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Asunto:[debunker] Ediciones de la Biblia (pirateo)
Fecha:Domingo, 6 de Mayo, 2001  19:24:57 (+0200)
Autor:Eliseo <erpm @.......es>

Os copio algunos datos  sobre las Biblias católicas, en otro mensaje
os pasaré algo sobre las versiones protestantes


Las traducciones al castellano hasta el siglo XVIII

El primer testimonio histórico de la presencia de la Vulgata en España
se encuentra en el siglo IV, en una carta de San Jerónimo a Lucinio de
Bética, y luego otra a su viuda Teodora, en la que da cuenta de la
copia de los libros del Antiguo Testamento, que hasta ese momento
había traducido, así como del Nuevo Testamento revisado, y su
transporte a España. Así pues, parte de la Vulgata entra por primera
vez a España cerca del año 398 . Allí coexiste con algunas formas de
la Vetus durante siglos . Habría habido una edición parcial o total de
la Vulgata para mediados del siglo V, debida a Peregrino,
supuestamente un obispo del norte español. Se cree que en el siglo
VII, San Isidoro, Obispo de Sevilla, habría hecho una nueva edición
revisada de la Vulgata . A pesar de lo inseguro de los datos, sí es un
hecho que la Vulgata circuló extensamente en España, desde donde se
difunde a otros pueblos .
El proceso de traducciones de los textos bíblicos a lenguas hispánicas
se produce hacia el siglo XIII. Habría un curioso antecedente de
algunos pasajes del Antiguo Testamento traducidos al castellano por
Aimerich Malafaida, quien llegaría a ser el tercer patriarca de
Antioquía . También, por entonces se traduce el Salterio a un idioma
hispánico, pero desde el hebreo y no desde el griego que venía siendo
lo usual. Esta traducción se debería a Mons. Hernán Alemán , Obispo de
Astorga.
En realidad la famosa obra de Alfonso X el Sabio , rey de Castilla y
León, Grande e general Estoria que trae una traducción no literal del
latín, desde el Génesis hasta el Nuevo Testamento, viene a ser la
primera gran traducción del texto bíblico ampliamente reconocida. Se
la llama Biblia Alfonsina o Española . Parece que corresponde a la
última parte del siglo XIII.
Sin embargo, cabe notar que hay quienes han encontrado claras
evidencias de una Biblia prealfonsina, completa, aunque en los códices
en que permanece se encuentre mutilada . En realidad existe más de una
Biblia traducida de la Vulgata, conteniendo el Nuevo Testamento. Se
las conoce en general como prealfonsinas, pues reflejan haber sido
traducidas a mediados del siglo XIII .
Para el siglo XV se tiene noticia de varios proyectos de traducción
del Antiguo Testamento del hebreo y del latín, cuyos manuscritos se
encuentran en El Escorial. Al menos dos o tres tienen como
destinatarios a creyentes judíos. «La lectura de la Biblia en lengua
vernácula era frecuente en el siglo XV, no sólo en las sinagogas y
entre los conversos, sino también en no pocos conventos y entre los
seglares. Fray José de Sigüenza aporta datos del biblismo entre los
jerónimos del siglo XV. Sólo así se explica el crecido número de
traducciones y de glosas» .
Para 1526 circula una versión en latín de los libros en hebreo del
Antiguo Testamento debida a Alfonso de Zamora y Pedro Sánchez Ciruelo
, que eran cristianos versados en la lengua hebrea. Esta traducción
parece haber sido interlineal por lo que declaran sus autores al
indicar que «a cada palabra hebrea correspondiese la latina
superpuesta» . Del citado Ciruelo hay también una Tetrapla latina en
columnas según el texto hebreo, arameo, de los LXX y de la Vulgata.
Otra traducción importante de ese tiempo es la llamada Biblia de Alba,
por sus poseedores, los de la casa de Alba. Habría sido realizada, del
hebreo y del latín, por un rabino de nombre Mosé Arragel de
Guadalfajara, hacia el primer tercio del siglo XV , a pedido de Luis
de Guzmán, Maestre de la Orden de Calatrava. Una importante traducción
habría sido una Biblia en catalán de 1407. Otra, también catalana, es
la impresa hacia 1478, y vinculada al prior cartujo Bonifacio Ferrer,
hermano de San Vicente. Otra traducción veterotestamentaria es la
curiosa traducción al castellano impresa en Ferrara, Italia, en 1553,
por los judíos Duarte Pinel (Abraham Usque) y Gerónimo de Vargas (Yom
Tob Atias). Al parecer una misma impresión básica habría dado lugar a
dos ediciones diferentes, con algunas variantes según a quien iban
dedicadas, una al Duque de Ferrara y otra a una matrona judía, Gracia
Nacy .
El rey de Aragón, Alfonso V, apodado el Magnánimo , habría encargado
una traducción española de todo el Antiguo Testamento realizada del
hebreo y el latín según el orden de la Vulgata. Un ejemplar de éste se
encontraría en la biblioteca real de San Lorenzo . Al parecer el
Cardenal Quiroga obsequia al rey Felipe II una versión análoga.
En 1512, el franciscano fray Ambrosio de Montesinos, traductor de la
famosa Vita Christi de Ludolfo cartujano , corrige una traducción de
las lecciones litúrgicas de los Evangelios y las Epístolas de un laico
de Zaragoza, Micer Gonzalo de Santa María . La revisión y corrección
de la obra de 1485 la realiza Montesinos por encargo de los Reyes
Católicos . Otra traducción es realizada años después; está en El
Escorial con el título de Nova traslación y interpretación española de
los cuatro Evangelios. También se produce una traducción de los
Evangelios y Epístolas directamente del griego al castellano, por un
judío converso al catolicismo, Martín de Lucena. Esto ocurría en 1450.
Otros traductores de los Evangelios en esos tiempos son el benedictino
Dom Juan de Robles , monje de Montserrat, y el jerónimo José de
Sigüenza.
