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EL ESCÉPTICO DIGIT Pedro Lu
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Edición 2001 - Núm Pedro Lu
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Asunto: EL ESCÉPTICO DIGITAL - Edición 2001 - Número 38
Fecha:Lunes, 26 de Noviembre, 2001  03:04:11 (+0100)
Autor:Pedro Luis Gomez Barrondo <TXINBO @.....es>

=====================================================================

                           EL ESCÉPTICO DIGITAL

       Boletín electrónico de Ciencia, Escepticismo y Crítica a la
Pseudociencia
       © 2000 ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico
       http://www.arp-sapc.org/

    Edición 2001 - Número 38 - 26 de Noviembre de 2001

Boletín de acceso gratuito a través de:
http://www.elistas.net/foro/el_esceptico/alta

=== SUMARIO =========================================================

- En el Candelabro.
Por: Luis Alfonso Gámez

- Los disfraces de Hitler
Por: Félix Ares de Blas.

- Carta “escéptica” a Francisco Padrón.
Por: Ricardo Campo Pérez.

- Ciencia y sociedad.
Por: Joseba Zubia.

- Boñigas de camello.
 Por: Juan Luis Arsuaga.

- La “otra” guerra biológica.
Por: Javier Armentia.

- Memes: los genes del pensamiento.
Por: Pablo Capanna.

- Reflexiones acerca de la persistencia del pensamiento mágico -
religioso en las sociedades avanzadas.
Por: José Ignacio López López.

- Los héroes de la cruzada.
Por: Martín Barriuso.

- El verdadero enigma.
Por: Iñaki Ezkerra.

- La Ciencia o Vudú de Robert L. Park
Por: Juan Soler Enfedaque.

- Vida en el Universo.
Por: Agustín Sánchez Lavega

- La tontería del verano (¿o del año?)
Por: Jorge Alcalde

- La Astrología: una opinión personal
Por: Hebert Pistón Rodríguez

- Visionarios
Por: Manuel Vicent.

- La incredulidad.
Por: Antonio Muñoz Molina.

- Los complejos vitamínicos causan ya más problemas que beneficios por
su abuso.
Por: Enrique Viñuela - Bilbao.

- Física / electrónica: el reemplazo de los 'chips' de silicio
Por: Ricardo M. De Rituerto - Chicago.

- 'Nanopresupuesto' en España
Por: A. Martín - Segovia.

- Partículas pequeñas, daños grandes
Por: James Glanz

- Los científicos critican las 'ambigüedades' del proyecto de ley sobre
patentes biotecnológicas.
Por: Agencia Europa Press

- Reinhard Boehler, químico: 'sabemos menos del interior de la tierra
que de otros objetos astronómicos'
Por: Mónica Salomone.

- Los 100 años de Fermi y Heisenberg
Por: Francisco J. Yndurain.

- El inicio del arte se remonta a más de 35.000 años, indican nuevas
dataciones
Por: Malen Ruiz de Elvira.

- Réplica a “Radicalismo y Miseria”
Por: Hernán Toro.

- Un feriante en la corte de Lucy
Por: Luis Alfonso Gámez.

=== NOTICIAS =========================================================

EN EL CANDELABRO
Por: Luis Alfonso Gámez

1. MAS ALLA DEL WORLD TRADE CENTER.

Primero fueron las profecías de Nostradamus; después, los ovnis junto a
las Torres Gemelas en el momento de la catástrofe; lo último, un medium,
John Edward, que anunció que iba a contactar con las víctimas para
'Crossing Over',  su programa de la televisión estadounidense. Por
fortuna, el estupor que la idea ha suscitado en algunos ejecutivos
televisivos y periodistas ha hecho que al final haya imperado la
sensatez y el espacio del psíquico dedicado a explotar el dolor ajeno
haya sido suspendido. En España, mientras tanto, revistas del gremio
como 'Año cero' siguen banalizando la tragedia.

2. CIRUGIA Y VISCERAS DE POLLO.

"El caso de Andrés Ballesteros, para mí, era un caso cantado. Ya se
sabía que se le estaba investigando y sólo faltaban las pruebas
definitivas: que entrara la Policía y le pillara allí con las manos en
la masa". El 15 de octubre, Jesús Callejo se mostró así de rotundo
respecto al cirujano psíquico malagueño en el programa 'La Rosa de los
Vientos' (Onda Cero). Ballesteros es uno de esos curanderos que aseguran
que operan sin anestesia y sin dejar cicatriz. Para engañar a los
incautos que acuden a sus consultas, estos estafadores emplean trucos de
prestidigitación, aderezados con sangre y vísceras de animales que
utilizan para hacer pasar por tumores extirpados a sus pacientes. Cuando
la Guardia Civil detuvo a Ballesteros el 11 de octubre, encontró en su
consulta las previsibles vísceras de animales. Ahora, casi todos los
fabricantes de misterios dicen que lo sabían o lo sospechaban, pero lo
cierto es que la mayoría no ha hecho durante años más que dar cuerda a
este estafador. Incluido Callejo, quien, en su libro 'Testigos del
prodigio' (2001), dedica cinco elogiosas páginas al curandero. Callejo
mantiene ahora que "era un caso cantado", pero ni el ni José Iniesta,
coautor  de 'Testigos del prodigio', se lo olieron. Al contrario, en su
libro, hacen una descarada apología de este siniestro personaje, a
algunos de cuyos milagros aseguran haber asistido.

3. LA FANTASMADA  DE BRUNO CARDEÑOSA.

"Esta escena de 'Tres solteros y un biberón' es la clara demostración de
que, gracias a una cámara de cine, pueden registrarse presencias y
manifestaciones que el ojo humano no está capacitado para detectar",
decía Bruno Cardeñosa, respecto a "las apariciones de fantasmas y
espectros", en el programa 'Otra dimensión', de Antena 3, emitido el 22
de marzo. La denuncia de esta muestra de mentecatez -lo del fantasma que
presuntamente aparece en esa película es una leyenda urbana, como puede
comprobarse en http://www.snopes2.com/movies/films/3menbaby.htm- por
parte de Zenón Sanz, primero en 'El Escéptico Digital' y luego en 'La
Nave de los Locos', indignó a Cardeñosa hasta tal punto que exigió una
rectificación a la segunda publicación. "Yo jamás estuve en ese
programa. Es más, me ofrecieron participar y denegué la invitación.
Desconozco a que intervención se refiere", argumentó. Ahora, cualquiera
puede comprobar -es posible ver el vídeo
(http://www.geocities.com/lanavedeloslocos/mentiras.html)- como el sagaz
investigador de lo oculto participó en ese programa y afirmó ante las
cámaras lo apuntado al comienzo de estas líneas. Vano intento el de
Cardeñosa de cubrir con mentiras el rastro de su fantasmal metedura de
pata.

4. LA UFOLOGIA ESPAÑOLA SE QUEDA HUERFANA.

Antonio Ribera, autor de 'El gran enigma de los platillos volantes' y
'padre' de la ufología española, falleció el 23 de septiembre. Magnífico
traductor -de él son, entre muchas otras, las versiones castellanas de
'El Mundo del Silencio', de Jacques Cousteau; 'Aku-Aku. El secreto de la
isla de Pascua', de Thor Heyerdahl, y   '2001: una odisea espacial', de
Arthur C. Clarke-, Ribera dejó de lado una incipiente carrera como
escritor de ciencia ficción para dedicarse al mundo de los platillos
volantes y fue uno de los fundadores, en 1958, del Centro de Estudios
Interplanetarios (CEI). Infantil en sus ideas sobre los platillos
volantes, murió convencido de su origen extraterrestre y de que había
vivido en su infancia un encuentro con alienígenas. Ribera tocó muchos
palos del misterio, todos desde la más absoluta credulidad. Aún así,
frente a quienes luego entraron en ese mundo, leerle era un disfrute:
sabía escribir, algo que, por desgracia, no ocurre con quienes se
consideran sus discípulos.

5. ANTES Y DESPUES.

Tras leer los párrafos del número 1 del boletín 'Desclasificado'
(http://www.mundomisterioso.com/modules.php?op=modload&name=Sections&fil
e=index&req=viewarticle&artid=8&page=2) dedicados al artículo "Los
marcianos de Antonio Ribera", firmado por mí y publicado en el número 10
de 'El Escéptico' y en el número especial 3 de 'El Escéptico Digital',
tengo que decir que es falso que, como afirma Bruno Cardeñosa, "uno de
los colaboradores de 'El Escéptico Digital' ha aprovechado la muerte de
Antonio Ribera para -literalmente- mofarse de él y de sus
investigaciones" y que "sólo cuando el padre de la ufología española, y
una de las figuras señeras de la investigación mundial, estaba bajo
tierra, Gámez, como si de un gusano se tratara ha aprovechado para hacer
leña del árbol muerto". Escribí el artículo que saca de sus cabales a
Cardeñosa en marzo y se publicó en el número 10 de 'El Escéptico', que
llegó a los suscriptores de  esa revista antes de la muerte de Ribera.
Lamento que la ineptitud del editor de ''Desclasificado' a la hora de
establecer unos hechos fácilmente comprobables -un simple antes o
después- pueda llevar a equívoco a quienes reciban ese boletín y, de
buena fe, crean que se trata de una fuente de información mínimamente
fiable. Pero, claro, ¿qué cabe esperar de alguien que hoy dice una cosa
en la televisión y mañana dice que él nunca ha dicho eso?

6. LOS FINANCIADORES DE LO PARANORMAL.

La publicidad es la principal vía de financiación de las publicaciones
esotéricas. Al margen de las empresas del sector del misterio
(teleadivinos, vendedores de amuletos, etcétera), hay instituciones y
entidades que financian -mediante la inserción de publicidad- las
revistas paranormales. En noviembre, los anunciantes que han colocado
publicidad en  'Año Cero' (A), 'Más Allá' (M), 'Enigmas' (E) y 'Enigmas
Express' (EE) son:

Instituciones: Patronato de Turismo de Gran Canarias (EE) y Unicef (EE).

ONG: Cruz Roja (EE), Greenpeace (EE) y Ayuda en Acción (M).

Editoriales: EDAF (A, M, E y EE), Sirio (A) y Siruela (A, E).

Otras: Aula Formació Directa (A, M), Cambridge International University
(E, EE), CCC (A, E), Ceac (M), Columbia Tristar Home Entertainment (EE),
El Corte Inglés (M), MGM Home Entertainment y Twentieth Century Fox Home
Entertainment (M), y Sara Records (A).

© Copyright Luis Alfonso Gámez, 2001.
Prohibida la reproducción.

                           ------------------

LOS DISFRACES DE HITLER
Por: Félix Ares de Blas

Recientemente, levantaron cierta polvareda las declaraciones del médico
italiano Severino Antinori, que quiere clonar seres humanos para
permitir que las parejas estériles puedan tener hijos. Hijos propios con
la misma información genética que uno de los padres. A Antinori se le ha
llamado Hitler, acusación de la que se ha defendido diciendo: «Yo soy
como Galileo, una víctima de la intolerancia». Pero no quiero hablar de
Antinori, ni de su proyecto de clonación, ni de Galileo; quiero hablar
de otras noticias que han aparecido a rebufo de ésta.

La primera es que los raelianos, un grupo de personas que piensan que
los humanos somos el producto de una experiencia genética realizada por
extraterrestres, quieren clonar a Hitler para castigarle por sus
atrocidades. A Antinori se le ha llamado Hitler. Sin embargo, esta
afirmación de los raelianos, hasta donde llegan mis noticias, ha quedado
sin respuesta.

He tratado de profundizar más en lo que son los raelianos y de sus
intenciones y lo que me he encontrado es bastante desolador. En su
página ‘web’, dicen que quieren utilizar la clonación para alcanzar la
inmortalidad. La cosa podría parecer una ‘boutade’ si no viéramos que
han sido capaces de construir un laboratorio de clonación y que la
directora del mismo acude a conferencias científicas junto con Antinori
y con Ian Wilmut, el ‘padre’ de la oveja Dolly.

No sé si la idea de Antinori de crear clones para que las parejas
infértiles tengan hijos tiene algo que ver con el racismo hitleriano o
no; pero no me cabe la menor duda de que tratar de clonar a Hitler para
castigarle o inmortalizarse a base de hacerse copias clónicas de uno
mismo lo son. Lo son por el determinismo biológico que exhiben. Aunque
no se diga, el mensaje subyacente es que «somos nuestros genes». O,
dicho de otro modo, somos nuestra raza. Y, por supuesto, eso es lo que
nos hace más guapos, más listos, más fuertes y los dueños naturales del
mundo. Es decir, racismo químicamente puro.

Si tan sólo se tratara de cuestionar las ideas de un grupo de creyentes
en los extraterrestres, por poderoso que sea, no merecería la pena hacer
una réplica. Pero, en los últimos años, cada vez que se hace un
descubrimiento sobre genética, las noticias que se dan dejan traslucir
la idea antes citada de que somos nuestros genes. Es esa maligna idea la
que quiero combatir. ¡No somos solamente nuestros genes!

Nuestros genes influyen, qué duda cabe; pero no nos determinan.
Permítanme unas pinceladas para demostrar que nuestras experiencias
vitales y nuestra voluntad de hacer cosas nos definen tanto o más que
nuestros genes.

Casi con seguridad en lo que los humanos más nos diferenciamos de otros
mamíferos y de otros primates es en nuestro cerebro. El cerebro nos hace
humanos. ¿Hasta qué punto el cerebro está condicionado por los genes? En
los momentos de desarrollo fetal en los que las neuronas cerebrales
proliferan con mayor abundancia, se crean 250.000 neuronas al día, de
las cuales sólo sobreviven 125.000. La circuitería cerebral se va
construyendo a base de ese nacimiento y muerte. Nosotros somos el
resultado de esa masacre neuronal. Que una neurona sobreviva o no
depende de muchas cosas: del calor, del frío, de las hormonas que hay en
ese momento, de la postura de nuestra madre durante la gestación, de que
ella fume o no, de su estado de ánimo... Y, cómo no, del azar. Si a
todos esos condicionantes los llamamos experiencia vital, pocas dudas
hay de que somos producto de ella. Dicho de otro modo, si clonamos a
Hitler, el cerebro del nuevo ser se crearía en sus propias condiciones
vitales, con su propia experiencia. Por lo tanto, lo más probable es que
no se pareciera al de Hitler en casi nada.

Hasta ahora sólo he hablado del crecimiento fetal, ¿y qué pasa después
del nacimiento? Pues que el cerebro sigue construyéndose de acuerdo con
el calor, el frío, la comida, la atención que le prestan los padres, los
contactos con otros niños, etcétera. Quiero recalcar que cuando he dicho
‘construyéndose’ no es ninguna metáfora; estoy hablando de cómo crecen
nuevas neuronas, de cómo se enlazan con otras para formar redes, de cómo
se aumenta o disminuye la conductividad de las sinapsis… Estoy hablando
de cosas totalmente tangibles.

No termina con la infancia, continúa durante toda la vida del individuo.
Nuestro cerebro se crea día a día. Hasta cierto punto, es nuestra
voluntad la que construye nuestro cerebro. Un ejemplo que lo demuestra.
Cuando hablamos nuestro o nuestros idiomas nativos, éstos ocupan una
zona del cerebro. Sin embargo, los idiomas aprendidos después de los
nueve años ocupan otra zona, encima de la primera. Por tanto, la función
que tienen esos millones de neuronas y sus conexiones depende totalmente
de nuestra voluntad, de que aprendamos un idioma o no.

Éste es sólo un ejemplo, hay miles. Y sólo he hablado del cerebro; a
nadie se le escapa que la cantidad de fibras de nuestros músculos, la
capacidad de levantar pesos, de correr, de nadar... depende de nuestra
voluntad de hacer ejercicio. De nuestra voluntad, no de nuestros genes.

Pretender castigar a Hitler a partir de un clon suyo, pretender que si
nos hacemos una copia clónica nos inmortalizaremos, pretender que
nuestra vida está escrita en nuestros genes... son algunos de los muchos
disfraces del racismo.

                           ------------------

CARTA “ESCÉPTICA” A FRANCISCO PADRÓN.
Por: Ricardo Campo Pérez.

Replicar a Francisco Padrón es un trabajo que debería estar
subvencionado por el Ministerio de Cultura. No, mejor aún: por el de
Sanidad. Porque la intoxicación intelectual que puede producir este
personaje en quien lo lee sin tener ni idea de las aberrantes temáticas
de que suele ocuparse puede ser perjudicial para la salud psíquica. En
todos estos años hemos pasado divertidos momentos leyendo esas líneas
periodísticas que nos ofrece don Francisco, compendios que deberían
aparecer en la tercera recopilación de la antología del disparate,
engendros de la más trasnochada irracionalidad, refrito de cuarta
generación de toda la colección de afirmaciones disparatadas,
pseudocientíficas y descaradas con que ha intentado "vender su moto
"paranormal" desde los años 70.

Hasta hace unos dos años Paco era el dueño de la escena "paracientífica"
canaria; sólo este servidor dedicaba tiempo y esfuerzo a refutar los
absurdos ufológicos del veterano pseudo-periodista: Paco lo acusaba con
alguna indirecta de esas de las que propician la soltura mingitoria a
causa de la risa. Pero he aquí que, en los últimos tiempos, al autor se
unieron otros escépticos motivados por la abrumadora presencia de lo
"paranormal" en los medios canarios y por la insultante difusión que
algunos medios realizan de la subcultura más pedestre. El público oye
otras cosas, otras opiniones, descubre puntos débiles en lo que
realmente no es más que un edificio de cartón piedra con frágiles
cimientos pseudocientíficos, fabricados de ignorancia del pensamiento
crítico y desahogo proverbial. Ya no es uno, son tres, cuatro; aparecen
en la tele, publican cartas, asisten a congresos y ferias paranormales y
exigen el derecho a ser oídos en público, algo que siempre se les había
impedido en los medios escritos, vetados por los adalides de la "mente
abierta"... Esto, que debería ser el pan de cada día para los medios
responsables si no estuviesen mayoritariamente interesados en propalar
estas estupideces por motivos económicos, se interpreta como un ataque,
como una osadía del escéptico de turno.

El señor Padrón se ha hecho eco de este nuevo escenario escéptico
tinerfeño de manera intensa. Presiente, como quien mira hacia atrás por
encima del hombro, que algún escéptico le va replicar por escrito, por
la imagen o por la palabra a alguna de esas afirmaciones que conmocionan
los cimientos de la ciencia contemporánea y desencajan las mandíbulas de
buena parte de los que permanecen atentos a su última ocurrencia. El
artículo que publica nuestro "fabricante de misterios" canario por
excelencia en el último número de "Atlantes, enigmas de la ciencia",
"Decálogo del perfecto escéptico" (septiembre 2001)  prueba lo que digo.
Se trata de una rudimentaria colección de indirectas contra los
escépticos, aderezada con sus siempre torpes y típicas falacias.

D. Francisco Padrón: es Vd., a veces, un escritor críptico; sin duda hay
un mensaje oculto en el párrafo con que comienza su panfleto: "No creas
nada que no esté escrito en los libros de texto que durante unos cinco
años aprendiste en la universidad. Son textos sagrados que nadie puede
alterar. Si alguien lo hace, corres el peligro de que se funda tu
brillante memoria". ¿Me lo puede explicar Vd. o cualquiera? "Fundirse tu
brillante memoria": ¿es lenguaje "esotérico" o su tradicional fricción
con el castellano escrito? De entrada, la primera falacia: pretende
presentar al escéptico como el que usa argumentos de autoridad basados
en inamovibles conocimientos académicos. A Vd. la única ciencia que le
interesa es la del heterodoxo que parece avalar alguna de sus
disparatadas propuestas. La penúltima rueda de molino de este tipo con
la que pretendió hacer comulgar a sus lectores y oyentes fue la de un
pseudo-científico llamado Carlos Schabbat van nes Ziegler, que, en
realidad, es un señor de Barcelona mal aficionado a la física y al
trascendentalismo más barato concretado en los "diferentes estados
vibracionales", versión degradada y de cuarta categoría de los estados
múltiples del ser de que hablara el tradicionalista René Guenón. Todo
está inventado, señor Padrón. Por cierto, échele un vistazo a la
divertida crónica que sobre la intervención de este señor en el Puerto
de la Cruz se publicó en "El Escéptico Digital", 70 "Conferencia
pseudocientífica en el Puerto de la Cruz: crónica de un despropósito
tamaño folio", del que es autora Inés Rodríguez Hidalgo junto con el
autor de estas líneas (Boletín electrónico de Ciencia, Crítica a la
Pseudociencia y Escepticismo. ARP-Sociedad para el Avance del
Pensamiento Crítico, 16 de noviembre de 2000).

Recomienda Vd. a continuación difundir que "eres un científico y un
investigador racional y no como algunos periodistas que, a pesar de
llevar más de treinta años estudiando estos temas, son unos 'atrevidos
ignorantes vendedores de misterios'". Vd. lo ha dicho. Llevará más de
treinta años "estudiando estos temas" pero no he visto por su parte una
contribución rigurosa al conocimiento, más allá de un volumen de
publicaciones en las que se hace eco de toda la basura paranormal que
circula por esos mundos. Tenía usted, por otro lado, la oportunidad de
escribir un "libro de investigación" (¡qué generoso soy!) pero, como era
de esperar, nos ofreció un bodrio de 2.500 pesetas titulado "Luces de
medianoche", pura palabrería de la "nueva era" y repleto de principio a
fin de esa pseudo-espiritualidad afectada para jubilados menesterosos de
la que es maestro.

¿Le molesta que los críticos y escépticos difundan sus trabajos? Pues
acostúmbrese. ¿Acaso ha dado Vd. oportunidad a alguno de ellos a
expresarse en alguno de sus programas de radio? ¿Alguna invitación para
esos saraos paranormales que organizaba de vez en cuando por el norte de
Tenerife, para que el público pudiese escuchar otra interpretación de
esos supuestos fenómenos anómalos? ¿O, más bien, ha sido su tradicional
proceder el de evitar a toda costa el diálogo público con quien podía
poner en evidencia sus más disparatadas afirmaciones?

Remarca Vd. que los escépticos deben "calumniar, desprestigiar e
insultar, que siempre algo queda, por lo menos la duda" ¿Cuándo perdió
de manera tan lastimosa la vergüenza, señor Padrón? ¿Leyó, por ejemplo,
"Materia Reservada", del novelista Juan José Benítez? ¿Contó el número
de insultos por centímetro cuadrado de papel que hay en ese libelo?
¿Recopiló todos los que se imprimieron la pasada década en las revistas
de "misterios" en relación con el proceso de desclasificación de los
informes sobre ovnis del Ejército del Aire español, indigno proceder del
que Vd. se hizo eco en numerosas ocasiones en su página de "Diario de
Avisos" sin el más mínimo sentido crítico, tan sólo para alimentar ese
estúpido rumor de la ocultación oficial de información? ¿Le tengo que
recordar las numerosas insinuaciones que en los últimos meses viene
dedicando a los escépticos tinerfeños por escrito, incapaz de citar
nombres concretos por puro "acongojo" a una contundente réplica? En
cuanto a los plagios, está más que probado que algunos de los más
afamados fabricantes de misterios españoles se han dedicado a esta
comodona y lucrativa práctica, conocida últimamente como
"intertextualidad". ¿Le suena el "Libro de Urantia"? ¿Se acuerda del
libro de historias inventadas por Javier Esteban "Bases de ovnis en la
Tierra" que publicó con el seudónimo "Douglas O´Brien", con el que tomó
el pelo durante años a la parroquia platillista española, algunos de
cuyos capítulos fueron reproducidos con puntos y comas en artículos
periodísticos por profesionales del amaño?

¿Le parece aberrante que se cobre por dar una charla sobre escepticismo
o sobre el mito de los platillos volantes? ¿En qué mundo vive Vd., señor
Padrón? ¿En Ganímedes o en alguna de esas realidades, "vibracionales y
paralelas", con las que de vez en cuando nos sale? ¿Es extraño cobrar
por el trabajo intelectual? El divulgador científico, a menudo, no cobra
por su labor, ni tampoco el preocupado por desenmascarar supercherías
¿Acusa Vd., por otro lado, de protagonismo a los escépticos? Exigimos el
derecho a decir en público que se estafa sistemáticamente al creyente.

