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EL ESCÉPTICO DIGIT Pedro Lu
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Edición 2001 - Núm Pedro Lu
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Asunto: EL ESCÉPTICO DIGITAL - Edición 2001 - Número 37
Fecha:Viernes, 12 de Octubre, 2001  02:27:22 (+0200)
Autor:Pedro Luis Gomez Barrondo <TXINBO @.....es>

=====================================================================

                           EL ESCÉPTICO DIGITAL

       Boletín electrónico de Ciencia, Escepticismo y Crítica a la
Pseudociencia
       © 2000 ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico
       http://www.arp-sapc.org/

    Edición 2001 - Número 37 - 12 de Octubre de 2001

Boletín de acceso gratuito a través de:
http://www.elistas.net/foro/el_esceptico/alta

=== SUMARIO =========================================================

  - Tan sólo hace un mes…

  - Dos notas solidarias.

  - Radicalismo y Miseria.

  - Habla un afgano-americano

  - El Factor Dios.

  - La guerra interminable

  - Violencia, religión y mundo secular

  - El triste punto cero es sublime

  - La Lucha Final.

  - Miserias de la guerra. Guerra Santa: pasión y razón

  - Que no se pare la vida

  - Armagedón.

  - Una nueva justicia mundial

  - En el nombre de Dios.

  - Torres Gemelas y gatos embotellados

  - Internet: Bautismo de Fuego ante el ataque terrorista en Estados
Unidos

  - Los Investigadores de lo Oculto.

  - La actitud científica contra la anticiencia y la pseudociencia.

  - El cero y la nada

  - La explicación del mecanismo universal de la división celular logra
el Nobel de Medicina

  - Nobel de Medicina 2000.

  - Somos erizos grandotes.

  - Física. Ganan el Nobel por crear un estado de la materia que no
existe en la naturaleza

  - 'Los átomos están congelados y son coherentes'

  - Química. El Nobel premia los nuevos métodos para obtener fármacos
más seguros

  - Los catalizadores para reacciones quirales logran el Nobel de
Química

  - El mar, la nueva botica.

  - Café con extraterrestres.

  - Breve reseña de política y pseudociencia en México

  - En torno a la terminología científica.

  - Ciencia: utilidad social o pesadilla.

  - Los soldados del saber.

=== NOTICIAS =========================================================

TAN SÓLO HACE UN MES…
Por: Pedro Luis Gomez Barrondo

Tan sólo hace un mes que la dolorosa realidad nos asaltaba con su
aspecto más feroz, cruel y sombrío. Tal parecía, por las imágenes que
nos llegaban, que el Armagedón se hubiera desatado finalmente de la mano
de unos fanáticos kamikazes islámicos, empeñados en ganarse el paraíso y
su cuota de huríes a base de orquestar un nuevo martirologio de
inocentes. Por desgracia, nada novedoso en la historia de nuestra
humanidad, excepción hecha quizás del dantesco método elegido para su
escenificación.

Hace tan sólo un mes que nos acometieron imágenes tremendas de gente
huyendo despavorida por las calles de Maniatan, con el horror marcado en
los ojos de quien se sabe vivo merced al milagro del azar. Creo que me
será difícil olvidar los rostros de los supervivientes de la barbarie
emergiendo, cual fantasmas blanqueados por el polvo del derrumbe, entre
los escombros de lo que hasta la fecha había sido uno de los orgullos
arquitectónicos y financieros de Occidente.

Aquello que estábamos viendo y oyendo, con una mezcla de horror y
estupefacción, parecía más el guión de la típica película catastrofista
Hollywoodiense que la cruda realidad con que unos fanáticos asesinos
pretendían sacudir y chantajear nuestras infieles conciencias.

Hace tan sólo un mes de aquello y las tremendas imágenes de seres
humanos saltando al vacío, en un desesperado intento por acabar con su
agonía, han ido dejando paso a otras no menos terribles de una
esquilmada población afgana, que huye despavorida del terror teócrata
talibán - capaz de mutilar las manos de una niña de diez años por
haberse pintado las uñas con barniz - y de unas civilizadas e
“infinitamente justas” bombas occidentales que no entienden de
discriminación entre inocencia y culpabilidad.

Tan sólo en treinta jornadas, las imágenes de unos rostros horrorizados
en las calles de Norteamérica han dejado paso a otros demacrados por el
hambre y marcados por el miedo de querer vivir como seres humanos
libres.

En tan sólo treinta días, hemos podido ver como la humanidad abandonaba
el recién estrenado siglo XXI, en el que algunos habíamos depositado
grandes esperanzas, y se sumía en comportamientos propios de épocas que
teníamos la esperanza de  que hubiesen caído en el olvido. Hemos podido
comprobar como se invocaba por doquier a las sinrazones de los
respectivos dioses, como se desempolvaba a los profetas del Apocalipsis
que , como siempre a balón parado, ya lo habían predicho todo. Hemos
visto como se exhortaba a la población para que emprendiese otra
supuesta Guerra Santa más. Hemos asistido al resurgimiento de todo tipo
de creencias y de comportamientos supersticiosos y al siempre rentable
negocio que los vivillos del circo paranormal de turno montaban en torno
a las supuestas almas dolientes de los muertos en las Torres Gemelas y
de sus afligidos allegados.

No hace mucho, presentamos al mundo hispano - Nº 7 de la revista el
Escéptico - un manifiesto que, bajo el título de “Manifiesto humanista
2000”, pretendía ser un llamamiento a favor  de los derechos
universales, de la tolerancia , de la justicia social y del
librepensamiento. En dicho documento, se reseñaban, entre otros, los
siguientes puntos:

./ Aunque el mundo ya no está dividido en dos superpotencias, la
Humanidad tiene todavía la capacidad de autodestruirse. Terroristas
fanáticos, Estados delincuentes e incluso los mayores poderes pueden
provocar inadvertidamente sucesos apocalípticos, lanzando armas
mortíferas de destrucción masiva.

./ La creencia de que, en gran medida, el libre mercado solucionará
todos los problemas sociales continúa siendo un dogma de fe. Permanece
en pie y sigue sin resolverse en muchos países la cuestión de cómo deben
equilibrarse las demandas del libre mercado con la necesidad de
articular programas sociales equitativos para asistir a los
discapacitados y a los empobrecidos.
Admitimos que estos problemas son serios y que necesitamos adoptar
medidas adecuadas para resolverlos. Creemos, sin embargo, que únicamente
pueden superarse con el uso de la inteligencia crítica y de esfuerzos
cooperativos. La Humanidad se ha enfrentado a desafíos en el pasado y se
las ha arreglado para sobrevivir, e incluso para triunfar. Los problemas
que atisbamos en el horizonte quizá no sean mayores que los que
afrontaron nuestros antepasados.
Pero hay, además, otras peligrosas tendencias en el mundo que están
insuficientemente reconocidas. Estamos particularmente preocupados por
las tendencias anticientíficas y antimodernas que incluyen la emergencia
de estridentes voces fundamentalistas y la persistencia del fanatismo y
la intolerancia, sea de origen religioso, político o tribal. Son estas
fuerzas las que, en muchas partes del mundo, se oponen a los esfuerzos
para resolver los problemas sociales o mejorar la condición humana.

./ La persistencia de tradicionales actitudes espirituales fortalece con
frecuencia modos irreales, escapistas y místicos de enfocar los
problemas sociales, que fomentan el desprecio por la ciencia y defienden
los mismos mitos que con demasiada frecuencia se hallan a la base de
arcaicas instituciones sociales.

A tan sólo treinta días, recobra actualidad, ahora más que nunca, ese
párrafo final del Manifiesto Humanista 2000 en el que se pronuncia:

"Somos los únicos responsables de nuestro destino colectivo. Para
resolver nuestros problemas, necesitaremos de la cooperación y la
sabiduría de todos los miembros de la comunidad mundial. Está dentro de
las capacidades de cada ser humano marcar una diferencia. La comunidad
planetaria es nuestra propia comunidad y cada uno de nosotros puede
ayudar a hacer que florezca. El futuro está abierto. Está en nuestras
manos elegir. Juntos podemos llevar acabo los más nobles fines e ideales
de la Humanidad"

A tan sólo un mes… de todos nosotros depende que la Razón y el
Pensamiento Crítico prevalezcan sobre el fanatismo y la superchería. ¡No
permitamos jamás que se salgan con la suya!

Para más información:
Manifiesto Humanista 2000 (texto íntegro)
http://www.el-esceptico.org/n7/manifiesto.htm

[Nota] *Quienes estén de acuerdo con los principios generales del
Manifiesto Humanista 2000, redactado originalmente por el filósofo
norteamericano Paul Kurtz, pueden dejar constancia expresa de ello
dirigiéndose a ARP, bien sea a la dirección postal (Apdo. Correos 310 /
08860 – Castelldefels / Barcelona) o a la de correo electrónico
arp@arp-sapc.org

                           ------------------

DOS NOTAS SOLIDARIAS

Con motivo del bárbaro y fanático atentado a las Torres Gemelas del
World Trade Center, padecido por el pueblo norteamericano y sufrido por
toda la comunidad internacional, la Junta de ARP-Sociedad para el Avance
del Pensamiento Crítico adoptó la resolución de remitir, a través de su
presidente Félix Ares de Blas, un mensaje de apoyo y solidaridad a
nuestros compañeros escépticos del Committee for the Scientific
Investigation of Claims of the Paranormal (CSICOP). La contestación del
CSICOP no se hizo esperar y nos llegó de la mano de Barry Karr.

Amparados en nuestro común empeño, tantas veces manifestado por el
propio Profesor Paul Kurtz, de asumir “un compromiso con la inteligencia
crítica”, con el “escepticismo de las creencias falsas y metodologías
que han motivado a otros hombres y mujeres “ , con “la defensa de la
razón en la sociedad” y con” el intento de reconstruir los valores
éticos de manera que sean más democráticos y humanos” queremos haceros
copartícipes de este intercambio epistolar.

.- Mensaje de ARP-SAPC al CSICOP

Querido Paul,
En mi nombre y en el de ARP-SAPC quiero expresarte, y a través de ti a
toda la comunidad escéptica americana, mis condolencias y solidaridad
por el crimen brutal del que fueron víctimas miles de inocentes hace una
semana en los Estados Unidos. Mi solidaridad es para con todos aquellos
que están pasando momentos difíciles en los EE UU y en otros países.

Ahora más que nunca está claro que debemos luchar contra los dogmas y
los fundamentalismos.
Ahora más que nunca se ve el valor objetivo de la duda sistemática que
introduce la ciencia. Continuaremos nuestra labor en la promoción del
pensamiento crítico en los países de habla hispana.

Tuyo sinceramente,
Prof. Félix Ares / Presidente ARP-SAPC

.- Contestación del CSICOP

Félix:
Gracias por tu carta y tus buenas palabras referentes a los ataques en
Nueva York, Pennsylvania y
Washington.

He recibido muchos mensajes de amigos y compañeros escépticos de todo el
mundo. Aunque se trataba del objetivo más visible, este no fue un ataque
exclusivamente contra los Estados Unidos. Había ciudadanos de muchas
naciones en esos aviones y en esos edificios. Cualquiera que comparta el
amor por los valores humanos básicos, la libertad y la humanidad ha sido
atacado este mes. Hay mucho sufrimiento y dolor después de este ataque,
que está siendo compartido por todo el mundo. Tenemos que seguir
haciendo lo que podemos hacer.

Pienso que es importante volver a la vida normal tanto como sea posible
y seguir adelante. Estoy totalmente de acuerdo contigo - tenemos mucho
que hacer, ahora más que nunca antes.

Te interesará el website indicado abajo. Hemos dejado a nuestros amigos
en Chile traducir uno de nuestras páginas
http://www.geocities.com/lanavedeloslocos/fraudes.html

Mis mejores deseos y muchas gracias de nuevo.

Barry Karr / CSICOP

                           ------------------

RADICALISMO Y MISERIA
Por: José Luis Calvo Buey

Los pueblos que desconocen su historia, están condenados a repetirla.

¿Qué convierte a un hombre aparentemente normal en un suicida y asesino
múltiple? Ésta y parecidas preguntas supongo que nos rondan a todos por
la cabeza desde el 11 de septiembre.

Los intentos por encontrar una única respuesta son inútiles por cuanto
ésta no existe. Tendríamos que acudir a una multiplicidad de causas en
las que se mezclan religión, nacionalismos, sociedad, política y
economía para comenzar a entender (que no justificar) esta tragedia.
Pero ¿y la navaja de Occam? Recordemos que ésta sólo se puede usar con
propiedad para discernir entre dos hipótesis que sean igualmente
explicativas en cuyo caso (y sólo en él) la que presenta menos elementos
tiene mayores posibilidades de ser correcta.

Por ello me sorprendió (desagradablemente) la lectura de un artículo de
Richard Dawkins titulado “Religions misguided missiles” [1] en el que
sostiene afirmaciones tan peregrinas como: “Promete a un joven que la
muerte no es el fin y estará impaciente por causar desastres.” Con estas
premisas llega a la conclusión que la causa de esta tragedia es la
religión. Esto se me antoja una simplificación inadmisible. Vivimos en
un país predominantemente católico en el que la mayoría de la gente
(entre ellos muchos jóvenes) cree, por tanto, en una vida de ultratumba;
pero nadie va estrellando aviones contra edificios. Por tanto esa
creencia no es causa única ni suficiente para explicar esta masacre.

¿No será que existe algo en la religión musulmana que ampare actos como
éste? Pues eso parece que piensa Mr. Dawkins porque asegura cosas como
que para un joven, carente de atractivo físico y con exceso de
testosterona, la promesa de un Paraíso poblado por hermosas vírgenes
sexualmente complacientes resulta un gran estímulo. Para no dar pie a
que se inicie una persecución contra los creyentes de la religión
musulmana tildándoles de fanáticos, nos apresuraremos a explicar que lo
antedicho no pasa de ser una lectura absolutamente errónea de los
mandatos coránicos. El concepto de martirio se limita al hombre que
muere combatiendo por el Islam, no incluye el asesinato de mujeres,
niños y hombres inocentes. Nada en el Corán justifica (y mucho menos
recompensa) un comportamiento como éste. Dado que los musulmanes
consideran que el Antiguo y el Nuevo Testamento están inspirados por su
mismo Dios (Alá en árabe) los preceptos de “No matarás” y “Amarás al
prójimo como a ti mismo” no les resultan extraños. De este concepto de
compartir la misma divinidad surgen párrafos de tolerancia y respeto
como el siguiente: “Los creyentes, los judíos, los cristianos, los
sabeos, quienes creen en Dios y en el Último Día y obran bien, ésos
tienen su recompensa junto a su Señor. No tienen que temer y no estarán
tristes.” (El Corán, 2-62) [2] Estos asesinatos no se han cometido por
los preceptos coránicos sino en contra de ellos.

¿Por qué entonces algunas personas hacen una lectura de El Corán en
clave fanática transformando de forma perversa un mensaje de amor y
tolerancia en odio e intransigencia? Hay una causa general para el
integrismo islámico y causas particulares para cada caso (Argelia,
Pakistán, Egipto...). En general, el integrismo surge como una reacción
a la decadencia política y económica. Recordemos que durante la Edad
Media, la gran potencia mundial era el Califato de Bagdad. Pocas veces
en la historia de la humanidad ha existido una corte con mayor esplendor
no sólo político y económico sino también cultural. ¿Es de extrañar que
añoren aquellos tiempos cuando el presente es mucho más gris? La
tentación a adoptar formas religiosas retrógradas como medio para volver
a esa Edad Dorada es muy fuerte. Sin embargo, tienden a olvidar que
dicho auge se fomentó en la tolerancia, que judíos y cristianos
convivían con ellos (a veces de forma problemática), que edificaron su
cultura sobre la greco-latina (gracias a sus copias se preservó mucha
que de otra forma hubiera desaparecido)...

Pero si esta tentación a querer recuperar un pasado glorioso es general,
¿por qué en algunos países sí existe una fuerte corriente de integrismo
y en otros no? Aquí tenemos que entrar en las causas particulares. Nos
centraremos en el caso de Pakistán y Afganistán para analizar las causas
históricas que han conducido a esta corriente de odio al enemigo que,
para ellos, es todo aquél que no piense de su misma forma (y entre los
que se incluyen, no lo olvidemos, la mayoría de los musulmanes).

En el S XVI gobierna en la India una dinastía musulmana, los llamados
Grandes Mongoles. Sin embargo, la mayoría de la población profesa el
brahamanismo. Esta convivencia no podía estar exenta de conflictos
principalmente por un irresoluble problema social. Para un musulmán,
todo los creyentes son iguales, para un hindú la sociedad está formada
por un conjunto de castas estrictamente cerradas. No es de extrañar que
numerosos descastados y miembros de las castas bajas se convirtieran al
Islam, aunque para un hindú de las castas altas siguieran siendo seres
inferiores a los que miraban con desprecio. Esta conversión creó,
además, una gran desigualdad económica en el campo del Islam. Junto a la
clase dirigente que poseen enormes riquezas aparecen millones de
antiguos parias que nada tienen.

La colonización británica no sólo no resolvió esa doble división sino
que las agravó. Una nación dividida es mucho más fácil de gobernar
puesto que siempre cabe el recurso de apoyarse en una facción para
aplastar a la otra, sin reparar en que al enfrentarlos se estaba creando
una gran carga de odio para el futuro.

El siguiente paso del imperialismo inglés fue Afganistán. La situación
aquí era completamente distinta. Amparados en un relieve montañoso y con
el apoyo ruso a las tribus afganas (Rusia no sentía ningún deseo de
tener a los británicos tan cerca de su propio territorio además de
ambicionar también el dominio del país) los ingleses terminaron por
retirarse no sin firmar un acuerdo por el que se les cedía parte del
territorio que se incorporó a la India. El que así se dividía
artificialmente a pueblos pertenecientes a la misma etnia y que
compartían idioma y religión no le importó a nadie.

Después de la I Guerra Mundial (en la que combatieron y murieron miles
de hindúes de ambas religiones) se planteó el problema de qué beneficio
obtenían éstos por la situación colonial. El siguiente paso fue plantear
la independencia. En un primer momento, la Liga (hindúes musulmanes) y
el Congreso (hindúes brahamánicos) colaboraron y consiguieron arrancar a
los británicos la concesión de unos gobiernos autónomos en los que se
garantizaba la participación de la minoría musulmana en los órganos de
gobierno. Para que dicho acuerdo se pusiera en marcha era necesaria la
adhesión de un número mínimo de los principados independientes (con
dirigentes brahamánicos) que nunca se produjo. La Liga se sintió
traicionada por el Congreso y radicalizó su discurso. En 1.933 Rahmat
Alí propugnó la independencia de dos estados, la India y Pakistán algo
que fue aceptado por la Liga pero a lo que el Congreso se oponía por
cuanto para ellos suponía la mutilación de su patria común.

El resultado de este enfrentamiento fue un estallido de violencia en los
barrios pobres de Calcuta en 1.946 que dejó un saldo de 6.000 muertos y
que se extendió por todo el país sin que los ingleses pudieran hacer
nada por evitarlo. Los británicos adelantaron en un año la
descolonización (prevista para 1.948) y dejaron tras de sí dos países y
uno de ellos, Pakistán, divido en dos, Pakistán Occidental (actual
Pakistán) y Pakistán Oriental (actual Bangla Desh) separados entre sí
por miles de kilómetros.

Como pasa siempre que se traza una frontera sobre el papel, se crearon
graves problemas. Por de pronto, tanto en el territorio de la India como
en el de los Pakistanes vivía población perteneciente a la otra religión
que, al no sentirse segura en su nueva patria, optó por el éxodo. Además
una zona en la que la población estaba dividida casi al 50%, Cachemira,
era pretendida por ambos países lo que ocasionó dos grandes guerras
(1.947 y 1.965) e innumerables enfrentamientos fronterizos. Así, entre
ambos contendientes se inició una disparatada y costosa carrera
armamentística que termina por convertirles en potencias nucleares. Este
desvío de fondos supone la perpetuación de la miseria y, en Pakistán, la
sobrevaloración del papel del ejército en la sociedad con lo que se dan
todas las circunstancias favorables para los golpes de estado (1.958,
1.969...) Por si la situación de Pakistán no era ya lo bastante
deplorable, en 1.971 con el apoyo de la India que ocasiona una nueva
guerra entre ambos, se produce la secesión del Pakistán Oriental.

Así, Pakistán queda humillada como nación, económicamente en la miseria
y políticamente condenada a las dictaduras militares. ¿Faltaba algo en
esta situación potencialmente explosiva? Sí, la invasión soviética de
Afganistán con cuyo pueblo los pakistaníes mantenían antiguas relaciones
como vimos anteriormente. En un mundo dividido en bloques lo que iba a
pasar era previsible. E.E.U.U aprovecha la ocasión de poner en
dificultades a la URSS y siguiendo el erróneo adagio que dice que “el
enemigo de mi enemigo es mi amigo” comienza a apoyar la resistencia
armada de los afganos. Para ello, utiliza a los habitantes de la región
fronteriza entre ambos países. Una zona pobre y atrasada en la que los
continuos agravios habían creado un caldo de cultivo perfecto para la
difusión de la visión fanática del Islam que se impartía en escuelas
coránicas. Sus estudiantes (talibán) rechazaban todo lo que no fuera el
Corán. Para ellos, sólo la vuelta a la supuesta pureza de la fe
primitiva les devolvería el esplendor pasado que tanto contrastaba con
su presente mísero y su futuro sin expectativas. Cuando no se posee
nada, nada puede perderse y hasta la muerte puede parecer una liberación
para el desesperado.

Con el apoyo militar, económico y propagandístico estadounidense, los
talibán se convirtieron en héroes para una gran parte de la población
pakistaní. Su lucha en una guerra particularmente dura aumentó su
fanatismo, así como el desprecio por la vida propia y la ajena. Cuando
los soviéticos se retiraron, Afganistán deja de ser algo importante para
Occidente. El país queda arruinado, con sus pocas infraestructuras
destruidas, sembrado de minas, con miles de viudas y huérfanos de las
que nadie se ocupa y con millones de refugiados en Pakistán que habían
huido de la guerra y que ante la destrucción de sus hogares y campos de
cultivo no tenían motivos para regresar.

¿Puede sorprenderle a alguien que haya tanto odio y desesperanza que
alimente el fanatismo en esta zona? Creo que no. Ojalá que seamos
capaces de aprender las lecciones de la historia. Si cuando concluya la
presente guerra somos capaces de reconstruir lo que destruyamos, de
devolver a la gente un presente digno y un futuro esperanzador tendremos
la posibilidad de quebrar este círculo vicioso de odio. En caso
contrario, sólo será cuestión de tiempo el que aparezca en escena un
nuevo Bin Laden y, lo que es peor, con miles de seguidores fanáticos
porque cuando el Más Acá no aporta soluciones a los problemas nada puede
impedir que se busquen en el inexistente Más Allá.

Para más información:

[1] Artículo de Dawkins en versión original:
http://www.guardian.co.uk/wtccrash/story/0,1300,552388,00.html
[2] Traducción íntegra al castellano
http://www.orst.edu/groups/msa/quran/index_s.html
Traducción al castellano de Hernán Toro de escépticos de Colombia
http://www.geocities.com/escepticoscolombia/articulos/credos/misilrelig.
html

                           ------------------

Salon.com http://www.salon.com/news/

HABLA UN AFGANO-AMERICANO
Por: Tamim Ansary
Noticia enviada por: Alf

He oído muchos comentarios sobre "bombardear Afganistán y devolverlo a
la Edad de Piedra" Hoy Ronn Owens, en KGO Talk Radio, afirmó que esto
significaría matar a gente inocente, gente que no tiene nada que ver con
esta atrocidad pero "Estamos en guerra, debemos aceptar los daños
colaterales, ¿que otra cosa podemos hacer?" Unos minutos después oigo a
en la TV a un experto discutiendo sobre si "tenemos las narices para
hacer lo que se debe hacer."

He reflexionado mucho sobre estas cuestiones ya que soy Afgano, y a
pesar de que vivo aquí (USA) desde hace 35 años no he dejado de
interesarme por lo que allí sucede. Por lo que quiero contar a aquel que
quiera escuchar, como se ven las cosas desde mi posición. Hablo como
persona que odia a los Talibanes y a Osama Ben Landen. No tengo ninguna
duda de que estas personas son los responsables de las atrocidades
sucedidas en Nueva York. Estoy de acuerdo de que se debe hacer algo
contra estos monstruos.

Pero los Talibanes y Ben Landen no son Afganistán. Ni siquiera son el
gobierno de Afganistán. Los Talibanes son una secta de locos ignorantes
que se hicieron con el poder en Afganistán en 1997. Ben Landen es un
criminal político con un plan.

Cuando piensen en Talibanes, piensen en Nazis. Cuando piensen en Ben
Landen, piensen en Hitler. Y cuando piensen en "el pueblo de Afganistán"
piensen en "los judíos en los campos de concentración". No solo los
Afganos no han tenido nada que ver con esta atrocidad. Ellos fueron las
primeras víctimas de los que han cometido los atentados. Se alegrarían
si alguien viniera y echase a los Talibanes y limpiara de criminales
internacionales el nido de ratas escarbado en su país. Algunos se
preguntan, ¿por que los Afganos no se rebelan y derrocan a los
Talibanes? La respuesta es, están hambrientos, exhaustos, heridos,
incapacitados, sufriendo. Hace algunos años, las Naciones Unidas estimó
que hay 500.000 huérfanos discapacitados en Afganistán, un país sin
economía, sin alimentos. Hay millones de viudas. Y los Talibanes han
enterrado vivas a estas viudas en fosas comunes. La tierra esta cubierta
de minas; las granjas fueron destruidas por los Soviéticos. Estas son
algunas de las razones por las que el pueblo Afgano no han derrocado a
los Talibanes.

Volvamos ahora a la cuestión de bombardear a Afganistán para que vuelva
a la Edad de Piedra. El problema es que ya se ha hecho. Los Soviéticos
ya se ocuparon de eso. Hacer sufrir a los Afganos? Ya están sufriendo.
Destruir sus casas? Hecho. Erradicar sus hospitales? Hecho. Convertir
sus escuelas en montañas de escombros? Hecho. Destruir sus
infraestructuras? Dejarlos sin medicinas o asistencia médica? Demasiado
tarde. Alguien ya lo hizo.

Nuevas bombas solo removerían las ruinas dejadas por las viejas bombas.
Alcanzarían al menos a los Talibanes? Probablemente no. En el Afganistán
de hoy solo los Talibanes comen, solo ellos tienen los medios para
desplazarse. Huirían y se ocultarían. A lo mejor las bombas alcanzarían
a algunos de esos huérfanos discapacitados, no se mueven demasiado
rápido, ni tan siquiera tienen sillas de ruedas.

Volar sobre Kabul y lanzar bombas no sería realmente un golpe contra los
criminales que hicieron esas cosas horribles. Realmente harían causa
común con los Talibanes, violando una vez más a la gente que han estado
violando todo este tiempo. ¿Pero que más queda? ¿Qué se puede hacer
entonces? Dejadme hablar ahora temblando y con verdadero temor. La única
forma de coger a Ben Landen es enviando tropas terrestres. Cuando la
gente habla de si "tenemos las narices para hacer lo que se debe hacer."
Están pensando en términos de tener las narices para matar tanta gente
como sea necesario. Tener las narices para superar los escrúpulos
morales que supone matar gente inocente. Saquemos nuestras cabezas de la
arena. Lo que está sobre la mesa es la muerte de Americanos. Y no solo
porque algunos Americanos morirían en la lucha por encontrar el
escondite de Ben Landen. Es mucho más grande que esto amigos. Porque
para llevar tropas a Afganistán, tendríamos que hacerlo a través de
Paquistán. ¿Nos dejarían? Probablemente no. Tendríamos que conquistar
primero Paquistán. Se quedarían las otras naciones Musulmanes al margen?
Ya ven por donde voy. Estamos flirteando con una guerra mundial entre el
Islam y Occidente.

¿Y saben que?: Este es el plan de Ben Landen. Esto es exactamente lo que
quiere. Por eso hizo esto. Lean sus discursos y declaraciones. Esta todo
ahí. Él cree realmente que el Islam vencerá a Occidente. Puede parecer
ridículo, pero él se imagina que si puede polarizar al mundo en el Islam
y Occidente, tendrá mil millones de soldados. Si occidente inicia un
holocausto en estas tierras, son mil millones de personas con nada que
perder, y esto es todavía mejor desde el punto de vista de Bin Landen.

Probablemente está equivocado, al final Occidente ganaría, sea cual sea
su significado, pero la guerra duraría años y millones de personas
morirían, no solo los suyos, también los nuestros.

¿Quién tiene las narices para esto? Ben Landen las tiene.
Alguien más?

Para más información:
Artículo original
http://www.salon.com/news/feature/2001/09/14/afghanistan/index.html

                           ------------------

El País http://www.elpais.es/

EL 'FACTOR DIOS'
Por: José Saramago

En algún lugar de la India. Una fila de piezas de artillería en
posición. Atado a la boca de cada una de ellas hay un hombre. En primer
plano de la fotografía, un oficial británico levanta la espada y va a
dar orden de disparar. No disponemos de imágenes del efecto de los
disparos, pero hasta la más obtusa de las imaginaciones podrá 'ver'
cabezas y troncos dispersos por el campo de tiro, restos sanguinolentos,
vísceras, miembros amputados. Los hombres eran rebeldes. En algún lugar
de Angola. Dos soldados portugueses levantan por los brazos a un negro
que quizá no esté muerto, otro soldado empuña un machete y se prepara
para separar la cabeza del cuerpo. Esta es la primera fotografía. En la
segunda, esta vez hay una segunda fotografía, la cabeza ya ha sido
cortada, está clavada en un palo, y los soldados se ríen. El negro era
un guerrillero. En algún lugar de Israel. Mientras algunos soldados
israelíes inmovilizan a un palestino, otro militar le parte a
martillazos los huesos de la mano derecha. El palestino había tirado
piedras. Estados Unidos de América del Norte, ciudad de Nueva York. Dos
aviones comerciales norteamericanos, secuestrados por terroristas
relacionados con el integrismo islámico, se lanzan contra las torres del
World Trade Center y las derriban. Por el mismo procedimiento un tercer
avión causa daños enormes en el edificio del Pentágono, sede del poder
bélico de Estados Unidos. Los muertos, enterrados entre los escombros,
reducidos a migajas, volatilizados, se cuentan por millares.

