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Asunto:[nuevaconsciencia] Física Hiperdimensional
Fecha:Miercoles, 24 de Marzo, 2004  16:56:36 (-0400)
Autor:Arnau Sarrà <arnau @.........cl>

     Queridos Todos 
 
      Hace unos días me llegó esta información la cual resonó profundamente en
mi ser y por ello la comparto con ustedes, hay cosas muy interesantes entre
líneas, espero sea de vuestro interés. 
 
      El 11 de Agosto del 2002, en estando en un Seminario dictado por Brian
Weiss, nos invitó a hacer una regresión, en la cual pedí saber antes de iniciarla
a que había venido y que tenía que hacer en la Tierra. 
 
      Al comenzar la relajación me fundí en la energía que me irradiaba, cada
vez más intenso, fui perdiendo toda percepción del cuerpo físico, perdiendo la
identidad, hasta un momento en que sólo quedaron mis ojos, para luego también
desaparecer y quedar sólo como energía blanca, de las seis puertas que ofrecía
Brian para que entráramos en las diferentes épocas, me apareció una 7ma, de pura
energía, la cual me absorbió, de ahí salí disparado hacia la Energía Universal,
al centro de una Gran Galaxia, hacia su núcleo, al estar en su interior sentí
toda la grandeza y amor de Dios, de ahí salí desde el centro de la Galaxia
(Energía Universal), como una gran esfera de luz, luego salieron desde las
orbitas periféricas otras tres esferas más, con las que emprendimos el viaje de
retorno a la Tierra. 
 
      Al volver,  con las otras tres esferas más, conformamos una figura
piramidal externa al mundo y poniéndome en el vórtice superior, y las otras tres
como muestra la siguiente figura: 
 
 
      Sólo que era un poco más grande externa totalmente al mundo, eso si
guardando la relación de los 19,5º, luego emitía un pulso dando la señal para
irradiar al unísono al planeta entero, desde los 4 puntos, le entregamos la
energía al mundo para su iluminación, al transmitir la energía y unirnos con las
otras tres esferas, la Tierra se iba poniendo cada vez más blanca, llena de
energía pura, hasta producir la total iluminación de ella, transformándose sólo
en energía, luego esa energía entraba en mi como toda energía, era como si se
posicionara en mi corazón, se produjo una gran expansión y explosión, luego
emprendí el retorno con el mundo en mi corazón hacia la  Gran Galaxia,
volviéndose a producir una vez en su centro  una gran expansión de la misma, y
una explosión de luz, luego al retornar de este estado mi vida ha cambiado por
completo. 
 
      Mientras les transcribo esta experiencia me vuelven las imágenes como si
lo estuviera viviendo nuevamente, 
 
      Que la Luz del universo sea con Todos ustedes 
 
      Trillones de bendiciones 
 
      Arnau Sarrà 
      Rabi Binah 
      Guru Ji 
 
      En esta página encontrarán el artículo completo, con todas la fotos que
por peso fueron extraídas y solo dejadas aquellas más importantes: 
      http://www.akasico.com/paginasasp/Contenidosecciones.asp?ID=395&Nombre= 
 
 
 
             Física hiperdimensional  
            El gran secreto 
 
            De los ovnis a la Alquimia, de las pirámides de Egipto al Ocultismo,
los que nos hemos interesado por estos temas hemos sentido alguna vez, aunque
solo fuera como una fugaz intuición, que estos misterios podían tener un nexo
común, un secreto que, una vez desvelado, haría que todo adquiriera sentido. Pues
bien, es posible que ese secreto exista y este en posesión de unos pocos
privilegiados, pero será por poco tiempo, porque todo indica que está a punto de
ser revelado...  
            Santiago Camacho (publicado en el núm. 126 de Año Cero) 
 
 
                  El pasado mes de junio, un equipo de científicos liderado por
el Dr. Lijun Wang de los laboratorios NEC de Princeton, consiguió algo que hasta
aquel mismo día había sido considerado imposible, romper la barrera de la
velocidad de la luz acelerando hasta trescientas veces su velocidad normal un
pulso luminoso procedente de un láser. Muchos vieron en este acontecimiento un
momento histórico en el que aparecía la primera grieta en el hasta ahora sólido
edificio de la física einsteiana. Por eso, ahora que llega el año 2001, una fecha
emblemática, tiempo de cambios que tradiciones milenarias de los cinco
continentes coinciden en calificar como el final de una era y el comienzo de una
nueva Edad de Oro para la Humanidad, tal vez sea el momento de replantearnos
algunos dogmas y echar una mirada a un futuro tan inquietante como esperanzador. 
 
