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Responder a este mensaje
Asunto:Re: [debunker] Saludos...
Fecha:Jueves, 19 de Julio, 2001  10:57:22 (GMT)
Autor:aazofra <aazofra @......es>

Hola a todos. 
Estoy usando un correo de estos de web que me corta todos mis mensajes. 
Voy a intentarlo enviar de nuevo a ver si sale. Afortunadamente, esta  
vez he tenido la precaución de copiarme el texo. 
 
Un saludo y de nuevo perdón por las molestias. 
 
Hola Gabriel: 
 
Ciertamente me han gustado los relatos que nos has enviado; más el  
primero que el segundo. A ver que te parecen mis comentarios. 
 
En el primero, como caricatura de racionalista, confieso que me  
encuentro un tanto reflejado. A ver si nos entendemos, que nadie crea  
que voy por ahí rompiendo espejos, esparciendo la sal o cruzando  
escaleras. Simplemente acepto que es posible que nos tomemos algunas  
cosas excesivamente en serio, que una cosa es la caricatura y otra es  
la realidad. 
 
De todas maneras, puesto que me siento aludido, si que me gustaría  
defenderme de la acusación de superficialidad que observo cuando se  
ponen en boca del protagonista comentarios sobre Nieztche o el horror  
que le producen los espejos a Borges. Digamos que los racionalistas -no  
en el sentido de corriente filosófica sino como actitud ante la vida,  
si es que se permite esta distinción- también sabemos ser profundos. De  
hecho, nos jactamos de saber mejor que nadie distinguir entre lo que es  
profundo y lo que es pretencioso. Ya se que no es muy decoroso tomarse  
tan en serio una caricatura hasta el punto de ponerse a rebatirla, lo  
que ocurre es creo que enlaza muy directamente con el debate que has  
mantenido hasta hace poco, sobre todo con Hernan, acerca de  
Braudillard.  
 
Por cierto, no se si es otro elemento caricaturesco o es simplemente un  
error, pero, por si acaso, aclaro que Einstein nunca dijo que el azar  
tubiese nada que ver con la realidad, sino todo lo contrario. Mas o  
menos lo que dijo es "Dios no juega a los dados". 
 
El segundo relato me parece un retrato muy simpático, empalagoso  
incluso, de un supersticioso. Quizás sea también una caricatura y yo no  
sepa verlo porque para mí, la caricatura de un supersticioso debería  
tener cuernos y rabo; quizá sea eso. 
 
Un Saludo 
 
----- Mensaje original ----- 
De: gabriel1.0@... 
Fecha: Miércoles, Julio 18, 2001 10:42 pm 
Asunto: [debunker] Saludos... 
 