Las fotografías de India, de Angola y de Israel nos lanzan el horror a
la cara, las víctimas se nos muestran en el mismo momento de la tortura,
de la agónica expectativa, de la muerte abyecta. En Nueva York, todo
pareció irreal al principio, un episodio repetido y sin novedad de una
catástrofe cinematográfica más, realmente arrebatadora por el grado de
ilusión conseguido por el técnico de efectos especiales, pero limpio de
estertores, de chorros de sangre, de carnes aplastadas, de huesos
triturados, de mierda. El horror, escondido como un animal inmundo,
esperó a que saliésemos de la estupefacción para saltarnos a la
garganta. El horror dijo por primera vez 'aquí estoy' cuando aquellas
personas se lanzaron al vacío como si acabasen de escoger una muerte que
fuese suya. Ahora, el horror aparecerá a cada instante al remover una
piedra, un trozo de pared, una chapa de aluminio retorcida, y será una
cabeza irreconocible, un brazo, una pierna, un abdomen deshecho, un
tórax aplastado. Pero hasta esto mismo es repetitivo y monótono, en
cierto modo ya conocido por las imágenes que nos llegaron de aquella
Ruanda- de-un-millón-de-muertos, de aquel Vietnam cocido a napalm, de
aquellas ejecuciones en estadios llenos de gente, de aquellos
linchamientos y apaleamientos, de aquellos soldados iraquíes sepultados
vivos bajo toneladas de arena, de aquellas bombas atómicas que arrasaron
y calcinaron Hiroshima y Nagasaki, de aquellos crematorios nazis
vomitando cenizas, de aquellos camiones para retirar cadáveres como si
se tratase de basura. Siempre tendremos que morir de algo, pero ya se ha
perdido la cuenta de los seres humanos muertos de las peores maneras que
los humanos han sido capaces de inventar. Una de ellas, la más criminal,
la más absurda, la que más ofende a la simple razón, es aquella que,
desde el principio de los tiempos y de las civilizaciones, manda matar
en nombre de Dios. Ya se ha dicho que las religiones, todas ellas, sin
excepción, nunca han servido para aproximar y congraciar a los hombres;
que, por el contrario, han sido y siguen siendo causa de sufrimientos
inenarrables, de matanzas, de monstruosas violencias físicas y
espirituales que constituyen uno de los más tenebrosos capítulos de la
miserable historia humana. Al menos en señal de respeto por la vida,
deberíamos tener el valor de proclamar en todas las circunstancias esta
verdad evidente y demostrable, pero la mayoría de los creyentes de
cualquier religión no sólo fingen ignorarlo, sino que se yerguen
iracundos e intolerantes contra aquellos para quienes Dios no es más que
un nombre, nada más que un nombre, el nombre que, por miedo a morir, le
pusimos un día y que vendría a dificultar nuestro paso a una
humanización real. A cambio nos prometía paraísos y nos amenazaba con
infiernos, tan falsos los unos como los otros, insultos descarados a una
inteligencia y a un sentido común que tanto trabajo nos costó conseguir.
Dice Nietzsche que todo estaría permitido si Dios no existiese, y yo
respondo que precisamente por causa y en nombre de Dios es por lo que se
ha permitido y justificado todo, principalmente lo peor, principalmente
lo más horrendo y cruel. Durante siglos, la Inquisición fue, también,
como hoy los talibán, una organización terrorista dedicada a interpretar
perversamente textos sagrados que deberían merecer el respeto de quien
en ellos decía creer, un monstruoso connubio pactado entre la Religión y
el Estado contra la libertad de conciencia y contra el más humano de los
derechos: el derecho a decir no, el derecho a la herejía, el derecho a
escoger otra cosa, que sólo eso es lo que la palabra herejía significa.

Y, con todo, Dios es inocente. Inocente como algo que no existe, que no
ha existido ni existirá nunca, inocente de haber creado un universo
entero para colocar en él seres capaces de cometer los mayores crímenes
para luego justificarlos diciendo que son celebraciones de su poder y de
su gloria, mientras los muertos se van acumulando, estos de las torres
gemelas de Nueva York, y todos los demás que, en nombre de un Dios
convertido en asesino por la voluntad y por la acción de los hombres,
han cubierto e insisten en cubrir de terror y sangre las páginas de la
Historia. Los dioses, pienso yo, sólo existen en el cerebro humano,
prosperan o se deterioran dentro del mismo universo que los ha
inventado, pero el `factor Dios´, ese, está presente en la vida como si
efectivamente fuese dueño y señor de ella. No es un dios, sino el
`factor Dios´ el que se exhibe en los billetes de dólar y se muestra en
los carteles que piden para América (la de Estados Unidos, no la
otra...) la bendición divina. Y fue en el `factor Dios´ en lo que se
transformó el dios islámico que lanzó contra las torres del World Trade
Center los aviones de la revuelta contra los desprecios y de la venganza
contra las humillaciones. Se dirá que un dios se dedicó a sembrar
vientos y que otro dios responde ahora con tempestades. Es posible, y
quizá sea cierto. Pero no han sido ellos, pobres dioses sin culpa, ha
sido el `factor Dios´, ese que es terriblemente igual en todos los seres
humanos donde quiera que estén y sea cual sea la religión que profesen,
ese que ha intoxicado el pensamiento y abierto las puertas a las
intolerancias más sórdidas, ese que no respeta sino aquello en lo que
manda creer, el que después de presumir de haber hecho de la bestia un
hombre acabó por hacer del hombre una bestia.

Al lector creyente (de cualquier creencia...) que haya conseguido
soportar la repugnancia que probablemente le inspiren estas palabras, no
le pido que se pase al ateísmo de quien las ha escrito. Simplemente le
ruego que comprenda, con el sentimiento, si no puede ser con la razón,
que, si hay Dios, hay un solo Dios, y que, en su relación con él, lo que
menos importa es el nombre que le han enseñado a darle. Y que desconfíe
del `factor Dios´. No le faltan enemigos al espíritu humano, mas ese es
uno de los más pertinaces y corrosivos. Como ha quedado demostrado y
desgraciadamente seguirá demostrándose.

[Nota] *José Saramago es escritor portugués, premio Nobel de Literatura.

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El Correo http://www.elcorreodigital.com/

LA GUERRA INTERMINABLE
Por: Kepa Aulestia

Las oleadas de misiles y bombas que estallan sobre suelo afgano,
causando las primeras víctimas humanas de una respuesta tan medida como
demoledora, sitúan a la Humanidad ante los tres escenarios sobre los que
ha comenzado a representarse una guerra que puede resultar interminable.
Uno de los escenarios -quizás el más lejano a la inquietud inmediata que
suscita la incertidumbre actual- es ese nuevo orden mundial que puede
vislumbrarse en cada hipótesis de salida a la situación, y cuyos rasgos
definitivos nadie podría vaticinar hoy. Tras el 11 de septiembre, la
globalización del riesgo alcanza al conjunto del planeta y adquiere una
doble dimensión. Por un lado, todas las sociedades occidentales se
sienten afectadas -en grado diverso- por una inseguridad que no
encuentra precedentes desde la II Guerra Mundial. Por el otro, los
Estados del extenso ámbito territorial en el que el Islam está presente
como credo mayoritario o emergente sienten de forma más aguda que nunca
la amenazante presencia del integrismo. Las sombras del riesgo, del
terror o de la desestabilización, alcanzan a cuatro quintas partes de la
Humanidad, y únicamente China parece situarse al margen del peligro.
Este último dato provoca sensaciones de vértigo, especialmente en el
mundo occidental. La perspectiva de que la colisión de civilizaciones
que entraña, de una u otra manera, la cruzada fundamentalista contra los
valores de Occidente pueda contribuir al fortalecimiento de esa tercera
civilización que representa China constituye una hipótesis nada
desdeñable en el caso de que la autodefensa occidental no coincida con
el afianzamiento de regímenes que contribuyan a la estabilidad mundial
desde el islamismo y el mundo árabe. El hecho de que dicha estabilidad
haya estado -y pueda seguir en el futuro- en manos de gobiernos y
dinastías que administran los intereses de sus súbditos desde posiciones
dictatoriales o costumbres incompatibles con los derechos humanos no
puede seguir representando, para Occidente, el mal menor necesario para
evitar uno mayor. Entre otras razones porque, además de su naturaleza
extremadamente injusta, el muro de contención que esos regímenes alzan
frente al extremismo integrista resulta tan endeble que, en sí mismo, se
convierte en acicate del terror global.

El segundo escenario tiene que ver con la duración de la contienda. El
estremecedor ataque del terror integrista contra Estados Unidos y la
respuesta que, casi un mes más tarde, ha protagonizado el agredido,
secundado por una infinidad de países, ha dado inicio a una guerra que
sus contendientes afrontan con un objetivo determinado. No sería
aventurado concluir que el objetivo que Bin Laden perseguía el 11 de
septiembre era involucrar a Occidente en una espiral que permitiera al
integrismo desestabilizar, por lo menos, Pakistán y Arabia Saudí. Ahora,
además de prevenir cualquier agresión sobre suelo occidental, EE UU y
sus aliados se ven obligados a garantizar la estabilidad de ambos países
como objetivo tan inmediato como la destrucción de las bases de la red
terrorista o la caída del régimen talibán. Pero, junto a su carácter
global, el anuncio por parte de los dirigentes norteamericanos de que la
lucha contra las redes del terrorismo fundamentalista podría durar diez
años apunta hacia un horizonte tan incierto que puede llevarnos a la
conclusión de que nos encontramos en las albores de una guerra
interminable. Nadie podría pretender que una guerra expire, en sus
efectos, a tan largo plazo. Máxime cuando la naturaleza asimétrica de la
actual conflagración ha desplazado al propio conflicto palestino-israelí
del epicentro de la tensión, amenazando con la aparición de nuevos
conflictos o, para ser más precisos, amenazando con que viejas tensiones
afloren al primer plano de la actualidad.

El tercer escenario muestra las contradicciones entre gobiernos y
ciudadanía en las sociedades democráticas. Salvo raras excepciones,
probablemente no hay decisión gubernamental más alejada del sentir
popular que la declaración de guerra; y mucho más si dicha declaración
da paso al mantenimiento de un conflicto prolongado. Probablemente, si
el pavoroso rastro de restos humanos que dejó la matanza de las ‘Torres
Gemelas’ hubiera sido contemplado por los norteamericanos, la exigencia
de una venganza inmediata hubiese obligado a sus dirigentes a adelantar
precipitadamente los acontecimientos. Pero, también probablemente, a
medida que la guerra se vuelva interminable, los propios neoyorquinos
serán los primeros en implorar su final. Salvo raras excepciones, todas
las sociedades del mundo tienden a concebir la guerra como una fatalidad
ajena a su propia voluntad. En nuestra pequeña historia, y al margen de
la adicción que algunos padecen a los mitos, los vascos hemos podido ser
de todo menos belicosos. Al fin y al cabo, la guerra transfiere los
instintos más primarios que el ser humano alberga hacia la
responsabilidad que unos pocos asumen en nombre de un supuesto mandato
popular: marchar al frente. Claro que, en este caso, dicha transferencia
no garantiza la seguridad del ciudadano occidental, si no que acrecienta
los riesgos sobre su integridad personal o sobre las certidumbres de
futuro que han caracterizado a nuestra civilización. El ciudadano,
comprensivo y confiado respecto a las decisiones que adopten sus
dirigentes, se mantendrá así mientras perciba un final razonablemente
próximo y no se sienta directamente concernido por las imprevisibles
consecuencias de una historia que nunca hemos vivido en el pasado.

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El País http://www.elpais.es/

VIOLENCIA, RELIGIÓN Y MUNDO SECULAR
Por: E Miret Magdalena

Muchos se preguntan por qué ha habido y sigue habiendo tantos hechos
violentos religiosos. Basta echar una mirada a la historia de todos los
países, y leer los periódicos, para encontrar por todas partes esa
relación estrecha que hace sospechar a muchos que la religión y la
violencia se hallan siempre unidas. Eso es lo que nos hemos preguntado
cristianos, judíos, islámicos o agnósticos en el oportuno curso dirigido
por el juez Garzón en la universidad de verano de El Escorial. Allí se
descubrió la importancia de la religión en la violencia actual, entre
otras causas, por la defensa de la territorialidad -como ocurre en
Palestina-, reacción ésta que viene ya de nuestros ancestros del reino
animal.

La lucha contra personas y cosas en nombre de la religión esmalta la
historia humana, y actualmente presenta penosos ejemplos, como el
hundimiento terrorista de las dos torres de Manhattan. En la antigua
Yugoslavia se han opuesto distintas posturas religiosas, y todavía
quedan hechos que tienen ese sentido porque hay un duro enfrentamiento
de los cristianos entre sí, ortodoxos y católicos, y de todos ellos
contra los islámicos, y viceversa. Como vimos en el Líbano hasta hace
poco, y seguimos viendo en Palestina -que está llena contradictoriamente
de los recuerdos pacíficos de Jesús-, donde ni siquiera se entienden los
distintos cristianos en los llamados Lugares Sagrados. Y nada digamos de
las monstruosidades artísticas cometidas por los talibán que gobiernan
Afganistán y su apoyo a terroristas como Bin Laden; gracias a la
inoperancia de las Naciones Unidas, los talibán pudieron hacerlo sin que
nadie impidiera los desmanes de todo tipo que cometen en el plano
cultural, político y educativo en nombre de la religión.

Y si recordamos someramente la historia, quedaremos impresionados los
judeo-cristianos por el ejercicio de la violencia en nombre del Dios
Yahvé del Antiguo Testamento; o por la defensa cruenta de la verdad
cristiana durante siglos, a pesar de la tolerancia mostrada hacia todos
por Jesús, que por eso murió ajusticiado en su propio país.

Nos escandalizan las durezas cruentas del Libro del Deuteronomio y las
guerras de exterminio realizadas en Israel en nombre de Yahvé. Y pasa lo
mismo si rememoramos las injustas persecuciones de la Iglesia cristiana
contra los valdenses y albigenses, y la defensa realizada por San
Agustín de la persecución oficial contra los donatistas africanos,
justificando la violencia ejercida contra ellos. Y la triste historia de
la Inquisición, y sus constantes injusticias y persecuciones por motivos
religiosos, usando la tortura y entregando al brazo civil a los
condenados por ella, para que los ajusticiase. O lo cometido contra el
fraile Savonarola, condenado a la hoguera por el inmoral Papa Alejandro
VI. Y, para pretender lavar esa afrenta, cuando ya el mal no tiene
remedio, se quiere ahora hipócritamente canonizar a Savonarola; pero sin
arrepentirse verdaderamente de esa costumbre persecutoria contra los que
no piensan como los que mandan, porque se sigue persiguiendo hoy
moralmente a los pensadores eclesiásticos incómodos para la Iglesia
oficial, haciéndoles callar la boca si no quieren ser anatematizados
públicamente. Y todo ello sin el más mínimo respeto a los procedimientos
de una justicia que tenga en cuenta los derechos humanos proclamados en
la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, que Juan XXIII
aceptó gustoso en su encíclica Paz en la tierra.

La religión cae constantemente en el fanatismo intransigente ejercido
contra las ideas que no se acomodan a su pensar; y en el fundamentalismo
que interpreta con un literalismo infantil sus Libros Sagrados, como
hacen numerosos grupos en el Islam o en el cristianismo. O se llega a
unir la religión fundamentalista con la política, y se defiende el
integrismo que mezcla ambas cosas, y fácilmente ejerce la violencia
física o moral con los que no aceptan sus conservadoras ideas.

Yo no puedo por menos de recordar nuestro siglo XIX, en el que se nos
enseñó el nacional-catolicismo todavía reinante en mis años jóvenes,
defendido por nuestros obispos, y que fue el único que nos educó a los
católicos durante siglo y medio. Se editaba en los Breviarios del
Pensamiento Español, como modelo católico en nuestro país, a personajes
como el famoso dominico llamado Filósofo Rancio, que advertía a los que
seguían su conciencia, cuando no coincidía con sus dictados doctrinales
cerrados, que no se olvidasen que los católicos españoles tenían para
ellos 'el quemadero'. O el famoso cura catalán Sardá i Salvany, que
condenaba todo ejercicio de las libertades civiles como pecado, con la
aprobación de numerosos obispos españoles y alabanza de la romana
Congregación del Índice. Y rara fue también la voz episcopal -sólo se
cuentan dos obispos de la zona llamada nacional- que se atrevió a llamar
tímidamente la atención por las muertes que cometía el franquismo con
sus enemigos, cuando éstos eran solamente defensores de esas libertades
humanas.

¿Cuándo aprenderá nuestra religión hispana a que nadie somos
detentadores absolutos de la verdad, sino pacientes buscadores siempre
intentando encontrarla poco a poco y mezclada con errores?

Yo aprendí de Pablo VI que la Iglesia debe hacerse diálogo con todos,
sin límites ni cálculos ni polémica ofensiva. Y que, por el hecho de la
dignidad humana que todos poseemos, tenemos derecho a la libertad
religiosa, pensemos o no como la Iglesia oficial. Pero también me doy
cuenta de que eso no se practica hoy en ella.

La religión tiene el peligro de ser intransigente si pretende ser en
todo la absoluta poseedora de la verdad, incluso en muchas cosas que son
discutibles, y sobre las cuales no siempre pensó así la propia Iglesia,
por más que quieran ocultarlo sus dirigentes actuales. A mí hay un
inteligente pensador católico que me lo enseñó: el cardenal inglés
Newman; que lo resumió plásticamente con estas palabras: 'Si después de
una comida me viera obligado a lanzar un brindis religioso, bebería a la
salud del Papa, creedlo bien, pero primeramente por la conciencia y
después por el Papa', 'porque si el Papa hablara contra la conciencia...
cometería un suicidio'.

A los fundamentalistas, el temor al cambio, al pluralismo y a la
diferencia les hace poner en peligro sus afirmaciones absolutas, y por
eso reaccionan violentamente. Incluso se podría sospechar que no están
convencidos de lo que sostienen, porque como observó Unamuno que 'los
verdaderamente más convencidos suelen ser los más tolerantes; la
intransigencia proviene de la barbarie, la falta de educación, la
soberbia y no de la firmeza de la fe'.

Y, por supuesto, han aprendido bien la lección de atribuir a Dios sus
exageraciones doctrinales e inhumanas para, resguardándose con esa
palabra que recuerda un poder absoluto, cubrir con ese halo de fuerza
moral sus seudoverdades. Para mí, lo que llamamos Dios no puede ser eso,
sino lo contrario: la apertura, como decía el ateo Garaudy; el
acogimiento universal, como llamaba a esa experiencia el sabio Einstein;
o el principio integrador de todas nuestras experiencias positivas,
según el astrofísico Whittaker. Es en definitiva lo que era para
Pasteur: el descubrimiento de un ideal de belleza, de arte, de ciencia,
de ética, que lo lleva uno dentro de sí como norte de su vida.

¿Se parece esto a la intransigente religión al uso? Por eso, no es
extraño que, para mantener esa experiencia positiva en sus vidas,
algunos desechen la religión que han conocido entre nosotros.

La religión no tiene soluciones para todo, tiene que acostumbrarse al
mundo dirigido en su mayoría de edad por la razón, y no por pretendidos
mensajes venidos del cielo para gobernar la sociedad. Es la hora de la
'sana y legítima laicidad del Estado', como reconoció el Papa Pío XII.
El mundo por fin se ha secularizado y todos debemos aceptarlo.

Ni teocracia ni clericalismo alguno deben dirigir las cosas de tejas
abajo.

[Nota] *E. Miret Magdalena es teólogo seglar.

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El Mundo http://www.elmundo.es/

EL TRISTE PUNTO CERO ES SUBLIME
Por: Stephen Jay Gould
The New York Times Op-Ed

Los paradigmas de la Historia de la Humanidad mezclan siempre la
decencia y la depravación a partes iguales. Por lo tanto, presumimos con
frecuencia que un equilibrio tan delicado debe surgir en unas sociedades
que estén compuestas por gente decente y depravada en igual número. Pero
debemos exponer y celebrar aquí la falacia de tal conclusión de forma
que, en estos momentos de crisis, podamos reafirmar una verdad esencial,
olvidada con demasiada facilidad, y recuperar un consuelo que nos es
crucial y que también parece estar a punto de desaparecer. La gente
buena y amable sobrepasa en número al resto en una proporción de varios
miles a uno.

La tragedia de la Historia humana se debe al enorme potencial de
destrucción de algunos actos de maldad y no a la alta frecuencia con que
aparecen individuos malvados. Los sistemas complejos sólo pueden
construirse paso a paso, mientras que la destrucción requiere sólo un
instante.

Así, en lo que a mí me gusta llamar la Gran Asimetría, todos y cada uno
de los incidentes espectaculares derivados de la maldad se ven
compensados por otros 10.000 actos de bondad que, muy a menudo, pasan
desapercibidos e invisibles como esfuerzos «corrientes» que son y que
los llevan a cabo una inmensa mayoría de personas.

Tenemos el deber, casi la sagrada responsabilidad, diría yo, de destacar
y honrar la vigorosa entidad de estas innumerables y pequeñas buenas
acciones frente a un acto de maldad sin precedentes, que amenaza con
distorsionar nuestra percepción de la conducta humana normal.

Yo he estado en ese punto cero, atónito ante la visión de las ruinas de
la mayor estructura hecha por el hombre que jamás haya sido destruida
por una catástrofe. (Dejaré a un lado las apocalípticas declaraciones
que hacen algunos literalistas bíblicos a propósito de la Torre de
Babel). Yo he podido contemplar una carnicería, ocurrida en un solo día,
que nuestro país no sufría desde esas batallas que, casi 150 años
después, aún evocan pasiones y lágrimas: Antietam, Gettysburg y Cold
Harbor.

La escena es insufriblemente triste, pero de ninguna manera deprimente.
Muy al contrario, el punto cero sólo se puede describir utilizando para
ello el significado ya perdido de una gran palabra como es «sublime», en
el sentido de un temor reverencial inspirado por la solemnidad. En
términos humanos, el punto cero es el centro de una vasta red de bondad
activa, hacia donde se canalizan innumerables hazañas, también
bondadosas, procedentes de todo el planeta, hechos estos que deben
quedar debidamente registrados para reafirmar el abrumador peso de la
decencia humana.

Los escombros del punto cero permanecen mudos mientras que una colmena
plena de actividad humana se revuelve en su interior e irradia su afán
hacia el exterior, mientras que todos y cada uno de los que están allí
aportan su contribución altruista, ya sea grande o pequeña y según sus
medios y capacidades.

Mi esposa y mi hijastra organizaron un depósito en Spring Street para
recoger y transportar elementos que escaseaban, como máscaras y
suplementos para el calzado, destinados a los trabajadores que se
encontraban en el punto cero. Las palabras se extendían como un fuego de
virtud y la gente se acercaba en oleadas ofreciendo regalos, desde unas
simples pilas a un enorme lote de cascos para el trabajo, que había
costado 10.000 dólares, comprado en un establecimiento de las cercanías
y enviado directamente a todos nosotros.

Citaré tan sólo una pequeña historia, entre las muchas que se han dado,
para añadirla a esa cuenta que habrá de sobrepasar al poder de cualquier
acto terrorista. Y con estas historias, multiplicadas miles de veces,
dejaremos que esos pocos individuos depravados entiendan finalmente que
su previsión de inspirar miedo no prevalecerá sobre la decencia normal.

Cuando una noche, ya tarde, abandonábamos un restaurante de los
alrededores para hacer una entrega en el punto cero, la cocinera nos
entregó una bolsa diciendo: «Aquí tienen una docena de pasteles de
manzana, nuestro mejor postre, todavía calientes. Por favor,
entréguenselos a los que están haciendo labores de rescate». Qué persona
tan encantadora, pensé, pero qué poco sentido tenía, excepto como acto
de solidaridad, conectar la cocina con los trabajos de desescombro. Aún
así, le prometimos que lo distribuiríamos; colocamos la bolsa con los
pasteles de manzana encima de los varios miles de máscaras y de
plantillas para zapatos. Doce pasteles de manzana en la brecha. Doce
pasteles de manzana para miles de trabajadores.

Y entonces aprendí algo importante que nunca debería olvidar, y la broma
fue a mi costa. Aquellos 12 pasteles se convirtieron, literalmente, en
pasteles calientes. Aquellos triviales símbolos, tal como los había
interpretado en mi juicio inicial, se convirtieron en unas gotas de oro
dentro de la tormenta de ofertas similares que se producía, regalos
tanto para el estómago como para el corazón, y que iban desde postales
escritas por niños a saludos de ánimo desde las aceras de la calle.

Entregamos el último pastel a un bombero mayor que estaba sentado, solo
y extenuado, colocándose unas plantillas en los zapatos. Y me dijo, con
un guiño y una sonrisa: «Gracias. Esto es lo mejor que he visto en
cuatro días. ¡Y está caliente todavía!».

[Nota] *Stephen Jay Gould es profesor de Zoología en Harvard y autor de
libros como La vida maravillosa y Cuestionando el Milenio.

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El País http://www.elpais.es/

LA LUCHA FINAL
Por Mario Vargas Llosa

Lo sabíamos hace tiempo -las malas películas catastrofistas de Hollywood
lo habían anticipado con gran precisión de detalles- pero ahora, en las
ruinas humeantes de las Torres Gemelas de Manhattan y del Pentágono de
Washington, y los miles de cadáveres sepultados bajo los escombros
causados por el peor atentado terrorista en la historia de la humanidad,
tenemos la evidencia: el siglo XXI será el de la confrontación entre el
terrorismo de los movimientos fanáticos (nacionalistas o religiosos) y
las sociedades libres, así como el siglo veinte fue el de la guerra a
muerte entre estas últimas y los totalitarismos fascista y comunista. La
hecatombe ocurrida en Estados Unidos en la mañana del 11 de septiembre
demuestra que, aunque pequeñas y dispersas, aquellas organizaciones
extremistas partidarias de la acción directa y la violencia
indiscriminada disponen de un extraordinario poder destructivo y pueden,
antes de ser derrotadas, causar estragos vertiginosos a la civilización,
acaso peores que los de las dos guerras mundiales.

Una operación tan perfectamente ejecutada, que implica el secuestro
simultáneo de cuatro aviones de líneas comerciales para convertirlos en
proyectiles y empotrar a tres de ellos en edificios del más alto
simbolismo -el vértice del capitalismo y la espina dorsal del sistema
defensivo estadounidense-, en el corazón del país más poderoso de la
tierra, no sólo requiere voluntarios poseídos de un celo fanático y esa
voluntad de inmolación que las iglesias celebran en sus mártires;
también, una cuidadosa planificación intelectual, sistemas de
información muy eficientes, un vasto entramado internacional y recursos
económicos considerables. Los terroristas disponen de todo ello y,
además, de Estados que les sirven de refugio, los subsidian y utilizan.
Al igual que los grandes carteles de la droga, con los que muchas de
ellas tienen estrechas relaciones, las organizaciones terroristas han
sido de las primeras en sacar buen provecho de la globalización,
extendiendo 'el dominio de la lucha' a escala planetaria. Ya nadie puede
poner en duda que, así como ha sido posible volar las Torres Gemelas de
Wall Street y el Pentágono, el día de mañana, o pasado, un comando
suicida puede hacer estallar en la Quinta Avenida -o en Picadilly
Circus, Postdamer Platz o los Campos Elíseos- un artefacto atómico de
pequeño calado que cause un millón de muertos.

Esta precariedad de las poblaciones de las sociedades democráticas
frente a la alta tecnología y operatividad alcanzadas por el terror es
una realidad de nuestro tiempo que, por una muy explicable reacción
psicológica defensiva, Occidente se ha negado hasta ahora a considerar,
aunque algunas mentes lúcidas, como Jean François Revel, hayan venido
alertándolo al respecto, y urgiéndolo a actuar desde hace buen número de
años. ¿Es ello posible? ¿Hubiera podido ser evitada la tragedia del 11
de septiembre con mejores sistemas de control en los aeropuertos de
Estados Unidos? La verdad es que, probablemente, no. Los secuestradores,
según los primeros indicios, no disponían de armas de fuego, ni siquiera
de navajas de metal que hubieran podido ser detectadas por las pantallas
de la seguridad. Se valieron de cuchillitos de plástico y maquinillas de
afeitar de inocente apariencia y de cubiertos y objetos contundentes que
encontraron en los propios aviones. Todo lo habían previsto. Y, por
supuesto, habían entrenado de manera impecable a sus pilotos kamikaze
para reemplazar a la tripulación en los mandos, cortar las
comunicaciones con las torres, y estrellar los aparatos, con rigor
matemático, donde podían causar más daño. Es muy difícil, acaso
imposible, que una sociedad abierta, no dispuesta a sacrificar la
libertad y la legalidad de sus ciudadanos y a convertirse en un Estado
policial en aras de la seguridad, esté en condiciones de vacunarse
contra todo tipo de acciones terroristas.

Pero ello no significa que deba cruzarse de brazos, en espera del
próximo Apocalipsis de formato reducido que decida desatar en sus
ciudades el multimillonario saudí Osama Ben Laden, o cualquiera de sus
congéneres partidarios de la guerra santa e indiscriminada contra su
Satán preferido. Por el contrario, las organizaciones terroristas son
bastante conocidas y perfectamente vulnerables, así como los gobiernos
que las protegen y administran. Hay una guerra declarada, no a Estados
Unidos, sino al conjunto de sociedades democráticas y libres del mundo,
y no hacerle frente, con inteligencia y resolución, es correr el riesgo
de un desplome de la civilización en nuevas orgías de salvajismo como la
que acaba de ensañarse contra el pueblo norteamericano.

Si los gobiernos de las sociedades democráticas coordinan sus acciones y
su información, e internacionalizan la justicia, pueden asestar certeros
golpes a las organizaciones terroristas, desbaratando su infraestructura
bélica, sus fuentes de suministro, y llevando a sus dirigentes ante los
tribunales. Lo ocurrido en la ex Yugoslavia es un indicio de lo que
debería ser una práctica permanente, para limpiar a la comunidad humana
de futuros Milosevic. Los Estados que fomentan el terror y se sirven de
él tienen tanta responsabilidad en los crímenes colectivos como los
comandos que los ejecutan y deberían ser objeto de represalias por parte
de la comunidad democrática. La represalia más eficaz es, por supuesto,
la de reemplazar a esas dictaduras despóticas y sanguinarias -la de los
talibán en Afganistán, la de un Sadam Hussein en Irak, la de Gaddafi en
Libia y tres o cuatro más sorprendidas en flagrantes complicidades con
acciones de terror-, por gobiernos representativos, que respeten las
leyes y las libertades, y actúen de acuerdo a unos mínimos coeficientes
de responsabilidad y civilidad en la vida internacional. En este
aspecto, las sociedades occidentales han actuado tradicionalmente con
unos escrúpulos desmedidos, tolerando a dictadorzuelos corruptos y
feroces, exportar sus métodos criminales al extranjero, en nombre de una
soberanía que éstos violan sin el menor empacho para agredir a otras
naciones y luego esgrimen como patente de impunidad.

No es verdad que haya sociedades -se menciona siempre a las islámicas
como ejemplo-, constitutivamente ineptas para la democracia. Ése es un
prejuicio absurdo, alimentado por el racismo, la xenofobia y los
complejos de superioridad. Las culturas que no han conocido la libertad
todavía (la mayor parte de las existentes, no lo olvidemos), es porque
no han podido aún emanciparse de la servidumbre a que tiene en ellas
sometida a la mayoría de la población una elite autoritaria, represora,
de militares y clérigos parásitos y rapaces, con la que, por desgracia
muy a menudo, los gobiernos occidentales han hecho pactos indignos por
razones estratégicas de corto alcance o por intereses económicos. En
todas esas satrapías tercermundistas que son el mejor caldo de cultivo
para el terrorismo existen partidos, movimientos y a veces cuerpos de
combatientes que, en condiciones casi siempre muy difíciles, resisten el
horror y representan una alternativa de cambio político para el país.
Esas fuerzas de la resistencia democrática deberían recibir el respaldo
militante de los países libres, en pertrechos militares, acciones
diplomáticas y asesoría estratégica, dentro de una campaña concertada
internacional para liquidar a esa hidra de mil cabezas en que se ha
convertido hoy el terrorismo. Porque la única posibilidad de que, algún
día, el mundo entero quede libre de esa amenaza que ahora pende sobre
todas nuestras cabezas, es que hayan desaparecido en él todas las
dictaduras y sido reemplazadas por gobiernos democráticos.

Imagino que esta última frase provocará algunas sonrisas, por su
retintín utópico. ¿Un mundo sin dictaduras? ¡Qué fantasía! No es verdad.
Si las mujeres afganas, que son la mayoría de la población de ese país,
tuvieran ocasión de decidir su suerte, meto mis manos al fuego que no
elegirían al gobierno que las expulsó de las escuelas, las profesiones y
los empleos, les prohibió salir a la calle solas o visitar un médico,
las convirtió en esclavas y las obligó a andar por la vida sepultadas,
como robots sin pensamiento ni voluntad propios, bajo los siete kilos de
ignominia que pesa una burka. Si todos los países democráticos se
empeñaran en ello y actuaran en consecuencia, las dictaduras se
reducirían de manera dramática y, aunque siempre escenario de
esporádicos estallidos de violencia terrorista, el mundo sería
infinitamente más seguro de lo que es ahora.

