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Asunto:[debunker] Los Ovnis de Nuestra Mente
Fecha:Viernes, 27 de Junio, 2003  21:39:39 (-0500)
Autor:Violeta Valadez <arriba_15 @.....com>

 
Los Ovnis de Nuestra Mente
José Luis Zárate (2002). México: Ciencia Ficción Mexicana.

¿Qué fue primero: el huevo o la gallina, el OVNI en las alturas o la
pantalla?

24 kilómetros de largo, surgiendo de un camuflaje de nubes
incandescentes: las naves alienígenas de "El día de la
independencia" descendieron sobre el mundo entero, usando millones
de salas cinematográficas como cabezas de playa para la invasión.

Meses después empezaron los avistamientos de OVNIS titánicos.

Las pruebas: temblorosos videos de aficionados que fueron los únicos
en darse cuenta de que una ciudad manufacturada flotaba en las
alturas.

Los testigos nada dijeron de efectos atmosféricos causados por tener
una masa tan enorme flotando en las alturas, cambios de presión,
túneles de viento. Nada.

Sólo la imagen.

No es extraño que no fuera fácil creerles.

La imagen engaña, y eso lo sabe cualquier aprendiz de mago, todos
aquellos que le gusten los efectos ópticos, quienes pagan para
observar las maravillas falsas de las películas.

La gente que muestra sus fotografías y sus videos como pruebas
irrefutables de que hay algo flotando despreocupadamente allá
afuera, olvidan que nuestra civilización ha convertido la
manipulación de imágenes en un juego.

Ningún negativo, ningún video casero será -jamás- la prueba
definitiva.

Steven Spielberg le encargó a Douglas Trumbull, técnico en efectos
especiales, las naves extraterrestres más "realistas" que pudiera
conseguir en "Encuentros Cercanos del Tercer Tipo". El título se
refiere a las fases de un "encuentro Cercano". La primera fase es el
avistamiento.

El OVNI en las alturas, revoloteando envuelto en luz.

Trumbull menciona, en el press-book de la cinta que analizó las
fotografías más famosas de OVNIS y que lo único que encontró
fueron "reflejos de luz, difracción en la lente de las cámaras,
defectos de la película, fenómenos atmosféricos". Nada difícil que
copiar.

Añadieron maquetas, y una monstruosa nave nodriza más grande que una
montaña, pero la dramática primera aparición de lo extraño no fueron
más que la magnificación de esos errores.

Existe un rumor muy difundido que Spielberg usó OVNIS reales en su
famosa cinta.

Eran tan "verdaderos" según la mitología OVNI. Idénticos a las
pruebas "irrefutables".

¿El huevo o la gallina?

Las naves de esa cinta fueron creadas a partir de lo que la
imaginación popular consideraba debían ser los transportes
alienígenas y esa imaginación usa ahora las películas como prueba.

No en balde llaman al cinematógrafo: la máquina de sueños.

A veces sueños reciclados, cierto, pero sueños al fin.
En la cinta "El día que paralizaron la Tierra", un OVNI hace el
mismo recorrido turístico que las naves de ID4 y aterriza en el
jardín delantero de la casa blanca para que Klatuu y su robot traten
de darle a 34 tanque y 72 soldados apuntándoles a la cara su mensaje
de paz.

Y "En la Tierra contra los Platillos Voladores", el mago en efectos
especiales Harryhausen destruye los mismos símbolos patrios
norteamericanos.

Ambas cintas fueron estruendosos éxitos de taquilla en su momento.

Explotaban un par de hechos evidentes: el miedo al "otro" típico de
la Guerra fría, y la ola de "avistamientos" OVNIS.

Algunos psicólogos insisten en que el platillo volador es una buena
figura para cristalizar en ella temores y desasosiego. En épocas
difíciles expresan tanto el miedo a lo desconocido como la esperanza
de que alguien pueda ayudarnos.

Antes fueron las hadas.

Gabriel Benítez, escritor de CF mexicano, dice que existe una pauta
clara entre las leyendas de gente llevadas al país de las hadas y
los secuestros (abducciones) extraterrestres.

El contacto en lugares solitarios, donde la maravilla puede existir
libre de miradas ajenas. El contacto tímido al principio: las hadas
revoloteando envueltas en luz, los OVNIS que no se animan a
aterrizar. Después, la invitación: entrar al árbol mágico o a la
nave alienígena. Alguien, una figura en particular sirviendo de
guía. El milagro al alcance de la vista. Y un hecho típico en ambas
experiencias: el descubrimiento del testigo de algo que no comunica
a sus captores, puede ser el mapa estelar que diga el punto de
origen, el objeto maravilloso que da poder a las hadas. Luego la
huida...

