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EL ESCÉPTICO DIGIT Pedro Lu
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Edición 2001 - Núm Pedro Lu
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Asunto: EL ESCÉPTICO DIGITAL - Edición 2001 - Número 26
Fecha:Martes, 17 de Abril, 2001  01:09:42 (+0200)
Autor:Pedro Luis Gomez Barrondo <gargantua @..........es>

=====================================================================

                           EL ESCÉPTICO DIGITAL

       Boletín electrónico de Ciencia, Escepticismo y Crítica a la
Pseudociencia
       © 2000 ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico
       http://www.arp-sapc.org/

    Edición 2001 - Número 26 - 17 de Abril de 2001

Boletín de acceso gratuito a través de:
http://www.elistas.net/foro/el_esceptico/alta

=== SUMARIO =========================================================

  - De la Bomba Atómica a los platillos volantes: el mito del Cover-Up
(IIIª parte).

  - Cita con la ciencia en Valencia.

  - Conclusiones provisionales del Ier Congreso sobre Comunicación
Social de la Ciencia.

  - Fernando Savater, filosofo: «La lucha ahora es la cruzada contra la
ignorancia».

  - La forma de la Tierra.

  - La Atlantida, Lemuria, Mu & Cia. Continentes perdidos.

  - El valor de la Ciencia.

  - Teorema de Pitágoras.

  - Stephen Jay Gould, paleontólogo: "Utilizamos mal a Darwin para
aliviar la decepción ante nuestros peores rasgos".

  - Descifran el genoma de una bacteria “culpable” de un gran número de
dolencias.

  - Huesos prehistóricos con polémica.

  - Cómo donar a la ciencia el “tiempo muerto”.

  - Química sin tubos de ensayo.

  - La generalización de los argumentos estúpidos.

  - Un programa de la Fundación Bertelsmann estimula a los niños a leer

  - El desacuerdo sobre la patente comunitaria dificulta el despegue de
la investigación.

=== NOTICIAS =========================================================

ANTROPOLOGÍA: DE LA BOMBA ATÓMICA A LOS PLATILLOS VOLANTES: EL MITO DEL
COVER-UP (IIIª PARTE)
Por: Félix Ares de Blas

En julio de 1947, en el desierto de Nuevo México, se estrelló una nave
espacial proveniente de otro planeta. Los militares norteamericanos
recuperaron los restos siniestrados y los cadáveres de los ocupantes.
Corren rumores de que alguno de ellos estaba vivo. Así podría empezar
una novela de ciencia-ficción, pero para algunos tal afirmación es un
hecho real. El llamado ‘Incidente Roswell’ es uno de los temas
preferidos de aquellos que defienden la supuesta visita de seres de
otros planetas a nuestra querida Tierra, uno de los mitos modernos que
debería ser analizado por antropólogos y sociólogos. Su estudio
arrojaría luz sobre el surgimiento del pensamiento mitológico, incluso
sobre el origen de las religiones. Ante el investigador se encuentran
todas las claves para analizar la creación y desarrollo de un mito. Esta
es parte de la historia.

Nace la hipótesis marciana

Queremos volver a insistir en un hecho fundamental ya señalado: todavía
en aquel momento para la mayor parte de la gente ‘platillo’ no era
sinónimo de nave extraterrestre. De hecho hay que esperar hasta 1950 y a
la publicación del libro The Flying Saucers Are Real, del mayor de
infantería de marina Donald Keyhoe, para que se popularice la idea de
que los ‘platillos’ son de origen marciano y la teoría de la
conspiración del gobierno. Previamente, Keyhoe había publicado un
artículo en la revista True avanzando sus teorías que cautivaron a la
opinión pública. Lo importante es señalar que en 1950 la hipótesis de la
procedencia marciana de los ‘platillos’ era tremendamente original y
novedosa. Por supuesto, había gente que creía en los marcianitos incluso
antes del caso de Arnold como, por ejemplo, el club de admiradores del
ya mencionado Charles H. Fort. Pero para la gran mayoría de la gente
‘platillo’ no significaba nada en concreto, se trataba de algo extraño,
no aclarado, que podía causar cierta preocupación por su posible
conexión con alguna actividad militar de los rusos.

Inexplicado no es sinónimo de inexplicable

Tal como hemos señalado más arriba, el caso de Kenneth Arnold y luego el
de la isla de Maury produjeron una reacción en cadena. A lo largo y
ancho de Estados Unidos hubo cientos de avistamientos. En el informe de
las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos sobre el proyecto Mogul se habla de
800. En el libro de D. H. Menzel Flying Saucers, en un gráfico donde se
reflejan los avistamientos no explicados se señala que de julio a
septiembre de 1947 se dieron 75. Debe quedar claro que el que sean
inexplicados, significa exactamente eso: inexplicados; no significa en
absoluto que sean inexplicables. Se trata de casos en los que no se
puede asegurar cuál es el origen, aunque existan varias causas naturales
que podrían responder exactamente a lo que vieron los testigos, pero no
hay datos suficientes para discernir entre ellas.

Explicaciones del avistamiento de Arnold

Uno de los casos inexplicados es el ya relatado de Kenneth Arnold que
dio origen a la mitología ovni. ¿Que esté entre los no explicados
significa que es una nave extraterrestre tripulada? La respuesta es un
no rotundo. Hay varias hipótesis que dan perfecta cuenta de lo que vio
Arnold. Ese es el problema: hay varias hipótesis y es difícil decantarse
por alguna. A nosotros la que más nos gusta es una de las dos que
propone Menzel, pero para entenderla en toda su profundidad debemos
contar algunas cosas personales.

El autor se encontraba medio adormecido viendo en la televisión uno de
esos magníficos reportajes de divulgación científica que de vez en
cuando emite TVE-2, cuando le llamó la atención que hablaban del Monte
Rainier. Dicho monte es el cráter de un volcán apagado, que se alza a
una altura de 4.392 m. Está situado en la cordillera de las Cascadas,
algo al Sur de Seattle (Estado de Washington). Al prestar más atención
al reportaje vio como una ráfaga de viento levantaba la nieve en polvo y
ésta reflejaba la luz con una fuerte luminosidad. Entonces recordó sus
años de niño, en las duras montañas leonesas, y rememoró con claridad
que él había visto varias veces algo parecido aunque en pequeña escala.
En las soleadas mañanas de aquellos terribles inviernos, a veces el
viento se arremolinaba y levantaba el polvo de nieve que bajo ciertos
ángulos de visión refulgían de un modo extraño. Parecían tener luz
propia.

Cuando el viento sopla en los picos escarpados cubiertos de nieve muchas
veces ésta se levanta y revolotea; a cierta altura y bajo cierto ángulo
de visión, la luz se refleja en ella como si fuera un espejo.

Si recordamos las palabras de Arnold, los ‘platillos’ se movían al
unísono muy cerca de las cumbres escarpadas. Esa es la característica
del viento soplando contra la cordillera. En las puntas se formarían los
remolinos de nieve que serían los que reflejarían la luz. En cada pico
un ‘platillo’. Como las cumbres de los alrededores del Monte Rainier
forman una línea recta, lo que vería Arnold sería un conjunto de
‘platillos’ moviéndose al unísono, como si formaran una cadena. Las
envestidas del viento marcarían los saltos que los alejarían o
acercarían a la cordillera.

Menzel, que trabajó mucho tiempo en el Laboratorio de Gran Altitud de
las Universidades de Harvard y de Colorado en las Montañas Rocosas, dice
que durante su trabajo muchas veces tuvo ocasión de ver esas nubes de
nieve que se deslizan rápidamente, que reflejan la luz del sol como si
fuera un espejo y que se producían casi con simultaneidad en varios
picos a la vez.
Otra explicación muy similar a la primera prescinde de la nieve, la
propia niebla o calima tiene un comportamiento similar.

Quizá nos pueda sorprender. ¿Cómo -podríamos preguntarnos- es posible
que la niebla o la calima puedan reflejar la luz del sol como si fueran
un espejo? La respuesta es que depende del ángulo de visión. La calima y
la niebla tienen distinta densidad a la del aire circundante y, por
ello, cuando la luz incide con un cierto ángulo, puede reflejarse
totalmente. Un ejemplo quizá nos ayude a entenderlo. El agua es
transparente, sin embargo, cuando el sol está muy bajo en el horizonte,
las diferentes densidades del agua y del aire hacen que la luz se
refleje en esta última como en un espejo. El fenómeno es el mismo cuando
se trata de dos masas de aire con diferente densidad.

La sincronicidad de movimientos y los saltos se explican del mismo modo
que en el caso de la nieve. Una corriente de aire llega a todos los
picos más o menos simultáneamente, en los picos escarpados el aire sube
hacia arriba y arrastra a la nieve o agita las capas de aire. Si el
viento es racheado, se verán destellos y cambios bruscos de posición en
sincronización con la llegada de las ráfagas a los picos.

El sol, el avión de Arnold y los picos estaban en una posición y altura
que es totalmente congruente con cualquiera de las dos posibles
explicaciones.

Queremos insistir en que este caso es inexplicado, sin embargo es
perfectamente explicable. ¿Por qué no nos decantamos por una solución o
por otra? Por una razón muy sencilla: no disponemos de datos
suficientes.

Inexplicado no es sinónimo de extraterrestre.
Así llegamos al caso que nos ocupa.

Un platillo volante naufraga en Roswell

El 8 de julio de 1947 varios periódicos publicaban la noticia de que en
Roswell un granjero había recogido un ‘disco volante’. He aquí la
versión del Chronicle, de San Francisco:

“Aquí está la declaración completa emitida por el oficial de relaciones
públicas de la Base del Ejercito en Roswell:

Los numerosos rumores en relación a los discos voladores se hicieron
realidad ayer cuando el oficial de inteligencia del 509 Grupo de
Bombarderos del Octavo Ejército del Aire, Campo Aéreo del Ejército en
Roswell, fue lo suficientemente afortunado de tomar posesión de un disco
mediante la cooperación de uno de los rancheros locales y de la oficina
del Sheriff del condado de Chaves.

El objeto volador aterrizó en un rancho cerca de Roswell en algún
momento de la última semana. No teniendo teléfono el ranchero almacenó
el disco hasta que fue capaz de contactar con la oficina del sheriff,
que a su vez lo notificó al Mayor Jesse A. Marcel, de la oficina de
Inteligencia del 509 Grupo de Bombarderos.

Se actuó inmediatamente y el disco fue recogido en la casa del ranchero.
Fue inspeccionado en el campo Aéreo del Ejercito en Roswell y después el
Mayor Marcel lo envió a instancias superiores”

Este texto, cuando se lee con la perspectiva actual, puede ser
terriblemente mal interpretado. De hecho, así ha sido. Ya hemos
mencionado que hoy ‘disco volador’ tiene un significado totalmente
diferente al que se tenía en julio de 1947. Debemos recordar también que
el caso de Arnold había tenido lugar sólo unos pocos días antes y para
la mayor parte de la gente ‘disco volante’ o ‘platillo volante’
prácticamente estaba desprovisto de contenido semántico. Hoy en día, lo
más probable es que al leer que la Fuerza Aérea habla de ‘discos
volantes’ se piense automáticamente que se habla de ‘naves
extraterrestres tripuladas’, pero éste no es el caso.

Aquellos restos no debían ser excesivamente llamativos pues el ranchero,
llamado W. W. ‘Mac’ Brazel, recogió algunos restos el día 4 de julio y
fue el día 5, al oír las noticias sobre ‘platillos’, cuando pensó en la
posibilidad de que se tratase de uno de ellos, no antes.

En la edición del día 9 del Roswell Daily Record, podemos leer lo que
Brazel pensaba sobre el material:

“... podría haber sido tan grande como la parte superior de una mesa. El
globo que lo sostenía, si es que funcionaba así, debía tener alrededor
de 12 pies [3,65 m.], pensó, midiendo la distancia por el tamaño de la
habitación en la que se sentaba. El caucho tenía un color gris ahumado y
se había esparcido sobre un área de 200 yardas [182,9 m.] de diámetro.
Cuando los restos fueron reunidos el papel de plata, el papel, la cinta
adhesiva y los palitos hicieron un paquete de aproximadamente tres pies
[0,91 m.] de largo y 7 u 8 pulgadas [entre 18 y 20 cm.] de grueso. En
total, estimó, que todo el lote podría haber pesado unas cinco libras
[2,27 Kg.]. En el área no había ningún signo de ningún metal que hubiera
podido usarse para un motor ni propelente de ningún tipo. Aunque al
menos una tira de papel se había pegado en alguno de los papeles de
plata. No había ninguna palabra que se encontraran en ninguna parte del
instrumento aunque había letras en algunas partes. En su construcción se
había usado abundantemente cinta adhesiva y algunas cintas con flores
impresas sobre ellas. No había cuerdas o cables pero había algunas
perforaciones en el papel que indicaban que se había usado algún tipo de
unión. Brazel dijo que él previamente había encontrado globos
meteorológicos en el rancho, pero que el que había encontrado esta vez
no se parecía de ningún modo a cualquiera de aquellos”.

El objeto descrito en este relato suena muy poco extraterrestre: trozos
de caucho, papel de plata, cinta adhesiva, cola y unos palos. A pesar de
todo a Brazel, que ha recogido otros globos anteriormente, le parece un
globo muy raro.

En la prensa se publicaron algunas referencias más al caso; incluso se
llegó a publicar la foto del mayor Marcel con los restos del ‘platillo’,
totalmente congruente con la descripción hecha por Brazel.

Hubo algún artículo más en el que se decía que el ‘platillo’ era un
globo, tal y como afirmó el ejército, y en muy poco tiempo el tema cayó
en un olvido total.

No obstante, este caso tan anodino dio origen al cuento de hadas de los
platillos estrellados y, a partir de 1978, fue uno de los pilares del
mito, iniciado por la obra de Keyhoe, de que el ejército ocultaba lo que
sabía sobre seres extraterrestres. Abundando sobre el tema: Keyhoe en su
obra The Flying Saucers Are Real introduce la idea de la conspiración
que luego desarrolla mucho más ampliamente en The Flying Saucers
Conspiracy, aunque en ninguna de las dos obras habla del ‘naufragio’ de
Roswell.

Para entender el matrimonio entre platillos estrellados y conspiración
gubernamental necesitamos remontarnos a 1950. En ese año, un escritor de
variedades llamado Frank Scully escribe un libro fantasioso y lleno de
errores titulado Behind the Flying Saucers. En esta obra se habla de un
‘platillo’ estrellado en Aztec, un pueblo de Nuevo México, en la esquina
noroeste del estado. Los militares habrían ido a investigar el naufragio
y se habrían encontrado con los tripulantes extraterrestres que ya
estaban muertos. El ejército se los habría llevado a alguna base secreta
y nunca se supo nada más, salvo las filtraciones que le llegaron al
‘astuto’ de Scully. En su libro mantenía que los militares, mediante una
gigantesca labor de encubrimiento, se las habrían arreglado para que
nadie se enterase de aquel hecho.

La obra de Scully era tan mala, para los estándares de la época, que
hubo un periodista de San Francisco, llamado J. P. Cahn, que lo
crucificó. Demostró que su libro se basaba únicamente en rumores y en
hechos sin verificar lo más mínimo.