¿Acosar a los testigos de ovnis? Replicar a este párrafo me llevaría un
par de páginas porque es un concentrado de la pseudo-ufología
rudimentaria que Vd. representa. No se puede mostrar mayor ignorancia e
inquina contra quien rebate sus absurdos puntos de vista. ¿Quién
calumnia ahora? ¿Le preocupa que haya quien entrevista a los testigos de
supuestos fenómenos anómalos? ¿Le incomoda -lógico- que descubran que ha
embellecido sus palabras para convertirlo en una cuasi teofanía
platillista? ¿Qué opina de la interesada promoción que durante décadas
ha hecho Vd. de la inverosímil percepción del Dr. Padrón de Guía,
testigo, como muchos canarios, de los efectos de un lanzamiento de misil
Poseidón el 22 de junio de 1976 al oeste de Canarias? ¿Acosó al testigo
y le sirvió de comparsa para crear un misterio de la nada, o tuvo las
luces suficientes como para darse cuenta de que fue el único que
describió el fenómeno en aquellos términos?

¿Cuántas veces habrá oído Vd. decir que no se trata de creer o no en el
testimonio del testigo?, que la investigación ufológica no tiene nada
que ver con la amistad y la confianza -o la pura adulación- sino con el
afán de explicar lo que probablemente fue una simple confusión? Como si
nada...  ¿Sabe Vd. lo que es un auténtico interrogatorio con afán
científico? ¿O cree que basta con un ameno diálogo con el sujeto, y,
entre risas y bromas, -como cuando estaba en medios radiofónicos-, no
ofrecer jamás una interpretación racional de lo denunciado, es decir,
estafar permanentemente al oyente o lector? ¿Cómo es posible que la
única explicación que ha hecho pública de sus muchos "casos ovni" haya
sido la de la filmación de unos pájaros en los Cristianos el 26 de julio
de 1996? ¿Fue porque "El Día" le pisó la noticia de una "filmación ovni"
y no podía consentir que otro medio le tocase su negocio?

No estamos enfermos de titulitis, señor Padrón, algo de lo que Vd. -y
otros como Vd.- dan síntoma con frecuencia. En sí no hay nada malo en
avalar a priori las palabras con un título (que, por cierto, no regalan,
sino que conlleva esfuerzo y trabajo). Se presupone cierta competencia
intelectual al que posee un título universitario, lo cual no impide que
muchos universitarios profesen absurdas creencias, de esas de las que
Vd. propala con una irresponsabilidad preocupante. ¿Qué nos puede
ofrecer, señor Padrón? ¿Qué estudios ha realizado; dónde los ha
publicado; quién los revisó?; ¿se llama a sí mismo "investigador"?; ¿de
qué?: ¿del humo que lleva 30 años vendiendo?

Quizá los dioses sabrán qué quiere Vd. con "lee los manuales de
actuación de grupos neo-nazis" y "acude a las charlas y conferencias
públicas para intentar reventarlas". ¿No le seguirá el juego a un par de
imbéciles que pululan por ahí y que se dedican a calumniar impunemente?
¿Le molesta que acudamos a sus charlitas pseudocientíficas del Puerto de
la Cruz y de la Matanza de Acentejo? ¿Le trae a mal traer que haya
interesados en decir las cosas claras ante el público y que pongan en
evidencia que sus afirmaciones no se sostienen y que sólo un público
fácilmente impresionable puede tragarse sus relatos? ¿No le pareció a
Vd. un compendio de desvergüenza diseñado para que nadie lo comprendiera
la intervención de Schabbath, castillo de naipes que se vino abajo en
cuanto un par de físicos hicieron las primeras preguntas rigurosas en
medio de la maleducada y crédula mayoría de la sala? Es que Vd. no
soporta que le toquen su chiringuito, don Paco, nunca lo ha soportado;
tiene Vd. un "prestigio" de pacotilla entre los crédulos canarios; se
tropezó con un erial, con un desierto en Tenerife en lo relativo a los
"fenómenos extraños"; no había nadie aquí de antemano, "okupó" un solar
y construyó un edificio cochambroso, hecho con los desperdicios del
pensamiento racional, todo ese material de interés para los folcloristas
y que el público desinformado acepta porque les aporta indicios de una
falsa esfera trascendente, en los términos en que Vd., inconsciente e
implícitamente, la formula. ¿Cuál es el meollo, si no, de su promoción
de las ideas de Schabbath, de sus estados vibracionales, de sus
platillos volantes que proceden de otros "planos" sino una absurda
religión nuevaerista? Vamos a seguir acudiendo a sus festejos sólo con
el interés de que el público oiga otras opiniones, algo que Vd. les ha
impedido todos estos años.

Los documentos gráficos de ovnis, como Vd. debería saber, son lo más
dudoso que existe en este terreno. Me recuerda esas divertidas fotos que
suele publicar de vez en cuando en las que se observa un grueso punto de
luz sobre fondo negro... ¿A quién pretende engañar? De la misma forma,
nos hacen gracia esas instantáneas que se pusieron de moda hace algunos
años, realizadas por un fotógrafo amigo suyo, en las que se podía
contemplar trazos anárquicos de luz en la noche y que Vd. interpretaba
como "energías inteligentes". Los fotógrafos a los que enseñé esas tomas
no tardaban ni dos segundos en descubrir el fraude, el burdo truco con
el que fueron realizadas. Dispongo de algunas de esas "energías
luminosas" en mi archivo de fotografías fabricadas por colegas
escépticos. ¿Quiere alguna para publicar? Pero eso sí, sin citar la
fuente, no sea que vaya algún escéptico a acosar al autor para que
confiese y quede Vd. en evidencia ante la parroquia de aficionados
acríticos...

¿Investigaciones de científicos que avalan sus afirmaciones? Bueno, como
escéptico, debo poner esto en duda, si me lo permite. Pero, ya que
estamos tratando este asunto: ¿por qué no he visto nunca una referencia
académica citada de forma correcta por Vd.? ¿Dónde publicó el científico
en cuestión el aval de su penúltima insensatez? ¿Qué juicios críticos
tuvo que superar? Me temo, señor Padrón, que de procedimiento científico
anda un poco pez. Debe creerse que porque algún científico haya
realizado afirmaciones que recuerdan alguno de sus caballos de batalla
pseudocientíficos ya está más que demostrada su más reciente "parida" y
que el mes que viene saldrá sancionada en algún journal académico.
Repito: deme referencias concretas de esas "investigaciones y teorías
afirmando la realidad de ciertos fenómenos".

"Usa, siempre, esta frase: 'La cuestión OVNI: un mito o un timo'.
Funciona muy bien". Después de corregir una falta de ortografía que hay
en esta frase textual suya aquí reproducida, debo decirle, señor Padrón,
que sí, que se trata de un mito, de un gran mito, de una creencia de la
que Vd. se aprovecha indiscriminadamente. ¿Dónde están las pruebas de la
presencia de extraterrestres en la Tierra o de que andan jugando al
escondite en una de esas dimensiones paralelas en las que Vd. -como
tantos otros- los arrinconó cuando los científicos comprobaron que es
altamente improbable que esos supuestos alienígenas hayan visitado
nuestro planeta por las inmensas dificultades del viaje interestelar?
¿Cuándo compartirá con nosotros sus evidencias? Pero no estoy de acuerdo
con Vd. -como en otros miles de aspectos de lo "enigmático"- cuando
parafrasea a los escépticos que afirman que el tema de los ovnis es un
timo; no del todo. Es cierto que la incidencia del fraude -y no señalo a
nadie- es mayor de la que se cree; que grandes "casos ovni" se han
derrumbado con el paso de los años cuando sus fabricantes confesaron y
que, en definitiva, es una posibilidad más a considerar en el análisis
ufológico. Pero no es un timo porque la creencia está viva: ¿necesita
más pruebas? Mire alrededor: la venta de falsedades y absurdos continúa
porque el público aficionado demanda una ración periódica de historias
impactantes. Decir que los ovnis son un timo sería como negar la
existencia de D. Francisco Padrón; porque Vd. es parte del "fenómeno
ovni", don Paco, Vd. es un creador, un iniciado... un "objeto" de
estudio para los interesados en la mitología platillesca.

No hace falta que recuerde a los escépticos que organicen seminarios en
la Universidad. No se preocupe, que seguiremos organizándolos, también
el próximo año 2002; y en el Ateneo de La Laguna y en otros foros de los
que tendrá noticia. Por cierto, cuando se refiere al erario público y
los seminarios que organizamos -algo lícito en la Universidad, que
gestiona sus fondos como le parece oportuno, sólo que esta vez no para
dar cancha a la charlatanería irracional- debería acordarse de cuando
Vd. deleitaba a la audiencia en aquellos coloquios en el hotel Semíramis
del Puerto de la Cruz... También debería hacer memoria de cuando
participó Vd. en unas jornadas de la Universidad de verano de Adeje,
también con fondos públicos...

Cuando se refiere Vd. a los informes sobre ovnis elaborados por
militares y la crítica de que "están chocheado" me imagino que se
refiere al informe Cometa. Sé que no es Vd. un dechado de precisión; por
eso aclaro aquí lo a sus lectores debió hacerles pensar: "¿de qué está
hablando este hombre?". No sé si estaban chocheando, pero sí es cierto
que el informe Cometa está formado por un grupo de militares franceses
jubilados aficionados a la temática de los ovnis. Pero lo importante no
es eso; lo relevante es el lugar donde publicaron sus conclusiones: un
semanario ilustrado que se vende en los kioscos. Y sabemos que las
publicaciones de kioscos aguantan lo que les echen. ¿Por qué no
sometieron sus hallazgos a la crítica científica antes de publicarlos?
¿Cómo es que tan sorprendente revelación sale a la luz en un lugar tan
poco apropiado? Me recuerda su proceder habitual: ¿por qué no manda uno
de sus artículos, el que Vd. crea que está más cercano a provocar un
cambio de "paradigma" en la ciencia contemporánea, a una revista con
árbitros? Puede elegir: psicología, exobiología, psiquiatría,
antropología... Vd. es un hombre del Renacimiento y ha tratado de todos
estos temas en su larga carrera como articulista del misterio.

A continuación nos deleita Vd. con un párrafo autobiográfico, sin duda:
"Procura mezclarlo todo, engaños y verdades; embaucadores y gente seria;
Astrología con Alquimia; Tarot con sanación; medicina natural con
almorranas... Hay que crear un buen lío". En otra ocasión pasaremos
revista a sus artículos desde los años 80, don Paco; verá que se queda
corto con esa lista de temáticas propias de la "ciencia de vanguardia"
que Vd. practica. En cuanto a los ejemplos de causas explicativas para
los episodios de observación de "ovnis" que cita, Vd., como yo, sabe que
son totalmente plausibles, sólo que su figuración pro-misterio le impide
reconocerlo. ¡No me irá Vd. a decir que anda anclado en las ideas
ufológicas de los años 50! Eso estaba bien para su maestro Antonio
Ribera.

Cuando baje del limbo me explica Vd. a qué se refiere con su desastroso
relato del tipo abducido por dos extraterrestres macizas al que le
dejaron un pelo púbico enrollado en el pitorrillo. De paso me da alguna
referencia científica relacionada con el asunto. Pero, sobre todo, no
sea iluso con las abducciones: todos sabemos que no hay ni una sola
prueba irrefutable de que éstas se desarrollen fuera de la cabeza de los
que dicen haberlas sufrido y que pueden estar muy relacionadas con la
parálisis del sueño, al igual que ese pseudo-fenómeno denominado "viaje
astral", del que es practicante asiduo.

Resumiendo: hay que seguir estafando a la gente con insensateces
pseudocientíficas. Hay que disfrazarse de investigador de lo anómalo.
Hay que hacerle el juego a la industria cultural que fabrica basura
irracional para alimentar a los incautos necesitados de una
pseudo-religión de cartón piedra. Hay que aprovecharse de la falacia de
los ovnis, de la credulidad rampante, del déficit de pensamiento
crítico, de la ignorancia de los lectores. Hay que aparentar que eres un
experto en lo "anómalo", que llevas décadas tras ellos -los semidioses
alienígenas bonachones- y que, probablemente, cada vez sabes menos sobre
los mismos, como algún desahogado afirmó en cierta ocasión. Hay que
retorcer los hechos de tal forma que adquieran apariencia misteriosa;
por ejemplo, un bólido o gran estrella fugaz puede ser convertido en un
fenómeno extraño que realizó un giro inesperado en la atmósfera... En
definitiva, siga Vd. mostrando que sus declaraciones son un auténtico
batiburrillo de asertos indemostrables, que es un gurú frustrado, un
señor con bula para tomarle el pelo al oyente y al lector, un marginal
del conocimiento riguroso, un propagador de mentiras sobre el proceder
científico, un maestro del uso incorrecto y viciado de la lógica, un
frecuentador del repertorio básico de falacias, un "investigador" de uno
de los mayores mitos del siglo XX: los platillos volantes. 'Salú pa'
gastarlo'.

La Tejita, sur de Tenerife, 21 de octubre de 2001.

[Nota] *El presente artículo, firmado por Ricardo Campo Pérez, es
ofrecido a nuestros lectores también en formato PDF. El mencionado
documento añade un archivo gráfico con el artículo original de Francisco
Padrón Hernández, al que se hace mención a lo largo de la Carta
Escéptica de Ricardo Campo, y puede ser descargado desde
http://www.arp-sapc.org/eedigital/carta_esceptica.pdf

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El Correo http://www.elcorreodigital.com/

CIENCIA Y SOCIEDAD
Por: Joseba Zubia

A nadie se le escapa que los avances de la ciencia y de la tecnología
influyen decisivamente en el modo de vida del hombre. Santiago Ramón y
Cajal, en la primera década del siglo XX, en plena madurez, estudiaba la
histología cerebral. Hoy, gracias a sus descubrimientos y a los de
aquellos que recogieron su antorcha, se conoce mucho de la naturaleza
del cerebro. Dicho conocimiento nos ha permitido hallar remedios para
multitud de dolencias. El avance en este campo y en la medicina en
general conlleva grandes beneficios sociales. Estos avances no se logran
de forma aislada, sino que requieren el desarrollo paralelo de la
tecnología y de otras disciplinas científicas.

La Humanidad tiene y ha tenido grandes e importantes problemas:
enfermedades, hambrunas y falta de comunicación. Y han sido la ciencia y
la tecnología las que nos han reportado sus soluciones: vacunas,
fármacos, nuevas técnicas de diagnóstico con las que se han eliminado
plagas y enfermedades. Actualmente se conoce el origen de muchas
enfermedades, su remedio e incluso nuestra predisposición a algunas a
través del genoma. Se han desarrollado medios de transporte rápidos y
seguros, sistemas de información globales y eficaces como Internet, y se
han optimizado y protegido los recursos medioambientales. Hay que
señalar con un sonrojo no hipócrita que, aunque todavía hay hambre en el
mundo, ésta se debe a razones políticas, ya que la ciencia y la
tecnología pueden asegurar una producción suficiente de alimentos para
toda la población. La productividad agrícola ha aumentado
espectacularmente debido a que se han multiplicado el número y la
calidad de las semillas, se ha incrementado su resistencia a plagas y se
han desarrollado insecticidas y fungicidas eficientes. Y toda esta
capacidad del hombre para transformar el planeta reside en las fuentes
de energía que ha desarrollado y utilizado en los últimos años.

He ahí la trascendencia de la investigación científica. Por eso, frente
a la demagogia interesada sobre el enorme coste de la investigación
espacial, nuclear o de proyectos como el del genoma, cabría responder,
por poner sólo un ejemplo, que la investigación desarrollada en los
laboratorios espaciales nos reportará a medio plazo, y con toda
seguridad, grandes beneficios sociales, algunos de ellos aún por
imaginar. Permítanme recordarles brevemente una anécdota. Hace poco más
de 150 años, Faraday descubría el motor eléctrico. Preguntado sobre su
aplicación, respondía: «¿Para qué sirve un recién nacido?». Hoy en día,
las aplicaciones del motor eléctrico, desde la batidora doméstica hasta
los grandes generadores de las centrales hidráulicas, son casi
ilimitadas.

Ahora bien, no nos engañemos; el progreso no llega a todos a la vez,
aunque en su origen el planteamiento sea universal. El objetivo de la
investigación es la búsqueda de la verdad, del conocimiento y de su
aplicación. En última instancia, se persigue el dominio del Universo en
beneficio del hombre a través de la resolución de problemas concretos, y
con ello elevar los niveles de vida de grandes sectores de la población
e incluso de países enteros.

Hay un subproducto de la investigación tan importante como los puros
desarrollos prácticos: la libertad. Ciencia es libertad, puesto que el
conocimiento disminuye nuestros miedos a lo desconocido, nos libera de
enfermedades, nos proporciona más tiempo libre, elimina las barreras
geográficas científicas y aumenta nuestras posibilidades de elección. Y
también la ciencia y la tecnología son poder -«Science is power»-, ya
que nos han proporcionado medios para que podamos conocer inmediatamente
los desastres naturales, las guerras, las injusticias sociales o la
esclavitud, y de este modo poder paliar o minimizar sus efectos (aunque
esto último es una decisión política, no científica).

Sin embargo, y a pesar del enorme valor de los avances científicos, la
sociedad valora más los perjuicios generados por las aplicaciones de la
ciencia y la tecnología que sus bondades. Esto se debe, en parte, a que
la ciencia y la tecnología crecen demasiado deprisa, al menos en
relación con el desarrollo cultural y moral de las sociedades más
avanzadas. Por otra parte, nuestra sociedad tiene una escasa cultura y
tradición científica, y los investigadores no queremos explicar la
ciencia. La divulgación debe actuar de catalizador para que la sociedad
desarrolle la conciencia de la trascendencia de las investigaciones.

Estas deficiencias alejan al científico de la sociedad. Un ejemplo
actual lo constituyen los transmisores de telefonía móvil que se han
instalado en las azoteas de algunos edificios. Dejando aparte la
discusión sobre su riesgo, es innegable que tanto el desconocimiento de
la tecnología y sus efectos como su rápida implantación han provocado
una reacción de alarma social. La divulgación e información a tiempo
sobre dicha tecnología y sus efectos habría evitado la situación actual
de desconfianza.

Los científicos y técnicos debemos explicar que el desarrollo científico
conlleva nuevos riesgos, alguna vez sutiles y cada vez más difíciles de
comprender. Y debemos ser conscientes de que a la sociedad le preocupa
el hecho de que escapen a su control. Puesto que no existe el ‘riesgo
cero’ en la investigación científica y en los frutos de su aplicación,
debe resolverse el problema de cuál es el riesgo asumible a través de un
debate democrático y un análisis ético que no coarten la libertad de
investigación. En este sentido, hay que abogar por la investigación
responsable y prudente e instar a los científicos a que defiendan
públicamente su investigación, y a los medios de comunicación a que
cedan más espacio a estos temas.

La demanda social exige cambios tanto en la actitud de los científicos a
la hora de divulgar los objetivos de su trabajo como a la hora de
definirlos. La investigación no se integrará en la sociedad si no
alcanza a responder a la demanda social. Por ello, la ciencia debe estar
regulada por la política, y no por el mercado, para así minimizar los
riesgos y poderla acercar a la sociedad. Todo esto nos lleva a
planificar de forma adecuada los objetivos de la investigación para que
se evalúen sus efectos socieconómicos, medioambientales y otros
imprevisibles a largo plazo.

Los políticos deben tener claro el valor de la ciencia y de la
investigación como base del desarrollo económico. Mantener un potencial
de investigación adecuado y seleccionar sus objetivos garantiza un nivel
tecnológico apto para el desarrollo económico y el bienestar social. Los
países que más invierten en investigación son los más desarrollados y
los que gozan de mayores niveles de riqueza.

La trascendencia de la investigación es tal que los gobiernos están
condicionados por realidades científicas y tecnológicas que sin duda
deben conocer. Política energética, contaminación, desarrollo
industrial, agricultura, paro, sanidad, ocio... son áreas donde los
políticos deber ser correctamente asesorados. Los gobiernos han de estar
informados, pero las decisiones han de ser políticas, no debe existir el
determinismo científico; aunque sí habrá en el futuro cercano una
paulatina transferencia de los centros de decisión del dominio político
al científico.

En la Península Ibérica, a principios del siglo XX, la esperanza de vida
apenas llegaba a los 35 años. Actualmente, ronda los 80, con una calidad
de vida mucho mayor. Aunque sólo fuera por eso, ¿no ha merecido la pena?

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El País http://www.elpais.es/diario/

BOÑIGAS DE CAMELLO
Por: Juan Luis Arsuaga

El Ejército alemán avanzaba imparable por el norte de África. Nada podía
detener la marcha del Afrika Korps, que amenazaba con expulsar a los
aliados de la región. Con el fin de obstaculizar al menos su marcha,
éstos decidieron minar las principales rutas. Pero, para su
desesperación, los alemanes identificaban fácilmente las minas, las
desactivaban y proseguía como si nada el avance de las columnas de
vehículos.

El servicio de información británico se dirigió entonces a un
antropólogo americano destinado en Tánger como 'ayudante especial de la
legación americana'. El antropólogo en cuestión había excavado en 1939
para el Museo Peabody de Harvard en la Cueva Grande, situada en el cabo
Espartel, cerca de Tánger. Pero al mismo tiempo que excavaba montó una
emisora de radio por medio de la cual informaba a los ingleses de las
actividades de los nazis (la historia es tan cinematográfica como
Casablanca, pero hay otros muchos ejemplos de científicos espías: poca
gente sabe que el famoso Lawrence de Arabia era arqueólogo de formación
y que realizó su tesis doctoral sobre los castillos cruzados de Oriente
Próximo).

Ahora los británicos querían que el antropólogo recogiera rocas de los
caminos para que los ingenieros militares pudieran fabricar minas que
simularan piedras. La primera regla del camuflaje es la de imitar algo
que se encuentre por todas partes. A las pocas horas de recolectar
rocas, al antropólogo se le ocurrió una idea mejor. ¡Camuflemos las
minas como si fueran boñigas de camello! ¡Los alemanes no tendrán tiempo
material para inspeccionar los millones de boñigas sembradas por los
caminos, y, si no lo hacen, cualquier boñiga aparentemente inofensiva
reventará un carro de combate! Al poco tiempo, unas cuantas muestras de
boñiga de camello viajaban hacia Londres por valija diplomática.

A pesar de su ingenio, el nombre del antropólogo en cuestión no está
inscrito en letras de oro en los anales de la historia militar. Pero sí
que es muy frecuente encontrarlo en los libros de antropología, porque
el buscador de boñigas de camello llegó a ser después de la guerra una
personalidad muy influyente en el terreno de las razas humanas. Ese
nombre es Carleton S. Coon.

Como raciólogo obsesivo que era, Coon veía más fácilmente las
diferencias que las semejanzas entre las poblaciones humanas. Aunque su
especialidad era la antropología biológica, no podía evitar pensar que
también había diferencias en el carácter de los distintos pueblos que
habitan la Tierra, rasgos psicológicos que les son propios. Ésta es, por
otro lado, una idea muy extendida entre la gente, y que se expresa en
los chistes sobre ciudadanos de diferentes países. Los tópicos sobre los
japoneses, alemanes, franceses y españoles o, a una escala más local,
vascos, catalanes, aragoneses, gallegos, leperos, no tienen mayor
importancia mientras no se crea de verdad que esas estereotipadas formas
de ser son constitucionales, es decir genéticas, y que forman parte de
la definición de la raza-etnia tanto como el color del pelo, la forma
del cráneo o el tamaño de la nariz. Todos los racistas del tipo
norte-sur piensan que la gente de su pedanía es, por naturaleza, más
emprendedora, trabajadora y capaz que los holgazanes del sur, a los que
tienen que subvencionar (pero a los que en realidad explotan siempre que
pueden).

