| Asunto: | EL ESCÉPTICO DIGITAL - Edición 2001 - Número 38 | | Fecha: | Lunes, 26 de Noviembre, 2001 03:04:11 (+0100) | | Autor: | Pedro Luis Gomez Barrondo <TXINBO @.....es>
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EL ESCÉPTICO DIGITAL
Boletín electrónico de Ciencia, Escepticismo y Crítica a la
Pseudociencia
© 2000 ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico
http://www.arp-sapc.org/
Edición 2001 - Número 38 - 26 de Noviembre de 2001
Boletín de acceso gratuito a través de:
http://www.elistas.net/foro/el_esceptico/alta
=== SUMARIO =========================================================
- En el Candelabro.
Por: Luis Alfonso Gámez
- Los disfraces de Hitler
Por: Félix Ares de Blas.
- Carta “escéptica” a Francisco Padrón.
Por: Ricardo Campo Pérez.
- Ciencia y sociedad.
Por: Joseba Zubia.
- Boñigas de camello.
Por: Juan Luis Arsuaga.
- La “otra” guerra biológica.
Por: Javier Armentia.
- Memes: los genes del pensamiento.
Por: Pablo Capanna.
- Reflexiones acerca de la persistencia del pensamiento mágico -
religioso en las sociedades avanzadas.
Por: José Ignacio López López.
- Los héroes de la cruzada.
Por: Martín Barriuso.
- El verdadero enigma.
Por: Iñaki Ezkerra.
- La Ciencia o Vudú de Robert L. Park
Por: Juan Soler Enfedaque.
- Vida en el Universo.
Por: Agustín Sánchez Lavega
- La tontería del verano (¿o del año?)
Por: Jorge Alcalde
- La Astrología: una opinión personal
Por: Hebert Pistón Rodríguez
- Visionarios
Por: Manuel Vicent.
- La incredulidad.
Por: Antonio Muñoz Molina.
- Los complejos vitamínicos causan ya más problemas que beneficios por
su abuso.
Por: Enrique Viñuela - Bilbao.
- Física / electrónica: el reemplazo de los 'chips' de silicio
Por: Ricardo M. De Rituerto - Chicago.
- 'Nanopresupuesto' en España
Por: A. Martín - Segovia.
- Partículas pequeñas, daños grandes
Por: James Glanz
- Los científicos critican las 'ambigüedades' del proyecto de ley sobre
patentes biotecnológicas.
Por: Agencia Europa Press
- Reinhard Boehler, químico: 'sabemos menos del interior de la tierra
que de otros objetos astronómicos'
Por: Mónica Salomone.
- Los 100 años de Fermi y Heisenberg
Por: Francisco J. Yndurain.
- El inicio del arte se remonta a más de 35.000 años, indican nuevas
dataciones
Por: Malen Ruiz de Elvira.
- Réplica a “Radicalismo y Miseria”
Por: Hernán Toro.
- Un feriante en la corte de Lucy
Por: Luis Alfonso Gámez.
=== NOTICIAS =========================================================
EN EL CANDELABRO
Por: Luis Alfonso Gámez
1. MAS ALLA DEL WORLD TRADE CENTER.
Primero fueron las profecías de Nostradamus; después, los ovnis junto a
las Torres Gemelas en el momento de la catástrofe; lo último, un medium,
John Edward, que anunció que iba a contactar con las víctimas para
'Crossing Over', su programa de la televisión estadounidense. Por
fortuna, el estupor que la idea ha suscitado en algunos ejecutivos
televisivos y periodistas ha hecho que al final haya imperado la
sensatez y el espacio del psíquico dedicado a explotar el dolor ajeno
haya sido suspendido. En España, mientras tanto, revistas del gremio
como 'Año cero' siguen banalizando la tragedia.
2. CIRUGIA Y VISCERAS DE POLLO.
"El caso de Andrés Ballesteros, para mí, era un caso cantado. Ya se
sabía que se le estaba investigando y sólo faltaban las pruebas
definitivas: que entrara la Policía y le pillara allí con las manos en
la masa". El 15 de octubre, Jesús Callejo se mostró así de rotundo
respecto al cirujano psíquico malagueño en el programa 'La Rosa de los
Vientos' (Onda Cero). Ballesteros es uno de esos curanderos que aseguran
que operan sin anestesia y sin dejar cicatriz. Para engañar a los
incautos que acuden a sus consultas, estos estafadores emplean trucos de
prestidigitación, aderezados con sangre y vísceras de animales que
utilizan para hacer pasar por tumores extirpados a sus pacientes. Cuando
la Guardia Civil detuvo a Ballesteros el 11 de octubre, encontró en su
consulta las previsibles vísceras de animales. Ahora, casi todos los
fabricantes de misterios dicen que lo sabían o lo sospechaban, pero lo
cierto es que la mayoría no ha hecho durante años más que dar cuerda a
este estafador. Incluido Callejo, quien, en su libro 'Testigos del
prodigio' (2001), dedica cinco elogiosas páginas al curandero. Callejo
mantiene ahora que "era un caso cantado", pero ni el ni José Iniesta,
coautor de 'Testigos del prodigio', se lo olieron. Al contrario, en su
libro, hacen una descarada apología de este siniestro personaje, a
algunos de cuyos milagros aseguran haber asistido.
3. LA FANTASMADA DE BRUNO CARDEÑOSA.
"Esta escena de 'Tres solteros y un biberón' es la clara demostración de
que, gracias a una cámara de cine, pueden registrarse presencias y
manifestaciones que el ojo humano no está capacitado para detectar",
decía Bruno Cardeñosa, respecto a "las apariciones de fantasmas y
espectros", en el programa 'Otra dimensión', de Antena 3, emitido el 22
de marzo. La denuncia de esta muestra de mentecatez -lo del fantasma que
presuntamente aparece en esa película es una leyenda urbana, como puede
comprobarse en http://www.snopes2.com/movies/films/3menbaby.htm- por
parte de Zenón Sanz, primero en 'El Escéptico Digital' y luego en 'La
Nave de los Locos', indignó a Cardeñosa hasta tal punto que exigió una
rectificación a la segunda publicación. "Yo jamás estuve en ese
programa. Es más, me ofrecieron participar y denegué la invitación.
Desconozco a que intervención se refiere", argumentó. Ahora, cualquiera
puede comprobar -es posible ver el vídeo
(http://www.geocities.com/lanavedeloslocos/mentiras.html)- como el sagaz
investigador de lo oculto participó en ese programa y afirmó ante las
cámaras lo apuntado al comienzo de estas líneas. Vano intento el de
Cardeñosa de cubrir con mentiras el rastro de su fantasmal metedura de
pata.
4. LA UFOLOGIA ESPAÑOLA SE QUEDA HUERFANA.
Antonio Ribera, autor de 'El gran enigma de los platillos volantes' y
'padre' de la ufología española, falleció el 23 de septiembre. Magnífico
traductor -de él son, entre muchas otras, las versiones castellanas de
'El Mundo del Silencio', de Jacques Cousteau; 'Aku-Aku. El secreto de la
isla de Pascua', de Thor Heyerdahl, y '2001: una odisea espacial', de
Arthur C. Clarke-, Ribera dejó de lado una incipiente carrera como
escritor de ciencia ficción para dedicarse al mundo de los platillos
volantes y fue uno de los fundadores, en 1958, del Centro de Estudios
Interplanetarios (CEI). Infantil en sus ideas sobre los platillos
volantes, murió convencido de su origen extraterrestre y de que había
vivido en su infancia un encuentro con alienígenas. Ribera tocó muchos
palos del misterio, todos desde la más absoluta credulidad. Aún así,
frente a quienes luego entraron en ese mundo, leerle era un disfrute:
sabía escribir, algo que, por desgracia, no ocurre con quienes se
consideran sus discípulos.
5. ANTES Y DESPUES.
Tras leer los párrafos del número 1 del boletín 'Desclasificado'
(http://www.mundomisterioso.com/modules.php?op=modload&name=Sections&fil
e=index&req=viewarticle&artid=8&page=2) dedicados al artículo "Los
marcianos de Antonio Ribera", firmado por mí y publicado en el número 10
de 'El Escéptico' y en el número especial 3 de 'El Escéptico Digital',
tengo que decir que es falso que, como afirma Bruno Cardeñosa, "uno de
los colaboradores de 'El Escéptico Digital' ha aprovechado la muerte de
Antonio Ribera para -literalmente- mofarse de él y de sus
investigaciones" y que "sólo cuando el padre de la ufología española, y
una de las figuras señeras de la investigación mundial, estaba bajo
tierra, Gámez, como si de un gusano se tratara ha aprovechado para hacer
leña del árbol muerto". Escribí el artículo que saca de sus cabales a
Cardeñosa en marzo y se publicó en el número 10 de 'El Escéptico', que
llegó a los suscriptores de esa revista antes de la muerte de Ribera.
Lamento que la ineptitud del editor de ''Desclasificado' a la hora de
establecer unos hechos fácilmente comprobables -un simple antes o
después- pueda llevar a equívoco a quienes reciban ese boletín y, de
buena fe, crean que se trata de una fuente de información mínimamente
fiable. Pero, claro, ¿qué cabe esperar de alguien que hoy dice una cosa
en la televisión y mañana dice que él nunca ha dicho eso?
6. LOS FINANCIADORES DE LO PARANORMAL.
La publicidad es la principal vía de financiación de las publicaciones
esotéricas. Al margen de las empresas del sector del misterio
(teleadivinos, vendedores de amuletos, etcétera), hay instituciones y
entidades que financian -mediante la inserción de publicidad- las
revistas paranormales. En noviembre, los anunciantes que han colocado
publicidad en 'Año Cero' (A), 'Más Allá' (M), 'Enigmas' (E) y 'Enigmas
Express' (EE) son:
Instituciones: Patronato de Turismo de Gran Canarias (EE) y Unicef (EE).
ONG: Cruz Roja (EE), Greenpeace (EE) y Ayuda en Acción (M).
Editoriales: EDAF (A, M, E y EE), Sirio (A) y Siruela (A, E).
Otras: Aula Formació Directa (A, M), Cambridge International University
(E, EE), CCC (A, E), Ceac (M), Columbia Tristar Home Entertainment (EE),
El Corte Inglés (M), MGM Home Entertainment y Twentieth Century Fox Home
Entertainment (M), y Sara Records (A).
© Copyright Luis Alfonso Gámez, 2001.
Prohibida la reproducción.
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LOS DISFRACES DE HITLER
Por: Félix Ares de Blas
Recientemente, levantaron cierta polvareda las declaraciones del médico
italiano Severino Antinori, que quiere clonar seres humanos para
permitir que las parejas estériles puedan tener hijos. Hijos propios con
la misma información genética que uno de los padres. A Antinori se le ha
llamado Hitler, acusación de la que se ha defendido diciendo: «Yo soy
como Galileo, una víctima de la intolerancia». Pero no quiero hablar de
Antinori, ni de su proyecto de clonación, ni de Galileo; quiero hablar
de otras noticias que han aparecido a rebufo de ésta.
La primera es que los raelianos, un grupo de personas que piensan que
los humanos somos el producto de una experiencia genética realizada por
extraterrestres, quieren clonar a Hitler para castigarle por sus
atrocidades. A Antinori se le ha llamado Hitler. Sin embargo, esta
afirmación de los raelianos, hasta donde llegan mis noticias, ha quedado
sin respuesta.
He tratado de profundizar más en lo que son los raelianos y de sus
intenciones y lo que me he encontrado es bastante desolador. En su
página ‘web’, dicen que quieren utilizar la clonación para alcanzar la
inmortalidad. La cosa podría parecer una ‘boutade’ si no viéramos que
han sido capaces de construir un laboratorio de clonación y que la
directora del mismo acude a conferencias científicas junto con Antinori
y con Ian Wilmut, el ‘padre’ de la oveja Dolly.
No sé si la idea de Antinori de crear clones para que las parejas
infértiles tengan hijos tiene algo que ver con el racismo hitleriano o
no; pero no me cabe la menor duda de que tratar de clonar a Hitler para
castigarle o inmortalizarse a base de hacerse copias clónicas de uno
mismo lo son. Lo son por el determinismo biológico que exhiben. Aunque
no se diga, el mensaje subyacente es que «somos nuestros genes». O,
dicho de otro modo, somos nuestra raza. Y, por supuesto, eso es lo que
nos hace más guapos, más listos, más fuertes y los dueños naturales del
mundo. Es decir, racismo químicamente puro.
