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Asunto:[debunker] Ese Dios tan humano
Fecha:Lunes, 30 de Enero, 2012  13:00:10 (+0100)
Autor:nicasio <nicasio @...com>

Ese Dios tan humano

 
<em> Ese Dios tan humano</em>
 Félix Ortiz 

29 DE ENERO DE 2012

 *Simulación del posible rostro de Jesús según la BBC 

 INTRODUCCIÓN 

En el capítulo 11 versículo 35 del evangelio de Juan leemos el que es considerado el versículo más corto de la Biblia, Jesús se echó a llorar . Este breve párrafo está incluido en la narración de la muerte y resurrección de Lázaro, uno de los amigos más íntimos y cercanos de Jesús.

¿Por qué Jesús lloró ante la tumba de su amigo? Él sabía que tan sólo en cuestión de minutos iba a resucitarlo y Lázaro volvería a la vida y disfrutaría nuevamente de la relación con sus hermanas y, también, con el mismo Jesús.

De hecho, esta respuesta de Jesús no es únicamente sorprendente porque sabía que iba a resucitar a su amigo, sino también porque de modo consciente, digamos premeditado, había tomado la decisión de retrasar su viaje cuando había recibido notificación de la enfermedad de su amigo.

La respuesta a la reacción de Jesús es muy simple. Lloró porque se sintió, tal y como indica el mismo pasaje, profundamente conmovido. Lloró porque esa es la respuesta normal de cualquier ser humano ante la pérdida de una persona estimada y querida. Lloró porque es humano llorar ante el dolor y no olvidemos que, ante todo y sobre todo, Jesús era total y absolutamente humano y como tal reaccionó.

 JESÚS ESE DIOS TAN HUMANO 

Jesús fue un ser humano como tú y como yo. El evangelio de Juan, en el capítulo 1 versículo 12, nos indica que Dios se hizo ser humano y vivió entre nosotros. Dicho de otro modo, tomó la decisión de dejar el cielo y mudarse a tu vecindario, ser un nuevo habitante del barrio.

Esto siempre ha creado muchos problemas a muchos cristianos. Desde el comienzo del cristianismo para muchas personas ha sido imposible concebir que Dios se hiciera humano. Los docetistas, por ejemplo, una de las tempranas herejías de la cristiandad, consideraban que Jesús tenía forma humana, pero que en absoluto era un ser humano como nosotros.

Influenciados por la filosofía griega que dictaminaba que todo lo material era malo por definición y sólo lo espiritual era bueno, también por definición, no podían concebir que Dios, espíritu puro por definición, pudiera limitarse a un cuerpo humano. En su forma griega de ver el mundo, el cuerpo era la prisión opresora del alma. Un día tomando forma humana iba mucho más allá de lo que sus mentes podían imaginar y, mucho menos, aceptar. Por tanto, simplemente negaban la humanidad de Dios, aunque para ello tuvieran que negar, no únicamente el pasaje de Juan que ya hemos mencionado, sino otros tan importantes como Filipenses capítulo 2.

Jesús fue tan humano como tú y yo podamos jamás serlo. Como cualquier otro hombre estuvo sujeto a las limitaciones del tiempo y el espacio. Si estaba en Jericó no podía estar simultáneamente en Jerusalén. De hecho, este fue uno de los reproches que tuvo que escucharse de María cuando llegó ante la tumba de Lázaro,  Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.  Pero no era posible, no tenía el don de la ubiquidad.

Jesús sufrió el cansancio físico, espiritual y emocional tal y como tú y yo lo experimentamos. Una atenta lectura de los evangelios revelará una y otra vez evidencias de la humanidad de Jesús, de cómo experimentó todas y cada una de las dimensiones de la experiencia humana, tanto las buenas como las malas. De hecho, el Maestro experimentó la más humana de todas las experiencias, el dolor y la muerte. Cualquiera que haya visto la película  La Pasión , del australiano Mel Gibson habrá podido comprender mucho mejor la humanidad de Cristo expresada en su dolor y muerte.

La Palabra de Dios indica en Hebreos 4 que Jesús  ha experimentado todas nuestras pruebas . Este pasaje no indica que literalmente haya pasado por todas y cada una de las experiencias singulares y únicas de cada ser humano. El pasaje se refiere a que ha experimentado todas las dimensiones, vuelvo a insistir, incluida la muerte, de cualquier ser humano.

Ya hemos dicho que experimentó el dolor físico y la muerte. Pero la Biblia también nos indica en más de una ocasión que experimentó tremendo dolor emocional y espiritual, baste para ello recordar la experiencia de Getsemaní, justo antes de ser apresado. Los pasajes de los evangelios están salpicados de expresiones que nos muestran la intensa vivencia emocional de Jesús ante el dolor, la enfermedad y la miseria humana en general.