Pero es difícil que esa concertación se produzca, por desgracia. Una
razón es que los gobernantes, con raras excepciones, padecen de la
enfermedad del presentismo, y se resisten a las políticas de mediano y
largo plazo como sería la de democratizar los cinco continentes. Y,
otra, es que buen número de gobiernos occidentales, empezando por el
francés naturalmente, se opondrían a esa acción concertada para no
parecer enfeudados a Washington. Vivimos una época en la que la
satanización de los Estados Unidos no es sólo patrimonio de los
extremismos de izquierda y de derecha -comunistas y fascistas siempre
odiaron, más que nada en el mundo, el capitalismo liberal que ese país
representa-, sino una disposición del ánimo vastamente extendida en
sectores incluso democráticos. Es un odio que se nutre de numerosas
fuentes, desde los complejos de inferioridad, de quienes envidian la
riqueza y la potencia de aquel país, y de superioridad, de quienes
detestan la chabacanería y la informalidad de sus costumbres y se creen
(por pertenecer a países más antiguos y de historia ilustre) superiores
a los gringos, pasando por la progresía intelectual, esos profesionales
de la buena conciencia y la corrección política, que ganan indulgencias
ideológicas para sus acomodos, lanzando diatribas sistemáticas contra
Estados Unidos, fuente, de creerles, de todos los males que padece el
planeta. Ahora mismo, a muchos de ellos, en los farisaicos artículos que
escriben en estos días deplorando la tragedia que ha golpeado al gigante
norteamericano -¡no faltaría más!-, les supura entre las letras, como
sucia afloración del subconsciente, un escalofrío satisfecho. Qué
chillería indignada escucharía el mundo si se pusiera en marcha,
encabezada por Estados Unidos, una movilización de todos los países
democráticos para entablar aquella lucha final (que mentaba la fenecida
Internacional) contra las dictaduras existentes.

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Clarín http://www.clarin.com/

MISERIAS DE LA GUERRA. GUERRA SANTA: PASIÓN Y RAZÓN
Por: Humberto Eco
Traducción al español por: Cristina Sardoy

Berlusconi habló de la supuesta superioridad occidental sobre el Islam.
Eco parte de esas palabras y arma un texto que elude la corrección
política para convertirse en un conmovedor homenaje a la tolerancia.

Que alguien, en estos días, haya pronunciado palabras inoportunas sobre
la superioridad de la cultura occidental, sería un hecho secundario. Es
secundario que alguien diga una cosa que considera justa pero en el
momento equivocado, y es secundario que alguien crea en una cosa injusta
o incluso equivocada, porque el mundo está lleno de gente que cree en
cosas injustas y equivocadas, incluido un señor que se llama Bin Laden,
que posiblemente sea más rico que nuestro presidente del Consejo y
estudió en las mejores universidades. Lo que no es secundario y que debe
preocuparnos un poco a todos, políticos, líderes, religiosos,
educadores, es que ciertas expresiones, o llegado el caso, artículos
enteros y apasionados que de alguna manera las legitimaron, pasen a ser
materia de discusión general, ocupen la mente de los jóvenes y puedan
llegar a inducirlos a sacar conclusiones pasionales dictadas por la
emoción del momento. Me preocupan los jóvenes porque, en definitiva, a
los viejos, la cabeza ya no les cambia. Todas las guerras de religión
que ensangrentaron al mundo durante siglos nacieron de adhesiones
pasionales a contraposiciones simplistas, como Nosotros y los Otros,
buenos y malos, blancos y negros. Si la cultura occidental demostró ser
fecunda es porque se esforzó por "eliminar", a la luz de la
investigación y el espíritu crítico, las simplificaciones nocivas.

Naturalmente, no lo hizo siempre, porque forman parte de la historia de
la cultura occidental también Hitler, que quemaba los libros, condenaba
al arte "degenerado", mataba a los que pertenecían a las razas
"inferiores", o el fascismo que me enseñaba en la escuela a recitar
"Dios maldiga a los ingleses", porque eran "el pueblo de las cinco
comidas" y por ende glotones inferiores al italiano parco y espartano.

Son, no obstante, los mejores aspectos de nuestra cultura los que
debemos discutir con los jóvenes, y de cualquier color, si no queremos
que caigan nuevas torres también en los días que vivirán después de
nosotros.

Un elemento de confusión es que a menudo no se logra captar la
diferencia entre la identificación con las propias raíces, comprender a
quienes tienen otras raíces y juzgar lo que está bien y o mal. En cuanto
a las raíces, si me preguntaran si preferiría pasar mis años de jubilado
en un pueblito de Monferrato, en el majestuoso marco del parque nacional
del Abruzzo o en las suaves colinas de Siena, elegiría Monferrato. Pero
eso no implica que considere a las otras regiones italianas inferiores
al Piamonte. Por consiguiente, si con sus palabras, el presidente del
Consejo quería decir que prefiere vivir en Arcore antes que en Kabul, y
hacerse atender en un hospital milanés antes que en uno de Bagdad,
estaría dispuesto a apoyar su opinión. Y eso aunque me dijeran que en
Bagdad instalaron el hospital mejor equipado del mundo: en Milán me
hallaría más en mi casa, y eso influiría incluso sobre mis capacidades
de recuperación. (...)

Pasemos ahora al enfrentamiento de civilizaciones, porque ése es el
punto. Occidente, aunque más no sea, y en muchos casos lo es, por
razones de expansión económica, ha sido curioso respecto de las otras
civilizaciones. Muchas veces las liquidó con desprecio; los griegos
llamaban bárbaros, es decir, balbucientes, a quienes no hablaban su
idioma y por lo tanto era como si en realidad no hablaran. Pero griegos
más maduros, como los historiadores (quizá porque algunos de ellos eran
de origen fenicio) muy pronto advirtieron que los bárbaros usaban
palabras distintas de las griegas, pero se referían a los mismos
pensamientos. Marco Polo trató de describir con gran respeto usos y
costumbres chinos, los grandes maestros de la teología cristiana
medieval se esforzaban por conseguir que les tradujeran los textos de
los filósofos, médicos y astrólogos árabes, los hombres del Renacimiento
exageraron incluso en su intento de recuperar sabidurías orientales
perdidas, desde los Caldeos a los egipcios, Montesquieu intentó
comprender cómo podía ver un persa a los franceses, y antropólogos
modernos llevaron a cabo sus primeros estudios sobre las relaciones de
los salesianos, que se acercaban sin duda a los Bororo para
convertirlos, en lo posible, pero también para comprender cuál era su
forma de pensar y de vivir, recordando quizá que los misioneros de
siglos anteriores no habían podido comprender a las civilizaciones
amerindias y alentaron su exterminio.

Mencioné a los antropólogos. No digo nada nuevo si recuerdo que, desde
mediados del siglo XIX en adelante, la antropología cultural se
desarrolló como un intento por cicatrizar el remordimiento de Occidente
en relación con los Otros, y especialmente los Otros que eran definidos
como salvajes, sociedades sin historia, pueblos primitivos. Occidente no
había sido tierno con los salvajes: los había "descubierto", había
intentado evangelizarlos, los había explotado, a muchos los había
reducido a la esclavitud, entre otras cosas, con la ayuda de los árabes,
ya que los barcos de los esclavos eran descargados en New Orleans por
hidalgos de origen francés, pero estibados en las costas africanas por
traficantes musulmanes.(...)

La verdadera lección que debe extraerse de la antropología cultural es
más bien que, para decir si una cultura es superior a otra, es necesario
establecer parámetros. Una cosa es decir qué es una cultura y otra decir
en base a qué parámetros la juzgamos. Una cultura puede describirse de
un modo pasablemente objetivo: estas personas se comportan así, creen en
los espíritus o en una divinidad única que invade toda la naturaleza, se
unen en clanes parentales según determinadas reglas, consideran bello
perforarse la nariz con anillos, consideran impura la carne de cerdo, se
circuncidan, crían perros para cocinarlos los días festivos o, como
todavía dicen los estadounidenses de los franceses, comen ranas. El
antropólogo, obviamente, sabe que la objetividad siempre entra en crisis
debido a numerosos factores. (...)

No obstante, haciendo una tala de todos los malentendidos posibles de
una cultura Otra se puede obtener una descripción bastante "neutra".

Los parámetros de juicio son otra cosa, dependen de nuestras raíces, de
nuestras preferencias, de nuestros hábitos, de nuestras pasiones, de
nuestro sistema de valores. Pongamos un ejemplo. ¿Consideramos que
alargar la vida media de cuarenta a ochenta años es un valor? Yo
personalmente creo que sí, pero muchos místicos podrían decirme que,
entre un crápula que tira ochenta años y un san Luis Gonzaga que tira
veintitrés, el segundo es el que tuvo una vida más plena. Pero admitamos
que la extensión de la vida es un valor: si es así, la medicina y la
ciencia occidental son ciertamente superiores a muchos otros saberes y
prácticas médicos. ¿Creemos que el desarrollo tecnológico, la expansión
de los intercambios comerciales, la rapidez del transporte, son un
valor? Muchísimos lo creen así, y tienen derecho a juzgar superior
nuestra civilización tecnológica. Pero, en el seno mismo del mundo
occidental, hay quienes consideran como un valor primordial una vida en
armonía con un ambiente incorrupto, y entonces están dispuestos a
renunciar a los aviones, los autos, las heladeras, para trenzar mimbres
y moverse a pie de pueblo en pueblo, con tal de no tener el agujero de
ozono. Ya ven que para definir una cultura mejor que otra, no basta con
describirla (como hace el antropólogo) sino que es necesario recurrir a
un sistema de valores que consideremos irrenunciables. Sólo en ese punto
podemos decir que nuestra cultura, para nosotros, es mejor.

En estos días asistimos a varias defensas de culturas diferentes en base
a parámetros discutibles. Justamente, el otro día leía una carta a un
gran diario donde se preguntaba sarcásticamente cómo era posible que los
premios Nobel fueran siempre para occidentales y no para orientales.
Dejando de lado el hecho de que se trataba de un ignorante que no sabía
cuántos premios Nobel de Literatura fueron conferidos a personas de piel
negra y a grandes escritores islámicos, dejando de lado que el premio
Nobel de Física de 1979 fue para un pakistaní que se llama Abdus Salam,
afirmar que reconocimientos para la ciencia recaen naturalmente en
quienes trabajan en el ámbito de la ciencia occidental es descubrir la
pólvora, porque nadie ha puesto nunca en duda que la ciencia y la
tecnología occidentales están hoy en la vanguardia. ¿En la vanguardia de
qué? De la ciencia y la tecnología. ¿Cuán absoluto es el parámetro del
desarrollo tecnológico? Pakistán tiene la bomba atómica e Italia no.
¿Entonces, somos una civilización inferior? ¿Es mejor vivir en Islamabad
que en Arcore? Los defensores del diálogo nos instan a respetar el mundo
islámico recordando que dio hombres como Avicena y Averroes. Nos
recuerdan que los árabes de España cultivaban la geografía, la
astronomía, la matemática o la medicina cuando en el mundo cristiano
estaban mucho más atrasados. Todas cosas absolutamente verdaderas, pero
esos no son argumentos, porque razonando así habría que decir que Vinci,
noble comuna toscana, es superior a Nueva York, porque mientras en Vinci
nacía Leonardo en Manhattan cuatro indios esperaban sentados en el suelo
más de ciento cincuenta años a que llegaran los holandeses para
comprarles toda la península por veinticuatro dólares. Y en cambio, sin
ánimo de ofender a nadie, hoy el centro del mundo es Nueva York y no
Vinci. Las cosas cambian. No sirve recordar que los árabes de España
eran bastante tolerantes con cristianos y judíos en tanto que entre
nosotros se atacaban los ghettos, que Saladino, cuando reconquistó
Jerusalén, fue más misericordioso con los cristianos de lo que habían
sido los cristianos con los sarracenos cuando habían conquistado
Jerusalén. Todas cosas exactas, pero en el mundo islámico hay
actualmente regímenes fundamentalistas y teocráticos que no toleran a
los cristianos y Bin Laden no fue misericordioso con Nueva York.
Bactriana fue un cruce de grandes civilizaciones, pero hoy los talibanes
destruyen con explosivos los Buda. Los franceses, por su parte, hicieron
la masacre de la Noche de san Bartolomé, pero esto no autoriza a nadie a
decir que en la actualidad son bárbaros. No molestemos a la historia
porque es un arma de doble filo. Los turcos empalaban (y está mal) pero
los bizantinos ortodoxos sacaban los ojos a sus parientes peligrosos y
los católicos quemaban a Giordano Bruno; los piratas sarracenos hacían
desastres de todos los calibres, pero los corsarios de su majestad
británica, con todos sus despachos reales, incendiaban las colonias
españolas en el Caribe; Bin Laden y Saddam Hussein son enemigos feroces
de la civilización occidental, pero dentro de la civilización occidental
hemos tenido señores que se llamaron Hitler o Stalin. No, el problema de
los parámetros no se pone en clave histórica, sino en clave
contemporánea. Ahora bien, una de las cosas elogiables de las culturas
occidentales (libres y pluralistas, y estos son valores que nosotros
consideramos irrenunciables) es que se dieron cuenta desde hace ya
tiempo que la misma persona puede ser llevada El problema que la
antropología cultural no resolvió es qué hacer cuando el integrante de
una cultura, cuyos principios aprendimos quizás a respetar, viene a
vivir a nuestra casa. En realidad, la mayor parte de las reacciones
racistas en Occidente no se deben al hecho de que los animistas vivan en
Malí (basta con que se queden en su tierra, dice de hecho la Liga), sino
que los animistas vengan a vivir con nosotros. Y vaya y pase con los
animistas o con quienes quieren rezar en dirección a la Meca, pero ¿y si
quieren llevar chador, si quieren infibular a sus muchachas, si (como
sucede en algunas sectas occidentales) niegan las transfusiones de
sangre a sus niños enfermos, si el último comedor de hombres de Nueva
Guinea (admitiendo que todavía exista alguno) quiere emigrar a nuestro
país y asarse a un jovencito por lo menos cada domingo? Sobre el comedor
de hombres estamos todos de acuerdo, va a la cárcel (pero sobre todo
porque no son mil millones), sobre las chicas que van a la escuela con
chador, no veo por qué hacer una tragedia si eso les gusta, sobre la
infibulación, en cambio, el debate está abierto pero, ¿qué hacemos, por
ejemplo, con el pedido de que las mujeres musulmanas puedan ser
fotografiadas en el pasaporte con velo? Tenemos leyes, iguales para
todos, que establecen criterios de identificación para los ciudadanos y
no creo que se puedan dejar de lado. Yo cuando visité una mezquita me
quité los zapatos, porque respetaba las leyes y las usanzas del país
anfitrión. ¿Qué hacemos con la foto velada? Creo que en estos casos se
puede negociar. En el fondo, las fotos de los pasaportes son siempre
poco fidedignas y sirven para lo que sirven, están estudiándose tarjetas
magnéticas que reaccionan con la huella del pulgar, el que quiera ese
tratamiento privilegiado que pague el eventual sobreprecio. Y si esas mu
jeres luego asisten a nuestras escuelas, también podrían llegar a
conocer derechos que no creían tener, así como muchos occidentales
fueron a las escuelas coránicas y decidieron libremente hacerse
musulmanes. Reflexionar sobre nuestros parámetros significa también
decidir que estamos dispuestos a tolerar todo, pero que ciertas cosas
son para nosotros intolerables.

Occidente dedicó fondos y energías a estudiar los usos y costumbres de
los Otros, pero nadie permitió verdaderamente a los Otros que estudiaran
usos y costumbres de Occidente, salvo en las escuelas mantenidas en el
exterior por los blancos o permitiendo a los Otros más ricos que fueran
a estudiar a Oxford o París —y después se ve lo que pasa, estudian en
Occidente y vuelven a su patria para organizar movimientos
fundamentalistas, porque se sienten ligados a sus compatriotas que no
pueden realizar esos estudios. Antiguos viajeros árabes y chinos habían
estudiado algo de los países donde se pone el sol, pero son cosas de las
que sabemos bastante poco. ¿Cuántos antropólogos africanos o chinos
vinieron a estudiar Occidente para contárselo a sus conciudadanos, pero
también a nosotros, me refiero a contarlo como nos ven ellos? Existe
desde hace unos años una organización internacional llamada Transcultura
que propicia una "antropología alternativa". Llevó a estudiosos
africanos que nunca habían estado en Occidente a describir el interior
francés y la sociedad de Bolonia, y les aseguro que cuando nosotros los
europeos leímos que dos de las observaciones más sorprendentes se
referían al hecho de que los europeos sacan a pasear a sus perros y que
se desnudan a la orilla del mar, bueno, la mirada recíproca comenzó a
funcionar de ambas partes, y surgieron discusiones interesantes. En este
momento, con miras a un congreso final que se desarrollará en Bruselas
en noviembre, tres chinos, un filósofo, un antropólogo y un artista,
están completando el viaje de Marco Polo al revés, sólo que en vez de
limitarse a escribir su Millón, graban y filman. Al final, no sé qué
podrán aclararles sus observaciones a los chinos, pero sé qué podrán
aclararnos a nosotros. Imagínense que se invite a fundamentalistas
musulmanes a realizar estudios sobre el fundamentalismo cristiano.
Bueno, yo creo que el estudio antropológico del fundamentalismo de otro
puede servir para comprender mejor la naturaleza del propio. Que vengan
a estudiar nuestro concepto de guerra santa y quizá verían con ojo más
crítico la idea de guerra santa en su casa. En el fondo, los
occidentales hemos reflexionado acerca de los límites de nuestro modo de
pensar describiendo justamente la pensée sauvage.

Uno de los valores de los cuales habla mucho la civilización occidental
es la aceptación de las diferencias. Teóricamente estamos todos de
acuerdo, es politically correct decir en público de alguien que es gay,
pero después en casa decimos que es un marica. ¿Cómo se hace para
enseñar la aceptación de la diferencia? La Académie Universelle des
Cultures puso on line un sitio donde se están elaborando materiales
sobre temas diversos (color, religión, usos y costumbres, etcétera) para
los educadores de cualquier país que quieran enseñar a sus alumnos cómo
aceptar a los que son distintos de ellos. En primer lugar, se decidió no
decir mentiras a los chicos, afirmando que todos somos iguales. Los
niños se dan cuenta perfectamente de que algunos vecinos de casa o
compañeros de colegio no son iguales a ellos, tienen una piel de
distinto color, los ojos con forma almendrada, el pelo más abundante o
más lacio, comen cosas extrañas, no toman la primera comunión. Tampoco
basta decirles que todos son hijos de Dios, porque también los animales
son hijos de Dios y, sin embargo, los chicos nunca vieron una cabra en
la cátedra enseñándoles gramática. Por lo tanto, es necesario decir a
los chicos que los seres humanos son muy distintos entre sí, y explicar
bien en qué son distintos, para luego mostrar que esas diversidades
pueden ser una fuente de riqueza. El maestro de una ciudad italiana
debería ayudar a sus chicos italianos a comprender por qué otros niños
le rezan a una divinidad distinta, o tocan una música que no se parece
en nada al rock. Naturalmente, lo mismo debe hacer un educador chino con
niños chinos que viven junto a una comunidad cristiana. El paso
siguiente consistirá en mostrar que hay algo en común entre su música y
la nuestra, y que también su Dios recomienda algunas cosas buenas.
Posible objeción: nosotros lo haremos en Florencia, ¿pero lo harán
después también en Kabul? Bueno, esa objeción es lo más alejado que
puede haber de los valores de la civilización occidental. Nosotros somos
una civilización pluralista porque permitimos que en nuestra casa se
construyan mezquitas y no podemos renunciar a ello sólo porque en Kabul
manden a prisión a los propagandistas cristianos. Si lo hiciéramos
seríamos talibanes nosotros también.(...)

Ahora bien, dejando de lado que hay una derecha y que hay un catolicismo
integrista decididamente tercermundista, filo-árabe, etcétera, no se
tiene en cuenta un fenómeno histórico que está ante los ojos de todos.
La defensa de los valores de la ciencia, el desarrollo tecnológico y la
cultura occidental moderna, en general, siempre fueron una
característica de las alas laicas y progresistas. No solamente eso,
todos los regímenes comunistas evocaron una ideología del progreso
tecnológico y científico. El Manifiesto de 1848 se inicia con un elogio
imparcial de la expansión burguesa; Marx no dice que hay que dar media
vuelta y pasar al modo de producción asiático, dice solamente que de
esos valores y esos éxitos deben apoderarse los proletarios. A la
inversa, siempre ha existido el pensamiento reaccionario (en el sentido
más noble del término), al menos empezando por el rechazo de la
revolución francesa, que se opuso a la ideología laica del progreso
afirmando que hay que volver a los valores de la Tradición. Sólo algunos
grupos neo-nazis se remiten a una idea mítica de Occidente y estarían
dispuestos a degollar a todos los musulmanes en Stonehenge. Los más
serios entre los pensadores de la Tradición siempre se han remitido, más
allá de los ritos y mitos de los pueblos primitivos, o la lección
budista, precisamente al Islam, como fuente todavía actual de
espiritualidad alternativa. Siempre estuvieron allí para recordarnos que
no somos superiores, sino que más bien la ideología del progreso nos
desecó, y que debemos ir a buscar la verdad entre los místicos Sufis o
los derviches danzantes. Y esas cosas no las digo yo, siempre las
dijeron ellos. Basta con ir a una librería y buscar en los estantes
indicados. En este sentido, en la derecha se está abriendo ahora una
curiosa grieta. Pero tal vez sea sólo un signo de que en los momentos de
gran desconcierto (y ciertamente estamos viviendo uno) nadie sabe dónde
está. Claro que es justamente en los momentos de desconcierto cuando hay
que saber usar el arma del análisis y la crítica, de nuestras
supersticiones tanto como de las del otro. Espero que de estas cosas se
hable en las escuelas, y no sólo en las conferencias de prensa.

[Nota] * Humberto Eco es semiólogo, crítico literario y escritor.
Licenciado en filosofía por la Universidad de Turín, se gradúa en 1954 y
a partir de ese año ejerce como profesor de estética y semiótica en
universidades como las de Milán, Bolonia, Florencia y Turín.

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QUE NO SE PARE LA VIDA
Por: Manuel Alcántara

Los talibán ofrecen «dos millones de mártires»: en el Jardín de Alá no
van a poder dar un paso. La cólera musulmana se extiende mientras
continúan los bombardeos y la OTAN pide a sus aliados que se rearmen
como en la ‘guerra fría’. Todos estamos en guerra, incluso los que
tenemos la conciencia en paz relativa. ¿Qué hemos hecho para acabar con
la miseria? Sólo compadecer, mientras veíamos en el telediario a niños
palestinos descalzos que tiran piedras a los tanques. La compasión es un
sentimiento muy confortador: nos permite creer que somos buenos, al
mismo tiempo que comparamos nuestra suerte con la de los desdichados.
Nadie puede ser ajeno al conflicto. La prueba es que el Gobierno alemán
estudia el cierre temporal de sus centrales nucleares y nosotros, de
seguir las cosas por el mismo camino, vamos a tener que estudiar el
cierre de algunos hoteles y de algunas compañías de viajes. Las reservas
hoteleras y aéreas han caído casi un 30%.

Para que la vida no se pare, los norteamericanos insisten en sus
aficiones y se venden más coches y más armas que nunca. Nosotros
seguimos distraídos con nuestra pintoresca Agencia Tributaria, que ha
reconocido su ineficacia en las inspecciones a Gescartera, y con el
vestuario de Antonio Camacho, el golfo más visible de la década última.
Desde los buenos tiempos de mi amigo José Legrá, a nadie le han gustado
más los zapatos: adquirió 24 pares, algunos valorados en más de 100.000
pesetas. También se gastó 366.000 en una camisa y 42.000 más IVA en unos
calzoncillos de seda. Siempre pasan cosas divertidas que nos recuerdan
que a pesar de las tragedias, esto de vivir tiene su gracia. Al menos es
una experiencia única en la vida. A vivir a pesar de todos los pesares y
a ocuparnos de las pequeñas cosas, que para nosotros son grandísimas.
«No hay un final, ni existe un principio. Solamente existe una infinita
pasión por la vida», dijo Fellini. A vivir, que son tres días y dos
lloviendo sobre mojado, aquí en mi pueblo.

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El País http://www.elpais.es/

ARMAGEDÓN
Por: Fernando Savater

Como últimamente hemos asistido con frecuencia en las pantallas a la
destrucción de Manhattan (por monstruos antidiluvianos, por olas
gigantes, por naves marcianas, etcétera...), las imágenes terriblemente
insólitas del pasado martes tenían paradójicamente algo de déjà-vu. Los
antiguos creían que los sueños profetizaban los acontecimientos
venideros; ahora esa función la cumplen las películas, esos sueños
compartidos por tanta gente (sobre todo si se trata de películas
americanas). Mucho se ha reprochado al cine yanki la manía de inventarse
superenemigos fantásticos y catástrofes en ciernes para prolongar el
clima hirsuto de la guerra fría, provisionalmente cancelada con la caída
del muro de Berlín. Quizá ahora deban revisarse tales censuras y haya de
reconocerse que -sea por paranoia o por oscuro complejo de culpa- los
guionistas sintonizaban mejor con las posibilidades del presente que sus
displicentes críticos. En un aspecto, sin embargo, los vaticinios
cinematográficos es casi seguro que difieran de la realidad: según
acrisolada convención comercial, en las películas los malvados
encuentran su castigo y las catástrofes obtienen consuelo en edificantes
mañanas de hermandad, pero me atrevería a apostar que el drama cuyo
comienzo acabamos de ver va a tener un desenlace mucho menos
satisfactorio.

Ante el horror de lo que escapa a todo control, ante la irrupción de lo
que apenas comprendemos y no podemos reparar, los humanos parloteamos
análisis y dicterios como los niños silban en la oscuridad para espantar
su miedo. Unámonos al coro desconcertado. Hace unos años, Enzensberger
escribió en Perspectivas de guerra civil que los conflictos bélicos van
siendo cada vez menos entre Estados y más entre tribus o bandas dentro
del Megaestado global en el que ya vivimos. Porque ese es el verdadero
intríngulis de la cacareada globalización: que hoy padecemos ya una
sociedad planetariamente estatuida, un Estado mundial en el que faltan,
sin embargo, leyes comunes, controles internacionales, tribunales a los
que recurrir contra los abusos, garantías y derechos reconocidos a
todos, protección social, instituciones democráticas de alcance similar
a las ambiciones económicas de los grupos multinacionales. El Estado de
bienestar no es un error que debe ser descartado para agilizar la
especulación bursátil y la maximización de beneficios, sino un proyecto
que tendría que aspirar a su verdadera escala planetaria para salvar lo
mejor de una civilización humanista. Y ello, precisamente, no en nombre
de la retórica Utopía, sino de un verdadero realismo político. Porque no
es realista suponer que nadie podrá vivir realmente seguro en un mundo
en el que la codicia no tiene fronteras pero la justicia las encuentra a
cada paso.

Como no creo en la pedagogía sanguinaria, dudo mucho que de la lección
espeluznante del otro día vayan a sacarse conclusiones provechosas.
Después de todo, los que han sembrado el terror en Estados Unidos no
representan una alternativa positiva al sistema caótico en el que
vivimos, sino sólo la expresión de los males que favorece. Las ONGs
están de moda y por tanto debemos resignarnos a que junto a las
humanitarias florezcan otras inhumanas: el terrorismo patrocinado por un
millonario fanático es también un triunfo siniestro de la sacrosanta
iniciativa privada, para la que ya nadie se atreve a proponer la
alternativa creíble de algo defendido en común. En cambio, deberemos
seguir escuchando a los majaderos para quienes despotricar contra todo
por igual -contra la esclavitud y contra quienes la abolieron, contra la
libertad que establece leyes en defensa de valores universalizables y
contra quienes la reducen al capricho intransigente de unos cuantos,
contra la fuerza utilizada para deponer a tiranos y contra la ejercida
por autócratas demagógicos, etcétera...- se ha convertido en un cómodo
negocio. No se trata de creer a ciegas en las grandes palabras, que a
veces sólo son máscaras de los peores intereses, sino de evaluar y
preferir para que tantos siglos de razonamiento humano no hayan
transcurrido totalmente en vano: recordando el dictamen de Isaiah
Berlin, según el cual la diferencia entre una persona civilizada y un
bárbaro es que el civilizado es capaz de luchar por cosas en las que no
cree del todo.

Que abundan los funcionarios inútiles o mangoneadores es cosa sabida:
por ello parece apropiado hoy saludar con respeto a esos bomberos y
policías, humildes servidores de la sociedad organizada, que han muerto
salvando vidas y tratando de rescatar no sólo a sus semejantes, sino
también la dignidad compartida.

[Nota] *Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad
Complutense de Madrid.


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El Correo http://www.elcorreodigital.com/

UNA NUEVA JUSTICIA MUNDIAL
Por: Antonio Beristain S. J.

Los ciudadanos del planeta, ante la macrovictimación de las ‘Torres
Gemelas’ y el Pentágono, nos hemos acercado solidariamente a ese país
que acoge las diversas razas, culturas, religiones, lenguas, etcétera, y
hemos sentido una indignación profunda. También una compasión fraternal
hacia tantas personas -de 63 Estados- asesinadas en Nueva York y en
Washington, y ante tantos familiares y amigos suyos dolientes en grado
inconcebible. Dentro de tanta desolación, nos consuela el conocer que
ese mismo día no pocas personas habían trabajado sin límite en favor de
las víctimas, y que algunas incluso dieron su vida por atenderlas. Estos
‘ángeles humanos’ mantienen encendida la llama de la dignidad humana.
Recuerdo, por ejemplo, a los bomberos fallecidos y a ese sacerdote que
murió por atender a un agonizante entre los escombros. También
experimentamos la urgencia ineludible de que se sancione justamente a
los autores y a los cómplices de ese cáncer universal. No cabe pensar en
la impunidad. Muchas razones lo impiden. También el Tribunal Penal
Internacional, formalizado en Roma el 18 de julio de 1998.

Estas líneas pretenden destacar la novedad, universalidad e inhumanidad
de este crimen, y la necesidad lógica de crear sanciones nuevas,
universales y humanitarias. Consecuentemente, desde la política criminal
modernizada, debemos ‘inventar’ claves -hasta ahora inexistentes- que
descifren y resuelvan el actual y futuro fenómeno criminal
internacional.

Hemos de escuchar a las instituciones científicas supranacionales de
Criminología, Derecho penal, Victimología, etcétera, cuando lamentan que
nuestros sistemas de justicia policial, judicial, penal y penitenciario
mantienen no pocos paradigmas arcaicos, excesivamente maniqueos y
vindicativos, impotentes ante el salto cualitativo de la criminalidad; y
cuando nos patentizan que urge sustituirlos por otros más de acuerdo con
la profunda evolución de la economía, la cultura, la ideología, la
religión, la comunicación y la tecnología del tercer milenio. Si un
crimen semejante al del 11 de septiembre se hubiera realizado hace
cuarenta siglos -cuando estaba admitido el talión-, los jueces, los
gobernantes y los ciudadanos deberían fijar su atención únicamente en el
delito y en la venganza correspondiente (mutilación, pena de muerte...).
En cambio, si ese acto terrorista se hubiera llevado a cabo a mediados
del siglo pasado, los jueces y gobernantes deberían mirar principalmente
al delincuente y las medidas penales tendentes a su resocialización,
según exigía la ciencia criminológica de ese tiempo. Ya que el delito
que comentamos se ha cometido en el siglo XXI, debemos analizarlo desde
perspectivas de hoy (no de ayer) y tener como alfa y omega a las
víctimas directas e indirectas, sabiendo que el número de éstas
(familiares y amistades) suele ser diez veces mayor.