Para Coon, en realidad, las diferencias culturales y las físicas eran
dos caras de la misma moneda, porque él pensaba que las barreras
culturales separan a los pueblos y los mantienen aislados genéticamente.
Un buen ejemplo de cómo se empiezan a levantar muros culturales que
impiden el intercambio de genes es, según Coon, el de los diferentes
clanes escoceses, que se distinguen entre sí por el estampado de sus
vestidos o tartan. Ésta es una buena ocasión para reflexionar sobre lo
poco serio de muchas de las teorías sobre las razas humanas: en realidad
no existió nunca un estampado propio de los MacDonald o de los
MacGregor, y los que circulan ahora por ahí son inventos folcloristas de
época victoriana.

Si las diferencias, biológicas y psicológicas, entre las poblaciones
humanas son tan marcadas, la consecuencia inevitable es que sus raíces
tienen que ser muy profundas. Las razas humanas serían así prácticamente
equivalentes a especies, con una larga historia evolutiva (de cientos de
miles de años) por detrás. Para apoyar sus tesis, Carleton S. Coon
recurrió a un paleontólogo muy famoso, Franz Weidenreich. Éste era un
judío alemán que tuvo que huir de su país a causa de la persecución
nazi, y se fue primero a China para estudiar los fósiles humanos del
famoso yacimiento chino de Chukutien (hoy escrito Zhoukoudian), cerca de
Pekín (o Beijing), datado en alrededor de medio millón de años. De allí
pasó al Museo de Historia Natural de Nueva York. Para Weidenreich, los
fósiles de Chukutien eran los antepasados directos de los chinos
actuales, del mismo modo que los europeos antiguos serían los
antepasados de los actuales (con los neandertales de Oriente Próximo
como paso intermedio). Los aborígenes australianos y los subsaharianos
(los negros) también tendrían ancestros propios en Indonesia y África
más o menos contemporáneos de los fósiles de Chukutien.

El esquema de Weidenreich era, de todos modos, un poco más complejo que
todo eso. Las diversas líneas que darían lugar a los grandes grupos
actuales de población se habrían estado pasando genes todo el tiempo a
través de las fronteras, de modo que la especie humana habría
permanecido unida gracias a ese flujo permanente y unificador, que
habría impedido la especiación o ramificación (es decir, que una o
varias de las razas se convirtieran en nuevas especies). No habría
habido nunca más de una especie humana, como ahora, aunque siempre
estuviera dividida en razas muy marcadas. La cuestión central estaba en
el énfasis que se le diera a ese flujo de genes entre razas (por cierto,
la única forma de intercambiar genes es teniendo hijos). Podría haber
sido una corriente de genes muy importante o, por el contrario, un débil
flujo apenas significativo. No está claro qué pensaba Weidenreich al
respecto. Parece en cambio fuera de duda que para Coon era mucho más
importante lo que había en las razas de evolución independiente que los
posibles intercambios de genes entre unas y otras.

Coon estaba también preocupado por el futuro de las razas, y no sólo por
su pasado o su estado actual, lo que le llevaba a preguntarse en 1965
por la posibilidad de una intervención directa del hombre sobre sus
propios genes, un tema que hoy es de actualidad plena. En los países con
suficiente desarrollo científico como para actuar sobre el genoma
humano, las grandes religiones monoteístas no lo permitirían, razonaba
Coon. En aquella época la Unión Soviética y la China maoísta padecían un
gran atraso en materia genética y quedaban descartadas. La mirada
inquisitiva de Coon se detenía entonces en Japón, un país con grandes
capacidades tecnológicas y que había controlado su demografía por medio
de campañas de planificación familiar; es decir, un pueblo con
iniciativa, conocimiento y disciplina. Para Coon existía el peligro
cierto de que, gracias a la manipulación genética, los japoneses
pusiesen a su raza por delante de las demás, algo que hoy nos parece una
completa simpleza (pero aún no está decidido qué vamos a hacer con
nuestro conocimiento del genoma humano).

El modelo evolutivo de Weidenreich-Coon todavía encuentra defensores,
aunque todos ellos insisten más en lo que tienen en común las
poblaciones actuales que en lo que las diferencia, ya que hoy se sabe
que es tan escasa la separación genética que ni siquiera está
justificado que se utilice el término 'raza' aplicado a los humanos (y
debería quedar relegado para uso exclusivamente ganadero y veterinario).
Nuestra especie es una de las más homogéneas que existen entre los
mamíferos, aunque las diferencias de color puedan hacer pensar a primera
vista lo contrario. De hecho, hay más variación genética dentro de cada
población humana que entre unas y otras. O dicho de otro modo, los
individuos típicos (o promedio) de las distintas poblaciones humanas
difieren genéticamente menos de lo que lo hacen entre sí los individuos
extremos de una cualquiera de las poblaciones humanas (técnicamente se
dice que es mayor la varianza intrapoblacional que la varianza
interpoblacional).

Al modelo evolutivo de Weidenreich-Coon se opone otro (con el que
simpatizo) que afirma que sólo somos herederos de una de las poblaciones
antiguas, concretamente de una que vivió en África hace unos 200.000
años. Se explica así por qué somos tan semejantes los humanos. Las demás
poblaciones antiguas (en realidad especies distintas de la nuestra) no
habrían aportado casi nada o nada en absoluto a nuestro acervo de genes.

No soy quién (nadie lo es) para juzgar las verdaderas intenciones y
sentimientos que Carleton S. Coon escondía detrás de sus hipótesis
científicas, y no sé si Coon pensaba o no que unas razas eran superiores
a otras. Tal vez el viejo Coon pisó sin querer, como muchos otros
antropólogos de los dos siglos pasados, minas ideológicas peores que las
que preparaba el joven Coon en la guerra. Pero sí es indudablemente
cierto que afirmaba que la humanidad estaba escindida desde su mismo
origen en cinco ramas distintas (caucasoide, capoide, congoide,
mongoloide y australoide), o, en sus mismas palabras, que la humanidad
actual tenía cinco cunas en lugar de una sola, y que como resultado de
esas desigualdades de nacimiento y cuna los miembros de los diferentes
pueblos de la Tierra debían ser educados de distinto modo, atendiendo a
sus particulares capacidades e inclinaciones. Las enseñanzas de
Cambridge y de Harvard no serían pues adecuadas ni convenientes para
todo el mundo; desgraciadamente ése es el programa que han defendido los
racistas (y clasistas) de todas las épocas: educar de forma diferente
para justificar y perpetuar las diferencias.

Milford Wolpoff, un vociferante defensor actual del esquema evolutivo de
Weidenreich, acusa de racistas a los partidarios del origen único y
reciente (y posiblemente africano) de nuestra especie, de toda nuestra
especie. Según él, los que consideramos a los neandertales una especie
diferente (o casi) de la nuestra estaríamos comportándonos como los
viejos racistas que trataban a las poblaciones humanas vivientes como si
fueran varias especies, cerrando los ojos ante el hecho evidente de que
se pueden reproducir entre sí. Pero, a mi juicio, lo que más favorece
los argumentos de los racistas no es el supuesto racismo retrospectivo
hacia los neandertales, sino justamente lo contrario: sostener que los
asiáticos, los australianos, los africanos y los europeos descendemos de
cadenas independientes de antepasados (las cunas de Coon) que llevan
evolucionando más o menos aisladas en distintas partes del mundo desde
hace cientos de miles de años.

La moraleja de esta disputa entre antropólogos sobre genealogías es que
la ciencia no está nunca situada al margen de las ideologías; nunca es
incolora, inodora e insípida. Cada descubrimiento realmente nuevo,
trátese de la evolución, del origen del hombre moderno o de la
clonación, agita las aguas del debate intelectual y nos obliga a tomar
decisiones. Por eso, algunos preferirían que no se investigase. Pero es
la verdad, y no la ignorancia, lo que nos hará libres.

[Nota] *Juan Luis Arsuaga es catedrático de Paleontología de la
Universidad Complutense de Madrid y Codirector del equipo que lleva a
cabo las investigaciones en Atapuerca.

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LA “OTRA” GUERRA BIOLÓGICA
Por: Javier Armentia

Hace unas semanas un equipo de bioquímicos de la Universidad de Duke, en
Durham (Carolina del Norte, EEUU) ha encontrado cómo ciertas bacterias
pueden alterar la carga negativa de su membrana, incorporando una
molécula de azúcar a las cadenas de lípidos que la componen, para evitar
los ataques de las sustancias antibióticas. Controlado por una enzima,
el proceso hace que la bacteria se vuelva mucho más resistente. El
hallazgo, aparte de mejorar la comprensión sobre los mecanismos de
defensa bacterianos, puede ayudar al diseño de nuevas estrategias que
usarán los medicamentos para atacarlas.

Estrategias en las que, según la Organización Mundial de la Salud, la
industria farmacéutica mundial lleva invertidos más de 3 billones de
pesetas en los últimos cinco años. Esta enorme inversión, sin embargo,
puede no llegar a ningún lado si no se ataja la resistencia microbiana a
los medicamentos, uno de los problemas médico-sanitarios que la OMS
considera más importantes en este nuevo siglo. De hecho, esta
organización ha creado todo un frente de trabajo para minimizar el
efecto “y promover un uso más inteligente de las medicinas, consiguiendo
que los tratamientos sigan siendo efectivos para las generaciones
futuras” como afirmaba recientemente el Dr. David Heymann, Director
Ejecutivo de la OMS para Enfermedades Transmisibles.

¿Y por qué todo esto? La aparición a mediados del siglo pasado de la
penicilina y posteriormente todo un abanico de medicamentos
antibióticos, que atacaban a las enfermedades microbianas, producidas
por bacterias principalmente, supuso una verdadera revolución en la
medicina y la sanidad del mundo entero. Una mejora que podría verse
seriamente afectada debido a que cada vez aparecen bacterias más
resistentes a esos antibióticos. El mal uso y el abuso de las medicinas,
y la capacidad de los procariotas para defenderse del ataque constituyen
dos de las razones que están volviendo a traernos enfermedades como la
tuberculosis.

Las bacterias emplean diversos mecanismos para transmitir la capacidad
de defensa a un medicamento concreto. Evidentemente, las reglas de la
evolución están en juego: sólo las bacterias capaces de sobrevivir al
tratamiento van a reproducirse y perpetuar ese genoma. Las siguientes
generaciones serán más resistentes si se consigue ese mecanismo: la
lucha por sobrevivir darviniana. Para su ventaja, las bacterias muestran
una enorme plasticidad para incorporar y alterar su material genético.
Por un lado, existen mutaciones espontáneas, de manera que una bacteria
se convierte en resistente a un antibiótico. Esto es lo que sucede en la
tuberculosis, enfermedad producida por el Mycobacterium tuberculosis,
descubierto por el investigador alemán Robert Koch en 1880 (y conocido
mundialmente como “bacilo de Koch”). La tuberculosis mata a más de dos
millones y medio de personas anualmente, y la cifra de infectados ha ido
aumentando en los últimos años, principalmente debido a que esta
bacteria es cada vez más resistente a los tratamientos antibióticos
usuales. Según se comprobó a comienzos de los 90 en el barrio de Harlem,
en Nueva York (casi un 20% de los casos norteamericanos se centraban en
esa zona de Maniatan), esa resistencia había sido propiciada por los
mismos enfermos que no acababan su tratamiento de seis meses de duración
porque, normalmente, a los dos meses los síntomas habían desaparecido.
De esta manera, era difícil convencer a los enfermos que siguieran
tomando antibiótico. Lo que sucedía es que en el organismo aún quedaban
bacterias tuberculosas, precisamente las más resistentes, que comenzaban
a proliferar de nuevo cuando dejaba de tomarse la medicina, provocando
una recidiva aún más grave.

Pero hay más mecanismos en acción. La Neisseria gonorrheae, la bacteria
responsable de la gonorrea, tiene una forma de sexo denominada
transformación, en la cual una bacteria puede tomar material genético de
otra. En otras especies, se produce transmisión de plásmidos (pequeños
círculos de DNA) entre bacterias contiguas. Este mecanismo parece
responsable de la muerte de más de 12.000 guatemaltecos en 1968, cuando
la bacteria Shigella diarrhea incorporó un plásmido que la hacía
resistente a cuatro antibióticos diferentes. Esta capacidad de las
bacterias de compartir fragmentos de DNA podría ser solamente el
principio: se especula sobre la posibilidad que podrían tener algunas
bacterias de adquirir genes de otras especies, y hacerlos funcionales.
Si esto sucede con genes relacionados con la resistencia a antibióticos,
el peligro está servido.

Teniendo en cuenta que las muertes debidas a enfermedades microbianas
constituyen más del 85% de la mortalidad infecciosa en todo el mundo, es
comprensible que los organismos responsables estén preocupados. La
resistencia bacteriana se consideró al principio, en los años 60, como
una curiosidad científica. Hasta los años 80 había una gran confianza en
la investigación farmacológica, porque rápidamente se obtenía una nueva
molécula antibiótica capaz de solucionar el problema e incluso parecía
que sería posible adelantarse a las bacterias. Pero ahora se ha tomado
conciencia de que no es así. Sin embargo, se exige una estrategia
global, porque el problema no es solamente la aparición por doquier de
bacterias resistentes, sino que el abuso y el mal uso de los
medicamentos antibióticos se halla tan afianzado que es la principal
arma bacteriana. En la 51ª Asamblea Mundial de la Salud, en 1998, se
hacía un llamamiento a los estados miembros de la OMS para legislar la
venta indiscriminada de antibióticos sin prescripción o receta de un
profesional cualificado, y a promover campañas de información para
disminuir la automedicación. En España podemos ver cómo, a pesar de las
campañas sanitarias de aviso que se suceden en los últimos años,
cualquiera puede ir a una farmacia y comprar cualquier antibiótico sin
receta sin ningún problema.

Todo un reino vivo

Las bacterias son seres vivos unicelulares que carecen de núcleo
diferenciado. Son los procariotas, uno de los reinos en que los biólogos
dividen la vida en nuestro planeta. Estimaciones realizadas por vez
primera hace dos años por William B. Whitman, de la Universidad de
Georgia (EEUU) han puesto de manifiesto no sólo que constituyen más de
la mitad de la materia viva, sino que además contienen tanto carbono
como todas las plantas de la Tierra. Globalmente, hay 5 quintillones (un
5 seguido de 30 ceros) de bacterias en nuestro planeta. Y esto tiene
importantes consecuencias: un fenómeno extremadamente raro en
laboratorio, con una probabilidad de que suceda de sólo una entre mil
millones de veces, debido al gran número de bacterias, puede suceder tan
a menudo como una vez por segundo.

Podemos encontrar bacterias desde la alta atmósfera (se han hallado a
más de 60 Km. de altura) al profundo subsuelo (a 11 Km. de profundidad
bajo la superficie continental). Algunas de ellas son capaces, como la
Deinococcus radiodurans de soportar dosis masivas de radiación capaces
de romper por completo su material genético.

Por otro lado, cada generación de una cepa bacteriana se sucede en menos
de 20 minutos. De esta manera las alteraciones genéticas pueden
transmitirse y una evolución terriblemente rápida. No es extraño que las
bacterias se utilicen en laboratorio para comprobar “en acción” las
fuerzas evolutivas de la vida. Y precisamente por esto su capacidad de
aprender a defenderse de las sustancias con las que las atacamos se
incrementa notablemente.

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Páginas 12, suplemento “Futuro”
http://www.pagina12.com.ar/2001/suple/futuro/

MEMES: LOS GENES DEL PENSAMIENTO
Por: Pablo Capanna - Buenos Aires, 3 de Noviembre de 2001
Artículo enviado por: Alejandro Agostinelli

Cuando un modo de explicar la realidad, como la genética, tiene éxito,
casi inevitablemente se convierte en modelo para estudios extraños a su
origen. Uno de los que incurrió en tal exceso fue el científico inglés
Richard Dawkins –el famoso autor de la teoría del “gen egoísta”– que, en
la búsqueda de la unidad mínima de la cultura, propuso a los memes como
el tan mentado “gen cultural”. Así, cosas como tonadas, ideas,
consignas, modas y procedimientos serían los programas básicos de la
cultura que se transmitirían por imitación. En esta edición de Futuro,
el filósofo argentino Pablo Capanna desmenuza la propuesta del británico
que tal vez no pase de ser una conjetura basada en la analogía, un
intento reduccionista y algo simplista de explicar la cultura,
seguramente el fenómeno más complejo que conocemos.

¿Para qué sirve la visera de la gorra?

Con un criterio puramente funcional, cualquiera diría que sirve para
evitar que el sol pegue en los ojos. Por supuesto, para eso la visera
tiene que ir en la frente. En los años ‘50, cuando se popularizaron las
gorras con visera, se usaba así. Tanto Pig, el mecánico de Bull Rockett
imaginado por Oesterheld, como Juan D. Perón, en cuyo homenaje por un
tiempo la gorra llegó a llamarse “Pochito”, usaban la visera siempre
adelante.
Sin embargo, hace menos de veinte años la gorra se dio vuelta, y la
visera fue a parar a la nuca. Así solían usarla los jugadores de
béisbol, con la sana intención de ver llegar la bola y evitar un
pelotazo en el ojo. En algún momento, los demás, aunque no tenían nada
qué temer, los imitaron. En poco tiempo, en todo el mundo las gorras se
habían dado vuelta y aparentemente los únicos que siguen usándola a la
antigua son los soldados iraníes, de puro fundamentalistas.
Ignoramos en qué momento y por qué causa se dio vuelta la gorra, del
mismo modo que desconocemos el origen de tantas otras modas. Pero lo que
sí sabemos es que una vez puestas en marcha se expanden como epidemias.
En algún momento se extinguen, quizás desplazadas por una moda más
poderosa, pero hay casos en que se eternizan como la corbata, que surgió
durante el sitio de Viena para imitar un amuleto turco y nunca más pudo
ser erradicada.
El mismo destino signa a las palabras, que nacen y mueren al ritmo de la
historia. Es difícil saber cuándo se extinguieron especies como
“jailaife” o “esplín”, que antes pululaban en los tangos, o cuándo se
produjo la mutación que dio origen a palabras como “re-masa” o “transar”
. Es difícil explicar por qué la palabra “emblemático”, que antes sólo
usaba Borges, ha llegado a estar en boca de todos, hasta de los
jugadores de fútbol, con imprevisibles sentidos. Quizás los lingüistas
nos puedan explicar el mecanismo por el cual el “boncha” de los años ‘50
desapareció durante toda una generación para resucitar como el
triunfante y omnímodo “chabón” de los ‘90.

Plagas culturales

Una de las pocas personas que han reparado en el extraño fenómeno de la
inversión de gorras es el zoólogo inglés Richard Dawkins, uno de los
divulgadores y polemistas científicos más conocidos de los últimos años.
Dawkins ha intentado explicar desde una perspectiva biológica las modas,
los estereotipos, las frases hechas y otros fenómenos culturales de vida
generalmente efímera. Nunca fue fácil determinar cómo brotan, se
difunden y se extinguen ni por qué mientras algunas se expanden como
plagas, otras abortan sin llegar a prosperar.
El mérito de Dawkins es haber planteado el problema, haciéndose eco de
las sugerencias que hacía un pilar de la genética como Jacques Monod
hacia el final de El azar y la necesidad. Cuando escribió su best-seller
El gen egoísta (1976), Dawkins pensó que había llegado el momento de
establecer una analogía entre genética y cultura, buscando el gen
cultural.
Recordemos que, para Dawkins, árboles, mosquitos y hombres eran apenas
máquinas reproductoras. Su única función era perpetuar la información
genética de una generación a otra, más allá de las aspiraciones de los
individuos. Una gallina era el recurso con que contaba el huevo para
hacer más huevos, y el huevo era tan sólo el soporte del genoma
gallináceo. Las unidades que codifican la información biológica son los
genes, que la transmiten mediante la replicación y la reproducción. ¿Por
qué no pensar en unidades análogas para la cultura? Dawkins propuso que
el mecanismo transmisor en este campo debía ser la imitación.
Cosas como tonadas, ideas, consignas, modas y procedimientos podían ser
los programas básicos de la cultura. Puesto que se transmitían por
imitación, Dawkins los llamó “mimemes” (usando la palabra como en
“mímesis”, imitación), o memes a secas, por analogía con “genes”.
Su colaborador N.K. Humphrey llegaba a afirmar entonces que los memes
son “estructuras vivas, no en sentido metafórico sino técnico” que
parasitaban los cerebros tal como los virus lo hacen con los organismos.
Para Dawkins, la cultura sería el campo de batalla donde los memes
compiten al estilo darwiniano para imponerse unos sobre otros. Los memes
serían tan egoístas como los genes. Si poseían un valor de
supervivencia, en sentido evolutivo, no era para que sobrevivieran los
individuos portadores sino el propio mensaje memético. De hecho, siempre
se supo que la cultura sobrevive a sus creadores y que el triunfo de un
escritor es llegar a ser anónimo.
La idea era atrayente mientras Dawkins se ocupaba del revuelo que solían
causar las rachas de entusiasmo por la minifalda, el yoyó, el hula-hula
o los chistes políticos, que suelen ser inmortales, al reciclarse de un
gobernante a otro. Lo mismo se diría de pautas culturales como las que
en algún momento jerarquizaron el acto de fumar o desestimaron el
peligro de las enfermedades sexuales. También podía aplicarse a la
circulación de los slogans: nadie recuerda que la frase “piensa
globalmente, actúa localmente” nació en el seno del anarquismo
situacionista de 1968; hoy la usan hasta los más conservadores.
Yendo un poco más lejos, Dawkins calificaba como memes ideas tan
complejas y multiformes como la de Dios o la creencia en la vida después
de la muerte. Pero también admitía que la teoría de Darwin no dejaba de
ser un meme, con lo cual sin proponérselo ponía en duda su objetividad.

La Memética

Las propuestas de Dawkins han cuajado en un movimiento que apunta a
crear una nueva ciencia llamada Memética. Entre las figuras más
conocidas que se sintieron atraídas por el proyecto o participaron en él
se cuentan los filósofos Douglas R. Hofstaedter y Daniel Dennett; el
padre de la nanotecnología, Eric Drexler; el promotor de la criónica,
Keith Henson y Richard Brodie, de quien se dice que fue asistente
técnico de Bill Gates y autor del programa Word original.
La memética aspira unificar psicología, biología, antropología y
ciencias cognitivas. Un tanto enfático, Brodie proclamó que estaba
llamada a protagonizar el mayor cambio de paradigma en toda la historia
de la ciencia.
Del mismo modo que los individuos son máquinas reproductoras de genes,
la mente humana, afirma Dennett, es un complejo que va creciendo a
medida que los memes reestructuran un cerebro con el único fin de
volverlo más apto para su propia reproducción.
Los más fervientes reduccionistas no dudan en afirmar que todas las
religiones e ideas políticas pueden ser reducidas a memes o complejos de
memes. El polémico Dawkins carga un tanto las tintas cuando describe los
“síntomas de la religión”: la fe, el sentido del misterio, la actividad
“infecciosa” de los predicadores. Pero quisiera creer que no está
hablando en serio cuando habla de la imposición de manos que se hace en
la ordenación sacerdotal como un ejemplo de “contagio físico” de los
memes. Aquí la metáfora parece habérsele descontrolado.
Brodie también sostiene que los virus mentales infectan a los niños y
son los responsables de calamidades como la delincuencia juvenil, la
mala calidad educativa y las familias monoparentales. Vaticina que las
autopistas de la información pronto les permitirán invadir gobiernos y
sistemas educativos enteros.
Por su parte, Vajk asegura que la perspectiva es un meme que nació en la
pintura del siglo XVI, y aparentemente se habría extinguido con el arte
abstracto, o que el marxismo fue un virus mental que contagió a millones
de rusos, llevado por un portador sano llamado Lenin. Con la misma
ligereza pretende explicar a Hitler, a Jim Jones y a todas las
religiones del mundo.
¿Será el capitalismo global otra virosis, cuya sintomatología es el
pensamiento único? Vajk no lo decía, pero afirmaba que la idea de
tolerancia sí lo era. En enero de 1989, cuando ya se estaba cayendo el
Muro, enunció una curiosa teoría político-inmunológica, según la cual la
versión mutante del meme de la tolerancia provocaba inmunodeficiencia en
la cultura americana y la hacía incapaz de resistir el embate del
marxismo, augurándole un destino incierto. Quizás estaba abogando por
más intolerancia, pero de todos modos los hechos lo desmintieron. Sin
duda, una capacidad de predicción tan escasa no es una buena performance
para una teoría que se proclama científica.