La muy famosa Biblia Políglota Complutense o de Alcalá , fue concebida
y realizada bajo los auspicios del Cardenal Jiménez de Cisneros,
Arzobispo de Toledo. Desde 1502 en que se empezó hasta que fuera
impresa en seis volúmenes para 1517, transcurrieron quince años. A
pesar de lo extraordinario de su contenido desplegando los textos en
bloques de idiomas, en hebreo, arameo , latín y griego, según los
casos, en ninguno traduce al castellano. El griego aparece con un
interlineal en latín. La monumental obra para el estudio, que incluía
un revolucionario diccionario hebreo-latino y viceversa, un léxico del
Nuevo Testamento y otros libros, y un diccionario etimológico de
nombres propios, se inició con la publicación de los textos griego y
latino del Nuevo Testamento, finalizado el 10 de enero de 1514 ,
siendo el texto griego el primero impreso en todo el mundo . Más
adelante, la Biblia Regia o de Amberes , realizada bajo los auspicios
del rey español Felipe II, fue una erudita revisión crítica y una
importante ampliación de la Políglota Complutense.
El proceso de traducción bíblica al vernáculo queda detenido en pleno
desarrollo por las severas medidas de la Inquisición española ante el
avance del protestantismo . Son varios los textos de partes de la
Biblia cuya impresión nunca se autorizó y cuyos manuscritos se
encuentran, principalmente, en la famosa biblioteca de El Escorial.
Así, dice el hispanista Marcel Bataillon: «Frente a las distintas
soluciones posibles para defender la ortodoxia -nueva traducción para
uso de la población fiel al catolicismo (como en Alemania), tolerancia
sólo para las traducciones hechas por hombres piadosos y católicos
(como en Italia, Francia y los Países Bajos), supresión rigurosa de la
versión anglicana (como en la Inglaterra de María Tudor)-, España,
dice Carranza, optó por la prohibición general de todas las
traducciones vulgares de la Escritura» . Excluidas las soluciones
moderadas como política general, quedó sólo el camino de las glosas,
los comentarios, o algunas breves versiones antológicas como las
recogidas por fray Luis de Granada . Al decir del mismo hispanista
francés: «España se contentó con las traducciones parciales admitidas
desde hacía mucho tiempo, junto con algunas otras que toleró la
Inquisición. Se reimprimieron ininterrumpidamente las Epístolas y
Evangelios en la revisión de Fr. Ambrosio de Montesinos» . Se ha
llamado la atención sobre la poetización de textos bíblicos que se da
en el siglo XVI. Así, por ejemplo, los Proverbios de Salomón
interpretados en metro español y glosados, del franciscano Francisco
del Castillo, realizada hacia 1552, o la Suma de toda la Sagrada
Escriptura en verso heróico castellano, obra del dominico Andrés
Flórez, en Salamanca en 1597 .
Entre los traductores protestantes destaca Casiodoro de Reina , quien
habría traducido el texto del Antiguo Testamento del hebreo, griego y
latín y el Nuevo del griego y latín . La Biblia del Oso como se la
conoce, por llevar en su portada una imagen de un oso, fue impresa en
Basilea , en 1569. Esta traducción fue revisada por Cipriano de Valera
, quien la publicó bajo su nombre en Amsterdam, en 1602, con el título
de La Biblia. Que es los Sacros Libros del Viejo y Nuevo Testamento.
Revista y conferida con los textos Hebreos y Griegos y con diversas
tranflaciones. La «revisión» -que en cuanto a la traducción es
considerada de poca monta por múltiples autores- fue más bien una
alteración del orden de los libros y la consecuente creación de una
sección intratestamentaria donde colocó los libros y pasajes que no
estaban en el canon hebreo confeccionado por los rabinos fariseos
después de la destrucción del Templo de Jerusalén, en el año 70 d.C.
Ambos, aunque más Reina que Valera , constituyen, con todas las
limitaciones y reservas que se quieran poner a sus trabajos bíblicos,
una expresión de la tradición biblista católica de España, en la que
se formaron antes de abandonar la Iglesia; y no cabe duda de que sus
obras se construyeron sobre las de aquellos que les antecedieron en la
traducción y crítica bíblica de entonces. También se puede nombrar a
Francisco de Enzinas , nacido en Burgos, quien traduce el Nuevo
Testamento en 1543, en Amberes, y se lo dedica al Emperador Carlos V
declarando bastante pomposamente «que su intención es salvar el honor
de la nación española». Su edición, por ciertas características que la
hacían «sospechosa» a la Inquisición, fue prohibida en España y en los
Países Bajos .
A pesar de la situación no poco sombría para las traducciones a
lenguas vernáculas, corriendo el siglo XVI, la exégesis, la
metodología y en general los estudios bíblicos, siguiendo las
directivas del Concilio de Trento, se desarrollaron ampliamente en
España y sus dominios del siglo XVI en adelante . No ha de confundirse
la cada vez más reducida lista de traducciones bíblicas al castellano
, avanzando el siglo XVI, hasta llegar a un alto de unos dos siglos,
con un desinterés por la Biblia y los estudios sobre ella. Aquellos
grandes monumentos de erudición escriturística que son las políglotas
Complutense y Regia, son una inequívoca manifestación del interés por
el estudio de la Biblia y el desarrollo del mismo en tierras
españolas, en ese tiempo. También en personas vinculadas a América se
da un interés bíblico explícito. Por ejemplo, el famoso padre José de
Acosta, tan vinculado a la historia de la evangelización en el Perú,
publica en 1590 De vera Scripturas interpretandi ratione. En Lima,
para 1635, Monseñor Luis de Vera publica su Comentarii in libros
Regum, y en México, en 1675, el franciscano Martín del Castillo
publica Ars biblica. En realidad, cerca de 350 libros de comentarios,
desde la totalidad de los dos Testamentos hasta libros singulares, se
publican desde mediados del siglo XVI al siglo XVIII . Algunos fueron
publicados en castellano. El padre Johann Specker en su estudio
Aprecio y utilización de la Sagrada Escritura en las Misiones
Hispanoamericanas da amplia cuenta de muchas traducciones a lenguas
indígenas , ya de libros de la Sagrada Escritura, ya, con mucho mayor
frecuencia, de pasajes, aparecidas en manuscritos, sermonarios, en el
género 'Vidas de Jesús' o dentro de obras de 'Doctrina', y así en
otras variadas formas .