Si tan sólo se tratara de cuestionar las ideas de un grupo de creyentes
en los extraterrestres, por poderoso que sea, no merecería la pena hacer
una réplica. Pero, en los últimos años, cada vez que se hace un
descubrimiento sobre genética, las noticias que se dan dejan traslucir
la idea antes citada de que somos nuestros genes. Es esa maligna idea la
que quiero combatir. ¡No somos solamente nuestros genes!
Nuestros genes influyen, qué duda cabe; pero no nos determinan.
Permítanme unas pinceladas para demostrar que nuestras experiencias
vitales y nuestra voluntad de hacer cosas nos definen tanto o más que
nuestros genes.
Casi con seguridad en lo que los humanos más nos diferenciamos de otros
mamíferos y de otros primates es en nuestro cerebro. El cerebro nos hace
humanos. ¿Hasta qué punto el cerebro está condicionado por los genes? En
los momentos de desarrollo fetal en los que las neuronas cerebrales
proliferan con mayor abundancia, se crean 250.000 neuronas al día, de
las cuales sólo sobreviven 125.000. La circuitería cerebral se va
construyendo a base de ese nacimiento y muerte. Nosotros somos el
resultado de esa masacre neuronal. Que una neurona sobreviva o no
depende de muchas cosas: del calor, del frío, de las hormonas que hay en
ese momento, de la postura de nuestra madre durante la gestación, de que
ella fume o no, de su estado de ánimo... Y, cómo no, del azar. Si a
todos esos condicionantes los llamamos experiencia vital, pocas dudas
hay de que somos producto de ella. Dicho de otro modo, si clonamos a
Hitler, el cerebro del nuevo ser se crearía en sus propias condiciones
vitales, con su propia experiencia. Por lo tanto, lo más probable es que
no se pareciera al de Hitler en casi nada.
Hasta ahora sólo he hablado del crecimiento fetal, ¿y qué pasa después
del nacimiento? Pues que el cerebro sigue construyéndose de acuerdo con
el calor, el frío, la comida, la atención que le prestan los padres, los
contactos con otros niños, etcétera. Quiero recalcar que cuando he dicho
‘construyéndose’ no es ninguna metáfora; estoy hablando de cómo crecen
nuevas neuronas, de cómo se enlazan con otras para formar redes, de cómo
se aumenta o disminuye la conductividad de las sinapsis… Estoy hablando
de cosas totalmente tangibles.
No termina con la infancia, continúa durante toda la vida del individuo.
Nuestro cerebro se crea día a día. Hasta cierto punto, es nuestra
voluntad la que construye nuestro cerebro. Un ejemplo que lo demuestra.
Cuando hablamos nuestro o nuestros idiomas nativos, éstos ocupan una
zona del cerebro. Sin embargo, los idiomas aprendidos después de los
nueve años ocupan otra zona, encima de la primera. Por tanto, la función
que tienen esos millones de neuronas y sus conexiones depende totalmente
de nuestra voluntad, de que aprendamos un idioma o no.
Éste es sólo un ejemplo, hay miles. Y sólo he hablado del cerebro; a
nadie se le escapa que la cantidad de fibras de nuestros músculos, la
capacidad de levantar pesos, de correr, de nadar... depende de nuestra
voluntad de hacer ejercicio. De nuestra voluntad, no de nuestros genes.
Pretender castigar a Hitler a partir de un clon suyo, pretender que si
nos hacemos una copia clónica nos inmortalizaremos, pretender que
nuestra vida está escrita en nuestros genes... son algunos de los muchos
disfraces del racismo.
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CARTA “ESCÉPTICA” A FRANCISCO PADRÓN.
Por: Ricardo Campo Pérez.
Replicar a Francisco Padrón es un trabajo que debería estar
subvencionado por el Ministerio de Cultura. No, mejor aún: por el de
Sanidad. Porque la intoxicación intelectual que puede producir este
personaje en quien lo lee sin tener ni idea de las aberrantes temáticas
de que suele ocuparse puede ser perjudicial para la salud psíquica. En
todos estos años hemos pasado divertidos momentos leyendo esas líneas
periodísticas que nos ofrece don Francisco, compendios que deberían
aparecer en la tercera recopilación de la antología del disparate,
engendros de la más trasnochada irracionalidad, refrito de cuarta
generación de toda la colección de afirmaciones disparatadas,
pseudocientíficas y descaradas con que ha intentado "vender su moto
"paranormal" desde los años 70.
Hasta hace unos dos años Paco era el dueño de la escena "paracientífica"
canaria; sólo este servidor dedicaba tiempo y esfuerzo a refutar los
absurdos ufológicos del veterano pseudo-periodista: Paco lo acusaba con
alguna indirecta de esas de las que propician la soltura mingitoria a
causa de la risa. Pero he aquí que, en los últimos tiempos, al autor se
unieron otros escépticos motivados por la abrumadora presencia de lo
"paranormal" en los medios canarios y por la insultante difusión que
algunos medios realizan de la subcultura más pedestre. El público oye
otras cosas, otras opiniones, descubre puntos débiles en lo que
realmente no es más que un edificio de cartón piedra con frágiles
cimientos pseudocientíficos, fabricados de ignorancia del pensamiento
crítico y desahogo proverbial. Ya no es uno, son tres, cuatro; aparecen
en la tele, publican cartas, asisten a congresos y ferias paranormales y
exigen el derecho a ser oídos en público, algo que siempre se les había
impedido en los medios escritos, vetados por los adalides de la "mente
abierta"... Esto, que debería ser el pan de cada día para los medios
responsables si no estuviesen mayoritariamente interesados en propalar
estas estupideces por motivos económicos, se interpreta como un ataque,
como una osadía del escéptico de turno.
El señor Padrón se ha hecho eco de este nuevo escenario escéptico
tinerfeño de manera intensa. Presiente, como quien mira hacia atrás por
encima del hombro, que algún escéptico le va replicar por escrito, por
la imagen o por la palabra a alguna de esas afirmaciones que conmocionan
los cimientos de la ciencia contemporánea y desencajan las mandíbulas de
buena parte de los que permanecen atentos a su última ocurrencia. El
artículo que publica nuestro "fabricante de misterios" canario por
excelencia en el último número de "Atlantes, enigmas de la ciencia",
"Decálogo del perfecto escéptico" (septiembre 2001) prueba lo que digo.
Se trata de una rudimentaria colección de indirectas contra los
escépticos, aderezada con sus siempre torpes y típicas falacias.
D. Francisco Padrón: es Vd., a veces, un escritor críptico; sin duda hay
un mensaje oculto en el párrafo con que comienza su panfleto: "No creas
nada que no esté escrito en los libros de texto que durante unos cinco
años aprendiste en la universidad. Son textos sagrados que nadie puede
alterar. Si alguien lo hace, corres el peligro de que se funda tu
brillante memoria". ¿Me lo puede explicar Vd. o cualquiera? "Fundirse tu
brillante memoria": ¿es lenguaje "esotérico" o su tradicional fricción
con el castellano escrito? De entrada, la primera falacia: pretende
presentar al escéptico como el que usa argumentos de autoridad basados
en inamovibles conocimientos académicos. A Vd. la única ciencia que le
interesa es la del heterodoxo que parece avalar alguna de sus
disparatadas propuestas. La penúltima rueda de molino de este tipo con
la que pretendió hacer comulgar a sus lectores y oyentes fue la de un
pseudo-científico llamado Carlos Schabbat van nes Ziegler, que, en
realidad, es un señor de Barcelona mal aficionado a la física y al
trascendentalismo más barato concretado en los "diferentes estados
vibracionales", versión degradada y de cuarta categoría de los estados
múltiples del ser de que hablara el tradicionalista René Guenón. Todo
está inventado, señor Padrón. Por cierto, échele un vistazo a la
divertida crónica que sobre la intervención de este señor en el Puerto
de la Cruz se publicó en "El Escéptico Digital", 70 "Conferencia
pseudocientífica en el Puerto de la Cruz: crónica de un despropósito
tamaño folio", del que es autora Inés Rodríguez Hidalgo junto con el
autor de estas líneas (Boletín electrónico de Ciencia, Crítica a la
Pseudociencia y Escepticismo. ARP-Sociedad para el Avance del
Pensamiento Crítico, 16 de noviembre de 2000).
Recomienda Vd. a continuación difundir que "eres un científico y un
investigador racional y no como algunos periodistas que, a pesar de
llevar más de treinta años estudiando estos temas, son unos 'atrevidos
ignorantes vendedores de misterios'". Vd. lo ha dicho. Llevará más de
treinta años "estudiando estos temas" pero no he visto por su parte una
contribución rigurosa al conocimiento, más allá de un volumen de
publicaciones en las que se hace eco de toda la basura paranormal que
circula por esos mundos. Tenía usted, por otro lado, la oportunidad de
escribir un "libro de investigación" (¡qué generoso soy!) pero, como era
de esperar, nos ofreció un bodrio de 2.500 pesetas titulado "Luces de
medianoche", pura palabrería de la "nueva era" y repleto de principio a
fin de esa pseudo-espiritualidad afectada para jubilados menesterosos de
la que es maestro.
¿Le molesta que los críticos y escépticos difundan sus trabajos? Pues
acostúmbrese. ¿Acaso ha dado Vd. oportunidad a alguno de ellos a
expresarse en alguno de sus programas de radio? ¿Alguna invitación para
esos saraos paranormales que organizaba de vez en cuando por el norte de
Tenerife, para que el público pudiese escuchar otra interpretación de
esos supuestos fenómenos anómalos? ¿O, más bien, ha sido su tradicional
proceder el de evitar a toda costa el diálogo público con quien podía
poner en evidencia sus más disparatadas afirmaciones?
Remarca Vd. que los escépticos deben "calumniar, desprestigiar e
insultar, que siempre algo queda, por lo menos la duda" ¿Cuándo perdió
de manera tan lastimosa la vergüenza, señor Padrón? ¿Leyó, por ejemplo,
"Materia Reservada", del novelista Juan José Benítez? ¿Contó el número
de insultos por centímetro cuadrado de papel que hay en ese libelo?
¿Recopiló todos los que se imprimieron la pasada década en las revistas
de "misterios" en relación con el proceso de desclasificación de los
informes sobre ovnis del Ejército del Aire español, indigno proceder del
que Vd. se hizo eco en numerosas ocasiones en su página de "Diario de
Avisos" sin el más mínimo sentido crítico, tan sólo para alimentar ese
estúpido rumor de la ocultación oficial de información? ¿Le tengo que
recordar las numerosas insinuaciones que en los últimos meses viene
dedicando a los escépticos tinerfeños por escrito, incapaz de citar
nombres concretos por puro "acongojo" a una contundente réplica? En
cuanto a los plagios, está más que probado que algunos de los más
afamados fabricantes de misterios españoles se han dedicado a esta
comodona y lucrativa práctica, conocida últimamente como
"intertextualidad". ¿Le suena el "Libro de Urantia"? ¿Se acuerda del
libro de historias inventadas por Javier Esteban "Bases de ovnis en la
Tierra" que publicó con el seudónimo "Douglas O´Brien", con el que tomó
el pelo durante años a la parroquia platillista española, algunos de
cuyos capítulos fueron reproducidos con puntos y comas en artículos
periodísticos por profesionales del amaño?
¿Le parece aberrante que se cobre por dar una charla sobre escepticismo
o sobre el mito de los platillos volantes? ¿En qué mundo vive Vd., señor
Padrón? ¿En Ganímedes o en alguna de esas realidades, "vibracionales y
paralelas", con las que de vez en cuando nos sale? ¿Es extraño cobrar
por el trabajo intelectual? El divulgador científico, a menudo, no cobra
por su labor, ni tampoco el preocupado por desenmascarar supercherías
¿Acusa Vd., por otro lado, de protagonismo a los escépticos? Exigimos el
derecho a decir en público que se estafa sistemáticamente al creyente.