Jesús fue un incomprendido por su generación. No sólo por la inteligencia religiosa de su época, sino también por sus propios amigos y familiares. Estos últimos se burlaban de él e incluso consideraban que estaba fuera de su sano juicio.

Jesús experimentó el ser traicionado por alguien en quien había depositado toda su confianza. También el sentirse abandonado por sus seguidores y amigos más íntimos en el momento de más necesidad y angustia. Incluso Pedro, aquel que había prometido morir con él si fuera necesario, no tuvo empacho en negarlo tres veces para salir en una situación embarazosa. Sentirse solo y abandonado fue algo con lo que tuvo que convivir.

Sufrió, como tantos de nosotros los prejuicios raciales. Entre los judíos por ser galileo, entre los no judíos precisamente por eso, por serlo. Los samaritanos le negaron auxilio en momentos de necesidad. También experimentó el ser juzgado y condenado por sus opiniones religiosas y no querer bailar al son de la música que tocaban los “espirituales” de la época. Fue tachado de bebedor y comedor, de relacionarse con la gente de la peor calaña.

Experimentó el sentirse usado por la gente, que se movía por sus propios intereses y no por una preocupación auténtica por el Reino de Dios. Lo querían hacer rey, por supuesto, pero simplemente porque les alimentaba. Tuvo que vivir en carne propia la ingratitud de aquellos que se habían beneficiado de sus milagros y sanidades.

Nos cuenta pensar en Jesús teniendo la urgencia de hacer sus necesidades, aguas mayores y menores. Al Maestro roncando, estornudando o tirándose un pedo. ¡Mucho menos enfermo! Nos suena casi blasfemo pensar en nuestro Dios de este modo tan vulgar. Sin embargo así fue Jesús, tan humano, tan radical y auténticamente humano como tú y como yo.

Incluso fue tentado. Los evangelios nos narran únicamente una de las ocasiones en que Jesús sufrió la realidad de la tentación y la posibilidad de pecar. Porque lo creas o no, Jesús pudo pecar. El evangelio de Lucas nos dice al respecto,  El diablo, entonces, terminó de poner a prueba a Jesús y se alejó de él en espera de una ocasión más propicia. 

¿Cuántas veces más fue tentado Jesús? ¿Qué otro tipo de tentaciones experimentó? ¿Tuvo tentaciones sexuales? Si Jesús fue totalmente humano podemos pensar que pudo sufrir cualquier tipo de tentaciones. Cualquier que yo he sufrido él la pudo sufrir. Cualquiera que tú has sufrido, él la pudo sufrir. La única limitación sería las tentaciones que su entorno y su realidad humana le propiciaran. No lo olvides Jesús fue tan humano como cualquier de nosotros.

Sólo existe una dimensión de la experiencia humana que Jesús no vivió, ¡Y gracias a Dios por ello, pues lo califica para ser nuestro salvador! El pecado. El pasaje de Hebreos que antes mencionaba –capítulo 4:14-16- indica que,  excepto el pecado ha experimentado todas nuestras pruebas. 

Así es, donde Adán falló, Jesús triunfó. En contraste con la desobediencia de Adán tenemos la obediencia de Cristo, quien por tal razón es llamado el nuevo Adán, el nuevo hombre que cumplió con las expectativas de Dios.

Sin embargo, Jesús no experimentó el pecado, no porque potencialmente no pudiera –vuelvo a insistir- sino porque decidió obedecer y pudo resistir la tentación.

Por eso la encarnación es algo tan importante, clave y sustancial para nosotros. Por eso la encarnación es mucho más que un concepto o una doctrina teológica, es la base por la cual nosotros podemos establecer una relación personal y significativo con el Dios hecho ser humano.

 UN DIOS QUE PUEDE ENTENDERTE E IDENTIFICARSE CONTIGO 

Porque Jesús ha sido humano como tú y yo y ha compartido la realidad y la experiencia humana, es por lo que la Biblia puede afirmar en el ya mencionado pasaje de Hebreos,  Pues no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario, excepto el pecado ha experimentado todas nuestras pruebas. 

No importa lo que yo pueda sentir, pensar, vivir, desear, sufrir, Jesús lo puede entender total y perfectamente. No existe absolutamente ninguna dimensión de la experiencia humana que nosotros podamos estar atravesando que él no pueda entenderla y sentirse identificado con la misma.