Las traducciones clásicas castellanas

Al haber pasado breve revista a la historia de las traducciones en
España se ve con toda claridad que existen importantes antecedentes de
traducciones bíblicas antes del siglo XVIII. Sin embargo, se considera
como las dos traducciones clásicas en castellano a la del padre Felipe
Scío de San Miguel y la de Monseñor Félix Torres Amat, que se tratarán
más adelante. El largo ayuno de traducciones bíblicas católicas -unos
dos siglos- puede ser el responsable de esta calificación. El padre
Castellani nunca estaría de acuerdo en llamarlas 'clásicas', pues las
considera, al igual que a la Reina-Valera, sencillamente «mediocres» .
Ciertamente esa visión del autor argentino puede ser discutida o no,
pero lo que no puede ser cuestionado, ni siquiera por Castellani, es
que tanto la Biblia traducida por Scío como la de Torres Amat son
hitos fundamentales, notables, en el proceso de divulgación de la
Palabra de Dios en castellano, y precisamente en ese sentido son
'clásicas'.
A partir de mediados del siglo XVIII reaparecen textos bíblicos
traducidos a lenguas hispanas. Así, por ejemplo, para 1777 Francisco
Gregorio de Salas, traduce Lamentaciones y partes del Oficio de Semana
Santa; Ángel Sánchez tradujo Proverbios (1785), el Eclesiastés (1786),
los Salmos, Sabiduría y Eclesiástico (1789); el sacerdote benedictino
Anselmo Petite, quien fuera abad de San Millán de la Cogulla, traduce
los Evangelios y los publica en Madrid, en 1785; en el mismo año
Gabriel Quijano publica, también en Madrid, una traducción de las
Epístolas de San Pablo; en 1798 se imprime el Cantar de los Cantares
y, un año despúes, el libro de Job, traducidos en su día por fray Luis
de León ; el Salterio traducido por fray Luis de Granada logró ser
dado a imprenta en 1801; en el mismo año el peruano Pedro de Olavide
publica su versión parafrástica de los Salmos ; y así otras
traducciones parciales antiguas y nuevas empiezan a ver la luz
pública. La causa inmediata de esto fue un decreto de la Inquisición
española autorizando las publicaciones en lengua vernácula en tierras
bajo dominio de la corona española. Felipe Bertrán, Inquisidor
General, señala en su decreto que las «causas han cesado ya por la
variedad de los tiempos» , en referencia a la prohibición de publicar
la Biblia en lengua vernácula. Esto ocurría en 1782.
La Biblia del padre Scío
El famoso padre Felipe Scío y Riaza nació en Balsaín, Segovia, el 28
de setiembre de 1738. En su bautismo fue apadrinado por el rey Felipe
V, de la casa de Borbón. Contando con 16 años de edad ingresó a la
orden de clérigos regulares fundada por el aragonés San José de
Calasanz, conocida como escolapios o piaristas, por lo de Escuelas
Pías . Dos años después hizo su profesión asumiendo, como era
costumbre entonces, un nuevo nombre. Tomó el de Felipe de San Miguel.
Perteneció a la Provincia Escolapia de Castilla. Fue ordenado
sacerdote en 1761, viajando a Roma para completar sus estudios
teológicos, donde permanece hasta 1768, en que vuelve a España.
Llega a ser Provincial escolapio de Madrid, preceptor de los nietos
del rey Carlos III de España, preceptor de una infanta de Portugal.
Escribe algunas obras y realiza traducciones como su conocida de San
Juan Crisóstomo, Sobre el Sacerdocio. Conocedor del latín, griego y
hebreo, logra una amplia biblioteca que cuenta con textos claves de
esas lenguas sobre Sagrada Escritura. En 1795, estando en Valencia,
recibe el nombramiento de Obispo de Segovia, por el Papa Pío VI.
Estando delicado de salud no toma posesión del Obispado hasta 1796, a
través de un procurador. El Señor lo llama en ese mismo año, antes de
llegar a ser consagrado Obispo.


La Biblia traducida al castellano

Según cuenta Scío, el rey Carlos III le encomendó en 1780 la
traducción de la Biblia completa al castellano. Para acompañar la
traducción y corrección de la obra a realizarse fue designado otro
sacerdote escolapio, Benito Felíu de San Pedro . Para 1788, el rey
Carlos IV asume el proyecto de su padre y decide que se imprima la
obra en Valencia. Para entonces Scío se encontraba en Portugal, así
que la dirección de la impresión y la corrección de las pruebas se
realiza en Valencia bajo la dirección del padre Felíu de San Pedro. El
padre Scío envía en ese tiempo los libros pertinentes de su biblioteca
a Valencia y los pone a disposición del p. Felíu y los demás
escolapios que estaban revisando las pruebas de la primera edición. De
1790 a 1793 se imprime la Biblia traducida por el padre Scío, con la
colaboración cercana del p. Felíu. Y tan sólo un año después estaba ya
agotada totalmente la primera edición.
La obra lleva multitud de argumentos justificatorios para aparecer en
castellano. Se trata de una edición a dos columnas, con el latín y el
castellano en paralelo. La traducción es por momentos bastante dura
por el deseo de Scío de ajustarse a la letra de la Vulgata. Constituye
también un monumento de erudición por las notas a pie de página. La
alusión al texto hebreo y griego para ciertos libros del Antiguo
Testamento y al griego para otros y para los del Nuevo Testamento
evidencian su vasto conocimiento bíblico. Las notas del padre Scío
también traen posibles variantes de traducción al castellano . Además
hay notas de carácter espiritual. La edición lleva unos bastante
completos índices de nombres y lugares, así como una cronología,
obviamente según la información de la época, y otros elementos
auxiliares. Todo ello habla elocuentemente de la notable calidad
científica de quienes participaron en la traducción del siglo XVIII.
