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Asunto:[debunker] Carta a una niña de 10 años
Fecha:Viernes, 25 de Enero, 2002  17:45:08 (-0500)
Autor:neflenin <neflenin @...............cu>

                      BUENAS Y MALAS RAZONES PARA CREER 
 
Por: Richard Dawkins 
 
Querida Juliet: 
 
Ahora que has cumplido 10 años, quiero escribirte acerca de una cosa que 
para mi es muy importante. ¿Alguna vez te has preguntado cómo sabemos las 
cosas que sabemos? ¿Cómo sabemos, por ejemplo, que las estrellas que 
parecen pequeños alfilerazos en el cielo, son en realidad gigantescas 
bolas de fuego como el Sol, pero que están muy lejanas? ¿Y cómo sabemos 
que la Tierra es una bola más pequeña, que gira alrededor de esas 
estrellas, el Sol? 
 
La respuesta a esas preguntas es "por la evidencia". A veces, 
"evidencia" significa literalmente ver (u oír, palpar, oler) que una 
cosa es cierta. Los astronautas se han alejado de la Tierra lo 
suficiente como para ver con sus propios ojos que es redonda. Otras 
veces, nuestros ojos necesitan ayuda. El "lucero del alba" parece un 
brillante centelleo en el cielo, pero con un telescopio podemos ver que se 
trata de una  hermosa esfera: el planeta que llamamos Venus. Lo que 
aprendemos viéndolo directamente (u oyéndolo, palpándolo, etc.) se llama 
"observación". 
 
Muchas veces, la evidencia no sólo es pura observación, pero siempre se 
basa en la observación. Cuando se ha cometido un asesinato, es corriente 
que nadie lo haya observado (excepto el asesino y la persona asesinada). 
Pero los investigadores pueden reunir otras muchas observaciones, que en 
un conjunto señalen a un sospechoso concreto. Si las huellas dactilares de 
una persona coinciden con las encontradas en el puñal, eso demuestra que 
dicha persona lo tocó. No demuestra que cometiera el asesinato, pero 
además pueda ayudar a demostrarlo si existen otras muchas evidencias que 
apunten a la misma persona. A veces, un detective se pone a pensar en un 
montón de observaciones y de repente se da cuenta que todas encajan en su 
sitio y cobran sentido si suponemos que fue Fulano el que cometió el 
asesinato. 
 
Los científicos -especialistas en descubrir lo que es cierto en el mundo y 
el Universo- trabajan muchas veces como detectives. Hacen una suposición 
(ellos la llaman hipótesis) de lo que podría ser cierto. Y a continuación 
se dicen: si esto fuera verdaderamente así, deberíamos observar tal y cual 
cosa. A esto se llama predicción. Por ejemplo si el mundo fuera 
verdaderamente redondo, podríamos predecir que un viajero que avance 
siempre en la misma dirección acabará por llegar al mismo punto del que 
partió. Cuando el médico dice que tienes sarampión, no es que te haya 
mirado y haya visto el sarampión. Su primera mirada le proporciona una 
hipótesis: podrías tener sarampión. Entonces, va y se dice: "Si de verdad 
tiene el sarampión, debería ver...." y empieza a repasar toda su lista de 
predicciones, comprobándolas con los ojos (¿tienes manchas?), con las 
manos (¿tienes caliente la frente?) y con los oídos (¿te suena el pecho 
como suena cuando se tiene el sarampión?). Sólo entonces se decide a 
declarar "Diagnóstico que la niña tiene sarampión".  A veces, los médicos 
necesitan realizar otras pruebas, como análisis de sangre o rayos X, para 
complementar las observaciones hechas con sus ojos, manos y oídos. 
 
La manera en que los científicos utilizan la evidencia para aprender 
cosas del mundo es tan ingeniosa y complicada que no te la puedo 
explicar en una carta tan breve. Pero dejemos por ahora la evidencia, que 
es una buena razón para creer algo, porque quiero advertirte en contra de 
tres malas razones para creer cualquier cosa: se llaman "Tradición", 
"Autoridad" y "Revelación". 
 
