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Asunto:[debunker] Por que los pseudotratamientos o curanderia parecen funcionar?
Fecha:Miercoles, 19 de Diciembre, 2001  02:12:08 (-0500)
Autor:neflenin <neflenin @...............cu>

Hola a todos: 
 
Traducción y ampliación de un artículo de Barry Beyerstein. 
Miembro del CSICOP 
 
Los pseudotratamientos o curandería parecen funcionar por las 
siguientes razones: 
 
1) Tratar enfermedades banales, enfermedades que de todas formas iban 
a curar por sí solas, sin médicos ni medicinas. El cuerpo humano se 
cura por sí solo en un buen número de casos y cuando esto ocurre, el 
enfermo atribuye la curación a cualquier cosa que estuviera 
practicando en ese momento. Ejemplo de ello son cuadros febriles 
virales, infecciones agudas benignas, diarreas agudas por protozoos, 
bacterias o virus, ingesta alimentaria, dolores musculares agudos por 
esfuerzos físicos intensos no habituales, herpes zóster , infecciones 
urinarias agudas, y otros. Una neumonía en una persona joven o adulta 
cura por sí sola, sin antibióticos ni médicos en la mayoría de los 
casos, y si ese joven fue atendido por un curandero o se le aplicó una 
pseudoterapia le atribuye su curación a su poder. (Pero en un anciano 
o en un diabético o en alguna persona que tenga otra enfermedad que 
disminuya su defensa inmunológica o se complique con otra enfermedad, 
puede tener consecuencias peores, en este caso puede fallar la 
pseudoterapia o el curandero en un gran porcentaje).  
 
Muchas enfermedades tienen su propia duración y pueden haber seguido 
su curso normal y dada la situación no son crónicas ni fatales. Los 
propios procesos de recuperación del cuerpo generalmente restauran la 
salud del enfermo. Para que una terapia sea calificada de curativa, 
sus creadores deben demostrar que el número de enfermos curados 
exceden la proporción de los que se recuperaron sin ningún tratamiento 
(o que se recuperaron más rápido que los sin tratamiento). 
 
2) Enfermedades crónicas que se manifiestan en crisis y la mayoría de 
las veces mejoran por sí solas (crisis transitorias). Por ejemplo, el 
gran mal epiléptico, las crisis del asma bronquial. En estos casos, no 
abortar o interrumpir la crisis de inmediato con el tratamiento 
científico, trae progresivamente, a largo plazo, malas consecuencias: 
en el epiléptico, deterioro cerebral, y en el asmático, el enfisema. 
 
Muchas enfermedades son cíclicas. La artritis, lumbalgias, la 
esclerosis múltiple, alergias, trastornos gastrointestinales, son 
ejemplos de enfermedades cíclicas que normalmente alternan dos fases: 
la activa o sintomática y la silenciosa o asintomática. Como es de 
esperar, los enfermos buscan tratamiento durante la fase activa. Un 
pseudotratamiento tendrá repetidas oportunidades de aplicarse en esa 
fase activa la cual de todas formas evolucionará a la silenciosa. 
Tanto el enfermo como el curandero están propensos a mal interpretar 
esas recuperaciones naturales como si fuese una curación por la 
pseudoterapia. 
 
3) El efecto placebo. El mayor motivo para que los remedios 
fraudulentos sean acreditados con mejorías subjetivas, y 
ocasionalmente objetivas, es el efecto placebo. La historia de la 
medicina esta llena de ejemplos de lo que, en retrospectiva parecen 
procedimientos excéntricos, que una vez fueron aprobados con 
entusiasmo por médicos y pacientes a la vez. Erróneas atribuciones de 
este tipo surgen de la falsa presunción de que un cambio en los 
síntomas, luego de un tratamiento, debe ser una consecuencia 
específica de ese procedimiento. Mediante una combinación de 
sugestiones, creencias, expectativas, reinterpretaciones, y 
distracción de la atención, los pacientes a los que se les han dado 
tratamientos biológicamente inútiles pueden luego experimentar alivio. 
Algunas respuestas placebo producen cambios reales en la condición 
física, otras son cambios subjetivos que hacen que los pacientes se 
sientan mejor, aunque no haya ocurrido ningún cambio objetivo en la 
enfermedad. 
 