Para 1794, como ya se dijo, la primera edición estaba agotada. Así,
fue planeada una segunda que procurase acoger algunas críticas
levantadas contra faltas de traducción literal. La segunda edición,
numerosísimas veces reimpresa, fue revisada en Madrid por un equipo de
sacerdotes: Calixto Hornero, Hipólito Leréu, Luis Minguez y Ubaldo
Hornero. Sobre una mayor dureza y servilismo al latín en la versión
revisada hay ciertas críticas .
Una interesante apología de la Biblia de Scío y una sistemática y
pormenorizada crítica a diversos juicios emitidos en la obra Historia
de los Heterodoxos Españoles, en la que Menéndez y Pelayo tiene un par
de poco afortunadas expresiones al paso sobre la traducción de Scío, y
que han sido copiadas por algunos, es la realizada por el escolapio
Miguel Balague .
De la calidad exegética de Scío y su colaborador Felíu no se puede
dudar. De la seriedad con la que fue acometida tan magna empresa
tampoco. Tanto por el resultado, como por los planteamientos que hace
en su Advertencia, Disertación Preliminar, y Disertación Segunda. En
cuanto a la literalidad, Scío la justifica con sus razones en los
textos mencionados. Pero cabe señalar, como otros han hecho, el
espíritu de los tiempos, en particular una actitud de 'caza de brujas'
que perseguía a las traducciones de la Biblia a lengua vernácula.
Basta revisar la argumentación que cree necesaria dar el Inquisidor
General Felipe Bertrán cuando en 1782 autoriza la traducción de las
Sagradas Escrituras a lengua vernácula, y las condiciones que éstas
deben llenar. Gabriel M. Verd, S.J., luego de formular un elenco de
los principios de traducción de Scío , resume el ambiente cultural en
que se dio la famosa traducción: «Tras muchos años de prohibición se
permite en España editar la Biblia en lengua vulgar. Naturalmente el
recelo y la desconfianza flotan en el ambiente. El P. Scío se inclina
por una versión literal en la teoría, aunque sin extremismos en la
práctica. Pero no logra evitar las suspicacias» . Esas «suspicacias»
son la fuente de las críticas que llevaron a la revisión de la primera
edición con la intención de hacer más literal aún el texto.
Las ediciones de la Biblia traducida por el padre Scío se
multiplicaron calculándose unas ochenta ediciones . En realidad es
difícil determinar con exactitud el número, que bien puede ser mayor,
pues si bien se conoce un buen número de ediciones , algunas son de
dos tiradas, en unos casos una en bilingüe y otra sólo en castellano,
o en otros casos una con láminas otra sin láminas. A ello se suman
varias ediciones en París, Nueva York y Londres, e incluso la
publicación de la traducción Scío, aunque sin notas, por las
Sociedades Bíblicas. En América se difundió profusamente al punto que
aún hoy no es difícil encontrar ejemplares de diversas ediciones de la
traducción de Scío. En América Latina hay al menos dos ediciones,
hechas en México con el título de la Biblia Vulgata Latina, 1831 y
1943 . Hay también una traducción bilingüe en aimara y castellano de
un Evangelio, publicada en Londres con varias reimpresiones desde
1829. El texto castellano es el de la traducción de Scío, el aimara de
V. Pazos-Kamki. El título de la obra: El Evangelio de Jesu Christo
según San Lucas en aymará y castellano.

La traducción del siglo XIX

Así se puede designar a la única traducción completa de la Biblia en
todo el siglo XIX. Como el siglo XVIII dio a luz a la Biblia del p.
Scío, el XIX tuvo también sólo una traducción, conocida como de Torres
Amat, aunque no son pocos los que gustan llamarla de Petisco y Torres
Amat. ¿Quiénes fueron estos traductores?
El padre José Miguel Petisco
Por ser menos conocido que Torres Amat, parece conveniente empezar por
José Miguel Petisco. Nació en Ledesma, en las vecindades de Salamanca,
el 28 de setiembre de 1724. Sintiendo el llamado de la vocación
sacerdotal decidió ingresar a la Compañía de Jesús, lo que hizo a
través del noviciado de Villagarcía. Fue ordenado sacerdote, y como es
costumbre entre los jesuitas luego de su tercera probación hizo su
cuarto voto en 1758. Viajó a Lión donde se especializa durante dos
años en el estudio del griego y el hebreo. Por el decreto de expulsión
de los jesuitas de España debe salir al destierro. En Córcega y
Bolonía enseña Sagradas Escrituras, hasta la supresión pontificia de
la Compañía de Jesús, en 1773.
Ante estos acontecimientos decide establecerse en Bolonía. Luego de la
traducción al italiano de la Vulgata por Antonio Martini, del breve
pontificio a él dirigido y de las nuevas disposiciones de la
Inquisición española de 1782, Petisco decide empezar una traducción de
la Vulgata al castellano. Inicia sus labores en 1786. Trabaja en
Italia y regresa con el texto prácticamente finalizado a España en
1798. El Señor lo llama el 27 de enero de 1800.
Entre sus obras hay unas traducciones de Cicerón, así como una
gramática griega publicadas en Villagarcía. Se dice que le fue
arrebatada su traducción de Los Comentarios de Cayo César, que salió
bajo el nombre del presbítero José Goya y Muniain, publicada en Madrid
en 1798. Algo semejante se afirma de su traducción de la Biblia, como
se verá más adelante.
Mons. Félix Torres Amat
Hijo de J. Torres Cereols y de Teresa de Amat y Pont, nace Félix en
Sallent, en la comarca de Bagés, Barcelona, el 6 de agosto de 1772.