Debemos observarlo desde perspectivas innovadoras que -además de urgir
el saneamiento de las estructuras socioeconómicas injustas- exigen
soluciones radicales, como la abolición de la guerra y de la pena de
muerte, que algunos califican, erróneamente, de utópicas. Hace ya más de
medio siglo eminentes penalistas (Pella, Rappaport, Saldaña, etcétera)
argumentaron que las sociedades primitivas admitían la guerra, pero la
actual debe tipificarla como delito. En esa dirección decididamente
abolicionista, la Carta de las Naciones Unidas de 26 de junio de 1945
afirmó que el primero de los propósitos perseguidos por la ONU es
«mantener la paz y la seguridad internacionales y con tal fin tomar
medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz y
para suprimir actos de agresión y otros quebrantamientos de la paz...».
Este movimiento en favor de declarar la guerra fuera de la ley -
‘outlawery of war’- se intensifica cada día, como explica el teniente
coronel Eduardo de No Louis. También el Concilio Vaticano
II -Constitución Pastoral ‘Gaudium et Spes’, de 1965- se manifiesta
hacia la prohibición de la guerra, aunque la admite en casos de
protección propia. Opino que las acciones del 11 de septiembre no pueden
considerarse ‘agresión’ que dé pie a una defensa bélica, según la
formulación técnica del Derecho internacional.

Entre las novedades del macroholocausto que queremos y podemos
erradicar, llama la atención su globalidad -ha superado todas las
fronteras- y su desprecio a las personas. Lógicamente los países
comprometidos frente a ese terrorismo debemos aplicar sanciones
universalmente admitidas y que destaquen por su respeto a la dignidad de
la mujer y del hombre, incluso en casos extremos. Aunque choque contra
la opinión pública y religiosa en muchos pueblos. La mayoría de los
juristas y ciudadanos europeos, como Amnistía Internacional, creemos que
la sanción capital es criminógena, y nos sentimos obligados a
proclamarlo. Y a pedir que las autoridades políticas y religiosas borren
de su cosmovisión esa pena (no lo ha hecho formalmente el Catecismo
católico). Al terrorismo del año 2001 no lo vencerá la vetusta revancha
de las sociedades prehistóricas... Tampoco el odio, ni la violencia.
Pero sí el monopolio ‘maxweberiano’ de la coerción y la fuerza inherente
a toda sociedad socialdemócrata.

Desde el año 1979, el mundo jurídico penal, reunido en Münster, está
construyendo un palacio de Justicia restaurativa, de planta hasta hoy
desconocida. Exige enterrar el talante expiacionista, considerar el
delito como un daño producido a las personas (mucho más que al Estado),
y que las sanciones impuestas a los culpables (sin olvidar cómplices y
encubridores) tiendan principalmente a la reparación plena de los
perjuicios causados. Esta transformación del Derecho penal va
encontrando amplia aceptación en los organismos nacionales e
internacionales. Baste citar el último Congreso Internacional de la
Sociedad Mundial de Victimología -Montreal, septiembre de 1999- y el
Congreso del Grupo Francés de la Asociación Internacional de Derecho
penal -Montpellier, junio de 2001-, centrado en que las respuestas al
delito sean reparadoras más que aflictivas. También avanza en esa línea
la Decisión marco propuesta este año en el Parlamento europeo que
proclama la atención preferencial a las víctimas como interés superior
durante el proceso penal, y durante la ejecución de la pena, en cuanto
sea posible.

Ante la prepotencia del fanatismo religioso (mayor o menor, según las
confesiones) como factor etiológico del actual terrorismo, hemos de
buscar más integración de la espiritualidad pacifista en la justicia:
«unidas, pero no confundidas». Como lo han logrado los actos religiosos
celebrados días atrás en la catedral multiconfesional de Washington, en
iglesias, mezquitas, sinagogas... Han contribuido a fortificar el ‘ethos
’ axiológico que pide «en busca de valores universales» la decena de
especialistas en la revista ‘Concilium’, de septiembre de 2001. Han
iluminado el sentido del vivir y del amar. Al ver estas liturgias,
emitidas por la televisión, me he acordado de la afirmación, hacia el
año 1950, del antiguo secretario general de la ONU, Dag Hammerskjöld:
«Si el mundo no experimenta un renacimiento espiritual, la civilización
estará condenada a la extinción». Y concluí que estamos dando pasos
hacia adelante.

Por fin, desearía comprender y compartir el dolor de las víctimas
inmediatas supervivientes y de todas las mediatas de esta tragedia.
Deseo vislumbrar lo positivo en tanta negatividad, pero me cuesta verlo.
Casi ni me atrevo a citar el paradigmático ‘Sermón de las
Bienaventuranzas’, ni a transcribir a Virgilio, en la Eneida, cuando la
reina Dido considera el dolor como el maestro de la solidaridad, y canta
que el sufrimiento le ha enseñado a socorrer a Eneas náufrago: «Non
ignara mali, miseris succurrere disco» («Experimentada en el dolor, he
aprendido a ayudar a los desgraciados»). Sin duda, las víctimas del
terrorismo nos enseñan a reconstruir otras ‘Torres Gemelas’: la paz
exterior justa brota de la paz interior espiritual.

                           ------------------

El País http://www.elpais.es/

EN EL NOMBRE DE DIOS
Por: Rafael Argullol

Ahora que Dios ha adquirido protagonismo en los escenarios mediáticos
del mundo porque se mata y se muere en su nombre, y se pide su ayuda
para la justicia y a menudo para la venganza, hemos empezado asimismo a
recibir un alud de informaciones sobre su presencia en horizontes
religiosos tan expansivos como el Islam. Quizá si no se imponen
pensamientos -por ser generosos- como los de Silvio Berlusconi la parte
positiva de las últimas desgracias será un conocimiento del refinado
mosaico islámico que vaya más allá de la peligrosa idea de una 'lucha de
civilizaciones' o de la creencia, lamentablemente tan extendida estos
días, de que el Dios de los musulmanes es una especie de Energúmeno
invisible que exige a sus fieles que empotren aviones en rascacielos
cristianos.

Pero los europeos -acaso porque fuimos los inventores, propagadores y
escépticos receptores de aquella divisa tan discutible, la muerte de
Dios-, cada vez más débiles y cada vez más confundidos con nuestro
propio uso del término 'Occidente', hemos hablado muy poco, o nada, del
Dios cotidianamente convocado por Estados Unidos, o cuando menos por sus
dirigentes y, de modo muy relevante, por su presidente. Los europeos,
con escasa participación de Dios en nuestras tareas políticas actuales,
apenas hemos fijado nuestra atención en la importancia que Él tiene en
las convocatorias de la potencia de la que pudorosamente nos decimos
aliada pero con respecto a la que debemos ser obedientes. Para los
europeos -religiosos o no-, Dios es importante pero no es políticamente
decisivo. Para los norteamericanos, sí.

Mientras viví en Estados Unidos, allá por los años ochenta, y luego
siempre que he vuelto a ese país, me ha llamado poderosamente la
atención el vínculo que tenía la mayoría de los norteamericanos con
Dios. Me refiero, claro está, al vínculo público o, si se quiere,
nacional. En el ámbito privado creo que, en general, los estadounidenses
son extremadamente respetuosos e incluso tímidos con las creencias de
los demás, y esto explicaría la fluida convivencia de tantos credos e
iglesias diferentes. La primacía de la fe y la piedad sobre la pasión
teológica es tan abrumadora que para muchos intelectuales europeos, en
contacto con sus colegas norteamericanos, resulta sorprendente la llana
'fe del carbonero' con que científicos de renombre defienden sin
inmutarse la existencia de Dios.

No digo que no las haya, pero en Estados Unidos, al contrario que en
Europa, no he escuchado discusiones 'sobre Dios'. Se cree o no en Él con
escasas bromas al respecto a excepción quizá de los judíos neoyorquinos.
Pero más allá de esa discreción privada, turbada de tanto en tanto por
predicadores apocalípticos que el propio cine americano ha convertido en
fauna consecuente con un país de colonos, los estadounidenses tienden a
creer en una suerte de Dios nacional alrededor del cual se vertebra la
política de toda la patria, particularmente en momentos considerados de
peligro.

Los europeos sabemos muy poco de ese Dios nacional de los americanos, y
por lo habitual, cuando nos salpican sus liturgias, lo consideramos el
fruto de un culto ingenuo y estrafalario, y nos burlamos de Él. En parte
suponemos que es una rama manifiestamente simplona de nuestro Dios
cristiano, adornada con ese tipo de escenografías que tanto gustan a los
americanos: un Dios de pabellones deportivos, salas de tribunales y
platós cinematográficos. Pero nos equivocamos al saber tan poco acerca
de esta deidad, puesto que, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial,
también los europeos nos hemos visto obligados a vivir bajo sus
auspicios.

Puesto que es precisamente a través de ese peculiar Dios -todos lo son-
que Estados Unidos aglutina su lado más imponente, y también el peor: el
convencimiento de ser el pueblo elegido para salvaguardar la libertad
del mundo. Este Dios nacional otorgador de una misión histórica y dador
de una bondad intrínseca, entra en simbiosis con el sistema jurídico y
político sancionando la superioridad legal de Estados Unidos sobre el
resto de las naciones del mundo. También la superioridad moral que el
cine de Hollywood ha mostrado con tanta insistencia con las célebres
reflexiones ético-patrióticas de centenares de películas que han
'educado' a los públicos del planeta.

Los europeos tampoco comprendemos que en esta especie de religión
nacional (auténtica 'religión de religiones' en la que se recompone
eficazmente el rompecabezas étnico y cultural norteamericano) el
presidente es el sumo sacerdote; un dirigente laico del que la prensa
puede reírse en tiempos apacibles pero un auténtico líder espiritual
para las crisis.

Recuerdo hace dos décadas a Carter predicando contra el gran enemigo de
entonces, el imán Jomeini. Tenía la forma y el fondo del predicador y
era, desde luego, mucho menos agresivo que alguno de sus sucesores; pero
todas sus palabras emanaban del Dios particular de Estados Unidos. Con
un estilo muy diverso, el teatral Reagan llamó, también en su nombre, a
la guerra de las galaxias. Clinton, el más moderado y comprendido por
los europeos, no dejó de invocar los mismos principios religiosos en las
aventuras bélicas que le correspondió emprender. Los dos Bush, padre e
hijo, son los que se han andado con menos rodeos al santificar sus
guerras respectivas: uno contra el antiguo aliado Sadam Husein, otro
contra el antiguo aliado Bin Laden. Dios está con nosotros.

Entre las incomprensiones europeas de este Dios que está -en ocasiones
parece que en un sentido literal, íntimo, físico- con los
norteamericanos es esencial la que se refiere a la lucha entre el Bien y
el Mal. Si un político europeo recurre a ella, en términos absolutos,
hará el ridículo con toda probabilidad. Pero los presidentes americanos,
que en situaciones de hipotético o real acoso ejercen asimismo de sumos
sacerdotes, hablan de esta lucha con la misma naturalidad que sus
enemigos 'fanáticos'.

En El americano impasible, Graham Greene hizo una irónica radiografía de
esta especial religiosidad que impera en Estados Unidos y que tiene que
ver con una moral demasiado prodigiosa: la excesiva bondad, el excesivo
sentido de la justicia, la pasión por la libertad del misionero
norteamericano es con frecuencia incomprendida por los demás pueblos, y
la consecuente decepción induce periódicamente a la tentación del
aislacionismo. Por eso el presidente Bush puede exigir solemnemente: o
con nosotros o contra nosotros.

Y éste es, precisamente, el dilema ante el que no se puede poner a un
hombre libre y, por extensión, a unos pueblos que se tienen por libres.
En ningún caso Europa -o cualquier otra región del mundo- debe aceptar
la elección entre el Bien y el Mal, la Vida o la Muerte, conceptos en
apariencia abstractos pero luego devastadoramente concretos. No podemos
aprobar ese terrible 'nosotros conduciremos al mundo a la victoria de la
libertad', textualmente proclamado por Bush. Quiero creer que no creemos
en el Dios que sustenta estas proclamas.

Afirmar esto no es negar nuestro horror absoluto por aquel otro
Dios -miserable parodia del Islam- que lleva a sus acólitos a la doble
muerte del propio sacrificio y del asesinato. Si el siglo XX tembló con
los desastres totalitarios en los que desembocaron las grandes
ideologías, el riesgo que se apunta en el siglo XXI es el de un
maniqueísmo feroz que enfrente supuestos absolutos morales, fuerzas del
Bien y del Mal, dioses empobrecidos por el esquematismo mental y el
terror. En lugar del 'choque de civilizaciones', que conduciría al grado
cero de la cultura, la libertad dependerá de nuestra capacidad de
alejarnos del Dios de la simplificación espiritual, sea cual sea su
máscara.

Invoquemos a otro tipo de Dios (o de conciencia o de razón o como quiera
llamársele). Otro Dios que, si existiera y apareciera, y pudiera
expresarse en alguna medida como nosotros -sentir, pensar, afligirse,
gozar- no dudo de que huiría despavorido de toda esta gente que está
anhelando matar o morir por Él.

[Nota] *Rafael Argullol es escritor y filósofo

                           ------------------

TORRES GEMELAS Y GATOS EMBOTELLADOS
Por: José Luis Calvo Buey

Había una pregunta que los miembros de la generación inmediatamente
anterior a la mía siempre sabían contestar: ¿Dónde estabas cuando
asesinaron a JFK? Si dentro de unos años la cambiáramos por: ¿Dónde
estabas cuando destruyeron las Torres Gemelas? podemos estar seguros de
que todos lo recordaríamos, así como lo que sentimos al contemplar en
directo como un avión se estrellaba contra una de ellas mientras la otra
ya estaba incendiada, el hundimiento de ambas y el apocalíptico
espectáculo de la Línea del Cielo oculta por una nube gris, mezcla de
humo y polvo. Nadie podía creer lo que estaba viendo, pero, por
desgracia, era real. “Parecía una película” declaraba a las cámaras un
testigo con la mirada aún extraviada por el horror. La realidad y la
ficción parecían confundirse. Quizás por ello era campo abonado para la
mentira.

Ignoramos quién y dónde ha iniciado la cadena, pero Internet ha sido el
medio de difusión de un correo electrónico en el que se atribuye al
astrólogo francés Nostradamus la redacción de las siguientes (o
parecidas, porque ya se están enviando con variantes) profecías:

La Ciudad de Dios será un gran trueno.
Dos Hermanos rotos en dos grandes catástrofes.
Mientras que la fortaleza aguante, el gran líder sucumbirá.
La gran guerra comenzará cuando la gran ciudad se esté quemando.

Llegará del cielo el aire de la destrucción.
Caerán los dos tronos gemelos.
Arderá el fuego de la guerra con el fuego del Caos.
Los pájaros vuelven a volar y comenzará la tercera gran guerra y se hará
en nombre de Dios.

Supongo que no extrañará a nadie (al menos a nadie que conozca el
talante crédulo de algunos periodistas españoles) que diversos medios de
comunicación hayan contribuido a difundir esta historia. Entre ellos,
Antena 3 TV en su telediario del 12/09, el periódico El Mundo en su
edición del 13/09 en la que llega a colocar parte de estas cuartetas
como frase del día en su primera página y, al parecer, Onda Cero Radio,
que se han tragado el anzuelo, la plomada y hasta el flotador porque lo
antedicho no es más que una broma en mi opinión de pésimo gusto.

¿Recuerdan el caso de la página que anunciaba la venta de gatos en
miniatura obtenidos por el procedimiento de introducirlos en botellas
para impedir su crecimiento? ¿Recuerdan las protestas airadas de algunos
grupos ecologistas que no se pararon a pensar si ello era tan siquiera
posible? Pues los periodistas de los medios citados parece que ya lo
tenían olvidado.

Si hubieran dedicado tan siquiera diez minutos a comprobar la veracidad
de esas afirmaciones se habrían evitado el bochorno que se les viene
encima. Ya es grave que no hayan reparado en que las cuartetas venían
acompañadas de un pie en el que se afirmaba que pertenecían a la
Undécima Centuria cuando Nostradamus terminó su obra en la Décima
Centuria, que no hayan advertido que si traducimos los versos anteriores
al francés (su lengua original si fueran auténticas) obtenemos algo sin
rima y sin métrica, pero lo realmente demencial es que no se hayan dado
cuenta de que la fecha de redacción según el correo electrónico de
marras era de 1.654 ¡¡cuando Nostradamus había fallecido en 1.566!!

No es sólo que sean una mala falsificación, es que ni siquiera podemos
considerarlas como tal porque dudamos que nadie haya pretendido que
pasen por ciertas. El propio mensaje contenía elementos suficientes para
negar su autenticidad aunque no se conociera la obra y la vida del
astrólogo francés más que de forma superficial. Sin embargo, fueron
aceptadas como auténticas por esos periodistas planteándonos la duda de
porqué actuaron de esa manera, teniendo además muy próxima la “metedura
de pata” de agosto de 1.999 en la que se demostró la auténtica calidad
profética de Nostradamus, mal que les pese a todos sus seguidores y
comentaristas. Tememos que la razón para esa actitud acrítica sea tan
prosaica como la de que había que introducir en la noticia nuevos
elementos que despertaran la atención del público sin importar demasiado
el que fueran ciertos o no. Algo que, por supuesto, arroja serias dudas
sobre la veracidad de las noticias que difunden los mencionados medios.
Si todo su trabajo de confirmación de fuentes tiene la nula calidad del
citado, aviados estamos.

El anónimo “bromista” (del que sólo podemos conjeturar que escribiera el
original en inglés, ya que en ese idioma las pseudocuartetas resultan
mucho más correctas en cuanto a métrica que en francés o en español),
unos periodistas demasiado ávidos de seguir captando la atención del
público... ¿faltaba algo más? Por supuesto: la reacción de nuestros
queridos y entrañables “magufos”.
Por una vez (y esperamos que sirva de precedente) la verdad es que ni
ellos se lo creyeron, con algunas excepciones como la de aquellas
personas que las enviaron a las listas de distribución sobre temas
esotéricos acompañándolas de calificativos como sorprendentes,
extraordinarias... Tanta credulidad resulta, en efecto, sorprendente y
extraordinaria aún en el caso de este colectivo.

No lo es, por el contrario, el que haya gente dispuesta a arrimar el
ascua a su sardina, aprovechando el tirón informativo de la catástrofe.
Auténticos buitres (con perdón de estos nobles animales carroñeros) que
se han dedicado a afirmar cosas tales como que la nube de polvo formó la
cara del demonio, que se vieron OVNIs sobre las Torres Gemelas ese mismo
día o toda una letanía de los habituales presagios sobre el próximo
Apocalipsis. Nada nuevo, ya Jesús estaba convencido de ello hace casi
2.000 años.

Tampoco han faltado los nostradamólogos que han escrutado las Cuartetas
de éste en busca de una auténtica que paliara el “patinazo” antes
relatado. Como no podía por menos de ser, la han encontrado. Algo
bastante fácil como demostró nuestro compañero Julio Negueruela cuando,
con ironía no disimulada, localizó los versos que profetizaban la
séptima copa de Europa ganada por el Real Madrid, la trayectoria
profesional de Julio Salinas o la salida del futbolista Ronaldo del
Barcelona [“Nostradamus, ¿historiador o cronista deportivo?” El
Escéptico nº 5 (verano de 1.999) pag. 38]

En este caso, la elegida ha sido la Cuarteta 97 de la VI Centuria.

Cinq & quarante degrez ciel bruslera
Feu approcher de la grand cité neuue
Instant grand flamme esparse sautera
Quand on voudra des Normans faire preuue.

Cinco y cuarenta grados el cielo arderá
Fuego acercándose a la gran ciudad nueva
Al instante gran llama esparcida saltará
Cuando se quiera hacer prueba de los Normandos.

Pese a que lo de cuarenta y cinco grados no se corresponde con la
latitud de Nueva York y a que la referencia a los Normandos descalifica
“per se” este intento de identificación, a estos agoreros les basta y
sobra la referencia al fuego y a la ciudad nueva para dar pábulo a los
profetas del pasado (ninguno de ellos fue capaz de verlo hasta después
de que acontecieran los luctuosos hechos). Pero ¿por qué la ciudad nueva
tiene que ser N. Y. y no Vilanova i la Geltrú, por ejemplo? De hecho,
este mismo apelativo de la “ciudad nueva” aparece en otras ocasiones y
con características tales que difícilmente pueden referirse a la
localidad de los Estados Unidos. Por ejemplo la Cuarteta 49 de la X
Centuria dice:

Iardin du monde aupres de cité neuue,
Dans le chemin des montaignes cauees:
Sera saisi & plongé dans la Cuue,
Beuuant par force eaux soulphre enuenimees.

Jardín del mundo al lado de ciudad nueva,
En el camino de montañas cavadas:
Será tomado y arrojado a la cuba.
Forzado a beber aguas sulfurosas envenenadas.

¿Camino de las montañas cavadas al lado de Nueva York? ¿Dónde?

Por desgracia, la próxima vez que suceda una tragedia que nos conmueva,
no faltará quien busque (y encuentre) su presagio en la obra de
Nostradamus, sin darse cuenta de que con su actitud irracional está
contribuyendo a que siga existiendo ese fanatismo cuyos amargos frutos
tenemos ante la vista.

POST SCRIPTUM

Con posterioridad a la redacción del artículo anterior, se han difundido
algunos hechos que no queremos dejar en el olvido. El texto de la
Cuarteta debería decir:

"En la ciudad de Dios habrá un gran trueno
Dos hermanos serán separados por el Caos
Mientras la fortaleza resiste,
el gran líder sucumbirá.”

Traducción al castellano del original inglés:

“In the City of God there will be a great thunder,
Two brothers torn apart by Chaos,
while the fortress endures,
the great leader will succumb.”

Esta Cuarteta fue escrita en la década de 1.990 no por Nostradamus
(obviamente) sino por el estudiante canadiense Neil Marshall. Con ella
pretendió demostrar que cualquier supuesta profecía con una gran dosis
de vaguedad y con elementos que pueden ser interpretados en clave
simbólica, termina por “cuadrar” con algún acontecimiento histórico,
algo que ha conseguido con creces.

Ahora que ya disponemos del original es fácil ver como ha ido siendo
sucesivamente manipulado. En un primer momento se le añade otro verso
que aumente la “claridad” de la “profecía” y que, además, incremente el
tono apocalíptico que tanto éxito ha tenido en el campo de la
predicción:

"In the City of God there will be a great thunder,
Two brothers torn apart by Chaos,
while the fortress endures,
the great leader will succumb,
The third big war will begin when the big city is burning."

Este “La tercera gran guerra comienza cuando la gran ciudad arda”
planteaba un problema, convertía la Cuarteta en una estrofa de cinco
versos que no fue usada nunca por Nostradamus. Para solventarlo se
recurre a varias argucias:

Se concentran tres versos en dos:

“While the fortress endures, the great leader will succumb,
The third big war will begin when the big city is burning.”

Se convierte la estrofa de cinco versos en una Sextilla, métrica que fue
empleada por un anónimo seguidor de Nostradamus de finales del S XVI
atribuyéndosela (falsamente) al mismo Nostredame. Ni que decir tiene que
estos versos tampoco figuran en ninguna edición de las obras del
francés, ni siquiera en las que incluyen las apócrifas Sextillas. Con
ello se solucionaban los problemas de la métrica que causaba la solución
anterior (los dos últimos versos son mucho más largos que los
anteriores).

Se toman elementos de la Cuarteta inicial y de su apostilla para formar
dos Cuartetas distintas agregando fragmentos extraídos de Cuartetas
originales del astrólogo francés:

“In the year of the new century and nine months,
From the sky will come a great King of Terror.
The sky will burn at forty-five degrees.
Fire approaches the great new city.

In the city of york there will be a great collapse,
Two twin brothers torn apart by chaos
while the fortress falls; the great leader will succumb;
third big war will begin when the big city is burning.”

La primera consta de un primer verso inventado pero que sitúa con
precisión el momento de los acontecimientos en el noveno mes del año del
nuevo siglo. El segundo es el segundo de la famosa (y fallida) Cuarteta
72 de la X Centuria que dice textualmente:

“L´an mil neuf cens nonante neuf sept mois,
Du ciel viendra vn grand Roy d´effrayeur:
Resusciter le grand Roy d´Angolmois
Auant apres Mars regner par bon-heur.”

“El año 1.999 siete meses
Del cielo vendrá un gran Rey de terror:
Resucitar el gran Rey de Angolmois
Antes después Marte reinar por dicha.”

El tercer y el cuarto verso corresponden al primero y segundo de la
Cuarteta 97 de la VI Centuria cuyo texto original y traducción ya hemos
citado anteriormente. Por supuesto, se eliminan en ambos casos las
referencias a las circunstancias que niegan que cualquiera de ambas
Cuartetas se refieran a esta tragedia (la fecha en 72-X y la referencia
a los Normandos en 97-VI).

La segunda Cuarteta es la de Neil Marshall con la apostilla ya vista y
en la que, además, se introduce el calificativo twin (gemelos) aplicado
a los two brothers (dos hermanos) por si acaso la predicción no parecía
lo suficientemente precisa. A esta misma intención corresponden los
cambios en el primer verso en el que se ha sustituido “la ciudad de
 Dios” por la “ciudad de York” y “un gran trueno” por “un gran
hundimiento”.

A partir de este momento, la avalancha era ya imparable. A las distintas
versiones producidas por las diversas traducciones se van añadiendo
nuevos matices producto de los resultados de las primeras
investigaciones. Aparecen referencias a que esa guerra se hará en el
nombre de Dios, a pájaros de metal...

Pese a que la trayectoria seguida por esta falsificación haya sido muy
fácil de seguir y sin necesidad de levantarse del sillón, nuevos medios
de comunicación se han sumado al despropósito. Los últimos de los que
hemos tenido noticias han sido el diario Sur de Málaga que se hizo eco
de esta invención en un artículo en el que, además, pregonaba las
supuestas excelencias de Nostradamus como profeta; y la cadena de
televisión privada Tele-5 que el pasado 14 de septiembre emitió una
entrevista con el Sr. Juan Carlos Arlandis, parapsicólogo y supuesto
experto en Nostradamus. En su transcurso el Sr. Arlandis pretendió estar
leyendo en un libro de las Profecías de Nostradamus... ¡el texto de la
Cuarteta inventada por Neil Marshall! Unamos a ello el que la voz en off
decía barbaridades tales como que Nostradamus predijo la caída de la MIR
en el año 2.000 (en realidad fue el modisto Paco Rabanne el que
interpretó así una profecía relativa al año 1.999 que no 2.000)
asegurando que era un acontecimiento que aún no se había cumplido (y
difícil será que lo haga nunca habida cuenta de que los restos de la MIR
ya se sumergieron en el océano Pacífico sin causar desgracias de ningún
tipo) para darnos cuenta de la nula labor investigadora que precedió a
ese espacio.

Claro que quizás sea demasiado pedir a los medios de comunicación que
mantengan una actitud más racional que la sociedad de la que forman
parte. Sorprendentemente estos días se han difundido noticias de
distintos representantes de librerías (virtuales o no) en el que
afirmaban que habían agotado las existencias de ediciones de las
Profecías de Nostradamus. Suponemos la cara de frustración que se les
quedará a los compradores cuando comprueben por sí mismos que tales
Cuartetas no aparecen por ninguna parte. Tal vez la próxima vez sea más
difícil que un bulo de este tipo se difunda.

Para más información:
Texto íntegro de las Profecías de Nostradamus:
http://cercle.nostra.online.fr/corpus.htm (versión original) /
http://nostradamusweb.hypermart.net (traducción al castellano)
Frías, Fernando L. “Quién roba a un ladrón”, publicado en
elRINCONdelMAGUFO http://www.magufos.f2s.com/articulos.php?articulo=196
Artículo de Alabuena, publicado también en elRINCONdelMAGUFO
http://www.magufos.f2s.com/articulos.php?articulo=190
Otro de Manuel Caro, también del mismo e imprescindible RINCÓN
http://www.magufos.f2s.com/articulos.php?articulo=189
Mikkelson, Barbara. “False Prophecy”:
http://www.snopes2.com/inboxer/hoaxes/predict.htm
Rabelais, François “Pantagrueline Pronostication”. Las únicas profecías
certeras, verdaderas e infalibles para cualquier año
http://un2sg4.unige.ch/athena/rabelais/rab_prog.html

                           ------------------

INTERNET: BAUTISMO DE FUEGO ANTE EL ATAQUE TERRORISTA EN ESTADOS UNIDOS
Por: Félix Ares de Blas

Muchas personas que no podían comunicarse por teléfono fijo o móvil,
debido a que las líneas estaban ocupadas, lograron hacerlo usando el
correo electrónico o la mensajería instantánea de Internet.

Internet fue diseñado para resistir un ataque y siempre se ha alabado su
capacidad para sortear las rutas dañadas. En el ataque terrorista de
ayer demostró que también servía para otra cosa, tal vez para una para
la que no fue pensada.

Es posible que las líneas no estén dañadas, pero puede ocurrir que estén
saturadas. Eso es lo que ocurrió tras el ataque a las Torres Gemelas.
Muchas personas tratando de contactar con sus familiares provocaron su
saturación y que siempre dieran comunicando, haciendo que rara vez se
estableciese la comunicación. Lamentablemente, tanto en la telefonía
clásica como en la móvil el mero hecho de realizar la llamada, aunque no
se obtenga resultado puede bloquear las líneas. Se puede recibir el tono
de comunicando simplemente porque mucha gente está tratando de
comunicar.
Por suerte, con los protocolos de Internet eso no pasa. Si hay gran
congestión, los mensajes van más lentos, se pueden retrasar incluso
horas, pero VAN. Esa es la clave. Mediante e-mail muchas personas
pudieron enterarse del estado de salud de sus familiares.

Además, hubo páginas web como las de Prodigy Communications Corp. y la
University of California at Berkeley  que ayudaron a saber cómo estaban
las personas. En esas páginas los visitantes podían poner su nombre y
decir que estaban OK. Los familiares podían buscar en esas páginas a sus
allegados.

Se me había olvidado mandaros la lista donde podéis ver si vuestros
familiares están bien, o poner que lo estáis http://okay.prodigy.net/

                           ------------------

LOS INVESTIGADORES DE LO OCULTO
Por: Gilberto Marquina Reyes (Sacha)

Los misterios, así como las aventuras, los paisajes inexplorados, los
caminos no hollados y las maravillas por descubrir, ejercen en todos
nosotros una mayor o menor atracción. Cuando leo "El Señor de los
Anillos", o un buen libro de ciencia ficción, o juego a algún módulo de
rol, o me echo
una partida al Baldur's Gate, siempre está presente ese afán de
aventurero, de descubridor de lo oculto.

En un mundo cada vez mejor conocido, en toda la extensión del término,
en el que ya no caben las aventuras por los mares del sur, la búsqueda
de las fuentes del Nilo o de las minas del rey Salomón, donde ya no
aparece la isla de TirNaNog ni suena la espada de Cuchulainn, ya
extintas las dríadas y los fremen, ese ansia de misión sagrada de
caballero andante reaparece en múltiples y modernos caminos ocultistas y
mistéricos, desde la investigación ovni hasta las conexiones secretas de
las pirámides, en los que cada magufo, en menor o mayor medida, busca su
propio santo grial.

A pesar de que lógicamente las diferencias geográficas, culturales o
temperamentales decantan a cada uno hacia distintas direcciones, es ese
sentimiento común lo que conlleva que muchas de esas creencias magufas
vayan juntas.

