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Asunto:[debunker] 3ª y última parte. Sin comentarios
Fecha: 2 de Junio, 2001  01:06:55 (+0200)
Autor:frajalo <frajalo @.........com>

PANTEISMO

¿Qué es el panteísmo?

El panteísmo es un error monstruoso que no admite un Dios personal distinto del
mundo; Dios sería un conjunto de los seres que forman el universo. Este sistema
no es más que un ateísmo hipócrita; es absurdo y desastroso en sus consecuencias.

El segundo sistema inventado para explicar el mundo, prescindiendo de Dios, se
llama panteísmo. - Esta palabra significa que todo es Dios -. Se presenta bajo
formas muy variadas; pero su dogma constitutivo consiste en admitir una sola
substancia, de la cual los seres visibles no son sino modificaciones o
evoluciones. Es el Dios-naturaleza, el Dios-fuerza, el Gran-Todo, es la identidad
de Dios y del universo. Se puede decir del panteísmo lo que decía Bossuet del
paganismo: Todo es Dios, excepto Dios mismo.

"Según este ridículo sistema, usted es dios y yo soy dios. Un macho cabrío y un
toro que rumia son nuestros hermanos en divinidad. Pero ¿qué digo? Una berza, un
nabo, una cebolla, son dioses como nosotros. El hongo que usted recoge por la
mañana es un dios que brotó durante la noche. Cuando una zorra atrapa una
gallina, es un dios que atrapa a otro dios. Cuando un lobo devora un cordero, es
un dios que se devora a sí mismo. El cargo y el asno que lo come son el mismo
dios. Si yo corto a otro hombre el cuello, ejecuto una acción divina... Ya ve
usted cuán razonable es todo esto y, sobre todo, cuán moral... Con este sistema
no hay más crímenes. El robo, el asesinato, el parricidio son caprichos de un
dios... ¿Puede imaginarse nada más absurdo?... ¡Parece cosa de sueño ver a
hombres que se dicen filósofos escribir y enseñar semejantes estupideces".
(Maunoury, Veladas de otoño).

1ro: El panteísmo destruye la idea de Dios; porque Dios es inmutable, infinito,
perfecto y necesario, y no puede, por tanto, ser variable, finito, limitado,
imperfecto como la materia. Es un ateísmo hipócrita.

2do: Admite efectos sin causa; porque si Dios no es un ser personal, distinto
del mundo, no hay seres necesarios, puesto que el Ser necesario es único, y
entonces, ¿dónde está la causa que ha producido el universo?...

3ro: Es contrario al sentido íntimo. Yo siento, sin que haya lugar a dudas, que
yo soy yo, y no otro.

4to: Contradice los enunciados de la razón, que descubre en Dios y en el mundo
atributos contradictorios.

5to: El panteísmo es una verdadera locura, pero una locura criminal, porque abre
la puerta a los vicios y aniquila la virtud, porque destruye toda idea de
legislador, de ley, de conciencia, de deber, de castigo y de recompensa.

POSITIVISMO

¿Qué es el positivismo?

El positivismo es un sistema que no admite nada real y positivo fuera de la
materia; no reconoce sino lo que se puede comprobar con la experiencia, y rechaza
como hipotético todo lo que no cae bajo el dominio de los sentidos: Dios, el
alma, vida futura. Este sistema degradante no es más que un materialismo
hipócrita.

El positivismo es el último progreso de la razón humana, el último término de
las evoluciones científicas. Los positivistas reconocen por jefe a Comte y por
maestros a Littré, Renan, Robinet... Rehusan buscar la causa primera de los
seres, declarándola desconocida, y pretenden que no hay que tratar de ella...
Según ellos, "nada hay real y positivo más que la materia, las fuerzas que le son
propias y las leyes que de ella dimanan. Todo lo que no se halla en los hechos es
inaccesible a la razón; los hechos, y sólo los hechos analizados y coordinados;
lo demás es quimera. Lo infinito no es más que un ideal y, por consiguiente, no
hay Dios; Dios es una ficción, o, a lo sumo, una hipótesis, hoy completamente
inútil. No hay alma espiritual: la idea, el pensamiento no son sino productos,
secreciones del cerebro. En una palabra: una sola cosa existe, y ésta es la
materia".

Tal es el resumen de la doctrina positivista: la negación de Dios y del alma
espiritual; la moral independiente o la moral sin Dios, que no tiene mas
principio ni más regla de conducta que el sentimiento del honor. Este sistema
abyecto se reduce a una forma disfrazada del ateísmo: es un materialismo
hipócrita.