Entre sus once hermanos tuvo dos que también fueron sacerdotes:
Ignacio y Valentín. Desde niño tuvo notable facilidad para los
idiomas, estudiando latín en su pueblo natal, y a partir de los doce
años griego, hebreo, francés e italiano en Alcalá de Henares. Para
1794 había culminado sus estudios de filosofía y teología. Fue
ordenado sacerdote en 1796, dedicándose a la enseñanza de filosofía,
matemáticas, retórica y teología. Para 1817 se le encuentra en
Barcelona, donde fue nombrado Vicario General. En 1835 es consagrado
en Barcelona como Obispo de Astorga. Durante este tiempo desarrolla
diversas actividades públicas. El Señor lo llama el 29 de diciembre de
1847.
La vinculación con su tío materno el arzobispo Félix Amat de Palou y
Pont , vinculado al grupo jansenista y regalista, acusado de
afrancesado por el grupo del rey Fernando VII, debido a sus acciones
bajo el régimen de José Bonaparte, le trajo a Torres muchas
desavenencias. De ideas semejantes a las de su tío escribió en su
defensa un par de obras que fueron puestas en el Índice, y que le
valieron fuertes críticas del padre Jaime Balmes .
Mons. Félix Torres Amat fue miembro de numerosas academias como la de
las Buenas Letras de Barcelona, la Geográfica de París, la de Historia
de Madrid. Además de la traducción de la Biblia, y de un Indice
cronológico de las cosas más notables de la Santa Biblia, en
diecisiete tomos, dio a imprenta en Barcelona, en 1836, un diccionario
o Memoria para ayudar a formar un Diccionario crítico de escritores
catalanes. Sus impugnadores lo han acusado de haber plagiado a su
hermano Ignacio . En la noticia que da José Vives Gatell , dice: «Su
obra principal son las también discutidas Memorias. Confiesa él
(Félix) en la introducción que la idea partió de su hermano Ignacio
que, como bibliotecario y después deán de Gerona, reunió más de un
millar de noticias de autores catalanes, en parte perdidas al huir de
Gerona sitiada, parte aprovechadas en las Memorias y se sabe que
Torres Amat visitó varias bibliotecas de España en busca de otros
centenares de noticias» . Por su parte Bohigas, al dar referencia de
la obra, señala: «Parte importante de esta obra la constituyen las
papeletas que había hecho Ignacio Torres Amat, hermano de Félix, en la
Biblioteca Pública Episcopal de Barcelona, de la que fue
bibliotecario. Estos materiales se completaron con otros de las
bibliotecas de Barcelona, Madrid, El Escorial, Zaragoza, Valencia,
etc., obtenidos bien directamente, bien por medio de amigos, y con
datos sacados de bibliografías anteriores y obras eruditas» . Sobre
esto y el asunto de la Biblia, G.Ma. Verd es un tanto tendencioso en
relación a Mons. Torres, llegando incluso a acusarlo de «plagio» .
El asunto de la traducción de la Biblia
En 1823 inicia Torres la publicación de su traducción sobre la Vulgata
en nueve volúmenes, a partir del Nuevo Testamento. En 1824 empezó a
publicar el Antiguo Testamento y culminó al año siguiente. Al aparecer
el Nuevo Testamento corrieron rumores de que se lo había apropiado de
Petisco. Al salir de prensa el primer tomo del Antiguo Testamento
traía unas aclaraciones sobre ese asunto, señalando que se había
valido de un texto castellano anónimo, que algunos pensaban que era
del padre Petisco.
Según el parecer de algunos el asunto está totalmente resuelto: Torres
habría tomado el manuscrito de Petisco y lo publicó bajo su nombre.
Para otros, la cosa no queda tan clara: «cuya total o parcial
originalidad ha dado lugar a muchas y no satisfactoriamente resueltas
cuestiones» . Concediendo que Torres conoció el manuscrito, no deciden
cuánto lo usó y cuánto se debe a sus propias investigaciones. Por
ejemplo, el Comentario Bíblico San Jerónimo, dice: «Se ha afirmado que
esta traducción era en realidad obra de José Miguel Petisco ; de
hecho, ha sido publicada varias veces bajo el nombre de ese jesuita
(+1800). Lo más probable es que se trate de una traducción distinta,
si bien Torres Amat -como él mismo declara en el prólogo de la obra-
tuvo delante el manuscrito inédito de Petisco» .
Por un lado está la duda sembrada por las acusaciones de haber
plagiado las introducciones de Mons. Martini, en la traducción
italiana. Por otro está el asunto del uso de las investigaciones de su
hermano Ignacio, fallecido en 1811, en una obra que Félix Torres Amat
publica en 1836, concediéndole el crédito de la idea y de muchas
notas. Finalmente está el asunto de Petisco, a quien según opinión de
algunos autores le habrían plagiado una obra en 1798, cuando aún vivía
y se encontraba en España o muy cerca de estarlo. Todo el asunto
resulta extraño y por demás desagradable.
Características
En todo caso, dejando la resolución del polémico asunto a los expertos
en esos menesteres, cabe señalar que la Biblia conocida como de Torres
Amat presenta una traducción de mejor estilo literario que la del
padre Scío. El costo es la multitud de añadidos o glosas que por
momentos la hacen parecer parafrástica. Es de lectura fácil y
agradable. Varias veces ha sido revisada e incluso se han recortado
sistemáticamente sus glosas o paráfrasis.
Primicia mundial desde América Latina
Si bien, como ya se ha señalado, en la época del dominio español puede
que se haya dado alguna traducción de la Biblia a un idioma nativo de
América, no existe clara evidencia de ello, salvo por lo ya indicado
en el estudio del padre Specker. Tampoco hay evidencia de una
traducción completa de la Biblia en las posesiones españolas de
América. Así, pues, con toda justicia corresponde al padre Guillermo
Jünemann Beckschaefer el muy honroso título de primer traductor de la
Sagrada Escritura en América . Más aún, su traducción directamente del
antiguo texto griego de la Biblia al castellano es una verdadera
primicia mundial. Lo fue al hacer la traducción castellana y lo sigue
siendo hoy, pues no se ha emprendido obra semejante .
