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Asunto:[debunker] historieta necrológica
Fecha:Jueves, 7 de Junio, 2001  11:06:31 (+0200)
Autor:Mamiblu <mamiblu @.........net>

Erase una vez un equipo universitario de fútbol. En este equipo había dos chicos que, pese a ser totalmente diferentes, eran unos amigos auténticos. Uno de ellos era el nº 7, un jugador hábil, rápido, con una técnica futbolística impresionante. Medía sólo 1'60, pesaba unos 55 kilos, pero en el campo se crecía. El otro era el nº 3, un central fuerte gracias a su 1'77 y sus 80 kilos. No tenía la mas mínima técnica, era torpón, pero era de los que, si pasa el balón no pasa el hombre. Eso le creaba problemas, estuvo sancionado en muchas ocasiones por sus entradas, pero resultaba interesante al equipo.
El nº3 admiraba a su compañero por cómo se enfrentaba con defensas a los que quedaba por el pecho, por su habilidad tirando faltas a balón parado, pero sobre todo por haber conseguido dejar la heroína. El nº7 admiraba a su compañero, según propia confesión, por su pundonor, por no pedir el cambio a pesar de tener un ataque de asma, pero sobre todo por no haber caído en la heroína a pesar de haberlo hecho casi todos sus amigos.
Siempre estaban juntos; cuando salían de los entrenamientos se iban juntos a la residencia estudiantil y estudiaban unas horitas antes de irse a dormir cada uno a su habitación. Tan sólo se separaban los fines de semana, ya que no eran del mismo pueblo, pero los domingos, antes del primer entrenamiento de la semana, se encontraban en la estación de tren para contarse las historias de la novia, los problemas con los padres, e ir caminando poco a poco hacia la residencia, dejaban las bolsas, y a entrenar.
En cierto partido, el arbitro pitó una falta al borde del área rival; el nº7 estaba en el banquillo, con hielo en el tobillo debido a una entrada durísima y el entrenador ordenó al nº3 lanzarla. Lo hizo de la única manera que sabía, es decir, "la triple P": Patadón Potente "Pallá". Le dio en la cara a uno de los de la barrera, y tan sólo el nº7 quiso acompañar a su amigo al hospital, a visitar al adversario que quedó ingresado con conmoción cerebral y fractura de los huesos propios de la nariz. En otra ocasión, cuando al nº3 le movieron todos los dientes de una patada en el rostro, fue el 7 el que se dedicó a llevarle los apuntes de clase los tres días que no pudo acudir.
También se bromeaban entre si; la última temporada de ambos en el equipo, el nº3 marcó 17 goles: 14 de cabeza, uno con el pié y 2 con la mano, en jugadas de zorrería. Su amigo fue el primero en vacilarle por haber marcado el doble de goles con la mano que con el pie. Esa misma temporada, el nº 7 marcó 32 goles; todos con el pié.
Dejaron la universidad y el equipo a la vez, ambos sin acabar la carrera. El antiguo nº3 optó por la profesión de su padre, abuelos y bisabuelos, y se fue a la mar. Tras casi 9 años en Sudamérica, ý estudiando por libre sin dejar de trabajar, se convirtió en uno de los 3 jefes de máquinas más jóvenes de la flota vasca en África. En el camino, tuvo una lesión en su rodilla izquierda, debida a un accidente laboral, que le dejó definitivamente fuera del fútbol, incluso como jugador de fin de semana. Se casó, tubo hijos, y se convirtió en uno más, como él deseaba. No volvió a saber nada del antiguo nº7, hasta hace un año, aproximadamente. Entonces lo encontró, en la puerta de San Mames. Estaba muy delgado, demacrado, tanto que el antiguo central no lo reconoció hasta que él le habló. Entraron juntos al partido, hablaron sobre todo de Fútbol, hasta que Txabi Totorikaguena, "Toto", el antiguo nº7, le dijo a su amigo, con una sonrisa, "Tengo el SIDA. Estoy bastante jodido, como puedes ver."  Y ayer, dejando de lado otras cosas, el nº3 tuvo que ir a su entierro, el 6 de antiguos amigos muertos por problemas causados por la droga en apenas dos años.
Andoni Gabantxo
Moderador del foro Marinos@elistas.net