Inicio > Mis eListas > debunker > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 5836 al 5850 
AsuntoAutor
RE: Benedicto XVI Luis I.
Re: .El Sermon del Ecnaton
Re: .El Sermon del José Gar
Subastan Dominios César Va
Re: Subastan Domin nicasio
... y dijimos que José Gar
Re: ... y dijimos nicasio
RE: Subastan Domin Luis I.
RE: ... y dijimos Luis I.
Escotoma Jose Fer
Re: Escotoma José Gar
Re: ... y dijimos José Gar
RE: Escotoma Jose Fer
RE: ... y dijimos Luis I.
Todo perecerá. José Gar
 << 15 ant. | 15 sig. >>
 
Debunker
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 5856     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[debunker] Todo perecerá.
Fecha:Domingo, 24 de Abril, 2005  02:59:31 (+0200)
Autor:José García Álvarez <jogalvarez @..........net>

Alcé la frente. Con gran alegría mis ojos, que no tenían miedo, se posaron en la cara resplandeciente de Aquél que, como hombre, había venido a la Tierra a dictar unas leyes divinas y a proveer de sabiduría celeste. El gozo que sintió mi espíritu no puedo definirlo. Él, como padre que habla a su hijo, me dijo:
 
Yo conozco tu fe y todo el cielo está al tanto de tu obra sobre la Tierra en la hora de la postrimería, por lo cual Dios, el rey del cielo y de la Tierra, ha querido acoger con complacencia nuestro relato sobre tu cuenta. Tu corazón no tendrá paz hasta que hayas cumplido la obra que está en el designio del Padre para esta séptima generación. Además, debes saber bien que muchos te serán hostiles y muchos sonreirán ante tus palabras, pero esto no debe entristecer tu Alma, porque es verdad que quien se ría de ti se arrepentirá de haberlo hecho. Existirán Almas sinceras que creerán en ti, y éstas se salvarán en el cuerpo y en el espíritu, y se purificarán y purgarán sus pecados cometidos. Después, ni padre, ni madre, ni esposa, ni hijo, ni amigo te creerán. De este modo intentarán fatigarte, a fin de que el velo del oscurecimiento ascienda sobre tu voluntad. Pero, nosotros vigilaremos sobre ti, y sobre tu Alma se posarán los siete dones del Espíritu Santo. Y serás fuerte en la piedad y tendrás temor de Dios, de modo que poseerás fuerza para combatir y vencer la obra de los malvados y de los desaconsejados, y de hablar con firmeza a la vez que con dulzura y bondad, y de conocer cosas que los otros no pueden y de rechazar la falsedad de las acusaciones vueltas contra ti. Ahora que tú sabes las cosas que deberán suceder en la séptima generación, ésta, que es la última prueba de la humana gente sobre la Tierra, nosotros callamos a fin de que tu espíritu observe.
 
Una gran oscuridad se hizo en torno a nosotros y sobre nosotros y debajo de nosotros. Vi a los hombres, mujeres y niños de la Tierra temblar de miedo, porque el mundo temblaba como una hoja movida por el viento y el mar comenzaba a bullir como el agua en una olla. El grito de terror subía al cielo. Toda criatura convertida en una fiera huía y buscaba abrigo, y no encontraba fuerza ni equilibrio, yaciendo inexorablemente expuesta al fin. Todos buscaban refugio en los montes, pero no podrían tener tal esperanza. Y sucedió que el mar bullía siempre más fuerte y la tierra se separaba de la tierra y caminaba en el mar, semejante a una paja movida por el furioso viento. Vi que todas las aguas entraban sobre la tierra y muchas de ellas permanecían bajo el agua dejando un gran vacío. Después, nuevamente las veía y luego las dejaba de ver con cuantas cosas llevaban en su regazo. Templos, hombres, animales, grandes bosques y cuanto existía perecía miserablemente. Luego vi desplazarse las montañas a tanta distancia, que pensé fuesen remolinos de agua. Unas surgían de la profundidad del mar y otras desaparecían para siempre. El gran mar, empujado y reempujado, saltaba sobre la tierra como un malabarista. Yo sentía vagar en el espacio gemidos de aguda desesperación, y después nada. Al final, un gran incendio, un incendio universal.
 
Yo pregunté al Maestro: ¿Por qué perece todo con tan despiadada suerte?
Y Él me respondió:
 
Lo que Dios sabe sobre sus obras no encuentra justificación para su vida. Ha querido terminar con las acciones monstruosas de esta generación y sembrar nueva semilla, que deberá germinar y dar tallo, ramas, hojas y frutos, y si éstos son buenos para el espíritu, el nuevo árbol vivirá feliz. Puesto que la gente humana no está ya contenta del bien que Dios Creador dispone, ella misma ha medido el tiempo que deberá vivir.
 
Han pasado los años desde aquel encuentro. Los hombres podían escoger justificar la grandeza de las cosas creadas, pero, en cambio, han desarrollado una obra de muerte y destrucción. Por eso, ahora sé que ya sólo queda tiempo de buscar a Dios con desesperación.
 
Con toda fraternidad,
 
José García Álvarez
 
Pulpí - España