Cabe destacar que leído hoy en día no es un libro peor que los cientos
que se escriben ¡y tienen éxito! Se ve que los estándares de calidad de
aquellos lejanos años eran mucho más rigurosos que los de hoy.

Gracias a Cahn, Frank Scully y su obra cayeron en el desprestigio y para
la mayoría de la gente la historia de ‘platillos estrellados’ entraba
dentro de la categoría de cuentos de hadas de nuestro tiempo.

No obstante, el libro de Scully tuvo varias reediciones, una de ellas en
1955 en Londres y algunos ufólogos -así se denominan a si mismos los que
‘estudian’ los ovnis: una palabra tan descuidada como sus
investigaciones. Viene de la raíz inglesa UFO (Unidentified Flying
Objects: Objetos Volantes No Identificados) y del sufijo griego logía.
¡Buena coherencia!: en castellano utilizan una raíz inglesa más un
sufijo griego. La palabra inglesa demuestra la falta de rigor de los
‘ufólogos’ americanos, pero la española, es clarificadora: en ella se
recuerda que estamos ante un mito ‘genuinamente americano’-lo mencionan
en sus obras; véase por ejemplo, el número 3 del primer volumen de la
Flying Saucer Review que apareció en la primavera de 1955. En ella se
habla de los platillos estrellados en Nuevo México. Otro conocido
ufólogo inglés, Brinsley Le Poer Trench, presidente del International
Sky Scouts, organización que en 1955 tenía más de 50.000 socios, en su
obra de gran difusión The Flying Saucer Story también menciona la obra
de Scully y añade más platillos estrellados: uno en Spitzbergen
(Noruega) otro en la Sierra Madre mexicana; otro sumergido en el mar del
norte; etc. El caso mexicano merece que nos detengamos un poco más. Un
corresponsal de la Flying Saucer Review mencionó que estando en
Cuernavaca se encontró con varios profesionales mexicanos, uno de ellos
ingeniero, que le dijeron que habían colaborado en cargar un platillo y
sus tripulantes dentro de un avión-.

En cualquier caso, la mayoría de los ufólogos medianamente serios de la
época consideraron la obra de Le Poer Trench una burda exageración.
Debemos de esperar hasta 1978 para que los platillos estrellados de
Scully vuelvan a entrar en escena de la mano de la muy sensacionalista
revista National Inquirer. En ella se mezclan las historias de Scully y
la del ‘platillo’ estrellado de Roswell, y nace la leyenda de que una
nave extraterrestre había naufragado en aquella población.

Lo que en 1950 había sido considerado un cuento de hadas incluso por los
investigadores de ovnis más crédulos, ahora -1978- salta a las revistas
de información general y es jaleado por los ufólogos, que indudablemente
se han asilvestrado y olvidado cualquier sentido crítico que en algún
tiempo hubieran podido tener. Cuando al releer los periódicos de 1947 se
encuentran con el relato que hemos transcrito más arriba, leen:

“...los discos voladores se hicieron realidad ayer cuando el oficial de
inteligencia del 509 Grupo de Bombarderos del Octavo Ejército del Aire,
Campo Aéreo del Ejército en Roswell, fue lo suficientemente afortunado
de tomar posesión de un disco mediante la cooperación de uno de los
rancheros locales y de la oficina del Sheriff del condado de Chaves.”

Los ufólogos asilvestrados, en vez de disco volante leen nave
extraterrestre tripulada por alienígenas listísimos, y concluyen que
ésta es una declaración clara y contundente de que el Ejército del Aire
ha capturado un vehículo espacial que no es de la tierra y que se lo han
llevado a algún sitio. Como no ha sido publicado, es evidente que el
Ejército -malo él- ha ocultado la información al pobre y buen ciudadano
que paga sus impuestos.

Siguen analizando el texto publicado en los periódicos y encuentran que
el aspecto del ‘platillo’ era metálico y se dicen: “los globos no son
metálicos” ergo el Ejercito -malo él- nos ha engañado a los pobres
ciudadanos que pagamos nuestros impuestos. Para ellos la ocultación y el
engaño son evidentes.

¿Y qué ocultan? -se preguntan, ayudados por los ufólogos asilvestrados,
los buenos ciudadanos que pagan sus impuestos-. Acuden al libro de
Scully y encuentran la respuesta: ocultan una nave extraterrestre con un
montón de marcianitos dentro.

A partir de aquí las especulaciones de los ufólogos asilvestrados es
endemoniada. No sólo hubo un aterrizaje sino dos, y, además, en uno de
ellos un tripulante todavía vivía, se lo llevaron a Alamogordo, o a
White Sands, y allí estuvo viviendo durante varios años en una “casa
segura”, hasta que murió.

Como veremos, no hay una versión única, hay muchas. En unos casos se han
recogido seis tripulantes, en otras catorce e incluso hay una que habla
de 34 seres del espacio. El lugar del aterrizaje no está claro, es en
Aztec, es en Roswell, es en Corona, es a 50 millas de Roswell, es a 100
millas de Roswell; el globo de Brazel fue una cosa y el ovni otra; se
llegan a decir cosas tan peregrinas como que las pruebas de radar que se
hacían en la zona perturbaron los sistemas de navegación del ovni y que
por eso se estrelló, que el ovni chocó con el globo, que la cinta de
papel con dibujos era “una escritura jeroglífica que no era de este
planeta”... Se da la variedad de datos inconsistente típica de los
rumores.

En su lucha por la causa de su verdad, los ufólogos deben sacrificar a
alguien, y la víctima es Scully. No encaja que diga que el naufragio de
los extraterrestres ocurrió en Aztec, que está a varios cientos de
kilómetros de Roswell, pues es indudable que los periódicos hablan de
esta segunda ciudad. Así que “a causa de la prisa en acabar el libro
mientras el tema estaba aún caliente, Scully lo hizo imprimir sin
comprobar demasiado los hechos”, dicen los ufólogos Moore y Berlitz.

Es curioso la altísima dosis de autoengaño de los ufólogos: Scully era
descuidado, pero sólo en la localización. Quiso decir Roswell, pero dijo
Aztec. La verdad es que no queremos ser irónicos ni ácidos, porque si no
seríamos capaces de decir que la equivocación es lógica, al fin de
cuentas los nombres de los dos pueblos sólo difieren en cuatro letras:
¡tampoco es tanto! Además, los dos nombres tienen una e en la penúltima
letra (considerando la ll como un único carácter). Son demasiadas
coincidencias para ser casuales. En realidad fue una confusión mínima.
Pero habíamos dicho que no íbamos a ser irónicos así que retomamos el
hilo con seriedad -si es que de estas cosas se puede hablar de ese
modo-.

Los ufólogos se dedicaron a revisar los periódicos de la zona, en los
días próximos al supuesto aterrizaje y descubrieron que unas fechas
anteriores, el 2 de julio de 1947, el Sr. Wilmot y su mujer habían visto
un gran objeto brillante y, gratuitamente, asumen que se trata del mismo
que había encontrado el ranchero Brazel. Los ufólogos se olvidan de que
aquellos días hubo cientos de testimonios. El caso Arnold había
provocado una inusitada cantidad de casos. Es el típico ejemplo de una
“oleada de ovnis” -los ufólogos suelen hablar de una “oleada” cuando se
dan muchos avistamientos en fechas muy próximas- inducida por la prensa,
que ha sido comprobada muchas veces, algunas incluso mediante ensayos
experimentales, como por ejemplo, el realizado el autor del presente
trabajo, y que se llamó “proyecto Iván”.

Es indudable que en la generación del mito confluyeron muchas cosas. Ya
hemos apuntado el secretismo de la zona, la bomba atómica, la paranoica
comunista... Sólo se necesitaba dejar pasar el tiempo para convertir el
cuento de hadas en un hecho. La actitud de los ufólogos de 1978 nos
demuestra que, en el intervalo de los treinta años transcurridos, el
mito se había consolidado.

[Nota] * Félix Ares de Blas es Dr. en Informática  y Director del
Miramón Kutxaespacio de la Ciencia de San Sebastián. Actualmente es
Presidente de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico
El presente artículo apareció publicado dentro del apartado que Recol
http://www.recol.es/ dedica a  la Ciencia.

Para más información:
El Escéptico Digital Edición 2001 - Número 24: De la bomba atómica a los
platillos volantes. El mito del Cover-Up (Iª Parte)
El Escéptico Digital Edición 2001 - Número 25: De la bomba atómica a los
platillos volantes. El mito del Cover-Up (IIª Parte)

                           ------------------

CITA CON LA CIENCIA EN VALENCIA
Por: Luis Alfonso Gámez

Ya hay lugar, fecha y lema. El esperado II Congreso de Comunicación
Social de la Ciencia se celebrará en Valencia, a finales de noviembre y
bajo el lema 'La ciencia como cultura'. Una recomendación, sobre todo a
quienes no asistieron a la primera edición de este encuentro
hispanoamericano de divulgadores, científicos y pensadores: vayan
haciendo un hueco en su agenda
e intenten estar en la capital del Turia del 28 al 30 de noviembre.
Únicamente con que se repita el éxito de las jornadas granadinas de
marzo de 1999 -algo más que posible- merecerá la pena.

Hace dos años, el palacio de congresos de Granada registró un lleno a
reventar. Más de 550 personas de quince países abarrotaron el auditorio
principal y otro centenar se quedó con las ganas de asistir a las
jornadas: no pudo inscribirse porque el aforo del local no daba para
más. El I Congreso de Comunicación Social de la Ciencia fue un éxito
absoluto del que hay que 'culpar' en gran medida a Ernesto Páramo,
director del Parque de las Ciencias granadino, y a todo el personal de
dicha institución. El intenso trabajo realizado a la sombra de la
Alhambra se plasmó en conferencias,
comunicaciones y mesas redondas, que han sido recogidas en dos gruesos
volúmenes editados recientemente.

El encuentro granadino reflejó la necesidad de impulsar la divulgación
científica en nuestro país como vía para incrementar la participación
social en el desarrollo de la ciencia. Pero, además, quedó clara la
creciente preocupación de la comunidad científica por el avance de la
superstición y la pseudociencia. Los miembros de ARP-Sociedad para el
Avance del Pensamiento Crítico que participaron en las jornadas -Félix
Ares, Javier Armentia, David Galadí, Ramón Núñez, Fernando Savater,
Manuel Toharia, Victoria Toro y el autor- lo comprobaron desde la sesión
inaugural hasta la
lectura de las conclusiones, la denominada 'Declaración de Granada',
cuyo último párrafo dice: "Es urgente, pues, incrementar la cultura
científica de la población. La información científica es una fecundísima
semilla para el desarrollo social, económico y político de los pueblos.
Como se ha repetido a lo largo del Congreso, el conocimiento debe ser
considerado de enorme valor estratégico. La complicidad entre los
científicos y el resto de los ciudadanos es una excepcional celebración
de la democracia. Pero es que además esa nueva cultura contribuiría a
frenar las supercherías disfrazadas
de ciencia, aumentaría la capacidad crítica de los ciudadanos,
derribaría miedos y supersticiones, haría a los seres humanos más libres
y más audaces. Los enemigos a batir por la ciencia son los mismos que
los de la filosofía, el arte o la literatura, esto es, la incultura, el
oscurantismo, la barbarie, la miseria, la explotación humana".

Ahora, dos años después, Manuel Toharia, director del Museo de las
Ciencias Príncipe Felipe, ha cogido el testigo de Páramo, para organizar
el II Congreso de Comunicación Social de la Ciencia. Una cita que no hay
que perderse.

                           ------------------

CONCLUSIONES PROVISIONALES DEL Ier CONGRESO SOBRE COMUNICACIÓN SOCIAL DE
LA CIENCIA.

Conclusiones provisionales extraídas del I Congreso sobre Comunicación
Social de la Ciencia celebrado en Granada los días 25 al 27 de Marzo de
1999 y en el que participaron científicos, intelectuales, divulgadores,
periodistas, instituciones públicas, responsables de museos de ciencia y
planetarios, etc; un total de 550 personas de más de 15 países.
El Congreso fue  impulsado por el Parque de las Ciencias de Granada
junto a la UNESCO, la Junta de Andalucía, el Consejo Superior de
Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Granada.

La celebración de este Congreso ha puesto de manifiesto una tendencia
que no es nueva, pero que cobra ahora, en el umbral del siglo XXI, una
nueva dimensión.

No debería ser mal interpretado que en el inicio de estas conclusiones
coloquemos un conjunto de sensaciones. Pues, en efecto, tenemos la
sensación de que los asistentes han trabajado con alegría, y que además
se ha vivido el Congreso como un encuentro cultural que ha servido para
que personas de diverso origen y formación hayan trabajado en armonía
bajo la conjunción exclusiva de la inteligencia y la amistad. Esto no ha
impedido la autocrítica, la discrepancia y el debate. Pero por encima de
todo parece notorio que nos hemos sentido emocionados ante las
manifestaciones del pensamiento racional. Muchos de los asistentes han
puesto de manifiesto a lo largo del Congreso la importancia de no
desligar las emociones y los afectos de la divulgación científica.

El Congreso ha confirmado además la oportunidad de la convocatoria. No
es casual el número de participantes ni la calidad de la respuesta.
Tampoco lo es la coincidencia con el Primer Congreso Mundial sobre la
Ciencia que la UNESCO ha convocado este mismo año en Budapest.
Se tiene la impresión de que ha llegado el tiempo de la ciencia, es
decir, el momento en que la ciencia se convierta en un acontecimiento
social, en un hecho integrado en la conciencia de todos los ciudadanos.
El diálogo entre los científicos y la comunidad en la que desarrollan su
trabajo debe dejar de ser un hecho esporádico o arbitrario para
convertirse en una actividad regularizada y rigurosa. La ciencia es uno
de los muchos frutos de la curiosidad humana, uno más de los muchos
intentos de representar el mundo en el que vivimos. La ciencia es parte
de la gran aventura intelectual de los seres humanos.

Como producto del pensamiento humano, la ciencia es una parte medular de
la cultura y es urgente llevar a la consideración de todos, pero
especialmente de los intelectuales de formación humanista, que la
ciencia no es un hecho ajeno a la vida y que, por tanto, sus respuestas
también son de carácter cultural. Generalmente no se reconoce cómo las
ideas científicas condicionan, a veces de modo oculto, las ideas
sociales. Lo cierto es que para resolver muchos de los problemas de
nuestro mundo se requiere más investigación científica, un nuevo talento
y una articulación permanente con las demás formas racionales de
aproximación a la realidad. Ni el miedo, ni el desdén, ni la reverencia
son los sentimientos más convenientes para relacionarse con la ciencia.
La curiosidad y la confianza parecen, en cambio, actitudes más fecundas.

Parte del interés social por la ciencia puede estar provocado por la
magnitud y la velocidad de los cambios sociales, estimulados en gran
parte por los descubrimientos científicos. La ciencia, es cierto, puede
cambiar nuestro destino como seres humanos. La información, en
consecuencia, es una ayuda indispensable para el debate ético.

En ese sentido, comienzan a vislumbrarse signos esperanzadores de
quiebra del desencuentro tradicional entre la comunidad científica y la
sociedad. Hay que desterrar la idea de que el debate científico
concierne únicamente a los especialistas. Al mismo tiempo que la
sociedad demanda más información, los científicos empiezan a dar
muestras de interés por no trabajar aislados, aunque aún haya quien
considere la divulgación científica como un detrimento intelectual. Ese
mutuo y creciente deseo de comunicación puede estar afirmando los
cimientos de una nueva ética científica.