La refutación de este grosero error se halla en las diversas pruebas que hemos
aducido de la existencia de Dios. Estos pretendidos sabios se limitan a negar,
sin probar nada. Pero se necesita algo más que una simple negación para destruir
muchas pruebas. Negar a Dios no es suprimir su existencia. Después de miles de
años, el mundo cree en Dios, y tiene derecho a reírse de esas negaciones
gratuitas. Por más que el ciego niegue la existencia del sol, el son no dejará de
iluminar.

Los positivistas desconocen la ley del sentido común y de la razón, que obliga a
admitir una causa productora de los fenómenos que nosotros vemos. Más allá de
esta bóveda estrellada, dice Pasteur, ¿qué hay? - Otros cielos estrellados - Sea.
¿Y más allá?... El espíritu humano, impulsado por una fuerza invencible, no
cesará de preguntarse: ¿Qué hay más allá? Hay que llegar a lo infinito, y sólo
Dios es infinito.

Hay que llegar hasta el Ser necesario, pues, conforme hemos visto, no todos los
seres pueden ser producidos; y no hay más que un solo Ser necesario, y este Ser
necesario es el mismo Dios.

GENERACIONES ESPONTÁNEAS -
TRANSFORMISMO O DARWINISMO

¿Cuáles son las hipótesis imaginadas por los incrédulos para explicar, con
exclusión de Dios, el origen de los seres vivientes?

Han ideado la hipótesis de la generación espontánea y la del transformismo o
darwinismo. Estos dos sistemas, que adquirieron gran celebridad, son contrarios a
las experiencias científicas; llegan a suponer efectos sin causa, y por lo mismo,
la ciencia y el sentido común los condenan y rechazan (o al menos, deberían).

1ro: Ciertos naturalistas, para prescindir de Dios, atribuyen el origen de los
seres vivientes las generaciones espontáneas. Así se llama el nacimiento de un
ser vivo sin un germen anterior, por el solo juego de las fuerzas inherentes a la
materia.

2do: Llámase transformismo el sistema según el cual los seres vivientes más
perfectos derivan de otros menos perfectos, por una serie indefinida, desde el
ser más rudimentario hasta el hombre. De acuerdo con este sistema, los impíos
pretenden que el hombre desciende del mono. El inglés Darwin, particularmente, se
ha dedicado a explicar estas transformaciones sucesivas mediante dos agentes que
llama selección natural y lucha por la existencia. Darwin ha dado al
transformismo su nombre, y así se llama también darwinismo.

Estos dos sistemas, de generación espontánea y el transformismo, dejan siempre
sin solución la cuestión de saber quién ha creado los primeros seres y quién les
ha dado su energía vital...

Después de los experimentos de Pasteur y otros sabios, el sistema de las
generaciones espontáneas ha quedado definitivamente condenado. El aire y el agua
están llenos de gérmenes, para cuyo desarrollo sólo se requiere un medio
propicio. Destruidos estos gérmenes, no hay producción alguna. Todos los animales
están sometidos a la misma ley: no existen, si no son producidos por otros seres
vivos de la misma especie.

El darwinismo tiene por base fundamental la transformación de las especies. Pues
bien, si hay algo bien comprobado es que las especies son fijas, y no se
transforman. Es posible perfeccionar las razas, pero las especies no se mudan;
son y quedan eternamente distintas. Producir una especie nueva, decía Leibnitz,
es un salto que jamás da la naturaleza; lo mismo afirman los sabios naturalistas.
Luego dicho sistema está en flagrante contradicción con las leyes de la
naturaleza.

Estos enunciados, resultados de la experiencia y de la ciencia, están
confirmados también por la historia y por la geología. Cuando se examinan las
especies animales y vegetales recogidas en las tumbas egipcias y en los
yacimientos fósiles, se las encuentra absolutamente iguales a las que viven en
nuestros días. Las semillas encontradas en esas mismas tumbas no han dejado de
producir vegetales idénticos a los nuestros.

Este sistema es contrario a la razón; admite efectos sin causa, ¡y qué efectos!
Todo el mundo viviente. La razón por la cual una causa puede producir su efecto
es porque lo contiene de alguna manera. ¿Cómo dar lo que no se tiene? Es
imposible.