Empecemos por la tradición. Hace unos meses estuve en televisión, 
charlando con unos 50 niños. Estos niños invitados habían sido educados en 
diferentes religiones: había cristianos, judíos, musulmanes, hindúes, 
sijs...El presentador iba con el micrófono de niño en niño, preguntándoles 
lo que creían. Lo que los niños decían demuestra exactamente lo que yo 
entiendo por "tradición".  Sus creencias no tenían nada que ver con la 
evidencia. Se limitaban a repetir las creencias de sus padres y de sus 
abuelos, que tampoco estaban basadas en ninguna evidencia. Decían cosas 
como "los hindúes creemos tal y cual cosa", "los musulmanes creemos esto y 
lo otro", "los cristianos creemos otra cosa diferente". 
 
Como es lógico, dado que cada uno creía cosas diferentes, era imposible 
que todos tuvieran razón. Por lo visto, al hombre del micrófono esto le 
parecía muy bien, y ni siquiera los animó a discutir sus diferencias. Pero 
no es esto lo que me interesa de momento. Lo que quiero es preguntar de 
dónde habían salido sus creencias. Habían salido de la tradición. La 
tradición es la trasmisión de creencias de los abuelos a los padres, de 
los padres a los hijos, y así sucesivamente. O mediante libros que se 
siguen leyendo durante siglos. Muchas veces, las creencias tradicionales 
se originan casi de la nada: es posible que alguien las inventará en algún 
momento, como tuvo que ocurrir con las ideas de Thor y Zeus; pero cuando 
se han transmitido durante unos cuantos siglos, el hecho mismo de que sean 
muy antiguas las convierte en especiales. La gente cree ciertas cosas sólo 
porque mucha gente ha creído lo mismo durante siglos. Eso es la tradición. 
 
El problema con la tradición es que, por muy antigua que sea una 
historia, es igual de cierta o de falsa que cuando se inventó la idea 
original. Si te inventas una historia que no es verdad, no se hará más 
verdadera porque se trasmita durante siglos, por muchos siglos que sean. 
 
En Inglaterra, gran parte de la población ha sido bautizada en la 
Iglesia Anglicana, que no es más que una de las muchas ramas de la 
religión cristiana. Existen otras ramas, como la ortodoxa rusa, la 
católica romana y la metodista. Cada una cree cosas diferentes. La 
religión judía y la musulmana son un poco más diferentes, y también 
existen varias clases distintas de judíos y de musulmanes. La gente que 
cree una cosa está dispuesta a hacer la guerra contra los que creen cosas 
ligeramente distintas, de manera que se podrá pensar que tienen muy buenas 
razones -evidencias- para creer lo que creen. Pero lo cierto es que sus 
diferentes creencias se deben únicamente a diferentes tradiciones. 
 
Vamos a hablar de una tradición concreta. Los católicos creen que María, 
la madre de Jesús, era tan especial que no murió, sino que fue elevada al 
cielo con su cuerpo físico. Otras tradiciones cristianas discrepan, 
diciendo que María murió como cualquier otra persona. Estas otras 
religiones no hablan mucho de María, ni la llaman "Reina del cielo", como 
hacen los católicos. La tradición que afirma que el cuerpo de María fue 
elevado al cielo no es muy antigua. La Biblia no dice nada de cómo o 
cuándo murió; de hecho, a la pobre mujer apenas se la menciona en la 
Biblia. Lo de que su cuerpo fue elevado a los cielos no se inventó hasta 
unos seis siglos después de Cristo. Al principio, no era más que un cuento 
inventado, como Blancanieves o cualquier otro. Pero con el paso de los 
siglos se fue convirtiendo en una tradición y la gente empezó a tomársela 
en serio, sólo porque la historia se había ido transmitiendo a lo largo de 
muchas generaciones. Cuanto más antigua es una tradición, más en serio se 
la toma la gente. Y por fin, en tiempos muy recientes, se declaró que era 
una creencia oficial de la Iglesia Católica: esto ocurrió en 1950, cuando 
yo tenía la edad que tienes tú ahora. Pero la historia no era más verídica 
en 1950 que cuando se inventó por primera vez, seiscientos años después de 
la muerte de María. 
 
Al final de esta carta volveré a hablar de la tradición, para considerarla 
de una manera diferente. Pero antes tengo que hablarte de la otras dos 
malas razones para creer una cosa: la autoridad y la revelación. 
 