El padre Jünemann
Aunque nació en la ciudad de Welwer, en Westfalia, el 28 de mayo de
1855, a los ocho años arribó a Chile para quedarse durante toda su
vida en su nueva patria. Sus padres, Federico Jünemann y Cristina
Beckschaefer, junto con sus cuatro hijos, emigraron de Alemania. Para
1871, Guillermo marcha a Santiago, donde sigue estudios en el Colegio
San Ignacio. Dos años después, el joven alumno, que iba destacando en
el aprendizaje, ingresa al Seminario Conciliar de Concepción. Ya
entonces destacaba por su dominio del latín. A él suma el aprendizaje
del griego. Tras los estudios correspondientes de filosofía y
teología, recibe el orden sacerdotal, en 1880. Al lado de sus labores
ministeriales realiza tareas de enseñanza. De éstas brotan varios
libros como su texto de Literatura española, su Antología Universal de
los Mayores Genios Literarios o aquél otro de Literatura Universal .
La editorial alemana Herder los publica. También traduce la Ilíada,
pues era muy aficionado al estudio de los clásicos griegos y también a
los latinos.
Para 1920, el sacerdote germano-chileno da inicio a la traducción del
Nuevo Testamento directamente del griego. Continúa con el Antiguo
Testamento, para lo cual recurre, lleno de devoción por el valor que
le concedieron los autores del Nuevo Testamento y los Padres de la
Iglesia, a la antigua versión griega, conocida como de los LXX . Unos
siete años le lleva realizar su traducción, hasta noviembre de 1928.
Realiza su labor en unos pequeños cuadernos manuscritos, de los que en
el mismo 1928 entrega a imprenta el Nuevo Testamento, que publica la
Editorial Diocesana de Concepción. El Antiguo Testamento, versión de
la Septuaginta al castellano, sólo será editado 64 años después, con
la aprobación de la Conferencia Episcopal de Chile.
El padre Jünemann fue llamado por el Señor el 21 de octubre de 1938,
estando en Tomé, en su querida diócesis de Concepción.
La Biblia del padre Jünemann
El origen de su deseo de traducir la Sagrada Escritura habla mucho de
la personalidad de este sensible sacerdote. En sus propias palabras
relata así cómo empezó su aventura: «Un día me dice casi de improviso
una niña: "Cuando abro el Evangelio, no sé lo que me pasa: me olvido
de todo; me parece que no estoy aquí". Y yo: "Cuánto más gozaría Ud.,
si lo leyese exactamente traducido; no tan mal como lo está". Ella: Y
¿por qué no lo traduce bien Ud.; ya que escribe tantas otras cosas? Yo
le copio. Yo: Ud. sabe que mi editor (B. Herder) y Alemania son
actualmente, como si no existieran. ¿Quién me lo imprime? Ella: Yo le
ayudo a costear la edición... Añadiré que distaba ella mucho de ser
rica; y no tengo ya necesidad de decir que el mismo día cogí la pluma,
y no la soltaré hasta que termine mi trabajo, si Dios antes no me la
quita de la mano. Ésta es la génesis de mi versión de la Biblia» .
El Nuevo Testamento fue publicado por primera vez en 1928. Se trata de
un texto sumamente literal que se ajusta incluso al orden de las
palabras en griego. El padre Jünemann lleva muy metida en las venas la
precisión tan querida por el genio alemán de sus antepasados, y elige
realizar una traducción lo más literal posible. Se da pocas libertades
a pesar que afirma su propósito de «verterla (la palabra divina) de
modo que no tuviese yo que avergonzarme delante de Dios por
irrespetuoso, ni delante del idioma español, ruborizándome de rigidez
y pobreza» . El literalismo que se percibe más parece responder al
primer criterio.
Igual sentido literal se aprecia en el texto del Antiguo Testamento,
que bien podría servir para una edición interlineal con el texto
griego, de conocerse con seguridad de qué obras traduce aquél a quien
Mons. Straubinger califica como «excelente conocedor de la lengua
griega y formado en la escuela de San Crisóstomo, cuyos escritos eran
su lectura predilecta» .
La traducción del padre Jünemann constituye aún hoy un testimonio
bíblico de valor único. Incluso su literalidad extrema puede servir
para seguir desde el castellano el texto griego de los LXX o el del
Nuevo Testamento. Precisamente, G.Ma. Verd, hablando en general,
señala: «Las versiones literales transparentan el texto original, y
pueden ser sumamente iluminadoras en la lectura privada de una persona
de cultura» , aunque no son para uso general ni pastoral. En todo
caso, la magna empresa de Jünemann queda como un hito muy especial en
la historia de la traducción de la Sagrada Escritura al castellano, y
merece ser mejor conocida.
La edición de 1992
Con ocasión del Quinto Centenario de la Evangelización de América fue
impresa en Chile La Sagrada Biblia traducida por Guillermo Jünemann.
Al texto castellano ya fijado por la edición del Nuevo Testamento de
1928, se sumó una especie de odisea de copiados que desde los
manuscritos originales llegaron a la imprenta.
Los manuscritos originales de la traducción de los LXX, en los ya
mencionados pequeños cuadernos, quedaron en posesión del padre
Benedicto Guiñez, quien quedó a cargo para cuanto fuera menester. Éste
trasmitió luego la responsabilidad al padre Ambrosio Villa, quien pasó
a máquina buena parte de la traducción. A su vez éste trasladó todas
las responsabilidades a otro sacerdote, que como los anteriores había
sido discípulo del padre Jünemann. Esta vez, quien recibió la posta
fue el padre Eleazar Rosales Rojas, quien prosiguió la tarea.
Finalmente mediante documento notarial el padre Rosales, al enfermar
gravemente, pasó los manuscritos y la potestad sobre ellos a Gustavo
Leiva Carrasco, en setiembre de 1971. Precisamente Leiva,
Vicepresidente del Centro de exalumnos del Seminario Conciliar de
Concepción, con la colaboración y apoyo eficaz del presidente Alfonso
Naranjo Urrutia y el aliento del Arzobispo de Concepción, Mons.
Antonio Moreno, lograron la publicación de una edición de la Biblia
completa, cumpliendo así el sueño del padre Jünemann.