Contagio y transmisión

Años después de que Dawkins inventara los memes por analogía con los
genes, aparecieron los virus informáticos, que le vinieron como anillo
al dedo para apuntalar su modelo. Además de la “ideosfera” (así llama
Hofstaedter a la cultura), ahora había una “silicosfera”, donde
aparecían y proliferaban “gusanos”, “caballos de Troya”, “bombas de
tiempo”, archivos ejecutables con mensajes de autoayuda y hasta “avisos
de virus”. Algunos no sólo eran capaces de masticarse los discos rígidos
sino de contaminar la Red, difundiéndose como epidemias.
¿Por qué no pensar de que toda la cultura estaba infectada por virus
mentales autorreproductores, que iban colonizando mente tras mente? Esta
idea, aunque parezca plausible en los casos de adoctrinamiento y lavado
de cerebros, no parece autorizar extrapolaciones más audaces. Dawkins
afirma, de un modo muy poco metafórico, que los niños son
inmunodeficientes a los memes, y por eso creen en los enanitos o en Papá
Noel. Pero nunca explica por qué se inmunizan a partir de determinada
edad.
Para Brodie, ninguna de nuestras ideas es original. Sólo contraemos el
meme y él se apodera como un virus de nuestra mente hasta dominarla,
como ocurre en el caso de los fanáticos. El lugar del contagio es la
comunicación: la TV, la publicidad, la música pop, la educación, la
enseñanza religiosa, hasta la charla con amigos. Los virus se propagan
de cerebro a cerebro por el mecanismo de la imitación, tanto vertical
(de padres a hijos) como horizontal (entre pares). La infección
religiosa, por ejemplo, puede ser directa (el contacto personal con
creyentes o el proselitismo) o indirecta (el arte, la teología o la
literatura). La pregunta que subsiste es: ¿de dónde vienen los memes,
además de transmitirse por imitación?
¿Y la ciencia? Los paradigmas científicos, ¿serán apenas memes que los
mosquitos docentes nos inoculan en la escuela y en la universidad? De
ningún modo, se defiende Dawkins. Las ideas científicas no son virus:
son objetivas, están sujetas a prueba y compiten entre sí conforme a la
selección natural.
Sin embargo, en el párrafo con el cual cerraba su libro de 1976, Dawkins
había reconocido que la doctrina de Darwin era un complejo de memes, del
mismo modo que lo eran Sócrates, Leonardo, Copérnico o el meme del
altruismo, que no existe en la naturaleza. Pero, entonces, ¿cómo es
posible aplicar la selección natural al “meme de la selección natural”?
Si la memética lo explica todo, ¿se explicará a sí misma, como otro
virus?

Los memes en cuarentena

Un reciente debate planteado en las páginas de la revista Scientific
American de octubre del 2000 convocó a psicólogos, antropólogos y
biólogos para discutir una exposición actualizada de la memética
presentada por la psicóloga Susan Blackmore.
Bastante más moderada que otros autores, Blackmore dice que la
naturaleza humana resulta imposible de explicar en términos evolutivos
si no se acepta la hipótesis de los memes. Cosas como el arte o la
matemática resultan totalmente inútiles como ventajas competitivas para
sobrevivir en la selección natural, pero comienzan a entenderse cuando
se los ve como memes que compiten entre sí. El desarrollo del cerebro
humano, añade un biólogo, se habría hecho necesario para alojar nuevos
memes. También el desarrollo de estructuras nerviosas adecuadas para
imitar conductas de otros habría tenido la misma causa.
Blackmore reconoce que los memes son muy distintos de los genes y,
aunque admite que la ciencia es un complejo de memes, no acepta
equipararla con la religión, a la cual presenta como un meme “viral”, y
la compara con las molestas cadenas que antes viajaban por correo y
ahora circulan por Internet.
El eje del argumento sigue siendo la imitación, que distinguiría al
hombre del animal, en cuanto creador de cultura. Si nos atenemos a la
estricta caracterización que hace Blackmore, la imitación sería casi un
acto consciente, muy alejado de las posibilidades del animal. Sin
embargo, el mismo Dawkins la ejemplificaba con conductas animales,
especialmente de los gorriones. De hecho, hoy sabemos que los mecanismos
de imitación en el mundo animal son tantos y tan difundidos que habría
que pensar más en diferencias cuantitativas que cualitativas entre el
hombre y los animales, por lo menos en este aspecto.
Los antropólogos son más específicos. Desde la perspectiva memética, los
memes no estarían sujetos a ninguna evolución sino apenas sometidos a
una competencia que desplaza a uno por otro. Sin embargo, si admitimos
que las palabras son memes, es un hecho que las palabras evolucionan.
Por ejemplo, en el inglés estadounidense, después del Watergate todas
las palabras terminadas en “gate” llevan automáticamente a pensar en
conspiraciones políticas, cosa que no ocurría antes. La palabra
evolucionó cargándose de otro sentido.
Lo mismo diríamos de la Argentina, donde “copar”, a comienzos de los
‘70, significaba “tomar por medio de las armas” un cuartel o una
comisaría, a finales de la década ya se había convertido en “gustar” y
hoy se ha transformado en el adjetivo “copado”, que se aplica casi a
todo. Si eso no es evolucionar, Darwin no sabía nada.
El psicólogo Henry Plotkin admite el rol de la imitación en la conducta
social, pero afirma que en definitiva sólo transmite ideas de escasa
complejidad como modas, estilos o palabras, pero en definitiva no aporta
nada que tenga demasiada importancia para la cultura. En cambio, ideas
como “justicia” o “democracia” tienen un proceso muy lento de
construcción social, y no es posible reducirlas a unas cuantas conductas
“atómicas” como sería el caso de los memes.
Las teorías que pretenden explicarlo todo suelen agotarse pronto, y
hasta ahora, a pesar de los anuncios espectaculares, la memética ha sido
tan poco exitosa como otras “nuevas ciencias” que gozaron de gran
promoción. Por ejemplo, la “semántica general” de Korzybski, que causó
estragos en los años ‘20 y se agotó en unas cuantas frases brillantes.

Quizás el meme no pase de ser una buena pista basada en la analogía, un
intento reduccionista y algo simplista de explicar la cultura, que
quizás sea el fenómeno más complejo que conocemos. Si los estudiosos de
la complejidad renuncian a ser deterministas en la meteorología, un
sistema comparativamente más simple que el efecto combinado de 6 mil
millones de cerebros (sin contar toda la historia humana), la memética
aparece como una propuesta un tanto ingenua.

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REFLEXIONES ACERCA DE LA PERSISTENCIA DEL PENSAMIENTO MÁGICO - RELIGIOSO
EN LAS SOCIEDADES AVANZADAS.
Por: José Ignacio López López

Muchos colaboradores de “El Escéptico Digital” parecen preocupados por
el excesivo número de personas que no parecen encontrar motivos para
rechazar las variadas doctrinas de los apóstoles de lo fantástico y de
lo paranormal. Puesto que los objetivos de “El Escéptico Digital”
incluyen, de manera principal, la lucha contra estas doctrinas y la
promoción del pensamiento racional, algo que se pone de relieve en cada
número de esta Revista, este texto pone sobre el tapete algunas ideas
acerca de cómo y por qué la mentalidad no racional sigue gozando de esa
inquietante buena salud. Quizá esta manera de enfocar el estatus vigente
del pensamiento racional pueda proporcionarnos algunas claves para
comprender la pujanza de las forma de pensamiento mágico-religioso, para
aventurar su trayectoria futura y para elegir las formas más adecuadas
de promoción de la mentalidad científica.

El desarrollo del pensamiento racional parece presentar dificultades
especiales para ser aceptado por la gente si lo comparamos con cambios
ideológicos de otra clase.  Por ejemplo, la mayor parte de las personas
han aceptado y asumido, fácilmente y sin reparos, el paso desde una
moral religiosa hasta otra moral laica, basada en los valores propios de
las sociedades civiles maduras (democracia, tolerancia, respeto de las
libertades individuales y de los derechos humanos). Mientras, son
todavía pocos los que rechazan creencias erróneas basadas en mitos,
supersticiones y prejuicios religiosos. También es llamativo que
científicos eminentes conservan ciertas creencias que la mentalidad
científica nunca consideraría razonables. Estos hechos pueden explicarse
de diversas maneras y los tres mecanismos siguientes lo hacen:

1º Incentivación emocional.

Parece cierto que recordamos (y nos interesa) lo que nos gusta, aquello
que, de algún modo, nos proporciona una cierta satisfacción. Y sabemos
que la experiencia placentera es algo fundamentalmente emocional. Toda
actividad intelectual, por más que esté rigurosamente controlada por la
racionalidad, presenta implicaciones puramente emocionales que, (como se
reconoce de manera general ahora que la “inteligencia emocional” está de
moda), tienen una importancia capital en el desarrollo de la actividad
puramente intelectiva. Por eso, los avances en el conocimiento de las
ciencias son posibles, porque despiertan en los hombres de ciencia,
sobre todo si son actores (aunque también si son simples espectadores),
sentimientos placenteros de carácter intenso y, sobre todo, extenso y
profundo. Y por eso, en toda actividad mental, raciocinio y emoción van
indisolublemente ligados. En conclusión, las creencias persisten, a
pesar de todas las contradicciones que generan, si proporcionan una
incentivación emocional suficiente.

2º Seguridad ante el futuro.

A veces, más que una gratificación inmediata, esas creencias,
profundamente arraigadas, proporcionan cierto tipo de seguridades útiles
para combatir temores ante las incertidumbres del futuro ... o ante
certidumbres venideras, como la vejez y la muerte.

3º Impresión indeleble.

En otros casos, la explicación es que ciertas ideas o vivencias causaron
tal impacto en una etapa temprana y “sensible” de la vida de un sujeto,
que luego han permanecido indelebles durante toda su existencia .
Hay que aceptar que este tipo de hechos tiene explicaciones bastante
complejas cuyo conocimiento va a condicionar la actitud que debe tomar
quien crea que es importante promocionar la mentalidad crítica y el
pensamiento científico. Es importante, pues, no exagerar ciertas
actitudes de rechazo ante este fenómeno, ya que pueden, primero,
impedirnos la comprensión profunda del mismo y, luego, dificultar la
elección de medidas eficaces para el desarrollo del pensamiento
racional.

La pregunta que ahora se plantea es: ¿Cómo de “cruenta” ha de ser la
“batalla”? Al fin y al cabo, las ideas irracionales han existido desde
siempre, persisten incluso cuando no hay causas visibles que las
justifiquen, para algunas personas cumplen funciones de importancia que
les permiten mantener una cierta estabilidad emocional y, para otras,
forman parte muy importante de su manera de ver el mundo y no son
susceptibles de ser cambiadas en absoluto.  Conviene considerar que, a
corto plazo, el pensamiento no racional no sólo puede ser imposible de
derrotar sino que esgrimir contra él cierta clase de armas puede ser
contraproducente. Si enfocamos la cuestión desde un punto de vista
práctico, quizá concluyamos que lo conveniente es aceptar que la lucha
va muy para largo y que, en la perspectiva de un futuro previsible, la
mentalidad “prerracional” no sólo no va a desaparecer sino que, en
algunas ocasiones, no conviene que lo haga, al menos de una manera
brusca.

La forma de lucha más positiva abarca tácticas variadas. Algunas
prácticas brutales, como las amputaciones de genitales externos en niñas
de ciertas minorías culturales africanas, requieren actitudes enérgicas.
El peligro de que la astrología sea elevada a la categoría de ciencia
por parte de políticos aterradoramente ignorantes (¿o faltos de
escrúpulos?) es alarmante y requiere una actitud firme y urgente, pero
también unas buenas dosis de diplomacia. Pero las actividades de
promoción de la racionalidad deben desenvolverse en multitud de frentes
y no siempre está claro qué debería hacerse en cada uno de ellos.

En general, sería bueno disponer de una estrategia que intentara acotar
el terreno de las “ideologías” no racionales, siendo fundamental la
lucha por impedir que se alojen bajo los paraguas de la ciencia y de los
organismos oficiales. Sin embargo, no sería una buena idea pretender
“asfixiarlas” y ello por tres razones:

1º: No es bueno crear “mártires”, pues es una forma de fomentar el
victimismo.
2º: La intolerancia suele ser percibida como inaceptable (incluso cuando
está justificada).
3º: Nos guste o no, muchas personas son fuertemente dependientes de esas
creencias, así que quizá lo mejor sea tolerar que ocupen en el mundo
actual un lugar similar al que tiene la religión.

A pesar de todo, el peligro es grande. Implicaciones económicas aparte,
los políticos consideran más conveniente tener a los “creyentes”
sentados enfrente que no debajo de la mesa, momento en el que hay que
preguntarse si el arraigo social de las formas de pensamiento irracional
alcanzan la “masa crítica” y la suficiente organización como para
funcionar eficazmente y actuar como grupos de presión sobre los
representantes de los electores. Si llega este caso, no hay que hacerse
ilusiones: quizá no puedan alojarse en cualquier Campus Universitario
como una nueva Facultad de Ciencias Ocultas, pero ¿por qué no una
Escuela Superior de Artes del Trasmundo, o algo por el estilo?

Argumentos no faltarían: los electores votan y los contribuyentes pagan
impuestos, así que los políticos deben ser sensibles a las peticiones de
ambos colectivos. Si un número suficiente de ciudadanos así lo quisiera,
las echadoras de cartas lograrían ser declaradas “de utilidad pública”:
no hacen falta más argumentos para lograr un cierto reconocimiento y
financiación con fondos públicos. ¿Podemos confiar en que el miedo al
desprestigio de personas e instituciones baste para impedir la promoción
de toda cátedra de la superstición? Por que parece que ese miedo es lo
único que impide que magos y visionarios culminen sus ambiciones.

El conjunto de países occidentales tiene la suficiente memoria histórica
como para temer que determinados grupos de intereses intenten limitar el
alcance de los principios democráticos, de igualdad de oportunidades,
etcétera. Por desgracia, esto se traduce en que personas poco preparadas
pueden acceder y acceden a cargos públicos por elección o a cargos de
confianza por designación. Este hecho no tendría demasiada importancia
si fueran conscientes de sus limitaciones y se asesoraran adecuadamente,
pero incluso para elegir asesores hay que tener cierto criterio y, por
desgracia, son casi cotidianos los ejemplos de clamorosa incompetencia
entre esos personajes. Es difícil establecer con detalle en qué deben
consistir los procedimientos que remedien este problema. Quizá deban
incluir la obligación de tomar cursos de capacitación y medidas que
incluyan ceses forzosos en casos de grave ineptitud.

Pero, hasta el momento, desconocemos hasta qué punto han proliferado, si
es que lo han hecho, las creencias irracionales. Si la hipótesis válida
es que el pensamiento racional progresa, las actividades encaminadas en
esa misma dirección deberán ser llevadas a cabo con tiento. Si, como
parece, es la irracionalidad la que progresa, es urgente desarrollar
nuevas y eficaces formas de lucha contra una forma de pensamiento que,
por sobradas razones, puede devenir en una grave enfermedad social.
Independientemente de cuál sea la situación general actual, los
diferentes ámbitos socioculturales y las diferentes creencias requieren
medidas distintas. Las tácticas que pueden emplearse en la lucha contra
la ignorancia y contra la superstición dependen de las características
de cada “campo de batalla”. Por ejemplo:

1º/ La prensa

En el terreno de la prensa escrita, (aunque el problema es extensible a
otros medios), es desalentador comprobar cómo semanarios de tirada
nacional y supuestamente prestigiosos siguen incluyendo horóscopos, que
son una de sus “secciones fijas”. Puesto que la finalidad de los medios
de comunicación es la de ofrecer informaciones veraces y objetivas, y
puesto que los horóscopos no son “materia opinable” (ya que se puede
demostrar muy fácilmente que sus predicciones no se cumplen), su
impresión debería de suponer un conflicto de ética profesional.
Si, como parece, la inclusión o no de un horóscopo no suele depender de
la línea ideológica de la revista, ¿están ciertos medios de comunicación
fomentando un cierto tipo de superstición por un simple interés
económico?. En este caso sería interesante intentar convencer a
redactores y propietarios del posible daño al crédito que merece una
revista seria si insiste en mantener secciones así.  Naturalmente, no
hay que abrigar esperanzas de que cambien de línea editorial revistas de
disparates profesionales que van dirigidas a un público crédulo, ya que
eso supondría su práctica desaparición.

2º/ La Homeopatía

Las ciencias de la salud tienen un problema particularmente grave con la
homeopatía.  Aunque existen otras prácticas pseudocientíficas en
medicina, sólo la homeopatía ha logrado un cierto reconocimiento en
círculos oficiales. En España los colegios de médicos aceptan como
válida esta práctica, aún sabiendo que no se trata de una ciencia, por
tres razones fundamentales: impedir que quienes la practiquen sean “no
médicos” (argumentando que su ignorancia podrían causar más daños que si
fueran médicos), evitar que la práctica médica deje escapar un sector de
mercado, y asistir a un determinado tipo de paciente que por sus
particularidades se beneficiaría de la medicina homeopática y no de la
alopática (extremo que nunca se ha demostrado, desde luego).
Esto deja otro conflicto ético sobre el tapete, ya que la
incompatibilidad doctrinal entre ambas medicinas es completa. En rigor
la medicina no puede ser definida como una ciencia mientras acepte que
doctrinas no científicas sean parte de ella.  La única solución
aceptable es que los poderes públicos, contra la actitud interesadamente
anticientífica de muchos médicos, segreguen clara y definitivamente
ambas clases de medicina y prohíban el sostenimiento de la homeopática
por parte de instituciones públicas hasta tanto no demuestre su eficacia
mediante las pruebas pertinentes, que son las propias de las ciencias
experimentales (o sea, hasta nunca). Además no es tolerable que los
homeópatas afirmen que sus prácticas son científicas: tal afirmación es
fraudulenta.

3º/ Las creencias de los hombres de ciencia.

El problema que se puede plantear entre los hombres de ciencia respecto
a los conflictos entre sus creencias religiosas y su actividad
profesional resulta sumamente delicado. Algunos de estos hombres de
ciencia se ven obligados a desenvolverse en ciertos ambientes cuya carga
ideológica es fundamentalmente religiosa. En circunstancias así muchos
de estos científicos, siendo en realidad escépticos, pasan por ser
creyentes ya que temen un cierto rechazo social en su entorno más
inmediato y / o un peligro para su carrera profesional y / o un riesgo
para mantener la financiación de sus trabajos.

Esto quizá plantea un dilema ético, ya que con esa actitud se propicia
que persista la influencia de determinadas instituciones no democráticas
en las que ciertas personas o grupos, sin el control ni el beneplácito
de la mayoría, se erigen a sí mismas en una suerte de referencia ética
universal lo que, obviamente, puede hacer daño a la ciencia en la medida
en que intenten dirigir unas determinadas investigaciones y no otras.
Respecto a los científicos que compaginan sin aparente incomodidad
conocimiento científico y creencias religiosas sinceras, el problema,
igualmente delicado, tiene otros matices. Aquí lo fascinante quizá sea
con qué facilidad el psiquismo humano asume, sin resolverlas, ciertas
contradicciones entre concepciones del mundo tan incompatibles como las
ofrecidas por la moderna cosmología frente a, por ejemplo, el
creacionismo judeocristiano.

4º/ La enseñanza.

En el terreno de la enseñanza la situación adquiere características
peculiares. La ausencia de una ética laica favorece la creación de un
“nicho ecológico” muy adecuado para que las confesiones religiosas lo
ocupen y mantengan así su influencia sobre la sociedad laica. Por otro
lado, y aunque en teoría se controla que los profesores mantengan un
mínimo de su nivel de conocimientos, aquellos cuyas materias no
pertenecen al ámbito de la ciencia pueden presentar serias lagunas de
conocimientos en dicho ámbito. Además, los profesores no parecen tener
herramientas educativas adecuadas para corregir creencias erróneas
cuando éstas escapan al ámbito estricto de la materia que se trabaja en
ese momento o de la materia recogida en el programa de la asignatura.
Hay una cuestión adicional: un alumno formado con los conocimientos
debidos pero sin el adecuado entrenamiento para ejercer una capacidad
crítica es capaz de aceptar, como información veraz y fiable, tanto lo
que le han enseñado en su escuela como lo que haya leído en
publicaciones que tratan del mundo de lo paranormal, de la magia,
etcétera. Sería bueno crear mecanismos capaces de “vacunar” a los
alumnos contra esa peligrosa ingenuidad de dar por buena toda
información procedente de cualquier fuente sólo por que se trate de
letra impresa.

Los intentos de influir desde fuera en las líneas ideológicas,
procedimientos o contenidos de diferentes colectivos o instituciones
suelen ser mal recibidos y suscitan reacciones casi automáticas de
rechazo. La táctica más adecuada para intentar modificar actitudes debe
sustentarse en una posición lógica y ética clara y acompañarse de unos
modos diplomáticos para implicar a cada colectivo en la vigilancia de
las ideas en que se basa o que difunde. Por lo general, colegios, medios
de comunicación, partidos políticos, etcétera, que se guíen por líneas
ideológicas “neutrales”, aceptarían de buen grado que la fiscalización
de sus actividades se hiciera de manera discreta y “desde dentro” por
parte de personas adecuadamente preparadas. Puesto que todo colectivo
aspira a aumentar su influencia, o sea, su poder, es fácil que acepten
jugar posteriormente un papel positivo en sus ámbitos respectivos
acogiendo en grupos selectos a quienes, de entre ellos, pueden ofrecer
auténticas garantías de calidad. La publicitación de este tipo de
garantías permite prestigiar a cada grupo, lo que debe resultar positivo
a largo plazo.

En conclusión, los mecanismos que mantienen los sistemas de pensamiento
no racional son complejos por lo que, para evitar efectos
contraproducentes, parece aconsejable inclinarse por procedimientos no
drásticos y sí mantenidos, preferiblemente aplicados a colectivos
poderosos o de importancia estratégica (medios de comunicación e
instituciones oficiales), quienes deben percibir que los esfuerzos en la
promoción del pensamiento racional y crítico van a redundar en beneficio
de cada colectivo y de toda la sociedad.

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LOS HÉROES DE LA CRUZADA
Por: Martín Barriuso

En 1998 me tocó viajar a Nueva York, para asistir como observador a la
Sesión Especial sobre el Problema Mundial de las Drogas de las Naciones
Unidas. Fueron días en los que recibí una sobredosis de hipocresía y en
los que comprendí que, si las esperanzas de la Humanidad residían en
aquella organización apolillada y mastodóntica, lo teníamos bastante
crudo. También me crucé por aquellos pasillos con cientos de burócratas
peripuestos que incluían, aunque entonces yo no lo sabía, a un
paquistaní llamado Dil Jan Khan. Según su biografía oficial, en 1978
este hombre gris era consejero de la embajada de su país en Kabul. Tras
el golpe de Estado que precedió a la invasión soviética, abandonó el
país y pasó a ser comandante de la Policía Fronteriza de la provincia de
la Frontera Noroeste, que limita precisamente con Afganistán, cargo del
que ascendió a inspector general, entre 1980 y 1992. Desde entonces fue
el máximo responsable de la frontera, para pasar a ser secretario
adjunto del Ministerio de Interior de Pakistán (1986-1990) y secretario
de la División de Estados y Regiones Fronterizas (1990-1993).

Durante esos años, Afganistán pasó a ser el primer productor mundial de
opio y heroína, producción que iba, y aún va, a cubrir la demanda del
mercado norteamericano. La práctica totalidad de los cargamentos
(alrededor de la mitad de la heroína del mundo) pasaba precisamente por
la frontera paquistaní, mientras el régimen -estamos en plena dictadura
del general Zia- toleraba sin disimulo el tráfico a instancias de la
CIA, que deseaba que financiara a los grupos fundamentalistas afganos,
que eran entonces sus aliados. Con ese dinero se pagaba buena parte de
las armas que se usaban en la guerra de Afganistán y las escuelas
coránicas paquistaníes donde se formaba a los futuros talibanes, aparte
de un buen pellizco que quedaba en manos de la Policía y del Ejército de
Pakistán. La propia DEA, la agencia antidroga estadounidense, tuvo que
reconocer que «la mayor parte del opio y la heroína que proviene de
Afganistán llega a Peshawar por la frontera de las zonas tribales», es
decir, por la noroeste. También decía que las organizaciones de la
resistencia afgana, con las que Osama Bin Laden servía de enlace a las
órdenes del presidente Bush padre, participaban en el tráfico a escala
local e internacional.