La autoridad, como razón para creer algo, significa que hay que creer en 
ello porque alguien importante te dice que lo creas. En la Iglesia 
Católica, por ejemplo, la persona más importante es el Papa, y la gente 
cree que tiene que tener razón sólo porque es el Papa. En una de las ramas 
de la religión musulmana, las personas más importantes son unos ancianos 
barbudos llamados Ayatolás. En nuestro país hay muchos musulmanes 
dispuestos a cometer asesinatos sólo porque los ayatolás de un país lejano 
les dicen que lo hagan. 
 
Cuando te decía que en 1950 se dijo por fin a los católicos que tenían que 
creer en la asunción a los cielos del cuerpo de María, lo que quería decir 
es que en 1950 el Papa les dijo que tenían que creer en ello. Con eso 
bastaba. ¡El Papa decía que era verdad, luego tenía que ser verdad! Ahora 
bien, lo más probable es que, de todo lo que dijo el Papa a lo largo de su 
vida, algunas cosas fueron ciertas y otras no fueron ciertas. No existe 
ninguna razón válida para creer que todo lo que diga sólo porque es el 
Papa, del mismo modo que no tienes porque creer todo lo que te diga 
cualquier otra persona. El Papa actual ha ordenado a sus seguidores que no 
limiten el número de sus hijos. Si la gente sigue su autoridad tan 
ciegamente como a él le gustaría, el resultado sería terrible: hambre, 
enfermedades y guerras provocadas por la sobrepoblación. 
 
Por supuesto, también en la ciencia ocurre a veces que no hemos visto 
personalmente la evidencia, y tenemos que aceptar la palabra de alguien. 
Por ejemplo, yo no he visto con mis propios ojos ninguna prueba de que la 
luz avance a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, sin embargo, 
creo en los libros que me dicen la velocidad de la luz. Esto podría 
parecer "autoridad" pero en realidad es mucho mejor que la autoridad, 
porque la gente que escribió esos libros sí que había observado la 
evidencia, y cualquiera puede comprobar dicha evidencia siempre que lo 
desee. Esto resulta muy reconfortante. Pero ni siquiera los sacerdotes se 
atreven a decir que exista alguna evidencia de su historia acerca de la 
subida a los cielos del cuerpo de María. 
 
La tercera mala razón para creer en las cosas se llama "revelación". Si en 
1950 le hubieras podido preguntar al Papa cómo sabía que el cuerpo de 
María había ascendido al cielo, lo más probable es que te hubiera 
respondido que "se le había revelado". Lo que hizo fue encerrarse en su 
habitación y rezar pidiendo orientación. Había pensado y pensado, siempre 
sólo, y cada vez se sentía más convencido. Cuando las personas religiosas 
tienen la sensación interior de que una cosa es cierta, aunque no exista 
ninguna evidencia de que sea así, llaman a esa sensación "revelación". No 
sólo los Papas aseguran tener revelaciones. Las tienen montones de 
personas de todas las religiones, y es una de las principales razones por 
las que creen las cosas que creen. Pero ¿es una buena razón? 
 
Supón que te digo que tu perro ha muerto. Te pondrías muy triste y 
probablemente me preguntarías: "¿Estás seguro? ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo ha 
sucedido?" y supón que yo te respondo: "En realidad no sé que Pepe ha 
muerto. No tengo ninguna evidencia. Pero siento en mi interior la curiosa 
sensación de que ha muerto". Te enfadarías conmigo por haberte asustado, 
porque sabes que una "sensación" interior no es razón suficiente para 
creer que un lebrel ha muerto. Hacen falta pruebas. Todos tenemos 
sensaciones interiores de vez en cuando, y a veces resulta que son 
acertadas y otras veces no lo son. Está claro que dos personas distintas 
pueden tener sensaciones contrarias, de modo que ¿cómo vamos a decidir 
cuál de las dos acierta? La única manera de asegurarse que un perro está 
muerto es verlo muerto, oír que su corazón se ha parado, o que nos lo 
cuente alguien que haya visto u oído alguna evidencia real de que ha 
muerto. 
 