> He colocado en la sección de ficheros de la lista, en el folder de  
> documentos y archivo denominado 'Laicos y superticiosos', es  
> literatura y espero que les agrade... 
>  
> Para muestra le dejo, para su deleite, lo siguiente: 
>  
> ************** 
> Buena suerte  
> Para Blanca 
> Hoy que he decidido hacer un recuento de mi vida quiero dejar  
> constancia de mi insólita batalla contra la superstición. A mi  
> padre, un ingeniero agropecuario con una secreta afición por la  
> botánica, le debo mi espíritu crítico y mi natural desconfianza  
> hacia la  uperchería. Por desgracia, su repentina muerte provocó  
> que mi hogar quedase a merced de los prejuicios. Al observar las  
> ancestrales costumbres de mi madre y de mis ayas comprobé que, si  
> bien se nos 
> inculca que vivimos en una época dominada por las luces, en  
> realidad no hemos abandonado las penumbras del Medioevo. 
> Durante mi penosa adolescencia la lucha contra sus fobias se  
> transformó para mí en una sólida obsesión. Internado en un colegio  
> católico, no podía concebir que seres racionales invirtieran  
> tantas horas en musitar avemarías y menos aún que tuviesen el  
> descaro de recurrir a la 
> benevolencia divina para disminuir su miseria. Tras descubrir a  
> Nietzsche, quedé convencido de que el mundo no podía ser una pieza  
> teatral sometida a los caprichos de un dramaturgo tan mediocre. Me  
> parecía inconcebible que, mientras decenas de genios se esforzaban  
> paradesentrañar las leyes del cosmos, tantos infelices fuesen  
> subyugados por la sinrazón. Si el universo obedecía a una  
> causalidad determinista en la cual no cabían los misterios o, como  
> señaló Einstein, el azar, ¿a quién podía ocurrírsele que un  
> presentimiento o una simple coincidencia decretasen el futuro como  
> un anciano juez firma una sentencia de muerte?  
> Pese a la férrea oposición materna, al salir de la preparatoria me  
> inscribí en la carrera de Física en la Universidad Nacional; ahí  
> comprendí que debía extender mi desafío hacia terrenos más 
> mundanos. Harto de soportar las prohibiciones familiares, me  
> investí con la misión de trastocar públicamente todos los  
> prejuicios: mi tarea consistiría a partir de entonces en demostrar  
> que aquellas absurdas consejas no eran más que prehistóricos  
> resabios. Frenético, esa misma tarde me compré una libreta y  
> enlisté las disparatadas normas que deseaba subvertir.  
> Mi primer objetivo consistió en desmentir la satánica influencia  
> de las escaleras. Siempre que me topaba con un pintor que  
> emparejaba un tejado, un electricista que inspeccionaba una farola  
> o un abnegado trabajador de Teléfonos de México, no resistía la  
> tentación de pasar por abajo de sus piernas. A continuación me  
> dediqué a perseguir —y torturar— gatos negros, abrir  
> paraguas en el interior de las casas como quien enciende un  
> cigarrillo, pisar con saña las líneas del 
> pavimento, concebir festines de trece invitados, pronunciar a  
> gritos la palabra serpiente y esparcir la sal por los manteles.  
> Mis amigos y vecinos contemplaban mi proceder horrorizados, como  
> si presenciasen los delirios de un maniaco, pero en todos los  
> casos verifiqué mi hipótesis: 
> nada ocurrió. No me partió un rayo, no me atropelló un automóvil,  
> no me aplastó un piano, no fui víctima de la peste. 
> Envanecido por este éxito inicial que me aproximaba a la condición  
> de artista del performance, poco a poco refiné mis preferencias y  
> me transformé en un especialista en contrariar a los espejos. Como  
> Borges, siempre sentí un horror innato por esos objetos que  
> prolongan la 
> apariencia y multiplican los rostros pero, dado que el escritor  
> argentino se limitó a narrar su espanto, yo decidí transformarme  
> en su mano justiciera, indiferente a los septenios de infortunio 
> que se precipitarían sobre mí. Cada vez que divisaba uno de esos  
> fatídicos objetos en los muros de un baño público, una tienda de  
> modas o el camerino de un artista —procuraba pasar  
> inadvertido—, no dudaba en quebrarlo en mil pedazos,  
> provisto con un arsenal de martilletes de 
> distintas formas y perfiles que había ido acumulando con el  
> tiempo. A lo largo de más de veinte años he masacrado a más de  
> diez mil de estos relucientes enemigos y, como lo advertí desde un  
> principio, nada ha sucedido. No me he despeñado a las vías del  
> metro, no me ha mordido un 
> perro rabioso, no me ha alcanzado una bala perdida, no me ha  
> mutilado un serial killer. 
> El mundo, por desgracia, nunca ha calibrado la magnitud de mis  
> esfuerzos. Hasta ahora nadie se ha detenido a estudiar mis  
> movimientos, nadie ha reparado en el valor de mi afrenta, nadie ha  
> cantado mis glorias como héroe de la razón. Por ello, ahora que  
> realizo el fugaz inventario de mi vida, sólo me gustaría pedir que  
> alguien se acuerde de mi nombre. En medio de esta renegrida  
> soledad, ni siquiera necesito escribir que no se culpe a nadie de  
> mi muerte. - 
> — Jorge Volpi 
>  
>  
> Fervor supersticioso  
> Si no fuera supersticioso me daría tanto miedo el lenguaje que  
> palabras de significado tan ambiguo como dilogía, órdiga, capitoso  
> o capricante, e incluso neologismos guasones como ñáñaras o  
> arcaísmos retrucados como endenantes serían suprimidos para  
> siempre —¡y con justificada ira!— de mi escritura.  
> Pero como soy un crédulo incorregible, se me figuran como 
> chispas que se abren en flor y nada más. Si no fuera supersticioso  
> no escribiría con poca ropa o de cuando en cuando totalmente  
> desnudo. Si lo hago es porque siento que fluyen con mayor rapidez  
> las ideas y se armonizan a partir de estratagemas que en lo básico  
> desconozco. A veces he experimentado escribir con corbata y saco  
> y, desde luego, con pantalón de casimir. No niego que descubro una  
> maravilla tras otra; sobre todo siento que la solemnidad es  
> fulgurante, y el humor, algo senil, siempre es de salón tanto como  
> las ideas. Lo cierto es que, pese al venero que emana de ese  
> apretuje elegantioso, la tan recomendada formalidad "sobre la  
> formalidad" no va conmigo. Tal vez si viviera en un país nórdico  
> funcionaría, pero entonces no sería supersticioso. Ahora me  
> pregunto ¿por qué no nací en un país más frío, más estricto y más  
> enfermo de sofisticación? Me consuela responderme que a lo mejor  
> la Providencia quiso que naciera en México porque jamás admiraría  
> a los escritores entrecejados de por vida, o tal vez sí, pero no  
> de inmediato, o acaso dependiendo... etcétera. Empero no cargo con  
> ningún sentimiento de culpa, tampoco lo tendré porque ya hice el  
> intento de unir dos actitudes radicalmente opuestas: en alguna  
> ocasión estando desnudo se me ocurrió ponerme una corbata de seda;  
> logré redondear frases excéntricas y algunas medio capciosas, pero  
> al final todo fue inútil. Si no fuera supersticioso sería un  
> escritor profesional. Confieso que aún no sé en qué consiste el  
> profesionalismo literario, pero creo que es el de aquellos autores  
> (esquemáticos, pero irrompibles) que se obligan a documentar todo  
> cuanto imaginan. Son tan fríos y calculadores —habida cuenta  
> de que están pendientes mañana, tarde y noche de las contingencias  
> del mercado de los productos editoriales— que hasta para ser  
> sensibles se tienen que documentar. Mi superstición consiste en  
> que si los leo me volveré más frío y calculador que ellos. Si no  
> fuera supersticioso ¿qué podría ser?, ¿un descalificador a  
> ultranza al que la vida misma le produce cólera casi a cada  
> instante?, ¿o un energúmeno para quien la realidad o la miseria 
> humana, cuando no el escrúpulo, son los máximos referentes? No lo  
> sé, pero estoy seguro de que si no fuera supersticioso,  
> encontraría mil maneras para serlo, a sabiendas de que la  
> superstición es siempre equívoca. - 
> — Daniel Sada 
> ****************** 
>  
> Salud... 
>  
>                                    g. 
>  
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