Hay pensamientos, actitudes, tensiones, situaciones, motivaciones, omisiones y acciones que nos hacen sentir derrotados, hundidos, sucios, miserables, indignos, avergonzados, despreciables. Sin embargo, nada de esto toma por sorpresa a Jesús. Nada puede escandalizarle, nada le puede parecer extraño, nada le puede producir rechazo o asco hacia nosotros. Esto es debido a que él ha estado allí, ha vivido la experiencia humana, ha bajado hasta lo más profundo de la realidad de cada hombre y mujer. Ha participado de nuestra degradación y miseria y, por tanto, puede comprender, puede sentirse identificado y, lo que es más importante, puede sentir y mostrar compasión por nosotros.

Piensa por un momento en ti mismo. Todos nosotros tenemos y vivimos lo que yo he dado a llamar “áreas oscuras”. Puede tratarse de hábitos, motivaciones, adicciones, pensamientos, valores pautas de conducta, etc., etc. Cosas de las que te sientes avergonzado. Cosas que te hacen sentir miserable, indigno, sucio y despreciable ante los ojos de Dios.

Hablo de cosas con las que probablemente has estado batallando durante tiempo y tiempo. Sobre las que has hecho promesa tras promesa de cambio y rectificación. Simplemente para, como el perro, volver a tu propio vómito. Hablo de cosas de las que te sientes avergonzado y de las cuales te horrorizarías si pudiera descubrirla la persona que está a tu lado.

Hablo de cosas que te hacen sentir sucio e indigno delante de Dios y que Satanás se encarga de recordarte una y otra vez, especialmente en aquellas situaciones estratégicas que requieren de ti santidad, entrega, dedicación.

Hablo de cosas que automáticamente te descalificarían para el ministerio si otros las supieran o, tan siquiera, las pudieran intuir. Cosas que están ahí.

Disculpa, pero he de decirte que nada de eso puede sorprender a Jesús. Nada de eso puede escandalizarle. Nada de eso le suena extraño o lejano porque él entiende cuán difícil, compleja y delicada es la experiencia humana. No olvides que estuvo allí y, a excepción del pecado, lo experimentó.

Jesús entiende y porque ha estado allí puede mostrarte compasión, puede identificarse contigo y tus luchas. No me malinterpretes. No estoy diciendo que frivoliza con tu pecado. No estoy diciendo que le quite importancia. No estoy diciendo que de una forma condescendiente dice,  tranquilo, Félix, ya sé que es muy complicado el ser un ser humano. No le des más importancia, nadie es perfecto. 

Jesús no le quita gravedad a tu pecado. No hace que lo incorrecto parezca correcto. No justifica lo que haces o dejas de hacer. No afirma que no tiene importancia y consecuencias. Jesús afirma que entiende, que comprende, que puede sentirse identificado con tu realidad y que desde esa comprensión puede trabajar contigo, si así lo deseas, para cambiarla.

Yo, personalmente, no podría seguir a un Dios que no ha participado de la experiencia humana. Sería incapaz de reverenciar y comprometerme con un Dios que no ha pisado esta tierra y ha tenido que pasar por las mismas pruebas, luchas, tensiones y tentaciones que yo paso, vivo y experimento.

¿Cómo podría confiar en un Dios así? ¿Qué tipo de comprensión podría esperar de Él? ¿Cómo podría abrirle mi corazón y ser vulnerable, honesto y transparente con un Dios que nunca ha dejado su trono celestial?

Afortunadamente, nuestro Dios no es así. Ha sido como uno de nosotros y, por eso, porque entiende, porque puede identificarse, podemos acercarnos a Él con plena confianza.

 DIOS QUE TE PERMITE ACERCARTE CON CONFIANZA 

El ya tantas veces mencionado pasaje del anónimo libro de Hebreos dice así,  Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro .

Déjame llamar tu atención acerca de una palabra muy simple, pero a la vez muy importante. Se trata de la conjunción  pues . Esta pequeña y sencilla palabra tiene en gramática un valor condicional. Dicho de otro modo, sirve para unir dos razonamientos uno de los cuales tiene sentido y valor a causa de otro anteriormente expuesto. Bien, procuraré en enrollarme e ir al grano.

Lo que el autor de Hebreos viene a decir usando esta conjunción es que Jesús puede mostrarse compasivo con nosotros debido a que J ha sido como uno de nosotros y, en esa condición, ha sufrido todas las pruebas que nosotros hemos sufrido –de nuevo a excepción del pecado-, por todo ello es que tú y yo podemos acercarnos confiadamente al trono de la gracia y allí encontrar el oportuno socorro. Dicho de otro modo, si Jesús no hubiera pasado por nuestra experiencia no podríamos acercarnos a su trono de gracia con plena, total y absoluta confianza.

Quiero llamar tu atención sobre el hecho de que se habla de acercarnos al trono de la gracia, no al trono del juicio. En la antigüedad, el trono estaba asociado con el poder y la justicia. Los reyes se sentaban en ellos cuando ejercían su condición de juez.