No es arriesgado afirmar que está comenzando a fraguarse un nuevo
compromiso social con la ciencia que afecta a todos: a los científicos,
a los ciudadanos, a los gobiernos, a los educadores, a las instituciones
públicas, a las empresas, a los medios de comunicación... El apoyo a la
ciencia por parte de la sociedad deberá ir manifestándose en los
próximos años, no sólo en una mayor provisión de fondos para la
investigación, sino en la creación de nuevos instrumentos de
participación social: comités de bioética, organización de encuentros y
debates, canales específicos de información...
Hoy, sin embargo, es notorio el enorme desequilibrio entre el interés
ciudadano hacia la ciencia y la escasa oferta informativa.
Comunicar a la sociedad lo que hacen los científicos ya no puede estar
ligado a la voluntad personal, a la eficiencia de los gabinetes de
prensa, a la mayor o menor simpatía del investigador, a la concepción
más o menos social de su trabajo. Es un deber para unos y un derecho
para los otros.
Lo que parece incontestable es que hay que pensar en el público,
aprender a dirigirse a la sociedad no desde la suficiencia, sino desde
la modestia, saber dar una información inteligente y al mismo tiempo
inteligible. Aunque la claridad no puede ser nunca sinónimo de
simplificación, sino de calidad comunicativa. Hay que advertir
constantemente de los riesgos de la comunicación científica: la
trivialidad, la búsqueda desesperada de titulares sorprendentes, el
efectismo, la demagogia, la prisa, la confusión entre los ensayos y los
resultados reales...

No es una cuestión nimia dirimir el carácter del lenguaje científico, o
mejor, el del lenguaje con que se ha de comunicar la ciencia. Si bien se
han incorporado al lenguaje corriente muchos términos científicos, no
parece abolida la barrera que impide una comunicación eficaz y fluida.
Es un reto para todos y ha de ser motivo de reflexión permanente. Los
científicos deberían vencer sus resistencias a hacer comprensibles sus
investigaciones, a hablarle a la sociedad de un modo diferente a como
hablan a sus colegas; los periodistas, por su parte, deberían hacer un
esfuerzo para mejorar su preparación y buscar una mayor especialización.
Las empresas editoriales y de comunicación deberían ser sensibles a este
desafío y tratar, en consecuencia, de ensanchar los espacios dedicados
en sus medios a la ciencia.

Los nuevos espacios de divulgación científica, museos de ciencia y
planetarios, están sirviendo como excepcionales instrumentos de
transmisión del conocimiento, como primer contacto con el mundo de la
ciencia.

Parece oportuno recomendar la elaboración, por parte del mejor grupo de
expertos posible, de un Plan de Divulgación Científica que sea asumido y
financiado por los gobiernos y las instituciones públicas y privadas.

Es urgente, pues, incrementar la cultura científica de la población. La
información científica es una fecundísima semilla para el desarrollo
social, económico y político de los pueblos. Como se ha repetido a lo
largo del Congreso, el conocimiento debe ser considerado de enorme valor
estratégico. La complicidad entre los científicos y el resto de los
ciudadanos es una excepcional celebración de la democracia. Pero es que
además esa nueva cultura contribuiría a frenar las supercherías
disfrazadas de ciencia, aumentaría la capacidad crítica de los
ciudadanos, derribaría miedos y supersticiones, haría a los seres
humanos más libres y más audaces. Los enemigos a batir por la ciencia
son los mismos que los de la filosofía, el arte o la literatura, esto
es, la incultura, el oscurantismo, la barbarie, la miseria, la
explotación humana.

GRANADA, 27 DE MARZO DE 1999

[Nota] *Por su innegable interés publicamos las Conclusiones
Provisionales obtenidas del Ier Congreso sobre Comunicación Social de la
Ciencia celebrado en Granada. Estas conclusiones han sido extraídas del
boletín de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de San
Luis Potosí http://www.uaslp.mx/fc/

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FERNANDO SAVATER, FILOSOFO: «LA LUCHA AHORA ES LA CRUZADA CONTRA LA
IGNORANCIA»
Por: Luis Alfonso Gámez – Granada

El filósofo donostiarra abogó en Granada por que los científicos se
impliquen directamente en la difusión de la ciencia para frenar el
avance de la superstición.

Hoy están bombardeando un país en Europa. No son estos los días en que
uno ve la ciencia con más optimismo, sino más bien lo contrario»,
reconocía el jueves Fernando Savater en Granada. Los bombardeos de
Serbia por parte de la OTAN fueron objeto de continuas referencias entre
los participantes en el I Congreso de Comunicación Social de la Ciencia,
que ha reunido en Granada a más de 550 escritores, filósofos
investigadores y periodistas de quince países. Savater dio una
conferencia sobre Valores morales y valores científicos, en la el
profesor donostiarra reivindicó la necesidad de que la sociedad esté al
corriente de los avances en el conocimiento científico.
Michael Crichton dijo, en la última reunión de la Asociación Americana
para el Avance de la Ciencia, que ya es hora de que los científicos
«abandonen su torre de marfil».

Yo creo que la lucha por la difusión de la ciencia es parte de la
cruzada contra la ignorancia, contra la falsa ciencia. Porque el dilema
no es 'ciencia, sí' o 'ciencia, no', sino 'ciencia verdadera' o 'falsa
ciencia'. Si no tenemos ciencia auténtica, vendrán las supersticiones.
Son los propios científicos y los comunicadores los que deben llevar a
cabo esa tarea.

Pregunta.- ¿Los científicos lo hacen bien o usted mismo, como hombre de
letras, percibe a veces la información científica como oscura?
Respuesta.- A veces, efectivamente, la información científica es muy
críptica. Y, a veces, también los científicos -que achacan en ocasiones
a la prensa cierto sensacionalismo-, ellos mismos, que son personas muy
rigurosas en sus respectivos campos, tienen una especie de prurito
infantil de llamar la atención y de decir grandes enormidades cuando
salen de su campo. Cosas que jamás dirían en una convención de colegas
las dicen a la prensa queriendo impresionar, y eso da lugar muchas veces
a que pasemos de lo ininteligible al sensacionalismo delirante sin
ningún fundamento.

Tapar la verdad

P.- Aunque respondan a la realidad, a los científicos les desagradan los
titulares llamativos que, sin embargo, atraen la atención de la gente.
R.- Si no se falta a la verdad, si la cosa es sensacional, no hay
problema. El problema se da cuando el sensacionalismo tapa la verdad del
asunto; es decir, es una extrapolación hipotética del estilo de «¿habrá
mañana miles de 'Hitlers' por ahí?». Este tipo de afirmación, totalmente
fantástica y especulativa, tapa la realidad del invento.
P.- Ese ejemplo del Hitler clónico es habitual, pero reduce a la persona
a lo biológico, sin tener para nada en cuenta el entorno sociocultural.
R.- Claro. Por eso es absurdo. La clonación tiene muchos aspectos
morales, pero no ese de que un clon vaya a ser moralmente idéntico a su,
digamos, padre clónico, sino otros. A veces, pasamos de un
espiritualismo ingenuo a un biologismo ingenuo. Quizás ése es uno de los
problemas que puede tener la ciencia: ser excesivamente objetivista y
olvidar el componente cultural, subjetivo, de la persona.
P.- La sociedad se siente desorientada, desconfía de la ciencia.
R.- Hay cosas preocupantes. A Von Braun, el padre de las 'V-1' y 'V-2'
alemanas, cuando estaba ya en Estados Unidos le preguntaron si no se
arrepentía de haber creado unas bombas que habían causado tanta
destrucción. Y el respondió:«Mire usted, como científico, mi problema es
desde que el proyectil despega hasta que cae. De dónde sale y adónde
llega, y que pasa antes o después, no es de mi
incumbencia».Evidentemente, este tipo de mentalidad es peligrosa en la
ciencia. Frente a eso, la sociedad tiene razón en preocuparse.
P.- ¿Y si no se interesa por la ciencia?
R.- Claro, si la sociedad no sabe nada, si ignora, si tiene simplemente
ideas supersticiosas, no puede hacer nada. Porque nadie puede defenderse
de lo que desconoce.

[Nota] *Fernando Savater es catedrático de filosofía en la Universidad
Complutense de Madrid. Su labor en pro de la defensa del Pensamiento
Crítico y del Racionalismo obtuvo el reconocimiento de ARP-SAPC mediante
la concesión del galardón Mario Bohoslavsky, pasando a formar parte como
miembro de pleno derecho de dicha entidad.
La presente entrevista fue publicada en el periódico El Correo con
motivo de la celebración del Ier  Congreso de Comunicación Social de la
Ciencia celebrado en Granada del 25 al 27 de Marzo de 1999 y auspiciado
por el Parque de las Ciencias de Granada junto a la UNESCO, la Junta de
Andalucía, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y
la Universidad de Granada.

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LA FORMA DE LA TIERRA
Por: Javier Armentia

Suele decirse que en nuestro planeta poco queda por descubrir. Y en lo
referente a la forma que tiene, a la manera en que se representa en
mapas y planos, pocas sorpresas quedan. Sin embargo, la geodesia, la
ciencia que abarca estos temas, goza de muy buena salud, y tiene mucho
trabajo por delante.

Por ejemplo, a la hora de ponerse de acuerdo sobre alturas y
depresiones, sobre la orografía de nuestro planeta, se comprueba que
estamos ante una ciencia dinámica. Recientemente, la expedición
vasconavarra Pangea, que desde septiembre del año pasado está
recorriendo los lugares de menor altitud de cada continente, se encontró
con que gran parte de los atlas geográficos están equivocados: la mayor
depresión de América del Sur, se cita en ellos, está en la Salina Grande
de la Península Valdés, en la Patagonia argentina, con una altitud de 40
metros bajo el nivel del mar. Sin embargo, los cartógrafos argentinos
saben desde hace años que realmente hay otro lugar, más al sur en la
Patagonia, la Laguna del Carbón, que tiene –105 metros de altitud. Un
error achacable a que todavía la cartografía tiene esa componente
heredada de antiguo, en que primaba el interés militar sobre el
científico.

Medir la Tierra no es, en cualquier caso, algo fácil ni siquiera hoy en
día. Aunque ya no son necesarias expediciones como la que desde 1735
llevaron a cabo Jorge Juan y Ulloa para medir un grado de meridiano en
Ecuador, parte de un proyecto de la Academia de Ciencias de Francia para
dirimir la cuestión de la forma de nuestro planeta. Los caballeros del
Punto Fijo, como fueron llamados, viajaron con la intención de realizar
medidas topográficas y astronómicas que permitieran medir el tamaño de
un grado de meridiano. Otra expedición se realizaba en latitudes más
altas, en Laponia. Sus mediciones permitieron comprobar que la Tierra
era achatada por los polos. Numerosos problemas complicaron la
expedición ecuatorial, entre ellos que las condiciones de temperatura y
humedad hacían casi inservibles los instrumentos de observación y
medición que utilizaban.

Todo venía de una cuestión planteada por Newton en 1670: debido a la
rotación, la Tierra se comportaría como un fluido, achatándose por los
polos y ampliándose por el ecuador, como una mandarina. Algo que chocaba
con la idea heredada de la antigüedad clásica, que a partir de las
mediciones del sabio Eratóstenes en el siglo III antes de nuestra Era
consideraba que nuestro planeta tenía forma esférica. Las primeras
mediciones que se hicieron en Francia para comprobar la idea de Newton,
midiendo triángulos en el Norte y en el Sur, sin embargo, parecían
concluir que la Tierra estaba achatada por el ecuador, más como un
pepino que como una mandarina. Las expediciones mencionadas arreglaron
la cuestión. Las medidas actuales permiten conocer que el diámetro de la
Tierra es 42,96 kilómetros mayor en el Ecuador que en los Polos.

Otra cuestión que se planteo a finales del XVIII y que tenía que ver con
la Geodesia, que ya estaba usando las nuevas técnicas de análisis
matemático y trigonometría, que proporcionaban, junto con instrumentos
ópticos más precisos, la posibilidad de realizar medidas con mayor
exactitud, fue la determinación del patrón de longitud, el metro. La
cuestión tenía importancia política: uno de los primeros cambios de la
Revolución Francesa fue la introducción del sistema decimal de medidas y
del metro como unidad de longitud; un metro que se definía como la
diezmillonésima parte de un cuadrante del meridiano terrestre que pasaba
por París. Para realizar un patrón adecuado, era preciso poder conocer
la forma de la Tierra y tener así el valor exacto del metro, y para ello
Delambre y Mechain midieron el meridiano entre Dunkerke y Barcelona,
algo que posteriormente se ampliaría hasta las islas Baleares.

Hoy la Geodesia utiliza las técnicas digitales y los satélites para
obtener los datos de forma completa. La precisión actual es menor
incluso que una parte en cien millones cuando se determina el valor de
la intensidad de la gravedad y su dirección. Esos estrechos márgenes son
capaces de evaluar los pequeños cambios que se dan en una superficie, la
terrestre, cuya corteza está sometida a los movimientos que rige la
tectónica de placas. Resulta curioso pensar que antes de 1958, cuando se
lanzó el satélite Vanguard I, la mejor distancia entre Nueva York y
París tenía un error de 1.600 metros. Gracias al análisis de la órbita
de éste y otros satélites, como el LAGEOS, que estará en órbita durante
miles de años permitiendo medir los movimientos continentales.

Actualmente, los geodestas utilizan “datums” (mediciones de las
diferentes posiciones reales de la superficie terrestre y de la gravedad
para cada punto de determinada longitud y latitud) que les permiten
definir los sistemas de referencia para las mediciones locales y para
calibrar los diferentes sistemas de posicionamiento global por satélite,
los conocidos GPS. El Sistema Geodésico Internacional establecido en
1984(WGS-84) proporciona el marco de referencia que permite la
navegación, la cartografía y el establecimiento de las órbitas de los
satélites.

En nuestro país, la Subdirección General de Geodesia y Geofísica,
perteneciente al Instituto Geográfico Nacional, es la responsable de la
observación y el mantenimiento de las redes de nuestro país. Unas redes
que parten de los 11.000 vértices geodésicos de primer orden que adornan
alturas por toda la geografía, y que se complementan con redes de alta
definición como la Iberia 95, colaboración de los institutos geográficos
portugués y español, o el actual proyecto Regente (Red Geodésica
Nacional por Técnicas Espaciales) que utiliza técnicas de GPS
diferencial en más de 1.200 estaciones. O el proyecto Record
(Radiodifusión Española de Correcciones Diferenciales) que desde 1997
está emitiendo, mediante emisoras FM de Radio Nacional Española –Radio 2
Clásica- datos corregidos de posición obtenidos por satélite (GPS), que
permiten que estos sistemas den una precisión submétrica.

El Geoide.

Con esta palabra designan los geodestas un sólido ideal, que sería
nuestra Tierra completamente lisa: en su superficie, la gravedad tiene
el mismo valor. Ese geoide corresponde en general al nivel del mar, y es
la referencia sobre la que se miden las altitudes. Debido a que las
alturas sobre ese geoide no superan los 9 kilómetros (una milésima parte
del radio terrestre), esta forma, que casi es un elipsoide de
revolución, redondeando unos pocos centenares de metros, supone una
aproximación válida para tener una forma general de nuestro planeta. Y
permite un modelo matemático más sencillo sobre el que realizar las
correcciones diferenciales.