¿Acosar a los testigos de ovnis? Replicar a este párrafo me llevaría un
par de páginas porque es un concentrado de la pseudo-ufología
rudimentaria que Vd. representa. No se puede mostrar mayor ignorancia e
inquina contra quien rebate sus absurdos puntos de vista. ¿Quién
calumnia ahora? ¿Le preocupa que haya quien entrevista a los testigos de
supuestos fenómenos anómalos? ¿Le incomoda -lógico- que descubran que ha
embellecido sus palabras para convertirlo en una cuasi teofanía
platillista? ¿Qué opina de la interesada promoción que durante décadas
ha hecho Vd. de la inverosímil percepción del Dr. Padrón de Guía,
testigo, como muchos canarios, de los efectos de un lanzamiento de misil
Poseidón el 22 de junio de 1976 al oeste de Canarias? ¿Acosó al testigo
y le sirvió de comparsa para crear un misterio de la nada, o tuvo las
luces suficientes como para darse cuenta de que fue el único que
describió el fenómeno en aquellos términos?
¿Cuántas veces habrá oído Vd. decir que no se trata de creer o no en el
testimonio del testigo?, que la investigación ufológica no tiene nada
que ver con la amistad y la confianza -o la pura adulación- sino con el
afán de explicar lo que probablemente fue una simple confusión? Como si
nada... ¿Sabe Vd. lo que es un auténtico interrogatorio con afán
científico? ¿O cree que basta con un ameno diálogo con el sujeto, y,
entre risas y bromas, -como cuando estaba en medios radiofónicos-, no
ofrecer jamás una interpretación racional de lo denunciado, es decir,
estafar permanentemente al oyente o lector? ¿Cómo es posible que la
única explicación que ha hecho pública de sus muchos "casos ovni" haya
sido la de la filmación de unos pájaros en los Cristianos el 26 de julio
de 1996? ¿Fue porque "El Día" le pisó la noticia de una "filmación ovni"
y no podía consentir que otro medio le tocase su negocio?
No estamos enfermos de titulitis, señor Padrón, algo de lo que Vd. -y
otros como Vd.- dan síntoma con frecuencia. En sí no hay nada malo en
avalar a priori las palabras con un título (que, por cierto, no regalan,
sino que conlleva esfuerzo y trabajo). Se presupone cierta competencia
intelectual al que posee un título universitario, lo cual no impide que
muchos universitarios profesen absurdas creencias, de esas de las que
Vd. propala con una irresponsabilidad preocupante. ¿Qué nos puede
ofrecer, señor Padrón? ¿Qué estudios ha realizado; dónde los ha
publicado; quién los revisó?; ¿se llama a sí mismo "investigador"?; ¿de
qué?: ¿del humo que lleva 30 años vendiendo?
Quizá los dioses sabrán qué quiere Vd. con "lee los manuales de
actuación de grupos neo-nazis" y "acude a las charlas y conferencias
públicas para intentar reventarlas". ¿No le seguirá el juego a un par de
imbéciles que pululan por ahí y que se dedican a calumniar impunemente?
¿Le molesta que acudamos a sus charlitas pseudocientíficas del Puerto de
la Cruz y de la Matanza de Acentejo? ¿Le trae a mal traer que haya
interesados en decir las cosas claras ante el público y que pongan en
evidencia que sus afirmaciones no se sostienen y que sólo un público
fácilmente impresionable puede tragarse sus relatos? ¿No le pareció a
Vd. un compendio de desvergüenza diseñado para que nadie lo comprendiera
la intervención de Schabbath, castillo de naipes que se vino abajo en
cuanto un par de físicos hicieron las primeras preguntas rigurosas en
medio de la maleducada y crédula mayoría de la sala? Es que Vd. no
soporta que le toquen su chiringuito, don Paco, nunca lo ha soportado;
tiene Vd. un "prestigio" de pacotilla entre los crédulos canarios; se
tropezó con un erial, con un desierto en Tenerife en lo relativo a los
"fenómenos extraños"; no había nadie aquí de antemano, "okupó" un solar
y construyó un edificio cochambroso, hecho con los desperdicios del
pensamiento racional, todo ese material de interés para los folcloristas
y que el público desinformado acepta porque les aporta indicios de una
falsa esfera trascendente, en los términos en que Vd., inconsciente e
implícitamente, la formula. ¿Cuál es el meollo, si no, de su promoción
de las ideas de Schabbath, de sus estados vibracionales, de sus
platillos volantes que proceden de otros "planos" sino una absurda
religión nuevaerista? Vamos a seguir acudiendo a sus festejos sólo con
el interés de que el público oiga otras opiniones, algo que Vd. les ha
impedido todos estos años.
Los documentos gráficos de ovnis, como Vd. debería saber, son lo más
dudoso que existe en este terreno. Me recuerda esas divertidas fotos que
suele publicar de vez en cuando en las que se observa un grueso punto de
luz sobre fondo negro... ¿A quién pretende engañar? De la misma forma,
nos hacen gracia esas instantáneas que se pusieron de moda hace algunos
años, realizadas por un fotógrafo amigo suyo, en las que se podía
contemplar trazos anárquicos de luz en la noche y que Vd. interpretaba
como "energías inteligentes". Los fotógrafos a los que enseñé esas tomas
no tardaban ni dos segundos en descubrir el fraude, el burdo truco con
el que fueron realizadas. Dispongo de algunas de esas "energías
luminosas" en mi archivo de fotografías fabricadas por colegas
escépticos. ¿Quiere alguna para publicar? Pero eso sí, sin citar la
fuente, no sea que vaya algún escéptico a acosar al autor para que
confiese y quede Vd. en evidencia ante la parroquia de aficionados
acríticos...
¿Investigaciones de científicos que avalan sus afirmaciones? Bueno, como
escéptico, debo poner esto en duda, si me lo permite. Pero, ya que
estamos tratando este asunto: ¿por qué no he visto nunca una referencia
académica citada de forma correcta por Vd.? ¿Dónde publicó el científico
en cuestión el aval de su penúltima insensatez? ¿Qué juicios críticos
tuvo que superar? Me temo, señor Padrón, que de procedimiento científico
anda un poco pez. Debe creerse que porque algún científico haya
realizado afirmaciones que recuerdan alguno de sus caballos de batalla
pseudocientíficos ya está más que demostrada su más reciente "parida" y
que el mes que viene saldrá sancionada en algún journal académico.
Repito: deme referencias concretas de esas "investigaciones y teorías
afirmando la realidad de ciertos fenómenos".
"Usa, siempre, esta frase: 'La cuestión OVNI: un mito o un timo'.
Funciona muy bien". Después de corregir una falta de ortografía que hay
en esta frase textual suya aquí reproducida, debo decirle, señor Padrón,
que sí, que se trata de un mito, de un gran mito, de una creencia de la
que Vd. se aprovecha indiscriminadamente. ¿Dónde están las pruebas de la
presencia de extraterrestres en la Tierra o de que andan jugando al
escondite en una de esas dimensiones paralelas en las que Vd. -como
tantos otros- los arrinconó cuando los científicos comprobaron que es
altamente improbable que esos supuestos alienígenas hayan visitado
nuestro planeta por las inmensas dificultades del viaje interestelar?
¿Cuándo compartirá con nosotros sus evidencias? Pero no estoy de acuerdo
con Vd. -como en otros miles de aspectos de lo "enigmático"- cuando
parafrasea a los escépticos que afirman que el tema de los ovnis es un
timo; no del todo. Es cierto que la incidencia del fraude -y no señalo a
nadie- es mayor de la que se cree; que grandes "casos ovni" se han
derrumbado con el paso de los años cuando sus fabricantes confesaron y
que, en definitiva, es una posibilidad más a considerar en el análisis
ufológico. Pero no es un timo porque la creencia está viva: ¿necesita
más pruebas? Mire alrededor: la venta de falsedades y absurdos continúa
porque el público aficionado demanda una ración periódica de historias
impactantes. Decir que los ovnis son un timo sería como negar la
existencia de D. Francisco Padrón; porque Vd. es parte del "fenómeno
ovni", don Paco, Vd. es un creador, un iniciado... un "objeto" de
estudio para los interesados en la mitología platillesca.
No hace falta que recuerde a los escépticos que organicen seminarios en
la Universidad. No se preocupe, que seguiremos organizándolos, también
el próximo año 2002; y en el Ateneo de La Laguna y en otros foros de los
que tendrá noticia. Por cierto, cuando se refiere al erario público y
los seminarios que organizamos -algo lícito en la Universidad, que
gestiona sus fondos como le parece oportuno, sólo que esta vez no para
dar cancha a la charlatanería irracional- debería acordarse de cuando
Vd. deleitaba a la audiencia en aquellos coloquios en el hotel Semíramis
del Puerto de la Cruz... También debería hacer memoria de cuando
participó Vd. en unas jornadas de la Universidad de verano de Adeje,
también con fondos públicos...
Cuando se refiere Vd. a los informes sobre ovnis elaborados por
militares y la crítica de que "están chocheado" me imagino que se
refiere al informe Cometa. Sé que no es Vd. un dechado de precisión; por
eso aclaro aquí lo a sus lectores debió hacerles pensar: "¿de qué está
hablando este hombre?". No sé si estaban chocheando, pero sí es cierto
que el informe Cometa está formado por un grupo de militares franceses
jubilados aficionados a la temática de los ovnis. Pero lo importante no
es eso; lo relevante es el lugar donde publicaron sus conclusiones: un
semanario ilustrado que se vende en los kioscos. Y sabemos que las
publicaciones de kioscos aguantan lo que les echen. ¿Por qué no
sometieron sus hallazgos a la crítica científica antes de publicarlos?
¿Cómo es que tan sorprendente revelación sale a la luz en un lugar tan
poco apropiado? Me recuerda su proceder habitual: ¿por qué no manda uno
de sus artículos, el que Vd. crea que está más cercano a provocar un
cambio de "paradigma" en la ciencia contemporánea, a una revista con
árbitros? Puede elegir: psicología, exobiología, psiquiatría,
antropología... Vd. es un hombre del Renacimiento y ha tratado de todos
estos temas en su larga carrera como articulista del misterio.
A continuación nos deleita Vd. con un párrafo autobiográfico, sin duda:
"Procura mezclarlo todo, engaños y verdades; embaucadores y gente seria;
Astrología con Alquimia; Tarot con sanación; medicina natural con
almorranas... Hay que crear un buen lío". En otra ocasión pasaremos
revista a sus artículos desde los años 80, don Paco; verá que se queda
corto con esa lista de temáticas propias de la "ciencia de vanguardia"
que Vd. practica. En cuanto a los ejemplos de causas explicativas para
los episodios de observación de "ovnis" que cita, Vd., como yo, sabe que
son totalmente plausibles, sólo que su figuración pro-misterio le impide
reconocerlo. ¡No me irá Vd. a decir que anda anclado en las ideas
ufológicas de los años 50! Eso estaba bien para su maestro Antonio
Ribera.
Cuando baje del limbo me explica Vd. a qué se refiere con su desastroso
relato del tipo abducido por dos extraterrestres macizas al que le
dejaron un pelo púbico enrollado en el pitorrillo. De paso me da alguna
referencia científica relacionada con el asunto. Pero, sobre todo, no
sea iluso con las abducciones: todos sabemos que no hay ni una sola
prueba irrefutable de que éstas se desarrollen fuera de la cabeza de los
que dicen haberlas sufrido y que pueden estar muy relacionadas con la
parálisis del sueño, al igual que ese pseudo-fenómeno denominado "viaje
astral", del que es practicante asiduo.
Resumiendo: hay que seguir estafando a la gente con insensateces
pseudocientíficas. Hay que disfrazarse de investigador de lo anómalo.
Hay que hacerle el juego a la industria cultural que fabrica basura
irracional para alimentar a los incautos necesitados de una
pseudo-religión de cartón piedra. Hay que aprovecharse de la falacia de
los ovnis, de la credulidad rampante, del déficit de pensamiento
crítico, de la ignorancia de los lectores. Hay que aparentar que eres un
experto en lo "anómalo", que llevas décadas tras ellos -los semidioses
alienígenas bonachones- y que, probablemente, cada vez sabes menos sobre
los mismos, como algún desahogado afirmó en cierta ocasión. Hay que
retorcer los hechos de tal forma que adquieran apariencia misteriosa;
por ejemplo, un bólido o gran estrella fugaz puede ser convertido en un
fenómeno extraño que realizó un giro inesperado en la atmósfera... En
definitiva, siga Vd. mostrando que sus declaraciones son un auténtico
batiburrillo de asertos indemostrables, que es un gurú frustrado, un
señor con bula para tomarle el pelo al oyente y al lector, un marginal
del conocimiento riguroso, un propagador de mentiras sobre el proceder
científico, un maestro del uso incorrecto y viciado de la lógica, un
frecuentador del repertorio básico de falacias, un "investigador" de uno
de los mayores mitos del siglo XX: los platillos volantes. 'Salú pa'
gastarlo'.