A través del contacto repetido con los procedimientos terapéuticos 
científicos, todos nosotros desarrollamos, semejante a los perros de 
Pavlov, reacciones condicionadas en varios sistemas fisiológicos. 
Luego, dichas respuestas pueden ser disparadas por la situación, 
rituales, ambientes, o información verbal que señala el acto de "estar 
siendo tratado". Entre otras cosas, los placebos pueden causar la 
liberación por parte del cuerpo de analgésicos tipo morfina o 
endorfinas. Debido a que estas respuestas condicionadas pueden ser 
paliativas, aun cuando un tratamiento por sí mismo no se relaciona 
fisiológicamente con la fuente de enfermedad, las supuestas terapias 
deben ser probadas contra un grupo con similares pacientes que reciben 
un tratamiento simulado que se parece al "real" excepto que el 
supuesto ingrediente activo se oculta, éste es el llamado grupo 
control placebo. 
 
Es esencialmente importante que los enfermos en dichas pruebas sean 
asignados al azar a sus respectivos grupos y que ellos estén a 
"ciegas", lo cual significa, que no saben a cual grupo pertenecen, ni 
si están recibiendo el ingrediente activo o el placebo. Debido al 
poder de lo que los psicólogos llaman expectativa y efectos de 
adaptabilidad, es tan fuerte, que los terapeutas también deben estar a 
ciegas como los pacientes de cada grupo. Por lo tanto, el término a 
doble ciego es el estándar de oro de todo resultado investigativo. 
Tales precauciones son necesarias, porque cualquier sugestión 
escasamente perceptible no intencionada puede ser expresada por los 
realizadores del tratamiento que no estén a ciegas, lo cual perjudica 
los resultados de la prueba. Igualmente, aquellos que evalúan los 
efectos del tratamiento también deben estar a ciegas, ya que existe un 
gran número de "experimentos perjudicados", demostrando que 
profesionales honestos y bien entrenados pueden inconscientemente 
"entreleer" los resultados que ellos esperan obtener cuando ellos 
intentan valorar fenómenos complejos. 
 
Cuando se completa el ensayo clínico, la condición de a ciegas se 
rompe para realizar comparaciones estadísticas entre los grupos 
activo, placebo y sin tratamiento. Sólo si las mejorías observadas en 
el grupo con tratamiento activo exceden las de los dos grupos de 
control por una cantidad estadísticamente significativa, es que la 
terapia puede llamarse efectiva. 
 
[Actualmente el Dr. Victor Herbert ha comprobado que los niveles de 
endorfinas suben por cualquier estímulo irritante  como un pellizco en 
cualquier parte, o por varias actividades como correr, meditar, y 
otras, por lo tanto, la acupuntura no es la única. Se ha verificado 
que el lugar exacto de insertar agujas de acupuntura no se relaciona 
con el alivio del dolor u otros efectos clínicos obtenidos (Richardson 
y Vincent 1986). Otros investigadores han fallado al reproducir con 
rigor la reversión de la analgesia acupuntural por la naloxona, 
antagonista de la morfina. Debe señalarse que el papel de las 
endorfinas en el alivio del dolor constituyen asuntos polémicos, 
debido a que las concentraciones de endorfina en el plasma no se 
relacionan de forma consistente con los niveles de dolor experimentado 
por los humanos (Skrabanek 1985). Y finalmente, una elevación 
transitoria en los niveles de endorfina podría no representar de forma 
razonable el alivio prolongado del dolor como claman los 
acupunturistas, ni otras curas reconocidas en los sistemas de órganos 
que no se afectan las endorfinas. Añade el Dr. Herbert que el pellizco 
es menos invasivo que la acupuntura y carece de riesgos de transmisión 
de hepatitis y SIDA. También la inmovilización necesaria para insertar 
la aguja en los animales se ha demostrado que produce una especie de 
catatonia/analgesia por sí misma.] 
 