El geoide establecido por el estándar internacional WGS-84 permite así
disponer de cartografías compatibles para diferentes países. Y
determinar, como han comprobado los expedicionarios al fondo de los
continentes del grupo de Josu Iztueta, cuáles son las principales
depresiones del mundo. El record será visitado por Pangea esta
primavera: el lago Assal en Djibouti, que se hunde 155 metros respecto
de ese geoide de referencia.

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Página 12 http://www.pagina12.com.ar/

LA ATLANTIDA, LEMURIA, MU & CIA. CONTINENTES PERDIDOS
Por: Pablo Capanna

Alguna vez, a Silvio Rodríguez se le perdió un unicornio azul. No pasó
demasiado tiempo sin que Leo Masliah lo encontrara, aunque al parecer le
costó muchísimo sacárselo de encima. Tan cargoso había resultado el
cuadrúpedo imaginario.
Mucho antes, Platón había escrito acerca de un continente mítico llamado
Atlántida. Pasaron nada menos que dos milenios y medio sin que fuera
posible encontrarlo, pero tampoco logramos librarnos de su incómoda
presencia.
Por el contrario, la historia volvió a ponerse de moda a fines del siglo
XIX, precisamente cuando el mundo iba siendo explorado y explotado y se
disipaban muchos misterios. No sólo volvió la Atlántida: también
comenzaron a multiplicarse los continentes perdidos, que se mostrarían
capaces de sobrevivir a todas las descalificaciones científicas.

Atenas vs. Atlántida

Trescientos setenta años antes de Cristo, Platón escribió los diálogos
Timeo y Critias, para ilustrar con un ejemplo esa utopía política que
había desarrollado en La República y Las Leyes. No se le ocurrió nada
mejor que inventarle un pasado glorioso a Atenas, que por entonces ya se
creía una potencia imperial.
Imaginó una guerra entre los primitivos atenienses y un poderoso imperio
llamado Atlántida, el cual providencialmente se había hundido en el mar
en el curso de una sola noche. De eso, Platón decía haberse enterado por
una tradición que se remontaba a su pariente Solón, el Padre de la
Patria ateniense.
Según Platón, su antepasado había conocido en Egipto la historia de un
continente entero que había sido destruido por un cataclismo, entre
espantosas erupciones y maremotos que sólo dejaron con vida a los
pastores que habitaban las altas cumbres.

Al Oeste

Hoy día, la verdadera historia de la Atlántida está al alcance de
cualquiera que vea los canales de cable, aunque no todos sean igualmente
recomendables. Podemos afirmar que la potencia de la que hablaba Platón
no era un continente sino un imperio insular cuyo centro se hallaba en
Creta. Casi seguramente se trataba de la civilización minoica, que los
egipcios conocían con el nombre de Keftiu. Aquí es donde el griego
cometió dos errores. En primer lugar, los egipcios situaban la
civilización perdida al oeste de Egipto, hacia el Mar Egeo, en dirección
a Creta. Platón entendió que había que buscarla al oeste del
Mediterráneo, en pleno océano Atlántico.
Así fue como aseguró que en el océano, más allá de Gibraltar, había una
zona de escasa profundidad: estaban los restos del continente perdido.
Aristóteles también se hizo eco de esta versión, totalmente infundada.
Muy por el contrario, hoy sabemos que el fondo del Atlántico está
atravesado por una cordillera, cuyas cumbres sobresalen al norte, en
Islandia.

La Krakatoa antigua

El segundo error de Platón fue afirmar que la catástrofe había ocurrido
9000 años antes, cuando, en realidad, era mucho más reciente. Las
evidencias geológicas ayudaron a aclarar el origen de la historia, y
quizás de muchos otros diluvios legendarios. Tenemos pruebas de una
tremenda explosión volcánica que voló la isla de Santorini, dejándonos
ese descomunal cráter de Thera que hoy visitan los turistas. Fue en las
Cícladas, en el mar Egeo, y ocurrió unos 1470 años antes de Cristo.
El fenómeno más parecido que recordamos es Krakatoa. En 1883, la
erupción del volcán Krakatoa, al este de Java, desencadenó fuerzas del
orden de varios centenares de megatones, equivalentes a varias bombas de
hidrógeno. La explosión arrojó a la atmósfera unos seis kilómetros
cúbicos de tierra y rocas, tiñendo de rojo los atardeceres de todo el
planeta durante más de un año.
La erupción de Thera, a juzgar por el cráter que produjo, puede haber
sido cuatro veces más grande. Con ella se destruyó probablemente la
civilización minoica, que ya tenía mil años de historia, y allí tuvo
origen la leyenda griega de Deucalión y el diluvio.

La Atlántida no se rinde

Entre los antiguos, Plutarco y Heródoto aceptaron la historia de Platón,
pero Aristóteles y Plinio, de mente más científica, la consideraron una
leyenda. En cuanto a los modernos, al principio creyeron haber
descubierto la Atlántida en América. El filósofo Francis Bacon situó en
América la primera utopía tecnocrática y la llamó la Nueva Atlántida
(1620) basándose en vagos ecos de los viajes de Vespucio. Pero en 1678,
en un mapa diseñado por el jesuita Athanasius Kircher, la Atlántida
volvió a aparecer a mitad de camino entre Europa y América.
El verdadero renacimiento del mito de los atlantes se produjo a fines
del siglo XIX, cuando ya sólo quedaba por explorar el Antártico. De
hecho, no sólo resucitó la Atlántida; también nacieron otros dos
continentes imaginarios, llamados Lemuria y Mu.
Quien puso en marcha todo esto fue un político norteamericano, fundador
del partido Populista y alguna vez candidato a la presidencia. Ignatius
Donnelly (1831-1901), que ya se había dado a conocer por atribuirle a
Bacon las obras de Shakespeare, Marlowe y Montaigne, le regaló a la
Atlántida dos mil años más que Platón. El éxito de su libro Atlantis
(1882), fue tal que el primer ministro británico Gladstone pensó
seriamente en organizar una expedición para encontrar las ruinas del
continente perdido.
Todos los grandes escritores de fantasía del siglo XIX rindieron su
homenaje a los atlantes. Así lo hicieron Edgar Allan Poe, en el poema La
ciudad bajo el mar, y Sir Arthur Conan Doyle. También Julio Verne envió
al submarino del capitán Nemo a darse una vuelta por las ruinas
atlantes. Pero donde el mito alcanzó su mayor expansión fue entre los
esoteristas.

Lemuria

Los lemúridos son primates, lejanos parientes nuestros que sobreviven en
Madagascar y las Comores. Sus ojos saltones y grandes orejas les dan un
aspecto fantasmal (los “lemures” eran los fantasmas romanos), que puede
haber influido para que alguien les inventara un continente a su medida.
Lemuria nació de una de esas típicas hipótesis ad hoc que suelen escapar
a las refutaciones empíricas, y llegan a convertirse en una suerte de
teorías.
Los geólogos del siglo XIX habían descubierto formaciones similares en
África y en la India. Neumayer, y más tarde Haeckel, se propusieron
explicar el enigma de la difusión de los lemúridos en ambas áreas. No se
les ocurrió nada mejor que postular un continente perdido que había
servido de puente entre India y África, y lo llamaron Lemuria.
La hipótesis se volvió simplemente superflua con la aparición de la
teoría de la deriva continental. Todos los continentes habían estado
unidos alguna vez en la llamada Pangea, y las migraciones de especies se
habían producido antes de que el mar se ensanchara demasiado. Aunque al
comienzo la teoría de Wegener fue menospreciada, más tarde acabó siendo
standard, y ha sido corroborada con mediciones satelitales.
De este modo, la migración de los lemúridos se explicaba sin necesidad
de postular tierras perdidas.
Pero la mítica Lemuria resistió, especialmente después que la teósofa
Mme. Blavatsky la incorporó a su Doctrina Secreta, en el marco de un
reciclaje general de continentes perdidos. Allí también estaban la
Atlántida, Hiperbórea en el Ártico y Mu en el Pacífico.
En cuanto a Hiperbórea, nunca llegó a tener demasiada popularidad, salvo
entre los nazis, pero acabó siendo la patria de Conan, el forzudo
personaje de Robert Howard que encarnaría Schwarzenegger.
Enriquecido por los discípulos de Blavatsky, el mito de los continentes
perdidos pasó a integrar el repertorio esotérico.
Los ariosofistas austríacos enseñaron, siguiendo a la teosofía, que la
raza aria descendía de los atlantes. Los esoteristas nazis vacilaron
entre Atlántida e Hiperbórea, hasta que la cuestión se complicó con la
propaganda bélica. Apareció entonces el británico Lewis Spence, quien
sostuvo patrióticamente que los verdaderos descendientes de los atlantes
no eran los alemanes sino los escoceses.
Otros hubo que buscaron a los atlantes entre los egipcios, los vascos,
los canarios, los mayas o los polinesios. Todo esto sin llegar a la gran
desprolijidad de libros como La Novena Profecía, cuyos personajes se lo
pasan buscando ruinas mayas en Perú (¡!)

Mu

En los textos esotéricos, Lemuria suele confundirse con otro continente
perdido llamado Mu, que nació de un error de traducción.
En 1864, el abate Brasseur estaba intentando traducir un códice maya
usando un “alfabeto” compilado por el conquistador Diego de Landa.
Ahora bien, la escritura maya era algo similar a la japonesa o la
egipcia, ya que usaba idiogramas que también tenían valor fonético: por
lo tanto carecía de alfabeto. Lo que el español había encontrado era un
conjunto de símbolos que, leídos en voz alta, sonaban como las letras
del alfabeto latino.
Brasseur entendió que el códice narraba una catástrofe volcánica que
había destruido un continente entero. Su nombre se expresaba en dos
símbolos que correspondían a las letras “M” y “U”. Nacía Mu.
Apenas cuatro años después salió a escena James Churchward, un coronel
británico destacado en la India, quien escribió una decena de libros
sobre Mu. Tras convertir a Mu en la Atlántida del Pacífico, el inglés le
atribuyó una antigüedad que oscilaba entre los 25.000 y los 200.000 años
(¡!).
Churchward decía haber descubierto en las bóvedas de un templo hindú
toda una biblioteca de tablillas escritas en una lengua desconocida. En
ellas había logrado descifrar toda la historia, la ciencia y la
filosofía de Mu.
Ahora Mu desplazaba la Atlántida como origen de todas las civilizaciones
conocidas, desde la egipcia hasta la maya, incluyendo también a los
atlantes. En la sabiduría de Mu se habían originado tanto la Biblia como
los principios de la masonería. Sus habitantes habían ido tan lejos como
para hacer revelaciones acerca de Jesucristo, que recién iba a nacer
muchos milenios después.
Mu tampoco se rindió. Los libros de Churchward se siguen reeditando y
ofreciendo en Internet. En algunas páginas de “turismo energético”,
Lemuria y Mu aparecen encarnando “el espíritu de Hawai”.

Civilizaciones High tech

En el siglo XX, especialmente después de 1945, el imaginario cultural
había cambiado a impulso de las revoluciones científicas. Los
continentes perdidos se convirtieron pues en civilizaciones tecnológicas
avanzadas, que se habían autodestruido por jugar con las fuerzas
elementales de la naturaleza. Era toda una advertencia para quienes
acababan de liberar la energía nuclear; el mismo mensaje que otros les
atribuían a los ovnis.
Nacían así las tecnologías imaginarias del pasado, cuyo último avatar
son las pirámides y los cristales que se venden en las tiendas New Age.
En 1914, el teósofo Scott-Elliott le añadió al mito un toque
tecnológico, al afirmar que los lemurianos tenían naves voladoras. Un
año antes el antropósofo Rudolf Steiner había asegurado que los atlantes
eran telépatas. En la misma época el satanista Aleister Crowley les
atribuyó una misteriosa energía llamada “Zro”, pero se cuidó más de
explicar como debía pronunciarse la palabra que de aclarar en qué
consistía. El coronel Churchward les ganó a todos, al revelarnos que los
habitantes de Mu conocían y dominaban la antigravedad.

Desde el más allá

Allí donde los arqueólogos no habían encontrado nada, se atrevieron a ir
los espiritistas. Ya en 1911, el médium inglés J.B. Leslie se había
comunicado con los espíritus atlantes.
El famoso sanador Edgar Cayce (1877-1945) fue quien puso a punto el mito
tecnológico-esotérico. Los atlantes, que por alguna extraña razón ubicó
en el Caribe, habían desarrollado la tecnología de los “cristales de
fuego”. Disponían de un Gran Cristal (llamado Piedra Tauauoi, que
canalizaba la “energía” permitiéndoles volar montañas y provocar
terremotos). Aparentemente se les había descontrolado, para acabar
destruyendo a su continente.
Además, los cristales seguían allí, bajo las olas del trópico, y ellos
eran los responsables de todos los desastres que ocurrían en el
triángulo de las Bermudas.
Cayce fracasó al profetizar que parte de la Atlántida emergería de las
aguas frente a California hacia 1968 o 1969. Pero sus discípulos no se
arredraron, y adoptaron como sitio favorito la isla de Bimini (Bermuda),
donde cada tanto anuncian haber hallado evidencia arqueológica.
Después de todo, no era el primer traspié del profeta, quien había
predicho que 1933, con la Depresión y el ascenso del nazismo, sería “un
buen año”. También había anunciado que China se convertiría al
cristianismo en 1968, pero posiblemente estaría pensando en el ping
pong.
En 1943, cuando aún vivía Cayce, el director de la revista de ciencia
ficción Amazing fraguó unas cartas atribuidas a un tal Richard Shaver.
Se trataba de un obrero soldador de Pennsylvania que decía tener
visiones de la “memoria racial” de la especie. Según él, antes que el
hombre habían dominado la Tierra los Titanes y los Atlantes, que habían
construido una inmensa red de túneles subterráneos, llenos de equipos de
alta tecnología. La superchería de Shaver alcanzó todavía a provocar el
repudio de los lectores, pero acabó siendo reciclada en la literatura
seudocientífica de la siguiente generación.

El negocio atlántico

Lo de Cayce fue una profecía autocumplida. Hacia los Ochenta la
Atlántida volvió a ponerse de moda, gracias a otra médium, J. Z. Knight,
un ama de casa de Tacoma (Washington) que, casualmente, había estudiado
las obras de Cayce.
La señora Knight ha acumulado una considerable fortuna “canalizando” el
espíritu de Ramtha, un guerrero de hace 35.000 años, ascendido a un
plano superior de conciencia. Ramtha había nacido en Lemuria (según
ella, un mundo primitivo donde convivían hombres y lagartos) pero había
hecho su carrera en la Atlántida hasta llegar a ser el primer
conquistador de la India, en tiempos prehistóricos.
Ramtha se le apareció por primera vez a Mrs. Knight en 1977, cuando
experimentaba en la cocina de su casa con una pirámide puesta sobre la
cabeza. El aparecido enloqueció a una brújula, exactamente como lo haría
un ovni. Claro está que la atractiva rubia no sólo había leído a Cayce y
L. Ron Hubbard; en una etapa anterior, había intentado comunicarse con
los extraterrestres.
Al principio Ramtha (que decía venir de una civilización de alta
tecnología) solía asombrarse con cosas tan simples como una cocina a
gas. Pero en los años siguientes acabó enseñándole de todo a J. Z.,
desde teología hasta física cuántica. Por fin, decidió encarnarse
definitivamente en el cuerpo de su médium.
Para 1988, la emprendedora J. Z. ya había fundado la Escuela de
Iluminación de Ramtha, con más de 3000 alumnos, páginas Web y tiendas
online de productos varios. Shirley MacLaine, movida quizás por la
envidia, descubrió algo después que en una de sus vidas anteriores ella
había sido la hermana de Ramtha.
Platón, que creía en la reencarnación, quizás no se hubiera sorprendido
demasiado de estas creencias. Pero conociendo sus opiniones acerca de
los sofistas, no les hubiera perdonado el negocio.
El gran Barnum decía que a cada minuto nace un tonto. Para él, el Gran
Circo Posmo tiene una butaca reservada. Pasen y vean, señoras y
señores...