                  Sintamos por un momento como sería nuestro mundo, ese mundo
cotidiano en el que nos devanamos los sesos para pagar las facturas y con lo que
nos sobra bajamos a comprar el pan, si las cosas fueran diferentes. Cada día, el
depósito de nuestro automóvil reclama su ración de carburante indiferente a las
vertiginosas subidas de los precios del petróleo. Es más, en cada producto o
servicio que compramos o contratamos una buena parte del precio va destinada a
pagar la energía empleada en producirlo y transportarlo hasta los puntos de
venta. Pero, ¿qué sucedería si esa energía fuera virtualmente gratuita? La
consecuencia inmediata es que nuestro nivel adquisitivo ascendería hasta niveles
considerablemente más altos que los actuales, es más, ese proceso se reproduciría
a escala mundial haciendo que la pobreza y el hambre desaparecieran de nuestro
planeta... ¿Utópico verdad? 
 
                  Vayamos un poco más lejos en la utopía. ¿Y si fuéramos capaces
de gobernar el clima, la estructura de la materia, el curso de nuestra propia
biología y, en general, cualquier fuerza de la naturaleza que pudiéramos imaginar
y algunas que aún ni imaginamos? Nuestra especie se vería libre de todas las
esclavitudes a las que se ha visto sometida desde los orígenes de su existencia.
Estaríamos ante un mundo sin trabajo, sin vejez, sin enfermedad, en el que cada
persona sería libre de encaminar su vida y su talento por los senderos que
estimase oportuno. Ya sé que muchos estarán pensando ahora que tal poder traería
tantos males como beneficios y que el ser humano, llevado por la ambición, el
miedo, la ira y la agresividad que le son naturales terminaría convirtiendo tal
don en el arma de su destrucción. Seguramente sería así pero, puestos a imaginar,
podría suceder algo más, algo que supusiera en tal escenario la diferencia entre
en paraíso y el infierno. 
 
                  Pongamos que por algún acontecimiento cósmico de escala
inconcebible el ser humano se viera abocado de forma inevitable a dar el
siguiente paso en su perfeccionamiento. Que la forma en que su cerebro recibe y
organiza la información cambiara sustancialmente haciéndole ver las cosas con una
mayor amplitud, con más profundidad, de manera que comenzara, no solo a
comprender mejor su entorno y a sus semejantes, sino que se sintiera en armonía
con ellos y no hubiera necesidad de conflicto alguno. 
 
                  Bonita historia, ¿verdad? Pues bien, todo esto no solo es
posible, sino que podría estar empezando a suceder. Indicios recogidos en todo el
mundo nos llevan a pensar que estamos en vísperas de conocer el gran secreto que
se halla tras de muchos enigmas de nuestro mundo. Más aún, ese gran secreto puede
haber comenzado a actuar sobre nosotros sin que nos demos cuenta de ello. 
 
                  La edad de oro 
                  Admítasenos comenzar con un ejercicio de recapitulación, de
síntesis de un sin fin de historias que han llegado hasta nosotros a través de
las más variadas fuentes. El guión general de esta historia seguramente será
familiar para la mayoría de nuestros lectores. Sucedió en una época
increíblemente remota, posiblemente decenas de miles de años antes de la
aparición de nuestros primeros registros históricos. En aquel tiempo existió una
civilización cuyo recuerdo ha pervivido en las leyendas, mitos y religiones de la
práctica totalidad de los pueblos de la Tierra. No solo eso, como sombra
insinuada de su grandeza, en diversos lugares del globo han sobrevivido edificios
y artefactos que se han convertido en una pesadilla para científicos e
historiadores que se las ven y se las desean a la hora de ubicarlos de manera que
encajen con su visión de la historia. Líneas dibujadas en los desiertos de Nazca,
ciclópeos muros sepultados bajo las aguas del Pacífico u objetos más modestos,
como esas manufacturas de aluminio que aparecieron sin venir a cuento en la tumba
de un antiguo emperador chino o la rudimentaria batería eléctrica que yace
olvidada en los sótanos de algún museo de Bagdad. 
 
                  No sabemos si fueron seres humanos o algo diferente, si eran
originarios de nuestro planeta o llegaron hasta él a consecuencia de alguna
inimaginable peripecia. Lo que si sabemos, porque en esto si coinciden todas las
fábulas que sobre ellos se escribieron a lo largo de los siglos, es que eran
dueños de conocimientos científicos y tecnológicos que les permitían realizar
milagros inaccesibles aún para nosotros, haciéndoles aparecer como dioses a los
ojos de nuestros antepasados. 
 