A veces, la gente dice que hay que creer en las sensaciones internas, 
porque si no, nunca podrás confiar en cosas como "mi mujer me ama". Pero 
éste es un mal argumento. Puedes encontrar abundantes pruebas de que 
alguien te ama. Si estás con alguien que te quiere, durante todo el día 
estarás viendo y oyendo pequeños fragmentos de evidencia, que se van 
sumando. No se trata de una pura sensación interior, como la que los 
sacerdotes llaman revelación. Hay datos exteriores que confirman la 
sensación interior: miradas en los ojos, entonaciones cariñosas en la voz, 
pequeños favores y amabilidades; todo eso es autentica evidencia. 
 
A veces, una persona siente una fuerte sensación interior de que alguien 
la ama sin basarse en ninguna evidencia, y en estos casos lo más probable 
es que esté completamente equivocada. Existen personas con una firme 
convicción interior de que una famosa estrella de cine las ama, aunque en 
realidad la estrellan siquiera las conoce. Esta clase de personas tienen 
la mente enferma. Las sensaciones interiores tienen que estar respaldadas 
por evidencias; si no, no podemos fiarnos de ellas. 
 
Las intuiciones resultan muy útiles en la ciencia, pero sólo para darte 
ideas que luego hay que poner a prueba buscando evidencias. Un científico 
puede tener una "corazonada" acerca de una idea que, de momento, sólo "le 
parece" acertada. En sí misma. Ésta no es una buena razón para creer nada; 
pero sí que puede razón suficiente para dedicar algún tiempo a realizar un 
experimento concreto o buscar pruebas de una manera concreta. Los 
científicos utilizan constantemente sus sensaciones interiores para sacar 
ideas; pero estas ideas no valen nada si no se apoyan con evidencias. 
 
Te prometí que volveríamos a lo de la tradición, para considerarla de una 
manera distinta. Me gustaría intentar explicar por qué la tradición es 
importante para nosotros. Todos los animales están construidos (por el 
proceso que llamamos evolución) para sobrevivir en el lugar donde su 
especie vive habitualmente. Los leones están equipados para sobrevivir en 
las llanuras de Africa. Los cangrejos de río están construidos para 
sobrevivir en agua salada. También las personas somos animales, y estamos 
construidos para sobrevivir en un mundo lleno de... otras personas. La 
mayoría de nosotros no tienen que cazar su propia comida, como los leones 
y los bogavantes; se las compramos a otras personas, que a su vez se la 
compraron a otras. Nadamos en un "mar de gente".  Lo mismo que el pez 
necesita branquias para sobrevivir en el agua, la gente necesita cerebros 
para poder tratar con otra gente. El mar de está lleno de agua salada, 
pero el mar de gente está lleno de cosas difíciles de aprender. Como el 
idioma. 
 
Tú hablas inglés, pero tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de 
vosotras habla el idioma que le permite hablar en su "mar de gente". El 
idioma se transmite por tradición. No existe otra manera. En Inglaterra, 
tu perro Pepe  es a dog. En Alemania, es ein Hund. Ninguna de estas 
palabras es más correcta o más verdadera que la otra. Las dos se 
transmiten de manera muy simple. Para poder nadar bien en su propio "mar 
de gente",  los niños tienen que aprender el idioma de su país y otras 
muchas cosas acerca de su pueblo; y esto significa que tienen que 
absorber, como si fuera papel secante, una enorme cantidad de información 
tradicional (Recuerda que "información tradicional" significa, 
simplemente, cosas que se transmiten de abuelos a padres y de padres a 
hijos). El cerebro del niño tiene que absorber toda esta información 
tradicional, y no se puede esperar que el niño seleccione la información 
buena y útil, como las palabras del idioma, descartando la información 
falsa o estúpida, como creer en brujas, en diablos y en vírgenes 
inmortales. 
 