Una traducción en Argentina
Para 1927 Américo Castro, A. Millares y A.J. Batistessa imprimen una
Biblia Medieval Romanceada, según manuscritos prealfonsinos de El
Escorial . Hacia 1938 la Obra Cardenal Ferrari produce una hermosa
edición de los Evangelios. Este interés por la Biblia se expresa
también años antes con las Concordancias de Luis Macchi, S.D.B.
Posteriormente se publica la edición de los Evangelios realizada por
el padre Réboli, en 1944, según una versión suya de la traducción de
Torres Amat, con amplias notas y con grabados alusivos a pasajes
evangélicos de Víctor Delhez .
Pero será Mons. Juan Straubinger el autor de la primera traducción de
la Biblia hecha en Argentina. Nació en Esenhausen, en Alemania, el 26
de diciembre de 1883. Por la situación que entonces sufría su patria,
en 1938 viaja a la Argentina y se establece en la ciudad de Jujuy.
Allí publica una «humilde hojita» bíblica. Al año siguiente decide
fundar la Revista Bíblica. En 1940 viaja a La Plata, capital de la
provincia de Buenos Aires, y se desempeña como profesor de Sagrada
Escritura del Seminario Mayor. Permanece allí hasta 1951, enseñando
diversas materias. Al parecer, luego retorna a Alemania, radicándo en
la ciudad de Stuttgart. El Señor lo llama el 23 de marzo de 1956.
Una primera versión
Alternó sus labores docentes con una actualización crítica de la
traducción al castellano de la Vulgata de Mons. Torres Amat. Mons.
Juan Straubinger, entonces profesor de Sagrada Escritura en el
Seminario Arquidiocesano San José de La Plata, publicaba, por la
Librería e Imprenta Guadalupe, un Nuevo Testamento revisado y anotado.
Era el año 1941. La obra tenía como especial particularidad que las
numerosas glosas en bastardilla de la edición de Torres desaparecen en
la edición de Straubinger, más ajustada a la Vulgata. El clérigo
alemán siguió publicando la traducción de la Vulgata en una edición
libre de las «viruelas», como llamaba graciosamente el padre
Castellani a las glosas en cursivas que llenan la edición de Torres
Amat.
La traducción
En setiembre de 1944 aparecía una edición de los Evangelios, con 186
xilografías. La traducción, según el griego, le fue encargada a
Straubinger con ocasión del IV Congreso Eucarístico Nacional
Argentino. Llevaba prólogo del Cardenal Santiago L. Copello. Al año
siguiente el autor tenía traducidos los Hechos. En 1947 salieron a la
luz las Cartas de San Pablo. Un año después, terminada la traducción
del Nuevo Testamento, se difundió en una edición completa.
Straubinger optó por traducir el Antiguo Testamento del texto hebreo
masorético y de la Vulgata, lo que tenía terminado para 1951. La
traducción de Mons. Straubinger ha sido varias veces reeditada en
diversos lugares de América, incluso en una edición ecuménica de la
Biblia, publicada en Chicago en 1971.
Características
La traducción del Nuevo Testamento y del Antiguo muestra una cierta
influencia de la Vulgata, a la que el autor expresamente dice seguir
para los libros veterotestamentarios que no se encuentran en hebreo.
Para los demás libros del Antiguo Testamento sigue el texto
masorético. Straubinger señala que ha tenido en cuenta las
traducciones españolas de Nácar y Colunga, así como la de Bover y
Cantera, publicadas en la Biblioteca de Autores Cristianos, de Madrid.
Un juicio certero sobre la obra señala que: «El trabajo realizado con
minuciosidad, refleja una buena crítica textual y una sólida exégesis.
Desde el punto de vista estilístico el texto es correcto y claro» .
Otras traducciones al castellano
Como se desprende de lo dicho, para tiempos de finalizar la traducción
de Straubinger, ya se habían publicado otras. La más conocida de ellas
es la de Eloíno Nácar Fuster y del dominico Alberto Colunga, La
Sagrada Biblia, traducción al castellano del hebreo y del griego, para
el Antiguo Testamento, y del griego para el Nuevo. La primera edición
es de 1944. Hasta hoy se han difundido millones de ejemplares. M.
García Cordero dirige un equipo que revisa la traducción en 1965. Es
posible que en un futuro no muy lejano se vuelque a lenguaje
electrónico esta famosa traducción, que estaría en proceso de una
nueva revisión.
En 1947 aparece una traducción más ajustada a lo literal, realizada de
los textos hebreo, arameo y griego. Se debe a José María Bover, S.J.,
y Francisco Cantera Burgos. Precisamente, este último, junto con Angel
Sáenz-Badillos, Natalio Fernández Marcos y el padre Manuel Iglesias,
S.J., han producido en 1975 una nueva edición de la traducción Bover y
Cantera.
Dirigida por Luis Alonso Schökel y Juan Mateos, aparece una Nueva
Biblia Española (1975), que usa una metodología de traducción
dinámica. El origen 'remoto' de la misma son unos trabajos para uso
litúrgico, encomendados a los autores por el episcopado español. El
Nuevo Testamento realizado por Juan Mateos, es de 1974. La colección
Los Libros Sagrados del Antiguo Testamento, de Ediciones Cristiandad,
tiene en germen esta traducción de cariz literario. En cierto sentido,
y guardando debidamente las distancias, se la puede poner en la línea
de las traducciones con glosas, aunque en este caso más que con glosa
se traduce buscando la equivalencia dinámica de las palabras.
Otra traducción importante es la realizada por el equipo de
traductores dirigido por Evaristo Martín Nieto, La Santa Biblia
(1964). La edición reclama haber sido realizada «con la más rigurosa
lealtad al sentido primigenio de la Biblia y, al propio tiempo, con la
más adecuada adaptación al lenguaje del hombre de hoy» . Las Ediciones
Paulinas ha producido ya distintas ediciones y en diverso formato. La
traducción aspiraba a ser «realmente "La Vulgata" entre todos los
pueblos de habla española» . Es la primera traducción realizada en
castellano en equipo, y las virtudes y defectos de este tipo de
traducciones se dejan ver. El estilo es claro, y el lenguaje es
formalmente correcto, aunque muestra algunos anacronismos. Hay una
nueva edición revisada (1988).
