónomos” de “Climate
Justice Action” quisieron oponerse, cado uno a su manera, al slogan de
los países industriales y de los grandes monopolios que siguen diciendo
“Business as usual”, pase lo que pase “después de mi el diluvio”. Desde
1999, los lemas del altermundialismo han sido: “El mundo no está en
venta”, “Globalicemos las resistencias” u “Otro mundo es posible”,
ahora podemos añadir: “El planeta, no el lucro”, “Justicia climática
ahora”, “Cambiemos de sistema, no de clima”, “¡No existe un Planeta
B!”. Todo lo que se pudo leer en los muros de Copenhague ya hace parte
del patrimonio de la resistencia global. Todo esto va en la misma
dirección: la de una critica a un mundo dominado por el mercantilismo,
la privatización y el capital transnacional. Así de Chiapas en 1994 a
Copenhague en 2009, los pueblos movilizados están diciendo, de alguna
manera, a las clases dominantes de este mundo que la historia no ha
terminado (como lo proclamó apresuradamente Francis Fukuyama) y que no
es el planeta que hay que destruir sino el capitalismo…. Y más aún
cuando se ve el vergonzoso resultado de las negociaciones en Copenhague
que desembocó en un acuerdo final al servicio de los intereses
corporativos del Norte: 193 estuvieron en la cumbre, representados, en
su mayoría, por sus jefes de Estado y Obama (y su pequeño grupo de
“países amigos”) pasaron por alto el procedimiento colectivo de la ONU,
lo que tuvo como consecuencia un documento no vinculante, que fue
presentado bajo la premisa “tómalo o déjalo”. Frente a este fracaso
irresponsable y anunciado, el foro alternativo ha sido la “semilla de
esperanza”: como lo dice Amy Goodman, “la cumbre sobre cambio climático
de Copenhague no logró alcanzar un acuerdo justo, ambicioso y
vinculante, pero inspiró a una nueva generación de activistas a sumarse
a lo que se reveló como un movimiento mundial por la justicia climática
maduro y sólido” (6).
Una
crítica a estos encuentros es que confluyen en momentos de reuniones o
cumbres de los agentes del poder mundial ¿Cómo salir de la lógica del
evento o de contra cumbres y desarrollar una agenda propia?
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Como lo escribió hace poco Naomi Klein, el movimiento de los
movimientos parece haber logrado pasar a la “edad adulta” y alcanzado
madurez política, desde 1999 (7). Pero es que ¡la urgencia también es
inmensa y estamos al borde del abismo ecocida y de la barbarie de la
autodestrucción de la humanidad! En Copenhague se trató de protestar y
oponerse y al mismo tiempo de proponer un modelo de transición
eco-social frente a la crisis climática: una estrategia de transición
de justicia climática plasmada en la “declaración de los pueblos” del
Klimaforum (8), que propone abandonar completamente los combustibles
fósiles en los próximos 30 años; reconocer, pagar y compensar la deuda
climática (80% de los recursos del planeta están consumidos por 20% de
personas – esencialmente de los países del norte); rechazar las falsas
y peligrosas soluciones orientadas al mercado y centradas en la
tecnología y poner en marcha soluciones reales basadas en: Soberanía
alimentaría y agricultura ecológica; Soberanía energética;
Planificación ecológica de las zonas urbanas y rurales; Instituciones
educativas, científicas y culturales; Fin al militarismo y a las
guerras y, punto central: Apropiación democrática, control de la
economía y “formas más democráticas de gestión”. Todos estos puntos,
por supuesto, hay que afinarlos y debatirlos pero para poner en
practica todo esto el documento avanza una serie de medidas inmediatas
que hicieron consenso a pesar de las grandes diferencias políticas
existentes. Pero más allá de este consenso, las grandes opciones
estratégicas siguen abiertas. El movimiento por la Justicia
climática conoce su enemigo: el capitalismo y sus instituciones y
denuncia la dominación mundial por las transnacionales como las falsas
soluciones inspiradas del “Capitalismo verde”. Pero como construir
políticamente estas alternativas: ¿Qué relaciones con los partidos de
izquierda, con la noción de “toma del poder”, con las clases populares?
¿Qué posición en el debate entre (de)creciminento radical, “simplicidad
voluntaria” y “desarrollo verde”?, ¿Qué balance y lecciones después de
los socialismos reales, productivistas e insostenibles?, ¿qué
estrategias de ruptura del sistema capitalista?, etc.
¿Cuáles son los próximos pasos a seguir por el movimiento anticapitalista?
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Yo no puedo pretender hablar en nombre del « movimiento anticapitalista
». Lo que si puedo es responder como militante del Nuevo Partido
Anticapitalista (NPA – Francia - www.npa2009.org): saludamos las convergencias de luchas que hubo en Copenhague y denunciamos el fracaso organizado por Obama y la Unión Europea
(incluyendo a Sarkozy), entre otros. Vamos a seguir movilizándonos, de
manera amplia y unitaria, para articular Justicia social y Urgencia
climática en la perspectiva de la construcción de una « alternativa
solidaria » Norte-Sur anticapitalista, internacionalista y
antiproductivista. La propuesta de Evo Morales de un tribunal de
justicia climática me parece interesante como su llamado a una cumbre
alternativa en Bolivia en abril 2010. También es necesario apoyar la
original iniciativa ecuatoriana de “dejar el petróleo en la tierra” a
través del “proyecto ITT”: se trata de no explotar unos 850 millones de
barriles de petróleo situados en el Parque Yasuní, que constituye una
reserva natural con una de las biodiversidades más importantes en el
mundo. La explotación de este petróleo pesado podría significar para el
Estado un ingreso que fluctuaría entre 5.000 y 6.000 millones de
dólares (con un precio cercano a 70 dólares el barril). Para nosotros,
el desafío fundamental es el combate colectivo hacia una clara
perspectiva ecosocialista como ha sido defendida -entre otros- por
Michael Löwy en Copenhague.