                  Pero no eran dioses, tan solo los depositarios de un secreto
que les otorgaba poder casi ilimitado. Nunca podremos conocer si ese secreto
llegó a sus manos por la vía de la casualidad o tras generaciones de esfuerzo e
investigación. Pero estamos seguros de que no eran dioses porque en lo que
también coinciden esas leyendas es en que ese poder fue seguramente la causa de
su crepúsculo. La Atlántida, Lemuria o como se la quiera designar, desapareció
casi de la noche a la mañana, destruida por la insensatez de sus habitantes que
borrachos de soberbia hicieron un mal uso del don que se les había otorgado. Los
supervivientes se dispersaron por todo el globo iluminando a nuestros primitivos
antepasados con la luz de su conocimiento. Fueron ellos los protagonistas de esas
leyendas que nos hablan de misteriosos personajes que instruyeron a los hombres y
levantaron de la nada poderosas civilizaciones. Con el discurrir de los siglos,
la antigua ciencia, transmitida de maestro a discípulo a través de generaciones
de iniciados, se fue contaminando de superstición. Quedaron los ritos, las
formas, pero la explicación que había tras de todo ello se había extraviado hacía
mucho tiempo. Así nacieron las ciencias ocultas, la Astrología, la Alquimia, las
disciplinas espirituales y hasta la magia. 
 
                  Llegaron nuevos tiempos, y con ellos una nueva civilización y
una nueva ciencia que consideraba los patéticos restos de la antigua como mera
quincalla oscurantista. Pero es posible que la antigua ciencia no se haya perdido
para siempre y ahora mismo estemos en los umbrales de adquirir un conocimiento
que, en cuanto a poder y comprensión del Universo, nos colocaría a la misma
altura de aquellos míticos seres. El secreto comienza a dibujarse a partir de una
nueva ciencia (o tal vez no tan nueva, quien sabe) llamada Física
Hiperdimensional. 
 
 
                  Consignado en el tiempo 
                  En 1976 el mundo esperaba expectante las primeras fotografías
tomadas por la sonda espacial Viking. Por fin teníamos una rendija por la que
asomarnos a los misterios de Marte, el planeta rojo que desde siempre había
cautivado la imaginación colectiva de la Humanidad. Pero nadie podía imaginar que
esas fotografías enviadas desde millones de kilómetros de distancia serían las
portadoras de secretos demasiado inquietantes, demasiado desestabilizadores,
tanto que la propia NASA tomó cartas en el asunto para intentar hacerlos
desaparecer. Las imágenes procedentes de la región conocida como Cydonia
mostraban la existencia de un vasto conjunto de cuerpos de apariencia artificial
entre los que destacaba la bautizada como "esfinge de Marte", una gigantesca
cabeza esculpida en piedra cuyo rostro, orientado hacia el espacio, nos devolvía
la curiosa mirada que habíamos dirigido hacia nuestro planeta vecino. 
 
                  A partir de ese momento, personajes como Richard Hoagland,
Vincent di Pietro, Gregory Molenaar o Mark Carlotto, todos ellos provistos de
intachables credenciales científicas por más que les pese a los escépticos de
turno, consagraron sus vidas al estudio de lo que creían podía constituir la
primera prueba material de vida inteligente extraterrestre. Las polémicas
imágenes fueron estudiadas hasta el último píxel, se utilizaron complejos
procedimientos informáticos para analizarlas y se trazaron detalladas
cartografías de la zona con ayuda de los métodos más sofisticados. Ni la
consecuente campaña de desprestigio del caso que llevó a cabo la NASA echando
mano de personalidades tan conocidas como Carl Sagan fue suficiente para
silenciar las voces que reclamaban un estudio oficial de la región de Cydonia. 
 
                  Pero sería en 1988 cuando la investigación sobre las anomalías
marcianas tomaría un nuevo rumbo de la mano de Erol Torun, cartógrafo y analista
de sistemas en la agencia cartográfica de la defensa. De las estructuras que se
alzan en la llanura de Cydonia la conocida como pirámide D&M atrajo especialmente la curiosidad de este experto en el análisis de imágenes aéreas. En la esquina sur suroeste de la region de Cydonia, a una distancia de la "esfinge" exactamente
igual a 1/360 del diámetro polar marciano, se encuentra una estructura de un
tamaño tal que resulta difícilmente concebible. La pirámide D&M recibe este nombre en honor a sus descubridores Vincent Dipietro y Gregory Molenaar. Tiene una altura aproximada de 800 metros y un diámetro de casi tres kilómetros. Se trata de una pirámide pentagonal cuyos lados están dispuestos en ángulos de 30 grados. En su construcción se debió emplear 1.5 kilómetros cúbicos de material y su colocación respecto a los otros objetos de Cydonia dibuja un perfecto triángulo equilátero. Torun, a pesar de sus amplios conocimientos de Geomorfología, no conocía ningún mecanismo natural que pudiera explicar su formación. Fue precisamente esto lo que le movió a analizar cuidadosamente su geometría, tanto interna como en relación con las otras anomalías de Cydonia. A pesar de estar vivamente impresionado por la simetría del objeto, él mismo confesó más tarde que no estaba preparado para lo que iba a encontrar. 
 