El punto de equilibrio, el que nos separa de la otra orilla y nos obliga
a reconocer la falsedad de todas estas creencias y misterios no es
únicamente el hecho incontrovertible de su incapacidad de demostración
ante el método científico, única vía realista de que disponemos para
encontrar la verdad esa que está ahí fuera. Los lamentables intentos en
este sentido están abocados al fracaso; el investigador de lo oculto,
efectivamente, no puede alumbrar su propio objeto de deseo, oculto por
definición. Estas personas no dejarán de creer porque la ciencia
demuestre lo absurdo de su creencia.

La verdadera razón interna, que nos hace limitar las fantasías a lo que
son, es el recapacitar sobre la creciente libertad y bienestar de
nuestra sociedad, el comprender que en la Edad Media la edad media era
de unos 20 años, que mover vasos después de muerto no es vida, que los
numenoreános son unos racistas, que los mágicos y feéricos celtas eran
más felices con las carreteras y plazas que les construyeron los
invasores romanos y que, al fin y al cabo, ir a la oficina 8 horas al
día no es tan malo, incluso en el Mundodisco.

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Instituto Peruano de Filosofía Aplicada / AERPFA

LA ACTITUD CIENTIFICA CONTRA LA ANTICIENCIA Y LA PSEUDOCIENCIA
Por: Paul Kurtz
Traducción el español por: M. A. Paz y Miño

I

Ha habido un conflicto que ha prevalecido por largo tiempo en la
historia de la cultura entre la ciencia y la religión, la razón y la
pasión. Los teólogos han argüido incesantemente que hay «límites» para
la investigación científica y ésta no puede penetrar «el reino
trascendental»; los poetas han despreciado la lógica deductiva y el
método experimental, los cuales sostienen quitan a las experiencias de
sus cualidades sensitivas. La controversia actual entre las dos culturas
de la ciencia y las humanidades es por eso familiar.

A pesar de la crítica clásica, la empresa científica ha tenido un
significativo progreso en las pasados tres siglos, resolviendo problemas
que estaban supuestamente más allá del alcance de su metodología; y la
revolución científica que empezó primero en las ciencias naturales, se
ha extendido a las ciencias biológicas, sociales y conductuales, con
enormes beneficios para con el logro de la educación universal la visión
científica eventualmente triunfará y emancipará la humanidad de la
superstición. Se pensó que el progreso era correlativo con el
crecimiento de la ciencia.

La confianza en la ciencia, sin embargo ha sido malamente estremecida en
los últimos años. Aún las sociedades supuestamente avanzadas están
inundadas por los cultos de la sin razón y otras formas de insensatez. A
principios de este siglo fuimos testigos del surgimiento de cultos
ideológicos fanáticos tales como el nazismo y el stalinismo.
Actualmente, las sociedades democráticas occidentales están siendo
barridas por otras formas de irracionalismo, con frecuencia marcadamente
anticientíficas y pseudocientíficas en carácter. Hay varias
manifestaciones de esta nuevo asalto a la razón.

Una buena ilustración de esta tendencia es el aumento de la astrología,
pero sólo la punta del iceberg. Porque si uno hace encuestas sobre el
estado actual de las creencias, uno encuentra que gran número de gente
está lista aparentemente para creer en una amplia variedad de cosas,
aunque atroces, sin pruebas suficientes. Aún un catálogo al azar de
algunos de los cultos y gurúes bizarros ilustran el punto: la
consciencia de Krishna, el Maharaj Ji, Aikido, el Maharishi Mahesh Yogi
y formas diversas de la meditación trascendental, la Iglesia de la
Unificación, el Proceso, los Gurjievianos, el Zen, Arica, los Hijos de
Dios y el I-Ching. Desde el punto de vista del escéptico y el humanista
científico, estos cultos no son más irracionales que los grupos
religiosos ortodoxos. ¿Por qué son las prédicas del más último de los
gurúes, más insensatas que una deidad muerta y resucitada, la visita del
ángel Gabriel a Mahoma, José Smith y su viaje occidental, Mary Baker
Eddy y la Ciencia Cristiana, la Teosofía, los Rosacruces, o la
canonización de santos por supuestos milagros? Las religiones
tradicionales violentan la credulidad tanto o más que las más nuevas y
exóticas religiones importadas del Asia, pero los primeros han estado
rondando más tiempo y son considerados parte del sistema social
establecido. Lo que es aparente es la tenaz  resistencia de las
creencias irracionales a través de la historia hasta el presente día -y
a pesar de la revolución científica-.

Tomemos el fenómeno de las «nuevas brujas», como Marcello Truzzi las ha
llamado, y el reavivamiento del interés en el exorcismo. Sólo unos pocos
años atrás habría sido raro haber encontrado algún estudiante
universitario que creyera en las brujas. Aún hoy, la creencia en una
multitud de brujas y demonios, aún el diablo, ha llegado a estar de moda
en algunos círculos. Esta es la era de los monstruos, en la que
Frankestein, Drácula, los hombres-lobo llegaron a ser reales para mentes
impresionables. La novela y la película El Exorcista estimularon la
creencia en el exorcismo; y alguna gente fue incapaz de distinguir la
verdad de la ficción. Por eso somos confrontados por una plétora de
mitos florecientes, cultivados por una industria editorial y medios de
comunicación que buscan el lucro.

Todo esto es sintomático del rechazo actual de la razón y la
objetividad. Mientras hace una década hubo un consenso general que al
menos existían algunas reglas de evidencia, hoy día la gran existencia
de criterios objetivos para juzgar afirmaciones verdaderas es seriamente
cuestionados. Uno escucha una y otra vez que «una creencia es tan buena
como la siguiente» y que hay una clase de «verdad subjetiva» inmune a la
crítica o evidencia racionales. Uno aún encuentra proponentes de formas
de subjetividad entre los filósofos de la ciencia, los cuales sostienen
que las condiciones históricas o los factores psicológicos son bastante
responsables de las revoluciones en el pensamiento científico.

La reacción contra las normas rigurosas asumió otra forma en la década
de 1960 en el asalto de la Nueva Izquierda y la contracultura al
intelecto. El crecimiento actual de los cultos de la sinrazón es tal vez
solamente una consecuencia de ese fenómeno. Dijimos entonces que
necesitábamos romper la laxitud de las demandas de la lógica y la
evidencia, y «expandir nuestra conciencia» por medio de drogas y otros
métodos. Theodore Roszak sostuvo tal posición en sus libros muy leídos
La construcción de la Contra-cultura (En inglés Making of a
Counter-Culture. New York: Doubleday, 1969) y El Animal no terminado: La
frontera de Acuario y la Evolución de la Conciencia (The Aquarium
Frontier and the Evolution of Consciousness. New York: Harper & Row,
1975).
La contra-cultura insistió que la objetividad era imposible tanto a
causa de prejuicios de clase o profesionales o porque estábamos
encerrados en las categorías de nuestra visión científica del mundo. Uno
no escuchaba mucha crítica del marxismo [cuando estaba de moda] pero uno
escucha que la visión científica existente está confinándose. Y así hay
un intento de evadirse por medio de nuevas formas de la experiencia, de
las cuales los cultos son sólo una parte: Mantras, meditación,
bioenergética, yoga, jardinería orgánica, fotografía kirliana, y la
percepción extrasensorial.

Esto existe junto a otra disposición que está evidentemente
incrementándose hoy: una aversión a la cultura tecnológica misma. La
ciencia y la tecnología son con frecuencia culpadas indiscriminadamente
de la situación mundial actual. Oímos por todas partes acerca de los
peligros de la tecnología, la destrucción de la ecología natural, la
polución, la depredación de los recursos, los malos usos de la energía,
la amenaza de las plantas de poder nuclear, etc. Muchos de estos
intereses son legítimos, sin embargo, la postura crítica no es
simplemente contra la tecnología sino contra la ciencia y investigación
científica. Hay aquellos de la derecha fundamentalista quienes todavía
se oponen vehementemente, sobre bases éticas o religiosas, a la
enseñanza de la teoría de la evolución, los cursos comparativos de
estudios sociales, y la educación sexual. Pero además, el científico es
visto  con frecuencia por algunos de la izquierda como una clase de
demonio -si se ocupa de la experimentación humana o la modificación de
la conducta, o si participa en la investigación genética o desea probar
bases genéticas del C.I. [Cociente intelectual]. Y hay quienes de manera
creciente opinan y consideran a los médicos y los psiquiatras como sumos
sacerdotes malvados u hombres vudú.

Estamos confrontados hoy día con una forma de rectitud moral y
anti-intelectualismo -con frecuencia bordeando la histeria- que enjuicia
la ciencia como deshumanizante, brutalizadora, destructiva de la
libertad y el valor humanos. Esta actitud es paradójica, porque parece
ocurrir más virulentamente en las sociedades afluentes, donde han sido
logrados los más grandes avances de la investigación científica y la
tecnología.

¿Deberíamos asumir que la revolución científica, que empieza en el siglo
XVI, es continua? ¿O será oprimida por las fuerzas de la sinrazón? Sin
embargo, el cuadro que estoy pintando no debe ser sobreestimado. Junto a
los críticos de la ciencia están sus defensores. Y vastos recursos son
invertidos en educación, investigaciones, organizaciones y publicaciones
científicas. La ciencia todavía es bastante considerada por mucha gente.

Ciertamente, el hecho que la ciencia es esencial para nuestra
civilización tecnológica está muy bien reconocido por algunos de los
críticos de la ciencia -que me lleva incluso a otra dimensión del
crecimiento de la irracionalidad: la proliferación de la pseudociencia-.
Aquellos que no son tentados por lo oculto siempre pueden encontrar
naves de los dioses, ovnis, triángulos de las Bermudas o continentes
perdidos para seducirlos. Los nuevos profetas buscan tener sus teorías
especulativas encubiertas por el manto de la legitimación científica;
incluyen a Von Däniken y aquellos asociados con la dienética, la
cientología, y los recientes esfuerzos en desarrollar una «astrología
científica».

El crecimiento de la pseudociencia puede ser visto en muchas otras
áreas. Hay, por ejemplo, un esfuerzo en explorar el así llamado reino
parapsicológico. Los fenómenos psíquicos, que fueron cuidadosamente
estudiados en el siglo XIX por la Sociedad para la Investigación
Psíquica en Inglaterra y la parapsicología, que fue investigada por
muchos años por J. B. Rhine en la Universidad de Duke, han llegado a
estar de moda. Uri Geller ha sido examinado por «expertos científicos» y
se le ha encontrado que posee sorprendentes «poderes psíquicos», pero su
proezas pueden ser duplicadas fácilmente por magos tales como James
Randi usando trucos de magia tradicionales. Estudiantes y profesores
igualmente anuncian nuevas investigaciones de la clarividencia,
precognición, la telepatía, ensueños, las experiencias incorpóreas, la
reencarnación, la comunicación con espíritus de los muertos, la curación
psíquica, los poltergeists, y las auras. Algunos entusiastas sostienen
haber descubierto «las grietas del reino de lo transcendental» y nuevas
dimensiones de la realidad. El enemigo es siempre el «conductista», el
«experimentalista», o el «mecanicista», quienes supuestamente se cierran
a tales investigaciones. Estamos, algunos sostienen, en un estadío
revolucionario de la historia de la ciencia, la cual ha visto el
surgimiento de nuevos paradigmas explicativos. Los críticos insisten que
nuestras usuales categorías científicas y métodos son demasiados
estrechos y limitantes.

No estoy negando la constante necesidad de examinar la evidencia y
mantener una mente abierta. Ciertamente, insistiría en que los
científicos quieran investigar las afirmaciones de nuevos fenómenos. La
ciencia no puede ser censuradora e intolerante, ni apartarse de los
nuevos descubrimientos al hacer juicios que antecedan la investigación.
Formas extremas de cientismo pueden ser tan dogmáticas como el
subjetivismo. Sin embargo, hay una diferencia entre el uso cuidadoso de
métodos de investigación por un lado, y la tendencia a generalizaciones
apresuradas basadas en la evidencia insuficiente por el otro.
Lamentablemente, también hay con demasiada frecuencia una tendencia de
los crédulos en confiar en los datos más insuficientes y elaborar vastas
conjeturas, o insistir que sus especulaciones han sido confirmadas
concluyentemente, cuando no lo han sido.

II

Cuestiones serias pueden ser levantadas acerca de la escena actual. ¿Es
mayor el nivel de irracionalidad o menor el nivel de irracionalidad en
tiempos anteriores, o el nivel de lo insensato ha permanecido
medianamente constante en la actitud humana y sólo asumió diferentes
formas? ¿Por qué persiste la irracionalidad, aún en las sociedades
adelantadas?

Sin duda muchas hipótesis sociológicas y culturales pueden explicar el
crecimiento de las creencias irracionales. En años recientes los medios
de comunicación han aumentado en influencia. La imagen del científico es
frecuentemente esbozada por los periodistas, novelistas y dramaturgos,
no siempre por los mismos científicos y lo que la ciencia es o hace ha
sido a veces mal elaborado y se le ha dado un mal nombre. O nuevamente,
se estima que la mitad de todo el apoyo del mundo para la investigación
científica es para el desarrollo armamentista, y la mayoría del resto es
para propósitos industriales y pragmáticos. La investigación científica
con frecuencia también ha sido controlada por intereses privados para su
ganancia o por los gobiernos para la adoctrinación y el control. El
investigador científico libre y creativo con frecuencia tiene que
depender de la estructura de poder para su apoyo financiero; y lo que
sucede a los frutos de su labor está más allá de su labor.

Estas explicaciones son válidas sin duda. Pero también hay, a mi juicio,
profundos factores psicológicos en acción; y hay mucha confusión acerca
del significado de la misma ciencia. La persistencia de la
irracionalidad en la cultura moderna revela algo acerca de la naturaleza
peculiar de la especie humana. Hay una tendencia en el animal humano
hacia la credulidad -esto es, una facilidad psicológica a aceptar
creencias no probadas, a ser crédulo en el asentimiento. Esta tendencia
parece estar profundamente engranada en la conducta humana que pocos
están sin ella en alguna medida. Estamos tentados a tragar tanto la
verdad evangélica que otros nos ofrecen. No estoy hablando simplemente
de estupidez e ignorancia sino de ingenuidad acrítica acerca de algunas
materias.

Indudablemente hay individuos que se especializan en engañar a otros;
proveen dioses falsos y servicios vacíos, pero sin duda hay también
creyentes sinceros que se engañan así mismos que quieren creer en ideas
sin la evidencia adecuada, y que buscan convertir a otros a sus
concepciones equívocas. Lo que está en acción aquí no es el fraude
conciente sino el autoengaño. La cosa curiosa es que, algunas veces si
un psicótico se repite a sí mismo con la suficiente frecuencia, al
tiempo otros llegan a creer y seguirlo. Además, si una falsedad es
suficientemente exagerada, alguna gente está más apta para creerla.
Además, el herético siempre se arriesga a ser quemado en la estaca,
especialmente después que la nueva mitología llega a ser
institucionalizada como la doctrina oficial.

Hay, pienso, todavía otra tendencia en la conducta humana que estimula
la credulidad: la fascinación por el misterio y el drama. La vida para
muchas personas es inútil y aburrida. Derrotados por la anomia y la
tiranía de lo trivial, pueden buscar escapar de este mundo usando las
drogas y el alcohol, embotando o suprimiendo sus conciencias.
Abandonarse a la nada es su propósito.

Otro método de diversión es la búsqueda por placeres hedonistas y las
emociones fuertes. Aun otro es el uso de la imaginación. Las artes
literarias y dramáticas proporcionan libertad a la imaginación creativa,
como lo hace la religión. Es difícil para algunos individuos distinguir
la verdad de la falsedad, la ficción y la realidad. Los cultos de la
sinrazón y lo paranormal atraen y fascinan. Capacitan a cualquiera a
bordear los límites de lo desconocido. Para las personas ordinarias, hay
el mundo cotidiano -y la posibilidad de escapar a otro. Y así buscan
otro lugar -otro universo y otra realidad-.

Por eso hay una búsqueda que es fundamental a nuestro ser: la conquista
por el significado. La mente humana tiene un genuino deseo de sondear
las profundidades de lo inefable, de encontrar un significado más
profundo y la verdad, de alcanzar otro reino de existencia. La vida no
tiene sentido para muchos, especialmente para los pobres, los enfermos,
los desamparados, y aquellos que han fracasado o tienen poca esperanza.
La imaginación ofrece salvación a las aflicciones y las tribulaciones
que se encuentran en esta vida. Por eso, creer en la reencarnación o la
supervivencia personal, aún si no es probada ofrece solaz a los
individuos que encaran la tragedia, la muerte y la existencia del mal.
Por razones ideológicas, el medio de la salvación es la visión utópica
de la sociedad perfecta en el futuro. El alma se lamenta por algo mucho
más allá, más profundo, más duradero y más perfecto que nuestro mundo
pasajero de la experiencia.

De acuerdo con esto, la persistencia de la fe puede ser explicada en
parte por características dentro de nuestra naturaleza: la credulidad,
la seducción por el misterio, la búsqueda del sentido. La gente tomará
la menor pizca de evidencia y construirá un sistema mitológico.
Pervertirán su lógica y abandonaran sus sentidos, todo por la Tierra
Prometida. Algunos gustosamente cambiarán su libertad con los sistemas
más autoritarios, para lograr comodidad y seguridad. Los cultos de la
sinrazón prometen solaz; buscan investir al individuo solitario, quien
con frecuencia se siente extraño y sólo, de un papel importante en el
universo.

III

¿Qué puede decir la ciencia acerca de aquellas necesidades humanas?
¿Hemos abandonado tal vez los dominios de la ciencia completamente y
mudado al de la filosofía? La ciencia debería tener algo que decir,
porque lo que esta en juego es la naturaleza de la ciencia misma.

Hay muchos significados para la palabra «ciencia». Algunos que hablan
acerca de la ciencia se refieren a las especialidades en un campo
específico, tales como la endocrinología, la microbiología o la
econometría. Otros que hablan acerca de la ciencia tienen en mente las
aplicaciones tecnológicas y experimentales de las teorías científicas a
problemas concretos. Sin embargo, estas opiniones de la ciencia son
excesivamente estrechas; porque es posible para una sociedad lograr
progreso masivo en ciertos campos tecnológicos estrechos, sin embargo,
perder el punto total de la empresa científica. Las sociedades
totalitarias en nuestro tiempo invirtieron bastas sumas de dinero en
investigación técnica y lograron un alto nivel de competencia científica
en ciertos campos, pero la visión científica no prevaleció en ellos. No
es suficiente el nuevo entrenamiento de la gente para que sean
especialistas científicos. Una cultura puede estar llena de técnicos
científicos, sin embargo, seguir siendo dominada por lo irracional.
Debemos distinguir la ciencia como una empresa técnica estrecha de la
actitud científica. Pienso que aquí no hemos establecido un propósito
importante. Desafortunadamente, tener credenciales científicas en un
campo no significa que una persona incorporará una actitud científica a
unas partes de su vida.

La mejor terapia para la credulidad y la imaginación desenfrenada es el
desarrollo de la actitud científica, como se aplica no solamente al
campo especializado de uno de la experiencia sino también a cuestiones
más amplias de la vida misma. Pero hemos fracasado en nuestra sociedad
en desarrollar y expandir la actitud científica. Es evidente que uno
puede ser un especialista científico pero un bárbaro cultural, un
experto tecnólogo en un campo particular pero ignorante fuera de él.
Si vamos a responder el crecimiento de la irracionalidad, necesitamos
desarrollar un aprecio por la actitud científica como parte de la
cultura. Debemos aclarar que el principal principio metodológico de la
ciencia es el que no se justifica al sostener una afirmación verdadera a
menos que uno pueda apoyarla por medio de la evidencia o la razón. No es
suficiente estar convencido interiormente de la verdad de las creencias
de uno. Deben, en algún punto, ser verificables objetivamente por
investigadores imparciales. Una creencia que está garantizada no lo está
porque sea «verdadera subjetivamente», como pensaba Kierkegaard; si es
verdadera lo es porque ha sido confirmada por una comunidad de
investigadores. Creer válidamente que algo es verdadero es relacionar
las creencias de uno a la justificación racional; es hacer una
afirmación acerca del mundo, independientemente de los deseos de uno.

Aunque, los criterios específicos para probar una creencia dependen del
sujeto en consideración, hay ciertos criterios generales. Necesitamos
examinar la evidencia. Aquí me estoy refiriendo a la observación de
datos que son reproducibles por observadores independientes y que pueden
ser examinados experimentalmente en casos de prueba. Esto es llamado
familiarmente el criterio empirista o experimentalista. Una creencia es
verdadera si, y sólo sí, ha sido confirmada, directa o indirectamente,
por referencia evidencia observable. Una creencia también es validada al
ofrecerse razones que la apoyen. Aquí hay consideraciones lógicas que
son relevantes. Una creencia es invalidada si contradice otras creencias
muy bien fundamentadas dentro de una estructura. Además evaluamos
nuestras creencias en parte por sus consecuencias observadas en la
práctica por su efecto en la conducta. Este es el criterio utilitario o
pragmático: la utilidad de una creencia es juzgada por referencia a su
función y su valor. Sin embargo, uno no puede sostener que una creencia
es verdadera simplemente porque tiene utilidad; la evidencia
independiente y las consideraciones racionales son esenciales. No
obstante, la referencia a los resultados de una creencia,
particularmente a las de una creencia normativa, es importante.

Esos criterios generales son, por supuesto, familiares en la lógica y la
filosofía de la ciencia. Estoy hablando del método hipotético-deductivo
de probar las hipótesis. Pero este método no deberá ser construido
estrechamente, porque el método científico emplea el sentido común; no
es ningún arte esotérico disponible sólo a los iniciados. La ciencia
emplea los mismos métodos de inteligencia crítica que el hombre
ordinario usa al formular creencias acerca de su mundo físico; y es el
método que tiene que usar, en alguna medida, si va a vivir y funcionar,
hacer planes y elecciones. Desviarse del pensamiento objetivo es estar
fuera de contacto con la realidad cognitiva; y no podemos evitar usarlo
si vamos a manejar los problemas concretos que encontramos en el mundo.

La paradoja es que mucha gente quiere abandonar su inteligencia práctica
cuando ingresan a los campos de la religión o la ética o arrojan la
cautela al viento cuando flirtean con los así llamados asuntos
trascendentales.

En cualquier caso hay una necesidad de desarrollar una actitud
científica general para todas o la mayor parte de las áreas de la vida,
usar, tanto como sea posible, nuestra inteligencia crítica para evaluar
las creencias, e insistir que estén basadas en fundamentos evidentes. El
colorario principal de esto es el criterio que donde no tengamos la
suficiente evidencia, deberíamos suspender el juicio. Nuestras creencias
deberán ser consideradas hipótesis tentativas basadas en grados de
probabilidad. No deberán ser consideradas absolutos o finales. Deberemos
estar comprometidos con el principio de falibilismo, que considera que
nuestras creencias pueden ser erróneas. Deberemos estar deseando
revisarlas, si necesitan serlo a la luz de nueva evidencia y nuevas
teorías.

La actitud científica por eso no prejuzga sobre fundamentos a priori el
examen de las afirmaciones acerca de lo trascendental. Está comprometida
con la investigación libre y abierta. No puede rehusar comprometerse en
la investigación, por ejemplo de los fenómenos paranormales. Pero no
sostiene el derecho a preguntar que tal investigación pueda ser
responsable y cuidadosamente conducida, que la evidencia no sea deshecha
por la conjetura, ni las conclusiones basadas en la voluntad de creer.

IV

La pregunta básica es: ¿Cómo podemos cultivar la actitud científica? La
institución más vital de la sociedad para desarrollar una apreciación
por la actitud científica es la escuela. No es suficiente, sin embargo,
para las instituciones educativas informar simplemente a la gente joven
de los hechos o diseminar un cuerpo de conocimiento. La educación de tal
clase puede ser nada más que aprendizaje rutinario o adoctrinación. Más
bien, un propósito principal de la educación deberá ser desarrollar
dentro de los individuos el uso de la inteligencia crítica y el
escepticismo. No es suficiente hacer que los estudiantes memoricen una
materia, amasen hechos, pasen exámenes o aún dominen una especialidad o
profesión o sean entrenados como ciudadanos. Si hacemos eso y nada más,
no hemos educado completamente; la teoría central es cultivar la
habilidad de verificar experiencias, evaluar las hipótesis, evaluar los
argumentos -en resumen- desarrollar una actitud de objetividad e
imparcialidad. La tremenda explosión informativa de hoy nos ha
bombardeado compiten con afirmaciones verdaderas. Es vital que los
individuos desarrollen algún entendimiento de los criterios efectivos
para juzgar estas afirmaciones. No me refiero solamente a nuestra
habilidad de examinar afirmaciones de conocimiento acerca del mundo sino
también de nuestra habilidad para desarrollar algunas características al
apreciar juicios de valor y principios éticos. La meta de la educación
deberá ser desarrollar personas reflexivas -escépticas aunque receptivas
a nuevas ideas, siempre deseando examinar nuevas desviaciones del
pensamiento, aunque insistiendo que sean probadas antes de ser
aceptadas.

La educación no se realiza cuando transmitimos una materia o disciplina
finita a los estudiantes: sólo cuando estimulamos un proceso activo de
búsqueda. Esta meta es apreciada actualmente en algunas instituciones
educativas que intentan cultivar la inteligencia reflexiva. Pero la
educación no está completa a menos que podamos extender nuestro interés
a otras instituciones educativas de la sociedad. Si vamos a cultivar el
nivel de la inteligencia crítica y promover la actitud científica, es
importante que nos interesemos con los medios de comunicación masiva. Un
problema especialmente serio con los medios electrónicos es que emplean
las imágenes visuales más que los símbolos escritos, diseminan
impresiones inmediatas en vez de análisis sustentados. ¿Cómo podemos
estimular la crítica reflexiva en el público dando este tipo de
información?
No tengo una solución fácil que ofrecer. Lo que deseo sugerir es que no
debemos asumir, simplemente porque la nuestra es una sociedad
científico-tecnológica avanzada, que el pensamiento irracional será
derrotado. La evidencia sugiere que eso está lejos de ser el caso.
Ciertamente, siempre está el peligro que la ciencia misma pueda ser
absorbida por las fuerzas de la sinrazón.
Si vamos a manejar el problema, lo que necesitamos, por lo menos, es ser
claros acerca de la naturaleza de la empresa científica misma y
reconocer que presupone una actitud básica acerca de los criterios
evidentes. A menos que podamos impartir a través de las instituciones
educativas de la sociedad algún sentido del acercamiento escéptico a la
vida -como terapéutico y correctivo- entonces me temo que estaremos
constantemente confrontados por nuevas formas de  «saber-nadismo».
Si vamos a progresar al vencer la irracionalidad, sin embargo, debemos
ir más lejos todavía. Tal vez debemos tratar de satisfacer la necesidad
por el misterio y el drama y el anhelo por el significado. El desarrollo
de la educación y la ciencia en el mundo moderno es una maravilla que
sostener, y deberíamos hacer cualquier cosa para fomentar su desarrollo.
Pero hemos aprendido que un incremento en la suma del conocimiento por
sí mismo no necesariamente derriba la superstición, el dogma, y la culpa
bilidad, porque estos son nutridos por otras fuentes en la psique
humana.
Un punto con frecuencia descuidado en satisfacer nuestra fascinación con
el misterio y el drama es el posible papel de la imaginación en las
ciencias. La ciencia puede solamente proceder por ser abierta a las
exploraciones creativas del pensamiento. Los completos rompimientos en
la ciencia son pasmosos, y continuarán tanto como escudriñemos más allá
del micromundo de la materia y la vida y en el universo en general. La
era espacial es el principio de una nueva era para la humanidad, tanto
como dejemos nuestro sistema solar y exploremos el universo para buscar
vida extraterrestre. Necesitamos diseminar una apreciación por la
aventura de la empresa científica. Desafortunadamente, para algunos, la
ciencia-ficción  es el sustituto de la ciencia. La religión del futuro
puede ser una religión de la era espacial en la que los nuevos profetas
no son los científicos sino los escritores de ciencia-ficción.

La ciencia tiene por eso un foco doble: la objetividad y la creatividad.
Las artes son esenciales en mantener vivas las cualidades dramáticas de
la experiencia; poesía, música, y la literatura expresan nuestra
naturaleza apasionada. El hombre no vive por la razón solamente; y la
ciencia es con frecuencia vista por sus críticos como fría y racional.
La gente anhela algo más. Nuestros impulsos estéticos y nuestro deleite
por la belleza necesitan ser cultivados. Las artes son la expresión más
profunda de nuestros intereses espirituales, pero necesitamos hacer una
distinción entre el arte y la verdad.

En cualquier caso, necesitamos satisfacer la búsqueda por el sentido.
Es este anhelo por el significado etéreo que, pienso, lleva a la
desorientación psicótica encontrada en los cultos de la sinrazón.
«Sígueme», dicen los cultos de la irracionalidad.  «Yo soy la luz, la
verdad, y el  camino».  Y la gente está deseando abandonar todos los
patrones de juicio crítico en el proceso.
Deseo aclarar que hay la necesidad actualmente para desarrollar
instituciones normativas alternativas. Sugeriría que tal programa no
construiría sistemas con creencias que sean patentemente falsos o
irracionales o que violen la evidencia de las ciencias; sin embargo,
buscará dirigirse a otras dimensiones de la experiencia humana, y dará a
las artes, la filosofía y la ética papeles poderosos para ayudar a
satisfacer las necesidades humanas.

[Nota] *Paul Kurtz es Profesor emérito de filosofía, Universidad Estatal
de Nueva York. La presente traducción ha sido realizada por M. A. Paz y
Miño de  «The Scientific Attitude versus Antiscience and Pseudoscience»,
escrito basado en el discurso pronunciado en el congreso de fundación
del Comité para la investigación científica de las afirmaciones de lo
paranormal [CSICOP], publicado en inglés en The Humanist, julio-agosto
de 1976, aparecido luego en Kurtz, Paul: In Defense of Secular Humanism.
Buffalo: Prometheus Books, 1983).

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Suplemento Futuro de Página12 http://www.pagina12.com.ar/

EL CERO Y LA NADA
Por: Pablo Capanna

El mundo moderno parece estar basado sobre el cero: sin el cero, no
existiría la ciencia moderna ni la tecnología, ni existiría el
nihilismo, ni en Argentina un ministro podría embelesarse con el
“déficit cero”, entre otras minucias. En esta edición de Futuro, el
filósofo argentino Pablo Capanna se dedica a contar la historia del
número que “no es ninguna unidad”, y que orilla el concepto metafísico
de “nada”, desde su origen sumerio hasta su incidencia en la filosofía
del siglo XIX.

Con excepción de El origen de las especies, los libros que
revolucionaron la ciencia y la filosofía nunca fueron best sellers. En
cambio lo fueron los de Hubbard, Berlitz y Von Däniken, y también La
decadencia de Occidente, de Oswald Spengler. Publicado entre 1918 y
1922, tuvo más de diez ediciones sólo en español (la última en 1958) y
fue traducido nada menos que por García Morente. Luego, cayó en el
olvido. El libro exponía una especie de historia natural de la
civilización. Para Spengler, las culturas eran como vegetales, que
brotaban, florecían y se secaban según milenarios ciclos estacionales.

Cada cultura tenía un “alma” colectiva, que le permitía acceder a
nociones que no se les ocurría pensar a otras, incluyendo cosas tan
abstractas como los conceptos matemáticos. Por ejemplo, los griegos no
habían podido concebir el número cero porque su “sensualidad” no se lo
permitía. Solo el alma de la India había podido llegar a un concepto
metafísico como la nada (sunya) y el cero que la simbolizaba. El cero
era “la refinada creación de un maravilloso poder de abstracción, porque
aunque el alma india lo había concebido como la base de la numeración
posicional, era nada más ni nada menos que la clave del sentido de la
existencia”.