4) Síntomas supuestamente curados que son psicosomáticos. Muchas 
aflicciones físicas pueden surgir tanto por aflicciones psicosociales 
como ser aliviadas mediante apoyo y consuelo. A primera vista, estos 
síntomas (en varias épocas llamados "psicosomáticos", "histéricos", o 
"neurasténicos") asemejan a esos síndromes médicos reconocidos. A 
pesar de la existencia de varias "ganancias secundarias" 
(psicológicas, sociales y económicas) que se ajustan a aquellos que 
caen de esta forma en "el papel de enfermos", no es necesario 
acusarlos de invenciones conscientes, además de señalar que sus 
síntomas se mantienen por procesos psicosociales dudosos. 
 
Los curanderos, alternativistas, y similares son los que complacen a 
este número de "preocupados" quienes están equivocadamente convencidos 
de que están enfermos. Sus dolencias son un ejemplo de somatización, 
que es la tendencia de expresar preocupaciones psicológicas en un 
lenguaje de síntomas semejantes a los de las enfermedades orgánicas. 
Los practicantes fraudulentos o curanderos ofrecen alivio a estos 
individuos que por razones psicológicas necesitan que los demás crean 
que existen etiologías orgánicas para sus síntomas. Frecuentemente con 
la ayuda de dispositivos de diagnósticos pseudocientíficos, 
practicantes fraudulentos refuerzan la convicción del somatizador, de 
que las organizaciones médicas de frío corazón y mente estrecha que no 
le encuentran nada físicamente mal, son a la vez incompetentes e 
injustas al negarse a reconocer una condición orgánica muy real. Una 
gran parte de esos diagnosticados con "fatiga crónica", "síndrome de 
sensibilidad ambiental", y de varios trastornos por estrés se parecen 
mucho a los clásicos somatizadores. Cuando a través del rol de los 
rituales de "proporcionar tratamiento", los falsos terapeutas 
proporcionan consuelo, seguridad, y apoyo existencial que sus enfermos 
buscan, esto es obviamente meritorio, pero todo esto no es extraño a 
los practicantes científicos quienes tienen mucho más que ofrecer. Lo 
malo de todo esto es que alimentan el deseo de los diagnósticos 
médicos por dolencias psicológicas que promueven pensamientos mágicos 
y pseudocientíficos mientras que aumenta indebidamente el por ciento 
de éxito de los falsos terapeutas o curanderos. Lo más triste es que 
perpetúa el sentimiento anacrónico de que hay algo vergonzoso o ilegal 
acerca de los problemas psicológicos. Por todo esto, de las 
enfermedades mentales, el curandero o pseudoterapeuta tiene mejor 
éxito con las neurosis que con las psicosis. Ejemplo de ello: neurosis 
histérica, neurosis de ansiedad.  
 
En los años 50, el Dr. Peter Denker de New York, al estudiar cientos 
de neuróticos que fueron tratados por sus médicos de familia con 
medicamentos corrientes expendidos en la farmacia, añadiendo sus 
leales consejos e indicaciones se comprobó que dos de cada tres 
neuróticos se restablecieron al cabo de dos años e igual sucede cuando 
al enfermo no se le somete a ningún tratamiento. 
 
En 1960, el Dr. H. J. Eysenck de los Laboratorios de Psicología del 
Instituto de Psiquiatría de la Universidad de Londres, planteó que los 
enfermos neuróticos, en la mayoría de los casos, experimentan mejoría 
sin relación alguna con el tratamiento a que se les somete, mas el 
hecho se interpreta, tanto por el enfermo como por el que lo trata, 
como prueba de la eficacia del método. Cuanto más los enfermos se 
mejoran, tanto más el que los trata se convence de la excelencia de su 
sistema curativo. Iguales resultados se obtienen con la imposición de 
manos, baños fríos, píldoras falsas, sugestión, confesión, plegarias y 
psicoanálisis. Así todo profesional o curandero logra éxitos, a causa 
de que sea cualquiera el remedio que se use. Se tiene ya la 
explicación del prestigio de la terapéutica empleada tanto entre los 
que aplican estos tratamientos, como entre los enfermos; los fracasos 
se olvidan, y los éxitos se adjudican al método, sin advertir el 
sofisma en que se incurre. Es por esto la imperiosa necesidad de 
aplicar el ensayo clínico controlado. 
 