Diez años después de estos informes, en la época de la Sesión Especial
sobre Drogas, Dil Jan Khan, el hombre por cuya jurisdicción circularon
los mayores cargamentos de heroína de la Historia, era nada menos que
vicepresidente primero de la JIFE (Junta Internacional de Fiscalización
de Estupefacientes), órgano de las Naciones Unidas encargado de juzgar
las políticas antidroga de los gobiernos y hacer las recomendaciones
precisas para erradicar, entre otras cosas, el opio de Afganistán. En la
actualidad sigue siendo uno de los trece miembros de la JIFE, dignidad
que alcanzó, como no podía ser menos, con el beneplácito de Estados
Unidos.

En 1973, el presidente estadounidense Nixon declaró formalmente la
«guerra contra las drogas», en lo que constituye el antecedente más
directo de la actual «guerra contra el terrorismo». Ambos fenómenos son
los únicos para los que la legislación de la mayoría de los países
reserva mecanismos de carácter excepcional, teniendo los dos la misma
consideración de potenciales desestabilizadores del orden internacional,
de manera que lo sucedido con las drogas es un buen indicio de por dónde
pueden ir las cosas en esta nueva cruzada iniciada por EE UU. Pues bien,
la guerra contra las drogas, primer experimento de guerra mundial sin
frentes ni enemigo claro, que se impuso al mundo durante los mandatos de
Reagan y Bush padre, y que ha estado dirigida por individuos del estilo
de Dil Jan Khan, ha resultado una catástrofe. Sólo los operativos
policiales y militares antidroga matan en el mundo a más personas que
las propias drogas ilegales, y eso sin contar los daños ‘colaterales’
debidos a adulteración, transmisión de enfermedades, etcétera, que son
consecuencia de la propia política represiva. Es evidente que si estas
políticas desastrosas se mantienen en pie es porque tienen otras
utilidades y la historia del opio afgano muestra cuáles son.

George Bush padre se presentó a sí mismo como líder de la cruzada
mundial antidroga y llegó a decir que, si no había bastantes cárceles
para los traficantes, construiría las que hicieran falta. Eso era en la
misma época en que tenía a sus órdenes, al mismo tiempo, a Osama Bin
Laden y Dil Jan Khan, y ordenaba a sus agentes que permitieran pasar la
misma droga con la que decía querer acabar. Por eso, cuando escucho a su
heredero hablar de lucha entre el bien y el mal, entre la Humanidad y el
terrorismo, siento vértigo y náuseas. Vértigo porque este hombre,
elegido con los votos de menos del 25% de la población de un país que
sólo representa el 5% del total mundial, y en el que ya ha logrado
imponer el estado de excepción, tiene en sus manos armas suficientes
(incluidos microbios y venenos que hacen que el ántrax parezca un juego
de niños) como para borrar a todos los seres humanos de este planeta. Y
náuseas por oír autoproclamarse paladín de la Humanidad a alguien capaz
de gastar cientos de miles de millones de pesetas en bombardear un país
donde mucha gente muere de hambre y pronto morirá de frío.

Por otra parte, si echamos un vistazo a las biografías de los dos
grandes protagonistas de esta locura, George W. Bush y Osama Bin Laden,
veremos una serie de sorprendentes (o, acaso, nada sorprendentes)
similitudes: dos multimillonarios desde la cuna, nacidos en regiones
petroleras, de padres poderosos que los educaron para mandar sobre los
demás y que, tras una juventud disipada gracias al dinero de papá,
trabajaron largos años en el mismo bando. Ambos dominan las técnicas de
manipulación mediática, son capitalistas a ultranza, militaristas hasta
la médula y no tienen el menor empacho en enviar a otros a que mueran
por ellos en la guerra, algo que desde niños sabían que jamás les
tocaría, que para eso nacieron ricos. Dos monoteístas hipócritas que no
saben qué es trabajar y que han logrado, gracias a la cortina de humo de
la guerra, parecer lo que no son ante sus respectivos bandos. Bin Laden
ya no es un asesino sanguinario, sino el vengador del orgullo herido de
parte del Islam, cuyo retrato aparece ahora por doquier, y George Bush
no es un amante de la silla eléctrica que se salta las convenciones
internacionales, como la de Kyoto o la de Protección de la Infancia,
tolerando la esclavitud infantil, sino el salvador de la libertad y la
justicia. Y es que los dos son de esos que siempre andan entre sangre,
pero nunca se salpican.

Malos tiempos para la razón estos en los que las más burdas técnicas de
manipulación informativa cosechan récords de audiencia televisiva en vez
de asco, y en los que se siguen ávidamente las noticias sobre el ‘bluff’
del ántrax, mientras pasa desapercibida la noticia de que la FAO aplaza
en 45 años el plazo previsto no ya para acabar con el hambre, sino para
reducirla, al menos, a la mitad. Según la propia FAO, sólo el día del
ataque a las ‘Torres Gemelas’, 35.615 niños morían de hambre en el
mundo. Hoy morirán otros tantos, sin que su agonía merezca un solo
minuto de información entre la propaganda de guerra. Y es que no se oye
ni al Papa, que ha olvidado que es el Sumo Pontífice (literalmente, el
Supremo Hacedor de Puentes), y calla, en vez de dedicarse a pedir paz a
los hombres de buena voluntad, acaso porque entre los implicados en este
montaje no queda ni uno.

Malos tiempos también para el pacifismo, en un mundo seducido de nuevo
por el militarismo más agresivo y cínico, un mundo en el que se habla,
como si tal cosa, de la Tercera Guerra Mundial, mientras la llamada
opinión pública, olvidando los cincuenta millones de muertos de la
Segunda, mira hipnotizada la pantalla y calla, convertida en un rebaño
que ve pelearse al perro y al lobo. Ahora que ambos gritan ‘conmigo o
contra mí’, aprovecho para declararme neutral, no beligerante e insumiso
a los dos bandos de esta barbarie sin sentido. Y les mando una flor a
las mujeres afganas, ésas a las que la civilización occidental, tan
humanitaria, ha dejado sufrir y morir durante años para ir a ‘liberarlas
’ ahora enterrándolas entre cascotes.

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EL VERDADERO ENIGMA
Por: Iñaki Ezkerra

Del lío de Gescartera, a la gente le intriga dónde están los quince mil
millones, dónde está el eslabón perdido que una a Rato con ese
escándalo, la cifra exacta de millones que se gastó Camacho en
calzoncillos o qué relación tenía exactamente con ese perro cuyo retrato
presidía su despacho. La prioridad que se les da a esos enigmas al
abordar ese caso demuestra que la sociedad es una tarada mental y moral.
Porque el primer misterio de Gescartera, el verdadero enigma, es cómo un
loco de manual puede embarcar a tanta gente y a tantas instituciones.
¿Qué carisma, qué secreto, qué don posee ese personaje que había
falseado hasta su título universitario para ganarse de un montón de
representantes del Estado, la ONCE, la Iglesia o la canción una
confianza tan ciega en un mundo tan mosqueado?

Gescartera es mucho más que un ‘affaire’ político o económico. Es un
problema filosófico. Y antropológico. Hablando de calzones y chuchos se
nos está yendo la oportunidad de desvelar un apasionante interrogante de
la especie humana; de acceder a uno de los más ocultos y recónditos
sótanos del conocimiento sobre nosotros mismos. Comprendiendo por qué
colectivamente le dimos tanta cancha a Camacho, por qué no fue
cuestionado, por qué se le amordazó y se le dio la espalda a quien se
atrevía a cuestionarlo, por qué tanta ceguera y estupidez en
profesionales de la empresa privada y en expertos de la Administración
pública, seremos más sabios.

Lo de los quince mil millones es lo de menos. Precisamente son los que
aportan alguna breve dosis de lógica a este asunto desesperadamente
ilógico. El deseo de cometer un fraude no tiene nada de enigmático. Es
indisociable del comportamiento humano. Está en el origen de toda
civilización. Probablemente no hay cultura sin fraude. Todas las
leyendas, desde la de Ulises hasta la de Eva y la manzana o la del Santo
Grial son variaciones del timo de la estampita. Aquí el meollo está en
el fraude humano, en por qué alguien levanta un tinglado de
falsificaciones que más tarde o más pronto va a delatarlo. ¿Por qué se
le deja levantarlo a sabiendas de cuál va a ser el final?

El enigma de Gescartera no está en el agujero económico, sino en el
agujero negro que desvela en la mente del grupo, en nuestro cerebro
social. Cómo quienes desconfían hasta de la interina y del que les para
en la calle para preguntarles la hora se fían luego de sujetos horteras
y megalómanos que llevan la impostura escrita en la cara. Hoy es Camacho
y ayer fue Roldán, otro que fardaba de calzoncillos en una memorable
foto que no le deja a él únicamente, sino a todos nosotros en pelotas.

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LA CIENCIA O VUDÚ DE ROBERT L. PARK
Por: Juan Soler Enfedaque

Este es un libro que trata numerosos casos de multitud de temas
relacionados con el falso saber, los cuales se van tratando de forma
ágil, sin hacerse pesado en lo más mínimo. Las cuestiones y los
protagonistas van apareciendo de forma paulatina, y se dejan para luego
volver a ellos más adelante. Científicos, periodistas, abogados y
jueces, teorías e ideas, visionarios, curanderos y vividores van y
vienen en sus páginas. Quizás a algunos les sea molesto esta forma de
escribir, de tratar los temas, ya que preferirían que cada parcela
estuviese bien delimitada, pero lo que sí es cierto que su lectura es
agradable.

Supersticiones que van reapareciendo aliadas con los nuevos pánicos,
meteduras de pata antológicas por no hacer buena ciencia y timos que han
costado multitud de recursos por no aplicar un sano escepticismo es el
contexto en el que se mueve lo escrito en este libro.

En el prefacio Robert L. Park comenta de donde viene el título: ¨Empecé
a hablar de mis encuentros con la ciencia vudú en mi columna electrónica
semanal, 'What's New', así como en diversos artículos publicados en
periódicos y revistas de divulgación. A uno de estos artículos,
aparecido en el 'New York Times', el editor le dio el título de «Ciencia
vudú»...¨ y de ahí hasta este libro sólo fue cuestión de tiempo. Hay que
hacer constancia que la traducción del título del libro no es la misma
que en inglés, 'Voodoo Science' no es 'Ciencia o Vudú' sino 'Ciencia
Vudú', término que usa multitud de veces para referirse a la mala
ciencia, al mal saber.

Expone Park que los científicos, que habían gozado de la adulación
pública (la de los Estados Unidos preferentemente) tras la Segunda
Guerra Mundial y por poner a un hombre en la Luna, veían cómo el público
iban considerándolos, con el paso del tiempo, con más descrédito.
También indica que hoy en día muchas personas eligen sus creencias
científicas del mismo modo que deciden ser metodistas, o demócratas, o
hinchas de un determinado equipo de fútbol y juzgan la ciencia en
función de cómo concuerda con el modo en que quisieran que fuera el
mundo. Y se pregunta ¿debemos condenar a la mitad de la población por
creer que la Tierra está siendo visitada por extraterrestres, o a
aquellos que llevan imanes curativos en sus zapatos, o a los seguidores
de los gurús que afirman que su curación espiritual se asienta
firmemente en la teoría cuántica?

Pero ¿a qué le llama ciencia vudú? Pues a aquellas ideas (que vienen
tanto de la mano de científicos como de la gente llana con más o menos
formación) que están total, indiscutible y extravagantemente
equivocadas, aunque ello no quite que atraigan a un largo séquito de
apasionados, y a veces poderosos, seguidores. En fin, la ciencia vudú
engloba a la ciencia patológica (que, en la página 68, el Premio
Nobel -1932- Irving Langmuir define como la ciencia de las cosas que no
son así, y quienes la practican no son deshonestos sino que simplemente
logran engañarse a si mismos), la ciencia basura, la ciencia fraudulenta
y la seudociencia.

Empieza el libro con el tema tan manido de los armatostes que
proporcionan movimiento perpetuo y energías gratuitas, y como los medios
audiovisuales dan amplia cancha a estos meritorios artilugios; la
máquina energética de Joe Newman (retornase a hablar de ello en la
página 147 hasta la 158, de la 165 a la 168, y también en la 202, y...),
el molino de agua de Robert Fludd, la pila inagotable de James Patterson
(en la página 25 y más información en la 169), y la «fusión fría» de
Stanley Pons y Martin Fleischmann, son los casos que adornan estas
primeras cincuenta páginas de máquinas/energías imposibles.

¿Os parecen pocos los temas tratados?, pues en la página 159 aparece un
curioso cachivache, de un tal G. Giragossian, un pequeño volante
impulsado por un motorcillo eléctrico que al frenarlo... bueno, ¡mejor
que lo leáis!; en la 161 se nos explica como sacar energía gratuita del
agua; en la página 183 se nos explica como Dennis Lee ofrece al mundo su
máquina que, ¡como no!,  también es del tipo 'movimiento perpetuo', y
otras maravillas como un aparato para extraer energía eléctrica del
flujo de neutrinos, la «cámara láser médica» (una especie de aparato de
rayos X, pero que 've' a través de una pared de metro de hormigón si se
diera el caso), un aparato para 'neutralizar' la radioactividad, el
«Florecedor Sónico» (que con una frecuencia inaudible hace que las
plantas crezcan más), el motor de Fisher que está basado en que un
fluido que a temperatura ambiente se evapora, este gas hace mover un
pistón, el vapor se expande y se enfría y 'con la bomba de calor más
eficiente del mundo' (de su invención, por supuesto) el vapor se
condensa y vuelve a un depósito y ahí vuelta a empezar (aunque eso no
era nada nuevo, en 1880 apareció el «Ceromotor» para la marina
norteamericana); Randall Mills 'resuelve' el misterio de la fusión fría
de la mano de los «hidrinos» (página 194); el escudo gravitatorio de
Podkletnov, en el que la NASA dedicó cuatro años y más de un millón de
dólares...

Todos los inventos, ideas y aparatos anteriores violan de alguna manera
las leyes de la termodinámica por lo que, sencillamente, no funcionan.

Y ahora un inciso. En las páginas 139 hasta la 146 se habla más
extensamente del patético caso de la «fusión fría», explicando que una
de las razones más importantes por la que se le dio tanta cancha era que
si era cierto lo que afirmaban Fleischmann y Pons, aquellos que hubiesen
dudado habrían incurrido en un estrepitoso ridículo, por lo menos ante
la opinión pública... y eso es una variante de lo que se denomina
«apuesta de Pascal» ('apuesta' que va a pareciendo en muchas más
ocasiones, junto al omnipresente 'ciencia vudú'): a los treinta y dos
años, Blaise Pascal (célebre físico y matemático del siglo XVII)
renunció a una vida dedicada a la ciencia y se consagró a la fe y
afirmaba: «No dudes en apostar que Dios existe. Si ganas, lo ganarás
todo».

Sobre la «fusión fría» y su 'patria' se cita una aguda ocurrencia
(página 146):
-¿Fusión Fría? ¡En Salt Lake City ni siquiera te puedes tomar una
cerveza fría!

Retornemos... Es curioso el apego que la gente tiene a esto de las
energías/máquinas perpetuas/gratuitas y los complots de las
multinacionales para que no se les acabe el chollo, porque ¿quién no ha
oído hablar del automóvil que funciona con agua del grifo, pero que, por
supuesto, la industria del petróleo se encarga de ocultar?

En la página 51 se nos narra lo que pasó con el Partido de la Ley
Natural en Estados Unidos. Dicho partido logró introducir su candidato,
John Hagelin, en las elecciones de 1995. Hagelin ofrecía un «plan de
acción para revitalizar Norteamérica», basado en «soluciones
científicamente probadas» como, por ejemplo, un experimento realizado en
la ciudad de Washington, en el verano de 1993: más de cinco mil expertos
en meditación trascendental, de todo el mundo, hicieron turnos como
parte del ¡Proyecto de Demostración Nacional para Reducir el Crimen
Violento en la capital norteamericana!

Querían crear un «campo de conciencia coherente» que produciría un
efecto tranquilizador en toda la ciudad y conseguir reducir el crimen
violento un 20%. El coste de tan disparatado proyecto fue de seis
millones de dólares.

La verdad es que los asesinatos aumentaron en esa época y Hagelin así lo
tuvo que reconocer, pero, claro, fueron debidos al aumento inusual de
temperatura y observaba que ¡el «crimen brutal» había disminuido! Pero
no se amedrentó, no. Al cabo de un año volvió con un informe, el cual
era un clarísimo caso clínico de distorsión de datos.

«La responsabilidad del hombre aumenta a medida que disminuye la de los
dioses» (André Gide). Con esta frase, al comienzo, da un breve pero
interesante repaso a la problemática que existe sobre si hay o no
aumento de temperatura en la Tierra por causa de la actual actividad
humana. Y tras una serie de análisis de diversa índole se llega a J.B.
Rhine y la percepción extrasensorial (PES).

Una anécdota, que no me resisto a transcribir, en relación a que el
último paso para dar por cierto una creencia es ponerla a prueba: Cuando
Robert L. Park era joven leyó en un libro que los mapaches lavaban su
comida antes de comérsela, su padre también lo afirmaba, y él lo había
visto en numerosas ocasiones, por lo que no tenía razones para dudar. La
explicación que daba el libro era que estos animales carecían de
glándulas salivales. Pero llegó un inusual seco verano y una familia de
mapaches hambrientos empezó a pasarse por su casa, cada noche, en busca
de comida... y dado que los pobres animalitos no tenían glándulas
salivales él le sacaba un tazo con agua y un poco de comida. Con el paso
de los días, los mapaches se familiarizaron con su dadivoso anfitrión y
llegaron a arremolinarse junto a él cada vez que salía con el agua y la
comida, lo cual hizo que observara como los mapaches salivaban
abundantemente antes de comer. Probó darles el ágape sin agua, y les era
indiferente; si había agua la usaban, y si no la había, pues ¡a palo
seco! La moraleja que cita es que, por muy plausible que parezca una
teoría, el experimento tiene siempre la última palabra.

El placebo, la homeopatía, los remedios magnéticos, la acupuntura y la
medicina alternativa  ocupan las treinta páginas siguientes (página 75 a
104).

En la página 105 hace un recorrido sobre la carrera espacial, las
estaciones tripuladas, la costosa producción de productos en el espacio
y lo carísimo que resulta llevar a humanos a dar vueltas por el espacio,
razonando que lo viable es que lo hagan sondas robotizadas. En esto
último más de uno discrepará, porque tras su análisis de la situación, y
su consiguiente puesta en práctica, nos forzaría a abandonar los viajes
espaciales tripulados y delegar en los ingenios automáticos... triste
futuro, si se llega a llevar a efecto, para todos aquellos que soñábamos
que el poner a un humano en el espacio, llegar a la Luna y rodear de
satélites nuestro planeta, era sólo el principio, del que no había
retorno, de la colonización de otros planetas.

Y ¿qué quedó del experimento «Biosfera 2»? Para aquellos que lo ignoren,
decir que el 26 de septiembre de 1991 se cerró la puerta hermética de un
complejo de unos doce mil metros cuadrados, aislado y autoabastecido, en
el desierto de Arizona (financiado por el petrolero millonario Edward P.
Bass). Cuatro hombres y cuatro mujeres se disponían a pasar unas
vacaciones de dos años cultivando sus propios alimentos y reciclando su
agua, aire y desperdicios para demostrar que una colonia humana podía
sobrevivir en otro planeta. Al cabo de unas semanas boqueaban por falta
de aire, los cultivos fallaban y su limpio «océano» era un lodazal.
Cumplido el plazo, los integrantes salieron con una media de unos once
kilos de menos. Se descubrió, posteriormente, que se había introducido
aire limpio y abundante comida a escondidas... espanta pensar que eso
hubiese ocurrido en Marte, por ejemplo.

En la página 205, y hasta la 250, se narra la relación entre el cáncer y
la proximidad de las líneas de alta tensión y también a las microondas
(dando, de paso, un repaso a los implantes de silicona... en fin, a
cosas modernas que afectan a la salud de los desprotegidos ciudadanos).
Y Paul Brodeur, articulista sensacionalista, es el protagonista de esta
parte del libro. Este personaje busca, de la forma más fácil (esto es,
escandalizar a la gente), la notoriedad alarmando de lo peligroso que es
mezclar vida con cables eléctricos. Se enumeran varios casos
paradigmáticos donde aparecen enfermedades, abogados, jueces y
sentencias, pero lo más importante es lo que sucedió el 2 de julio de
1997, cuando el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) anunció los
resultados de un exhaustivo estudio epidemiológico, llamado «Exposición
residencial a los campos magnéticos y leucemia linfoblástica aguda en
los niños», y el 1 de mayo de 1999 cuando apareció un estudio
epidemiológico canadiense sobre la leucemia infantil, donde ambos
coincidían en que no había relación entre cáncer y los campos
electromagnéticos.

La Oficina Científica de la Casa Blanca ha calculado un coste superior a
los 25.000 millones de dólares por el pánico a las líneas eléctricas
(pérdidas de valor de propiedades cercanas a líneas de alta tensión,
cambio de ubicación de los postes y transformadores de las compañías,
etc.).

No podía faltar la temática OVNI. (página 251 a 264). Roswell y el
proyecto MOGUL. Ni tampoco la desorbitada, por lo del coste económico,
«Guerra de las Galaxias» (hasta la página 274). Ni el caso de un avión
husmeador de bolsas de petróleo, vendido al gobierno francés de Valéry
Giscard D' Estaing (1976) por un conde belga y que le costó a las arcas
galas más de 1.300 millones de francos (acaba en la página 277).

De la página 279 a la 282, Deepak Chopra, en sus libros, afirma que el
envejecimiento se puede detener y desterrar la enfermedad con el poder
de la mente y gracias a la mecánica cuántica. Y a continuación la
telepatía, la precognición y la astrología en los programas de
televisión, diciendo sobre la ciencia patológica (página 289): ¨no
parece haber nada que se parezca a un progreso; las evidencias nunca se
hacen más fuertes. Pasan las décadas, y sigue sin haber una fotografía
nítida de un platillo volante o del monstruo del lago Ness. Diez años
después del anuncio de la fusión fría los resultados no son más
convincentes que los obtenidos en las primeras semanas. Jamás se ha
encontrado una prueba de fenómenos psíquicos...¨. Se dan unas escuetas
nociones sobre la teoría del caos y sobre mecánica cuántica y se llega
al por qué los crédulos cogen estas ideas para dar explicaciones
absurdas a increíbles creencias para obtener rango científico.

Pasar las manos para curar, con la «terapéutica del biocampo» (o de
toque), y ¿sabíais que dicha técnica no admite realizar estudios de
«doble ciego»? según afirman sus defensores, y una reflexión sobre la
Fundación Educativa James Randi de cómo se debe dar dinero a quien se lo
merece ocupan las últimas páginas. Emily Rosa comprobó, con nulos
resultados, si las personas sensitivas podían adivinar la presencia de
la mano, tal y como afirman los terapeutas de toque, y esta persona
logró que la Fundación James Randi le financiara su siguiente proyecto
con un aporte de mil dólares (cien veces más de lo que se gastó en el de
las personas sensitivas).

Para acabar quisiera transcribir un dato, mezclando lo que aparece en la
página 24 y 123, que nos debe hacer pensar sobre la relación de la
humanidad con el resto de seres del planeta, la responsabilidad que
tenemos de usar bien nuestra inteligencia para el bien del mundo y el
deber de utilizar correctamente las herramientas que disponemos (sentido
común, pensamiento racional y crítico, etc.) para irnos quitando de
encima esas plagas, esas supersticiones, que impiden que nuestra especie
haga un uso óptimo de nuestros propios recursos y de los que nos ofrece
la naturaleza: El 98,4% del ADN humano es idéntico al del chimpancé
(sólo el 1,6% restante impide que nos veamos obligados a ofrecer a los
chimpancés un asiento en la ONU). Hace doscientos años la gente culta
imaginaba que la mayor contribución de la ciencia sería liberar al mundo
de la superstición... ¿acaso esperamos a que sean los chimpancés los que
vengan a limpiarnos de esa mugre que es la ciencia vudú?