Pero una cosa puede estar contenida en otra, de tres maneras: 1) Formalmente con
todo su ser; así un trozo de mármol está contenido en la cantera. 2)
Eminentemente, es decir, de una manera superior; así la autoridad soberana
contiene la de un prefecto, de un gobernador de provincia. 3) Virtualmente, en
germen, y es la manera como todos los seres vivientes están contenidos en el
germen que los produce.

Pues bien, estos seres vivientes no están contenidos de ningún modo en la
materia bruta; por lo tanto, existirían sin causa.

Además, ninguna causa puede producir un efecto o un ser de especie superior a
ella, porque este grado superior de ser no tendría, como tal, una causa positiva.
Ahora bien, los seres vivientes son de naturaleza superior a la materia bruta;
luego estos seres vivientes no pueden proceder de ella, porque serían efectos sin
causa.

Por los mismos motivos, los seres vivientes superiores no pueden proceder de los
inferiores. Así el hombre no puede proceder del mono: sería un efecto sin causa.
"Ningún ser, dice Santo Tomás, puede obrar más allá de su especie, teniendo en
cuenta que la causa debe ser más poderosa que el efecto y que el efecto no puede
ser más noble que la causa".

En resumen, el sentido común nos dice: No se puede dar lo que no se tiene; si no
se tiene dinero, no se puede dar dinero. Ahora bien, la materia no tiene
movimiento, no tiene vida, no tiene inteligencia; luego no puede dar ni
movimiento, ni vida, ni inteligencia. Pero como en el universo hay movimiento,
hay seres vivos, hay seres inteligentes; luego existe fuera del mundo un ser
superior que ha dado al mundo el movimiento, la vida, la inteligencia. Este ser
es Dios.

Conclusión:

Para explicar el origen del mundo, hay que admitir el dogma de la creación.
Crear es sacar de la nada; crear es producir seres por un simple acto de
voluntad. Dios,  por un simple acto de su voluntad todopoderosa, ha creado el
mundo.

La creación no repugna por lo que respecta a la criatura, la cual es posible sin
ser necesaria; puede, pues, empezar a existir: y, en efecto, nosotros vemos
muchísimas cosas que nacen y empiezan...

La creación no repugna por lo que respecta a Dios, porque su poder es infinito;
puede, pues, producir todo efecto que no repugne. La creación, por el contrario,
es digna de Dios. Crear es obrar con toda independencia; es no depender en su
acción de ninguna materia ni de ningún instrumento. Luego la creación es posible.

El dogma de la creación se impone. No queda fuera de ella otro medio para
explicar el origen de los seres que componen el universo. El mundo es finito,
limitado, sujeto a mudanzas, y por lo tanto, no puede ser el ente necesario.
Luego ha sido producido por otro. - No puede ser una emanación de la substancia
divina, porque el Ente divino es absolutamente simple, indivisible, inmutable. No
queda otro recurso para explicar su existencia que decir que ha sido creado por
la omnipotencia de Dios. Aquí la razón, como la fe, se ve obligada a exclamar:
¡Creo en Dios, Criador del cielo y de la tierra!

Objeciones del ateísmo:

Todos los argumentos que aducen los falsos sabios para eximirse de creer en
Dios, y particularmente para no hacer lo que El manda, se reducen a los dos
siguientes: 1) A Dios no se le ve. 2) No se le comprende.

1) Yo no creo sino lo que veo. Pero a Dios yo no le he visto. Luego Dios no
existe.

Respuesta: Se les podría preguntar: ¿Han visto ustedes el Asia, el Africa, la
Oceanía? ¿Han visto ustedes a Napoleón o a Carlos V? ¿Han visto al obrero que
construyó el reloj que usan? ¿Ven el aire que respiran y que los hace vivir? ¿El
fluido eléctrico que pasa rápido por los cables para transmitir pensamientos de
todas partes del mundo? ¿Ven la fuerza que en la pólvora o en la dinamita hace
pedazos las rocas más enormes? ¡Cuántas cosas admiten ustedes sin verlas, sólo
porque ven sus efectos!

Pues bien, nosotros, por nuestra parte, creemos en Dios porque vemos en el mundo
los efectos de un poder y de una sabiduría infinitos. Es cierto que a Dios no se
le puede ver con los ojos del cuerpo, porque es un puro espíritu que no se puede
ver, ni tocar, ni percibir con los sentidos. Pero ¿acaso no tiene el hombre
diferentes medios para conocer lo que existe?