Es una pena, pero no se puede evitar que las cosas sean así. Como los 
niños tienen que absorber tanta información tradicional, es probable que 
tiendan a creer todo lo que los adultos les dicen, sea cierto o falso, 
tengan razón o no. Muchas cosas que los adultos les dicen son ciertas y se 
basan en evidencias, o, por lo menos en el sentido común. Pero si les 
dicen algo que sea falso, estúpido o incluso maligno, ¿cómo pueden evitar 
que el niño se lo crea también? ¿Y que harán esos niños cuando lleguen a 
adultos? Pues seguro que contárselo a los niños de la siguiente 
generación. Y así, en cuanto la gente ha empezado a creerse una cosa 
-aunque sea completamente falsa y nunca existan razones para creérsela-, 
se puede seguir creyendo para siempre. 
 
¿Podría ser esto lo que ha ocurrido con las religiones? Creer en uno o 
varios dioses, en el cielo, en la inmortalidad de María, en que Jesús no 
tuvo un padre humano, en que las oraciones son atendidas, en que el vino 
se transforma en sangre..., ninguna de estas creencias está respaldada por 
pruebas auténticas. Sin embargo, millones de personas las creen, 
posiblemente porque se les dijo que las creyeran cuando todavía eran 
suficientemente pequeñas como para creerse cualquier cosa. 
 
Otros millones de personas creen en cosas diferentes, porque se les dijo 
que creyesen en ellas cuando eran niños. A los niños musulmanes se les 
dice cosas diferentes de las que se les dicen a los niños cristianos, y 
ambos grupos crecen absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y 
los otros se equivocan. Incluso entre los cristianos, los católicos creen 
cosas diferentes de las que creen los anglicanos, los episcopalianos, los 
shakers, los cuáqueros, los mormones o los holly rollers, y todos están 
absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros están 
equivocados. Creen cosas diferentes exactamente por las mismas razones por 
las que tú hablas inglés y tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de 
los dos idiomas es el idioma correcto en su país. Pero de las religiones 
no se puede decir que cada una de ellas sea la correcta en su propio país, 
porque cada religión afirma cosas diferentes y contradice a las demás. 
María no puede estar viva en la católica Irlanda del Sur y muerta en la 
protestante Irlanda del Norte. 
 
¿Qué se puede hacer con todo esto? A ti no te va a resultar fácil hacer 
nada, porque sólo tienes 10 años. Pero podrías probar una cosa: la próxima 
vez que alguien te diga algo que parezca importante piensa para tus 
adentros: "¿Es ésta una de esas cosas que la gente suele creer basándose 
en evidencias? ¿O es una de esas cosas que la gente cree por la tradición, 
autoridad o revelación?" Y la próxima vez que alguien te diga que una cosa 
es verdad, prueba a preguntarle "¿Qué pruebas existen de ello?" Y si no 
pueden darte una respuesta, espero que te lo pienses muy bien antes de 
creer una sola palabra de lo que te digan. 
 
      Te quiere, 
 
       Papá. 
 
[Nota] *Richard Dawkins es biólogo evolutivo. Nació en Nairobi, Kenya, en 
1941 y se educo en la Universidad de Oxford. Comenzó su carrera como 
investigador en los 60, estudiando bajo la dirección del etólogo Nico 
Tinbergen, ganador del premio Nobel, y desde entonces su trabajo ha girado 
en torno a la evolución del comportamiento. Ha obtenido las cátedras 
Gifford de la Universidad de Glasgow y Sidwich del Newham College de 
Cambridge. Además ha sido profesor de  Zoología de las universidades de 
Oxford y California, ha presentado programas de la BBC y dirigido varias 
publicaciones científicas. En 1995 se convirtió en el primer titular de la 
recién creada cátedra Charles Simony de Divulgación Científica en la 
Universidad de Oxford. Autor de obras muy leídas como El gen egoísta (1976 
& 1989). El fenotipo extendido (1982), El relojero ciego (1986),  River 
Out of Eden (1995), Escalando el monte improbable, Destejiendo el arco 
iris (2000) y La máquina de memes (2000). La presente carta a Juliet 
apareció publicada en el libro "Así son las cosas" de editorial Debate. 
ISBN 84-8306-0361  
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Tomado de: 
                          EL ESCÉPTICO DIGITAL 
 
Boletín electrónico de Ciencia, Escepticismo y Crítica a la Pseudociencia 
ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico 
http://www.arp-sapc.org/ 
 
Edición 2001 - Número 39 - 31 de Diciembre de 2001 
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Saludos de N. 
 
 
 
 
 
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