Era normal que en los tiempos antiguos una persona no pudiera acercarse al trono real sin haber sido previamente convocado. Hacerlo, tal y como vemos reflejado en el libro de Esther (especialmente los capítulos 4 y 5), equivalía a la posibilidad de ser ejecutado a menos que el monarca extendiera su cetro tocando a quien osaba aproximarse y, de este modo, le mostrara gracia.

Pero, afortunadamente, esta no es la idea que se transmite en el pasaje de Hebreos. Es más bien todo lo contrario. Se nos indica que en cualquier momento tienes total y absoluta libertad para presentarte delante del trono del Dios que gobierna y controla el universo. Y además, dice que lo puedes hacer con total y absoluta confianza, sin ningún miedo a ser destruido o consumido. Sabiendo que siempre serás bienvenido.

Vuelvo a insistir que te acercas al trono de gracia. Porque cuando llegas hasta allí te encuentras con Jesús. El que ha vivido la experiencia humana como tú y como. Te encuentras con alguien al que nada le va a escandalizar. Con alguien que se siente identificado contigo, que te entiende y que no juzga, sino que está dispuesto a ayudar.

 EL DIOS QUE TE QUIERE AYUDAR 

 Hallar gracia para el oportuno socorro . Te acercas al trono y en vez de juicio encuentras comprensión, identificación y gracia. Te acercas al trono y recibes del Dios que ha sido humano el oportuno socorro.

Primero la gracia, el sentirse aceptado, comprendido, amado a pesar del pecado y la miseria con la que vamos. Después la ayuda para poder cambiar y superar nuestra situación y nuestra miseria.

Estamos ante el trono y escuchamos este diálogo,  Tranquilo Félix, yo sé cuán dura, compleja y difícil es la experiencia humana. No lo olvides, yo he estado allí. Lo que cuentas es serio y grave, no voy a engañarte al respecto, pero puedo entenderte y no dejo de amarte. Ahora, si quieres, vamos a trabajar para superar esta situación. Puede llevar tiempo, puede ser doloroso, pero juntos lo vamos a hacer. 

Es precisamente esta situación de seguridad ante Jesús y con Jesús la que nos permite la libertad para afrontar el cambio tantas veces como sea necesario, una y otra vez, porque  siete veces cae el justo y siete se levanta  y porque Jesús enseñó que debemos  perdonar setenta veces siete .

Va más allá de este artículo desarrollar las maneras prácticas en que recibimos el oportuno socorro. Pero, como tal vez estés en la misma situación que yo, luchando con pecados que parecen incrustados, fosilizados, pertinaces en nuestra experiencia humana. En fin, pecados de los que uno pensara que es imposible librarse de ellos. Uno de los medios de socorro es el poder contar con una estructura de rendición de cuentas. Otros creyentes como tú, con quien tengas la libertad y el derecho de ser un ser humano y que pueden ayudarte a recibir ese socorro oportuno y necesario.

 APLICACIÓN 

Hay tres aplicaciones que quisiera dejar contigo.

 La primera  es que Jesús te concede el derecho a ser un ser humano. Jesús te conoce tal y como eres, puede identificarse contigo, puede comprender tu situación, cualquiera que esta sea, no importa lo miserable, monstruosa o escandalosa que otros –incluso tú mismo- piensen que puede ser. El puede entenderte, comprenderte y compadecerse.

Esto te da la posibilidad y el privilegio de ser genuino y honesto contigo mismo. Puedes ser tú, no tienes que negar, sublimar, racionalizar o justificar nada, absolutamente nada. Tal vez por primea vez puedes ser honesto contigo mismo y afrontar tu realidad. Puedes y debes aprender a vivir con tu humanidad.

 La segunda  es que puedes acercarte a Jesús con honestidad, de forma transparente y genuina. Recuerda que te acercas al trono de gracia donde te espera Jesús que te va a entender, que no te va a rechazar, que puede sentirse identificado contigo y que te dará el oportuno socorro. No tienes que ocultar nada, no necesitas fingir, no necesitas pretender ser lo que no eres.

Además, recuerda que puedes volver a ese trono una y otra vez. No necesitas ser invitado. No hay miedo de ser rechazado. Siempre vas a encontrar la misma respuesta y actitud de parte de Jesús.

 La tercera  es que debes mostrar a otros la misma gracia, comprensión e identificación que Jesús muestra hacia ti. El reconocimiento de tu miseria te ayudará a ser más compasivo con la miseria de otros. Esta, la miseria de otros ya no te será una amenaza. Al aprender a vivir con tu humanidad, un derecho que Jesús te ha dado, podrás vivir con la humanidad de otros y mostrarte compasivo y ofrecer, cuando esté a tu alcance, el necesario socorro.

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