¿No existe la inteligencia, que ve la verdad con evidencia, sea que se
manifieste al espíritu como la luz manifiesta al ojo, sea que resulte de una
demostración raciocinio? El mejor caso tal vez lo proporcionan las evidencias de
un juicio, en donde puede determinarse la culpabilidad o inocencia de alguien a
través de pruebas de un hecho que no hemos presenciado nosotros mismos.

Los que solo quieren creer lo que ven, rebajan la dignidad del hombre y se
colocan en un plano inferior al de los brutos. ¿Os atreveríais a negar la luz
porque no la podéis percibir mediante el oído?  ¿Puede un ciego negar la
existencia del sol porque no lo ve? Pues de la misma manera, si no se ve a Dios
con los ojos del cuerpo, se le ve con la razón, se le conoce por sus obras.

Un misionero preguntaba a un árabe del desierto: ¿Por qué crees en Dios? -
Cuando yo percibo, respondió él, huellas de pasos en la arena, me digo: alguien
ha pasado por aquí. De la misma manera, cuando veo las maravillas de la
naturaleza, me digo: una gran inteligencia ha pasado por aquí, y esta
inteligencia es Dios.

2) Los incrédulos dicen también: Yo no puedo creer en lo que no comprendo; y
como no comprendo a Dios, no existe.

- ¿Cree usted en la tortilla?, decía en 1846, el P. Lacordaire a un burgués
incrédulo.
- Claro.
- ¿Y comprende usted cómo el mismo fuego que hace derretir la mantequilla
endurece los huevos?
El burgués no supo qué responder. ¡Cuántas cosas hay que admitir sin
comprenderlas! ¿Cómo la misma tierra, sin color ni sabor, produce flores y frutos
de matices y sabores tan variados? ¿Cómo el grano de trigo se transforma en
tallo, y luego en espiga de 30, 40, 50 granos? ¿Cómo el pan se convierte en
nuestra carne y en nuestra sangre? ¿Qué es la luz, el vapor , la electricidad?
¿Qué es el cuerpo? ¿Qué es el alma? ¿Qué es la vida? ¡Misterio! Todo es misterio
en torno nuestro, y a cada instante debemos inclinar nuestra pobre razón ante
muchas cosas que nos vemos forzados a admitir.

Es indudable que nosotros no podemos comprender a Dios, porque comprender es
contener, y nuestro espíritu es demasiado pequeño, demasiado limitado para
contener a Dios, que no tiene límites. Para comprender lo infinito es menester
una inteligencia infinita; si el hombre pudiera comprender a Dios, Dios no sería
Dios, porque no sería infinito. Pero nosotros podemos concebir a Dios, es decir,
tener conocimiento suficiente de su ser, de sus atributos y, sobre todo, de su
existencia.

Dios es, aquí abajo, lo que hay de mas claro y más obscuro al mismo tiempo; de
más claro en su existencia, de más obscuro en su naturaleza. Es visible en sus
obras, que son a manera de otros tantos espejos donde se reflejan sus
perfecciones adorables, y está oculto a causa de las sombras que envuelven su
grandeza infinita: es el sol oculto detrás de una nube. Pero se rasgará el velo
que nos oculta la divinidad, y, semejante al crepúsculo que anuncia el sol, el
tiempo presente no es más que la aurora del día eterno.

Narración: El célebre orador Combalot predicaba un día en Lión. Acababa de
exponer a su encantado auditorio las pruebas de la existencia de Dios; y, en una
conclusión enérgica, había atacado el audaz sacrilegio de aquellos desgraciados
que padecen la locura de rebelarse contra su Criador.

El Padre, agitado, sudando a mares, desciende del púlpito. Al llegar a los
últimos escalones, se detiene, se golpea la frente y vuelve a subir, como si
fuera a empezar un nuevo sermón. No fue muy largo.

- Lionenes, dijo: desde vuestra ciudad se ve el monte Blanco. Pues bien, ¡las
ratas no se lo comerán!...

El público quedó maravillado y convencido. En efecto, sería cosa eminentemente
ridícula una conspiración de ratas que juraran arrasar el monte Blanco. Pero no
lo será nunca tanto como ese puñado de ateos que atacan a Dios y que se han
prometido destruirlo. ¡Pobres ratas, que quieren arrasar una montaña millones de
veces más grande que el monte Blanco de los Alpes!

Todo de un Dios anuncia la eternal existencia;
a Dios no se le puede comprender ni ignorar.
La voz del universo prueba su omnipotencia,
la voz de nuestras almas nos le manda adorar.




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