Benitez dice: -Bueno, no vayamos tan atrás: las abducciones
extraterrestres siguen el mismo patrón que el encuentro con el
Nautilis en "20,000 leguas de viaje submarino"  de Julio Verne.

Juegos de espejo entre la necesidad humana de maravillas y las
imágenes ofrecidas por los medios.

No es casualidad que esté a punto de estrenarse una cinta
titulada "Hadas: una historia verdadera" que utiliza las nuevas
técnicas de efectos especiales para narrar la vida del par de
hermanas inglesas que tuvieron pruebas fotográficas "irrefutables"
de la existencia de hadas con sombrerito puntiagudo y botitas de
piel.

Rodenberry, el creador de Star Trek mencionaba que deseaba que sus
vulcanos fueran realmente extraterrestres, pero nadie iba a aceptar,
en esa época, nada demasiado extraño. Las orejas puntiagudas tal vez
fueran demasiado en ese tiempo en que los éxitos televisivos eran
magnificaciones de la American Way Life.

Pocos saben que la primera prueba de cámaras de Leonard Nimoy con su
maquillaje alienígena y su traje de la federación (phaser incluida)
fue en la escenografía de "Yo Amo a Lucy": la típica salita gringa.

Todo manual de guiones cinematográficos trae la siguiente
recomendación: ofrece algo con lo que el público pueda identificarse.

En E.T. fueron los grandes ojos llenos de comprensión y necesidad
del muñeco. Alguien comentó que era extraño que las fibras emotivas
de la nación fueran tocadas por un ser de alambre y plástico.

Grandes ojos y propósitos nobles.

John Clute, editor de la Enciclopedia de la Ciencia Ficción menciona
en un programa del Discovery Channel que la gente que tuvo
encuentros cercanos con extraterrestres grises de alma pura y gran
corazón en realidad se encontraron con E.T. de Spielberg.

Sin embargo no sólo el cine afecta al mundo real. El mundo real
modifica también al cine.

Stanley Kubrick dice que deseaba que 2001 fuera una descripción
realista de un viaje espacial. Por ello sus diseñadores se basaron
en las naves espaciales reales de la NASA para dar un aspecto
tecnológico creíble. En el cine casi todas naves eran lisas,
pulidas, de una pieza.

La Discovery usaba mil paneles en su superficie, retazos
tecnológicos formando un casco lleno de detalles realistas.
De ahí en adelante, todo nave espacial que quisiera parecer real
debía ser formada por paneles.

Vean sino la diferencia entre la Enterprise de la serie de
televisión y la Enterprise de la primera película.

Las naves de ataque de La Guerra de las Galaxias son hermosos cazas
aerodinámicos que no tienen por que serlo, dado que atacan en el
espacio sin aire, pero era necesario ya que Star Wars usa como
escenario de su primera parte una atmósfera basada en la Segunda
Guerra Mundial: con su resistencia y sus nazis creadores de
Estrellas de Muertes genocidas. Por ello la batalla final es un
duelo entre Tigres Voladores y la Lufthansa.

Isaac Asimov se quejaba amargamente de las imprecisiones: ¿para que
usar humanos en los cazas? ¿por qué tenían que apuntar manualmente?
¿no una civilización que puede crear esas preciosas miniaturas
cinematográficas debe haber apuntado ya sistemas automáticos de guía?

Menos mal que no vio Star Trek II. Ahí ni siquiera son batallas
aéreas. En la trama de "La Ira de Khan" la Enterprise y otra nave se
enfrentan en una bella recreación de los duelos entre buques
piratas. Usan torpedos photón en vez de cañones, pero las imágenes
son idénticas. El bombardeo en la línea de flotación.

Actualmente, los directores buscan no sólo ser conscientes de sus
influencias, sino hacerlas bastante reconocibles.
Mars Attacks! de Tim Burton, homenajea y se burla al mismo tiempo de
todas esas cintas de ciencia ficción barata que tenían más
imaginación que recursos para llevar sus extrañas visiones a la
pantalla. Es un canto a las naves movidas por hilos y a los
extraterrestres de cartón-piedra que existen.

El cine de ciencia ficción ha ofrecido una "sensación de maravilla"
que devuelve esa fascinación ante lo extraño, el encuentro con lo
fantástico.

Los grandes presupuestos lo logran: revivir dinosaurios, mostrar
ataques multitudinarios de naves, extraterrestres simpáticos.