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Rev. El Cronopio PEDC-FC-UASLP
http://www.uaslp.mx/fc/cronopio/index.html

EL VALOR DE LA CIENCIA
Por: Manuel Martínez Morales / Universidad Veracruzana

En 1905, el célebre físico matemático Henri Poincaré publicó El valor de
la ciencia, obra en la cual se propuso defender la actividad científica
frente a la oleada de creciente negativismo y escepticismo sobre la
ciencia y sus logros. Algunos, impresionados por la inestabilidad de las
teorías científicas en esa época, proclamaban estridentemente la
bancarrota de la ciencia; otros, llegaron a expresar que la ciencia era
una creación artificial del hombre sin conexión alguna con el mundo
físico. Hoy, casi 80 años después de la apasionada y lúcida defensa de
la ciencia y su valor por Poincaré, son pocos de los que se atreverían a
hacer tales cuestionamientos. Se reconoce la correspondencia entre las
teorías científicas y la realidad, y también se admiten las limitaciones
del conocimiento científico. Sabemos que no existe un conocimiento
absoluto e inmutable del universo y del hombre; toda teoría es
provisional y está sujeta a constantes confrontaciones con la realidad.
La ciencia está en continua transformación, las teorías cambian, los
métodos se renuevan, se estudian nuevos fenómenos.

El avance científico y tecnológico alcanzado en lo que va del siglo,
supera a todo lo realizado anteriormente por el hombre. Cosas cuya
existencia era considerada imposible, en el siglo pasado, hoy forman
parte de nuestra vida cotidiana: el automóvil, la televisión, las
computadoras, los fármacos, etc. Desafortunadamente, la investigación
científica también ha contribuido a la producción de artefactos con gran
poder destructivo que van desde sofisticadas armas convencionales hasta
la temible bomba atómica, pasando por toda una variedad de armamento no
convencional como las llamadas armas químicas, biológicas y
psicológicas.

En la actualidad, los críticos más tenaces de la ciencia parten
precisamente de este aspecto negativo del quehacer científico: la
aplicación de la ciencia para producir artefactos que causen la mayor
destrucción posible. Es ya factible la aniquilación total de la especie
humana y la degradación absoluta de la biosfera terrestre. De ahí que
surja la equivocada conclusión de que la ciencia sólo traerá males a la
humanidad y que, por tanto, se hace necesario prescindir de ella. En
Estados Unidos de Norteamérica y en Europa Occidental se han organizado
numerosos grupos y asociaciones políticas que avalan esa postura. Su
posición no es del todo injustificada, pues una gran parte de la
investigación científica se orienta precisamente hacia aplicaciones
militares. Según el científico argentino Amílcar O. Herrera.

Se estima que desde la Segunda Guerra Mundial, al menos 40% de los
recursos de ciencia y tecnología mundiales ha sido dedicado a la
investigación militar. E.U., URSS, China, Francia, Alemania Federal y
Gran Bretaña, son responsables del 96-97% del gasto. El número total de
científicos e ingenieros que trabajan en la tarea de ciencia y
tecnología mundial es de alrededor de 3 millones; 25% de ellos –cerca de
750 000- están comprometidos en investigación militar. (La larga
jornada: La crisis nuclear y el destino biológico del hombre, Siglo XXI,
1981).

Si bien estos datos acrecientan el temor de un destino trágico para la
humanidad, no por ello debe restarse importancia al efecto positivo que
la aplicación de la ciencia ha tenido en muchos terrenos tales como:
mayor producción y calidad de alimentos, desarrollo de fuentes de
energía, fabricación de medicamentos, educación, planificación
económica. En fin, la orientación adecuada de la investigación
científica y tecnológica ha contribuido enormemente a posibilitar la
elevación de la calidad de vida humana.

Este aspecto positivo de la ciencia es particularmente importante para
un país como el nuestro donde, en el presente, tenemos que importar
desde el maíz y frijol, alimentos básicos del pueblo, hasta los
ingredientes para elaborar pasta de dientes. México cuenta con
suficientes recursos naturales y humanos como para iniciar un proceso de
grandes transformaciones económicas y sociales que se traduzcan en
mejores niveles de vida para todos sus habitantes. En la base de este
proceso, la ciencia y la tecnología deben ocupar un lugar preponderante.
Está demostrado que pueden lograrse resultados impresionantes de
utilidad inmediata. Por ejemplo, según información del Consejo Nacional
de Ciencia y Tecnología, a partir de 1960, se han realizado experimentos
con nuevas variedades de maíz más resistentes a las plagas y a las
variaciones climáticas, lográndose, en 1980, un rendimiento de hasta
1770 kilogramos por hectárea. Así como en la agricultura pueden lograrse
avances en poco tiempo, lo mismo puede decirse respecto a la industria,
a la educación y a la salud.

Sin embargo, el desarrollo científico en México es todavía incipiente;
según datos de CONACyT, en 1979, había en el país 2.4 investigadores por
cada 10 000 habitantes, mientras que en Argentina, esa cifra era de 5.6,
y en Estados Unidos de Norteamérica, 26.0. El gasto en Investigaciones y
Desarrollo, con relación al Producto Nacional Bruto, alcanzó, en 1982,
sólo 0.6%, cuando la meta propuesta era de 1%. En países con alto grado
de desarrollo (Japón, ex URSS, Estados Unidos de Norteamérica, Gran
Bretaña, Francia), la inversión en ciencia y tecnología está por arriba
de 2% del PNB. Estimaciones del propio CONACyT indican que, en 1980,
México invirtió más de 6 mil millones de pesos en la compra de bienes de
capital y, en 1982, gastó más de 10 mil millones de pesos por concepto
de transferencia de tecnología, marcas, patentes, regalías y asesoría té
cnica. Estas cifras indican que la atención dada a la ciencia en nuestro
país no es suficiente. Entiéndase que no se trata sólo de incrementar la
cantidad de recursos asignados a ciencia y tecnología, ni de competir
con otros países, sino de articular un proyecto de desarrollo acorde con
las necesidades más urgentes del país.

El ideograma chino que representa crisis, está formado por dos
ideogramas: uno que significa "riesgo" y el otro "oportunidad". El
riesgo de la crisis actual consiste en dejar inertes las enormes fuerzas
productivas de que el país dispone y caer en una pendiente de creciente
dependencia económica y, por consiguiente, política, que, en términos
llanos, significará más pobreza para la mayoría de los mexicanos. La
paradoja de padecer hambre en medio de abundantes recursos queda
ilustrada perfectamente en la siguiente metáfora de Herrera:

Si Dios hubiera tenido la misma imaginación o los mismos intereses
creados de las clases dirigentes, Adán y Eva en el paraíso habrían
muerto de hambre; tenían a su disposición un sistema productivo que no
requería de ningún esfuerzo humano, pero eran desempleados y, por lo
tanto, no tenían un salario para comprar sus productos.

La oportunidad que la crisis ofrece es la opción de un desarrollo
transformador, en el cual la vida y la dignidad humana recuperen su
valor. La ciencia y la tecnología son, en este sentido, instrumentos
imprescindibles en el proceso de recuperación de los nuestro. No estamos
ya en los tiempos en que Poincaré tenía que defender la ciencia ante sus
detractores. El valor de la ciencia como elemento de conocimiento y
transformación de la realidad es ahora incuestionable; está ausente la
voluntad para desarrollarla plenamente y ponerla al servicio del hombre.

Se hace necesario, en este tiempo y lugar, revalorar la ciencia y su
función para darle la importancia que debe tener como factor primordial
de desarrollo social. La ciencia no sólo contribuye a mejorar el
aprovechamiento de los recursos materiales, sino además, un elemento
central en la cultura de una sociedad. La ciencia no es sólo un conjunto
de teorías y métodos para hacer ciertas cosas, es también una concepción
del mundo y de nosotros mismos. Entendida en el más amplio sentido, la
ciencia complementa y vigoriza las concepciones estéticas y éticas del
hombre. Decía Poincaré: "Si queremos liberar, cada vez más al hombre de
sus preocupaciones materiales, es para que pueda emplear su libertad
reconquistada en el estudio y la contemplación de la verdad".

Debemos convencernos de que la ciencia no es un lujo ni una actividad
superflua. Es, como ya se dijo, un elemento de primera importancia para
el desarrollo social. Nada mejor para concluir que una brillante
reflexión de Amílcar Herrera en la cual expresa, con toda claridad, la
importancia que la ciencia debe tener para nosotros, aquí y ahora:

Por primera vez en la historia la humanidad posee el conocimiento
necesario para resolver todos los problemas conectados con las bases
materiales de la vida. En otras palabras, el conocimiento científico y
tecnológico a disposición de la humanidad, si se usa racionalmente,
puede asegurar que cada ser humano, ahora y en un futuro previsible,
pueda tener un nivel de vida, que no sólo lo provea en sus necesidades
básicas materiales, sino que también le asegure la plena y activa
incorporación a su cultura. La miseria y privación de gran parte de la
humanidad no son el resultado inevitable de un incompleto control de
nuestro medio físico, sino del uso irracional de los instrumentos
científicos y tecnológicos a nuestra disposición. Esta verdad elemental
es bien conocida por todos los científicos que se ocupan de los
problemas de subsistencia a nivel mundial; si no ha alcanzado todavía la
conciencia de toda humanidad es sólo porque es una verdad que puede
poner en peligro el mantenimiento de un orden internacional y social
básicamente injusto.

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El Correo http://www.elcorreodigital.com/

TEOREMA DE PITÁGORAS

Los portales científicos y tecnológicos en Internet son una arriesgada
apuesta que poco a poco se va abriendo camino

Los portales de ciencia y tecnología no consiguen una gran acogida entre
el gran público. «Estos temas son el gato negro del que todo el mundo
parece huir. Sí, es cierto, cada vez vemos aparecer más ciencia y
tecnología en los medios, pero sigue siendo insuficiente. Esto origina
una población mal informada y reacia a estos temas, lo cual es
preocupante en una sociedad marcada por el progreso científico-técnico»,
afirma Alex Fernández Muerza, editor y creador de ‘Divulcat’.

La ciencia y la tecnología cuentan con muy pocas referencias realmente
interesantes en la ‘web’. «No se ve mucha divulgación científica en
castellano en la Red. Como mucho, las noticias que se encuentran en los
grandes portales (Terra, Eremas…) se limitan a reseñas de noticias de
agencias y poco más» continúa Alex. Con este espíritu de ofrecer más a
los internautas amantes de lo científico tecnológico, nace ‘Divulcat’.

La palabra ‘ciencia’ hace pensar al internauta en lugares donde tendrá
que volver a recordar clases de química o física que en su momento se le
plantearon eternas. Pero esto no es así. La realidad nos muestra otra
cara muy diferente de este campo. En la Red se pueden encontrar temas
que, siendo científicos, apasionan a todo usuario, como las explosiones
en el Sol, los retos espaciales o los sueños que tienen los animales.
Abundan también interesantes artículos de reflexión que hacen pensar en
cómo la sociedad avanza a pasos agigantados hasta un horizonte que hace
treinta años se veía inalcanzable.

Por otra parte, la ciencia no tiene edad. Es posible encontrar sitios
tan interesantes como el portal de astronomía creado por Alex Dantart a
sus 18 años, ‘Astrored’, o ‘100.cia’, una ‘web’ creada también por este
joven donde se ofrecen noticias actualizadas de ciencia y tecnología con
la posibilidad de comentarlas. O páginas que nos muestran la cara más
agradable de la ciencia, donde se pretende retener la atención del
internauta con datos curiosos del mundo de la ciencia, como que
Arquímedes, padre de la expresión «¡Eureka!», corrió desnudo hasta
palacio al descubrir el teorema que lleva su nombre. O epitafios tan
sorprendentes como el de Thomas Young (1773-1829), donde se puede leer:
«Dedicado a la memoria de Thomas Young, MD, miembro y secretario de
relaciones exteriores de la Royal Society, miembro del Instituto
Nacional de Francia: estableció por primera vez la teoría ondulatoria de
la luz y penetró por primera vez la oscuridad que había ocultado durante
siglo los jeroglíficos egipcios.»

La ciencia, al igual que la tecnología, resulta agradable si se consigue
atraer la atención del lector, estudiante o cibernauta. Esto es lo que
pretenden muchos sitios en Internet. Despertar la curiosidad científica
y tecnológica que reside en cada persona. O simplemente deleitar a los
amantes de este tipo de disciplinas que no encuentran en un gran número
de ocasiones aquello que desean en la maraña de páginas que existen en
la Red.

A fin de cuentas, eso pretende la divulgación tecnológica y científica,
hacer accesible a todo el mundo los contenidos que ofrece, que en
ocasiones pueden resultar incomprensibles para los profanos. Una forma
diferente de ver la red de redes.

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The New York Times http://www.nytimes.com/

STEPHEN JAY GOULD • PALEONTÓLOGO: "UTILIZAMOS MAL A DARWIN PARA ALIVIAR
LA DECEPCIÓN ANTE NUESTROS PEORES RASGOS"
Por: Claudia Dreifus - Nueva York

A Stephen Jay Gould, paleontólogo, le resulta fácil escribir en su
despacho de Harvard. Ha escrito 19 libros, muchos de ellos éxitos de
ventas. Gould, de 58 años, ha pasado gran parte de su vida dando vueltas
por Manhattan. Creció en el Queens de los años cincuenta, en el seno de
una familia de clase trabajadora, en una época en que Manhattan era la
ciudad eternamente distante. En 1967, Gould obtuvo su cargo en la
Universidad de Harvard, que significaba, por supuesto, vivir en
Cambridge y ser uno de los pocos admiradores de los Yanquees de todo
Harvard Yard.

Hace cuatro años, Gould se casó con una escultora e historiadora del
arte, Rhonda Roland Shearer, de Manhattan, que tiene ahora 45 años, y
juntos crearon su hogar en el Soho, en una espaciosa estancia urbana
llena de lámparas de Tiffany, buenas obras de arte y libros científicos
de primera edición. En sus 19 libros y en ensayos para la revista
Natural History, Gould se ha convertido quizá en el más elocuente y
conocido partidario de la teoría de la evolución y la selección natural,
como responsables del origen y la diversidad de las especies.