                  Codificadas en la estructura de aquel objeto al que la NASA
alegremente había calificado como "formación natural", el cartógrafo descubrió
una serie de relaciones matemáticas, constantes y expresiones sumamente
específicas y redundantes, cuya probabilidad de que se originaran por casualidad
se encuentra cercana a cero. Entre otras cosas, los números e y pi (constantes de
importancia fundamental en Geometría) aparecían repetidamente, combinados de
todas las maneras posibles tanto en sus ángulos, como en las relaciones entre
estos y sus respectivas funciones trigonométricas. 
 
                  Esto, de por sí constituía un asombroso descubrimiento, quedó
rápidamente empequeñecido al descubrirse que esas mismas relaciones matemáticas
se repetían con increíble precisión si se trazaba una serie de líneas imaginarias
que unieran entre sí los edificios de la famosa llanura marciana. Todo formaba
parte de un complejo diseño que repetía insistentemente los mismos números,
figuras y ángulos. Estaba claro que aquello constituía un mensaje dibujado por
criaturas inteligentes y expresado en el lenguaje más universal que existe, las
matemáticas. Si tantas molestias se tomaron sus constructores, levantando
edificios que harían palidecer de envidia a las mayores creaciones del ser
humano, algo de suma importancia habrían querido transmitirnos. La pregunta era
¿qué?. 
 
                  Aquello era un enigma que inquietaba especialmente a Richard
Hoagland, el principal investigador actual del tema de Cydonia. Hoagland no es
ningún advenedizo en el campo científico. Entre otros muchos puestos oficiales
fue el asesor para asuntos espaciales de la cadena de televisón norteamericana
CBS durante el proyecto Apolo. Durante meses trabajó con aquellas líneas
misteriosas, buscándoles sentido, intentando descifrar su mensaje. Por fin, un
buen día, la verdad aparecido súbitamente ante sus ojos y esta fue más increíble
que el más increíble de sus sueños. En la llanura de Cydonia, a millones de
kilómetros de nuestro planeta, olvidados durante miles de años, se encontraban
dibujados con absoluta precisión los postulados teóricos básicos de una ciencia
olvidada que hizo furor a finales del siglo XIX para, más tarde, caer en el
olvido de la ortodoxia científica, que la consideró como algo inaceptablemente
revolucionario; la física hiperdimensional. 
 
                  Basándose en este conocimiento, Hoagland pudo establecer
varias predicciones que al ser comprobadas resultaron ser ciertas. Así, descubrió
que según los postulados de la física hiperdimensional existe una importante
relación entre un tetraedro y la esfera donde está inscrito. Considerando a los
planetas como esferas y colocando el vértice de ese imaginario tetraedro en uno
de los polos, los otros tres vértices a caen a la altura del paralelo 19,5. Pues
bien, curiosamente en esa misma localización geográfica es de donde se encuentran
los mayores focos de inestabilidad de cada planeta; en la tierra coincide con el
cinturón volcánico del Pacífico -el volcán Mauna Kea está a 19.6 grados Norte-,
el gigantesco monte Olimpo de Marte (el mayor volcán del Sistema Solar) se
encuentra a 19.3 grados Norte, la gran mancha roja de Júpiter está exactamente a
19.5 grados Sur y algo similar ocurre en Neptuno, que tiene una mancha similar a
la de Júpiter, solo que de color azul, y en el Sol, donde la mayor incidencia de
manchas se da precisamente alrededor del paralelo 19.5. ¿Existe realmente una
explicación a este puzzle? 
 
                  La física hiperdimensional 
                  La aparición de estos ?vórtices planetarios? ya había sido
predicha hace un siglo por el físico James Clerk Maxwell a través de una teoría
denominada Física Hiperdimensional. Son pocos los estudiantes de física actuales
que han oído hablar de ella, sin embargo, la Física Hiperdimensional supuso un
paso ineludible en el camino hacia las modernas teorías cuánticas o de la
relatividad. Sus postulados fueron propuestos por personajes del más alto rango
científico de la época y tan poco dados a especulaciones paracientíficas como
Helmholtz, Lord Kelvin, Faraday, el propio Maxwell y otros muchos menos conocidos
que se aventuraron valientemente en terrenos jamás hollados anteriormente por la
inteligencia humana. Este grupo de pioneros llegó a la conclusión de que nuestra
realidad tridimensional no es sino apenas la parte visible para nosotros de un
universo pluridimensional en el que conceptos como el tiempo o el espacio
perderían su significado. En la interacción entre esas dimensiones y la nuestra
se encontraría el secreto de muchos fenómenos hasta ahora inexplicables e incluso
del propio surgimiento de la vida sobre nuestro planeta. 
 
