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Asunto:[debunker] Evagelios, era: Ediciones de la Biblia (pirateo)
Fecha:Domingo, 6 de Mayo, 2001  20:46:13 (+0200)
Autor:maria folco <mfolco @........es>

Evagelios, era: Ediciones de la Biblia (pirateo)

Os pego el capítulo dedicado a los evangelios del libro «Viaje humorístico a través de las religiones y de los dogmas" de N. Simón, que amablemente me pasó un colistero no hace mucho, es realmente excelente (a parte de bien documentado) y no tiene desperdicio.
________________________________________
CAPITULO VII

LOS EVANGELIOS

Las religiones tienen por base la «revelación», que es el conjunto de las comunicaciones que los dioses, ángeles, santos, diosas, se dice han hecho a la humanidad. La revelación es verbal o escrita y su objetivo es establecer la existencia de divinidades; de las que el sacerdote es el mandatario. La revelación verbal es el resultado de apariciones o milagros inventados por el sacerdote y publicados por él. La revelación verbal sigue una regla que no comportó jamás ninguna excepción. JAMAS, ningún culto, ensayó una aparición a fecha fija, en un lugar señalado, ante la multitud previamente convocada. JAMAS un culto intentó que una de sus divinidades realizara, en presencia de doctores reunidos, el milagro claro, preciso que consistiría en hacer rebrotar una pierna cortada o resucitar un muerto.
En tal materia es necesario poseer el escepticismo burlón de aquel doctor quien, interrogado sobre la fe que se debía atribuir a las propiedades maravillosas del agua de Lourdes, respondía, sonriendo: «No, ella no es milagrosa, pero, en fin, utilizada en lavativas puede producir su efecto.»
La revelación escrita se produce bajo forma de libros pretendidamente sagrados, escritos por el sacerdote y atribuidos por él a sus dioses.
En tal orden de ideas, los judíos tuvieron la Biblia, los egipcios tenían 40 libros sagrados que se llevaban procesionalmente, los babilonios tenían los suyos, los persas el Zend-Avesta, la India los Vedas. Los mahometanos tienen el Corán, y los cristianos los Evangelios.
La revelación escrita de los griegos fue una colección de oráculos, atribuidos a profetisas inspiradas - se decía - por la divinidad.
Los romanos tenían los libros Sibilinos, guardados por sacerdotes especiales.
Todo eso constituyó y sigue constituyendo la literatura de la mistificación religiosa.
La palabra Evangelio es la traducción de dos palabras griegas que significan: Buena Nueva.
Desde los primeros siglos, los Evangelios fueron atacados violentamente como siendo la obra parcial y mentirosa de polemistas desconocidos sin presentar, por consiguiente, ninguna garantía de veracidad; sobre ellos, en el siglo tercero, el maniqueo Fausto si expresaba de la siguiente manera:
«Todo el mundo sabe que los Evangelios no han sido escrito por Jesucristo ni por los apóstoles, sino mucho tiempo después por desconocidos, quienes, juzgando que nadie les creería sobre cosas que ellos no habían visto, pusieron en cabeza de sus narraciones, nombres de apóstoles o de hombres apostólicos contemporáneos.»      
La existencia del Papado es debida a alteraciones de los Evangelios.
En su origen. los obispos, simples vigilantes elegidos por sus fieles, se llamaban todos papas, es decir: padres. Para establecer su supremacía sobre los otros obispos, los de Roma imaginaron de insertar. en los Evangelios, textos mediante los cuales, Jesús hacía de su apóstol Pedro, su representante oficial sobre la Tierra.
Luego se sostuvo falsamente que ese representante había sido obispo de Roma y que él había transmitido sus poderes a sus sucesores.