5) Diagnóstico erróneo: por parte del paciente o por el médico. 
 
Por el paciente: los hipocondríacos y otras personalidades fácilmente 
impresionables pueden ser inducidos a pensar que ellos tienen 
enfermedades que realmente no tienen. Cuando estas personas saludables 
acuden a su médico y les dice que no tienen signos orgánicos de 
enfermedad, quedan insatisfechas y frecuentemente acuden al curandero 
y similares, el cual casi siempre le encontrará algún tipo de 
"dolencia". Y si la "recuperación" se logra, otro convencido ha 
nacido. 
 
Por el médico: los médicos entrenados científicamente no son 
infalibles, pueden dar un diagnóstico erróneo y si este paciente acude 
a un santuario, curandero, o pseudoterapias, se va a "curar" de una 
enfermedad que nunca existió. 
 
Hay médicos, cuya  mala capacidad u otras circunstancias no dieron con 
el diagnóstico adecuado, como ha sucedido con casos de histeria de 
conversión y otras neurosis. Otros médicos sobrevaloran una enfermedad 
pasajera, banal o la confunden con otra que de todas formas iba a 
curar o mejorar por sí sola. Diagnósticos presuntivos no confirmados o 
verificados, errores de diagnosticología, como cánceres que nunca lo 
fueron. También hay que señalar a médicos que no explican lo que es un 
diagnóstico presuntivo o posible, sin confirmación, se apresuran a 
etiquetar. El paciente y/o sus familiares, que no saben qué es una 
sospecha diagnóstica, lo interpretan como diagnóstico seguro dado por 
el médico. Al no aparecer la enfermedad en los estudios de análisis, 
placas u otra investigación técnica refieren que ocurrió el milagro.  
 
6) Éxito del tratamiento médico en enfermos que luego han asistido al 
curandero o similares, pero el enfermo refiere que el que lo curó fue 
el pseudotratamiento o el curandero. Por ejemplo, cánceres ya tratados 
por el médico ya sea mediante la radioterapia, quimioterapia o 
inmunoterapia los cuales han mejorado, se han reducido, pero la 
familia del enfermo refiere que el cáncer fue curado por la 
pseudoterapia o el curandero.  
 
7) Muchos pseudoterapeutas, curanderos o similares, no propagan su 
pseudotratamiento como una posibilidad o alternativa más, sino como un 
complemento, haciéndose propaganda de que ellos pueden expandir los 
efectos del tratamiento médico. De esta forma el enfermo realmente se 
cura por el tratamiento científico, pero cree que fue curado por el 
pseudotratamiento del curandero o del alternativista. 
 
8) Remisión espontánea. Existen enfermedades reportadas como malignas 
que curan espontáneamente. Cánceres que son casi siempre letales 
pueden desaparecer sin mucho tratamiento. Un oncólogo experto como 
Silverman publicó en 1987, sobre este fenómeno señalando que vio 
curarse a 12 de casi 6 000 casos. Aquí la curandería, pseudoterapias o 
la medicina alternativa, pueden resonar con inmerecidas aclamaciones 
ya que muchos enfermos desesperados recurren a estos 
pseudotratamientos cuando piensan que no tienen nada que perder. 
 
Se piensa que estas remisiones espontáneas ocurran por mecanismos del 
sistema inmunológico u otro. La psiconeuroinmunología estudia cómo las 
variables psicológicas afectan los sistemas nervioso, glandular e 
inmunológico actuando sobre la susceptibilidad y/o la recuperación de 
la enfermedad. Si los pensamientos, emociones, deseos y creencias son 
estados físicos del cerebro no existe nada místico en que los procesos 
neurales afecten procesos celulares glandulares e inmunológicos y 
otros, a través del cuerpo. Por medio del sistema límbico del cerebro, 
el eje hipotálamo hipofisiario y el sistema nervioso autónomo, las 
variantes psicológicas pueden dar amplios efectos psicológicos que 
pueden tener impactos positivos o negativos sobre la salud. Pero es 
importante recordar que estos efectos son bastante pequeños y 
representan tal vez un por ciento mínimo con la varianza de las 
estadísticas de enfermedades. 
 