                  Los padres de la física hiperdimensional llenaron pizarras con
interminables cálculos, desarrollaron ingeniosos modelos cosmológicos y
levantaron un verdadero edificio de relaciones matemáticas y geométricas, las
mismas que más tarde aparecerían en un lugar tan insospechado como la superficie
de Marte. Sabían que en determinadas circunstancias tendría que existir un flujo
de energía de esas otras dimensiones hacia la nuestra. Concretamente, afirmaban
que un sistema giratorio en un espacio de cuatro dimensiones aparecerían una
serie de vórtices de energía al ser proyectado en un espacio de tres dimensiones
como el nuestro. Ese fenómeno se produciría ¡exactamente a 19.5 grados del
ecuador! Sin embargo, lo novedoso de la idea la hizo blanco de numerosos ataques
y terminó cayendo en el cajón del olvido científico. Es célebre en este sentido
como el físico británico Oliver Heaviside calificaba el trabajo de Maxwell como
?místico? y ?obra del diablo? precisamente por tratar con conceptos
hiperdimensionales. 
 
                  No sería hasta mediados de la década de los 60 cuando un
hallazgo astronómico aparentemente irrelevante vino a comenzar a apoyar los
planteamientos de aquellos pioneros. Las observaciones realizadas a través de los
primeros espectrógrafos demostraron que el planeta Júpiter desprende una
"radiación infrarroja anómala", esto es, que emite mucha más energía de la
que recibe del Sol. Posteriormente, las sondas Pioneer y Voyager pusieron de
manifiesto que el mismo fenómeno inexplicable se repetía en Saturno, Urano y
Neptuno. Esto constituye una anomalía cósmica de primer orden y una contradicción
manifiesta a las leyes de la termodinámica -las que nos dicen que la energía ni
se crea ni se destruye-. Si en estos astros no se producen procesos de fusión
nuclear que puedan generar calor y la cantidad de radiación emitida al espacio es
muy superior a la que correspondería a la suma del calor interno del planeta y el
que recibe del sol entonces, ¿de dónde procede esa energía? 
 
                  Para la Física Hiperdimensional la respuesta es obvia. La
combinación entre la masa de los planetas y su momento angular (la energía de su
desplazamiento alrededor del Sol) genera un punto de contacto entre las
dimensiones a través del cual se produce una transferencia de energía. Esto se
puede cuantificar a través de la fórmula L=mr2, en la que L es la energía
resultante, m la masa y r el momento angular. Dicho llanamente, recibimos aportes
energéticos de dimensiones ubicadas por encima de la nuestra, y el propio sistema
solar funciona como un mecanismo que genera los portales a través de los cuales
penetra esa energía. 
 
                  Los parámetros físicos y matemáticos requeridos para esta
transferencia de energía e información procedentes de un hipotético espacio
n-dimensional fueron establecidas en su momento como ya hemos visto, por
personalidades científicas del siglo XIX de la talla del matemático alemán Georg
Riemann; El físico escocés Sir William Thompson; el ya citado James Clerk
Maxwell; y el matemático británico Sir William Rowan Hamilton. Fue concretamente
el matemático Arthur Cayley el que estableció las relaciones geométricas
interdimensionales que aparecen, no sólo en la llanura de Cydonia, sino en la
Geometría Sagrada que durante milenios ha acompañado a las prácticas esotéricas
más diversas. 
 
                  No obstante hay una objeción que resulta legítimo hacer? Está
muy bien que exista una Física Hiperdimensional en la mecánica celeste o en las
complicadas fórmulas de un grupo de visionarios del siglo pasado pero, ¿no hay
algo más actual, más tangible, que pueda confirmarnos que estamos ante un indicio
que pueda conducirnos a la antigua ciencia de los dioses? Es posible que lo haya?

 
                  Fusión fría 
                  Entre el 6 y el 9 de diciembre de 1993 tuvo lugar la cuarta
conferencia de fusión fría en Maui, Hawai, muy cerca del paralelo 19.5
curiosamente. 250 científicos de todo el mundo se habían reunido para tratar lo
que podía ser el mayor hallazgo de la historia. Se presentaron más de 150
ponencias del más alto nivel y asistieron los padres de esta disciplina Stanley
Pons y Martin Fleischmann, que habían acudido desde el laboratorio que en Niza ha
montado para ellos TECHNOVA, una subsidiaria de Toyota. Pero la conferencia de
Maui fue el último gran acontecimiento en el campo de la fusión fría, marginado
por la ciencia oficial. A pesar de que en todo el planeta (y muy especialmente en
Japón) existen equipos investigación que continúan trabajando sobre este tema, su
labor no tiene ninguna salida a la opinión pública si no es a través de revistas
especializadas como Infinite energy. Ningún investigador "respetable" quiere que
se le relacione con la fusión fría. Las revistas científicas de más prestigio
(Nature, Scientific American?) rechazan sin leerlo cualquier trabajo que reciban
sobre la materia. Aquellos que a pesar de la postura oficial al respecto se
deciden a investigar el tema se ven inmisericordemente acosados, sean cuales sean
sus credenciales académicas, por sus antiguos colegas. ¿Por qué está persecución?