La Tejita, sur de Tenerife, 21 de octubre de 2001.
[Nota] *El presente artículo, firmado por Ricardo Campo Pérez, es
ofrecido a nuestros lectores también en formato PDF. El mencionado
documento añade un archivo gráfico con el artículo original de Francisco
Padrón Hernández, al que se hace mención a lo largo de la Carta
Escéptica de Ricardo Campo, y puede ser descargado desde
http://www.arp-sapc.org/eedigital/carta_esceptica.pdf
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El Correo http://www.elcorreodigital.com/
CIENCIA Y SOCIEDAD
Por: Joseba Zubia
A nadie se le escapa que los avances de la ciencia y de la tecnología
influyen decisivamente en el modo de vida del hombre. Santiago Ramón y
Cajal, en la primera década del siglo XX, en plena madurez, estudiaba la
histología cerebral. Hoy, gracias a sus descubrimientos y a los de
aquellos que recogieron su antorcha, se conoce mucho de la naturaleza
del cerebro. Dicho conocimiento nos ha permitido hallar remedios para
multitud de dolencias. El avance en este campo y en la medicina en
general conlleva grandes beneficios sociales. Estos avances no se logran
de forma aislada, sino que requieren el desarrollo paralelo de la
tecnología y de otras disciplinas científicas.
La Humanidad tiene y ha tenido grandes e importantes problemas:
enfermedades, hambrunas y falta de comunicación. Y han sido la ciencia y
la tecnología las que nos han reportado sus soluciones: vacunas,
fármacos, nuevas técnicas de diagnóstico con las que se han eliminado
plagas y enfermedades. Actualmente se conoce el origen de muchas
enfermedades, su remedio e incluso nuestra predisposición a algunas a
través del genoma. Se han desarrollado medios de transporte rápidos y
seguros, sistemas de información globales y eficaces como Internet, y se
han optimizado y protegido los recursos medioambientales. Hay que
señalar con un sonrojo no hipócrita que, aunque todavía hay hambre en el
mundo, ésta se debe a razones políticas, ya que la ciencia y la
tecnología pueden asegurar una producción suficiente de alimentos para
toda la población. La productividad agrícola ha aumentado
espectacularmente debido a que se han multiplicado el número y la
calidad de las semillas, se ha incrementado su resistencia a plagas y se
han desarrollado insecticidas y fungicidas eficientes. Y toda esta
capacidad del hombre para transformar el planeta reside en las fuentes
de energía que ha desarrollado y utilizado en los últimos años.
He ahí la trascendencia de la investigación científica. Por eso, frente
a la demagogia interesada sobre el enorme coste de la investigación
espacial, nuclear o de proyectos como el del genoma, cabría responder,
por poner sólo un ejemplo, que la investigación desarrollada en los
laboratorios espaciales nos reportará a medio plazo, y con toda
seguridad, grandes beneficios sociales, algunos de ellos aún por
imaginar. Permítanme recordarles brevemente una anécdota. Hace poco más
de 150 años, Faraday descubría el motor eléctrico. Preguntado sobre su
aplicación, respondía: «¿Para qué sirve un recién nacido?». Hoy en día,
las aplicaciones del motor eléctrico, desde la batidora doméstica hasta
los grandes generadores de las centrales hidráulicas, son casi
ilimitadas.
Ahora bien, no nos engañemos; el progreso no llega a todos a la vez,
aunque en su origen el planteamiento sea universal. El objetivo de la
investigación es la búsqueda de la verdad, del conocimiento y de su
aplicación. En última instancia, se persigue el dominio del Universo en
beneficio del hombre a través de la resolución de problemas concretos, y
con ello elevar los niveles de vida de grandes sectores de la población
e incluso de países enteros.
Hay un subproducto de la investigación tan importante como los puros
desarrollos prácticos: la libertad. Ciencia es libertad, puesto que el
conocimiento disminuye nuestros miedos a lo desconocido, nos libera de
enfermedades, nos proporciona más tiempo libre, elimina las barreras
geográficas científicas y aumenta nuestras posibilidades de elección. Y
también la ciencia y la tecnología son poder -«Science is power»-, ya
que nos han proporcionado medios para que podamos conocer inmediatamente
los desastres naturales, las guerras, las injusticias sociales o la
esclavitud, y de este modo poder paliar o minimizar sus efectos (aunque
esto último es una decisión política, no científica).
Sin embargo, y a pesar del enorme valor de los avances científicos, la
sociedad valora más los perjuicios generados por las aplicaciones de la
ciencia y la tecnología que sus bondades. Esto se debe, en parte, a que
la ciencia y la tecnología crecen demasiado deprisa, al menos en
relación con el desarrollo cultural y moral de las sociedades más
avanzadas. Por otra parte, nuestra sociedad tiene una escasa cultura y
tradición científica, y los investigadores no queremos explicar la
ciencia. La divulgación debe actuar de catalizador para que la sociedad
desarrolle la conciencia de la trascendencia de las investigaciones.
Estas deficiencias alejan al científico de la sociedad. Un ejemplo
actual lo constituyen los transmisores de telefonía móvil que se han
instalado en las azoteas de algunos edificios. Dejando aparte la
discusión sobre su riesgo, es innegable que tanto el desconocimiento de
la tecnología y sus efectos como su rápida implantación han provocado
una reacción de alarma social. La divulgación e información a tiempo
sobre dicha tecnología y sus efectos habría evitado la situación actual
de desconfianza.
Los científicos y técnicos debemos explicar que el desarrollo científico
conlleva nuevos riesgos, alguna vez sutiles y cada vez más difíciles de
comprender. Y debemos ser conscientes de que a la sociedad le preocupa
el hecho de que escapen a su control. Puesto que no existe el ‘riesgo
cero’ en la investigación científica y en los frutos de su aplicación,
debe resolverse el problema de cuál es el riesgo asumible a través de un
debate democrático y un análisis ético que no coarten la libertad de
investigación. En este sentido, hay que abogar por la investigación
responsable y prudente e instar a los científicos a que defiendan
públicamente su investigación, y a los medios de comunicación a que
cedan más espacio a estos temas.
La demanda social exige cambios tanto en la actitud de los científicos a
la hora de divulgar los objetivos de su trabajo como a la hora de
definirlos. La investigación no se integrará en la sociedad si no
alcanza a responder a la demanda social. Por ello, la ciencia debe estar
regulada por la política, y no por el mercado, para así minimizar los
riesgos y poderla acercar a la sociedad. Todo esto nos lleva a
planificar de forma adecuada los objetivos de la investigación para que
se evalúen sus efectos socieconómicos, medioambientales y otros
imprevisibles a largo plazo.
Los políticos deben tener claro el valor de la ciencia y de la
investigación como base del desarrollo económico. Mantener un potencial
de investigación adecuado y seleccionar sus objetivos garantiza un nivel
tecnológico apto para el desarrollo económico y el bienestar social. Los
países que más invierten en investigación son los más desarrollados y
los que gozan de mayores niveles de riqueza.
La trascendencia de la investigación es tal que los gobiernos están
condicionados por realidades científicas y tecnológicas que sin duda
deben conocer. Política energética, contaminación, desarrollo
industrial, agricultura, paro, sanidad, ocio... son áreas donde los
políticos deber ser correctamente asesorados. Los gobiernos han de estar
informados, pero las decisiones han de ser políticas, no debe existir el
determinismo científico; aunque sí habrá en el futuro cercano una
paulatina transferencia de los centros de decisión del dominio político
al científico.
En la Península Ibérica, a principios del siglo XX, la esperanza de vida
apenas llegaba a los 35 años. Actualmente, ronda los 80, con una calidad
de vida mucho mayor. Aunque sólo fuera por eso, ¿no ha merecido la pena?
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El País http://www.elpais.es/diario/
BOÑIGAS DE CAMELLO
Por: Juan Luis Arsuaga
El Ejército alemán avanzaba imparable por el norte de África. Nada podía
detener la marcha del Afrika Korps, que amenazaba con expulsar a los
aliados de la región. Con el fin de obstaculizar al menos su marcha,
éstos decidieron minar las principales rutas. Pero, para su
desesperación, los alemanes identificaban fácilmente las minas, las
desactivaban y proseguía como si nada el avance de las columnas de
vehículos.
El servicio de información británico se dirigió entonces a un
antropólogo americano destinado en Tánger como 'ayudante especial de la
legación americana'. El antropólogo en cuestión había excavado en 1939
para el Museo Peabody de Harvard en la Cueva Grande, situada en el cabo
Espartel, cerca de Tánger. Pero al mismo tiempo que excavaba montó una
emisora de radio por medio de la cual informaba a los ingleses de las
actividades de los nazis (la historia es tan cinematográfica como
Casablanca, pero hay otros muchos ejemplos de científicos espías: poca
gente sabe que el famoso Lawrence de Arabia era arqueólogo de formación
y que realizó su tesis doctoral sobre los castillos cruzados de Oriente
Próximo).
Ahora los británicos querían que el antropólogo recogiera rocas de los
caminos para que los ingenieros militares pudieran fabricar minas que
simularan piedras. La primera regla del camuflaje es la de imitar algo
que se encuentre por todas partes. A las pocas horas de recolectar
rocas, al antropólogo se le ocurrió una idea mejor. ¡Camuflemos las
minas como si fueran boñigas de camello! ¡Los alemanes no tendrán tiempo
material para inspeccionar los millones de boñigas sembradas por los
caminos, y, si no lo hacen, cualquier boñiga aparentemente inofensiva
reventará un carro de combate! Al poco tiempo, unas cuantas muestras de
boñiga de camello viajaban hacia Londres por valija diplomática.
A pesar de su ingenio, el nombre del antropólogo en cuestión no está
inscrito en letras de oro en los anales de la historia militar. Pero sí
que es muy frecuente encontrarlo en los libros de antropología, porque
el buscador de boñigas de camello llegó a ser después de la guerra una
personalidad muy influyente en el terreno de las razas humanas. Ese
nombre es Carleton S. Coon.
Como raciólogo obsesivo que era, Coon veía más fácilmente las
diferencias que las semejanzas entre las poblaciones humanas. Aunque su
especialidad era la antropología biológica, no podía evitar pensar que
también había diferencias en el carácter de los distintos pueblos que
habitan la Tierra, rasgos psicológicos que les son propios. Ésta es, por
otro lado, una idea muy extendida entre la gente, y que se expresa en
los chistes sobre ciudadanos de diferentes países. Los tópicos sobre los
japoneses, alemanes, franceses y españoles o, a una escala más local,
vascos, catalanes, aragoneses, gallegos, leperos, no tienen mayor
importancia mientras no se crea de verdad que esas estereotipadas formas
de ser son constitucionales, es decir genéticas, y que forman parte de
la definición de la raza-etnia tanto como el color del pelo, la forma
del cráneo o el tamaño de la nariz. Todos los racistas del tipo
norte-sur piensan que la gente de su pedanía es, por naturaleza, más
emprendedora, trabajadora y capaz que los holgazanes del sur, a los que
tienen que subvencionar (pero a los que en realidad explotan siempre que
pueden).
Para Coon, en realidad, las diferencias culturales y las físicas eran
dos caras de la misma moneda, porque él pensaba que las barreras
culturales separan a los pueblos y los mantienen aislados genéticamente.
Un buen ejemplo de cómo se empiezan a levantar muros culturales que
impiden el intercambio de genes es, según Coon, el de los diferentes
clanes escoceses, que se distinguen entre sí por el estampado de sus
vestidos o tartan. Ésta es una buena ocasión para reflexionar sobre lo
poco serio de muchas de las teorías sobre las razas humanas: en realidad
no existió nunca un estampado propio de los MacDonald o de los
MacGregor, y los que circulan ahora por ahí son inventos folcloristas de
época victoriana.