Pregunta.- ¿Qué pensó cuando leyó, hace unos meses, que el Consejo de
Educación de Kansas iba a hacer optativa la enseñanza de la evolución en
las clases de Biología?
Respuesta.- Que los ciudadanos de Kansas se sentirían profundamente
avergonzados por la estupidez de la decisión y que votarían para que ese
Consejo Escolar abandonase el cargo el año siguiente. La decisión del
Consejo Escolar de Kansas es aparentemente absurda. Es como decir:
"Vamos a seguir enseñando inglés, pero ya no hay que enseñar gramática".
Pero los creacionistas no pueden hacer lo que quieren debido a la
historia de las decisiones del Tribunal Supremo. Tienen muchas
limitaciones en lo relativo a una postura legalmente defendible.
Probablemente, lo único que pueden hacer es esto.
P.- ¿Cómo explica la decisión?
R.- El único motivo de que ocurriera es que ya nadie vota en las
elecciones de Consejo Escolar. Por eso, determinadas minorías pueden
hacerse con el poder. Hicieron falta tres ciclos electorales para que
este grupo fundamentalista se hiciera con el cargo en Kansas. Los
mayores peligros no son estas maniobras legales. Son los miles de
profesores que no tienen todo el valor que hace falta, como la mayoría
de los humanos, y que probablemente enseñan menos evolución porque no
quieren líos. Eso ni siquiera se puede medir.
P.- ¿Es el creacionismo un fenómeno únicamente estadounidense?
R.- No ocurre en ningún otro lugar del mundo occidental. Los europeos no
entienden por qué lo tenemos aquí. No entienden cómo se puede tener un
movimiento anti-evolución en un país científico moderno.
P.- En las ciencias sociales hay una tendencia a recurrir a
explicaciones neodarwinistas de los problemas sociales: una especie de
resurgir mutante del darwinismo social de finales del siglo XIX. ¿Por
qué ha ocurrido esto ahora?
R.- Esta es una época conservadora y creo que a los conservadores les
resulta tentador decir: "¿Por qué reclaman el cambio o la igualdad
cuando lo que tenemos ahora refleja el estado natural de la naturaleza
humana?". Además, creo que, a veces, en la actualidad, utilizamos mal a
Darwin a la hora de intentar aliviar nuestra decepción ante algunos de
nuestros peores rasgos. O sea que, si no nos gusta nuestra agresividad o
nuestro sexismo, podemos intentar disculparlo diciendo: "Bueno, estamos
hechos así. No podemos evitarlo".
P.- ¿Y qué ocurre con la atracción que ejerce el neodarwinismo en
personas a quienes les gustan sus características? Por ejemplo, la
explicación biológica de "es un gen" alcanza gran popularidad entre los
defensores de los derechos de los homosexuales.
R.- Es cierto. Esta es una época que, en gran medida y equivocadamente,
creo, se decanta por las explicaciones genéticas. Por eso, se va a
extender por todas partes. Pero creo que es un argumento de doble filo.
Porque, si uno apuesta por una cosa así, ¿qué pasa si luego resulta que
está equivocado? Uno no quiere basar una defensa de una parte defendible
de nuestra diversidad en su supuesta naturaleza biológica. Preferiría
adoptar la postura de que no tiene nada que ver con la biología. Es una
cuestión ética.
P.- ¿Qué opinión le merece la calidad de la literatura académica?
R.- ¿En comparación con qué? Creo que la literatura académica nunca ha
sido maravillosa. Sin embargo, la ciencia solía ser mucho menos
especializada. No había mucha terminología técnica, y además, la mayoría
de los académicos no se han formado como escritores. Y existe, supongo,
una jerga profesional cada vez mayor, algo que es probablemente peor que
nunca. Y creo que surge más por miedo que por arrogancia. La mayoría de
los académicos jóvenes caen en esta jerga porque temen que, si no lo
hacen, no les parecerán serios a sus mentores o la gente que les apoya.
No puedo creer que nadie quiera escribir así.
P.- ¿Cree que a sus colegas les molesta que haya escrito unos cuantos
libros que son éxitos de ventas?
R.- Seguro. Cualquiera que haya tenido éxito escribiendo para el público
general es objeto de envidia. No es un fenómeno del todo nuevo. Goethe
murió en 1832. Goethe era muy activo en el campo científico. De hecho,
realizó un trabajo científico muy bueno en morfología de las plantas y
en mineralogía. Pero le amargaba la manera en que muchos científicos se
negaban a escucharle porque era un poeta y, por consiguiente, en su
opinión, no podía ser serio.
P.- ¿Escribe con facilidad?
R.- No sé lo que es el bloqueo del escritor.
P.- ¿Qué hace la literatura por usted?
R.- Es la mejor manera de organizar ideas y de intentar decir las cosas
de la forma más perfecta y elegante posible. Muchos científicos odian
escribir. A la mayoría les encanta el laboratorio y, cuando el trabajo
está hecho, han terminado. Escribir es una lata. Es algo que tienen que
hacer para dar a conocer su trabajo. Lo hacen con resentimiento. Pero,
conceptualmente, para ellos no forma parte del proceso creativo. Yo no
lo veo así en absoluto. Cuando obtengo los resultados, estoy deseando
escribirlos. Ese es el resumen. Es la exploración de las consecuencias y
del significado.
P.- Su reciente libro Questioning the Millenium es, entre otras cosas,
una investigación de cuestiones del 2000. ¿Ha almacenado usted botellas
de agua y leña por miedo a lo que pueda pasar en el cambio de año? [esta
entrevista se hizo a finales de diciembre de 1999].
R.- Se ha prestado demasiada atención al efecto 2000 y se han hecho
muchas pruebas. No creo que pase nada significativo. Lo más curioso de
todo esto es que, en el año 1000, en la medida en que la gente era
consciente del milenio, sus temores eran mayores. Se temía las
apocalípticas revelaciones de las Revelaciones. Realmente, se creía que
Jesús volvería, que Satán estaría en camino y que el mundo, tal como lo
conocemos, llegaría a su fin. Es muy gracioso el hecho de que, en una
era secular, el motivo de mayor preocupación de la gente sea un problema
técnico, cuya causa es que un ordenador interprete mal una fecha debido
a la falta de previsión por parte de algunos programadores hace 30 años.

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El Mundo Salud http://www.elmundosalud.com/

DESCIFRAN EL GENOMA DE UNA BACTERIA “CULPABLE” DE UN GRAN NÚMERO DE
DOLENCIAS
Por: Ainoa Iriberri

Investigadores de la Universidad de Oklahoma (EE.UU.) han logrado
descifrar el mapa genético de la bacteria 'Streptococcus pyogenes',
también denominada estreptococo del grupo A. Este organismo es
responsable de un amplio rango de enfermedades que afectan al ser
humano. 'Streptococcus pyogenes' es la bacteria conocida que más
disfunciones provoca.

Este patógeno provoca, entre otras, enfermedades como la faringitis,
escarlatina, septicemia, síndrome del shock tóxico y fiebre reumática.
Los científicos han conseguido descifrar el tipo I de este organismo, el
que provoca las enfermedades arriba citadas, usando un completo sistema
informático ya utilizado para secuenciar otros organismos.

Los investigadores han publicado el resultado de su trabajo en la última
edición de la revista “Proceedings of the National Academy of Sciences”.

Para conseguir descrifrar el código genético de la bacteria los
científicos analizaron los patógenos presentes en una herida infectada
de un paciente. Una vez llevada a cabo la investigación, los analistas
descifraron más de 1.700 genes, de los cuales 40 eran virulentos.

Según explican los autores en la revista científica, el análisis
continuado de este patógeno podrá utilizarse para intentar desarrollar
una vacuna efectiva. Actualmente hay 54 experimentos trabajando en este
sentido.

El estudio del doctor Ferretti y su equipo, de los departamentos de
Microbiología, Inmunología y Bioquímica de la Universidad de Oklahoma,
ha sido promovido por el Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades
Infecciosas de los Institutos Nacionales de la Salud de EEUU.

Para más información:
Proceedings of the National Academy of Sciences  http://www.pnas.org/

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El País http://www.elpais.es/

HUESOS PREHISTÓRICOS CON POLÉMICA
Por: X. Pujol Gebellí - Barcelona
Noticia enviada por: Julio Arrieta

Los descubridores del 'hombre del milenio' defienden en Barcelona su
pertenencia al linaje humano

La polémica sobre cuál es el ancestro más primitivo de los seres humanos
continúa en el aire. Brigitte Senut y Martín Pickford, que localizaron
hace poco más de un año restos fósiles que atribuyen a una nueva y
primitiva especie, continúan en sus trece a pesar de la enorme
controversia sobre su interpretación. Los investigadores franceses, que
ayer dieron una charla en el barcelonés Museo de la Ciencia, de la
Fundación La Caixa, postulan que esos restos son del linaje humano.

La polémica tiene nombre propio. Se llama Orrorin tugenensis aunque sus
descubridores lo han apodado hombre del milenio. Los restos hallados
hasta la fecha son 13 huesos fósiles de cinco individuos de unos seis
millones de años de antigüedad. De ser ciertos sus atributos humanos,
sería el ancestro más primitivo del hombre conocido hasta ahora. Pero
los argumentos aportados por Senut y Pickford no han sido suficientes
hasta el momento para convencer a la comunidad científica ni, tampoco, a
los editores de las más prestigiosas publicaciones del mundo.

Y eso no es todo. Pickford, director del departamento de
paleoantropología y prehistoria en el College de Francia, sostiene que
además de a los científicos, deben librar una áspera batalla para vencer
'dogmas preestablecidos' por un sutil pero omnipotente poder ejercido
desde el mundo anglosajón. A esa actitud atribuye que en marzo de 2000
fuera encarcelado en Kenia, acusado de excavar ilegalmente. La denuncia
fue cursada por el paleontólogo Richard Leakey y, según Pickford, no
medió ni orden de búsqueda ni de arresto por parte de las autoridades de
Nairobi. El asunto se zanjó sin más a los pocos días. Un año más tarde,
ha celebrado el aniversario con más hallazgos de fósiles del hombre del
milenio.

Para Senut, paleontóloga del Museo Nacional de Historia Natural de
París, los fósiles hallados muestran que Orrorin presenta caracteres de
homínidos primitivos y de los grandes simios africanos de la época. La
combinación de atributos, indica, sugiere que esta nueva especie forma
parte del linaje que daría lugar a los humanos actuales. En opinión de
Pickford hubo una separación de linajes hace entre siete y nueve
millones de años, de donde surgirían la línea que lleva a los humanos
actuales, por una parte, y a la célebre Lucy (Australophitecus
Afarensis) y a otras especies, por la otra.

'Hay muchos dogmas establecidos y muchos intereses creados', se lamentan
estos investigadores . A esto añaden lo que consideran una marginación
flagrante de los medios especializados. Sobre todo las revistas Science
y Nature, en las que no presentan sus hallazgos al entender que les
maltrataron por no pertenecer a una corriente de opinión 'políticamente
correcta'. Senut y Pickford presentan sus trabajos en la revista de la
Academia de Ciencias de París.

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Diario Médico http://www.diariomedico.com/

CÓMO DONAR A LA CIENCIA EL 'TIEMPO MUERTO'
Por: Laura G. Ibañes

Un software semejante a un salvapantallas permite a los internautas
unirse a un proyecto de la Universidad de Oxford para localizar los
compuestos químicos más eficientes contra el cáncer, prestando de forma
automática la capacidad del procesador de sus ordenadores para comprobar
virtualmente la reacción en cada caso.

Cualquier internauta que lo desee puede, desde esta semana, colaborar en
la investigación de compuestos químicos contra el cáncer donando a la
ciencia el tiempo muerto de su ordenador. El nuevo proyecto de la
Universidad de Oxford se basa en un software y una conexión peer to peer
que permite a cualquier usuario de un PC con conexión a Internet
descargar el programa (semejante a un salvapantallas) y utilizar de este
modo la capacidad de su ordenador en los momentos en que esté inactivo
(encendido pero sin utilizarse) para realizar reproducciones virtuales
de la reacción de las células cancerosas ante distintos compuestos
químicos.

Con ello, el ordenador del internauta manda automáticamente los
resultados por conexión peer to peer a la base de datos central de la
Universidad de Oxford, que recoge y contrasta las informaciones
recibidas por todos los usuarios que han decidido participar en el
proyecto descargando en su ordenador el salvapantallas especial. De este
modo se crea un ordenador virtual con una capacidad de procesamiento
impensable ,ya que suma la de todos los ordenadores conectados al
proyecto. Según han calculado los responsables del proyecto, con una
conexión prevista de 6 millones de ordenadores se podría trabajar
durante 24 horas al día y realizar trillones de operaciones simultáneas,
que en caso de disponer de un solo ordenador para realizar el trabajo
precisarían cerca de 24 millones de horas de funcionamiento del
programa.

Esta misma experiencia se ha desarrollado con éxito en el Proyecto
Genom@... al quese conecctaron más de 3.000 personas el primer mes.

Red de ordenadores

Actualmente la base de datos de posibles compuestos que pueden bloquear
las claves proteicas que producen el cáncer en seres humanos asciende a
250 millones, una cifra lo bastante elevada como para que cualquier
laboratorio que lo intentase precisara varias decenas de años de trabajo
en exclusiva para aislar las más efectivas. De ahí la importancia del
ahorro de tiempo que supone el ordenador virtual con la capacidad
acumulada de todos los internautas que se sumen al proyecto. Si se
cumplen las previsiones de la Universidad de Oxford, en un año podrá ter
minarse la investigación sobre leucemia y ampliar el proyecto a otros
tipos de cánceres y en un futuro al parkinson y la diabetes.

Para colaborar con el proyecto puede descargar en su ordenador el
salvapantallas en la dirección siguiente: http://www.intel.com/cure/

Para más información:
Noticia relacionada en El Escéptico Digital Edición 2000 - Número 37 -
15 de septiembre de 2000 titulada Proyecto Foderol: Internautas en la
era de la Transcriptomía y de la Proteómica.

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QUÍMICA SIN TUBOS DE ENSAYO
Por: Leonardo Moledo

Diálogo con científicos argentinos: Ernesto Calvo

Pregunta.– ¿Cómo es eso de la química sin tubos de ensayo?
Respuesta.– Bueno, fíjese que desde la Segunda Guerra mundial hacia acá
hubo un extraordinario desarrollo de la química. En cierto modo, la
química fue la vedette, como la física en la primera parte de este siglo
o la biología molecular en los sesenta, y así lo percibió la sociedad.
Produjo polímeros, fertilizantes, (y por ende la revolución verde),
medicamentos...
P.– ... armas...
R.– También. Y la sociedad percibió al químico como el tipo que hacía
todas esas cosas en un laboratorio con retortas, vidrios, tubos de
ensayo. Era la química de laboratorio. Ahora bien, ¿qué pasó en los
últimos años?
P.– ¿Y qué pasó?
R.– Terminó la guerra fría.
P.– Sí, eso dicen.
R.– Y la sociedad empezó a ver a la química como responsable de
contaminar y ensuciar el mundo.
P.– Parece que siempre hace falta un enemigo, pero la verdad es que un
poco ensucian, ¿no?
R.– Sí pero la química también es la única que sabe medir la suciedad,
dónde esta sucio y cómo remediarlo.
P.– Bueno, es una suerte.
R.– Decía que se empezó a ver a la química como la que ensucia. Se
redujo la matrícula en todo el mundo (salvo Japón, por la industria
electrónica). Sin embargo, la química se expresa en la ingeniería de
materiales, en la biología molecular, en la biotecnología, en la
microelectrónica, que no podrían existir si los químicos no entendieran
cómo manipular las moléculas. Hubo algunos desarrollos muy importantes y
recientes que cambiaron la escala. Cuando yo estudié química en esta
Facultad no podía imaginar lo que le escuché a Peter Atkins en 1980 en
Londres...
P.– A ver...
R.– Sabemos que los átomos y las moléculas existen porque los podemos
ver. Ahora, en 1999 no sólo los podemos ver individualmente, con el
microscopio de túnel, sino que los podemos mover, ensamblar y armar
cuerpos moleculares como un mecano o un lego, dependiendo de cuál es mi
audiencia.
P.– Ah, yo todavía juego con legos...
R.– Hablo de la irrupción de la nanotecnología.