 
                  Los orígenes de la fusión fría se encuentran en los trabajos
de una pareja de físicos llamados Pons y Fleischmann, que el 23 de marzo de 1989
convocaron una rueda de prensa en la Universidad de Utah, para realizar un
asombroso anuncio. Según habían comprobado repetidas veces, la electrolisis de
agua pesada empleando electrodos de platino y paladio tenía como resultado una
producción de energía calorífica mayor que la correspondiente a la electricidad
utilizada. Si se encontraba una forma de aprovechar este calor, habrían
encontrado una fuente inagotable y gratuita de energía. El informe levantó una
encendida poléca. Durante las cinco semanas siguientes los medios de comunicación
se hicieron eco de como en diferentes partes del mundo otros científicos obtenían
los mismos resultados. Sin embargo y contra todo pronóstico, el 1 de mayo de
1989, la American Physical Society dio carpetazo a todo el asunto catalogándolo
de mera "superchería científica". Sin embargo, ello no desalentó a decenas de
investigadores que, patrocinados por empresas multinacionales como Toshiba,
Hitachi, Toyota, Exxon o Carterpillar -más interesadas en los resultados
económicos que en los prejuicios científicos- continúan realizando avances en
este terreno. 
 
                  Aunque quizá hablar de avances sea un tanto atrevido. Los
experimentos originales han sido reproducidos -incluso mejorados- en incontables
ocasiones, pero nadie ha sido capaz de dar un paso definitivo en la explicación
del fenómeno, una anomalía científica de primer orden. Técnicos competentes, con
amplia experiencia en el laboratorio, se desesperan al comprobar cómo el mismo
experimento, idéntico hasta el mínimo detalle, arroja resultados diferentes cada
vez que se realiza. A veces no sucede nada en absoluto, otras, en cambio, la
producción de calor es intensísima, e incluso sigue produciéndose cuando ya se ha
dejado de proporcionar electricidad al sistema. Para añadir confusión, se ha
comprobado que determinadas frecuencias acústicas actúan de catalizador de estas
reacciones y que, en no pocas ocasiones, se producen transmutaciones en el
interior de los electrodos o inexplicables manifestaciones luminosas en los vasos
que contienen el líquido. Todo esto sería un sin sentido de no ser porque los
resultados, aunque caprichosos, son perfectamente mensurables dentro de la más
rígida ortodoxia del método científico. 
 
                  Tal vez los antiguos alquimistas (depositarios a fin de
cuentas de los vestigios de la antigua ciencia) pudieran aportar algo de luz a
los trabajos de sus modernos seguidores. Ellos sabían bien que determinados
momentos astrológicos eran más propicios que otros a la hora de llevar a cabo sus
operaciones transmutatórias. Bajo el prisma de la física moderna esto es una
insensatez pero, considerado bajo la perspectiva de la física hiperdimensional,
todo adquiere un sentido muy claro ya que, como hemos visto anteriormente, es
precisamente el curso de los planetas el que marca la pauta de transferencia de
energía entre las dimensiones, posiblemente esa misma energía que se detecta en
los recipientes de la fusión fría pero acerta a explicar de dónde proviene. Por
otro lado, resulta curioso que tanto el paladio como el platino, así como el
alunimio (empleado también en experimentos de fusión fría) tengan una estructura
cristalina en forma de tetraedro y sus átomos se organicen formando esta misma
figura geométrica, clave en las fórmulas de la física hiperdimensional. Es muy
probable que estos exploradores en el campo de la fusión fría estén
redescubriendo algunos de los secretos que ya conocían los antiguos alquimistas y
puede que alguien haya llegado un poco más lejos aunque amparado en las sombras
de un impenetrable secreto? 
 
                  El gran secreto 
                  Es posible que estemos otorgando atributos de máxima novedad a
algo que determinados grupos podrían haber conocido y desarrollado en secreto
desde hace años. En la comunidad de los estudiosos de las conspiraciones hace
tiempo que existe una creencia muy extendida respecto a la existencia de un "gran
secreto" que explicaría en buena parte de los casos de conspiración y
encubrimiento que envuelven al gobierno estadounidense. La mayor parte de estos
estudiosos opina qué este secreto podría estar relacionado con los aparatos que
incesantemente vienen avistándose en nuestros cielos desde que en 1947 comenzara
a hablarse de ?platillos volantes?. Pero existe otro sector que, afinando un poco
más, opina que tras este muro de silencio se oculta el encubrimiento de toda una
nueva rama de la ciencia, cuyo desarrollo tecnológico habría sido llevado a cabo
en secreto durante los últimos 50 años. La Física Hiperdimensional podría muy
bien ser esa ciencia. 
 