Si las diferencias, biológicas y psicológicas, entre las poblaciones
humanas son tan marcadas, la consecuencia inevitable es que sus raíces
tienen que ser muy profundas. Las razas humanas serían así prácticamente
equivalentes a especies, con una larga historia evolutiva (de cientos de
miles de años) por detrás. Para apoyar sus tesis, Carleton S. Coon
recurrió a un paleontólogo muy famoso, Franz Weidenreich. Éste era un
judío alemán que tuvo que huir de su país a causa de la persecución
nazi, y se fue primero a China para estudiar los fósiles humanos del
famoso yacimiento chino de Chukutien (hoy escrito Zhoukoudian), cerca de
Pekín (o Beijing), datado en alrededor de medio millón de años. De allí
pasó al Museo de Historia Natural de Nueva York. Para Weidenreich, los
fósiles de Chukutien eran los antepasados directos de los chinos
actuales, del mismo modo que los europeos antiguos serían los
antepasados de los actuales (con los neandertales de Oriente Próximo
como paso intermedio). Los aborígenes australianos y los subsaharianos
(los negros) también tendrían ancestros propios en Indonesia y África
más o menos contemporáneos de los fósiles de Chukutien.
El esquema de Weidenreich era, de todos modos, un poco más complejo que
todo eso. Las diversas líneas que darían lugar a los grandes grupos
actuales de población se habrían estado pasando genes todo el tiempo a
través de las fronteras, de modo que la especie humana habría
permanecido unida gracias a ese flujo permanente y unificador, que
habría impedido la especiación o ramificación (es decir, que una o
varias de las razas se convirtieran en nuevas especies). No habría
habido nunca más de una especie humana, como ahora, aunque siempre
estuviera dividida en razas muy marcadas. La cuestión central estaba en
el énfasis que se le diera a ese flujo de genes entre razas (por cierto,
la única forma de intercambiar genes es teniendo hijos). Podría haber
sido una corriente de genes muy importante o, por el contrario, un débil
flujo apenas significativo. No está claro qué pensaba Weidenreich al
respecto. Parece en cambio fuera de duda que para Coon era mucho más
importante lo que había en las razas de evolución independiente que los
posibles intercambios de genes entre unas y otras.
Coon estaba también preocupado por el futuro de las razas, y no sólo por
su pasado o su estado actual, lo que le llevaba a preguntarse en 1965
por la posibilidad de una intervención directa del hombre sobre sus
propios genes, un tema que hoy es de actualidad plena. En los países con
suficiente desarrollo científico como para actuar sobre el genoma
humano, las grandes religiones monoteístas no lo permitirían, razonaba
Coon. En aquella época la Unión Soviética y la China maoísta padecían un
gran atraso en materia genética y quedaban descartadas. La mirada
inquisitiva de Coon se detenía entonces en Japón, un país con grandes
capacidades tecnológicas y que había controlado su demografía por medio
de campañas de planificación familiar; es decir, un pueblo con
iniciativa, conocimiento y disciplina. Para Coon existía el peligro
cierto de que, gracias a la manipulación genética, los japoneses
pusiesen a su raza por delante de las demás, algo que hoy nos parece una
completa simpleza (pero aún no está decidido qué vamos a hacer con
nuestro conocimiento del genoma humano).
El modelo evolutivo de Weidenreich-Coon todavía encuentra defensores,
aunque todos ellos insisten más en lo que tienen en común las
poblaciones actuales que en lo que las diferencia, ya que hoy se sabe
que es tan escasa la separación genética que ni siquiera está
justificado que se utilice el término 'raza' aplicado a los humanos (y
debería quedar relegado para uso exclusivamente ganadero y veterinario).
Nuestra especie es una de las más homogéneas que existen entre los
mamíferos, aunque las diferencias de color puedan hacer pensar a primera
vista lo contrario. De hecho, hay más variación genética dentro de cada
población humana que entre unas y otras. O dicho de otro modo, los
individuos típicos (o promedio) de las distintas poblaciones humanas
difieren genéticamente menos de lo que lo hacen entre sí los individuos
extremos de una cualquiera de las poblaciones humanas (técnicamente se
dice que es mayor la varianza intrapoblacional que la varianza
interpoblacional).
Al modelo evolutivo de Weidenreich-Coon se opone otro (con el que
simpatizo) que afirma que sólo somos herederos de una de las poblaciones
antiguas, concretamente de una que vivió en África hace unos 200.000
años. Se explica así por qué somos tan semejantes los humanos. Las demás
poblaciones antiguas (en realidad especies distintas de la nuestra) no
habrían aportado casi nada o nada en absoluto a nuestro acervo de genes.
No soy quién (nadie lo es) para juzgar las verdaderas intenciones y
sentimientos que Carleton S. Coon escondía detrás de sus hipótesis
científicas, y no sé si Coon pensaba o no que unas razas eran superiores
a otras. Tal vez el viejo Coon pisó sin querer, como muchos otros
antropólogos de los dos siglos pasados, minas ideológicas peores que las
que preparaba el joven Coon en la guerra. Pero sí es indudablemente
cierto que afirmaba que la humanidad estaba escindida desde su mismo
origen en cinco ramas distintas (caucasoide, capoide, congoide,
mongoloide y australoide), o, en sus mismas palabras, que la humanidad
actual tenía cinco cunas en lugar de una sola, y que como resultado de
esas desigualdades de nacimiento y cuna los miembros de los diferentes
pueblos de la Tierra debían ser educados de distinto modo, atendiendo a
sus particulares capacidades e inclinaciones. Las enseñanzas de
Cambridge y de Harvard no serían pues adecuadas ni convenientes para
todo el mundo; desgraciadamente ése es el programa que han defendido los
racistas (y clasistas) de todas las épocas: educar de forma diferente
para justificar y perpetuar las diferencias.
Milford Wolpoff, un vociferante defensor actual del esquema evolutivo de
Weidenreich, acusa de racistas a los partidarios del origen único y
reciente (y posiblemente africano) de nuestra especie, de toda nuestra
especie. Según él, los que consideramos a los neandertales una especie
diferente (o casi) de la nuestra estaríamos comportándonos como los
viejos racistas que trataban a las poblaciones humanas vivientes como si
fueran varias especies, cerrando los ojos ante el hecho evidente de que
se pueden reproducir entre sí. Pero, a mi juicio, lo que más favorece
los argumentos de los racistas no es el supuesto racismo retrospectivo
hacia los neandertales, sino justamente lo contrario: sostener que los
asiáticos, los australianos, los africanos y los europeos descendemos de
cadenas independientes de antepasados (las cunas de Coon) que llevan
evolucionando más o menos aisladas en distintas partes del mundo desde
hace cientos de miles de años.
La moraleja de esta disputa entre antropólogos sobre genealogías es que
la ciencia no está nunca situada al margen de las ideologías; nunca es
incolora, inodora e insípida. Cada descubrimiento realmente nuevo,
trátese de la evolución, del origen del hombre moderno o de la
clonación, agita las aguas del debate intelectual y nos obliga a tomar
decisiones. Por eso, algunos preferirían que no se investigase. Pero es
la verdad, y no la ignorancia, lo que nos hará libres.
[Nota] *Juan Luis Arsuaga es catedrático de Paleontología de la
Universidad Complutense de Madrid y Codirector del equipo que lleva a
cabo las investigaciones en Atapuerca.
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LA “OTRA” GUERRA BIOLÓGICA
Por: Javier Armentia
Hace unas semanas un equipo de bioquímicos de la Universidad de Duke, en
Durham (Carolina del Norte, EEUU) ha encontrado cómo ciertas bacterias
pueden alterar la carga negativa de su membrana, incorporando una
molécula de azúcar a las cadenas de lípidos que la componen, para evitar
los ataques de las sustancias antibióticas. Controlado por una enzima,
el proceso hace que la bacteria se vuelva mucho más resistente. El
hallazgo, aparte de mejorar la comprensión sobre los mecanismos de
defensa bacterianos, puede ayudar al diseño de nuevas estrategias que
usarán los medicamentos para atacarlas.
Estrategias en las que, según la Organización Mundial de la Salud, la
industria farmacéutica mundial lleva invertidos más de 3 billones de
pesetas en los últimos cinco años. Esta enorme inversión, sin embargo,
puede no llegar a ningún lado si no se ataja la resistencia microbiana a
los medicamentos, uno de los problemas médico-sanitarios que la OMS
considera más importantes en este nuevo siglo. De hecho, esta
organización ha creado todo un frente de trabajo para minimizar el
efecto “y promover un uso más inteligente de las medicinas, consiguiendo
que los tratamientos sigan siendo efectivos para las generaciones
futuras” como afirmaba recientemente el Dr. David Heymann, Director
Ejecutivo de la OMS para Enfermedades Transmisibles.
¿Y por qué todo esto? La aparición a mediados del siglo pasado de la
penicilina y posteriormente todo un abanico de medicamentos
antibióticos, que atacaban a las enfermedades microbianas, producidas
por bacterias principalmente, supuso una verdadera revolución en la
medicina y la sanidad del mundo entero. Una mejora que podría verse
seriamente afectada debido a que cada vez aparecen bacterias más
resistentes a esos antibióticos. El mal uso y el abuso de las medicinas,
y la capacidad de los procariotas para defenderse del ataque constituyen
dos de las razones que están volviendo a traernos enfermedades como la
tuberculosis.
Las bacterias emplean diversos mecanismos para transmitir la capacidad
de defensa a un medicamento concreto. Evidentemente, las reglas de la
evolución están en juego: sólo las bacterias capaces de sobrevivir al
tratamiento van a reproducirse y perpetuar ese genoma. Las siguientes
generaciones serán más resistentes si se consigue ese mecanismo: la
lucha por sobrevivir darviniana. Para su ventaja, las bacterias muestran
una enorme plasticidad para incorporar y alterar su material genético.
Por un lado, existen mutaciones espontáneas, de manera que una bacteria
se convierte en resistente a un antibiótico. Esto es lo que sucede en la
tuberculosis, enfermedad producida por el Mycobacterium tuberculosis,
descubierto por el investigador alemán Robert Koch en 1880 (y conocido
mundialmente como “bacilo de Koch”). La tuberculosis mata a más de dos
millones y medio de personas anualmente, y la cifra de infectados ha ido
aumentando en los últimos años, principalmente debido a que esta
bacteria es cada vez más resistente a los tratamientos antibióticos
usuales. Según se comprobó a comienzos de los 90 en el barrio de Harlem,
en Nueva York (casi un 20% de los casos norteamericanos se centraban en
esa zona de Maniatan), esa resistencia había sido propiciada por los
mismos enfermos que no acababan su tratamiento de seis meses de duración
porque, normalmente, a los dos meses los síntomas habían desaparecido.
De esta manera, era difícil convencer a los enfermos que siguieran
tomando antibiótico. Lo que sucedía es que en el organismo aún quedaban
bacterias tuberculosas, precisamente las más resistentes, que comenzaban
a proliferar de nuevo cuando dejaba de tomarse la medicina, provocando
una recidiva aún más grave.
Pero hay más mecanismos en acción. La Neisseria gonorrheae, la bacteria
responsable de la gonorrea, tiene una forma de sexo denominada
transformación, en la cual una bacteria puede tomar material genético de
otra. En otras especies, se produce transmisión de plásmidos (pequeños
círculos de DNA) entre bacterias contiguas. Este mecanismo parece
responsable de la muerte de más de 12.000 guatemaltecos en 1968, cuando
la bacteria Shigella diarrhea incorporó un plásmido que la hacía
resistente a cuatro antibióticos diferentes. Esta capacidad de las
bacterias de compartir fragmentos de DNA podría ser solamente el
principio: se especula sobre la posibilidad que podrían tener algunas
bacterias de adquirir genes de otras especies, y hacerlos funcionales.
Si esto sucede con genes relacionados con la resistencia a antibióticos,
el peligro está servido.
Teniendo en cuenta que las muertes debidas a enfermedades microbianas
constituyen más del 85% de la mortalidad infecciosa en todo el mundo, es
comprensible que los organismos responsables estén preocupados. La
resistencia bacteriana se consideró al principio, en los años 60, como
una curiosidad científica. Hasta los años 80 había una gran confianza en
la investigación farmacológica, porque rápidamente se obtenía una nueva
molécula antibiótica capaz de solucionar el problema e incluso parecía
que sería posible adelantarse a las bacterias. Pero ahora se ha tomado
conciencia de que no es así. Sin embargo, se exige una estrategia
global, porque el problema no es solamente la aparición por doquier de
bacterias resistentes, sino que el abuso y el mal uso de los
medicamentos antibióticos se halla tan afianzado que es la principal
arma bacteriana. En la 51ª Asamblea Mundial de la Salud, en 1998, se
hacía un llamamiento a los estados miembros de la OMS para legislar la
venta indiscriminada de antibióticos sin prescripción o receta de un
profesional cualificado, y a promover campañas de información para
disminuir la automedicación. En España podemos ver cómo, a pesar de las
campañas sanitarias de aviso que se suceden en los últimos años,
cualquiera puede ir a una farmacia y comprar cualquier antibiótico sin
receta sin ningún problema.