Una frase impresionante, sin duda. Aunque si de metafísica se trataba
Spengler hubiera estado mejor de haberle atribuido el cero a los
semitas, que precisamente pensaban la creación del mundo desde la nada.
Pero los indios pertenecían a la noble raza aria, y eran los años 20 en
Alemania.

Sin embargo, la idea tenía su atractivo, y varias generaciones de
estudiantes de filosofía creímos en ella. Lamentablemente, no era
cierta. Por lo que hoy sabemos, el cero nació entre los sumerios,
simplemente para resolver dificultades de cálculo. Luego se apropiaron
de él los griegos de Alejandro Magno, de paso por Babilonia. Los griegos
lo llevaron a la India. De allí lo tomaron los árabes, que se lo
transmitieron a los mercaderes italianos, y éstos lo difundieron en toda
Europa.

Pero su origen no fue filosófico; nació de necesidades prácticas, aunque
luego no dejaría de cargarse de filosofía. Así lo cuenta Robert Kaplan
en el libro The Nothing that Is, publicado por Oxford en 1999. Un libro
que a algunos les resultará más apasionante que cualquier best seller.

Cuestión de lugar

La importancia del cero, como sabemos hasta los ignorantes en
matemática, está unida al valor posicional de los números: con muy pocos
signos se puede representar prácticamente cualquier cifra. Desde que
existe el cero no es necesario dibujar un signo distinto para las
centenas, los millares o los millones, y desde que existe la notación
exponencial (las famosas potencias de diez) ni siquiera hay que escribir
los ceros. Obviamente, antes del cero no había números negativos; ni
siquiera decimales.

Descubrirlo costó bastante esfuerzo, pero como la mente humana funciona
de manera similar en todas partes, fueron varias las culturas que se
asomaron al cero incluso de manera independiente, como ocurrió con los
mayas.

La historia empieza en Sumer

Aparentemente, los primeros en descubrir el cero fueron los sumerios,
que tenían un sistema de numeración bastante embrollado, o mejor dicho
dos. Uno era decimal y el otro, sexagesimal: el mismo que seguimos
usando al dividir el día en 24 horas y la hora en 60 minutos.

Contaban desde 1 en forma decimal, pero al llegar al 60, cambiaban al
sistema sexagesimal, lo cual complicaba las cuentas. No hay que
sorprenderse demasiado, si pensamos que los ingleses hasta 1971 juntaban
12 peniques para hacer un chelín, y 20 peniques para hacer una libra.

El hecho es que en algún momento los sumerios comenzaron a dejar una
columna en blanco entre dos grupos de signos cuneiformes, con el valor
que hoy le damos al cero. Hasta inventaron un signo para representarlo,
pero todavía no lo hicieron redondo: lo dibujaron como dos cuñas.

Aquellos griegos

En tiempos de Homero, los griegos escribían decenas y centenas con las
iniciales de su nombre: una eta era hékate (100) una pi era 5 (pénta) y
una delta era 10 (déka).
Pero cometieron un error fatal al llegar al siglo de Pericles, cuando
comenzaron a usar las 24 letras del alfabeto, añadiéndoles algunos
signos ad hoc, para escribir los números. Así, 10 pasó a ser “i”, la
décima letra, y 11 se escribía “ia”, la décima más la primera.

Este sistema era bastante incómodo, ya que si bien para diferenciar los
números de las letras se les ponía una raya encima, había números que se
podían confundir con palabras. Por ejemplo, 318 se escribía “tíe”, que
significa “¿por qué?”. Era algo parecido a lo que nos ocurre con las
patentes alfanuméricas, que dan lugar a combinaciones como “ajj”, “sex”,
“fmi”, “dgi”, “opa” o “uff”, que no siempre le caen bien al dueño del
auto.

Para remediarlo, los pitagóricos empezaron a usar puntos, con los cuales
formaban figuras, de manera que había números triangulares (el 10),
cuadrados (el 9) y pentagonales (el 5). Pero es sabido que los
pitagóricos mezclaban geometría, aritmética y física, de manera que el
sistema no prosperó. De todos modos, algo parecido sobrevive en los
dados.

Mas dificultades

Cualquiera sabe de las dificultades que aparecen cuando se quiere hacer
una cuenta cualquiera con números romanos. En su origen, esos números
eran apenas dedos estilizados, combinados con algunas letras para las
cantidades más grandes.

Desde la época de los griegos, para calcular se usaban contadores como
los que todavía se ven en los jardines de infantes. Eran unas cajas
divididas en columnas donde se ponían piedritas, no en vano llamadas
“cálculos”, como los renales. Cada diez piedras había que pasar a la
columna siguiente, como en el ábaco.

El cero, con su forma redonda, apareció y desapareció una y otra vez en
distintos contextos. Puede que su origen fuera la letra “o”, como un
sello redondo grabado en la arcilla, o esa huella que quedaba tras una
sustracción en una caja de arena de esas que usaban para contar los
mercaderes orientales.

En Roma todavía no había cero ni un valor posicional, salvo que IV era 4
y VI era 6 según se escribiera el I de un lado o de otro. De manera que
1999 había que escribirlo MCM XC IX, como si fueran varias columnas.

Con el Imperio, los romanos hicieron grandes negocios y comenzaron a
manejar cifras millonarias, con lo cual tuvieron que inventar signos
para potenciar los que tenían y anotar números mayores.
Pero no todos los aceptaban. Cuando Livia le dejó cincuenta millones de
sextercios a Galba, su hijo (el emperador Tiberio) insistió que en lugar
de una D enmarcada (50.000.000) había que leer una D con una raya
encima(apenas 500.000). Argumentaba que “la cantidad estaba en signos,
no en letras”, y la cifra era ambigua. Quizás entonces haya nacido la
costumbre de escribir el importe de los cheques en números y letras,
aunque por entonces todavía no había cheques.

Las dificultades se hacían insuperables cuando se llegaba a números
realmente grandes, y Arquímedes fue uno de los que se tropezaron con
ellas. En su famoso Arenario se propuso calcular cuántos granos de arena
cabían en el universo. Como el número más grande que usaban los griegos
era la miríada (10.000) tuvo que inventar números de distintos órdenes,
es decir miríadas de miríadas de miríadas. Llegó hasta los números de
tercer orden, que para nosotros serían un 10 a la 24 .

En el Lalitavistara, una vida de Buda escrita siglos más tarde en la
India, el joven Gautama ganaba un certamen de inteligencia y sabiduría
al ponerle nombre al número más grande, el tallakchama, que era nada
menos que 10 a la 53.

De haber existido las potencias de diez (“¿por qué Arquímedes no se dio
cuenta?”, clamaba Gauss) lo de Arquímedes y Buda no hubiera llegado a
ser una hazaña.

Contrabando nulo

Cuando la expedición de Alejandro Magno conquistó Babilonia en el año
331 a C., los griegos aprendieron a usar el cero, que ya comienza a
aparecer en los papiros astronómicos con la figura de un círculo. No
sabemos si era la letra omicron o la inicial de oudén (nada), porque
también se lo usaba para señalar los grados de un ángulo. Todavía sigue
ahí.

En la comitiva de Alejandro no había sólo soldados. Había intelectuales
como Pirrón y más de un entendido en matemática y astronomía, que
hicieron conocer a los indios la obra de Herón, Pappus y Diofanto.
Con ellos, el cero viajó a la India y allí se quedó por varios siglos.
La prueba más antigua de su presencia es una tableta del año 876 donde
“270” aparece escrito “27º”.

En la selva Lacandona

Los mayas estaban poseídos por la manía de contar y obsesionados con el
tiempo. En su corta historia, que Spengler ni siquiera reconocía,
también descubrieron el cero. El hecho es que los mayas contaban no con
dos sistemas numéricos sino con seis o siete calendarios distintos.
Creían que el mundo había comenzado el 13 de agosto de 3114 a C. de
nuestro calendario. Una apreciación menos audaz que la del obispo
Ussher, quien estableció en pleno siglo XVII que el comienzo ocurrió el
22 de octubre del 4004 a.C. a las seis de la tarde.

El calendario cósmico de los mayas arrancaba de aquella fecha. Pero
también tenían un calendario civil con 360 días y 5 fechas “fantasmas” y
un tercer calendario con un año de 260 días. El cuarto era el ciclo
diabólico de los Señores de la Noche. Para otras cosas se usaba un
calendario lunar, otro con el ciclo sinódico de Venus y hasta uno de
Mercurio.
El problema venía con los cruces: cinco años del calendario de Venus
eran 8 del civil, y 405 lunaciones eran 46 años del calendario Tzolkin.
El peligro era que en cualquiera de esas intersecciones de calendarios
se podía acabar el tiempo, de manera que había que exorcizarlas.

Aquí es donde aparece el cero. Los Señores de la Noche eran acaudillados
por la Muerte, llamada Cero. Todos los años se organizaba una pelea a
muerte entre dos campeones, uno de los cuales hacía de Cero. El Cero
siempre tenía que perder. Si no lo hacía lo tiraban por una escalinata,
y el mundo seguía andando. En las cronologías, los números se
representaban de una manera bastante abstracta, como barras y puntos.
Pero el cero era una figura: una caracola, algo como una pelota de
rugby; un rostro preocupado que se acariciaba el mentón; un hombre
tatuado con la cabeza echada hacia atrás.
Pensándolo bien, uno entiende por qué la civilización maya se extinguió.

Mercaderes y banqueros

Después de prosperar en la India, el cero volvió a aparecer en Bagdad
junto con los numerales indios, allá por el año 773. Llevado por los
árabes, pasó a Damasco y a Córdoba, y de la España morisca al resto de
Europa.
El importador de los numerales, ahora llamados “arábigos”, fue Leonardo
de Pisa, un mercader también llamado “Fibonacci” o “filius Bonacci”, que
literalmente significa “hijo de un Buen Tipo”. Teniendo en cuenta la
cantidad de hijos de mala madre que andan por ahí no dejaba de ser un
nombre auspicioso para un benefactor de la humanidad.
No se sabe por qué, a Fibonacci se le ocurrió una serie numérica donde
cada dígito es igual a la suma de los dos anteriores: 1,2,3,5,8,13.
Después se descubrió que la serie estaba en todas partes, desde las
caracolas de los nautilos hasta las hojas y pétalos de la rosa. Es uno
de los grandes misterios matemáticos del universo.
En lo demás, Fibonacci fue un tanto desprolijo. Presentó por primera vez
los numerales arábigos, pero omitió el cero, y tituló su manual Libro
del Abaco, cuando precisamente de acabar con el ábaco se trataba. Pero
el cero llegaría pronto.

Ahí fue que entró en la historia el árabe Al Khwarizmi, quien en 825 nos
dio el álgebra: Al Gebar se llamaba su tratado. Su nombre se hizo
legendario, y aún perdura en nuestros “algoritmos”.
Pronto los números arábigos y los cálculos que con ellos se hacían
llegaron a ser conocidos como “algorismos”. Del cero indio (sunya)
salieron zefirum, zeviro y zero pero también sifr, cifra, figura
circularis, figura privationis, círculo: todas las variantes de “cero” y
“cifra”.
El Arte de Numerar, un libro inglés de 1300 aseguraba con toda seriedad
que este arte “llamado Algorym, fue creado por un rey de la India
llamado Algor”.

En realidad, el sistema arábigo estaba haciendo falta, porque esos eran
tiempos muy poco globalizados, y había serios problemas de cálculo. En
un libro de texto de 1489 todavía se encontraban problemas como éste:
“Un hombre quiere cambiar por libras vienesas treinta peniques de
Nuremberg. Como el cambista no conoce la equivalencia, consulta a la
Casa de Moneda, donde le informan que 7 de Viena son 9 de Linz, 8 de
Linz valen una libra de Passau y 12 de Passau son 13 de Vilshofen, y 15
de Vilshofen son 10 de Regensburg, y 8 de Regensburg son 18 Neumarkt y
cinco Neumarkt valen 4 peniques de Nuremberg. ¿Cuántos peniques vieneses
le tocarán?” ¡Esas eran escuelas que exigían, no como las de ahora!
Sin embargo, no todos aceptaron las cuentas “por algorismo”, que se
consideraban menos confiables que los viejos contadores. En 1299 el
gobierno de Florencia puso fuera de ley a los libros contables que
contenían “algorismos”, y en Padua se hizo obligatorio que los precios
de los libros estuvieran en letras, como garantía de lealtad comercial.

Para el siglo XV, la victoria de los números “arábigos” era total. En un
grabado de Gregor Reisch que ilustra la Margarita Philosophica de 1503,
aparece la musa Aritmética presenciando un certamen de cálculo entre
Boecio y Pitágoras: tienen que multiplicar 1421 x 2. Boecio, a quien
para entonces se atribuían los numerales, tiene una hoja llena de
cálculos, mientras Pitágoras se afana con un ábaco, sin poderlo
alcanzar. La musamira con dulzura a Boecio, quien ya terminó y sonríe
con displicencia observando las dificultades de su rival.
El resto, es historia. Después vinieron los números negativos, los
logaritmos, Descartes, Fermat, Newton, Euler, etc.

Sin el cero, no existiría la ciencia moderna ni la tecnología. Tampoco
hubiéramos tenido ni El Cero y el Infinito de Koestler ni El Ser y la
Nada de Sartre. No existiría el nihilismo, de que tanto hablan nuestros
filósofos para enmudecer cuando el nihilismo golpea su confortable
mundo.

El Pol Pot nunca le hubiera puesto Año Cero a 1975, sin saber que su era
no iba a durar mucho y que el “efecto 2000” era un fraude. Los japoneses
no nos hubieran enseñado a producir con “cero defectos” y “cero papeles”
, no habría guerras con “cero bajas”, ni “crecimiento cero”, ni
“tolerancia cero”.

En Argentina, no tendríamos “déficit cero” ni contaríamos con los
números negativos para medir el progreso del país. No tendríamos
decimales para indicar el porcentaje de inversiones en ciencia y
tecnología. Tampoco podríamos representar las permutaciones de nuestra
clase dirigente, que suelen terminar en una suma cero. Son todas cosas
que nos hacen sentir como un cero a la izquierda, casi como si en
competitividad global nos hubiéramos sacado un cero.

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El País http://www.elpais.es/

LA EXPLICACIÓN DEL MECANISMO UNIVERSAL DE LA DIVISIÓN CELULAR LOGRA EL
NOBEL DE MEDICINA
Por: Javier Sampedro - Madrid

Las investigaciones básicas de dos británicos y un estadounidense son
cruciales para el cáncer

Los científicos saben desde el siglo XIX que el cuerpo humano no es más
que un aglomerado de billones de células, y que todas ellas proceden de
una sola (el cigoto) por la incesante repetición de un proceso básico:
la división celular. Pero la comprensión profunda de ese proceso tuvo
que esperar a que el estadounidense Leland Hartwell y los británicos
Paul Nurse y Timothy Hunt se decidieran a utilizar seres modestos, como
la levadura y el erizo, para descubrir los genes universales que lo
rigen. Sus alteraciones son cruciales en el cáncer. Los tres científicos
compartieron ayer el Nobel de Medicina.

Las células se descubrieron en el siglo XVII, casi al mismo tiempo que
los microscopios. Pero no fue hasta 1839 cuando los biólogos alemanes
Theodore Schwann y Matthias Schleiden percibieron con claridad que la
célula era la 'partícula elemental de los organismos'; es decir, que
todas las partes de todos los seres vivos estaban hechas de células.
Muchas personas cultas siguen hoy día sorprendiéndose por este hecho.
Indudablemente, se trata de una realidad contraria a toda intuición.

¿De dónde venían todas esas células de las que estaba hecha la materia
viva en su totalidad? Tras numerosos balbuceos sobre su presunta
'formación libre' o 'generación espontánea', fue otro biólogo alemán,
Rudolph Virchow, quien formuló en 1885 la teoría correcta: 'Omnis
cellula e cellula' ('todas las células vienen de otras células por
división').

No es exagerado, por tanto, afirmar que la división celular es uno de
los problemas más centrales que cabe imaginar en biología. El lector no
es más que una masa de 100 billones de células, desde los glóbulos
blancos, que le protegen de las infecciones, hasta las neuronas, que le
permiten pensar. Todas ellas vienen por divisiones sucesivas de una sola
célula: el cigoto formado por fusión de un óvulo de su madre y un
espermatozoide de su padre (que también son dos células, por supuesto).

Hace más de treinta años, el estadounidense Leland Hartwell (nacido en
1939), del Fred Hutchinson Cancer Research Center, en Seattle, tuvo la
idea de estudiar la división celular desde un punto de vista genético;
es decir, de buscar los genes que regulan el proceso. Utilizó una
especie ideal para hacer genética: la levadura de la cerveza
(Saccharomyces cerevisiae), un organismo unicelular que se divide muy
rápidamente. Cualquier estudio biológico que pueda hacerse en esta
levadura toma fácilmente décadas de ventaja respecto a las
investigaciones centradas en mamíferos como el ratón, no hablemos ya de
seres humanos.

Experimentos elegantes

La estrategia fue un completo éxito y, en una serie de experimentos que
la Academia sueca define como 'elegantes' -el término suele denotar un
tipo de investigación en el que no hay que mancharse mucho las manos-,
Hartwell logró identificar más de cien genes implicados específicamente
en el control de la división celular. Los llamó genes CDC (siglas de
Ciclo de División Celular). Años después se vería que, pese a haber sido
descubiertos en la levadura, muchos de estos genes existen y hacen lo
mismo en todos los animales, incluido el ser humano.

El británico Paul Nurse (nacido en 1949), del Imperial Cancer Research
Fund, en Londres, siguió en los años setenta la estrategia de Hartwell y
descubrió, utilizando otra especie de levadura, que uno de los genes
hallados por el norteamericano (llamado a veces start, a veces cdc2, a
veces cdk1, pero que siempre es la misma cosa) desempeñaba una función
crucial en la más importante decisión que puede tomar una célula a lo
largo de su vida: dividirse o no. El gen start, o cdk1, fue el anzuelo
que permitió pescar media docena de proteínas reguladoras de la división
celular en los seres humanos, llamadas CDK. Conviene recordar que un gen
no es más que la información necesaria para construir una proteína, y
que las proteínas son las nanomáquinas que ejecutan las tareas en la
célula viva.

Salto al erizo

El también británico Tim Hunt (nacido en 1943), del mismo instituto
londinense, descubrió a principios de los años ochenta otra familia de
proteínas reguladoras de la división, las llamadas ciclinas. Su
estrategia fue distinta de las de Hartland, Nurse y sus levaduras. Hunt
descubrió las ciclinas en el erizo de mar. Si algo ha demostrado la
biología de los últimos 30 años es que no importa mucho qué especie
utilice un investigador para hacer sus experimentos iniciales: los
procesos fundamentales son extraordinariamente persistentes en todos los
organismos. Los humanos, por ejemplo, tenemos 10 ciclinas muy similares
a las del erizo de Hunt.

En las dos instituciones donde trabajan los tres galardonados aparece la
palabra 'cáncer'. Una de las razones por las que estos científicos
abordaron la cuestión de la división celular fue su intuición de que los
principios básicos que descubrieran, fueran los que fueran, tendrían
importancia para una enfermedad causada precisamente por la división
celular fuera de control. Actualmente hay varios ensayos clínicos
probando fármacos diseñados para bloquear las proteínas CDK, que
funcionan demasiado en muchos tumores. Y las ciclinas serán utilizadas
pronto en el diagnóstico de varios tipos de cáncer. 'Omnis cellula e
cellula', para bien o para mal.

"Creía que este premio era para gente brillante"

Paul Nurse y Tim Hunt improvisaron ayer una rueda de prensa en Londres,
y la pregunta, tratándose de un premio dotado con 10 millones de coronas
suecas a repartir entre tres (unos 62 millones de pesetas por barba),
fue inevitable: -¿Qué piensan hacer con el dinero? -Ya sé que es
consecuencia de la menopausia masculina -respondió Nurse sin dudar-,
pero le tengo echado el ojo a una motocicleta. Hunt, que tiene seis años
más que Nurse, fue más sombrío y prosaico: -Cancelaré mi hipoteca. En
Seattle, al otro lado del Atlántico, Leland Hartwell no estaba para
bromas. 'No es fácil hacer muchas celebraciones con lo que está pasando
en Afganistán', declaró a los periodistas, 'pero me siento muy
complacido. Yo creía que los Nobel eran para gente muy brillante, pero
la verdad es que mis contribuciones han sido muy simples'.

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Diario Médico http://www.diariomedico.com/

NOBEL DE MEDICINA 2000

El estadounidense Leland Hartwell y los británicos Paul Nurse y Timotohy
Hunt han sido galardonados hoy con el premio Nobel 2001 por sus
descubrimientos sobre los reguladores clave del ciclo celular, según ha
informado la Asamblea Nobel en el Instituto Karolinska, en Suecia.

Leland Hartwell, nacido en 1939, trabaja en el Fred Hutchinson Cancer
Research Center, en Seattle, Estados Unidos, y ha obtenido el Nobel por
su descubrimiento de un tipo específico de genes que controlan el ciclo
celular. Uno de estos genes, denominado ‘start’ tiene un papel central
en el control del primer paso de cada ciclo celular. Hartwell también es
conocido por acuñar el concepto de ‘checkpoint’ (punto seguro), una
valiosa herramienta para comprender el ciclo celular.

Paul Nurse, nacido en 1949, trabaja en el Imperial Cancer Research Fund,
de Londres, y ha identificado, clonado y caracterizado –utilizando
métodos genéticos y moleculares- la cinasa ciclinodependiente (CDK,
según sus siglas en inglés), uno de los reguladores clave del ciclo
celular. Nurse ha demostrado que la CDK se ha conservado prácticamente
sin cambios a lo largo de la evolución y orienta a la célula durante su
ciclo a través de cambios químicos de otras proteínas.

Timothy Hunt, nacido en 1943, trabaja también en el Imperial Cancer
Research Fund y ha obtenido el galardón internacional por su
descubrimiento de las ciclinas, que regulan la función de la CDK. Hunt
ha mostrado cómo las ciclinas se degradan periódicamente en cada
división celular, un mecanismo que ha resultado ser de gran importancia
para el control del ciclo celular.

Un billón de células por gramo de tejido

Las células que tienen sus cromosomas localizados en el núcleo y
separados del resto de la célula, denominadas células eukarióticas,
aparecieron en la tierra hace alrededor de dos billones de años. Los
organismos formados por este tipo de células pueden ser unicelulares,
como la levadura y las amebas, o multicelulares, como plantas y
animales. El organismo humano está formado por un gran número de
células, que tienen una media de un billón de células por gramo de
tejido. Cada núcleo celular contiene todo nuestro material genético
(ADN), localizado en 46 cromosomas que se agrupan en 23 pares.

Desde hace más de un centenar de años se conoce que las células se
multiplican por medio de la división. Sin embargo, sólo desde hace un
par de décadas se ha podido identificar los mecanismos moleculares que
regulan el ciclo celular y, por tanto, la mencionada división celular.
Estos mecanismos fundamentales se han conservado invariables a través de
la evolución y actúan de la misma forma en todos los organismos
eukarióticos.

Las fases del ciclo celular

El ciclo celular se compone de diferentes fases (según se observa en el
gráfico). En la primera fase (G1), la célula crece hasta alcanzar un
determinado tamaño, llegado al cual, comienza la siguiente etapa (S), en
la que tiene lugar la síntesis del ADN. La célula duplica su material
hereditario (replicación del ADN) y crea una copia de cada cromosoma.
Durante la siguiente fase (G2) la célula comprueba que la replicación
del ADN ha sido completada y se prepara para la división celular. Los
cromosomas se separan (mitosis, M) y la célula se divide en dos células
más pequeñas, o células hijas. A través de este mecanismo las células
hijas reciben idéntica información cromosómica. Tras la división, las
células vuelven a la fase G1, completando de esta forma el ciclo
celular.

La duración de este ciclo varía entre los diferentes tipos de células.
En la mayoría de las células mamíferas suele durar entre 10 y 30 horas.
Las células no siempre prosiguen el ciclo después de la primera fase
(G1), sino que en ocasiones pueden salirse de éste y entrar en un
estadio de descanso (G0).

Control del ciclo celular

En los organismos eukarióticos vivos es esencial que las diferentes
fases del ciclo celular estén coordinadas de manera exacta. Las etapas
deben desarrollarse en el orden correcto, completando del todo una fase
antes de iniciarse la que la sigue. Los errores en la coordinación
pueden provocar alteraciones cromosómicas, lo que significa que algunos
cromosomas o partes de estos pueden perderse, reconfigurarse o
distribuirse desigualmente entre las dos células hijas. Este tipo de
alteración cromosómica se produce a menudo en las células cancerígenas.

En el estudio de muchos campos de la Medicina y la Biología es
fundamental entender cómo el ciclo celular es controlado. Los tres
laureados con el premio Nobel de Medicina de este año han llevado a cabo
descubrimientos esenciales en el nivel molecular que aclaran cómo la
célula es conducida de una fase a otra durante el ciclo celular.

El motor y la caja de cambios del ciclo celular

Los tres galardonados han descubierto mecanismos moleculares que regulan
el ciclo celular. La cantidad de moléculas CDK es constante a lo largo
de todo el ciclo, pero su actividad puede variar debido a la función
reguladora de las ciclinas. El CDK y las ciclinas actúan juntos para
conducir a la célula de una fase a otra dentro del ciclo. Las moléculas
CDK podrían comparase con el motor y las ciclinas con la caja de cambios
encargada de controlar si el motor funciona correctamente y conduce a la
célula de una fase a otra.

Impacto de los hallazgos

La mayor parte de las área de investigación biomédica se benefician de
estos descubrimientos básicos, que pueden aplicarse en una amplia gama
de campos. Los descubrimientos son fundamentales para entender cómo la
inestabilidad cromosómica desarrolla las células cancerígenas, es decir
cómo determinadas partes de los cromosomas se reagrupan, desaparecen o
se reparten de forma desigual entre las células resultantes de la
división, o células hijas. Es probable que estas alteraciones
cromosómicas sean el resultado de un control defectuoso del ciclo
celular. Se ha demostrado que los genes para las moléculas CDK y las
ciclinas pueden funcionar como oncogenes. Las moléculas CDK y las
ciclinas también colaboran con los productos de los genes tumor
supresores durante el ciclo celular.

Los descubrimientos en el campo del ciclo celular están listos para ser
aplicados en el diagnóstico tumoral. Un aumento en los niveles de
moléculas CDK y ciclinas se halla normalmente en tumores humanos, como
los de mama o cerebrales. A largo plazo, estos hallazgos pueden también
abrir nuevas leyes para la terapia contra el cáncer. De momento ya hay
en marcha ensayos clínicos que utilizan inhibidores de las moléculas
CDK.

Leland Hartwell. 1939, Estados Unidos Fred Hutchinson Cancer Research
Center (Seattle)

Ha obtenido el Nobel por su descubrimiento de un tipo específico de
genes que controlan el ciclo celular. Uno de estos genes, denominado
‘start’ tiene un papel central en el control del primer paso de cada
ciclo celular. Hartwell también es conocido por acuñar el concepto de
‘checkpoint’, una valiosa herramienta para comprender el ciclo celular.

Genes de ciclo celular en la levadura

Ya a finales de los 60, Leland Hartwell reparó en la posibilidad de
estudiar el ciclo celular con métodos genéticos. Utilizó la
'Saccharymyces cerevisiae', la levadura del pan, como un sistema modelo
que resultó ser muy versátil para los estudios del ciclo celular. En una
serie de experimentos realizados entre 1970 y 1971, aisló células de la
levadura cuyos genes controladores del ciclo celular habían mutado. Así
identificó con éxito más de un centenar de genes implicados en el
control del ciclo celular, denominados genes CDC (genes ciclo de la
división celular). Uno de ellos, al que Hartwell denominó CDC28,
controla el primer paso en la transición de la fase G1 del ciclo y por
eso lo llamó 'start'.

Además, Hartwell estudió la sensibilidad de las células de la levadura
hacia la radiación. A partir de sus hallazgos introdujo el concepto de
'checkpoint' (punto seguro), que significa que el ciclo celular se
suspende cuando el ADN resulta dañado, con el fin de ganar tiempo para
que sea reparado antes de continuar con el ciclo natural. Más tarde,
Hartwell extendió el concepto de 'checkpoint' para incluir en él los
controles que garantizar el orden correcto entre las distintas fases del
ciclo.

Timothy Hunt. 1943, Reino Unido Imperial Cancer Research Fund (Londres)

Ha obtenido el galardón internacional por su descubrimiento de las
ciclinas, que regulan la función de la CDK. Hunt ha mostrado cómo las
ciclinas se degradan periódicamente en cada división celular, un
mecanismo que ha resultado ser de gran importancia para el control del
ciclo celular.

El descubrimiento de la primera ciclina

Tim Hunt descubrió la primera molécula de ciclina a comienzos de los
ochenta. Las ciclinas son proteínas formadas y degradadas en cada ciclo
celular. Se les denominó así porque los niveles de esta proteína varían
de modo periódico durante el ciclo celular. Las ciclinas se unen a las
moléculas CDK, regulando así su actividad y seleccionando las proteínas
que serán fosforiladas.

El descubrimiento de la ciclina, que se obtuvo utilizando una esponja
marina, la 'Arbacia', como modelo, fue resultado del descubrimiento de
Hunt de que esta proteína se degradaba periódicamente en el ciclo
celular. Hunt descubrió después ciclinas en otras especies y que
permanecían a lo largo de la evolución. Hoy se han encontrado ya diez
ciclinas diferentes en humanos

Paul Nurse. 1949, Reino Unido Imperial Cancer Research Fund (Londres)

Ha identificado, clonado y caracterizado la cinasa ciclinodependiente
(CDK, según sus siglas en inglés), uno de los reguladores clave del
ciclo celular. Nurse ha demostrado que la CDK se ha conservado
prácticamente sin cambios a lo largo de la evolución y orienta a la
célula durante su ciclo a través de cambios químicos de otras proteínas.

Un principio general

Paul Nurse profundizó en la táctica de Hartwell de utilizar métodos
genéticos en el estudio del ciclo celular. Empleó un tipo diferente de
levadur, la 'Schizzosaccharomyces pombe', como organismo modelo. Esta
levadura sólo se relaciona lejanamente con la del pan, pues su
separación evolutiva se remonta a hace más de mil millones de años.

A mediados de los 70, Nurse descubrió el gen cdc2 en la 'S. Pombe'.
Demostró que este gen desempeña una función clave en el control de la
división celular (en la transición de la G2 a la mitosis, M). Más tardé,
reparó en que el cdc2 tenía una función más general, idéntica a la del
gen 'start' identificado previamente por Hartwell en la levadura del
pan: controla la transición de G1 a S.

Así resultó que el cdc2 regula diferentes fases del ciclo celular. En
1987, Nurse aisló el gen correspondiente en los humanos, al que más
tarde se denominaría cinasa ciclinodependiente 1. Este gen codifica una
proteína miembro de la familia de las cinasas ciclinodependientes (CDK).
Nurse mostró que la activación de las CDK depende de la fosforilación
reversible, es decir, de que los grupos de fosfatos estén unidos o
separados de las proteínas. A partir de estos hallazgos ha sido posible
encontrar media docena de moléculas CDK en humanos.

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El País http://www.elpais.es/

SOMOS ERIZOS GRANDOTES
Por Pedro Ripio

Hartwell, Hunt, Nurse. Tres nombres ya clásicos (contemporáneos todos
ellos, no cabe duda de que nos vamos haciendo viejos...) de la Biología
Celular interesados, desde sus años de estudiantes graduados, en cómo se
las apañan las células para dividirse de una forma tan exacta que, como
resultado, den siempre dos células hijas que tengan exactamente la misma
información genética que ellas mismas.

