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La
Leyenda: Pigmalión, Galatea y Afrodita.
La
idea de que lo esperado por una persona de otra, puede influir en la conducta de
esta última tiene sus raíces en una antigua leyenda.
Según
la mitología griega, Pigmalión era rey de Chipre y a su vez excelente
escultor. Cuenta la leyenda que en una ocasión aprovechando su tiempo
libre tomó un bloque de piedra amorfo y comenzó a esculpir la mujer de sus
sueños.
Poco
a poco y con esfuerzo e intención manifiesta de lograr una bella dama pulió los
bordes, limó imperfecciones, mejoró lo inmejorable y obtuvo lo que tanto
ansiaba: la mujer de su vida, la cual nombró Galatea.
Se
percató de que la estatua era más hermosa que todas las mujeres de la tierra y
que sería imposible enamorarse de otra que no fuera su amada Galatea. Fue
entonces cuando comenzó a pedirle a los dioses que le diera vida a su preciosa
escultura. Afrodita, al ver tanto amor, atendió sus deseos e infundió vida
a Galatea.
Esta
leyenda de Pigmalión tiene como otras, varias versiones, pero es la
descrita la más conocida y que ha inspirado por ejemplo en el siglo XVIII al
músico francés Juan Felipe Rameau una deliciosa y muy divulgada partitura
musical, así como a George Bernard Shaw, Premio Nobel de Literatura en
1925, su obra Pigmalión y también la famosa opereta “My fair lady” o “Mi bella
dama”.
De
ahí que con el tiempo se haya conocido como efecto Pigmalión al proceso por el
cual las creencias de una persona afectan de tal manera su conducta que ésta
influye y determina en gran medida en otro una respuesta que confirman esas
expectativas.
¿Cómo
los maestros comunican a los “buenos” alumnos sus altas
espectativas?(*)
· Se recuerdan y los llaman
siempre por sus nombres.
· Hacen frecuente contacto
visual con ellos.
· Les ponen atención a sus
comentarios y respuestas.
· Estimulan su participación en
clase.
· No los interrumpen en sus
intervenciones.
· Le dan el tiempo necesario
para que respondan a sus preguntas.
· Elogian sus planteamientos y
respuestas.
· Los retroalimentan en tiempo,
con exactitud y precisión.
· Prefieren que ocupen asientos
cerca del “lugar” del maestro.
· Les solicitan colaboración en
actividades extras.
(*)
Según T. Good y J. Brophy., La sociología educativa. Un
acercamiento holístico., Holt Rinehalt and Winston., New York.,
1990
¿Círculo
Vicioso o Virtuoso? ¡De nosotros depende!
Darley
y Fazio nos describen paso a paso el modo en que las expectativas condicionan y
pueden determinar las relaciones interpersonales
maestro-alumno:
1. El maestro se crea expectativas de los alumnos
basándose en las características de éstos, su historial, sus resultados, su
conducta, e incluso su físico, etc.
2. Esas expectativas
determinan la conducta del maestro hacia el alumno.
3. El alumno interpreta la
conducta del maestro y entiende que ésta es provocada por algo duradero en su
propia persona y seguirá esperando del maestro el mismo trato.
4. El alumno responde a la
conducta del maestro confirmando las expectativas de éste.
5. El maestro interpreta la
respuesta del alumno y tiende a hacerlo buscando la confirmación de las ideas
que ya tiene, atribuyendo las conductas que están de acuerdo con esas ideas a
las características del alumno, y las conductas que las contradicen a factores
casuales. Se necesita una desconfirmación repetida y clara para que el
profesor cambie sus expectativas.
6. Finalmente el alumno en la
medida en que acomoda su conducta a las expectativas del maestro, cambia el
concepto que tiene de sí mismo: su comportamiento tiende a arrastrar su
pensamiento
Si
las expectativas del maestro son positivas y altas, sin dudas que las
mismas influirán favorablemente en el rendimiento del alumno. De no
ser así la situación a la que se expone al escolar, pone en riesgo su
aprovechamiento inmediato y lo que es más importante la formación de su
personalidad.
Sugerencias
para la practica pedagógica:
- Observa a tus alumnos en
las actividades que realizan, con discreción y afecto.
- Escúchalos, préstale
atención en todo momento en que directa o indirectamente la reclamen.
- Conversa con ellos
sobre diferentes temas. Háblale a su nivel y sobre lo que le llama la atención.
- Date tu tiempo para
participar en sus juegos, actividades y pláticas como uno más del grupo.
- Conóceles cada vez más y
mejor, descubre poco a poco sus gustos, talentos, inclinaciones y sus modos
de reaccionar ante diversas situaciones.
- Ten expectativas
altas de tus alumnos, con todos y cada uno. Ellos lo van a detectar en
nuestro lenguaje no verbal, en el modo peculiar de relacionarnos con ello, de
pedirle o sugerirle las cosas.
- Recuerda que se parecen a
nosotros cuando teníamos esa edad pero son bien diferentes y con extraordinarias
potencialidades... y que si soñamos en grande en su futuro a partir de
conocerlos y tener una actitud positiva y alentadora y poco a poco los
estimulamos y le damos la oportunidad, trascenderán en la vida.
- Pregúntales: ¿Qué quiere
ser cuando seas grande? No importa la respuesta, recrea con ellos esa
expectativa, indaga ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cómo?... Juega con ellos al
respecto. Haz que realicen dibujos y composiciones escritas sobre lo que
quieren ser de grande, que conozcan personas que se han destacado en esa área,
que lean o vean películas sobre sus vidas, valora las cualidades que
poseen o deben poseer para desempeñarse como tal.
Ah...
y no te preocupes si al poco tiempo quieren ser otra cosa. ¡Qué bien!
Lo importante es que quieran SER GRANDES y que
perciban en nosotros esa aspiración como legítima y
posible. |