Ciencia o Vudú de Robert L. Park . Título original: Woodoo Science.
Grijalbo Mondadori S.A.
ISBN: 84-253-3595-7

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VIDA EN EL UNIVERSO
Por: Agustín Sánchez Lavega

Una de las grandes incógnitas del ser humano es la de saber si existe
vida más allá de la Tierra. Nace esta intriga del hecho, entre otros, de
no conocer aún los mecanismos iniciales que dan origen a la vida. Pero
aún más inquietante resulta la pregunta si se refiere a la existencia de
vida ‘compleja’ o ‘inteligente’, pues cualquiera de las dos posibles
respuestas extremas, tanto si estamos solos en el Universo como si
abundan otros seres inteligentes, resulta abrumadora. Más allá de las
respuestas irracionales y mitológicas que se han dado de la mano de
visionarios y de algunos ávidos escritores en busca de negocio, la
investigación científica, de la mano de la astrofísica y la biología,
nos acerca cada vez más a una respuesta.

Desde que la astronomía dispuso a comienzos del siglo XX de medios de
observación avanzados que nos mostraron un Universo poblado de miles de
millones de galaxias, cada una con miles de millones de estrellas, se
encuentra muy extendida la idea de la existencia de una ‘pluralidad de
mundos habitados’. El razonamiento es simple: si miramos a nuestro
sistema solar, que tiene nueve planetas y al menos en uno de ellos hay
vida, parece lógico pensar que, de entre los miles de millones de
planetas que se hayan formado, en torno a otras estrellas, también en
muchos haya emergido la vida y, en otros tantos, evolucionado hacia
formas complejas. Con tantos planetas en el Universo, parece improbable
que seamos los únicos ‘habitantes inteligentes’ del Cosmos. Sin embargo,
la simple estadística puede ser engañosa.

El desarrollo de la vida y su evolución hacia formas superiores depende
de tres aspectos astronómicos básicos: las características de la
estrella alrededor de la que orbite el planeta, la estructura del
sistema planetario y las propiedades del planeta (o satélite). La
estrella es básicamente la fuente de energía para la vida, que debe ser
duradera y estable, lo que depende esencialmente de su masa.

El rango de masas estelares propicias para la vida está limitado a las
cercanas a la del Sol: con más masa, viven poco tiempo -la aparición de
la vida en la Tierra requirió de unos 1.000 millones de años tras su
formación- y emiten altas dosis de radiación ultravioleta. Con menor
masa, son muy activas magnéticamente y su radiación es muy variable. Hoy
sabemos, a partir de los estudios del paleoclima terrestre, cuán
sensibles somos los seres vivos a los pequeños cambios sufridos por el
Sol a lo largo de su historia. Pero no todo depende de la propia
estrella, también de su entorno. Así, la estrella deberá estar alejada
de otros focos energéticos de radiación (de otras estrellas), de las
explosiones de supernovas y de las fuentes de rayos gamma cuya radiación
‘esteriliza’ todo el ambiente en un entorno de miles de años luz de
distancia.

El segundo punto es el que concierne al sistema planetario. Las
observaciones astronómicas han confirmado la ya vieja hipótesis de que
los sistemas se forman a partir de la contracción gravitatoria de una
masa de gas del medio interestelar en rotación, un disco aplanado -la
nebulosa protoplanetaria- en cuyo centro nacerá la estrella y a
diferentes distancias los planetas. La estructura del sistema planetario
que resulte va a depender de la masa del disco y también de su
composición química. Los planetas terrestres y los satélites planetarios
crecerán solamente en un disco que contenga una buena cantidad de
compuestos ‘metálicos’ -silicio, hierro, magnesio y otros- formados por
generaciones anteriores de estrellas masivas.

Pero, además de planetas terrestres, pueden formarse también mundos
gigantes de gas hidrógeno como Júpiter, diez veces o más el tamaño de la
Tierra. Sin una superficie sólida sobre la que asentarse, allí la vida
evolucionada parece imposible. Sin embargo, su simple presencia puede
ser crítica para la evolución de la vida en alguno de los planetas
terrestres de ese sistema planetario. Tras su formación, los planetas
gigantes pueden frenar su movimiento orbital con el disco de la nebulosa
y ‘migrar’ hacia el interior del sistema -cambiar de órbita-,
arrastrando con él a los otros planetas hasta hacerlos caer sobre la
estrella o bien expulsarlos del sistema, o incluso impedir su
formación -los asteroides entre Marte y Júpiter son probablemente los
residuos de un planeta ‘abortado’ por este último-. Esta especie de
‘billar gravitatorio’ puede provocar que muchos planetas desaparezcan
con el tiempo, ya que el sistema planetario es inestable y sus órbitas,
caóticas a largo plazo. Afortunadamente, parece que vivimos en un
sistema planetario estable y los cálculos sugieren que será así durante
millones de años. Además, los planetas gigantes pueden marcar con su
dominio gravitatorio el ritmo de las colisiones de asteroides, cometas y
otros restos de la formación del sistema con los planetas. Y sabemos de
las extinciones masivas de especies en la Tierra por impactos de
asteroides, lo que esto representa para la evolución de la vida...

Finalmente, el tercer punto hace referencia al propio planeta. Éste debe
encontrarse a la distancia apta de la estrella para que su temperatura
sea apropiada -normalmente, que el agua se pueda encontrar en forma
líquida- y no sufra cambios extremos, de manera que, cuanto más circular
sea su órbita y menos cambie su orientación, menos bruscos serán los
cambios térmicos. Un hecho fundamental recientemente descubierto es el
papel que ha jugado la Luna como estabilizador de la inclinación del eje
de rotación de la Tierra, ‘anclándolo’ en el tiempo e impidiendo cambios
climáticos bruscos como los que acontecen en escalas de millones de años
en Marte. Si recordamos que la Luna se formó a resultas de la colisión
de un cuerpo de gran masa con la Tierra poco después de la formación de
ésta, podemos decir que seguimos aquí gracias a una casualidad -la de la
formación fortuita de nuestro satélite-.

Los otros aspectos básicos para la evolución de la vida hacen referencia
a las propiedades del planeta: masa suficientemente grande como para
poder retener una atmósfera cuya composición química y densidad sean las
apropiadas, y bajo periodo de rotación alrededor de su eje (nunca
sincronizado con el período orbital -como sucede entre la Tierra y la
Luna-, pues en ese caso siempre mostraría un mismo hemisferio a la
estrella: ¡tendría una cara achicharrada y otra congelada!). La rotación
permitirá además generar un campo magnético que protegerá al planeta del
intenso flujo de partículas cargadas provenientes de la estrella. Es
más, la estructura interna del planeta -dependiente de su masa y
composición- también resultará decisiva para la vida, pues regulará la
posible actividad volcánica y la existencia o no de tectónica de placas
en su corteza, procesos ambos críticos para el reciclado atmosférico que
estabiliza la composición química y la temperatura planetaria.

Estos y otros aspectos astronómicos más sutiles -además de los
biológicos- no mencionados parecen indicar que ‘pluralidad de mundos
habitados’ debería ser considerada con menos alegrías que las que
algunos han mostrado. Existe cierto convencimiento entre la comunidad
científica de que la vida ha surgido a buen seguro en muchos otros
planetas, pero que su evolución hacia formas superiores y
complejas -¿inteligentes?- requiere de numerosas combinaciones
astronómicas, algunas extremadamente fortuitas. No tenemos nada más que
mirar a nuestros vecinos estériles, Venus calcinado y Marte congelado,
dos mundos semejantes en muchas propiedades a la Tierra, para darnos
cuenta del panorama desolador que nos rodea.

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Libertad Digital http://www.libertaddigital.com/

LA TONTERÍA DEL VERANO (¿O DEL AÑO?)
Por: Jorge Alcalde

El lugar del crimen. Se viene celebrando en Barcelona y en Madrid desde
hace unos años un certamen a medio camino entre la feria
pseudocientífica y la reunión sectaria que, para sorpresa de muchos,
tiene un amplio eco en los medios de comunicación. Se llama BioCultura y
consiste en un zoco en el que se reúnen por igual postuladores de la
agricultura biológica con creyentes en el poder curativo de las plantas,
defensores de los supuestos derechos de los animales, divulgadores de
nuevas fuentes de energía y visionarios de la Nueva Era (que ya empieza
a ser vieja, por cierto).

El autor

Pues resulta que en sus últimas ediciones ha empezado a cobrar
protagonismo una autodenominada Liga por la Libertad de Vacunación que
ha logrado llamar la atención por lo disparatado de sus postulados (cosa
harto difícil dado el entorno ya de por sí desmedido en el que se
presenta).

El crimen

Esta Liga no tiene otra cosa mejor que hacer que proponer que los padres
y madres españoles reclamen su "derecho a negarse a que sus hijos sean
vacunados según el calendario oficial sanitario". Para este grupo, que
salpica sus argumentos con las habituales dosis de desinformación
científica que acompañan a este tipo de asociaciones, las compañías
farmacéuticas ocultan a los ciudadanos los terribles efectos secundarios
de la vacunación masiva y se benefician de la obligatoriedad de vacunar
a millones de niños en el planeta. En realidad, dicen, las enfermedades
infecciosas no se resuelven con vacunas (sic) sino con campañas de
higiene y cambios en los hábitos de vida. Para justificar este hallazgo
de relumbrón, acuden a la historia y advierten que las grandes plagas
europeas de cólera o peste de otros siglos se acabaron cuando mejoraron
las condiciones higiénico-sanitarias del continente. Eso sí, cientos de
miles de muertos después.

Los cómplices

A parte de la mencionada BioCultura, otras asociaciones
pseudocientíficas apoyan la iniciativa. Entre ellas, COBRA, un grupo que
se hizo lamentablemente famoso hace unos años por defender que el SIDA
no está provocado por ningún virus y que no son necesarias las medidas
de protección contra la enfermedad que proponen las autoridades
sanitarias.

¿Alguien conoce alguna vacuna contra éstos?

Sí, la alfabetización y la paciencia. Porque este tipo de ideas nadan en
la más profunda incultura científica que les hace ignorar que
posiblemente no haya habido iniciativa médica más eficaz en la historia
que la generalización de las campañas de vacunación masiva. Pongamos por
caso el más reciente. Durante este año 2001, la Organización Mundial de
la Salud está dando los primeros pasos para que pueda ser declarada la
poliomielitis como enfermedad definitivamente erradicada. Este mal ha
causado parálisis y muertes a lo largo de toda la historia de la
Humanidad. La referencia más antigua conocida de sus efectos es una
estela funeraria egipcia de hace unos 3.000 años. A principios del siglo
XX, la parálisis poliomielítica se convirtió en una de las enfermedades
más temidas en Europa, a pesar de que sólo se desarrollaba en un 1 por
100 de las personas infectadas. El presidente Franklin Roosevlet declaró
la Guerra a la Polio durante su mandato pero no fue hasta que en los
años 50 aparecieron las dos vacunas conocidas contra el mal (la de Salk,
con virus muertos, y la de Sabin, con cepas alteradas de virus vivos)
cuando la pesadilla empezó a ser controlada. Hoy, apenas 50 años
después, puede decirse que ningún niño del mundo va a nacer con el temor
de sus padres de que pueda contraer la plaga paralizante. Y eso, gracias
a la simple ingestión de una gotas de vacuna que antaño se aderezaban
con un terrón de azúcar. Ése mismo acto sanitario que los defensores de
La Liga por la Libertad de Vacunación niegan a sus hijos y pretenden que
los demás les neguemos a los nuestros.

Más sobre la polio, por si hace falta

Cuando la OMS anunció su campaña de erradicación del mal en 1988 se
registraban más de 350.000 casos de polio al año. En 1999, sólo se
contabilizaron 6.000 (aunque se cree que debió de haber otros 14.000 sin
registrar oficialmente). En apenas 13 años han sido declaradas áreas
libres de polio las Américas (el último caso anunciado tuvo lugar en
Perú en 1991), la región del Pacífico Occidental (último caso en Camboya
en 1997), Europa (último caso en Turquía en 1998), la mayor parte de
Oriente Próximo y grandes regiones del Norte y el Sur de África. Como
resultado, las zonas de riesgo de transmisión del virus de la
poliomielitis están ahora localizadas en algunas áreas del Sur de Asia y
el centro de África.

La poliomielitis reúne todas las condiciones para considerarse un mal a
extinguir, el segundo que desaparece por la acción premeditada del
hombre después de la viruela (por cierto, también gracias a una vacuna).
Su control es relativamente más fácil que el de otros agentes
infecciosos porque sólo afecta a humanos, y no existen reservas animales
que puedan extender la plaga. Además existe una vacuna eficaz y barata
para la inmunización masiva de individuos desde la infancia, la
inmunización se mantiene durante toda la vida, no existen portadores de
la enfermedad a largo plazo y los virus sobreviven muy poco tiempo en el
ambiente exterior.

Otras enfermedades pueden ser controladas por vía de la inmunización
pero nunca erradicadas. Es el caso del tétanos cuya bacteria transmisora
(Clostridium tetani) vive dispersa por el ambiente y puede sobrevivir
sin el cobijo de un organismo de nuestra especie. Pero para estos casos,
la vacunación también es fundamental, ya que permite que el mal no se
extienda sin control. Hay que destacar que en el Reino Unido, donde esta
moda antivacunación ha arraigado en algunos sectores de población, ha
comenzado a rebrotar el sarampión. Y que, ahora que se lucha por la
consecución de vacunas contra el SIDA o la malaria, si su aplicación no
fuese masiva su eficacia quedaría reducida al mínimo.

La sentencia

A estos grupos anticientíficos sólo les cabe un castigo: que las
autoridades sanitarias les hagan caso y que se queden sin vacunar de por
vida. Ellos sabrán lo que hacen con su salud, pero no estará de más que
los medios de comunicación se pensaran un poco más qué tipo de actos
"culturales" publicitan.

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LA ASTROLOGÍA: UNA OPINIÓN PERSONAL
Por: Hebert Pistón Rodríguez

Al comienzo del siglo XXI, llama poderosamente la atención el auge de la
Astrología. Quienes tenemos un riguroso espíritu científico, creemos
entender el fenómeno aunque no lo compartimos.

¿Cómo nació la Astrología?

Lawrence Jerome afirma en "Objections to Astronomy" lo siguiente: «La
astrología propiamente dicha, tuvo su comienzo en Babilonia como un
sistema de lectura de señales que presagiaban el destino de reyes y
reinos». Contemporáneamente los egipcios perfeccionaban un sistema de
sitios de manera que los ángulos entre los planetas, establecían
"presagios".
En aquel momento se ignoraban ciertas leyes físicas y entonces se
buscaban explicaciones no racionales: los astros presagiaban el futuro.

Los griegos posteriormente, combinaron los sistemas babilónico y
egipcio, creando una cosmología matemática, una filosofía del Universo.

En pleno siglo II D.C., Claudio Ptolomeo, en su libro el "Almagesto",
describe el sistema de las "casas", dividiendo la zona cercana al plano
de la eclíptica (por dónde se mueven los planetas, la
Luna y el Sol, en su movimiento aparente) en 12 sectores. Cuando el
Cristianismo prevaleció en el Imperio Romano, se comenzó a combatir
tímidamente a la Astrología, aunque poco se podía hacer al respecto. San
Agustín, obispo de Hipona 365-430), condenó a la Astrología, porque
absolvía a los pecadores y le atribuía las culpas "al Creador y
gobernante del cielo y las estrellas".
A pesar de esto, la Astrología en el siglo XII, volvió a resurgir.

Entre los siglos XIV y XVII, en pleno Renacimiento, las ideas se
transformaron. Nicolás Copérnico en su obra "De revolutionibus orbium
coelestium", propuso que los planetas se mueven alrededor del Sol, y no
en torno a la Tierra, como creían casi todos los antiguos, incluyendo a
los astrólogos. Éstos últimos reaccionaron diciendo que siendo lo
fundamental las posiciones de los astros con respecto a la Tierra, el
nuevo concepto de Universo, no los afectaba en lo más mínimo. No
obstante, en ese momento, la Astrología cayó en descrédito y casi en el
olvido.

¿Qué pasó para que en los últimos años esté nuevamente en auge?

Analicemos científicamente el caso. Hace unos 20 años, 192 científicos
(entre ellos 19 Premios Nobel), firmaron una declaración que dice: «Es
sencillamente un error imaginarse que las fuerzas
ejercidas por las estrellas y los planetas en el momento del nacimiento
puedan determinar de manera alguna nuestro futuro. Tampoco es cierto que
la posición de los lejanos astros determine que ciertos
días o períodos, sean más favorables para ciertas acciones, o que el
signo bajo el cual se nace decida la compatibilidad o incompatibilidad
con otras personas».

Miguel Ángel Sabadell, el astrofísico español, se pregunta: «¿Por qué el
amoníaco de Júpiter puede influir en nuestro carácter y el que tenemos
en el armario de nuestra cocina no?».

Todos los científicos se preguntan también como los astros influyen en
el momento del nacimiento y no en el momento de la fecundación, que
justamente es dónde se determinan los caracteres del individuo.

El astrólogo Vicente Cassanya dice: «Es una influencia casi total,
marcan el carácter, el temperamento y parte del destino, pero no sabemos
cual es el mecanismo. La Física de partículas y la Biología acabarán
dando respuestas a estas preguntas».

Los científicos señalan que la atracción gravitatoria no puede incidir,
en el momento del nacimiento. El médico obstetra ejerce una atracción
gravitacional seis veces superior, que la que ejerce el
planeta Marte, sobre el recién nacido. Por otra parte se ha demostrado
que la propia madre, ejerce una fuerza doce millones de veces superior a
la de la Luna, en el nacimiento, pese a que la Luna es el astro más
cercano. Evidentemente que la masa del médico y de la madre es
inmensamente menor a la de Marte y la Luna, pero la distancia (factor
gravitatorio importantísimo) también es inmensamente mayor.

Nos quedan muchas interrogantes que la Astrología no nos responde.
He aquí algunas de ellas:

.- ¿Por qué la influencia de los astros es en el momento del nacimiento
y no en la fecundación? ¿Acaso las radiaciones, luego de recorrer
millones de kilómetros, son incapaces de llegar al vientre
materno?
.- ¿Por qué los gemelos nacidos con pocos minutos de diferencia, a veces
no siguen el mismo destino?
.- Si producen nacimientos más allá de los círculos polares (en el Norte
hay muchas poblaciones), pueden ocurrir en momentos que no estén los
signos del Zodíaco sobre el horizonte durante semanas. ¿Cómo se deciden
los rasgos de esos individuos cuyo signo no se ve?
.- ¿Por qué son los signos del Zodíaco, siendo que ocupan una pequeña
región de la "bóveda celeste"?
.- ¿Por qué se habla de 12 signos omitiéndose a Ofiuco y la Ballena, por
dónde también se proyectan astros del Sistema Solar?
.- El planeta Urano fue descubierto en 1781, Neptuno en 1846 y Plutón en
1930. ¿Cómo es que estos planetas no ejercían influencia alguna antes de
su descubrimiento, y sí fueron influyentes después de
descubiertos?
.- ¿Por qué se insiste en un sistema de "casas", que representa un cielo
de más de 2000 años atrás?
.- Si algún día un astronauta pasara a vivir en un planeta distinto,
Marte por ejemplo, ¿cambiaría su signo zodiacal o su carácter?
.- ¿Por qué los horóscopos de los diarios, revistas, radio, televisión,
Internet, sólo nos dicen generalidades o consejos que son válidos para
cualquier signo zodiacal?
.- ¿Por qué tantas veces predicen catástrofes, romances, triunfos
deportivos, descubrimientos de vacunas contra el SIDA y después no se
concretan?
.- Los animales y las plantas son seres vivos ¿la Astrología influye en
ellos?

¿Por qué tanta gente cree en la Astrología? Algunos simplemente tienen
una gran fe. Otros la aceptan por no encontrar respuestas satisfactorias
en otros órdenes de la vida, ni siquiera en la Religión

La fe en la Astrología es un amargo trago que debemos resistirnos a
aceptar. No debemos seguir pensando como hace cientos de años atrás. En
el siglo XXI no debemos ser tan ingenuos como para pensar que el destino
de la Humanidad se decide en la bóveda celeste. Nuestro destino se
decide por el esfuerzo constante y siempre apoyándonos en la CIENCIA.

Dice la Sociedad Norteamericana de Estudios Sociológicos y Sociales: «La
fe en la astrología es perjudicial, pues fomenta la evasión de los
problemas permanentes de la vida real».

Carl Sagan, por su parte afirmó: «Se observa un renovado interés por las
doctrinas anecdóticas, como la astrología. La amplia aceptación de la
que gozan trasluce una falta de rigor intelectual y una grave carencia
de escepticismo. Son filigranas de la ensoñación."

Mientras la Ciencia investiga seriamente los grandes enigmas del
Universo, otros explotan la ingenuidad de la gente. Los seres humanos
debemos procurar superarnos con nuestro esfuerzo. Somos nosotros los
únicos responsables de nuestro destino y no los astros.

Para más información:
Archivo de info.astro en
http://es.groups.yahoo.com/group/infoastro/messages

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VISIONARIOS
Por: Manuel Vicent

No hay soñador que no se haya quedado corto ni inquisidor que no haya
acabado haciendo el ridículo. La historia es igual de cruel con los
alegres visionarios y con legisladores más duros. Si a Carlos Marx le
hubieran asegurado que un día no lejano los obreros ingleses irían de
vacaciones a Capri conduciendo su propio automóvil climatizado y
pedirían el libro de reclamaciones en un restaurante para protestar
porque la cerveza no estaba suficientemente fría, ¿acaso hubiera escrito
El Capital? Tampoco Galileo pudo pensar que aquel telescopio que estuvo
a punto de llevarlo a la hoguera sería sustituido por un ingenio
espacial tan elaborado como el Hubble capaz de divisar como unas
galaxias se devoran entre ellas. Pronto lo que hoy es ciencia ficción,
mañana será realismo social. La historia es esencialmente transgresión:
así avanza el desbocado caballo de Atila aplastando a teólogos, a
moralistas, a políticos represores, a los espíritus pusilánimes y
también a los progresistas, a los iluminados, a los amantes de cualquier
utopía. Ningún potro de tortura ha sido capaz de detener el ciego camino
de la ciencia. Ninguna ley podrá ordenar la conquista salvaje de los
laboratorios ni la moral que se renueva cada día. ¿Quién deseará pasar
dentro de un siglo por el estúpido esbirro que trató de parar
inútilmente la historia? ¿Quién deseará escribir cualquier viaje a la
luna, como Julio Verne, para que después se rían de tu falta de
imaginación?. La religión todavía conserva hoy el monopolio de las
puertas de entrada y salida de este mundo. Nuestra iglesia ya no quema
herejes, apenas imparte anatemas, ha rebajado el nivel de confrontación
con la ciencia y las costumbres, pero se ha guardado las llaves de la
vida y de la muerte. En ese peaje exige un tributo. La muerte es una
neurosis humana todavía insalvable. Sobre ella se vierten salmos de
tinieblas, cuentos de terror, fábulas de infiernos, paraísos y
reencarnaciones. Ni la ciencia ni la fortaleza moral tiene nada que
hacer, solo que las células madres pronto pondrán a la disposición de
las personas un recauchutado de tejidos y órganos corporales y esa será
de momento la verdadera reencarnación. Pero la puerta de entrada a la
vida está a punto de ser violada. Ese monopolio religioso pronto será
suprimido. La vida será fabricada con las propias manos del hombre y
frente a esta conquista harán el mismo ridículo los represores y los
visionarios.