Y el mecanismo es tan exacto que, al menos en la mosca del vinagre (el
organismo modelo con el que yo trabajo), la frecuencia de errores en la
distribución del material genético es cero.
Los tres premiados tienen en común el combinar técnicas bioquímicas,
genéticas y de biología molecular para estudiar el problema que les
interesa. Hunt, bioquímico, ha conseguido el premio por sus estudios en
embriones de erizo de mar. Hartwell y Nurse, genetistas, por sus
estudios en levaduras. ¿Qué tienen que ver los erizos de mar,
interesantes únicamente por las obvias propiedades gastronómicas de sus
gónadas, y las levaduras, prioritariamente interesantes para vinateros y
panaderos, con un premio Nobel de Medicina?

La respuesta es simple: desde que hace muchos millones de años las
fuerzas evolutivas consiguieron inventar, al mismo tiempo que
aparecieron las células en nuestro planeta, un procedimiento seguro para
reproducirse. El sistema se ha ido complicando y reafinando, pero sin
grandes cambios. Nos guste o no, los humanos somos unas levaduras o unos
erizos grandotes. Seguramente más listos (no desde el punto de vista
evolutivo), pero con los mismos genes esenciales.

La única diferencia es que tenemos más copias, más o menos modificadas,
de los mismos genes que las levaduras. En el fondo, como ocurre también
con los genes necesarios para el desarrollo embrionario, el complejo
fenómeno de la división celular sigue las mismas reglas que se
inventaron hace miles de millones de años, y la llegada de aparentemente
nuevos tipos de división celular a lo largo de la evolución no hace sino
complicar un sistema primitivo básico. Uno de los mejores experimentos
de Paul Nurse, por el que no ha recibido el Nobel aunque indudablemente
lo habría merecido, es la demostración de que genes humanos introducidos
en levaduras mutantes pueden salvar a éstas de su defecto.

Además de ser un científico fuera de serie, Paul Nurse es un hombre
encantador. Es un típico exponente de una generación, a la que también
pertenecen Tim Hunt y Leland Hartwell, donde los conocimientos
científicos se compartían mucho antes de ser publicables. Una generación
que ha visto cómo se ha pasado de la comunicación abierta de los datos
preliminares a la comunicación cuasi secreta de los datos a publicar.
Una generación que ha visto pasar de la camaradería científica a la
piratería y el cuchillo en la espalda: mi generación. Aunque el ambiente
científico haya degenerado para todos, Tim, Paul y Leland: chapeau!

[Nota] *Pedro Ripoll es investigador del Centro de Biología Molecular
Severo Ochoa.

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El Correo http://www.elcorreodigital.com/

GANAN EL NOBEL POR CREAR UN ESTADO DE LA MATERIA QUE NO EXISTE EN LA
NATURALEZA
Por: Luis Alfonso Gámez - Bilbao

Sus «revolucionarias aplicaciones» en litografía, nanotecnología y
holografía están «a la vuelta de la esquina», según la Real Academia
Sueca de Ciencias Fue predicho teóricamente por Satyendra Bose y Albert
Einstein hace 77 años

Albert Einstein auguró en 1924, a partir de cálculos teóricos del físico
indio Satyendra Bose, que el enfriamiento a bajísimas temperaturas de
los átomos de un gas podría llevarles a moverse muy lentamente,
aproximarse entre sí y dar lugar a un nuevo estado de la materia. El
proceso era similar a la formación de gotas de un líquido en un gas, de
ahí que su resultado se bautizara como ‘condensación de Bose-Einstein’.
Casi ocho décadas después, tres científicos, dos estadounidenses y un
alemán, han sido premiados con el Nobel de Física por haber creado en el
laboratorio ese nuevo estado de la materia, cuyas «revolucionarias
aplicaciones están a la vuelta de la esquina», según la Real Academia
Sueca de Ciencias.

El logro se remonta a hace seis años, cuando, trabajando en dos equipos
independientes, los galardonados hicieron realidad lo vaticinado por
Bose y Einstein. El 5 de junio de 1995, en su laboratorio de la
Universidad de Colorado, Carl Wieman y Eric Cornell enfriaron átomos de
rubidio hasta milmillonésimas de grado sobre el cero absoluto (-273,15°
C). A esa temperatura, 2.000 átomos se condensaron en un ‘superátomo’
que se comportaba como una sola ‘entidad’. Cuatro meses después, en el
Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), el físico alemán
Wolfgang Ketterle obtuvo similares resultados con sodio.

Un frío ‘antinatural’

«Los átomos de un gas se mueven a temperatura ambiente a unos 1.600
kilómetros por hora y lo hacen más lentamente según desciende la
temperatura», explicaba en 1995 Eric Cornell. Él y Wieman consiguieron
temperaturas tan bajas que frenaron los átomos de rubidio hasta tal
punto que eran «demasiado lentos como para medir su velocidad». «Es un
nuevo estado de la materia», indicó entonces Wieman, quien añadió que
algo parecido «jamas ha podido existir en la naturaleza en ningún lugar
del universo. La muestra que tenemos en nuestro laboratorio es el único
trozo de esa materia en el universo, a menos que haya otra en un
laboratorio de otro sistema solar». No era una fanfarronada.

Las temperaturas logradas por Wieman y Cornell -y posteriormente por
Ketterle- eran mucho menores que las existentes incluso en las más
inhóspitas regiones del espacio interestelar, donde, a pesar de ser muy
baja, la temperatura no llega a esos extremos debido a que la radiación
de fondo -el rescoldo del Big Bang- ‘templa’ el vacío.

La Real Academia Sueca de Ciencias destaca que lo creado por los
galardonados «puede ser considerado como un primitivo ‘rayo láser’ que
usa materia en vez de luz». Prácticamente lo que dijo en su momento
Michael Anderson, uno de los colaboradores de Wieman y Cornell, para
quien la condensación de Bose-Einstein «es a la materia ordinaria lo que
la luz láser a la de una bombilla». Las aplicaciones que pueden
derivarse de este «nuevo ‘control’ de la materia» serán , según el
jurado del premio Nobel, «revolucionarias» en campos como la
nanotecnología -construcción de micromáquinas-, la litografía -mayor
miniaturización de circuitos electrónicos- y la holografía.

Aunque en la actualidad más de veinte grupos trabajan en la condensación
Bose-Einstein en todo el mundo, la Academia Sueca considera que los
laureados «han seguido manteniendo el liderazgo» en este campo y «han
presentado muchos nuevos resultados interesantes» durante los últimos
seis años.

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El País http://www.elpais.es/

WOLFGANG KETTERLE, INVESTIGADOR DEL MIT PREMIADO: 'LOS ÁTOMOS ESTÁN
CONGELADOS Y SON COHERENTES'
Por: Mónica Salomone – Madrid

Wolfang Ketterle, uno de los tres premiados con el Nobel de Física 2001,
explicó sus investigaciones a EL PAÍS durante una visita que hizo a la
Universidad Autónoma de Madrid en septiembre de 1999. Éste es un
extracto de sus respuestas.

Pregunta.- ¿Qué es un Condensado Bose-Einstein?
Respuesta.- Los átomos, como todas las partículas, son también ondas.
Están moviéndose continuamente, y cuanto más lento se mueven su longitud
de onda es mayor . Cuando se enfría un gas, la longitud de onda de sus
átomos se alarga más y más, hasta el punto de que las ondas empiezan a
superponerse. En ese momento se produce el condensado de Bose-Einstein:
la materia está en un nuevo estado en el que todos los átomos oscilan de
forma coordinada, formando una única onda.
P.- ¿Cuánto hay que enfriar los átomos?
R.- A milmillonésimas de grado por encima del cero absoluto, -273 grados
centígrados. Son las temperaturas más bajas jamás alcanzadas.
P.- ¿Por qué hay un cero absoluto de temperatura?
R.- La temperatura es sólo una forma de medir la cantidad de energía de
un sistema. Si sacas toda la energía de un sistema llegas al cero de
temperatura, aunque eso es inalcanzable. Las dificultades técnicas nos
impiden llegar al cero absoluto.
P.- ¿Cómo se consiguen temperaturas tan bajas?
R.- Hemos tenido que desarrollar métodos específicos de enfriamiento, y
de hecho ése ha sido uno de los principales desafíos de este campo. Se
parte de átomos a temperatura ambiente y se enfrían con láseres y
técnicas de evaporación. También necesitas una forma de confinar ese
gas, que debe estar aislado en cámaras de vacío... Para obtenerlo
desarrollamos más tecnología nueva de la que nadie imaginó.
P.- ¿Qué pasa en la materia cuando se enfría tanto?
R.- Hay dos propiedades nuevas. Una es que los átomos están congelados,
todo lo quieto que permiten las leyes de la mecánica cuántica. Eso hace
que la interacción entre ellos sea muy débil, y se ve por ejemplo cómo
les afecta la gravedad: se caen como si fueran una roca, algo que no
solemos ver a escala atómica. Pero siguen siendo un gas, y eso es lo que
los hace tan fascinantes. Se comportan como sólidos, pero no lo son. La
segunda propiedad es que los átomos son coherentes, forman una única
onda, igual que la luz en los láseres.
P.- ¿Tiene aplicaciones el condensado de Bose-Einstein?
R.- El principal beneficio es indirecto: si entendemos este nuevo estado
de la materia entenderemos mejor cómo funciona toda la materia. Más en
concreto... bueno, los átomos ultrafríos podrían servir para mediciones
muy precisas. En el fondo esto va de manipular átomos, y ahora tenemos
un control sin precedentes sobre el movimiento y la posición de los
átomos. Es como los láseres: los átomos en el condensado de
Bose-Einstein son a los normales lo mismo que el láser a la luz
ordinaria. Y mira las múltiples aplicaciones de los láseres hoy.

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EL NOBEL PREMIA LOS NUEVOS MÉTODOS PARA OBTENER FÁRMACOS MÁS SEGUROS

La aplicación de los hallazgos de William Knowles, Ryogi Noyori y Barry
Sharpless hubiera permitido evitar un desastre como el de la talidomida
El control de la quiralidad es común en la industria farmacéutica y
alimenticia


Muchas moléculas pueden presentarse de dos formas, cada una de las
cuales es como el reflejo en un espejo de la otra. Es lo que se conoce
como quiralidad y no hace falta descender al mundo microscópico para
comprobar su existencia. Basta con mirarnos las manos: las diferencias
en la posición de los dedos -los átomos, en la molécula- hacen que la
derecha parezca la imagen especular de la izquierda, o a la inversa. Las
moléculas no biológicas aparecen en la naturaleza con la misma
frecuencia orientadas hacia la izquierda (levógiras) que hacia la
derecha (dextrógiras).

A la hora de fabricar medicamentos, la orientación de la molécula puede
«marcar la diferencia entre la vida y la muerte», destacaba ayer la Real
Academia Sueca de Ciencias al otorgar el Nobel de Química al japonés
Ryoji Noyori y a los estadounidenses William Knowles y Barry Sharpless,
por haber descubierto los métodos necesarios para obtener en el
laboratorio siempre la molécula con la orientación deseada. Y es que sus
hallazgos en el control de la quiralidad, puestos en práctica desde hace
años, hubieran podido evitar en su día el desastre de la talidomida.

A finales de los años 50 y principios de los 60, más de 10.000 bebés
nacieron con graves malformaciones en diversos países debido a que sus
madres habían tomado talidomida para tratar las náuseas y los vómitos
matutinos. La de la talidomida es una molécula quiral en la que una de
las orientaciones quita las náuseas; pero la otra provoca malformaciones
fetales. Y el problema fue que en el medicamento comercializado se daba
una mezcla de ambas variantes al 50%, algo que ahora puede evitarse
gracias a los ayer galardonados.

Knowles y Noyori -mediante hidrogenización- y Sharpless -mediante
oxidación- consiguieron hace dos décadas desarrollar catalizadores que
hacen posible la producción de millones de copias de una molécula, pero
sólo con la orientación deseada. La Fundación Nobel considera que los
galardonados «han abierto un campo de investigación completamente nuevo»
cuyos resultados han permitido ya a la industria farmacéutica
«sintetizar nuevos antibióticos, antiinflamatorios y cardiotónicos».
Además, destaca cómo los trabajos de Knowles se tradujeron rápidamente
en el desarrollo del L-Dopa, un fármaco para el tratamiento del
Parkinson.

Las investigaciones de Noyori, Knowles y Sharpless han servido, por otra
parte, para que la industria de la alimentación haya creado nuevos
edulcorantes que el cuerpo no puede metabolizar y que, por lo tanto, no
engordan.

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Diario Médico http://www.diariomedico.com/

LOS CATALIZADORES PARA REACCIONES QUIRALES LOGRAN EL NOBEL DE QUÍMICA

Ayer, la Academia de Estocolmo concedió el premio Nobel de Química a
William S. Knowles, Barry Sharpless y Ryoji Noyori por sus hallazgos
sobre catalizadores en reacciones de productos quirales, cuyas bases
datan de la década de 1960. Las investigaciones han permitido el
desarrollo de la levodopa y conocer el motivo por el cual la talidomida
provocó importantes efectos teratógenos en las gestantes de hace 40
años.

La Real Academia de Ciencias de Suecia concedió ayer el premio Nobel de
Química 2001 a los americanos William S. Knowles y K. Barry Sharpless,
junto con el japonés Ryoji Noyori, por sus trabajos sobre reacciones de
oxidación catalizadas por quiralidad.

Un gran número de moléculas existen bajo dos formas ópticas diferentes,
como sucede con nuestras manos, fenómeno que se conoce como quiralidad.
Los investigadores han comprobado que en la naturaleza una de las formas
es más frecuente que la otra. En las células humanas, una de las formas
ópticas inversa es similar a un guante en oposición a la otra que
incluso puede revelarse nociva.

Los productos farmacéuticos están, a menudo, compuestos por molecular
quirales y la diferenciación de las dos formas puede resultar crucial,
como demostró la catástrofe provocada por la talidomida en la década de
1960. Uno de los enantiómeros de este fármaco evitaba las náuseas de la
gestación, pero el otro podía ser teratógeno. Otro ejemplo es el de la
limonina, una sustancia para dar olor, cuyos dos enantiómeros son
difíciles de diferenciar a simple vista, pero al olerlos, nuestro olfato
percibe una forma con olor a limón y la otra a naranja. Por tanto, es
muy importante poder producir las dos formas quirales por separado.

Los laureados con el premio Nobel de Química han desarrollado moléculas
capaces de catalizar importantes reacciones que sólo produzcan una de
las dos formas ópticas inversas. La molécula del catalizador, que
también es quiral, es capaz de acelerar la reacción sin alterarse. Dicha
molécula puede producir millones de moléculas de la forma óptica inversa
deseada.

Proceso industrial

William S. Knowles, que trabajó en la compañía Monsanto, en Saint Louis,
Missouri, hasta su jubilación, descubrió en 1968 que era posible
utilizar los metales de transición para obtener catalizadores quirales
destinados a desencadenar reacciones de hidrogenación, favoreciendo de
esta forma la producción de una de las formas ópticas inversas.

Sus investigaciones fueron rápidamente aplicadas al proceso industrial
para el desarrollo de la levodopa, un fármaco para tratar la enfermedad
de Parkinson, y que había sido descubierto por A. Carlsson, hallazgo que
le valió el premio Nobel en 1967. Probando enantiómeros de fosfina de
varias estructuras, el equipo de Knowles obtuvo un catalizador que
generaba un exceso enantiomérico, la levodopa.

Ryoji Noyori, profesor de la Universidad de Nagoya, en Japón, continuó
con los trabajos iniciados por el estadounidense Knowles, los cuales han
permitido concebir catalizadores de hidrogenación quiralianos similares
a los que conocemos actualmente.

Por su parte, K. Barry Sharpless, profesor de Química en el Instituto de
Investigación Scripps, de La Jolla, en California, ha recibido el
galardón por el desarrollo de catalizadores quiralianos utilizados en
otro importante tipo de reacciones, las de oxidación.

Nueva vía

Estos tres científicos han creado un nuevo dominio de investigación
abriendo así la vía a la síntesis de moléculas y de materias que
presentan nuevas propiedades. Actualmente, los resultados de sus
investigaciones fundamentales se aprovechan en un amplio abanico de
síntesis industriales de productos farmacológicos, como antibióticos,
antiinflamatorios y cardiotónicos.

Los protagonistas

K. Barry Sharpless nació en Filadelfia hace 60 años. En 1968 se licenció
en Stanford y desde 1990 trabaja como profesor de química en el
Instituto de Investigación Scripps, en La Jolla, California. Ha recibido
la mitad del galardón. La otra, la comparten William S. Knowles y Ryoji
Noyori. Knowles tiene 84 años, ha trabajado en Monsanto y desde 1986
está jubilado. El japonés Ryoji Noyiri obtuvo su título en la
Universidad de Kioto y su trayectoria profesional ha transcurrido en la
Universidad de Nagoya.

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EL MAR, LA NUEVA BOTICA
Por: Javier Armentia

El pasado viernes 10 de agosto, la compañía Zeltia experimentaba una
subida en bolsa de sus acciones de un 11%, debido a la favorable acogida
que había tenido el reciente acuerdo con una multinacional para la
distribución de un fármaco anticanceroso, el ET-743, desarrollado por
una filial de Zeltia creada en España, Pharmamar, y que se comenzará a
comercializar posiblemente el año que viene. No es raro: un medicamento
contra el cáncer supone perspectivas de importantes ingresos para una
compañía farmacéutica. La importancia del ET-743 radica en que es unas
cien veces más potente que el taxol, uno de los anticancerígenos más
utilizados. Pero además es muy especial, porque proviene del mar.

La Ecteinascidia turbinata es un animal del filum Tunicados (a veces
llamados Urocordados, pues tienen cuerda dorsal, lo que los acerca a los
vertebrados), un pequeño animal de unos pocos centímetros de longitud,
que vive en colonias y se protege por una envoltura transparente similar
a una túnica. Vive en mares templados o cálidos, como el Mediterráneo o
el Caribe. Esta especie, como se comprobó a finales de los años 80,
produce una serie de sustancias bioactivas que comenzaron a ser
estudiadas por su potencial anticanceroso, capaces de inhibir la
reproducción celular. Una de esas sustancias es precisamente la ET-743,
registrada por Pharmamar en el 96, y cuyos prometedores resultados en el
tratamiento de algunos tipos de sarcoma levantan ahora las expectativas
comerciales. Es un verdadero triunfo para el equipo del Dr. Fernández
Sousa-Faro, presidente y fundador de esta empresa que ha apostado por el
mar como fuente de nuevos fármacos. No es la única iniciativa de este
tipo, y cabe pensar que en futuro serán más, visto lo que está
sucediendo con estas sustancias marinas. Lo cierto es que las grandes
empresas farmacéuticas consideraban inviable proyectos de investigación
marina a gran escala: por un lado, el mar sigue siendo el gran
desconocido, con lo que las fases previas de investigación pueden ser
realmente costosas o con plazos excesivamente largos; por otro, la
extracción de las potenciales especies de interés se hace normalmente
como una recolección manual por parte de buceadores profesionales que no
disponen ni de mucho tiempo en el fondo ni de grandes capacidades de
acarreo.

A pesar de estos inconvenientes, que se irán solventando en el futuro
conforme la investigación en biología oceánica avance y por otro lado
con la previsible aparición de acuicultura de las especies deseadas, lo
cierto es que el mar, que ocupa el 70% de la superficie de nuestro
planeta, tiene todas las papeletas para convertirse en la botica del
futuro. Por ejemplo, la Ecteinascidia turbinata ya se está cultivando en
el Estany des Peix en la isla de Formentera, y en Costa del Este, en
Cuba, que producen más de 100 toneladas anuales de este tunicado.

Gran parte de las especies vivas de nuestro planeta (33 de los 34 fila
en que se organiza el reino animal, por ejemplo, viven en el mar). En el
mar muchas especies, como es el caso de los tunicados, se dedican a
filtrar agua para conseguir nutrientes, y la evolución les ha dotado de
la capacidad de producir sustancias tóxicas que maten otros seres vivos
potencialmente enemigos. Se estima que en promedio una de cada 70
especies marinas puede producir sustancias de interés médico.

Desde los primeros intentos en los años 70 de la compañía Hoffman-La
Roche por investigar en los arrecifes coralinos australianos, las
diferentes iniciativas han permitido que actualmente las empresas
farmacéuticas guarden en sus laboratorios varios miles de sustancias que
con el tiempo podrán convertirse en nuevos fármacos. Un ejemplo es la
Aplidina, que parece ser muy eficaz en los ensayos clínicos ante el
cáncer medular de tiroides, un tipo de cáncer contra el que por el
momento no existe quimioterapia adecuada. La Aplidina es una sustancia
producida por otro tunicado marino, el Aplidium albicans, que vive en el
Mediterráneo. Otro fármaco anticanceroso, en fase de experimentación
preclínica es el Kahalido F. Ambos de Pharmamar.

En laboratorios como los de la Institución Scripps de Oceanografía, en
La Jolla, California (EEUU), los investigadores siguen buscando nuevas
sustancias que configurarán la farmacia del nuevo siglo. Por ejemplo,
nuevos antibióticos que puedan enfrentarse con la creciente adaptación
de las bacterias para defenderse de los clásicos, las llamadas
superbacterias. Bacterias y hongos marinos, pequeños invertebrados, son
ahora la fuente de investigación de este tipo de sustancias. Un ejemplo
son unas sustancias, las pseudopsterosinas, que produce la
Pseudopterogorgia elisabethae, una gorgonia marina, una planta que se
protege con ellas de ser comida por otras especies. Pero estas
sustancias tienen una acción antiinflamatoria que está siendo
investigada para producir un nuevo fármaco que podría ser usado para el
tratamiento de las artrosis o de las quemaduras solares.

¿Vendrán las nuevas supermedicinas del fondo del mar? Las inversiones de
la industria farmacéutica en este campo parecen indicarlo. Quizá con
este fenómeno la conservación de ecosistemas en peligro por el
calentamiento global, como el arrecife coralino, sea mirada como algo
más prioritario.

No todo es medicina...

Hay también productos que vienen del mar y que están adquiriendo cierta
popularidad que nada tienen realmente que ver con la ciencia. Este es el
caso de los preparados a partir de cartílago de tiburón, que se han
popularizado en los últimos diez años como pretendidas panaceas contra
cualquier tipo de enfermedad, desde el cáncer al sida.

Paradójicamente, no hay estudios serios que permitan concluir que este
cartílago sea nada especial, más bien todo lo contrario. Sin embargo,
numerosas compañías se dedican fraudulentamente a venderlo como
suplemento dietético, mientras que todo un mercado muy cercano a las
etiquetas de Nueva Era o bajo el sello de “lo natural”, mezclando
leyendas de antiguos métodos tradicionales usando este cartílago con más
o menos esotéricas ideas sobre la vida de los tiburones (que algunos
llegan a decir que superan los cien años, frente a la obviedad zoológica
de que no es así).

Un lenguaje plagado de tecnicismos sobre regeneración celular o tejidos
“indiferenciados” que intenta obviar que realmente se trata de colágeno
no calcificado, sencillamente. En cualquier caso, tiene nefastas
consecuencias: por un lado, muchas personas están abandonando
tratamientos convencionales que podrían curar su enfermedad realmente
por estas pseudoterapias; por otro, se estima que más de 200.000
tiburones son pescados al mes para extraer esta sustancia, poniendo en
serio peligro a algunas especies protegidas de tiburón.

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Suplemento Futuro de Página12 http://www.pagina12.com.ar/

CAFÉ CON EXTRATERRESTRES
Por: Martín de Ambrosio

La sensación es que es imposible que la especie humana esté sola en el
ancho cosmos, con miles de millones de galaxias, con miles de millones
de estrellas cada una, pero es sólo una sensación. También podría ser
que, efectivamente, la nuestra fuera la única especie inteligente. Raro,
pero podría ser. Pero además, la posibilidad de mantener
comunicaciones –de cualquier tipo– con civilizaciones extraterrestres es
más bien pequeña dada las enormes distancias interestelares. Con esta
mínima esperanza, científicos de todo el mundo se dedican a auscultar el
cielo con instrumentos para detectar un rastro, una señal. En esta
edición de Futuro, fragmentos del Café Científico sobre Vida
Extraterrestre en el que participaron los astrónomos Juan Carlos Forte y
Guillermo Lemarchand.

Hasta ahora la idea de la existencia de otras formas de vida, otras
formas de inteligencia, es nada más que una conjetura, una posibilidad,
una hipótesis en el mejor de los casos. La idea de la soledad universal
puede resultar aterradora, pero todos los indicios y especulaciones
(mayormente de eso se trata esta disciplina de búsqueda, especie de
ciencia sin objeto aún) indican que difícilmente durante nuestra vida
podamos tener un diálogo interestelar dadas las distancias con las
estrellas vecinas. Según los cálculos henchidos de optimismo de Carl
Sagan, en la Vía Láctea puede haber algo así como un millón de
civilizaciones tecnológicas. Aun este número extraordinario de
inteligencias, distribuidas de modo parejo en toda la galaxia, haría que
nuestro vecino más próximo estuviera a 300 años luz, lo que implica que
si conseguimos la tecnología para enviar mensajes a la velocidad de la
luz (el límite de los límites), un diálogo de “Hola, ¿cómo estás?”,
“Bien, ¿y vos?”, llevaría seiscientos años.

La humanidad se permite la paradoja: mientras existen muchas personas
ocupándose de matar todo vestigio de vida en la Tierra (sea inteligente
o no, qué más da) con uno u otro método, hay algunas de ellas que
dedican años a la búsqueda de inteligencias extraterrestres. O, más
específicamente, a la búsqueda de “civilizaciones tecnológicas” que es
la expresión técnica que debería usarse, ya que todo indica que el
contacto que se puede tener es sólo a través de ondas electromagnéticas.
La cuestión es que durante toda la reunión de café científico rondó
entre los presentes la sensación de que la amenaza –sensación que
difícilmente venga separada de la inteligencia– puede venir de afuera,
pero muchas veces viene de adentro mismo.

Sobre las soledades cósmicas, los esfuerzos en la comprensión de las
formas en que podría darse la vida, y también sobre las falsas alarmas
(más que nada ovnis), se habló en la séptima reunión del ciclo de
charlas de Café Científico, organizado por el Planetario de la Ciudad de
Buenos Aires, en el que participaron Guillermo Lemarchand –director del
proyecto SETI (Búsqueda de inteligencia extraterrestre) en Argentina,
del Instituto Argentino de Radioastronomía, y el Centro de Estudios
Avanzados de la UBA- y Juan Carlos Forte –del Instituto de Astronomía y
Física del Espacio que depende de la FCEyN y del Observatorio
Astronómico de La Plata–.

Encrucijadas

Forte: –En cierto modo, la vida extraterrestre es un tema vinculado con
los orígenes del hombre. Somos extraterrestres, en algún sentido, porque
los átomos que nos componen fueron creados en el horno de alguna
estrella; no hay otra forma de lograr el carbono, por ejemplo. Los
orígenes están conectados con el futuro y por eso el interés de la
ciencia por esta cuestión, que tiene mucho de imprevisible. En fin, yo
digo que no puede haber especialistas en vida extraterrestre –no sé si
Guillermo Lemarchand va a seguir saludándome después de esto– porque
todavía no conocemos ningún espécimen. De modo que hasta que no se
conozca alguno no puede haber especialistas, lo que hay es gente con
capacidad para tener apreciaciones muy amplias, para entender la vida en
la Tierra; dar un concepto lo más amplio posible y buscar lugares en el
espacio donde se den situaciones análogas. Como sabemos, la vida es un
fenómeno muy adaptable. Si vamos a la punta del Everest, 8900 metros,
donde hay un tercio de la presión atmosférica de la que hay sobre el
nivel del mar; o si vamos al fondo del océano, con toneladas de presión,
veremos que hay seres vivos; incluso también en medios ácidos, etc, etc.

Por eso, el tema, como se ve, es interdisciplinario. Biólogos, físicos,
matemáticos, y también los astrónomos, que somos los que tenemos la
responsabilidad de describir el gran escenario. Escenario que sabemos
que se formó hace 12 mil millones de años, en el cual somos invitados de
última hora. Nuestro planeta tiene unos 5 mil millones. Como seres
vivos, tenemos la suerte –o más bien somos la consecuencia– de vivir en
la época “estelífera” del universo. Antes era muy violento, con
radiaciones que harían imposible la vida. El universo se enfrió, luego,
y se dieron las condiciones para la aparición de las estrellas. Los
seres humanos somos hijos de las estrellas. Y no sólo de un modo
metafórico. Nos alimentamos de la energía que el Sol deja sobre el
planeta, indirectamente, a través del tomate, por ejemplo.

Causas y azares

Forte (continúa): –¿Cómo enfocar el problema de la vida extraterrestre,
cómo calcular las posibilidades de vida en la galaxia, cuántas
civilizaciones habrá? Se pueden hacer números. Pero localicemos la
discusión en la vecindad, no más. En la Vía Láctea hay 100 mil millones
de estrellas, algunas más conspicuas, otras con menos ralea que el Sol.
Es un sistema enorme, pero pequeño comparado con el universo. Para
recorrerlo de punta a punta, hacen falta decenas de miles de años a la
velocidad de la luz. Para que se den una idea: la Luna está a un segundo
luz; el Sol, a 8 minutos luz; y la otra punta de la galaxia, a 25 mil
años luz.
La vida, nuestra vida, se originó en un pequeño cascote que gira
alrededor de una estrella, que es mediocre, ni muy gigante ni muy débil.
Bueno, la primera cuenta que hay que hacer es cuántas estrellas hay en
la Vía Láctea, y cuántas tienen asociado un sistema planetario; y
cuántos se parecen a la Tierra, y cuántos tienen atmósfera. Así
sucesivamente. Y además tienen que tener tecnología, no basta con que
existan simplemente.

En definitiva, la vida en la Tierra es el producto del azar. Por
ejemplo, si un gran cascote no hubiera formado la Luna, el eje de la
Tierra no estaría estabilizado y se movería a grandes velocidades, en un
giro alocado que no permitiría la vida. La Luna es un factor de
equilibrio. Pero éste es sólo uno, hay más accidentes en el camino de la
existencia del hombre. Uno de los más famosos es el choque de un
meteorito gigante contra la península de Yucatán que exterminó a los
dinosaurios. Si ese objeto no hubiera chocado es probable que los
mamíferos no hubieran evolucionado y hoy no estaríamos charlando y
tomando un café. Otro: el oxígeno sobre la Tierra. El oxígeno es un
elemento venenoso para la vida que hemos incorporado y logramos sacar
partido de él.

En la búsqueda de planetas como la Tierra podemos mencionar que tenemos
indicios ciertos de que existen por los menos otros 60 planetas,
detectados con métodos diversos. Probablemente hay muchos miles más en
la galaxia. En los últimos 5 años han aparecido 20 con características
similares a la Tierra. En muchos de ésos, las órbitas son tan estiradas
que parecerían tener un clima muy inhóspito. Pero, en la constelación de
la Osa Mayor, apareció uno hace un mes y medio, el primero que tiene una
órbita similar a la Tierra. Y estamos seguros que después de éste
vendrán muchos otros similares.

Todo es historia

Lemarchand: –Yo podría decir que no hay evidencia de vida más allá de la
Tierra y nos podríamos ir ya. Pero el tema es realmente mucho más
interesante. Hay muchos científicos (en realidad, menos de mil) que
están buscando formas de vida primigenia en el sistema solar, y hay
candidatos interesantes, como una de las lunas de Júpiter y una de las
de Saturno, que tienen atmósferas ricas en elementos químicos que
podrían producir vida. Hay otro grupo que está preparando sondas para
enviar al planeta Marte a que verifiquen o refuten la idea de que en
algún momento tuvo vida; lo que le habría pasado a Marte es que no pudo
retener la atmósfera porque posee un décimo de la masa de la Tierra.