                  Aquí podría encontrarse la explicación al interés, por
supuesto extraoficial, que diversos departamentos gubernamentales norteamericanos
han mostrado por los trabajos del heterodoxo y genial inventor Nicola Tesla,
plenamente convencido de la existencia de otras dimensiones y de nuestra
capacidad para contactar con ellas. También se explicaría la implacable
persecución que sufrió en vida otro inventor genial, Wilhem Reich, cuyo trabajo
ha sido sistemáticamente suprimido por un organismo con tan pocas atribuciones el
campo de la corrección científica como pueda ser el FBI. Reich había dado con una
fuente de energía libre (orgón la llamaba) a la que accedía a través de
"generadores" en los que una serie de formas geométricas -en especial las
asociadas al tetraedro- tenían una vital importancia. De igual forma, la
existencia de un desarrollo tecnológico tan secreto como apartado de la ciencia
convencional explicaría la existencia en el seno de las altas esferas militares
de conocimientos más propios de la ciencia-ficción que de nuestro mundo como los
aludidos por incontables testigos de diversos casos de conspiración, desde el
famoso experimento Filadelfia hasta el HAARP (un proyecto ultra secreto para
controlar el clima con fines militares, cuya sede se encuentra en Alaska) pasando
por las misteriosas actividades que se desarrollan en la mítica área 51. También
quedaría explicada de esta manera la serie de incongruencias y ocultaciones en
las que lleva años incurriendo la NASA en lo tocante al tema de Cydonia, o el
súbito interés que la Ballistic Missile Defense Organization, dependiente del
Pentágono, ha tomado por la exploración de nuestro satélite, en donde según
Richard Hoagland podría haber señales parecidas a las dejadas en Marte. 
 
                  Pero, ¿por qué suprimir una tecnología que podría suponer el
inicio de una edad de oro para la humanidad? Aquí ya no estamos hablando de
mantener una ventaja estratégica sobre un potencial enemigo o de oscuros
intereses económicos asociados a los grandes cárteles de la energía. Lo que está
en juego en este tema de esa algo aún más importante. Con una fuente de energía
virtualmente gratuita y sin contar con otras insospechadas aplicaciones que
pudiera tener la tecnología hiperdimensional (viajes espaciales, transmutación de
los elementos, control del clima...) nos encontraríamos ante un cambio radical de
toda la estructura social y geopolítica a escala mundial. La energía libre
traería consigo que prácticamente cualquier producto de los que adquirimos
habitualmente tuviera un precio hasta un 80% menor del actual. El sistema
económico mundial se derrumbaría bajo el peso de toneladas de oro producido en el
laboratorio y que ya no tendría ningún valor. Conceptos como riqueza, pobreza o
propiedad se convertirían en meros recursos retóricos sin ninguna realidad social
que los respaldase. Se abriría una época de caos, pero también de esperanza y eso
sea lo que no están dispuestos a permitir quienes actualmente desarrollan esa
tecnología al servicio de sus inconfesables planes. Pero con su colaboración o
sin ella parece ser que las cosas van a cambiar, ya que la física
hiperdimensional también cumple su papel en el proceso de la evolución planetaria
y todo indica que estamos en el umbral de un cambio. 
 
                  Un salto evolutivo 
                  Conocedor de todos los datos que acabamos de exponer, el autor
norteamericano David M. Jinks los ha estudiado cuidadosamente y ha elaborado la
que quizá sea la teoría más importante de cuantas rodean en controvertido asunto
de la Física Hiperdimensional, la cual ha expuesto en un libro sumamente
revelador titulado titulado The monkey and the tetrahedron. En él, Jinks hace un
repaso de todo lo que hemos visto hasta ahora para llegar a una sorprendente
conclusión, que los periodos de actividad Hiperdimensional están íntimamente
ligados a la evolución del ser humano y que, en la actualidad, estamos a punto de
vernos inmersos en uno de esos saltos evolutivos. 
 
                  Su argumentación, a pesar de movernos en un terreno
tradicionalmente dominado por la subjetividad, no puede ser, sin embargo, más
racional. La práctica totalidad de los textos espirituales, antiguos o modernos,
insisten en recalcar la importancia del amor como llave que abre las puertas de
la evolución humana. El amor es aceptación incondicional o, dicho de otra forma,
un flujo completamente libres y sin restricciones de información, que puede tomar
la forma de palabras, pensamientos o pura energía. En un mundo donde la
aceptación incondicional fuera la regla, la energía en todas sus formas fluiría
coherentemente sin ningún tipo de resistencia. El amor, descrito de esta manera,
sería el estado ideal para la transmisión de la energía. Ahora, consideremos este
concepto en términos de la física hiperdimensional. En el punto más alto de uno
de estos periodos en los que la transmisión de energía desde otras dimensiones
crece considerablemente, cuando la geometría del sistema está perfectamente
alineada para permitir el flujo de información procedente de dimensiones más
altas hacia nuestra realidad, ¿qué sucede? Básicamente, que aquellos sistemas que
estén dispuestos a aceptar sin resistencia el flujo energético que les llegue se
verán positivamente influidos, transformados, por éste, mientras que aquellos que
opongan resistencia al nuevo patrón de vibraciones sufrirán toda una serie de
consecuencias adversas. 
 