Pero no todo el mundo tiene esos recursos.

Ello no ha detenido a los imaginativos, aquellos que no se detienen
ante nada para plasmar sus imágenes de lo que puede ser lo
alienígena.

La filmografía mexicana es rica en esos ejemplos de cine de ciencia
ficción realizado con tres centavos y sin un guión terminado.

Clavillaso se enfrentó a unos ojos babeantes que deseaban apoderarse
del mundo, utilizando para ello imágenes de la cinta
norteamericana "Destination: Moon", y partes de la serie de
televisión "El Tunel del Tiempo".

Piporro se enfrentó a una vampira venusina, un esqueleto marciano y
un robot llamado Tractor enamorado de una sinfonola en "La Nave de
Los Monstruos", donde un cohete alienígena lleno de la peor escoria
intergaláctica desciende en Monterrey para, como primera muestra de
su malignidad, comerse la vaca de piporro tan rápido que encuentra
el esqueleto aún de pie en el establo.

Los efectos sonoros son, realmente, lo más extraterrestre que pueda
encontrarse.

La vampira (Lorena Velazques, of course) cuando se convierte en
murciélago chilla como gaviota playera, y el monstruo de peluche
galáctico imita perfectamente a un león cuando ataca.

Zovek, el escapista mexicano, tiene el mérito de haber detenido una
invasión marciana comandada por Wolf Rubinsky estrellando una
camioneta de redilas contra un OVNI.

¿Y alguien se acuerda de la cinta "Una Galaxia llamada Roma" donde
la civilización extraterrestre usa togas, minifaldas romanas y una
alienígena se llama Frijol-ito y se enamora del astronauta nacional
representado por "El Pichi"?

El famosísimo astro del cine mudo Buster Keaton trabajó durante su
época más baja en una cinta mexicana de CF: el moderno Barba Azul en
donde acompaña a unos astronautas vestidos con togas de hechiceros
con sombreros de pico.

Nadie se molesta en explicar el por qué de ese atuendo.

"Los Marcianos llegaron ya" muestra como el coche experimental de
Resortes en confundido con un OVNI, como si los ramblers de aletas
existieran en toda la galaxia.

Existe una cinta en que unos niños extraterrestres vienen a la
tierra para platicar con Keiko en Reino Aventura con los efectos
especiales más penosos de la historia del cine.

Bueno, después de todo la nave alienígena gigante de "Viaje a las
Estrellas IV: Regreso a Casa" viene a hacer exactamente lo mismo.

Cada una de esas cintas trataba de entrar en los sueños colectivos,
poner su granito de arena en el imaginario social.

La autopsia extraterrestre trasmitida por la cadena televisiva Fox
se ha convertido ya en una referencia obligada, ya sea para burlarse
o para creer en ella. Un extraterrestre gris, medio enanito abierto
en canal de una forma en que ningún patólogo lo haría.

¿El huevo o la gallina?

Alguien trató de representar como verdad un mito, pero el mito del
OVNI estrellado el Roswell nació de una porción de verdad.

Algo se estrelló en el desierto. Ese algo pudo ser un millón de
cosas: incluyendo un OVNI, por supuesto.

La leyenda lo convirtió en un hombrecito gris, indefenso, un niño
galáctico en garras de militares despiadados.

¿Quien no se ha sentido indefenso, a 25 millones de años-luz de
casa, rodeado por la incomprensión humana?

Los guionistas lo dicen: que el público se identifique con algo.

La soledad, el desamparo, lo nerviosos que nos poner los gobiernos
que guardan secretos, la desconfianza hacia las autoridades.

Los Expedientes Secretos X son un buen ejemplo de cómo una serie de
ficción puede captar el espíritu de una época.

La Dimensión Desconocida y Viaje a las Estrellas lo lograron antes,
descripciones de su sociedad.

La paranoia, el desamparo ante los aparatos represivos, las mil
explicaciones contradictorias que no explican nada. La necesidad de
algo más allá de las mezquindades terrestres.

I WANT BELIVE, yo quiero creer, reza el poster de un OVNI que Fox
Moulder tiene pegado en su oficina.

Los hombres que miran el cielo con sus cámaras de videos también
quieren.

Nosotros que sintonizamos lo extraterrestre en nuestro televisor,
que vamos a verlo en cintas taquilleras, que lo disfrutamos en el
video.

Los OVNIS de nuestra mente sobrevuelan sueños colectivos y buscan el
contacto cercano.

La fascinación.



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