. Se le atribuyó, pues, un falso episcopado de 25 años; se le hizo martirizar en Roma, donde jamás puso los pies. Se le fabricaron sucesores ficticios, y, para establecer la supremacía de los, obispos de Roma sobre los de otros países, se publicaron 115 sentencias y decretos de reglamentación general que jamás habían sido publicados. ¡Aquello fue la apoteosis de la falsificación! Se fabricó además una donación por Constantino de la supremacía sobre los obispos. Y se añadió a este fraude gigantesco, al cabo de tres siglos de ardientes discusiones, que hicieron de un obrero, el carpintero legendario, una divinidad, esa larga serie de falsedades y de enormes mentiras que hizo del minúsculo obispo de Roma, el semidiós que adoran aún nuestros curas y nuestros obispos, convertidos así en funcionarios del extranjero.
Un sabio coleccionó los Evangelios y halló 54. Otro, menos apresurado, se divirtió buscándole variantes, es decir las contradicciones, las diversidades de texto, entre unos y otros Evangelios. Encontró 30.000. Era el caos.
Al final del cuarto siglo, S. Jerónimo declara que los Evangelios escritos en latín comprendían casi tantas versiones como ejemplares publicados (S. Jerónimo, prefacio de los Evangelios).
Por orden del papa Dámaso, emprendió la traducción de los Evangelios escritos en griego, para poder llegar, con la ayuda de correcciones, cambios y aditivos, a una versión única, de la que él sería el árbitro. El remedio era peor que la enfermedad, y en ello ganó Jerónimo lo que él temía, es decir, ser tratado de falsario y sacrílego.
Traduciendo la Biblia, había retocado 600 textos. Era un traductor que substituía fácilmente al autor.
Y en el segundo siglo, el filósofo Celso dice que 'las diferentes sectas cristianas, ya en aquella época, para dar razón a sus sistemas, habían retocado Varias veces el texto de los Evangelios.
He aquí la lista de los diversos Evangelios conocidos, al menos, por los títulos. Desde luego, afirmamos que creemos estar lejos de la lista completa: Evangelios atribuidos a: Mateo, Marcos, Lucas, Juan. Evangelio según Leucius; el de Luciano y el de los Maniqueos. Evangelios de: Matías y de la Natividad de Cristo; cuatro Evangelios sobre la Natividad de María. Evangelio de Nicodemos. De S. Pablo; de Perfección; de S. Felipe; de S. Pedro; de los Simonitas; Evangelio según los Sirios; el de Santo Tomás y el de Judas Tadeo. Evangelio de S. Juan sobre la muerte de María; Evangelio de Judas Iscariote; de Eva; de los Gnósticos. Evangelio según los hebreos; el de Hesychitis, el de S. Jaime el Mayor; el de Apeles; el de los doce apóstoles; el de S. Ber-nabé; los de S. Bartolomé, Basilio y el de Corinto. Evangelio sobre el parto de María; el de los Ebionitas; el de los Egipcios; el de la infancia de Jesús; el de la infancia del Salvador; el evangelio Eterno; el de S. Andrés; el Evangelio viviente; el de S. Justino el Mártir; el de los Nazarenos; historia de José según Jesús; el protoevangelio de S. Jaime el Menor y el Evangelio de los Encratitas.
La Iglesia no ha conservado más que cuatro Evangelios, atribuidos respectivamente a Juan, Lucas, Marcos y Mateo. Jamás dio la Iglesia ninguna razón por esa selección puramente arbitraria.. Aparte esos cuatro Evangelios, quedan en total, siete, que son:
El Evangelio de la infancia de Jesús: El protoevangelio de S. Jaime el Menor; La historia de José el carpintero, por Jesús; el de la Natividad de María; la historia de la natividad de María y la infancia del Salvador; el Evangelio de Nicomedes y el de Tomás el israelita.
La Iglesia les condena por apócrifos, es decir, dudosos
El Evangelio de la Infancia, emanado, como los evangelios canónicos, de la pluma de un autor desconocido, fue atribuido sucesivamente a los apóstoles Mateo, Jaime, Tomás y Pedro.
A partir de aquí, desde el nacimiento de Jesús, los milagros, abundan.
(Que se nos permita, al hacer la traducción, pasarlos por alto, ya que todos son absurdos y estúpidos.)
Respecto de los Evangelios, escritos por desconocidos para establecer la divinidad de Jesús, señalaremos simplemente, para terminar el capítulo, las palabras de Pedro el Pescador, que nos aparece animado de un sutil escepticismo: «Israelitas, escuchad: Jesús el Nazareno, «hombre» aprobado por Dios... Vosotros lo habéis crucificado.» (Actos de los apóstoles, II & 22).

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Saludos.

       María Folco