¿Podrías definirnos que es ‘Ecosocialismo’?
Dicho
término propone unir dos conceptos -“ecología” y “socialismo”- para
crear un nuevo significado, un concepto de civilización radicalmente
diferente, un proyecto de sociedad y de relación con la naturaleza, con
la “madre tierra”, cargado de respeto, justicia, humanismo, libertad,
participación y utopía. El Ecosocialismo es un intento de proporcionar
una alternativa integral, basada en los argumentos del movimiento
ecologista y en la crítica marxista de la economía política. Se trata
de ligar el combate histórico, social del movimiento obrero con las
reivindicaciones del movimiento ecologista y, en este camino, el
elemento más importante para una transformación ecosocialista es y será
la autoorganización colectiva de los de “abajo”: “¿Qué es entonces el
ecosocialismo? Se trata de una corriente de pensamiento y de acción
ecológica que integra los aportes fundamentales del marxismo,
liberándose de las escorias productivistas; una corriente que entendió
que la lógica del mercado capitalista y de la ganancia –así como la del
autoritarismo tecnoburocrático de las difuntas “democracias populares”–
son incompatibles con la defensa del medio ambiente. En fin, una
corriente que, criticando la ideología de las corrientes dominantes del
movimiento obrero, sabe que los trabajadores y sus organizaciones son
una fuerza esencial para toda transformación radical del sistema.” (9)
La humanidad se enfrenta hoy a una dura opción: ecosocialismo o
barbarie. Como lo anuncia la declaración ecosocialista presentada en el
último Foro social mundial de Belem (Brasil): “El movimiento
ecosocialista tiene como objetivo detener y revertir el desastroso
proceso de calentamiento global en particular y el ecocidio capitalista
en general, y construir una alternativa radical a la práctica y el
sistema capitalista. El ecosocialismo se basa en una economía basada en
los valores no monetarios de la justicia social y el equilibrio
ecológico. Critica tanto “la ecología de mercado” como el socialismo
productivista, que ignoraba el equilibrio de la tierra y sus límites.
Redefine la ruta y el objetivo del socialismo dentro de un marco
ecológico y democrático. El ecosocialismo implica una transformación
social revolucionaria, que conllevará la limitación del crecimiento y
la transformación de las necesidades por un profundo desplazamiento de
los criterios económicos cuantitativos a los cualitativos, el énfasis
en el valor de uso en lugar del valor de cambio. Estos objetivos exigen
la adopción de decisiones democráticas en la esfera económica,
permitiendo a la sociedad definir colectivamente sus metas de inversión
y producción, y la colectivización de los principales medios de
producción. […] El rechazo del productivismo y el abandono de los
criterios cuantitativos por los cualitativos implican un
replanteamiento de la naturaleza y los objetivos de la producción y la
actividad económica en general” (10). Frente a la urgencia climática,
sólo nos queda (auto)organizarnos e innovar en una perspectiva
internacionalista, anticapitalista y democrática, pensando como Gramsci
que el pesimismo de la razón tiene que alimentar nuestro optimismo de
la voluntad (colectiva).
Fuente: www.elciudadano.cl/2010/01/25/despues-del-fracaso-anunciado-de-copenhague-crear-un-movimiento-eco-socialista-mundial-desde-“abajo”/
VEA ADEMÁS LA DECLARACIÓN FINAL DEL KLIMAFORUM
NOTAS:
1- Ver Michael Löwy, “Negatividad y utopía del movimiento altermundialista”, Laberinto, nº 23, 2007, http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-42/negatividad-y-utopia-en-el-movimiento-altermundialista y Josep Maria Antentas, Esther Vivas, “Chiapas, 15 años después”, http://puntodevistainternacional.org/spip.php?article246.
2- Daniel Bensaïd, Le nouvel internationalisme, Paris, Textuel, 2003.
3- Cédric Durand, « Ce que veut le mouvement pour la Justice Climatique », Contretemps, http://www.contretemps.eu/interventions/ce-que-veut-mouvement-justice-climatique.
4- http://www.climate-justice-action.org/.
5- Michael Löwy, “Negatividad y utopía del movimiento altermundialista”, Op. Cit.
6- Ver: Amy Goodman, “Discordia climática: de la esperanza al fracaso en Copenhague”, www.rebelion.org/noticia.php?id=97645&titular=discordia-clim%E1tica:-de-la-esperanza-al-fracaso-en-copenhague- y Giorgio Trucchi, “El Sur en Copenhague: “¡No existe un Planeta B!”, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=97639&titular=el-sur-en-copenhague:-%E2%80%9C%C2%A1no-existe-un-planeta-b!%E2%80%9D- .
7- http://www.mouvements.info/Le-passage-a-l-age-adulte-des.html .
8- www.klimaforum09.dk/IMG/pdf/Declaracion_de_los_pueblos_en_Klimaforum09.pdf
9 -Ver : Sébastien Godinot, “Contre les fausses solutions, la justice environnementale et sociale”. En http://www.contretemps.eu/interviews/contre-fausses-solutions-justice-environnementale-sociale y Michel Husson, “Un capitalisme vert est-il possible ?”, http://www.contretemps.eu/archives/capitalisme-vert-est-il-possible%C2%A0.
10- Declaración Ecosocialista de Belem, www.nodo50.org/codoacodo/abril2009/belem.htm. Consultar también: www.ecosocialistnetwork.org
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