Todo un reino vivo
Las bacterias son seres vivos unicelulares que carecen de núcleo
diferenciado. Son los procariotas, uno de los reinos en que los biólogos
dividen la vida en nuestro planeta. Estimaciones realizadas por vez
primera hace dos años por William B. Whitman, de la Universidad de
Georgia (EEUU) han puesto de manifiesto no sólo que constituyen más de
la mitad de la materia viva, sino que además contienen tanto carbono
como todas las plantas de la Tierra. Globalmente, hay 5 quintillones (un
5 seguido de 30 ceros) de bacterias en nuestro planeta. Y esto tiene
importantes consecuencias: un fenómeno extremadamente raro en
laboratorio, con una probabilidad de que suceda de sólo una entre mil
millones de veces, debido al gran número de bacterias, puede suceder tan
a menudo como una vez por segundo.
Podemos encontrar bacterias desde la alta atmósfera (se han hallado a
más de 60 Km. de altura) al profundo subsuelo (a 11 Km. de profundidad
bajo la superficie continental). Algunas de ellas son capaces, como la
Deinococcus radiodurans de soportar dosis masivas de radiación capaces
de romper por completo su material genético.
Por otro lado, cada generación de una cepa bacteriana se sucede en menos
de 20 minutos. De esta manera las alteraciones genéticas pueden
transmitirse y una evolución terriblemente rápida. No es extraño que las
bacterias se utilicen en laboratorio para comprobar “en acción” las
fuerzas evolutivas de la vida. Y precisamente por esto su capacidad de
aprender a defenderse de las sustancias con las que las atacamos se
incrementa notablemente.
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Páginas 12, suplemento “Futuro”
http://www.pagina12.com.ar/2001/suple/futuro/
MEMES: LOS GENES DEL PENSAMIENTO
Por: Pablo Capanna - Buenos Aires, 3 de Noviembre de 2001
Artículo enviado por: Alejandro Agostinelli
Cuando un modo de explicar la realidad, como la genética, tiene éxito,
casi inevitablemente se convierte en modelo para estudios extraños a su
origen. Uno de los que incurrió en tal exceso fue el científico inglés
Richard Dawkins –el famoso autor de la teoría del “gen egoísta”– que, en
la búsqueda de la unidad mínima de la cultura, propuso a los memes como
el tan mentado “gen cultural”. Así, cosas como tonadas, ideas,
consignas, modas y procedimientos serían los programas básicos de la
cultura que se transmitirían por imitación. En esta edición de Futuro,
el filósofo argentino Pablo Capanna desmenuza la propuesta del británico
que tal vez no pase de ser una conjetura basada en la analogía, un
intento reduccionista y algo simplista de explicar la cultura,
seguramente el fenómeno más complejo que conocemos.
¿Para qué sirve la visera de la gorra?
Con un criterio puramente funcional, cualquiera diría que sirve para
evitar que el sol pegue en los ojos. Por supuesto, para eso la visera
tiene que ir en la frente. En los años ‘50, cuando se popularizaron las
gorras con visera, se usaba así. Tanto Pig, el mecánico de Bull Rockett
imaginado por Oesterheld, como Juan D. Perón, en cuyo homenaje por un
tiempo la gorra llegó a llamarse “Pochito”, usaban la visera siempre
adelante.
Sin embargo, hace menos de veinte años la gorra se dio vuelta, y la
visera fue a parar a la nuca. Así solían usarla los jugadores de
béisbol, con la sana intención de ver llegar la bola y evitar un
pelotazo en el ojo. En algún momento, los demás, aunque no tenían nada
qué temer, los imitaron. En poco tiempo, en todo el mundo las gorras se
habían dado vuelta y aparentemente los únicos que siguen usándola a la
antigua son los soldados iraníes, de puro fundamentalistas.
Ignoramos en qué momento y por qué causa se dio vuelta la gorra, del
mismo modo que desconocemos el origen de tantas otras modas. Pero lo que
sí sabemos es que una vez puestas en marcha se expanden como epidemias.
En algún momento se extinguen, quizás desplazadas por una moda más
poderosa, pero hay casos en que se eternizan como la corbata, que surgió
durante el sitio de Viena para imitar un amuleto turco y nunca más pudo
ser erradicada.
El mismo destino signa a las palabras, que nacen y mueren al ritmo de la
historia. Es difícil saber cuándo se extinguieron especies como
“jailaife” o “esplín”, que antes pululaban en los tangos, o cuándo se
produjo la mutación que dio origen a palabras como “re-masa” o “transar”
. Es difícil explicar por qué la palabra “emblemático”, que antes sólo
usaba Borges, ha llegado a estar en boca de todos, hasta de los
jugadores de fútbol, con imprevisibles sentidos. Quizás los lingüistas
nos puedan explicar el mecanismo por el cual el “boncha” de los años ‘50
desapareció durante toda una generación para resucitar como el
triunfante y omnímodo “chabón” de los ‘90.
Plagas culturales
Una de las pocas personas que han reparado en el extraño fenómeno de la
inversión de gorras es el zoólogo inglés Richard Dawkins, uno de los
divulgadores y polemistas científicos más conocidos de los últimos años.
Dawkins ha intentado explicar desde una perspectiva biológica las modas,
los estereotipos, las frases hechas y otros fenómenos culturales de vida
generalmente efímera. Nunca fue fácil determinar cómo brotan, se
difunden y se extinguen ni por qué mientras algunas se expanden como
plagas, otras abortan sin llegar a prosperar.
El mérito de Dawkins es haber planteado el problema, haciéndose eco de
las sugerencias que hacía un pilar de la genética como Jacques Monod
hacia el final de El azar y la necesidad. Cuando escribió su best-seller
El gen egoísta (1976), Dawkins pensó que había llegado el momento de
establecer una analogía entre genética y cultura, buscando el gen
cultural.
Recordemos que, para Dawkins, árboles, mosquitos y hombres eran apenas
máquinas reproductoras. Su única función era perpetuar la información
genética de una generación a otra, más allá de las aspiraciones de los
individuos. Una gallina era el recurso con que contaba el huevo para
hacer más huevos, y el huevo era tan sólo el soporte del genoma
gallináceo. Las unidades que codifican la información biológica son los
genes, que la transmiten mediante la replicación y la reproducción. ¿Por
qué no pensar en unidades análogas para la cultura? Dawkins propuso que
el mecanismo transmisor en este campo debía ser la imitación.
Cosas como tonadas, ideas, consignas, modas y procedimientos podían ser
los programas básicos de la cultura. Puesto que se transmitían por
imitación, Dawkins los llamó “mimemes” (usando la palabra como en
“mímesis”, imitación), o memes a secas, por analogía con “genes”.
Su colaborador N.K. Humphrey llegaba a afirmar entonces que los memes
son “estructuras vivas, no en sentido metafórico sino técnico” que
parasitaban los cerebros tal como los virus lo hacen con los organismos.
Para Dawkins, la cultura sería el campo de batalla donde los memes
compiten al estilo darwiniano para imponerse unos sobre otros. Los memes
serían tan egoístas como los genes. Si poseían un valor de
supervivencia, en sentido evolutivo, no era para que sobrevivieran los
individuos portadores sino el propio mensaje memético. De hecho, siempre
se supo que la cultura sobrevive a sus creadores y que el triunfo de un
escritor es llegar a ser anónimo.
La idea era atrayente mientras Dawkins se ocupaba del revuelo que solían
causar las rachas de entusiasmo por la minifalda, el yoyó, el hula-hula
o los chistes políticos, que suelen ser inmortales, al reciclarse de un
gobernante a otro. Lo mismo se diría de pautas culturales como las que
en algún momento jerarquizaron el acto de fumar o desestimaron el
peligro de las enfermedades sexuales. También podía aplicarse a la
circulación de los slogans: nadie recuerda que la frase “piensa
globalmente, actúa localmente” nació en el seno del anarquismo
situacionista de 1968; hoy la usan hasta los más conservadores.
Yendo un poco más lejos, Dawkins calificaba como memes ideas tan
complejas y multiformes como la de Dios o la creencia en la vida después
de la muerte. Pero también admitía que la teoría de Darwin no dejaba de
ser un meme, con lo cual sin proponérselo ponía en duda su objetividad.
La Memética
Las propuestas de Dawkins han cuajado en un movimiento que apunta a
crear una nueva ciencia llamada Memética. Entre las figuras más
conocidas que se sintieron atraídas por el proyecto o participaron en él
se cuentan los filósofos Douglas R. Hofstaedter y Daniel Dennett; el
padre de la nanotecnología, Eric Drexler; el promotor de la criónica,
Keith Henson y Richard Brodie, de quien se dice que fue asistente
técnico de Bill Gates y autor del programa Word original.
La memética aspira unificar psicología, biología, antropología y
ciencias cognitivas. Un tanto enfático, Brodie proclamó que estaba
llamada a protagonizar el mayor cambio de paradigma en toda la historia
de la ciencia.
Del mismo modo que los individuos son máquinas reproductoras de genes,
la mente humana, afirma Dennett, es un complejo que va creciendo a
medida que los memes reestructuran un cerebro con el único fin de
volverlo más apto para su propia reproducción.
Los más fervientes reduccionistas no dudan en afirmar que todas las
religiones e ideas políticas pueden ser reducidas a memes o complejos de
memes. El polémico Dawkins carga un tanto las tintas cuando describe los
“síntomas de la religión”: la fe, el sentido del misterio, la actividad
“infecciosa” de los predicadores. Pero quisiera creer que no está
hablando en serio cuando habla de la imposición de manos que se hace en
la ordenación sacerdotal como un ejemplo de “contagio físico” de los
memes. Aquí la metáfora parece habérsele descontrolado.
Brodie también sostiene que los virus mentales infectan a los niños y
son los responsables de calamidades como la delincuencia juvenil, la
mala calidad educativa y las familias monoparentales. Vaticina que las
autopistas de la información pronto les permitirán invadir gobiernos y
sistemas educativos enteros.
Por su parte, Vajk asegura que la perspectiva es un meme que nació en la
pintura del siglo XVI, y aparentemente se habría extinguido con el arte
abstracto, o que el marxismo fue un virus mental que contagió a millones
de rusos, llevado por un portador sano llamado Lenin. Con la misma
ligereza pretende explicar a Hitler, a Jim Jones y a todas las
religiones del mundo.
¿Será el capitalismo global otra virosis, cuya sintomatología es el
pensamiento único? Vajk no lo decía, pero afirmaba que la idea de
tolerancia sí lo era. En enero de 1989, cuando ya se estaba cayendo el
Muro, enunció una curiosa teoría político-inmunológica, según la cual la
versión mutante del meme de la tolerancia provocaba inmunodeficiencia en
la cultura americana y la hacía incapaz de resistir el embate del
marxismo, augurándole un destino incierto. Quizás estaba abogando por
más intolerancia, pero de todos modos los hechos lo desmintieron. Sin
duda, una capacidad de predicción tan escasa no es una buena performance
para una teoría que se proclama científica.
Contagio y transmisión
Años después de que Dawkins inventara los memes por analogía con los
genes, aparecieron los virus informáticos, que le vinieron como anillo
al dedo para apuntalar su modelo. Además de la “ideosfera” (así llama
Hofstaedter a la cultura), ahora había una “silicosfera”, donde
aparecían y proliferaban “gusanos”, “caballos de Troya”, “bombas de
tiempo”, archivos ejecutables con mensajes de autoayuda y hasta “avisos
de virus”. Algunos no sólo eran capaces de masticarse los discos rígidos
sino de contaminar la Red, difundiéndose como epidemias.
¿Por qué no pensar de que toda la cultura estaba infectada por virus
mentales autorreproductores, que iban colonizando mente tras mente? Esta
idea, aunque parezca plausible en los casos de adoctrinamiento y lavado
de cerebros, no parece autorizar extrapolaciones más audaces. Dawkins
afirma, de un modo muy poco metafórico, que los niños son
inmunodeficientes a los memes, y por eso creen en los enanitos o en Papá
Noel. Pero nunca explica por qué se inmunizan a partir de determinada
edad.