La tasa de remisión espontánea del cáncer está entre 1 por cada 10 000 
y 1 por cada 100 000. Por ejemplo, desde el siglo pasado cerca de cien 
millones de personas han visitado el santuario de Lourdes en Francia. 
La Iglesia sólo ha aceptado la curación auténtica de 65 de las miles 
de curaciones alegadas, tres de ellas de cáncer. Si aceptáramos como 
ciertas éstas, nos indican que la tasa de curación por la Virgen es de 
1 por millón, lo cual está muy por debajo de la tasa de remisión 
espontánea del cáncer. Si sólo el 5 % de los peregrinos fueran a 
curarse  de cáncer, debería haber entre  50 y 500 curaciones. Esto 
quiere decir que hay más probabilidades de que su cáncer cure 
quedándose en su casa que visitando el santuario. 9) Vivió más de los 
predicho por el médico. Un enfermo puede tener una enfermedad grave o 
crónica y el médico puede haber predicho una duración de unos cuantos 
días, meses o años de vida. Si el enfermo terminal se somete a un 
curandero o similar, y luego muere después del tiempo predicho por el 
médico, el pseudotratamiento o el curandero se anotará créditos por 
prolongar la vida, cuando en realidad lo que hubo fue un pronóstico 
pesimista fuera de tiempo. La supervivencia fue mayor de la esperada, 
pero se mantuvo dentro del rango de la variación normal de las 
estadísticas de la enfermedad. 
 
10) Alivio de los síntomas. Lo que los enfermos y familiares evalúan 
más es el alivio de los dolores y las molestias (síntomas), aunque en 
el fondo no exista cura de la enfermedad. Los pseudotratamientos son 
incapaces de alterar el proceso o evolución de la enfermedad, (aunque 
hay procederes que a veces lo empeoran), pero por causas psicológicas 
hacen la afección más pasajera. El dolor es un ejemplo. Las 
investigaciones muestran que el dolor es en parte una sensación como 
la de ver u oir y en parte una emoción. Se ha comprobado que el 
reducir el componente emocional del dolor deja la parte sensorial 
sorpresivamente tolerable. Por lo que el sufrimiento a menudo puede 
ser reducido por métodos psicológicos, aunque la enfermedad como tal 
no es tratada. 
 
Cualquier cosa que reduzca la ansiedad, incomodidad, redefinir la 
atención, alentar el autocontrol, o el conducir a la reinterpretación 
cognoscitiva de los síntomas puede aliviar la parte agónica del dolor. 
Esta estrategia es usada en las modernas clínicas del dolor. Hay que 
tener cuidado de que los alivios de los síntomas no desvien al enfermo 
de los tratamientos científicamente probados, antes que sea demasiado 
tarde para que ellos hagan efecto.  
 
11) Los curanderos y similares frecuentemente tienen  una personalidad 
enérgica y carismática. El enfermo al ser envuelto por el aspecto y 
ambiente divino o mágico, puede presentar una sublimación psicológica. 
Si el que aplica la pseudoterapia o curandero, es entusiasta y logra 
elevar el estado de ánimo y las expectativas del enfermo, este 
optimismo lo lleva a una mayor conformidad y por tanto a la 
efectividad de cualquier tratamiento científico que haya hecho, lo 
cual motiva al enfermo a comer y dormir mejor, a realizar ejercicios y 
ser más sociable. Todo estos factores, por si mismo, pueden ayudar a 
la recuperación natural. 
 
Estos beneficios psicológicos derivados pueden reducir el estrés, el 
cual en ocasiones puede dar un efecto pernicioso sobre el sistema 
inmunológico. Con el alivio puramente sintomático, lo aleja del 
problema, a menos que esto desvíe al enfermo de tratamientos más 
efectivos, y a veces económicamente costosos. 
 