                  Pues bien, a través de las predicciones de la Física
Hiperdimensional Jinks nos dice que esos periodos de máxima transferencia se dan
cíclicamente y vienen a coincidir con aquellos momentos en los que nuestro
planeta se producen grandes convulsiones evolutivas, con extinciones en masa de
ciertas especies y la aparición o transformación de otras. Lo más inquietante es
que todos los datos parecen indicar que precisamente ahora nos encontramos
inmersos en uno de esos momentos. 
 
                  Es de justicia dejar constancia de que estos grandes ciclos ya
fueron descritos con precisión por cosmogonías tan alejadas entre si como la
maya, la hindú o la de los indios Hopi norteamericanos, todas las cuales
coinciden en situar en la actualidad el final de uno de estos períodos. Pero
además existen pruebas objetivas que vienen a confirmar la veracidad de estas
antiguas profecías. Uno de estos parámetros, es la llamada resonancia de
Schumann, que es una serie de ondas estacionarias que existe en la ionosfera de
la tierra. La existencia de estas ondas fue pronosticada 1952 por el físico
alemán W. O. Schumann, quien consiguió detectarlas en 1954. Simplificando mucho,
estas ondas pueden ser descritas como la resonancia electromagnética de nuestro
planeta. 
 
                  Se puede pensar en esta frecuencia como en el pulso vibratorio
fundamental de la tierra, que define un patrón electromagnético específico propio
de este planeta que afecta y envuelve a todos sus habitantes. Este patrón
vibratorio es extraordinariamente estable y comprende un rango de frecuencias de
7.8, 14, 20, 26, 33, 39 y 45 Hz. La constancia de la resonancia de Schumann es
tal que las comunicaciones militares de todo el mundo se han establecido en base
a ella. 
 
                  Pero en 1987, sin razón aparente, el pulso del planeta comenzó
incrementarse. Según observaciones realizadas en el Instituto de Meteorogía y
Geofísica de la Universidad de Frankfurt y en la Universidad de Alaska, en 1994
ese latido estable de 7,8 ciclos por segundo había aumentado casi un 11%,
alcanzando los 8, 6 Hz. En noviembre de 1996 ese incremento era aún mayor y la
habitual estabilidad de esta constante se había perdido, viéndose sometido a
imprevisibles fluctuaciones. Se trata de un hecho alarmante, no sólo porque algo
considerado hasta ahora como constante ha dejado de ser fiable, sino porque se
trata de un fenómeno absolutamente inexplicable por más que en los informes
oficiales se mencione que es "consistente con las teorías aceptadas". Se cree que
la vibración se volverá estabilizar cuando alcance los 13 Hz, el número siguiente
en la serie de Fibonacci, una progresión numérica muy significativa dentro de la
física hiperdimensional. 
 
                  ¿Qué quiere decir todo esto? Básicamente, que un flujo de
energía de origen desconocido no sólo está penetrando en nuestro planeta, sino
haciendo subir su patrón vibratorio y, con él, el de todos sus habitantes. El
calentamiento del globo, el agujero de la capa de ozono o el inexplicable
fenómeno al que se enfrentan psicólogos de todo el mundo al comprobar cómo los
coeficientes intelectuales de los niños nacidos recientemente crecen por encima
de la media sin que haya causa aparente para ello, puede ser otros síntomas de
que un flujo de energía/ información está comenzando a transformar nuestro
planeta. De nuestra capacidad para vibrar en armonía con él puede depender
nuestra supervivencia como especie o el que venga a sustituirnos una raza que
encaje mejor con el nuevo patrón. 
 
                  Un universo por explorar 
                  En un espacio extremadamente reducido hemos intentado resumir
conceptos que requerían cientos de páginas para ser explicados adecuadamente.
Nuestra intención ha sido dar a conocer la existencia de un nuevo paradigma que
podría por sí solo dar explicación a muchos de los misterios que actualmente se
consideran irresolubles. A pesar de la incomprensión cuando no el abierto acoso
por parte de las instituciones académicas oficiales, decenas de personas trabajan
actualmente para abrir caminos en un campo que podría conducir a la humanidad
hacia la tan anhelada edad de oro. En un momento en el que la tecnología y la
ciencia en que se basa parecen estar a punto de tocar techo, y en el que una
nueva conciencia, con nuevos valores y ambiciones, se va colando de rondón en
nuestra sociedad, tal vez haya llegado el momento, querámoslo o no, de que la
humanidad avance un paso en su camino. De ser así, lo más apropiado sería que lo
hiciéramos voluntariamente porque, si esperamos a dejarnos llevar por las
circunstancias, es posible que la transición resulte mucho más dolorosa de lo que
pudiéramos imaginar. 
 
                  Los tiempos están cambiando, y numerosas evidencias parecen
indicar que esta vez va en serio...   
 
            
      
 
 
 
 
 
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