Para Brodie, ninguna de nuestras ideas es original. Sólo contraemos el
meme y él se apodera como un virus de nuestra mente hasta dominarla,
como ocurre en el caso de los fanáticos. El lugar del contagio es la
comunicación: la TV, la publicidad, la música pop, la educación, la
enseñanza religiosa, hasta la charla con amigos. Los virus se propagan
de cerebro a cerebro por el mecanismo de la imitación, tanto vertical
(de padres a hijos) como horizontal (entre pares). La infección
religiosa, por ejemplo, puede ser directa (el contacto personal con
creyentes o el proselitismo) o indirecta (el arte, la teología o la
literatura). La pregunta que subsiste es: ¿de dónde vienen los memes,
además de transmitirse por imitación?
¿Y la ciencia? Los paradigmas científicos, ¿serán apenas memes que los
mosquitos docentes nos inoculan en la escuela y en la universidad? De
ningún modo, se defiende Dawkins. Las ideas científicas no son virus:
son objetivas, están sujetas a prueba y compiten entre sí conforme a la
selección natural.
Sin embargo, en el párrafo con el cual cerraba su libro de 1976, Dawkins
había reconocido que la doctrina de Darwin era un complejo de memes, del
mismo modo que lo eran Sócrates, Leonardo, Copérnico o el meme del
altruismo, que no existe en la naturaleza. Pero, entonces, ¿cómo es
posible aplicar la selección natural al “meme de la selección natural”?
Si la memética lo explica todo, ¿se explicará a sí misma, como otro
virus?
Los memes en cuarentena
Un reciente debate planteado en las páginas de la revista Scientific
American de octubre del 2000 convocó a psicólogos, antropólogos y
biólogos para discutir una exposición actualizada de la memética
presentada por la psicóloga Susan Blackmore.
Bastante más moderada que otros autores, Blackmore dice que la
naturaleza humana resulta imposible de explicar en términos evolutivos
si no se acepta la hipótesis de los memes. Cosas como el arte o la
matemática resultan totalmente inútiles como ventajas competitivas para
sobrevivir en la selección natural, pero comienzan a entenderse cuando
se los ve como memes que compiten entre sí. El desarrollo del cerebro
humano, añade un biólogo, se habría hecho necesario para alojar nuevos
memes. También el desarrollo de estructuras nerviosas adecuadas para
imitar conductas de otros habría tenido la misma causa.
Blackmore reconoce que los memes son muy distintos de los genes y,
aunque admite que la ciencia es un complejo de memes, no acepta
equipararla con la religión, a la cual presenta como un meme “viral”, y
la compara con las molestas cadenas que antes viajaban por correo y
ahora circulan por Internet.
El eje del argumento sigue siendo la imitación, que distinguiría al
hombre del animal, en cuanto creador de cultura. Si nos atenemos a la
estricta caracterización que hace Blackmore, la imitación sería casi un
acto consciente, muy alejado de las posibilidades del animal. Sin
embargo, el mismo Dawkins la ejemplificaba con conductas animales,
especialmente de los gorriones. De hecho, hoy sabemos que los mecanismos
de imitación en el mundo animal son tantos y tan difundidos que habría
que pensar más en diferencias cuantitativas que cualitativas entre el
hombre y los animales, por lo menos en este aspecto.
Los antropólogos son más específicos. Desde la perspectiva memética, los
memes no estarían sujetos a ninguna evolución sino apenas sometidos a
una competencia que desplaza a uno por otro. Sin embargo, si admitimos
que las palabras son memes, es un hecho que las palabras evolucionan.
Por ejemplo, en el inglés estadounidense, después del Watergate todas
las palabras terminadas en “gate” llevan automáticamente a pensar en
conspiraciones políticas, cosa que no ocurría antes. La palabra
evolucionó cargándose de otro sentido.
Lo mismo diríamos de la Argentina, donde “copar”, a comienzos de los
‘70, significaba “tomar por medio de las armas” un cuartel o una
comisaría, a finales de la década ya se había convertido en “gustar” y
hoy se ha transformado en el adjetivo “copado”, que se aplica casi a
todo. Si eso no es evolucionar, Darwin no sabía nada.
El psicólogo Henry Plotkin admite el rol de la imitación en la conducta
social, pero afirma que en definitiva sólo transmite ideas de escasa
complejidad como modas, estilos o palabras, pero en definitiva no aporta
nada que tenga demasiada importancia para la cultura. En cambio, ideas
como “justicia” o “democracia” tienen un proceso muy lento de
construcción social, y no es posible reducirlas a unas cuantas conductas
“atómicas” como sería el caso de los memes.
Las teorías que pretenden explicarlo todo suelen agotarse pronto, y
hasta ahora, a pesar de los anuncios espectaculares, la memética ha sido
tan poco exitosa como otras “nuevas ciencias” que gozaron de gran
promoción. Por ejemplo, la “semántica general” de Korzybski, que causó
estragos en los años ‘20 y se agotó en unas cuantas frases brillantes.
Quizás el meme no pase de ser una buena pista basada en la analogía, un
intento reduccionista y algo simplista de explicar la cultura, que
quizás sea el fenómeno más complejo que conocemos. Si los estudiosos de
la complejidad renuncian a ser deterministas en la meteorología, un
sistema comparativamente más simple que el efecto combinado de 6 mil
millones de cerebros (sin contar toda la historia humana), la memética
aparece como una propuesta un tanto ingenua.
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REFLEXIONES ACERCA DE LA PERSISTENCIA DEL PENSAMIENTO MÁGICO - RELIGIOSO
EN LAS SOCIEDADES AVANZADAS.
Por: José Ignacio López López
Muchos colaboradores de “El Escéptico Digital” parecen preocupados por
el excesivo número de personas que no parecen encontrar motivos para
rechazar las variadas doctrinas de los apóstoles de lo fantástico y de
lo paranormal. Puesto que los objetivos de “El Escéptico Digital”
incluyen, de manera principal, la lucha contra estas doctrinas y la
promoción del pensamiento racional, algo que se pone de relieve en cada
número de esta Revista, este texto pone sobre el tapete algunas ideas
acerca de cómo y por qué la mentalidad no racional sigue gozando de esa
inquietante buena salud. Quizá esta manera de enfocar el estatus vigente
del pensamiento racional pueda proporcionarnos algunas claves para
comprender la pujanza de las forma de pensamiento mágico-religioso, para
aventurar su trayectoria futura y para elegir las formas más adecuadas
de promoción de la mentalidad científica.
El desarrollo del pensamiento racional parece presentar dificultades
especiales para ser aceptado por la gente si lo comparamos con cambios
ideológicos de otra clase. Por ejemplo, la mayor parte de las personas
han aceptado y asumido, fácilmente y sin reparos, el paso desde una
moral religiosa hasta otra moral laica, basada en los valores propios de
las sociedades civiles maduras (democracia, tolerancia, respeto de las
libertades individuales y de los derechos humanos). Mientras, son
todavía pocos los que rechazan creencias erróneas basadas en mitos,
supersticiones y prejuicios religiosos. También es llamativo que
científicos eminentes conservan ciertas creencias que la mentalidad
científica nunca consideraría razonables. Estos hechos pueden explicarse
de diversas maneras y los tres mecanismos siguientes lo hacen:
1º Incentivación emocional.
Parece cierto que recordamos (y nos interesa) lo que nos gusta, aquello
que, de algún modo, nos proporciona una cierta satisfacción. Y sabemos
que la experiencia placentera es algo fundamentalmente emocional. Toda
actividad intelectual, por más que esté rigurosamente controlada por la
racionalidad, presenta implicaciones puramente emocionales que, (como se
reconoce de manera general ahora que la “inteligencia emocional” está de
moda), tienen una importancia capital en el desarrollo de la actividad
puramente intelectiva. Por eso, los avances en el conocimiento de las
ciencias son posibles, porque despiertan en los hombres de ciencia,
sobre todo si son actores (aunque también si son simples espectadores),
sentimientos placenteros de carácter intenso y, sobre todo, extenso y
profundo. Y por eso, en toda actividad mental, raciocinio y emoción van
indisolublemente ligados. En conclusión, las creencias persisten, a
pesar de todas las contradicciones que generan, si proporcionan una
incentivación emocional suficiente.
2º Seguridad ante el futuro.
A veces, más que una gratificación inmediata, esas creencias,
profundamente arraigadas, proporcionan cierto tipo de seguridades útiles
para combatir temores ante las incertidumbres del futuro ... o ante
certidumbres venideras, como la vejez y la muerte.
3º Impresión indeleble.
En otros casos, la explicación es que ciertas ideas o vivencias causaron
tal impacto en una etapa temprana y “sensible” de la vida de un sujeto,
que luego han permanecido indelebles durante toda su existencia .
Hay que aceptar que este tipo de hechos tiene explicaciones bastante
complejas cuyo conocimiento va a condicionar la actitud que debe tomar
quien crea que es importante promocionar la mentalidad crítica y el
pensamiento científico. Es importante, pues, no exagerar ciertas
actitudes de rechazo ante este fenómeno, ya que pueden, primero,
impedirnos la comprensión profunda del mismo y, luego, dificultar la
elección de medidas eficaces para el desarrollo del pensamiento
racional.
La pregunta que ahora se plantea es: ¿Cómo de “cruenta” ha de ser la
“batalla”? Al fin y al cabo, las ideas irracionales han existido desde
siempre, persisten incluso cuando no hay causas visibles que las
justifiquen, para algunas personas cumplen funciones de importancia que
les permiten mantener una cierta estabilidad emocional y, para otras,
forman parte muy importante de su manera de ver el mundo y no son
susceptibles de ser cambiadas en absoluto. Conviene considerar que, a
corto plazo, el pensamiento no racional no sólo puede ser imposible de
derrotar sino que esgrimir contra él cierta clase de armas puede ser
contraproducente. Si enfocamos la cuestión desde un punto de vista
práctico, quizá concluyamos que lo conveniente es aceptar que la lucha
va muy para largo y que, en la perspectiva de un futuro previsible, la
mentalidad “prerracional” no sólo no va a desaparecer sino que, en
algunas ocasiones, no conviene que lo haga, al menos de una manera
brusca.
La forma de lucha más positiva abarca tácticas variadas. Algunas
prácticas brutales, como las amputaciones de genitales externos en niñas
de ciertas minorías culturales africanas, requieren actitudes enérgicas.
El peligro de que la astrología sea elevada a la categoría de ciencia
por parte de políticos aterradoramente ignorantes (¿o faltos de
escrúpulos?) es alarmante y requiere una actitud firme y urgente, pero
también unas buenas dosis de diplomacia. Pero las actividades de
promoción de la racionalidad deben desenvolverse en multitud de frentes
y no siempre está claro qué debería hacerse en cada uno de ellos.
En general, sería bueno disponer de una estrategia que intentara acotar
el terreno de las “ideologías” no racionales, siendo fundamental la
lucha por impedir que se alojen bajo los paraguas de la ciencia y de los
organismos oficiales. Sin embargo, no sería una buena idea pretender
“asfixiarlas” y ello por tres razones:
1º: No es bueno crear “mártires”, pues es una forma de fomentar el
victimismo.
2º: La intolerancia suele ser percibida como inaceptable (incluso cuando
está justificada).
3º: Nos guste o no, muchas personas son fuertemente dependientes de esas
creencias, así que quizá lo mejor sea tolerar que ocupen en el mundo
actual un lugar similar al que tiene la religión.
A pesar de todo, el peligro es grande. Implicaciones económicas aparte,
los políticos consideran más conveniente tener a los “creyentes”
sentados enfrente que no debajo de la mesa, momento en el que hay que
preguntarse si el arraigo social de las formas de pensamiento irracional
alcanzan la “masa crítica” y la suficiente organización como para
funcionar eficazmente y actuar como grupos de presión sobre los
representantes de los electores. Si llega este caso, no hay que hacerse
ilusiones: quizá no puedan alojarse en cualquier Campus Universitario
como una nueva Facultad de Ciencias Ocultas, pero ¿por qué no una
Escuela Superior de Artes del Trasmundo, o algo por el estilo?
Argumentos no faltarían: los electores votan y los contribuyentes pagan
impuestos, así que los políticos deben ser sensibles a las peticiones de
ambos colectivos. Si un número suficiente de ciudadanos así lo quisiera,
las echadoras de cartas lograrían ser declaradas “de utilidad pública”:
no hacen falta más argumentos para lograr un cierto reconocimiento y
financiación con fondos públicos. ¿Podemos confiar en que el miedo al
desprestigio de personas e instituciones baste para impedir la promoción
de toda cátedra de la superstición? Por que parece que ese miedo es lo
único que impide que magos y visionarios culminen sus ambiciones.