Nanotecnología

P.– Explíqueme bien...
R.– Objetos tecnológicos un millón de veces más chicos que un milímetro.
El mercado mundial para el año dos mil de productos nanotecnológicos ha
sido estimado en cien mil millones de dólares.
P.– ¿Pero qué productos?
R.– Medidores de aceleración para los coches, sensores, biosensores,
instrumentos de cirugía que puedan circular por el torrente sanguíneo en
un futuro y luego se destruyan y el gran desafío, computadoras
moleculares, cuando la tecnología del silicio quede obsoleta alrededor
del 2007 o el 2010.
P.– Usted me habla de cosas muy chicas, pero no se ve por qué una de
esas cosas representa una ventaja tan grande...
R.– ... motores de una sola molécula y fábricas que procesen una
molécula por vez.
P.– ¿Y eso qué es? ¿Moléculas de qué? ¿Cómo es un motor de una sola
molécula?
R.– Uno puede imaginarse un medicamento, que se fabrica en un tubo, en
un balón, se fabrican gramos o kilos. Si pasáramos a fabricar molécula
por molécula, en una línea de producción de tamaño molecular, bajaría
enormemente la inversión de capital en la fábrica, porque las fábricas
serían como chips. O sensores químicos, sensores que miden la cantidad
de moléculas con altísima especificidad. Los grandes laboratorios ya
están investigando el uso de estos chips para hacer mapeo de
medicamentos. Imagínese un chip que tenga diez mil pozos, diez mil
agujeritos de volumen tan pequeño que cada uno aloja una célula
cancerosa y un medicamento levemente diferente uno a otro, y un
nanosensor mide la diferencia de comportamiento. Y una computadora con
inteligencia artificial puede procesar esa enorme información y decidir
por química combinatoria cuáles son efectivos y cuáles no. No hablamos
de ciencia ficción, hablamos de cosas en las cuales se está invirtiendo
mucho dinero.
P.– Ayer estaba leyendo el libro de un sociólogo de la ciencia donde
decía que todas esas cosas en realidad no existen, son simples
construcciones sociales, juegos de poder y trampas que se tienden los
laboratorios.
R.– Pregúntele a un diabético. Esas cosas yo las veo, las toco y la
sociedad las usa.
P.– Y las empresas patentan esos juegos de poder.
R.– Motorola va a comercializar en dos años el Lab on the chip.
Entonces, ¿qué es química sin tubos de ensayo? La mezcla de la química
con la microelectrónica. Con una gota de sangre del paciente, en 20
segundos se tienen todas la variables del paciente y todos los datos que

el médico necesita. Otros ejemplos de lo mismo: nariz electrónica para
catar cervezas, cafés, oler vacas con acetonuria.... es un arreglo de
sensores múltiples que miden inespecíficamente y luego por técnicas de
inteligencia artificial se pueden distinguir dos clase de cerveza o de
café, o la homogeneidad de partidas. El Dr. Martín Negri, aquí, en la
Facultad de Ciencias Exactas de la UBA ha desarrollado una, y más bien
es electrónica y mecánica que un juego de poder. No sé si huele
sociólogos todavía.
P.– Si llega a oler sociólogos de la ciencia por lo menos, se
descompone.
R.– Inmunosensores de Chagas o de HIV con aplicaciones tan variadas como
medio ambiente, salud o alimentos, que pueden ser comercializados por
pymes, no sólo por las grandes compañías. Se construyen con la misma
tecnología serigráfica (de estampado con tintas) que se usa para hacer
camisetas.
P.– Se imprimen.
R.– Sí. También pueden integrarse a tecnología del silicio, a chips del
silicio, que puede tercerizarse en el exterior. Chips de ADN para
detectarenfermedades genéticas o cáncer, ya empiezan a ser una realidad.
Podemos llamar a todo esto ingeniería molecular. Para que esto funcione
y se haga realidad en la Argentina necesitamos del trabajo
interdisciplinario de químicos, ingenieros electrónicos, biólogos.
P.– Mientras no incorporen sociólogos, van a seguir avanzando.
R.– Creo que hay suficientes problemas de desempleo y de encuestas de
opinión como para entretener a los sociólogos con lo que saben hacer
bien.
P.– No, si yo no tengo nada contra los sociólogos. Mi mejor amigo de la
infancia era sociólogo.

Adaptarse a la electrónica

R.– Para hacer estos sistemas nanotecnológicos la química tiene que
adaptarse a la electrónica e introducir el concepto de organización que
tiene la biología. Imagínese moléculas pequeñas, que se organizan para
dar nucleótidos, proteínas, ácidos nucleicos, tejidos, órganos,
organismos. De la misma manera, átomos y moléculas que se organizan para
dar materiales con los cuales se hacen transistores, que se integran en
circuitos, que a su vez forman parte de computadoras. Esa química sin
tubos de ensayo es la que tenemos que aprender para construir
dispositivos moleculares como transistores que reconozcan glucosa y
produzcan una señal eléctrica.
P.– No parece fácil.
R.– Y no lo es. Hay desafíos científicos muy grandes. Queremos poner las
moléculas donde las necesitamos y no donde van a ir espontáneamente. Es
interesante, porque esto de armar moléculas específicas, construir y
jugar con átomos...
P.– ¿...?
R.– Permite construir estructuras muy complejas. Mirkin, en Estados
Unidos, agarró una secuencia de ADN, les pegó una nanoestructura de oro
o de semiconductor, una pelotita de 5 nanómetros, y luego, con una
técnica especial, formó la doble cadena espontáneamente, obteniendo un
cuerpo molecular en tres dimensiones, donde cada pelotita estaba
exactamente espaciada de las otras en una red tridimensional.
P.– ¿Y para qué hizo eso?
R.– Por ejemplo, para almacenar información, hacer una memoria en una
computadora molecular. Podemos hacer memorias, transistores, chips,
receptores manipulando las moléculas.

Memoria molecular, autos y bebés

P.– ¿Y cómo guarda la información una molécula?
R.– Tiene muchas formas, cambiando alguna propiedad. Hasta ahora las
computadoras están basadas en dos estados posibles, las moléculas pueden
almacenar cientos o miles de estados vibracionales o electrónicos. Acá
hay un punto interesante... los átomos artificiales,
P.– Es decir...
R.– Agregados de cientos de átomos por ejemplo de carbono, y que no se
comportan como un material en volumen ni como un átomo individual han
sido la curiosidad de los físicos. Son grupos de átomos, de muchos
átomos cuyas propiedades son intermedias, entre los átomos individuales
y los materiales formados por más de 100. 000. 000. 000. 000.000. 000.
000. 000 átomos.
P.– Unos cuantos, por cierto...
R.– Sirven como materiales de memoria, para almacenar estados, o sirven
para producir emisión de luz... tienen un tamaño comparable a la
longitud de onda de un electrón y permiten hacer transistores de un sólo
electrón que se espera constituyan los circuitos electrónicos de los
próximos diez a treinta años. Se calcula que para el 2030, esto ya va a
estar en estado de tener productos que se van a ver en el mercado.
P.– Y en el supermercado.
R.– Literalmente. Muy próximamente en cada góndola de supermercado habrá
sensores que detecten moléculas que revelan si se cortó la cadena de
frío en algún alimento. La computadora que tienen los autos más
modernos, con carburador electrónico, recibe señales de sensores que
miden la temperatura, la posición del pistón y la concentración de
oxígeno, y optimizan la combustión, y en esos sensores (el sensor
consiste en un semiconductor de óxidos de zirconio que cambia su
resistencia eléctrica con el contenido de oxígeno en la mezcla de aire y
nafta) hay química sin tubos de ensayos. Cuando nace un bebé, puede
monitorearse la concentración de oxígeno a través de la piel con un
sensor basado en los mismos principios.
P.– ¿Cómo es el sensor para un bebé?
R.– Las moléculas de oxígeno toman electrones de un microelectrodo
metálico y se transforman en agua oxigenada, y la corriente que circula
mide la concentración de oxígeno y garantiza que no haya sufrimiento
fetal. De la misma manera se mide el anestésico que recibe la madre en
la sangre del bebé. Hay una tendencia en los hospitales a tener un
biochip que sea un sensor múltiple, que con una gota de sangre permite
medir sodio, calcio, potasio, pH, urea, colesterol, glucosa,
instantáneamente, en una pantalla.

Laboratorios y materiales inteligentes

P.– Bueno, no hacen falta tubos de ensayo...¿y cómo son los laboratorios
de este tipo de química?
R.– Más parecidos a laboratorios de física o ingeniería electrónica, en
lugar de tener alambiques de vidrio, hay líquidos circulando por canales
de uno a diez diezmilésimos de milímetro y expuestos a máquinas
moleculares dentro de cosas que van a parecerse a computadoras en lugar
de alambiques.
P.– ¿Qué hubiera dicho Lavoisier?
R.– Justamente, esto se puede hacer por el trabajo que hicieron muchos
químicos con tubos de ensayo, que permitieron entender las propiedades
de las moléculas para poder dominarlas.... La química no desapareció, no
podría haber biología molecular sin química..
P.– ¿Y por qué sigue siendo química?
R.– Porque química es entender los sistemas a nivel molecular, se usa
todo lo demás, pero la impronta es comprender, manipular y manejar
moléculas, medir, predecir sus propiedades y ensamblarlas en bloques
para hacer materiales de propiedades predefinidas, materiales
inteligentes
P.– Materiales inteligentes...
R.– Materiales que se adaptan a los requerimientos de la ingeniería,
polímeros conductores, sistemas optoelectrónicos, sistemas que puedan
comunicarse con luz y que puedan hacer un trabajo químico determinado.

Treinta años no es nada

R.– Hay distintas cosas, lo que vamos a ver ya, como éstas, y lo que
vamos a ver dentro de 30 años.
P.–  ¿Qué vamos a ver dentro de 30?
R.– Motores de una sola molécula, que copian el mecanismo de cilias de
organismos unicelulares, pero son totalmente sintéticos, y que mueven,
como engranajes, moléculas de a una. Ya se hizo una molécula que gira
continuamente en un sentido, como si fuera una rueda, al ser iluminada
con luz ultravioleta, y entonces podría transportar moleculitas más
chicas, de a una, en una línea de producción en nano escala como lo
había predichoDrexler. Son fábricas moleculares... yo estuve en Pekín en
el ‘95 y los tipos estaban fabricando engranajes moleculares y motores
moleculares...
P.– Hablando de Pekín... ¿y en la facultad?
R.– Autoensamblamos moléculas para hacer biosensores y las miramos
individualmente con microscopios de fuerza atómica y túnel, pero tenemos
que hacerlo con físicos que desarrollan esos microscopios y con biólogos
moleculares que conocen las propiedades de esas biomoléculas. Y ahora
estamos empezando a incorporar ingenieros electrónicos que puedan
procesar señales que generan estas moléculas. Al fin y al cabo, el
glucómetro que se desarrolló en Cambridge y que Abbot compró en 1600
millones de dólares, y que se usa para los diabéticos, es algo que se
hizo en un laboratorio como el nuestro de la facultad, no mucho más.
Nosotros jugamos ese juego, ese juego entre la búsqueda de conocimiento
y la solución de demandas sociales, como en el Galileo de Brecht... y lo
juegan nuestros colegas en el mundo desarrollado todo el tiempo, los
mismos que publican en Nature y Science patentan esas ideas.

El efecto 2030

P.– Me está hablando del 2030, y esas cosas... Impresiona un poco.
R.– Si no reforzamos la investigación básica ahora, vamos a ser
analfabetos quizás en el 2010, o en el 2030. La gente de Motorola, del
departamento de prospectiva, y que está instalando un laboratorio en
Brasil, vino a ver qué gente tenemos. Visitó La Plata, Bariloche y
nuestra Facultad para discutir estos problemas.
P.– O sea, hay gente que tiene visión.
R.– Y que piensa que lo que se hace en la Argentina puede servir. Lo que
pasa es que nuestros políticos son ignorantes del valor económico de la
ciencia, que no se compra, sino que debe desarrollarse en la sociedad.
Si de repente en el 2010 dicen “quiero tener ciencia” no se puede hacer
de repente. Están pensando en el dos mil tres.
P.– Tal vez el día en que la Bolsa de Buenos Aires se interese por estas
cosas, empezaremos a ver un cambio....
R.– El futuro, aunque parezca mentira, se decide en los laboratorios.

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El País http://www.elpais.es/

LA GENERALIZACIÓN DE LOS ARGUMENTOS ESTÚPIDOS
Por: Gregorio Peces-Barba Martínez

Vivimos en unos tiempos donde, junto a grandes progresos de la
racionalidad y de la ciencia, coexisten ámbitos importantes en lo
público y en lo privado dominados por la necedad, por el simplismo y por
la vulgaridad intelectual. Como dice Hilary Putnam, es sorprendente la
'fascinación que parecen tener las ideas incoherentes'. A veces los
medios de comunicación se encargan de difundirlas e incluso de
alentarlas, y responsables políticos o líderes sociales de engendrarlas
y de dotarlas de autoridad y de solvencia, al menos prima facie, por la
presunción de legitimidad que éstos tienen a priori. En otros ámbitos
como el deporte o las revistas del corazón, los ciudadanos escuchan a
diario lugares comunes que se repiten con grandes palabras como si
estuviéramos ante aportaciones ingeniosas, como 'el fútbol es así', 'no
merecimos perder', 'nos robaron el partido'; o, en el segundo supuesto,
'es el amor de su vida' o 'somos muy felices'. La extensión con que la
prensa en general, y la deportiva o la llamada 'rosa' en particular,
trata esos asuntos y repite esas vulgaridades permite percibir la
amplitud del eco de esas palabras. Estamos ante una gigantesca
generalización de los argumentos estúpidos, que sorprenden y avergüenzan
por su arraigo y por su eco en la opinión pública. Que un programa como
Tómbola haya tenido una audiencia tan fiel como numerosa, hasta que el
nuevo presidente del Ente, señor Giménez Alemán, la suprimió con buen
juicio hace unas semanas, es un signo de la profundidad de la patología.

Y el problema es más grave, porque incide negativamente en la pedagogía
que se necesita para formar una ciudadanía responsable.

Pero cuando el problema adquiere proporciones muy serias es cuando esas
ideas incoherentes y esos argumentos estúpidos proceden de dirigentes
políticos y de personas con relevancia social. Son momentos más
frecuentes de lo que parece, y recientemente hemos tenido muchos casos
pertinentes de los que extraigo algunos especialmente ejemplares como
disvalores.