12) Aunque no se produzcan mejorías objetivas, los devotos que tienen 
un fuerte convencimiento psicológico en el tratamiento curanderista 
podrían autoconvencerse de que ellos han sido ayudados por él. Esto no 
es más que una distorsión psicológica de la realidad. No haber 
recibido alivio después de haber empleado tiempo, dinero, y dar la 
cara a un período de pseudotratamiento, (y tal vez a todo aquello que 
éste forma parte), creará un estado de desarmonía interna. Ya que 
sería psicológicamente muy desconcertante el admitirse a uno mismo o 
ante otros que ha sido en vano, por lo que habrá una fuerte presión 
psicológica para encontrar algún valor positivo en el 
pseudotratamiento. Muchos otros prejuicios ayudan a mantener la 
autoestima y a amoldar los demás comportamientos sociales. Debido a 
que las creencias tienden a ser defendidas vigorosamente por la 
distorsión de la percepción y la memoria, los practicantes 
fraudulentos y sus clientes están siempre listos a malinterpretar y 
recordar cosas como ellos quisieran que hubieran sucedido. Igualmente, 
ellos serán muy selectivos en relación con lo que recuerdan, 
sobrestimando sus aparentes éxitos, mientras que ignoran, restan 
importancia, o explican mal sus fracasos. 
 
La sensación ilusoria de que los síntomas han mejorado podría ser 
también dado por un número de llamadas características de demanda que 
se encuentran en cualquier terapéutica. En todas las sociedades 
existen las "normas de reciprocidad", una regla implícita que obliga a 
las personas a responder de cierta forma cuando alguien les hace un 
acto de bien. Casi todos los pseudoterapeutas o curanderos creen que 
ellos están ayudando a sus pacientes, por lo que es natural que los 
pacientes quieran complacerlos a ellos a la vez. Sin que los pacientes 
necesariamente se percaten de esto, tales obligaciones son suficientes 
para inflar su percepción de cuanto beneficio ellos han recibido. Por 
lo que, los controles para observar dichos efectos de complacencia, 
también deben ser realizados en ensayos clínicos apropiados. 
 
Las enfermedades tienen dos componentes que debemos conocer: uno es el 
estado patológico del organismo provocado por infección, degeneración 
del tejido, trauma, exposición a tóxico, carcinogénesis, y otros. El 
otro componente es el estado de malestar, dolor, desorientación, 
disfuncionalidad, u otras quejas que podría acompañar a una 
enfermedad. 
 
Nuestra reacción subjetiva a las sensaciones que nosotros llamamos 
síntomas está moldeada por factores culturales y psicológicos tales 
como creencias, sugestiones, expectativas, características de demanda, 
autopredisposiciones, autoengaño. La sensación de estar enfermo 
también está afectada (con frecuencia inconscientemente) por una gran 
cantidad de factores sociales y psicológicos que acumulan aquellos que 
son admitidos en el "rol de enfermo" por los profesionales de la 
salud. Para ciertas personas, el privilegiado y beneficioso status de 
enfermo son suficientes para perpetuar la sensación de enfermedad 
después que ha curado, o inclusive para crear sentimientos estar 
enfermos en ausencia de una enfermedad. 
 
Equivocar correlación por causación es la base para la mayoría de las 
creencias supersticiosas, incluyendo muchas en el área de la 
curandería y pseudotratamientos. Nosotros tenemos una tendencia a 
asumir que cuando las cosas ocurren juntas, ellas deben estar 
causalmente conectadas, aunque obviamente no es necesario. 
 