El conjunto de países occidentales tiene la suficiente memoria histórica
como para temer que determinados grupos de intereses intenten limitar el
alcance de los principios democráticos, de igualdad de oportunidades,
etcétera. Por desgracia, esto se traduce en que personas poco preparadas
pueden acceder y acceden a cargos públicos por elección o a cargos de
confianza por designación. Este hecho no tendría demasiada importancia
si fueran conscientes de sus limitaciones y se asesoraran adecuadamente,
pero incluso para elegir asesores hay que tener cierto criterio y, por
desgracia, son casi cotidianos los ejemplos de clamorosa incompetencia
entre esos personajes. Es difícil establecer con detalle en qué deben
consistir los procedimientos que remedien este problema. Quizá deban
incluir la obligación de tomar cursos de capacitación y medidas que
incluyan ceses forzosos en casos de grave ineptitud.
Pero, hasta el momento, desconocemos hasta qué punto han proliferado, si
es que lo han hecho, las creencias irracionales. Si la hipótesis válida
es que el pensamiento racional progresa, las actividades encaminadas en
esa misma dirección deberán ser llevadas a cabo con tiento. Si, como
parece, es la irracionalidad la que progresa, es urgente desarrollar
nuevas y eficaces formas de lucha contra una forma de pensamiento que,
por sobradas razones, puede devenir en una grave enfermedad social.
Independientemente de cuál sea la situación general actual, los
diferentes ámbitos socioculturales y las diferentes creencias requieren
medidas distintas. Las tácticas que pueden emplearse en la lucha contra
la ignorancia y contra la superstición dependen de las características
de cada “campo de batalla”. Por ejemplo:
1º/ La prensa
En el terreno de la prensa escrita, (aunque el problema es extensible a
otros medios), es desalentador comprobar cómo semanarios de tirada
nacional y supuestamente prestigiosos siguen incluyendo horóscopos, que
son una de sus “secciones fijas”. Puesto que la finalidad de los medios
de comunicación es la de ofrecer informaciones veraces y objetivas, y
puesto que los horóscopos no son “materia opinable” (ya que se puede
demostrar muy fácilmente que sus predicciones no se cumplen), su
impresión debería de suponer un conflicto de ética profesional.
Si, como parece, la inclusión o no de un horóscopo no suele depender de
la línea ideológica de la revista, ¿están ciertos medios de comunicación
fomentando un cierto tipo de superstición por un simple interés
económico?. En este caso sería interesante intentar convencer a
redactores y propietarios del posible daño al crédito que merece una
revista seria si insiste en mantener secciones así. Naturalmente, no
hay que abrigar esperanzas de que cambien de línea editorial revistas de
disparates profesionales que van dirigidas a un público crédulo, ya que
eso supondría su práctica desaparición.
2º/ La Homeopatía
Las ciencias de la salud tienen un problema particularmente grave con la
homeopatía. Aunque existen otras prácticas pseudocientíficas en
medicina, sólo la homeopatía ha logrado un cierto reconocimiento en
círculos oficiales. En España los colegios de médicos aceptan como
válida esta práctica, aún sabiendo que no se trata de una ciencia, por
tres razones fundamentales: impedir que quienes la practiquen sean “no
médicos” (argumentando que su ignorancia podrían causar más daños que si
fueran médicos), evitar que la práctica médica deje escapar un sector de
mercado, y asistir a un determinado tipo de paciente que por sus
particularidades se beneficiaría de la medicina homeopática y no de la
alopática (extremo que nunca se ha demostrado, desde luego).
Esto deja otro conflicto ético sobre el tapete, ya que la
incompatibilidad doctrinal entre ambas medicinas es completa. En rigor
la medicina no puede ser definida como una ciencia mientras acepte que
doctrinas no científicas sean parte de ella. La única solución
aceptable es que los poderes públicos, contra la actitud interesadamente
anticientífica de muchos médicos, segreguen clara y definitivamente
ambas clases de medicina y prohíban el sostenimiento de la homeopática
por parte de instituciones públicas hasta tanto no demuestre su eficacia
mediante las pruebas pertinentes, que son las propias de las ciencias
experimentales (o sea, hasta nunca). Además no es tolerable que los
homeópatas afirmen que sus prácticas son científicas: tal afirmación es
fraudulenta.
3º/ Las creencias de los hombres de ciencia.
El problema que se puede plantear entre los hombres de ciencia respecto
a los conflictos entre sus creencias religiosas y su actividad
profesional resulta sumamente delicado. Algunos de estos hombres de
ciencia se ven obligados a desenvolverse en ciertos ambientes cuya carga
ideológica es fundamentalmente religiosa. En circunstancias así muchos
de estos científicos, siendo en realidad escépticos, pasan por ser
creyentes ya que temen un cierto rechazo social en su entorno más
inmediato y / o un peligro para su carrera profesional y / o un riesgo
para mantener la financiación de sus trabajos.
Esto quizá plantea un dilema ético, ya que con esa actitud se propicia
que persista la influencia de determinadas instituciones no democráticas
en las que ciertas personas o grupos, sin el control ni el beneplácito
de la mayoría, se erigen a sí mismas en una suerte de referencia ética
universal lo que, obviamente, puede hacer daño a la ciencia en la medida
en que intenten dirigir unas determinadas investigaciones y no otras.
Respecto a los científicos que compaginan sin aparente incomodidad
conocimiento científico y creencias religiosas sinceras, el problema,
igualmente delicado, tiene otros matices. Aquí lo fascinante quizá sea
con qué facilidad el psiquismo humano asume, sin resolverlas, ciertas
contradicciones entre concepciones del mundo tan incompatibles como las
ofrecidas por la moderna cosmología frente a, por ejemplo, el
creacionismo judeocristiano.
4º/ La enseñanza.
En el terreno de la enseñanza la situación adquiere características
peculiares. La ausencia de una ética laica favorece la creación de un
“nicho ecológico” muy adecuado para que las confesiones religiosas lo
ocupen y mantengan así su influencia sobre la sociedad laica. Por otro
lado, y aunque en teoría se controla que los profesores mantengan un
mínimo de su nivel de conocimientos, aquellos cuyas materias no
pertenecen al ámbito de la ciencia pueden presentar serias lagunas de
conocimientos en dicho ámbito. Además, los profesores no parecen tener
herramientas educativas adecuadas para corregir creencias erróneas
cuando éstas escapan al ámbito estricto de la materia que se trabaja en
ese momento o de la materia recogida en el programa de la asignatura.
Hay una cuestión adicional: un alumno formado con los conocimientos
debidos pero sin el adecuado entrenamiento para ejercer una capacidad
crítica es capaz de aceptar, como información veraz y fiable, tanto lo
que le han enseñado en su escuela como lo que haya leído en
publicaciones que tratan del mundo de lo paranormal, de la magia,
etcétera. Sería bueno crear mecanismos capaces de “vacunar” a los
alumnos contra esa peligrosa ingenuidad de dar por buena toda
información procedente de cualquier fuente sólo por que se trate de
letra impresa.
Los intentos de influir desde fuera en las líneas ideológicas,
procedimientos o contenidos de diferentes colectivos o instituciones
suelen ser mal recibidos y suscitan reacciones casi automáticas de
rechazo. La táctica más adecuada para intentar modificar actitudes debe
sustentarse en una posición lógica y ética clara y acompañarse de unos
modos diplomáticos para implicar a cada colectivo en la vigilancia de
las ideas en que se basa o que difunde. Por lo general, colegios, medios
de comunicación, partidos políticos, etcétera, que se guíen por líneas
ideológicas “neutrales”, aceptarían de buen grado que la fiscalización
de sus actividades se hiciera de manera discreta y “desde dentro” por
parte de personas adecuadamente preparadas. Puesto que todo colectivo
aspira a aumentar su influencia, o sea, su poder, es fácil que acepten
jugar posteriormente un papel positivo en sus ámbitos respectivos
acogiendo en grupos selectos a quienes, de entre ellos, pueden ofrecer
auténticas garantías de calidad. La publicitación de este tipo de
garantías permite prestigiar a cada grupo, lo que debe resultar positivo
a largo plazo.
En conclusión, los mecanismos que mantienen los sistemas de pensamiento
no racional son complejos por lo que, para evitar efectos
contraproducentes, parece aconsejable inclinarse por procedimientos no
drásticos y sí mantenidos, preferiblemente aplicados a colectivos
poderosos o de importancia estratégica (medios de comunicación e
instituciones oficiales), quienes deben percibir que los esfuerzos en la
promoción del pensamiento racional y crítico van a redundar en beneficio
de cada colectivo y de toda la sociedad.
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El Correo http://www.elcorreodigital.com/
LOS HÉROES DE LA CRUZADA
Por: Martín Barriuso
En 1998 me tocó viajar a Nueva York, para asistir como observador a la
Sesión Especial sobre el Problema Mundial de las Drogas de las Naciones
Unidas. Fueron días en los que recibí una sobredosis de hipocresía y en
los que comprendí que, si las esperanzas de la Humanidad residían en
aquella organización apolillada y mastodóntica, lo teníamos bastante
crudo. También me crucé por aquellos pasillos con cientos de burócratas
peripuestos que incluían, aunque entonces yo no lo sabía, a un
paquistaní llamado Dil Jan Khan. Según su biografía oficial, en 1978
este hombre gris era consejero de la embajada de su país en Kabul. Tras
el golpe de Estado que precedió a la invasión soviética, abandonó el
país y pasó a ser comandante de la Policía Fronteriza de la provincia de
la Frontera Noroeste, que limita precisamente con Afganistán, cargo del
que ascendió a inspector general, entre 1980 y 1992. Desde entonces fue
el máximo responsable de la frontera, para pasar a ser secretario
adjunto del Ministerio de Interior de Pakistán (1986-1990) y secretario
de la División de Estados y Regiones Fronterizas (1990-1993).
Durante esos años, Afganistán pasó a ser el primer productor mundial de
opio y heroína, producción que iba, y aún va, a cubrir la demanda del
mercado norteamericano. La práctica totalidad de los cargamentos
(alrededor de la mitad de la heroína del mundo) pasaba precisamente por
la frontera paquistaní, mientras el régimen -estamos en plena dictadura
del general Zia- toleraba sin disimulo el tráfico a instancias de la
CIA, que deseaba que financiara a los grupos fundamentalistas afganos,
que eran entonces sus aliados. Con ese dinero se pagaba buena parte de
las armas que se usaban en la guerra de Afganistán y las escuelas
coránicas paquistaníes donde se formaba a los futuros talibanes, aparte
de un buen pellizco que quedaba en manos de la Policía y del Ejército de
Pakistán. La propia DEA, la agencia antidroga estadounidense, tuvo que
reconocer que «la mayor parte del opio y la heroína que proviene de
Afganistán llega a Peshawar por la frontera de las zonas tribales», es
decir, por la noroeste. También decía que las organizaciones de la
resistencia afgana, con las que Osama Bin Laden servía de enlace a las
órdenes del presidente Bush padre, participaban en el tráfico a escala
local e internacional.
Diez años después de estos informes, en la época de la Sesión Especial
sobre Drogas, Dil Jan Khan, el hombre por cuya jurisdicción circularon
los mayores cargamentos de heroína de la Historia, era nada menos que
vicepresidente primero de la JIFE (Junta Internacional de Fiscalización
de Estupefacientes), órgano de las Naciones Unidas encargado de juzgar
las políticas antidroga de los gobiernos y hacer las recomendaciones
precisas para erradicar, entre otras cosas, el opio de Afganistán. En la
actualidad sigue siendo uno de los trece miembros de la JIFE, dignidad
que alcanzó, como no podía ser menos, con el beneplácito de Estados
Unidos.
En 1973, el presidente estadounidense Nixon declaró formalmente la
«guerra contra las drogas», en lo que constituye el antecedente más
directo de la actual «guerra contra el terrorismo». Ambos fenómenos son
los únicos para los que la legislación de la mayoría de los países
reserva mecanismos de carácter excepcional, teniendo los dos la misma
consideración de potenciales desestabilizadores del orden internacional,
de manera que lo sucedido con las drogas es un buen indic |