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LA INCREDULIDAD
Por: Antonio Muñoz Molina

Lo que las personas más o menos normales somos capaces de llegar a creer
es tan asombroso como lo que podemos empeñarnos en no creer o en no
aceptar, aunque la evidencia más irrefutable nos salte delante de los
ojos. Cuanto más racional es una idea, más posibilidades hay de que
resulte inverosímil, o de que cueste siglos y sufrimientos enormes su
aceptación. Que una cosa sea absurda no suele ser obstáculo para que se
convierta en una verdad establecida. Durante siglos se creyó que las
mujeres tenían menos dientes que los hombres, y no parece que nadie se
molestara en la simple refutación de ese disparate, ya que procedía de
la autoridad de Aristóteles. A principios del siglo XX científicos de
mucha solvencia aceptaban la patraña de que las inclinaciones criminales
de una persona podían deducirse de ciertas peculiaridades en la
curvatura de su cráneo, y otros demostraban irrebatiblemente que un
artefacto más pesado que el aire nunca podría volar. A los primeros
cirujanos que defendieron que había una relación directa entre la
limpieza de los instrumentos quirúrgicos y la supervivencia de los
enfermos operados se les tomaba por idiotas o excéntricos, por aquella
manía de lavarse las manos antes de una operación, hervir los bisturís o
ponerse mandiles no manchados de sangre.

Por algún motivo, por alguna ley física o psicológica que nadie ha
descubierto todavía, las tonterías se difunden con mayor eficacia y
rapidez que las ideas sensatas, quizá porque el cerebro humano no es un
buen conductor de la inteligencia, en el mismo sentido en que la madera
o la porcelana no son buenos conductores de la electricidad. En el
reverso de la página del periódico en la que se cuenta algún avance
espléndido de la ciencia vienen anuncios de consultorios de quiromancia
o de tarot, y no muy lejos de la sección de meteorología puede
encontrarse la de astrología: en menos de un minuto, y con la misma
comodidad, se informa uno de las predicciones sobre el calor o la lluvia
basadas en los datos de un satélite de tecnología prodigiosa y sobre el
porvenir sentimental que las estrellas le reservan a su signo del
zodiaco.

Hay peregrinos antiguos que viajan a Fátima o a Lourdes y también los
hay mucho más modernizados que van devotamente a ese lugar del desierto
de Nuevo México en el que los expertos en ufología o en ovnilogía
aseguran que una nave extraterrestre se estrelló
en el verano de 1947. El conocimiento racional y científico se basa en
la transparencia, en la circulación de las ideas, en el carácter
universalmente comprobable de los experimentos. La irracionalidad
prefiere el secreto, la atracción de lo oculto, la paranoia de las
conspiraciones y las sectas. En la primera página del periódico, cada
día del verano, vienen titulares gradualmente más escandalosos sobre una
gran estafa de capitales bursátiles, pero en los rincones interiores, y
en un tipo de letra más pequeño, se cuentan las reclamaciones de un
grupo de estafados por una red que practicaba la magia negra, el
candombe o la santería con tal falta de profesionalidad que jamás
llegaban a cumplirse los hechizos por los que se pagaron cuantiosos
honorarios. ¿Para qué hace falta un acto de fe más entregado e
insensato, para confiarle nuestra felicidad matrimonial a un brujo o
nuestros ahorros a un individuo vestido de Armani que se declara experto
en esa otra brujería de los pelotazos y las especulaciones financieras?

En los semanarios de sucesos que leía mi padre cuando yo era niño salía
siempre alguien que había sucumbido tontamente al timo de la estampita,
que a lo largo de los años fue adquiriendo un aire cada vez más rancio,
de arqueología delictiva, con su reparto de paleto incauto y codicioso y
tonto de boina y baba con entrecejo hispánico: pero este mismo verano se
ha sabido que empresarios solventes, aunque algo propensos a la estafa,
se dejaron engañar por un timo que repetía casi exactamente el de la
olvidada estampita, por la promesa de un líquido misterioso que
duplicaba o triplicaba en billetes falsos los billetes verdaderos con
los que se le untaba.

Retrospectivamente, lo más increíble es la misma credulidad, la
cabezonería obtusa de no querer ver lo que al cabo del tiempo parece tan
claro como para que cualquiera lo hubiese advertido. ¿Cómo es posible
que hasta el principio de los años ochenta no se creyera oficialmente en
España que los hombres y las mujeres son iguales ante la ley, o que
durante siglos se creyera que el color un poco más oscuro de la piel de
un ser humano autorizaba a esclavizarlo? Decía Buñuel que después de
muerto le gustaría salir de vez en cuando de la tumba para echarles una
ojeada a los periódicos. Quién sabe cuánto durarán todavía algunas
creencias bárbaras que siguen asolando el mundo, que se repiten como
verdades indiscutibles en los titulares.

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El Correo http://www.elcorreodigital.com/

LOS COMPLEJOS VITAMÍNICOS CAUSAN YA MÁS PROBLEMAS QUE BENEFICIOS POR SU
ABUSO
Por: Enrique Viñuela - Bilbao

La Unión Europea aprobó recientemente una normativa sobre su
composición, venta, etiquetado y publicidad En siete millones de hogares
españoles se consume con asiduidad este tipo de productos

‘Pharmatón’, ‘Redoxón’, ‘Micebrina’, ‘Citrovit’, ‘Dayamineral’... Son
los nombres de algunos de los múltiples complejos vitamínicos que se
pueden adquirir, sin necesidad de receta médica, no sólo en cualquier
farmacia, sino también en supermercados, tiendas especializadas e
incluso por Internet.
La Unión Europea ha decidido regular el sector y, para ello, aprobó
recientemente una directiva que permitirá armonizar las normativas sobre
su composición y venta. Además, se prohibirá que en el etiquetado o en
la publicidad de estos productos se les atribuya propiedades de
prevención, tratamiento o curación de enfermedades, y se deberá incluir
advertencias sobre la conveniencia de no exceder la dosis adecuada y
recomendaciones claras sobre su uso diario. Con este acuerdo, que
todavía debe ser ratificado por el Parlamento Europeo, los Quince
intentan responder al espectacular aumento del uso de pastillas y
cápsulas como complementos de la dieta.

Las desordenadas pautas alimentarias provocadas por el frenético ritmo
de vida que impera en las sociedades modernas rompen con frecuencia
nuestro equilibrio nutricional y ocasionan déficits que pretendemos
suplir con aportes extras de vitaminas y sales minerales. En España, en
más de 7 millones de hogares, cerca del 65% del total, se consumen
habitualmente complejos vitamínicos. El problema, advierten los médicos,
es tomarlos por nuestra cuenta sin consultar a un especialista que
indique el tipo de vitaminas y la cantidad necesaria para cada caso.

Mejor en alimentos

«Muchos de los compuestos que se venden no tienen la composición
adecuada», señala José Antonio Vázquez, jefe de Endocrinología del
hospital de Cruces. Su creciente consumo está provocando que
«actualmente, tengamos más problemas por consumo excesivo de
determinadas vitaminas que por defecto».

Vázquez afirma que «se están recetando demasiados complejos» y que lo
ideal es «consumir las vitaminas a través de los alimentos, con una
dieta sana y completa, como la mediterránea». De hecho, si comiéramos un
total de cinco piezas de fruta, verdura, legumbres o cereales todos los
días, tomaríamos los nutrientes suficientes y no tendríamos que recurrir
a los aportes extras.

Además, la ingestión de estos suplementos no tiene el mismo efecto
beneficioso que los alimentos naturales a la hora de prevenir
determinadas enfermedades, como el cáncer. Lo cierto es que entre el 30
y el 40% de las muertes por cáncer se atribuye a una mala dieta.

Un reciente estudio realizado por el Grupo Asesor en Nutrición (GRAN) en
el País Vasco, Cataluña, Galicia, Andalucía y Madrid revela importantes
déficits de vitaminas y minerales, sobre todo entre los ancianos, las
mujeres embarazadas y los jóvenes. En casi todas las comunidades se
repiten la falta de vitaminas A, D y ácido fólico (una vitamina B). Para
solventar estas deficiencias se recurre a pastillas y píldoras, en vez
de a un cambio en la alimentación.

Peligros

«El consumo excesivo de vitaminas puede tener consecuencias inesperadas
a largo plazo». Juan del Arco, director de Información Médica del
Colegio de Farmacéuticos de Vizcaya, advierte de los peligros que puede
ocasionar la auto receta: «En general, cuando nuestro organismo detecta
un exceso de determinada vitamina la elimina a través de la orina, y
esto no sucede con las vitaminas liposolubles (A, D, E y K), que se
fijan en las grasas».

El exceso de vitamina A provoca dolores de cabeza e irritabilidad, daños
en los huesos y, si se consume en demasía durante el embarazo, defectos
de nacimiento. La sobredosis de vitamina D puede ocasionar, a largo
plazo, lesiones irreversibles en los riñones y el sistema
cardiovascular. Y, en general, el abuso de las vitaminas liposolubles
pueden producir daños en el metabolismo del hígado, ya que es en este
órgano donde se almacenan las reservas.

«Los complejos vitamínicos sólo son necesarios para casos muy concretos
de carencias graves, como en embarazadas o ancianos. La mayor parte de
quienes los compran no los necesitan», concluye el jefe de
Endocrinología del hospital de Cruces.

«Los suplementos nutricionales no curan». Juan Del Arco, Colegio de
Farmacéuticos de Vizcaya, critica el «vacío legal» y advierte de los
posibles riesgos de un consumo excesivo

«Por definición, cualquier sustancia que prevenga o cure una enfermedad
es un medicamento, y los complementos nutricionales que se venden en las
tiendas ni curan, ni previenen». Juan del Arco, director de Información
Médica del Colegio de Farmacéuticos de Vizcaya, se muestra tajante
frente a las ‘mágicas’ propiedades de los publicitados complejos
vitamínicos y critica «la falta de regulación» y «el vacío legal» que,
desde ayer, intenta llenar la directiva aprobada en Bruselas por el
Consejo de Ministros de Consumo.

Pregunta.- Complejos vitamínicos: ¿cómo los definimos?
Respuesta.- Son nutrientes. Depende de la cantidad de la dosis. Una
persona que padece anemia necesita un aporte extra de hierro. Si la
dosis es alta, pasa a ser un medicamento y, por supuesto, debe ser
recetado por un médico.
P.- ¿Qué dosis de cada vitamina contienen estos suplementos?
R.- En muchos casos ni se sabe. Muchos suplementos no indican en sus
etiquetas la composición y cantidad de cada elemento, e incluso hay
empresas que comercializan productos con el nombre de ‘complemento
nutricional’ cuando no lo son.
P.- ¿Por ejemplo?
R.- Muchos compuestos a base de plantas medicinales.
P.- Parece claro que existe bastante desinformación al respecto.
R.- Por supuesto. Quienes toman complejos vitamínicos por su cuenta, sin
consultar con un especialista en nutrición, están corriendo una serie de
riesgos de los que no saben nada en absoluto. Sobre todo si se consumen
en exceso, aunque es cierto que hacen faltas dosis muy altas para
producir problemas. El problema radica en que no existe ninguna
legislación al respecto. Espero que la aprobación de la directiva
comunitaria sea el primer paso.

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El País http://www.elpais.es/

FÍSICA / ELECTRÓNICA: EL REEMPLAZO DE LOS 'CHIPS' DE SILICIO
Por: Ricardo M. De Rituerto - Chicago

La creciente potencia de los ordenadores y otros sistemas electrónicos
tiene una capacidad expansiva limitada por las características del
silicio. Quienes trabajan con el silicio no le dan más de 15 años de
vida útil y en la carrera para buscarle sustituto, las empresas Motorola
e IBM acaban de anunciar sendos descubrimientos, uno de aplicación casi
inmediata y otro a medio plazo.

El silicio es barato y duradero, pero es poco práctico a la hora de
trabajar con elementos que operan casi a la velocidad de la luz. El
arseniuro de galio, en cambio, es caro y frágil, pero conduce la
electricidad mucho mejor que el silicio y emite luz. Los científicos han
intentado infructuosamente durante décadas unir a los dos. Motorola
acaba de anunciar que lo ha conseguido.

La empresa de telefonía dice haber descubierto cómo manipular una fina
lámina de aislamiento entre el silicio y el arseniuro de galio que
permite mantener la estabilidad de ambos y hacerlos trabajar al unísono.
El nuevo semiconductor cuesta la décima parte que el de arseniuro de
galio puro, pero actúa casi con su misma velocidad, que es de unos 70
gigahercios, 35 veces por encima de los actuales dos gigahercios a que
corren los procesadores más rápidos en los ordenadores personales.

'Lo que hemos hecho es cambiar los fundamentos de la industria de la
alta tecnología', comenta Dennis Robertson, vicepresidente de Motorola.
Un analista del sector ha equiparado este logro con el hallazgo del
Santo Grial. La comunidad científica reconoce que, de ser cierto lo
anunciado, se está ante un acontecimiento de grandes repercusiones, pero
prefiere reservarse la opinión hasta tener más datos y ver lo que ocurre
en realidad. Motorola ha solicitado casi 300 patentes para la aplicación
de este semiconductor, con aplicaciones en telefonía, almacenamiento de
datos, láseres para productos de consumo y medicina y electrónica del
automóvil, entre otros.

Al mismo tiempo, investigadores de IBM han conseguido crear un circuito
lógico de ordenador con una sola molécula de carbono. Físicamente, el
material usado es un nanotubo de carbono, una estructura con forma de
cilindro 100.000 veces más fino que un cabello. Los nanotubos permiten
teóricamente introducir 10.000 transistores en el espacio que hoy ocupa
uno de silicio.

Phaedon Avouris, responsable de las investigaciones de IBM sobre
nanotecnología (basada en una unidad de medida que es la millonésima
parte de un milímetro), experimenta con nanotubos y ha conseguido crear
un circuito con un par de transistores, uno positivo (de huecos) y uno
negativo (de electrones). Trabajos anteriores sólo habían producido
transistores positivos. Este conjunto bipolar, que permite cambios entre
ceros y unos, el principio básico de la computación, es una puerta
lógica del tipo not.

Avouris cree que los futuros procesadores basados en los nanotubos de
carbono 'serán capaces de sustituir todas las funciones que hoy realiza
el silicio, y puede que hagan muchas más debido a su tamaño', pero
quedan muchos años para la potencial comercialización. Motorola dice que
el arseniuro de galio con silicio pueden tener ya aplicaciones
comerciales en telefonía el año que viene.

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'NANOPRESUPUESTO' EN ESPAÑA
Por: A. Martín - Segovia

Científicos españoles lamentan la falta de apoyo del Gobierno a la
investigación en nanotecnología, la ciencia de lo más pequeño. Reclaman
que, al menos, se destine la mitad del dinero que dedican algunos países
de la UE (Alemania destina 10.4892 millones de pesetas, el Reino Unido,
6.489; Francia, 3.161 y España, 66,5, según estos investigadores) a lo
que consideran que será la revolución tecnológica del siglo XXI.

Tras el congreso internacional Tendencias en nanotecnología, celebrado
recientemente  en Segovia, los organizadores denunciaron la falta de
impulso oficial a las redes de investigadores y que, incluso, se
relacionan casi 'clandestinamente', según el físico del CSIC, Pedro
Serena, coordinador de la red Nanociencia, una de las dos que existen
(cuenta con 52 investigadores y una dotación de cinco millones para tres
años). La otra, Nanospain, no cuenta con dotación. Serena subraya que
'hay gente para investigar, pero la Administración no tiene mucho en
cuenta los patrones de la ciencia en la UE'. Como ejemplo explica que en
el vigente Plan Nacional de Investigación sólo se cita una vez la
nanotecnología, de un total de 260 páginas, para referirse
exclusivamente a su potenciación en metalurgia.

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El País http://www.elpais.es/diario/

PARTÍCULAS PEQUEÑAS, DAÑOS GRANDES
Por: James Glanz - Nueva York (NYT).

Las esporas de ántrax son un ejemplo de la peculiar física microscópica

Las partículas muy pequeñas pueden flotar indefinidamente en el aire y
propagarse de forma invisible. Su comportamiento peculiar pero bien
conocido, por los estudios realizados sobre contaminación y enfermedades
como la silicosis y la tuberculosis, se acomoda a las armas
bacteriológicas, como en los actuales casos de ántrax (carbunco).

Hasta que las esporas de ánthrax (carbunco) comenzaron a extenderse por
correo, pocas personas prestaban atención a estas minúsculas partículas
que se expanden de manera casi invisible por la atmósfera, se infiltran
en los edificios y penetran profundamente en los pulmones. No así los
especialistas en medio ambiente, que llevan décadas estudiando
partículas muy similares a las formas más peligrosas del armamento
biológico.

Desde el polvo de carbón, que causa silicosis, hasta las gotitas llenas
de bacterias que expanden la legionela, pasando por el humo que inhalan
los fumadores pasivos o la simple contaminación atmosférica, las
partículas de aproximadamente 0,05 micras hasta 10 o 20 micras son desde
hace tiempo centro de atención de dichos científicos. Una micra es la
millonésima parte de un metro.

Esas diminutas partículas se estudian en las ciencias medioambientales y
en el armamento biológico prácticamente por las mismas razones. Una vez
liberadas, las partículas de ese tamaño pueden mantenerse flotando casi
indefinidamente y se filtran en edificios mal sellados, aumentando
enormemente las posibilidades de que las personas las inhalen.

Es más, la peculiar física microscópica compartida por todas esas
partículas asegura que algunas de ellas, dentro de una gama de tamaños
muy específica, consigan colarse por el vello protector de la nariz,
evitar las pegajosas paredes bronquiales y depositarse en las cavidades
más profundas de los pulmones, donde pueden hacer mucho daño.

Comportamiento

'Una partícula es una partícula', afirma Joe Mauderly, toxicólogo del
Instituto de Investigaciones Respiratorias Lovelace de Albuquerque. El
patógeno del que la partícula pueda ser portadora no tiene prácticamente
nada que ver con el sitio al que va a parar. 'El hecho de que sea una
cuestión biológica no cambia realmente el comportamiento de las
partículas en cuanto a concentración o deposición respiratoria', dice
William Nazaroff, profesor de ingeniería medioambiental en la
Universidad de California, en Berkeley.

Una vez que la partícula aterriza, su composición exacta -ya sea inocua,
química tóxica o biológicamente infecciosa- adquiere su importancia. Por
supuesto, se sabe mucho también sobre ese proceso, especialmente por el
estudio de la legionela, la tuberculosis y otras enfermedades
bacterianas que se transmiten por el aire en partículas con un tamaño, y
eso no es coincidencia, de varias micras.

La existencia de todo este conocimiento, en bibliografía de libre
acceso, es de doble filo, afirman los científicos. Puede privar a la
guerra bacteriológica de parte de su misterio, pero también muestra lo
ampliamente disponible que está buena parte de la información necesaria
para diseñar ese armamento.

Para muchos especialistas en medio ambiente, que han advertido de que
las partículas contaminantes de ese tamaño suponen un riesgo para la
salud humana si se introducen en el interior de los edificios, la
amenaza bioterrorista es una razón más para mejorar la calidad del aire
dentro de los edificios, con potentes filtros y otros métodos.

Esa propuesta, como cualquiera que pudiese conducir a nuevas normativas
industriales, será con toda probabilidad controvertida, en especial
porque los edificios se han construido para ser menos permeables al aire
exterior, y los sistemas de ventilación se han mejorado en los últimos
años. Por lo tanto, algunos investigadores sugieren que las nuevas
mejoras sean voluntarias. 'Deberíamos conseguir que las aseguradoras
bajasen ligeramente el precio de los seguros de vida si se ha
introducido ese tipo de equipos', ha dicho Matthew S. Meselson, profesor
de biología y experto en armas biológicas de Harvard.

Dejando aparte los efectos sobre la salud, lo que no es controvertido es
la física de las partículas diminutas. Aparte del patógeno específico,
la física de cómo flota en el aire cualquier tipo de partículas y se
introduce en los pulmones ayuda mucho a explicar el funcionamiento de
las armas biológicas.

'En resumen, las partículas no sólo tienen que ser pequeñas', explica
Richard Spertzel, antiguo inspector de armamento y biólogo de la
Comisión Especial de Naciones Unidas, 'también tienen que ser lo
suficientemente pequeñas para flotar en el aire y para introducirse en
los pulmones'.

Flotando en el aire

La forma en que se pueden expandir las partículas por una habitación o
edificio una vez liberadas, resulta ser muy compleja, explica el
especialista estadounidense William Nazaroff. Considérese, por ejemplo,
la carta portadora de ántrax (carbunco) que fue abierta en el despacho
del senador Tom Daschle, en el Edificio Hart del Senado de EE UU y que
contenía esporas de ántrax especialmente tratadas para diseminarse
fácilmente. Según Nazaroff, en uno o dos minutos, las partículas
liberadas del sobre podrían extenderse por la habitación por procesos de
los que la mayoría de las personas apenas son conscientes. Los seres
humanos, que a ese respecto son 'aproximadamente equivalentes a una
bombilla de 75 vatios', provocan constantemente columnas de aire
caliente. Otras corrientes provocadas por la ventilación o por las
variaciones de temperatura cerca de las ventanas pueden hacer que se
diseminen las partículas. El sistema de ventilación también puede ayudar
a diseminarlas. A menudo el aire entra directamente en los despachos a
través de las rejillas de ventilación y se retira mediante las rejillas
de aspiración de los pasillos, explica Nazaroff. Eso significa que las
partículas pueden viajar por los corredores e introducirse en los
despachos cercanos antes de ser absorbidas, o incluso propagarse a
través de las paredes si hay pequeñas diferencias en la presión
atmosférica en despachos adyacentes. Esos procesos podrían explicar
porqué dos trabajadores de despachos cercanos al de Daschle resultaron
afectados.

Clasificación por tamaño en las vías respiratorias humanas

Las partículas muy pequeñas pueden flotar indefinidamente en el aire y
propagarse de forma invisible. Su comportamiento peculiar pero bien
conocido, por los estudios realizados sobre contaminación y enfermedades
como la silicosis y la tuberculosis, se acomoda a las armas
bacteriológicas, como en los actuales casos de ántrax (carbunco).

Las vías respiratorias humanas actúan como una especie de máquina de
clasificación para permitir que sólo partículas de un determinado tamaño
alcancen la parte más profunda de los pulmones: las bolsas respiratorias
o alvéolos.

Los tubos bronquiales de los pulmones tienen estructura arborescente y
se ramifican a partir de unas cuantas vías respiratorias de varios
centímetros de ancho en la parte superior hasta llegar a millones de
ramificaciones más pequeñas, con una fracción de milímetro de ancho, en
la parte interna de los pulmones. Al final de cada rama están los
diminutos alvéolos, cada uno con unas 50 micras de ancho, la mitad del
grosor de un cabello humano.

La superficie total de esas pequeñas bolsas, donde los capilares
sanguíneos intercambian el oxígeno por dióxido de carbono, es
aproximadamente la de un campo de tenis. Y el destino de una partícula
es generalmente muy diferente, dependiendo de que penetre con la
corriente de aire hasta los alvéolos o que golpee las paredes
bronquiales antes de llegar a ellos.

Esto se debe a que las paredes bronquiales están revestidas de mucosidad
y cilios, unas células con aspecto de pelo. Cualquier partícula que
choque contra la pared se queda pegada, y el movimiento en forma de ola
de los cilios puede devolverla por el tracto, como un escalador, hasta
la boca. Allí, la partícula es tragada y digerida.

'Una vez tragada la partícula, es como si uno la ingiriese en lugar de
respirarla', explica Joe Mauderly, del instituto Lovelace. 'Lo hacemos
todo el tiempo, sin ser conscientes de ello'.

Los alveólos

Pero una partícula que alcanza los alvéolos puede, en las circunstancias
adecuadas, causar más daño. Cada alvéolo está protegido por un único
tipo de célula carroñera, el macrófago. Es ahí donde un poco de polvo de
carbón podría introducirse en el tejido pulmonar, conduciendo
potencialmente a un endurecimiento de los pulmones denominado fibrosis.

A no ser que los macrófagos ganen la batalla, las bacterias causantes de
enfermedades comienzan a hacer estragos en los propios alvéolos. Ahí es,
por ejemplo, donde las esporas del ántrax pueden ser devoradas por un
macrófago, que las llevaría a otra parte para que germinen y comiencen a
producir las toxinas que pueden conducir a la enfermedad por inhalación.