Pero lo que nosotros buscamos es vida inteligente. Voy a hacer un poco
de historia, entonces. La cuestión de si estamos solos en el universo,
obviamente, no es nueva. Al respecto, y como en casi todos los temas,
siempre se puede encontrar la opinión de un griego antiguo. Ahí lo
tenemos a Metrodoro de Quíos que en el siglo IV a.C. dijo: “Asegurar que
la Tierra es el único mundo poblado en el espacio infinito es tan
absurdo como suponer que en un inmenso campo sembrado de trigo crece una
 sola espiga”.

De ahí, propongo un salto al siglo XIX, porque durante años el mundo
intelectual estuvo dominado por la escolástica que impidió avanzar en
estos temas. Hacia el 1800, la discusión era si había vida en la Luna.
Uno de los matemáticos más notables de la historia, Carl Gauss,
especulaba que si vivían selenitas había que demostrarles que nosotros
también éramos inteligentes. Y lo que hizo fue proponer la siembra en
Siberia de un campo de pinos en tres cuadrados formando un triángulo
rectángulo de modo que desde el espacio se viera una demostración
geométrica del teorema de Pitágoras. Así inferirían ellos que la Tierra
estaba poblada por seres inteligentes.

Otra idea era cavar figuras geométricas en el desierto del Sahara,
llenarlas de petróleo y hacerlas arder de noche para llamar la atención
de los eventuales habitantes de la Luna. Hubo otras ideas pero, cuando
se dieron cuenta de que la Luna no tenía atmósfera, el segundo gran
candidato fue Marte. Y empezó a hacer carrera la idea de la comunicación
con los marcianos. En 1860, el astrónomo francés Benjamin Flammarion
reunió a los colegas de su época para ver cómo se iban a comunicar con
los marcianos. Uno de ellos, Charles Cros (que había inventado el
fonógrafo antes de Edison, dicho sea de paso), propuso utilizar espejos
parabólicos y enviar señales de luz. Como anécdota, les cuento que una
francesa, hacia la misma época, dispuso del equivalente de un millón de
dólares para quien hiciera contacto con una civilización extraterrestre.
Pero el concurso tenía una cláusula especial: no se contaba como válida
la comunicación con los marcianos, porque se consideraba excesivamente
fácil. Fíjense cómo en cada época las creencias estuvieron relacionadas
con la capacidad tecnológica del momento.

Hipótesis, sólo hipótesis

Lemarchand (continúa): –Entonces, veamos qué hipótesis tenemos para
estos programas. La primera es el “principio de mediocridad”, en el
sentido de que la Tierra no ocupa ningún lugar privilegiado en el
universo, y lo que sucedió aquí puede suceder en cualquier lado, dadas
las mismas situaciones ambientales y las mismas leyes de la física y de
la química. Esto es una extensión del principio copernicano; hay un gran
consenso de que esto es así. Otra de las hipótesis del núcleo duro es
que las leyes son las mismas en todas partes. Casi ningún científico
moderno del mundo cuestiona esto, tampoco.

Este núcleo duro de hipótesis está rodeado por otro conjunto que, ahora
sí, son refutables o contrastables, eventualmente, y que son la base de
los programas de investigación que tienen por objeto demostrar que no
estamos solos en el universo. La primera de este segundo conjunto es que
la existencia de sistemas planetarios orbitando estrellas sería una
norma más que una excepción. Esto fue corroborado empíricamente en los
últimos cinco años. Fíjense que físicos notables como James Jeans, en
los años 40, sostenía que la formación de planetas era altamente
improbable, y que prácticamente éramos una excepción. Aunque también
decía que dado que el número de estrellas en la galaxia era tan alto, y
sólo se trataba una de las miles de millones de galaxias que pueblan el
universo, eventualmente podría haber algún otro sistema planetario.
Bueno, desde hace cinco años se descubrieron 60 o 70 sistemas
planetarios. Por incapacidad de los instrumentos, vemos sólo planetas
del tamaño de Júpiter y no como la Tierra, pero sólo por los
instrumentos.

La segunda hipótesis, que atañe a geólogos y biólogos, es que dadas las
condiciones de habitabilidad, lo que sucedió en la Tierra también puede
ocurrir en cualquier planeta. Y dado que la vida surgió tan pronto
estuvieron dadas las condiciones ambientales, eso mismo debe pasar en
otros planetas. Bueno, no tenemos ninguna evidencia concreta de que esto
haya sucedido. Pero hay gente que trata de corroborarlo.
Ahora vienen hipótesis cada vez más arriesgadas, como la que indica que
el principio de selección natural de Darwin también es universal. Si la
vida aparece en algún planeta, favorecerá a los descendientes que se
adapten mejor a ese ambiente, y favorecerá la aparición de inteligencia,
que a su vez generará capacidad tecnológica, con el tiempo suficiente, y
podrá manifestarse ante nosotros a través de su tecnología. En fin, como
ven son una serie de suposiciones...

La última hipótesis es que los extraterrestres también descubrirían las
leyes que gobiernan el universo, y así compartiríamos ese conocimiento y
podríamos usarlo para nuestro contacto. De hecho, aún puede afirmarse
que este conocimiento es limitado. Pero, por ejemplo, no hay dudas de
que el hidrógeno es lo más abundante que existe en el universo y no hay
dudas, desde el punto de vista de la física, de que es el elemento más
simple. Por eso, cualquier civilización estudiará las propiedades del
hidrógeno, y se podrá utilizar la línea espectral que tiene ese elemento
que es la que tiene menos interferencia. Se supone entonces que usarán
ese canal.

Adolescencia tecnológica

Lemarchand (continúa): –Carl Sagan decía que justo en este momento en
que la humanidad está atravesando por su adolescencia tecnológica, por
primera vez en su historia tiene la capacidad de destruir completamente
la civilización a través de armas sofisticadas. Si esta es la norma de
lo que ocurre con todas las civilizaciones universales, si no se aprende
a convivir con los miembros de su especie y su entorno, entonces las
posibilidades de encontrar vida inteligente son muy pocas. Pero si somos
optimistas y las expectativas de vida se extienden a miles de años
pasada la adolescencia tecnológica, se puede calcular, como Sagan, en 1
millón el número de civilizaciones en la galaxia. Aunque abrumador, ese
millón indicaría que la civilización tecnológica más próxima a nosotros
estaría a 300 años luz. Eso quiere decir que el diálogo interestelar
sería intergeneracional también. Si les mandamos un mensaje ahora, ellos
lo van a recibir dentro de 300 años, y nosotros oiremos la respuesta
dentro de 600 años. Por eso, las esperanzas no son exageradas, pero es
lo que estamos haciendo y que tal vez, quién puede negarlo, un día
aparezca la gran noticia...

Los ovnis que eran puro globo

Cuando llegó el turno de las preguntas, no pudo evitarse el fenómeno
ovni, que son eso (Objetos Voladores No Identificados) hasta que se los
identifica. Un joven corpulento, parado contra la barra de la Casona del
Teatro, dijo:
–Yo miro mucho la señal de cable Infinito, y vi que en Victoria (Entre
Ríos) hay cada tanto fenómenos lumínicos que no son identificables. ¿Qué
hipótesis oficial hay al respecto?
Forte: –Fenómenos lumínicos... ¡ovnis! Digamos, fenómenos lumínicos en
el cielo hay muchísimos. En mi caso, desgraciadamente, siempre me da la
impresión de que puede ser algo novedoso, pero cuando hacemos lo que
tenemos que hacer resulta que son fenómenos naturales. En La Plata nos
ocurrió. Una vez una señora llamó y nos dijo que había, textualmente,
“una constelación que se expande”. Miramos por la ventana y no se veía
nada. La señora insistió y efectivamente vimos 5 objetos tan brillantes
como Venus, dando vueltas encima de nuestro telescopio más grande. Por
fin, dijimos. Teníamos cinco objetos grandes y luminosos, un telescopio,
y un montón de gente corriendo para verlos. La decepción fue muy grande
porque cuando enfocamos lo que vimos fueron cinco globos. Es más, cinco
globos atados con cintas celestes y blancas. Era eso simplemente:
resulta que había vuelto el entonces gobernador Duhalde de Europa y la
recepción merecía que se soltaran globos. La confusión, como verán, fue
muy fácil.
Digamos que vemos ovnis por un rato, y luego identificamos la fuente de
la confusión como en este caso. Otra vez, pasó otro ovni, que no pudimos
identificar hasta que de Australia nos confirmaron que se trataba de un
globo de investigaciones meteorológicas.

Mensaje en una botella (al enemigo)

–Partiendo de las hipótesis de que existen civilizaciones tecnológicas,
sé que se han enviado datos sobre la Tierra en naves espaciales. Ahora,
teniendo en cuenta el alto nivel de agresividad de nuestra propia raza
humana, ¿no es temerario dar tantos datos sobre nosotros mismos a los
extraterrestres? Una cosa es conocerlos a ellos y otra es que nos
conozcan tanto y puedan usar esa información.
Forte: –Sería una cuestión de prudencia... Pero bueno, ya está. Ya hemos
enviado y estarán a cuarenta años luz de la Tierra, siguiendo su camino.
La suerte está echada. Igualmente, se ha hecho en forma simbólica, no
hay una campaña sistemática mandando aquí y allá.
Lemarchand: –El problema también es quién habla en nombre de la Tierra,
quién diseña y manda el mensaje. Y como siempre hay algún comité en
algún lugar tratando de decidir qué y cómo mandar los mensajes. Hay un
comité de abogados del espacio que trata de regular estas cuestiones.
Primero, qué hacemos si recibimos una señal. Hay un protocolo que dice
cómo verificar las señales, llamar a otro observatorio que confirme,
etc. Pero el punto ocho dice que nadie debe contestar, nadie debe
arrogarse ese derecho, es una prohibición.
Otra cuestión es qué lenguaje se usaría. Muchos dicen el lenguaje de la
ciencia; otros son más específicos y hablan de la matemática, que es el
lenguaje común a todas las ciencias. Para poder aprender del universo es
preciso utilizar un lenguaje lógico que permite deducir propiedades de
ese universo, en función de las leyes que va descubriendo; y para eso
sirve la matemática. Para predecir. Este lenguaje matemático parece ser
el ideal, pero en años recientes, con un grupo de artistas y
epistemólogos en Estados Unidos estuvimos discutiendo la posibilidad de
que el arte sea otro instrumento de comunicación. Acá hay todo un
debate: ¿el arte es universal? Parecería que no. Pero hay ciertos
criterios del arte, vinculados a ciertos principios de simetrías que
tienen su contrapartida en la matemática. Si observamos la naturaleza,
ella optimiza de acuerdo a ciertos principios geométricos. Vemos que las
flores en su mayoría tienen forma de pentágono, o que si se observa de
cerca un girasol se ve que tiene espirales que siguen la serie de
Fibonacci, para optimizar la generación de gránulos. Para eso utiliza
principios geométricos ya conocidos por los pitagóricos. La primera
relación entre la matemática y un hecho físico la hizo Pitágoras cuando
descubrió la relación entre los sonidos de una cuerda de un instrumento
musical que seguía relaciones matemáticas simples. Fíjense la relación
entre música y matemática. Quiere decir que hay principios del arte
presentes en la naturaleza. Tal vez el arte pueda ser una vía de
comunicación.

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BREVE RESEÑA DE POLITICA Y PSEUDOCIENCIA EN MEXICO
Por: José Eduardo Serrano D. - Monterrey / México.

Por los años treinta, el entonces presidente Plutarco Elías Calles fue
hasta la comunidad de
Espinazo, estado de Nuevo León a recurrir a los servicios del niño
Fidencio para aliviar sus
padecimientos del riñón. Desde entonces es conocida la fama de los
curanderos que reciben a la reencarnación del famoso curandero.

Hace algunos años, el entonces presidente de México Don José López
Portillo contrato al famoso mentalista Uri Geller para ayudarlo a
encontrar pozos de petróleo. Mas recientemente el fiscal especial para
el caso Ruiz Massieu contrato a una adivina para localizar los restos de
un diputado que resulto ser un fraude que escandalizo a los medios
nacionales. Pero hace un año apenas, el Gobernador de Zacatecas, Ricardo
Monreal Avila contrato a un Zahori para hacer llover en una región donde
la sequía llevaba ya varios años y después de pagarle varios miles de
pesos la situación siguió igual o peor. Ahora este gobernador
progresista se ha manifestado a favor de la pena de muerte y ha
declarado su intención de competir por la presidencia en el año 2006
aparte de ser un fanático devoto del santo niño de atocha que cada año
trae peregrinaciones que dejan una gran derrama económica en el pueblo
de Plateros, Zacatecas.

Por desgracia este país aún esta lejos de tener una cultura que permita
objetar estos errores y se lamente de ello hasta que el daño esta hecho.
y los medios de comunicación solo lo toman como algo anecdótico.

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El País http://www.elpais.es/

EN TORNO A LA TERMINOLOGÍA CIENTÍFICA
Por: Salvador Reguant

El creador del término clon, Herbert J. Webber, expuso las condiciones
que consideraba importantes en la creación de los términos científicos
al introducir esta palabra. 'Las palabras que esperamos que deben ser
generalmente usadas... deben ser cortas, eufónicas... fáciles de
pronunciar y distintas de cualquier otra palabra en su uso ordinario de
modo que no sugiera ningún otro significado que el deseado'. Este
término fue creado en 1903 para describir una colonia de organismos
derivados asexualmente de un único progenitor.

En este año 2001, en el número del 5 de julio de la revista Nature, Lee
M. Silver del Departamento de Biología Molecular de la Universidad de
Princeton comprueba que el uso frecuente que se hace del término clon y
de sus derivados, por parte de los media y aun de personalidades como,
por ejemplo, el presidente George W. Bush no coincide con la definición
primera que aún está en uso entre los especialistas. La conclusión de
este autor, de quien tomamos toda esta información, es que la comunidad
científica ha perdido el control sobre el término clon y que, a partir
de esta constatación, los científicos tendrán que escoger otros términos
para explicar los avances de la biotecnología del desarrollo.

Que los términos varían frecuentemente en su significado a través de su
uso en el tiempo es un hecho frecuente. En este caso, sin embargo, más
bien tenemos dos significados usados en el mismo tiempo. No hay un rey
puesto, después de un rey muerto, sino una confusión resultante del uso
con sentidos distintos de una palabra que, por circunstancias fácilmente
comprensibles, tiene un alto poder de convocatoria a nivel popular y
cuyo ámbito ocupa y preocupa a los poderes públicos, que legislan al
respecto, esperemos que debidamente informados y haciendo un uso, el que
sea, unívoco y científicamente comprensible de los términos del entorno
de los clones y la clonación.

Un hecho análogo, aunque quizá con menos consecuencias potencialmente
peligrosas, se ha dado en los últimos años con los término ecología y
ecológico, cuyo significado empieza a ser difícil de interpretar cuando
se lee en los libros, en los periódicos y hasta en los escaparates de
las tiendas y en la propaganda comercial. Ya no digamos el término
natural. Y así, posiblemente otros muchos.

La cuestión de fondo es siempre la misma. La ciencia y su didáctica es
una responsabilidad de todos. Los científicos deberían expresarse más
diáfanamente y aclarar las confusiones que se producen. Los divulgadores
deberían ser conscientes de su enorme responsabilidad en un mundo cada
vez más influido por el progreso científico-técnico.

También los expertos en terminología pueden aportar información básica e
importante en este campo que les es propio. Así, el Instituto
Universitario de Lingüística Aplicada de la Universidad Pompeu Fabra de
Barcelona organiza periódicamente unos simposios internacionales de
terminología en que se tratan, entre otros, los problemas a que nos
referimos. La información aquí suministrada fue discutida en el III
simposio celebrado en Barcelona el pasado mes de julio.

[Nota] *Salvador Reguant es catedrático emérito de la Facultad de
Geología de la Universidad de Barcelona

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CIENCIA: UTILIDAD SOCIAL O PESADILLA
Por: Juan Carlos Carracedo

En estos tiempos de clonadores imparables y catastrofistas de todo tipo
clama al cielo cómo algunos se empeñan en transformar unas
investigaciones geológicas completamente 'normales' en una pesadilla
universal y perpetua, al querer convertir la tranquila hasta el
aburrimiento y hermosísima isla de La Palma en una bomba planetaria
permanentemente armada, lista para destruir millones de personas cuando
le dé la gana sin que nada ni nadie pueda impedirlo.

A principios de los años noventa se daba la incomprensible circunstancia
de que apenas se habían investigado geológicamente las denominadas
'islas menores' del Archipiélago Canario (La Palma y El Hierro). Si la
investigación científica persigue el conocimiento y, en último término,
un conocimiento socialmente útil, en este caso la incongruencia era
manifiesta: se había dedicado un gran esfuerzo de investigación
volcanológica a las islas más antiguas e inactivas mientras que se
habían relegado aquellas que por estar en el periodo más activo de
desarrollo presentaban mayor interés para la volcanología y para la
prevención de los riesgos asociados a los procesos eruptivos. Este
problema nunca se dio en las Hawaii, donde la investigación
volcanológica siempre se centró preferentemente en la isla de Hawaii, la
más activa del archipiélago.

Cuando en 1992 comenzamos un proyecto financiado por la Comisión
Interministerial de Ciencia y Tecnología para el estudio del volcán
Cumbre Vieja en La Palma, el volcán más activo de Canarias y uno de los
más activos del planeta, no existía ni siquiera un simple mapa geológico
esquemático por dónde empezar. Las conclusiones del estudio, unos años
más tarde, indicaban ya la pronunciada inestabilidad del edificio
volcánico, desarrollado hasta casi 2 kilómetros de altura en el
cortísimo tiempo geológico de 120.000 años y asentado sobre los
derrubios de un gigantesco deslizamiento ocurrido medio millón de años
antes, que arrastró al mar unos 200 kilómetros cúbicos de rocas,
iniciando lo que hoy es la espectacular Caldera de Taburiente.
Especialmente preocupantes parecían, en principio, las fallas de
distensión de varios kilómetros que se abrieron en la erupción de 1949,
descritas y fotografiadas por J. M. Bonelli Rubio, un ingeniero del
Instituto Geográfico Nacional.

Los resultados de estos estudios se presentaron en un congreso en la
Sociedad Geológica en Londres en 1994, donde se gestó una colaboración
con geólogos ingleses y franceses para el estudio de detalle de la
estabilidad del volcán Cumbre Vieja. Al finalizar en 1997 estos
estudios, financiados en gran parte por el departamento de Política
Territorial del Gobierno de Canarias, se convocó un congreso
internacional sobre inestabilidad en islas volcánicas oceánicas,
celebrado precisamente en La Palma y al que asistieron 90 especialistas
de todo el mundo. En el congreso se debatieron diversos temas,
especialmente el 'estado geológico' del volcán Cumbre Vieja, llegándose
a la conclusión de que se debía continuar estudiando y vigilando
instrumentalmente, como tantos otros, pero que ni presentaba indicios ni
había evidencia de que implicara un riesgo inmediato significativo.
Todos los datos de interés de estos estudios se publicaron en revistas
especializadas, llegando al nivel de divulgación en periódicos y
revistas de interés general.

Por otra parte se comunicó con mucha antelación a los responsables
gubernativos, que lo acogieron con manifiesto desdén. Es curioso que
nadie se presentara a saludar a los asistentes al congreso, muchos de
ellos provenientes de las antípodas (Hawaii, Japón...), pero años más
tarde se prestaron pomposamente a 'viajar a Londres' para 'convencer' a
la BBC de que no difundieran el programa Horizon, que desencadenó todo
el jaleo. Hasta aquí se siguió el procedimiento habitual y correcto:
estudio, debate científico, comunicación en revistas científicas y a las
autoridades, divulgación verídica. La prueba es que había quedado, como
tantos otros temas de investigación, en las estanterías de las
bibliotecas y en los ordenadores de los científicos. Y esto precisamente
es lo que no debió satisfacer a algunos que buscaron el año pasado los
medios de comunicación de masas y un tratamiento claramente
catastrofista del tema (programa Horizon de la BBC, artículos en El
Mundo...). Ahora los geólogos ingleses vuelven a la carga convocando una
rueda de prensa en Londres por la mera publicación de un artículo en una
revista científica que se cifra en último término en modelizar lo que
ocurriría si se produjera un fenómeno ya sobradamente conocido, en sus
características máximas.

Es ciertamente un tratamiento catastrofista, máxime si se airea en los
medios de difusión de esta forma. Porque es evidente que el riesgo
existe, como también es posible un megaterremoto en California, o la
caída de un meteorito sobre Londres... El problema es si no se añaden
restricciones de probabilidad (el deslizamiento gigante anterior en La
Palma ocurrió hace más de medio millón de años, la anterior erupción
volcánica hace 30). En la figura 4 del nuevo artículo de estos
geólogos -Cumbre Vieja Volcano-Potential collapse and tsunami at La
Palma, Canary Islands (Geophysical Research)- aparece un esquema
secuencial que hará, sin duda, las delicias de los catastrofistas del
mundo entero: una gigantesca ola alcanza a los 15 minutos La Gomera y El
Hierro, a los 30, Tenerife, y en una hora, todo Canarias. En nueve horas
este particular Armagedón arrasa con olas de 25 metros la costa
atlántica de las Américas y el Caribe.

Si el escenario es, como indican, que 'una próxima erupción en la cresta
del volcán probablemente disparará un deslizamiento catastrófico del
volcán', La Palma pasa a ser una bomba montada de incalculable potencia
capaz de producir una catástrofe planetaria de imposible predicción y
tratamiento, buen tema para los adictos al día del juicio final. Al no
haber posibilidad de predicción fiable del cuándo o dónde será la
próxima erupción, que podría darse en la cima de Cumbre Vieja en un
siglo, un año, un mes... Por otra parte, ¿qué hacer ante una ola de 61
metros que llega a las costas del sur de Tenerife? La única respuesta en
términos de protección civil es una evacuación preventiva de centenares
de miles de personas (por no decir millones) a las montañas. Se podría
vigilar ansiosamente el volcán, pero sabemos que a veces hay avisos que
se quedan en nada y otras veces el aviso, en forma de temblores de
tierra, ha llegado apenas unas horas antes de la erupción. La
localización es, asimismo, imprecisa. En la erupción de 1949 la
actividad sísmica precursora bailó de norte a sur en una línea de 25
kilómetros en las horas previas. ¿Cómo saber, pues, si se trata de la
erupción, en la cima del volcán, o una erupción inocua lejos de ella?

Si no podemos predecir y menos prevenir la erupción, ni parece factible
ir evacuando a todo el mundo al primer aviso, ¿qué hacer? Hay una última
solución (y exagero deliberadamente para poner de manifiesto lo absurdo
de todo el tema): si La Palma es una bomba planetaria y no se puede
desmontar... liquidémosla. Llamemos a los TEDAX para que, previa
explosión controlada, acaben con la amenaza. En la actualidad hay más
científicos activos que todos los que han existido a lo largo de la
historia. La presión demográfica, el publish or perish (publicar o
morir) y la dificultad de alcanzar fondos para seguir investigando nos
empuja a todos hacia temas lo más impactantes posible. Todo el mundo
quiere publicar en el periódico local o en el Nature. Pero tal vez sea
más necesario que nunca el autocontrol y el atenerse a las normas
anteriormente mencionadas, del necesario debate de estos temas en los
adecuados foros científicos. Si no se hace así se puede jugar el papel
contrario y en vez de ser la ciencia un elemento esencial y útil para la
sociedad puede transformarse en su peor pesadilla.

[Nota] *Juan Carlos Carracedo es volcanólogo en el CSIC.

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LOS SOLDADOS DEL SABER
Por: el Dr. Zenón Sanz

Carpetas amontonadas por doquier, ahítas de recortes de viejos
periódicos, amarilleados por el imparable paso del tiempo. Torres de
libros humildes, rescatados del deshonor de los puestos de baratillo en
rastros y rastrillos. Pilas de flamantes volúmenes, de esos que llevan
incluido en el precio la serie numerada y la dedicatoria de sus autores.
Tropeles de libros de colección y de colecciones de libros, de los que
si compras uno te regalan otros dos y que algunos suelen adquirir, como
si fuese al peso, con el único fin de rellenar esos huecos libres,
chivatos del desprecio por la cultura, que les quedaban en la nueva
librería del saloncito de estar...

Estos son y han sido durante toda mi vida, queridos lectores, algunos de
mis mejores amigos, algunos de mis principales compañeros de viaje;
camaradas inseparables de los que he tenido a bien disfrutar y a los que
gusto de nombrar con el apodo cariñoso de “los soldados del saber”.

Aún recuerdo aquellos primeros volúmenes, arrinconados por el paso del
tiempo en los estantes de mi infancia, en los que un intrépido y barbudo
capitán Nemo –del que en el futuro hasta copiaría la barba y cierta
querencia por el ropaje marinero con olor a salitre- me deslumbraba con
sus aventuras a bordo del Nautilus, nave precursora de la que
posteriormente llegaría a surcar el espacio interestelar en la serie
Star Trek. Evoco con añoranza aquel sofocante calor, que paulatinamente
se iba apoderando de mis tardes a medida que proseguía el descenso,
emprendido junto al profesor Otto Lidenbroóck,  en pos de las maravillas
que encerraba el centro de la Tierra. Esas interminables charlas de los
locos y belicosos artificieros del Gun-Club de Baltimore, en las que su
presidente Barbicane pergeñaría el embrión de la futura exploración
espacial. La vuelta al mundo en ochenta días, emprendida por el
gentlemen Phileas Fogg; viaje tan sólo comparable a las cinco audaces
semanas en globo del doctor Fergusson y a la reciente hazaña
protagonizada, gracias a la moderna tecnología aeronáutica por Bertrand
Piccard y Brian Jones, quienes consiguieron dar la vuelta al mundo en
globo y reducir el record de Phileas a tan sólo 20 días, 21 horas y 55
minutos.

¡Que presencias para toda la vida!, las que supo sembrar mi progenitor,
en mi aún tierno intelecto, al regalarme aquellos dos primeros y
deslumbrantes libros de Julio Verne, tomos que conformarían los primeros
peldaños de una escalera por la que, aún hoy en día, sigo subiendo
escalones paso a paso –algunos, todo sea dicho, con más esfuerzo que
otros.

Recuerdo bien aquellos dos primeros volúmenes llenos de aventuras, de
vivencias, de conceptos absolutamente novedosos para mis seis años. La
Ciencia con mayúsculas, aunque aún no era consciente de ello, llamaba a
mi puerta, abriéndose paso poco a poco, de la mano de todos aquellos
personajes un tanto acartonados pero deliciosamente sugerentes. Con cada
pregunta sin respuesta, con cada nuevo concepto, con cada nueva
probabilidad,  aumentaba mi curiosidad, ese ansia de saber que, a medida
que se iba satisfaciendo, me obligaba a romper amarras con el
pensamiento mágico y a embarcarme rumbo al librepensamiento que genera
el saber y el ansia derivada del conocimiento.

Siempre he sido de la opinión de que el ser humano es, por su propia
naturaleza y desde el preciso instante del nacimiento, rotundamente
cándido -al más puro estilo Volteriano-, ingenuo y un tanto bobalicón; y
que no es sino a base del roce de los años que puede aprender a blindar
su inteligencia frente a los continuos abusos a los que determinados
individuos y sistemas de creencias, promulgadores de la fe ciega frente
a cualquier viso de espíritu crítico, intentan infatigablemente
someterle. Desdichadamente, sobran ejemplos últimamente.

Siempre me ha fascinado esa gente que, sistemáticamente, se despreocupa
por ofrecerle a sus hijos, en ese preciso momento en el que aprendiendo
a pensar emprenden el camino de su humanización, la ayuda que pueden
ofrecerle unos bien seleccionados “soldados del saber”. ¿Quién puede
estar tan ciego como para vetarles el acceso a las únicas herramientas
con capacidad suficiente para permitirles fortificar su intelecto frente
a los vividores de la superchería y lo paranormal?

Por el contrario, no es menos cierto que tendemos a presuponer, y por
consiguiente a herrar en nuestro razonamiento, que aquello con lo que
disfrutamos es capaz de hacer gozar también al resto de nuestros
congéneres. Como veremos más adelante, nada más lejos de la realidad
pues, según muestran recientes estudios realizados en nuestro país, hay,
al parecer, quien solamente toma en consideración el disponer de libros
cuando requiere de su ayuda para calzar las patas de alguna vieja cama,
descompuesta por el exceso de ejercicio.

Me encontraba plácidamente sentado en la mesa, que  siempre me espera, a
primera hora, en una de esas señoriales cafeterías que aún quedan en
algunas de nuestras ciudades, desayunando un apetecible café con crema y
un delicioso pastelito de arroz cuando, al leer una de las noticias que
traía la prensa matutina, no pude contener un sonoro:
- “¡Hay que joderse! ¡Para que luego digan que uno al año no hace daño y
que mejor uno a la semana!”.

Asómbrense ustedes conmigo amigos. Resulta que, según un estudio
realizado por la Fundación Bertelsmann, uno de cada tres españolitos, de
esos pelones sobre los que tan bien escribía Valle Inclán,  ¡NO HA LEÍDO
NUNCA O CASI NUNCA LIBROS! ¡Ni más ni menos que un 30% de la población
española nunca ha tenido en su bando a los soldados del saber!
No acababa de salir de mi asombro cuando seguí leyendo que un 25% no
había pisado en su vida una biblioteca y que para más INRI el género
preferido por quienes leen es el de la novela, no en balde Marcial
Lafuente Estefanía marcó toda una época de la cultura española.

Junto a la noticia del estudio Bertelsman, aparecía una nota que remitía
a un informe del propio Ministerio de Educación y Cultura, en el que se
venía a decir que la lectura está realmente bajo mínimos, pero bajo unos
mínimos que resultan sencillamente de espanto. Sí amigos, ¡tan sólo un
58% de los españoles podían ser considerados lectores habituales y eso
teniendo en cuenta que la definición de lector aplicada era tan elástica
como el llegar a considerar lector a “aquel individuo que al año lee por
lo menos un libro”.
- ¡Hay que joderse! musité de nuevo, mientras se me escurría parte del
café por la comisura de unos labios entreabiertos por el pasmo.

Josechu (el camarero que tan acertada y profesionalmente me atiende)
levantó la vista de sus trapiches entre vasos, cuberterías y dineros
para mirarme con cierto aire de extrañeza.
- Pero doctor, me espetó, ¿usted hablando de sexo?
- Déjalo Josechu, déjalo que son cosas mías, respondí

Arropé la gaceta bajo el brazo, aboné mi cuenta y salí al bullicio
analgésico y alienante de la calle. No sabría explicarme bien porqué
opté por dejarlo sumido en la ignorancia acerca de la noticia que me
había estropeado la mañana. Tampoco le di demasiadas vueltas. Al fin y
al cabo, Josechu es de los que opinan que los “yanquises” nunca llegaron
a la Luna y que todo fue un montaje de la NASA y de la industria del
cine americano; que (como afirma ese feriante del desconcierto
apellidado Cardeñosa) aún hay neandertales peludos de esos paseando por
nuestras calles y que puestos a creer, dado que es gratis, mejor hacerlo
que ser un escéptico de los que siempre estamos poniendo pegas a todo y
buscándole cuatro pies al gato. Lamentablemente, Josechu es uno de esos
lectores que en la infancia no tuvieron alguien cerca que guiara con
sabiduría sus primeros pasos por los escalones que guardan los soldados
del saber.

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* Astroglífica. Artículo del Dr. César Esteban y la Dra. Inés Rodríguez
Hidalgo, del Instituto de Astrofísica de Canarias y del Departamento de
Astrofísica de la ULL respectivamente, en formato PDF. Descarga desde
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==== La Selección de “El Escéptico Digital”
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