El modelo en el ámbito político lo ha representado el señor secretario
de Estado de Justicia, cuando ha declarado, firme y contundentemente,
con esa seguridad que da haber ganado una oposición a un gran Cuerpo del
Estado, que había que despolitizar al órgano de gobierno de los jueces.
Repite el señor Michavila una cantinela muy oída sobre la politización
del gobierno de los jueces. Es el paradigma de los argumentos estúpidos,
que sin duda confunden la función de los jueces con su gobierno,
atribuido en la Constitución al Consejo General del Poder Judicial.
Conviene dejar claro que la forma de elección actual, en su totalidad
por las Cortes Generales, es plenamente constitucional, y queda por
justificar que la pretensión de despolitización se refiere al gobierno
de los jueces, y no a la función judicial. En el ejercicio de la función
de juzgar y de hacer ejecutar lo juzgado la Constitución protege y
garantiza la independencia judicial, pero aun en ese caso no se puede
alcanzar una wertfreiheit, una neutralidad que es imposible, y que
además es dudosamente deseable en el ámbito del Derecho, donde el juez
está comprometido, en el marco del sistema constitucional y legal, con
realizar la justicia y garantizar la libertad y la igualdad. Siempre les
digo a mis alumnos que para juzgar a un interlocutor jurista que les
diga que es neutral deben recordar que esa neutralidad es imposible, y
quien la afirma o es un estúpido ignorante o es un mentiroso. Todos los
juristas y también los jueces tienen sus ideas, sus intereses, y por eso
la proclamación del principio de independencia para controlarles. Y los
jueces hacen política porque el Derecho es creado por el poder, que
recoge en las sociedades democráticas los ideales de la ética pública,
que son inevitablemente políticos. La visión de unos jueces angelicales,
sin intereses ni ideales políticos de este mundo, como los santos de la
Ciudad de Dios agustiniana, no resiste ningún análisis serio, y no puede
ser la base para la propuesta que respalda el señor secretario de Estado
de que son el cauce ideal para elegir un Consejo General del Poder
Judicial apolítico, fuera de la realidad mezquina del mundo político, y
que supere la inconveniente politización del actual modelo.

No sabemos qué legitimidad tienen estos señores jueces para elegir ellos
solos a su órgano de gobierno. Seguramente no será el saberse bien los
temas con los que aprobaron las oposiciones, y no se me alcanza qué
puede merecer un colectivo de pocas miles de personas para elegir al
órgano de gobierno de uno de los poderes del Estado, cuando el principio
democrático reside en la soberanía del pueblo español representado en el
Parlamento. Que un secretario de Estado de un gobierno democrático, en
un régimen parlamentario representativo, diga que hay que despolitizar a
un poder del Estado es un contrasentido que resulta difícil de entender,
que es poco racional y muy incoherente. Supone que el gobierno de los
jueces es un asunto interno de éstos, cuando los terceros afectados por
sus decisiones son todos los ciudadanos y todas las instituciones
públicas y privadas. Nunca se ha pretendido dar tanto poder a tan pocos,
y ésa es la apuesta por reforzar un corporativismo propio del Antiguo
Régimen, cuando los jueces vendían o compraban los cargos judiciales
como si fueran su propiedad. Ahora, la feliz ocurrencia del Gobierno,
glosada en ese comentario por el señor secretario de Estado, es como la
moderna forma de compra de cargos, al permitir convertirlos en
monopolizadores de un poder del Estado. Cuando el Tribunal
Constitucional, fuera de sus funciones, excediéndose de lo que puede y
debe decir, aún reconociendo que el sistema actual de elección es
legítimo, dijo que sería mejor el otro, utilizando también un argumento
estúpido, estaba acreditando que años más tarde se pudiera afirmar la
necesidad de despolitizar a un poder del Estado. Pero el colmo será, si
esta barbaridad se consuma, que los señores Diputados y Senadores del
PP, y espero que nadie más, se identifiquen con el despropósito y voten
privarse a sí mismos y a las Cortes Generales en concreto de la elección
de doce vocales del Consejo General del Poder Judicial, transfiriendo
esa competencia al colectivo de jueces. En ese caso habríamos pasado de
la estupidez a un error de imprevisibles consecuencias, y esa votación
debería acompañarse con la audición en el hemiciclo de 'Los esclavos
felices' de Arriaga.

El otro ejemplo clamoroso en el ámbito político son las declaraciones
del secretario general de Emigración, señor Fernández Miranda, cuando
sostiene, sin enrojecer, la conveniencia de que los emigrantes sean
católicos para integrarse mejor en una sociedad mayoritariamente
católica como la española. Aquí la incoherencia y la sinrazón se
completan con la inconstitucionalidad, y parece que volvemos al modelo
que iniciaron los Reyes Católicos de vincular la unidad de España con la
unidad de la fe. Si entonces produjo males sin cuento, hoy infringe la
libertad religiosa, la aconfesionalidad del Estado y la debida
neutralidad de las autoridades en temas que sólo afectan a la conciencia
de los individuos.

Para hacer referencia ahora a un ejemplo social de argumentos estúpidos,
creo que podemos asociar a dos representantes relevantes de la sociedad
catalana, la señora Ferrusola, esposa del Molt Honorable President de la
Generalitat, y el viejo militante de la izquierda nacionalista Heribert
Barrera. No estamos ante un límite a la libertad de expresión. Mas bien
pienso que estas situaciones no deben abordarse desde esa perspectiva.
Decir que sus hijos no jugaban de pequeños en las plazas o en los
parques porque todos los niños hablaban castellano, o referirse
despectivamente a los emigrantes, o afirmar que su llegada masiva
pondría en peligro la identidad de Cataluña, no es motivo de limitación
de la libertad de expresión de la señora Ferrusola, aunque coincidiera
en el tiempo y en los temas con el señor Barrera. De esas afirmaciones
no se desprendía un claro y presente peligro para la situación de los
emigrantes. Más peligro produce para ellos una Ley de Extranjería,
claramente inconstitucional, que les impide ejercer derechos que les son
debidos. Por otra parte, hay que tener cuidado con esos meros
inquisidores de toda laya que consideran inaceptables argumentos que,
aun siendo recusables y no compartidos por la mayoría, no van a tener
consecuencias prácticas dañinas para la convivencia. Otro ejemplo
reciente es reprochar a un diputado que utilizase críticamente para
describir el tono de intervención de una diputada el término 'colegio de
monjas'. No se me alcanza por qué se considera un comentario machista,
ni mucho menos por qué la señora presidenta le sugiere que retire la
expresión utilizando como argumento que es el día de la mujer
trabajadora. Todas las opiniones enriquecen una convivencia, y el
pluralismo necesario, aunque en contradicción con el núcleo central de
los valores constitucionales; otra cosa es si pueden crear un claro y
presente peligro que ayude a subvertir o a llegar a situaciones de
violencia generalizada. En esos casos sólo se puede limitar la libertad
de expresión, y ello por medio, casi siempre, del Código Penal.

En muchos casos, opiniones y tomas de postura -y en la ocasión que
citamos, las de la señora Ferrusola y las del señor Barrera- no merecen
reproche por excesos en la libertad de expresión, sino porque sitúan sus
palabras en el corazón mismo de los argumentos estúpidos, que ponen de
relieve o limitación o debilitamiento intelectual; son un mal ejemplo de
argumentación racional, obstaculizan la pedagogía de la libertad y de la
tolerancia y desorientan a los interlocutores por su simplismo.

Entre todos debemos atajar la extensión de esos argumentos estúpidos,
que nos rebajan y nos sitúan en la indignidad, que no aportan nada para
elevar nuestra condición.

[Nota] *Gregorio Peces-Barba Martínez es rector de la Universidad Carlos
III de Madrid.

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La Vanguardia http://www.lavanguardia.es/

UN PROGRAMA DE LA FUNDACIÓN BERTELSMANN ESTIMULA A LOS NIÑOS A LEER
Por: Josep Ferrer - El Prat de Llobregat

"Buenas noches, supongo que es así como se debe empezar. Sed bienvenidos
a mi gabinete de trabajo y que conste que no he pronunciado estas
palabras muchas veces a lo largo de mi vida." De esta manera inicia su
exposición el profesor Challenger, un atípico científico surgido de dos
novelas de A. Conan Doyle que es el personaje invitado de las noches de
fábula dedicadas a la ciencia que organiza la Fundación Bertelsmann. El
objetivo es estimular la lectura. La audiencia está formada por una
veintena de estudiantes de entre 12 y 16 años de institutos de El Prat
de Llobregat.

En su laboratorio -obra de los alumnos de la escuela de dibujo de la
Asociación Amigos del Arte de El Prat-, el primer explorador de la
tierra de Maple White hace un rápido repaso por la historia, desde los
egipcios hasta la era espacial, haciendo referencia a grandes autores
como Isaac Asimov y Julio Verne e invita al auditorio a leer sus obras.
Finalizada su exposición, aquellos jóvenes que lo desean entran en el
laboratorio para leer a sus compañeros el relato que ellos han escrito.

"Se trata de pasarlo bien con una cosa que aparentemente parece
aburrida, los libros", explica Eva Peñalver coordinadora en El Prat del
programa biblioteca-escuela, una actividad extra escolar de la Fundación
Bertelsmann dirigida a niños de 3 a 16 años con el fin de fomentar la
lectura en este segmento de población.

El programa, que tiene una duración de cinco años, se desarrolla en seis
municipios españoles, Alcúdia (Mallorca), Gandía (Valencia), La Coruña
(Galicia), Linares (Jaén), Mieres (Asturias) y El Prat, en estrecha
colaboración con los centros educativos y los ayuntamientos.

"Pretendemos crear una conexión entre la biblioteca y la escuela",
afirma José María González, director del programa. Al igual que los
alumnos de 9 a 16 años reciben de manera periódica la visita de
personajes como el doctor Challenger -encarnados por actores-; en el
caso de los niños de 3 a 8 años el encargado del enlace con la
literatura es otro personaje salido de los cuentos, el Mago Azul,
encarnado por los coordinadores de cada población. El Mago aparece de
vez en cuando por la escuela, charla con los niños, juega con ellos, "se
trata de que forme parte de su universo imaginario", de manera que el
estímulo por la lectura y la escritura "sea una parte más de su
actividad cotidiana", explica González.

A esta altura del curso, los estudiantes de ESO tendrán la oportunidad
de participar en una noche mágica, es decir, la actividad se realiza en
horas nocturnas y en el Parc Nou de El Prat. Con una perfecta
ambientación y con el libro como protagonista, los asistentes se
encuentran diferentes personajes de ficción divididos en tres espacios
temáticos: aventura, ciencia y misterio.

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El País http://www.elpais.es/

EL DESACUERDO SOBRE LA PATENTE COMUNITARIA DIFICULTA EL DESPEGUE DE LA
INVESTIGACIÓN
Por: Gabriela Cañas - Bruselas

España es uno de los países que bloquean la adopción del sistema común
que se propone

Patentar un invento en Europa cuesta hasta cinco veces más que en EE UU
y se tarda en registrarlo al menos el doble de tiempo. Esta situación
dificulta el desarrollo de la investigación y la industria frente a
Norteamérica y Japón. Por eso, cada vez que hay un desacuerdo en la UE
sobre la patente comunitaria única, más ágil y barata, se otorga, de
paso, una nueva ventaja a esos países. El último desencuentro tuvo lugar
en la reciente Cumbre de Estocolmo. España es uno de los países que
bloquean el acuerdo por diversas razones; entre ellas, porque no se
garantiza el uso del español en ese proceso.

El presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, ha urgido a la Unión
Europea (UE) en diferentes ocasiones a aprobar la patente comunitaria.
Pero ni siquiera el llamamiento hecho desde Milán el pasado día 19 de
marzo por parte de los directivos de las principales compañías
industriales de Europa ha sido capaz de desbloquear la situación entre
los Quince.

Con el actual sistema que funciona en Europa, las empresas y los
científicos deben registrar su patente en cada uno de los 15 países de
la UE. En cada paso, las autoridades nacionales exigen la traducción
oficial al idioma correspondiente y, además, dejan claro que son los
tribunales de cada uno de esos países los competentes para dirimir
conflictos. Todo ello frena y encarece el proceso. La propuesta de la
Comisión Europea es crear una especie de ventanilla única (que
aprovecharía la ya existente Oficina Europea de Patentes con sede en
Múnich) y un tribunal europeo que dirima las disputas.

El equipo de Prodi acariciaba la esperanza de que los jefes de Estado
reunidos en Estocolmo aprobaran la patente comunitaria, pero volvió a
Bruselas sin ella porque varios países, entre ellos España, bloquea el
acuerdo en un ejemplo, según una fuente comunitaria, del abismo que
suele haber entre la práctica y las declaraciones públicas de los
líderes europeos.

La traducción de los registros de las patentes se lleva en Europa hasta
la cuarta parte del total de los gastos que comporta todo el proceso. De
hecho, según aseguran en la Dirección de Investigación de la Comisión,
el 80% de las patentes europeas se registran ya sólo en inglés. Por eso,
Bruselas propone que la patente comunitaria se pueda registrar en uno de
los tres idiomas que utiliza la oficina de Múnich, es decir, el francés,
el inglés o el alemán. España no lo acepta. Pero nuestro país no está
solo en esta batalla lingüística. Italia, Portugal, Grecia, Finlandia y
Bélgica (este último defiende el flamenco, además del francés) también
se oponen.

Alemania no está de acuerdo en instituir un solo tribunal de propiedad
industrial para dirimir litigios. Pero, además, algunos países, entre
los que también se encuentra España, temen perder los ingresos que los
registros de patentes nacionales les reportan.

El resultado, a ojos de la Comisión Europea, es que los intereses
políticos nacionales impiden dotar a Europa de la competitividad que
necesita a nivel mundial y las empresas europeas (en especial las
pequeñas y medianas) son las que están pagando los platos rotos.

España asegura, en contra de lo manifestado por otras fuentes, que su
principal oposición no es el marco lingüístico, sino la ausencia de
debate profundo sobre todas las pequeñas cuestiones problemáticas que
suscita el proyecto. 'Si los Quince discuten verdaderamente sus
diferentes posiciones en las próximas semanas, este asunto puede quedar
desbloqueado en el próximo consejo de ministros de Mercado Interior de
junio', aventura una fuente diplomática española.

La Comisión Europea no es tan optimista y cree que cada día que pasa se
acrecienta la distancia de Europa con EE UU y Japón. No obstante, los
líderes europeos se comprometieron en Lisboa el pasado año a tener
aprobada la patente antes de que acabe el año.

A pesar de todo ello, las demandas de patentes en Europa no paran de
crecer y la mitad de las más de 80.000 peticiones que recibe anualmente
la oficina de Múnich provienen de Europa. Los países más potentes, con
casi las tres cuartas partes de las patentes, son Alemania, Francia y
Reino Unido. España, en cambio, está muy por debajo de la media
comunitaria. Sin embargo, según el último anuario de Eurostat sobre
ciencia y tecnología, el mayor crecimiento se está observando en
Irlanda, España, Finlandia y Grecia, donde el porcentaje de patentes
registradas se ha duplicado en 10 años.






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