Famosa y muy influyente es la traducción de la Biblia de Jerusalén,
que se atiene a las variantes textuales de la Bible de Jérusalem,
publicada bajo la dirección de la Escuela Bíblica de Jerusalén. La
versión castellana es bastante conocida y responde a una lectura
textual que toma en cuenta el uso de los Santos Padres de los primeros
siglos. La unidad e interdependencia de las lecturas es un objetivo
explícitamente perseguido por los grupos de traductores. Es
interesante señalar que en no pocos pasajes, en especial en el Nuevo
Testamento, tiene un aire a la traducción del padre Jünemann, probable
mente por seguir muy de cerca el texto griego, pero con la clara
salvedad de un mejor estilo y construcción. Desde su aparición en 1966
ha tenido varias revisiones. Hace algunos años, para la traducción
castellana, la Biblia de Jerusalén es accesible al computador
electrónico a través de la herramienta norteamericana Findit, novedosa
en su tiempo pero hoy superada tecnológicamente .
La Biblia Latinoamericana (1972) es una traducción realizada en Chile,
al parecer en la Arquidiócesis de Concepción, y muy difundida . Los
traductores fueron los padres Ramón Ricciardi y Bernardo Hurault. El
primero sigue en Chile, en Tomé; el segundo está radicado en Taipei,
Taiwan. Hurault publicó en 1980 una interesante Sinopsis Pastoral de
Mateo - Marcos - Lucas - (Juan), con notas exegéticas y pastorales. En
ella aparece un traducción más enfática que en la edición de la
Biblia. La obra conjunta de los dos, Ricciardi y Hurault, apareció con
un sesgo muy influido por perspectivas ideológicas de moda en la
década de los años 70, lo que aún se percibe en algunas notas. Este
sesgo motivó numerosas críticas y una revisión. La edición actual
apela al lenguaje coloquial, lo que la hace fácil de leer. Sin
embargo, su traducción es en algunos casos interpretativa. Por otro
lado, lamentablemente, en algunas notas se percibe poca precisión
teológica y cierta oscuridad en lo expresado. Por suerte esto no está
extendido a todas, pues hay notas bastante claras y acertadas
teológicamente.
En 1981 se publicó una muy curiosa traducción argentina, El Libro del
Pueblo de Dios, bajo la dirección de los padres Armando Levoratti y
Alfredo Trusso. Esta obra presenta el Antiguo Testamento según el
orden del canon hebreo (La Ley, Los Profetas, Los demás Escritos) . Al
mismo tiempo, se extrae del Antiguo Testamento los pasajes y libros
que no fueron aceptados por quienes elaboraron el canon judio-fariseo
con posterioridad a la caída de Jersulén, en el siglo I, y se los
deporta a una sección entre ambos Testamentos denominada «Escritos
"deuterocanónicos"». El texto en sí mismo tiene un estilo claro y
fluido, aunque la traducción y las notas son desiguales. Estas últimas
en general son puntuales y concretas. Se habla de una futura edición
electrónica en multimedios. Es de esperar que para ella se salve la
alteración del orden de los libros y sobre todo se mantenga su
integridad textual .
Recientemente, en 1994, ha aparecido para América Latina una edición
auspiciada por la Casa de la Biblia de Madrid, denominada Biblia de
América. La edición ha sido revisada por un equipo latinoamericano
para adaptarla al uso de estas tierras. La traducción es con lenguaje
coloquial y se hace fácil de leer. Sin embargo, unas cuantas notas e
introducciones tienen la falta de traer hipótesis y presentarlas como
hechos. Ciertamente, ese vicio afecta no poco a las traducciones
nuevas.
¿Nuevamente Scío?
En 1994 apareció la Biblia Americana San Jerónimo. En una cuidada
edición, la editorial Edicep, de Valencia, ha publicado una tercera
edición de la Biblia del padre Scío. Se trata en realidad de una
versión bastante nueva. Ante todo los varios y grandes volúmenes de
las ediciones de la primera y de la segunda versiones de la Biblia
traducida por Scío, se han reducido en la presente a un solo volumen
de fácil manejo. Esta nueva edición ha recortado abundantemente las
notas de Scío, aunque trae algunas. También trae un buen reflejo de
las introducciones del ilustre escolapio. La traducción es totalmente
moderna. El estilo es sumamente claro y ágil, manifestándose el
cuidado tenido en transformar y simplificar las construcciones
sintácticas. Declara seguir los textos hebreo y griegos más que la
Vulgata. La obra coordinada por el escolapio Jesús María Lecea ha
procurado mantener una política de renovación del texto buscando
introducir las variantes necesarias para una mejor lectura de cara al
Tercer Milenio.
La Biblia Americana San Jerónimo ha sido aprobada por la Conferencia
Episcopal de Santo Domingo, y trae un prólogo del Arzobispo Primado de
América, Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, quien resume muy
bien el sentido de esta nueva versión de la traducción de Felipe Scío
de San Miguel, Sch.P. «La "Biblia Americana San Jerónimo" responde a
un plan bien definido, de suerte que, siendo fiel a su primer
traductor, puede ser comprendida sin dificultad por el lector de
nuestros días. Así, un patrimonio escriturístico y literario del
pasado puede ser compartido perfectamente en el presente, con las
mayores garantías, no sólo de ortodoxia y plena fidelidad a la fe
católica, sino también de lenguaje inteligible y ameno que invita a la
lectura» .
Dado que esta edición, que ha aparecido primero, está orientada hacia
América Latina, tierra donde radica no sólo el mayor número de
católicos de habla castellana, sino la tierra del mayor número de
católicos del mundo , se estaría preparando una edición adaptada al
hablar castellano en España. Por lo demás, como van las cosas en el
mundo de la informática, no parece que se haga esperar mucho una
edición electrónica de la traducción revisada de la Biblia de Scío.


Saludos

Eliseo
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