Cuando nos apoyamos en la experiencia personal para probar el valor de 
los tratamientos médicos, muchos factores están actuando de forma 
simultánea, haciendo extremadamente difícil determinar que es causa y 
efecto. Pruebas personales suministran el apoyo para productos médicos 
no ortodoxos, pero ellos son de débil notoriedad por lo que Gilovich 
(1997) ha llamado el problema de "¿comparado con qué?". Sin comparar 
con un grupo similar de enfermos, tratados idénticamente, excepto que 
el alegado elemento curativo se oculta, los destinatarios individuales 
nunca pueden saber si ellos se han recuperado sin éste. La tarea de 
distinguir las relaciones causales reales de las falsas requiere no 
solo de observaciones controladas, sino también de abstracciones 
sistemáticas a partir de un gran número de datos. Psicólogos 
interesados en juzgar las predisposiciones han identificado muchas 
fuentes de error que plagan a las personas quienes se apoyan en los 
procesos de razonamiento informal para analizar sucesos complejos 
(Gilovich 1991, 1997; Schick and Vaughn 1995). Dean y colegas (1992) 
mostraron, usando ejemplos de otra pseudociencia popular, la 
quirografía (análisis de la escritura), que sin la ayuda de 
estadísticas sofisticadas, las habilidades cognoscitivas humanas 
estarían simplemente envueltas en la tarea de escudriñar las 
relaciones válidas en masas de datos interactuantes. Similares 
dificultades habrán enfrentado los pioneros de la medicina 
precientífica y sus seguidores, y por esta razón, nosotros no podemos 
aceptar sus informes anecdotales, o testimoniales, como base de sus 
afirmaciones. 
 
Antes de aceptar cualquier tipo de tratamiento, debemos estar seguros 
de que ha sido validado por ensayos clínicos controlados con rigor. 
Para reducir la probabilidad de que la evidencia en que se apoya haya 
sido contaminada por predisposiciones o errores, los consumidores 
deben insistir en que la evidencia de apoyo sea publicada en revistas 
científicas. Cualquier practicante que no suministre este tipo de 
apoyo para sus tratamientos debe ser inmediatamente sospechoso. Los 
clientes en potencia deben ser cautelosos si, en vez de "evidencia", 
esto consiste meramente en testimonios, anécdotas, panfletos 
autopublicados o libros, o artículos en los medios populares de 
difusión. Inclusive, si los artículos que apoyen parecen haber venido 
de publicaciones científicas legítimas, los consumidores deberán 
chequear si esas revistas en cuestión, son publicadas por 
organizaciones científicas respetables. Las publicaciones que 
defienden pseudociencias frecuentemente aparecen en publicaciones de 
apariencia oficial que resultan ser controladas por grupos con una 
inadecuada credencial científica pero con una inversión financiera en 
los productos cuestionados. Igualmente, uno debe descartar los 
artículos de TV, radio, y periódicos, que aceptan virtualmente todos 
los pedidos por dinero o responden a determinados intereses 
pseudocientíficos. Y finalmente, porque cualquier resultado positivo, 
aun salido de un experimento realizado correctamente y publicado en 
una revista respetable, siempre podría ser una chiripa, una réplica 
por parte de grupos de investigadores independientes, es lo último en 
los estándares de prueba. 
 
Si el practicante de pseudoterapias clama persecución, es ignorante o 
se opone abiertamente a la ciencia, o no puede suministrar 
razonamientos científicos racionales para sus métodos y promete 
resultados que van más allá de los planteamientos de la biomedicina 
ortodoxa, existe una razón fuerte para sospechar que uno está lidiando 
con un curandero. Apelar a otras formas de conocimiento o palabras 
misteriosas como: "energías", "fuerzas", "vibraciones" o 
"interferencias" son otros signos de un farsante, igualmente es 
cualquier presunción de tratar a la persona como un todo en vez de una 
patología localizada. Para las personas que no están bien, cualquier 
promesa de curación es esencialmente ilusoria. Como resultado, una 
falsa esperanza fácilmente suplanta el sentido común. En este 
vulnerable estado, la necesidad de una fuerte valoración es lo más 
necesario, pero por el contrario, nosotros frecuentemente vemos un 
entusiasmo por abandonar cualquier vestigio de escepticismo que pueda 
quedar. Los consumidores aquejados por enfermedades, insisten 
frecuentemente en menos evidencias para apoyar las presunciones de las 
pseudoterapias o curandería de lo que ellos previamente habrían 
demandado de alguien vendiendo algún objeto usado. 
 
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