'El pulmón', según Morton Lippmann, profesor de medicina ambiental en la
Universidad de Nueva York, 'es un medio de cultivo muy bueno; se puede
conseguir una enorme proliferación y los pulmones pueden resultar muy
dañados'.

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El Mundo http://www.elmundo.es/

LOS CIENTIFICOS CRITICAN LAS 'AMBIGÜEDADES' DEL PROYECTO DE LEY SOBRE
PATENTES BIOTECNOLÓGICAS
Por: EUROPA PRESS - Madrid

Palacios aboga por la presencia de un experto en la Comisión de Ciencia
para "que oriente a los diputados"

Científicos que comparecieron ante la Comisión de Ciencia y Tecnología
del Congreso de los Diputados criticaron las "ambigüedades" y la "falta
de precisión" del proyecto de ley para modificar la Ley 11/1986, de 20
de marzo, de Patentes, que tiene el fin de incorporar al derecho español
la Directiva 98/44/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 6 de
julio, relativa a la protección jurídica de las innovaciones
biotecnológicas.

No obstante, coincidieron en la necesidad de establecer un marco
jurídico para regular estas patentes.

Según el presidente del Comité Científico de la Sociedad Internacional
de Bioética, Marcelo Palacios, la directiva europea tiene "puntos muy
oscuros". Entre ellos, citó la ambigüedad en el uso de los términos
'invención' y 'descubrimiento', ambigüedad que se ha trasladado también
al proyecto de ley ya que, según este experto, "no se respeta las
diferencias entre estos dos términos". En opinión de Palacios, en la
Comisión debería participar "una persona experta que pudiera orientar a
los diputados".

Palacios señaló que, si bien es necesario un marco jurídico en este tema
para poder competir con otros países, "este no es el marco más
adecuado", y es necesaria "una directiva con más precisión
interpretativa y un nuevo marco de debate".

Asimismo, señaló que "si fuera posible, habría que esperar para
incorporar esta Directiva Europea", cuyo plazo para la trasposición en
la legislación española y del resto de países, finalizó el mes de julio
de 2000. Por el momento, sólo cuatro países comunitarios la han incluido
en su legislación: Dinamarca, Irlanda, Reino Unido y Finlandia.

Concretamente, Palacios criticó la utilización del término "elemento" en
el artículo 5 bis.2 del proyecto de ley, que cita: "un elemento aislado
del cuerpo humano (...) podrá considerarse como una invención
patentable". En este caso, señaló que conforme a este artículo podrían
patentarse el oxigeno y otros elementos, así como un riñón o el mismo
útero.

En cuanto al genoma humano, señaló que éste "no es una invención, sino
un descubrimiento", por lo que, en su opinión, no es objeto de
patentabilidad. Asimismo, a la hora de patentar, indicó "no basta con
decir qué patentas un gen con una función porque un mismo gen puede
tener diversas funciones".

Barreras a nuevos descubrimientos

En cuanto a la imposibilidad, según el artículo 5.1.b, de "patentar los
procedimientos de modificación de la identidad genética germinal del ser
humano", Palacios señaló que esto "ya se ha hecho", y recordó que
enfermedades como la talasenia han sido tratadas mediante modificación
germinal. "Esto es poner una barrera a posibles tratamientos de estas
enfermedades", añadió. Asimismo sugirió un cambio que dejaría la frase
de este modo: "patentar los procedimientos de modificación de la
identidad genética germinal no patológica del ser humano".

En relación al apartado referente a la prohibición de la utilización de
embriones humanos con fines industriales y comerciales, Palacios criticó
que en ningún momento especifica el texto "a qué embriones se refiere",
y se preguntó "¿los sobrantes, los viables, los no viables?". En este
sentido, señaló que "es increíble que este texto de la directiva haya
sido aceptado de esta manera".

En cuanto a la utilización de los embriones humanos para la obtención de
células madre, y la experimentación con éstas con fines terapéuticos, la
presidenta del Instituto de España, Margarita Salas, señaló que esto "se
debería permitir y regular en España".

Asimismo, se refirió a los 40.000 embriones humanos resultantes de
fertilizaciones 'in vitro' que permanecen congelados, y señaló que "se
debería posibilitar el trabajo con éstos".

Salas también consideró "beneficioso" para la comunidad científica, el
desarrollo de un marco legal que regule las patentes de las invenciones
biotecnológicas.

Qué se entiende por embrión

Por su parte, el catedrático de Genética de la Universidad Complutense
de Madrid, Juan Ramón Lacadena, calificó este punto de "impreciso", y
coincidió con Palacios en que debería especificarse qué se entiende por
embrión.

Este experto señaló también que es necesario tener un marco legal que
permita a los investigadores saber qué derechos, obligaciones y
prohibiciones tienen en la materia, si bien indicó que la patentabilidad
del genoma humano "interesa más bien por sus consecuencias económicas".

"La mayoría de los científicos coinciden en que el genoma humano es
patrimonio de la naturaleza humana y que por ello no debería ser
patentable", añadió, algo con lo que se mostró de acuerdo la presidenta
del Instituto de España.

Finalmente, Palacios criticó la no inclusión en el texto del
consentimiento informado, calificando éste de "gran conquista".

Por su parte, el director del Centro Nacional de Biotecnologia
dependiente del Centro Superior de Investigaciones Científicas, Mariano
Esteban Rodríguez, se mostró de acuerdo con las críticas de sus colegas
científicos, en especial con la que señala que hay que patentar un gen
de acuerdo a una determinada función, y que la aplicación de ésta deberá
quedar explícita en la patente.

En su opinión, España "no puede quedar rezagada ya que una ley así es
importante para la protección de las investigaciones". El plazo para la
presentación de las enmiendas parciales a este proyecto de ley
finalizará el próximo martes.

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El País http://www.elpais.es/

REINHARD BOEHLER, QUÍMICO: 'SABEMOS MENOS DEL INTERIOR DE LA TIERRA QUE
DE OTROS OBJETOS ASTRONÓMICOS'
Por: Mónica Salomone

En el laboratorio de Reinhard Boehler, en el Instituto Max Planck de
Química, en Mainz (Alemania), se intenta reproducir las condiciones que
se dan en el centro de la Tierra: una presión de más de tres millones de
atmósferas y una temperatura... que aún no se sabe con precisión. De eso
se trata, precisamente, de descubrir cómo está de caliente el corazón de
hierro del planeta. Los investigadores se basan en una pista: en la
parte externa del núcleo terrestre el hierro es líquido, pero en el
centro mismo la presión hace que el metal se vuelva sólido; sometiendo
el hierro a altísimas presiones en el laboratorio es posible estimar a
qué temperatura se produce la solidificación.

Nadie ha llegado aún a reproducir la presión del centro terrestre, pero
Boehler, alemán de 53 años, es el que más cerca ha estado, y al hacerlo,
ha obtenido la medida más exacta hasta ahora de la temperatura del
corazón del planeta. Boehler participó en el congreso internacional
sobre altas presiones celebrado la semana pasada en Santander.

Pregunta.- Parece lógico esperar que se sepa ya casi todo sobre el
interior de nuestro propio planeta.
Respuesta.- Sabemos menos del interior de la Tierra que de otros objetos
astronómicos. Sabemos aproximadamente de qué está hecho, y gracias a la
información de las ondas sísmicas conocemos su densidad. Pero ignoramos
cómo está de caliente. Hay grandes discrepancias en esta medida.
P.- ¿Cómo se mide la temperatura del centro de la Tierra?
R.- El centro de la Tierra es una gran bola de hierro, así que el truco
para medir la temperatura es estudiar las propiedades del hierro. En el
núcleo hay una parte de hierro líquido y otra sólida, porque el metal,
aunque está mucho más caliente, solidifica por la presión. Gracias a
esto, estudiando las condiciones a las que el hierro fundido solidifica
podemos derivar la temperatura del núcleo sólido.
P.- ¿Por qué hay tantas discrepancias en la medida?
R.- El método de derivar la temperatura estudiando las propiedades del
hierro fundido es antiguo, pero es un material muy complejo, con muchas
fases cristalográficas distintas y una estructura electrónica también
muy complicada: el hierro del núcleo sólido terrestre es un material
completamente diferente del que vemos en la vida cotidiana. Por esto las
estimaciones de la temperatura oscilaban en varios miles de grados,
hasta hace unos años.
P.- ¿Y ahora?
R.- Desde hace cuatro décadas se usan diamantes para generar presiones
muy altas , porque es el material más duro que existe. Pero sólo hace 13
años que podemos generar a la vez altas presiones y altas temperaturas,
algo logrado gracias al desarrollo de los láseres. Ésa se ha convertido
en nuestra especialidad: alcanzar presiones de millones de atmósferas y
temperaturas de miles de grados.
P.- ¿Cuál es la última medida?
R.- Nuestro principal logro ha sido reducir la incertidumbre en la
medidas. Hoy podemos decir que la temperatura en el centro de la Tierra
ronda los 4.600 grados, con un margen de error de unos cientos de
grados. Es mucho menos de lo que indicaban las estimaciones anteriores;
la gente pensaba que estaba muy por encima de los 6.000 grados.
P.- ¿En qué consiste su técnica?
R.- Primero usamos los diamantes para generar las presiones. Los
diamantes son transparentes y podemos ver la muestra. Entonces la
calentamos con un láser infrarrojo muy estable y potente, y analizamos
la luz que emite el material calentado. El espectro de esta luz da una
medida muy precisa de la temperatura del material.
P.- Pero ¿cómo sabe que ha llegado a la presión correcta en el centro de
la Tierra?
R.- No llegamos a las presiones del centro de la Tierra todavía. Pero sí
podemos medir la temperatura de fusión del hierro a medida que la
presión aumenta, y después, extrapolamos a las condiciones del núcleo
sólido terrestre. Es una extrapolación relativamente pequeña. Hemos
medido ya lo que ocurre a dos millones de atmósferas, y la presión real
en el centro es de unos 3.200 millones. Antes se extrapolaba mucho más.
P.- ¿Qué viene ahora, cómo lograr una medida aún más precisa?
R.- El objetivo principal ahora no es tanto medir las propiedades del
hierro fundido como estudiar también otros materiales, para crear una
base de datos que permita construir buenos modelos teóricos. Ahora hemos
vuelto a estudiar materiales muy simples, como el helio, porque hemos
encontrado que las predicciones teóricas son muy imprecisas.
P.- ¿Ayudará esto a explicar el magnetismo terrestre y el fenómeno de la
inversión de los polos magnéticos ?
R.- Será importante para mejorar los modelos. La temperatura es un
parámetro clave en estos modelos. El calor que sale de dentro del núcleo
es una de las principales fuerzas que interviene en la convección, así
que hay que conocerlo bien.
P.- Se habla de una carrera para lograr que el hidrógeno metalice, es
decir, que se vuelva conductor de la electricidad, a temperatura
ambiente.
R.- Sí, se ha predicho que el hidrógeno a altas presiones se vuelve
conductor. Es muy importante porque es posible que sea superconductor, y
si se lograra a temperatura ambiente tendríamos un superconductor a
temperatura ambiente.
P.- Eso sería una revolución.
R.- Imagínese. Todo el mundo quiere ser el primero. Aunque es un
experimento muy difícil y no hay mucha gente trabajando en ello. Quien
lo consiga será un claro candidato al Premio Nobel. Nosotros acabamos de
empezar a trabajar en este campo y estamos haciendo un gran esfuerzo
para adaptar el laboratorio. El hidrógeno es un material muy simple,
pero a altas presiones se vuelve muy complejo y es muy difícil predecir
su comportamiento. Por ahora la incertidumbre en las estimaciones de la
presión de metalización para el hidrógeno es muy alta, varía de 1 a 20
millones de atmósferas.
P.- ¿Cuándo se logrará?
R.- Podría ser mañana. La tecnología está ahí.
P.- ¿Por qué se vuelve el hidrógeno conductor a altas presiones?
R.- Cambia la estructura electrónica por la presión. Hay otros ejemplos,
como el gas noble zenón; si lo comprimes a temperatura ambiente, a
aproximadamente un millón de atmósferas, se vuelve un metal. Y lo mismo
pasa con la sal; a altas presiones parece sal de mesa, pero es un metal.
Y hay otros muchos casos en los que los materiales metalizan sólo
mediante la presión. El hidrógeno no es una excepción, la única pregunta
es a qué presión ocurrirá.

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El País http://www.elpais.es/

LOS 100 AÑOS DE FERMI Y HEISENBERG
Por: Francisco J. Yndurain

En bandos contrarios debido a la emergencia de la Alemania nazi, ambos
se enfrentaron al reto de la energía nuclear

Se celebra este año el centenario del nacimiento de dos de los más
grandes físicos de la historia, el alemán Werner Heisenberg y el
italiano (posteriormente estadounidense) Enrico Fermi. Físicos que, en
unión de Einstein, forman la trilogía de los más influyentes no sólo en
la ciencia, sino en todo el tejido social del siglo XX.

Heisenberg fue el principal creador de la mecánica cuántica, la mayor
revolución intelectual de la física desde Galileo y Newton; y Fermi
contribuyó de forma decisiva a su desarrollo. Pero, además de esto, los
azares de la historia hacen que ambos participaran, simultáneamente, en
uno de los desarrollos que han marcado la segunda mitad del siglo XX: el
de la energía nuclear. Fermi, en primer lugar en Roma y, a partir de
1938, en el exitoso programa nuclear americano; y Heisenberg en el
fallido de la Alemania nazi. Me referiré exclusivamente a esta faceta de
ambos.

En el proceso de resolución del rompecabezas nuclear dos piezas clave
fueron el italiano Fermi (que produjo las primeras fisiones nucleares) y
los radioquímicos alemanes Otto Hahn, Fritz Strassman y Lisa Meitner y
Otto Frisch (los últimos, de hecho austríacos, fueron los que explicaron
el fenómeno). Resulta irónico que, todos ellos ciudadanos de países del
eje, fueran obligados a exiliarse por el fanatismo antijudío de Hitler.
Meitner y Fritsch, judíos, realizaron su descubrimiento en Suecia, y
Fermi, cuya esposa era de origen judío, también se exilió, en 1938, al
quedar claro que la alianza de Hitler con Mussolini les ponía en
peligro.

Fermi fue quien primero se dio cuenta de la importancia de utilizar
neutrones de poca energía (conocidos como neutrones térmicos) para
penetrar en el interior de los núcleos, a partir de 1934, y quien
realizase la irradiación sistemática de los elementos de la tabla
periódica. No es casualidad que fuese Fermi quien realizó este
descubrimiento y quien primero comprendió su significado: si no se le
ocurría una teoría para progresar en el conocimiento de la naturaleza
física, hacía los experimentos que le permitieran avanzar en este
conocimiento; y si en el experimento le faltaba un aparato, lo fabricaba
él mismo. Además, después de realizar el experimento, Fermi pasaba a un
estudio teórico de los resultados encontrados, con lo que su capacidad
para comprender rápidamente nuevos fenómenos era extraordinaria. En los
años treinta se concentró en el estudio experimental del núcleo atómico:
el grupo de Roma se dedicó a irradiar con neutrones todos los elementos
conocidos. Las medidas obtenidas con esto, y los cálculos teóricos
resultantes fueron esenciales en el desarrollo posterior de los
reactores.

Los puntos clave que llevan a la utilización de la fisión nuclear son,
primero, que al golpear núcleos de uranio con neutrones éstos se rompen
y se genera una enorme cantidad de energía; y segundo, que se liberan
mas neutrones de los que iniciaron la reacción. Los problemas son que
sólo un isótopo (variedad) del uranio, el U-235, produce suficientes
neutrones para obtener una reacción autosostenida; pero este isótopo se
encuentra en ínfimas cantidades en la naturaleza. El segundo y el tercer
problema para construir un reactor nuclear son: cómo frenar los
neutrones (dado que únicamente los lentos reaccionarán antes de
abandonar el material) y cómo controlar el proceso. Debido a que sólo un
isótopo de uranio produce suficientes neutrones, era necesario
enriquecer la mezcla de uranio, aumentando la proporción de isótopo
U-235 (para una bomba necesitamos U-235 casi puro, o plutonio, obtenido
éste en un reactor) y avanzar en la investigación con una mezcla de
empirismo experimental y cálculos teóricos. Éstos últimos eran
extraordinariamente complejos.

Reacción sostenida

En diciembre de 1972 Fermi consiguió, en los sótanos de la Universidad
de Chicago, una reacción nuclear sostenida en una pila de capas de
uranio y grafito (que frenaba a los neutrones), controladas por barras
de cadmio que absorbían neutrones y, por lo tanto permitían el manejo de
la reacción, en un delicado equilibrio. Hay pocas dudas de que la
pericia de Fermi ahorró a los americanos años de difícil
experimentación, y más de un fracaso. Como ejemplo, la primera explosión
de una bomba atómica en Nevada, el 16 de julio de 1945, demostró que los
cálculos teóricos de su potencia estaban equivocados casi en un factor
10. Sin la experiencia conseguida con el manejo del reactor los errores
hubieran sido mucho mayores y habrían, tal vez, hecho imposible
construir un ingenio explosivo.
Frente a la capacidad tanto teórica como experimental de Fermi, y el
soberbio plantel de científicos reunidos en el proyecto norteamericano,
al grupo alemán era muy inferior. Heisenberg, teórico de principio a
fin, tuvo serios problemas incluso a la hora de obtener el título de
doctor. Esto incluía, en Alemania, un examen de física del candidato:
examen en el que Heisenberg mostró un desconocimiento total de todo lo
que no fuese la más pura teoría. Wilhelm Wien, que estaba en el
tribunal, era partidario de suspenderle, pero, aparentemente, Arnold
Sommerfeld le convenció del error que sería no pasar a una persona tan
brillante. Finalmente Heisenberg recibió su doctorado, pero con la
calificación más baja posible.

Es probable que este desinterés de Heisenberg por la experimentación
fuera una más de las causas del fracaso del programa alemán de fisión
nuclear, encomendado al grupo dirigido por él, el cual, intentando bajo
su recomendación utilizar agua pesada, muy escasa y difícil de producir
(en lugar de grafito, como el grupo de Fermi), y con un importante
desconocimiento de secciones eficaces y ritmos de producción de
neutrones, no pasó de construir prototipos de laboratorio, ninguno de
los cuales funcionó. No es extraña la reacción de Walther Gerlach cuando
se enteró de que los norteamericanos habían hecho estallar las bombas
atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Dirigiéndose al grupo (que incluía
a Heisenberg) de científicos atómicos alemanes recluidos con él en la
granja de Farm Hill, donde los aliados les llevaron al final de la
guerra en Alemania, les espetó: '¡Si esto es cierto, ustedes son unos
incompetentes!'

Efectivamente, lo eran; excepto el propio Gerlach, y Heisenberg, uno de
los teóricos más brillantes del siglo, pero con serias carencias como
experimentador.

Queda la pregunta de si los germanos podrían haber construido una bomba
atómica si no hubiesen espantado a sus mejores científicos. La respuesta
es: muy probablemente no. Y ello debido a la cuestión económica. Después
del fin de la guerra, dos misiones norteamericanas se desplazaron a
Alemania y a Japón con el fin de, entre otras cosas, estudiar la
situación económica de estos países antes, durante y después de la
guerra. El conocido economista John K. Galbraith fue parte de ambas, y
cuenta algunos resultados en su autobiografía. La economía alemana,
según estos estudios, superaba a la británica en un 30%, aunque estaba
muy mal gestionada. El esfuerzo de guerra era tal que no quedaban
recursos, en ninguno de estos dos países, para dedicarlos a una incierta
investigación nuclear: Gran Bretaña la abandonó completamente en 1943,
al darse cuenta de lo costoso del programa y lo aleatorio de sus
resultados. Los proyectos alemanes nunca tuvieron una financiación
suficiente, ni de lejos. Únicamente los Estados Unidos, con un producto
bruto que casi duplicaba al alemán (y que era diez veces superior al
japonés) pudo permitirse el lujo de mantener una guerra con las dos,
Alemania y Japón, y, además, en plena guerra, en 1944, gastar el billón
de dólares que el proyecto Manhattan (nombre en clave del programa
nuclear americano) consumía al año en una empresa cuya factibilidad no
estaba garantizada.

La Unión Soviética consiguió resolver el problema de la utilización
bélica de la energía nuclear en 1948: indudablemente, el saber que esta
utilización era posible, y conocer los métodos empleados por los
norteamericanos ayudó enormemente al programa nuclear soviético. Francia
(uno de cuyos científicos, Frédéric Joliot, fue quien primero midió
flujos de neutrones y consideró la posibilidad de producir reacciones en
cadena) y Gran Bretaña hubieran podido fabricar ingenios autóctonos en
las mismas fechas, si hubieran dedicado a tal fin el mismo esfuerzo que
los rusos; al no hacerlo, retrasaron su incorporación al club. Sin
embargo, tanto Francia como Gran Bretaña construyeron reactores
nucleares experimentales ya en 1948 y Canadá, aunque con ayuda de
científicos franceses y británicos, se les adelantó con un reactor, que
utilizaba agua pesada como moderador, en 1945.
El ejemplo de Canadá pone claramente de manifiesto la falta de altura de
los científicos que se alinearon con el III Reich. Es cierto que
Alemania, como se ha dicho, no hubiese podido fabricar una bomba
atómica, para lo que le faltaban los recursos económicos que requería la
producción de plutonio en reactores o la separación masiva del U-235;
pero si el grupo germano hubiese sido de mayor altura científica, en
especial en la vertiente experimental y fenomenológica, podrían, muy
probablemente, haber conseguido que funcionase un reactor de agua pesada
antes que los canadienses. Pero los Bethe, Meitner, Frisch y tantos
otros se habían marchado.

                           ------------------

El País http://www.elpais.es/

EL INICIO DEL ARTE SE REMONTA A MÁS DE 35.000 AÑOS, INDICAN NUEVAS
DATACIONES
Por: Malen Ruiz de Elvira - Madrid

Las magníficas pinturas rupestres del norte de España y sur de Francia,
presentes en las cuevas de Altamira, Lascaux y Chauvet, entre otras, no
son contemporáneas, como se creía a la luz de su parecida complejidad
artística. En la cueva de Chauvet, numerosas dataciones realizadas en
los últimos años y compulsadas científicamente han convertido en hecho
lo que muchos historiadores y arqueólogos se resistían a aceptar: sus
pinturas tienen alrededor de 35.000 años de antigüedad, más del doble
que otros ejemplos artísticos de su calidad. Las pinturas de Altamira y
de Lascaux pertenecen al periodo magdaleniense (entre 12.000 y 17.000
años).

Este convencimiento procede de que ahora se puede datar directamente el
carboncillo utilizado en las pinturas, algo que antes no se realizaba
porque hacía falta una cantidad considerable, lo que implicaba cierto
grado de destrucción de la obra de arte. Con la espectrometría de masas
realizada en un acelerador, que se basa en la separación y análisis de
los distintos isótopos de carbono, el tamaño necesario de la muestra es
mucho menor que en la datación tradicional del carbono 14, explican en
la revista Nature (4 de octubre) los científicos que han realizado el
estudio de la cueva de Chauvet, descubierta en 1994. También se pueden
datar restos de carboncillo mezclado con algún pigmento y las manchas
dejadas sobre las pinturas por antorchas portadas por visitantes a la
cueva.

Ya antes de esta poderosa evidencia se habían datado directa o
indirectamente algunas pinturas consideradas más primitivas en cuevas
francesas que arrojaron edades de entre 22.000 y 28.000 años. Sin
embargo, es en Chauvet donde las pruebas de una antigüedad considerada
incompatible con su complejidad resultan más espectaculares.

Más que ninguna

En la cueva de Chauvet se han descubierto varias salas y galerías con
pinturas impresionantes, y los descubrimientos continúan. Los
científicos disponen ya de 30 dataciones de carbono -más que ningún otro
yacimiento de arte rupestre, aseguran- que coinciden en acercarse o
superar los 30.000 años de radiocarbono. Por ejemplo, en la sala
Hillaire, en el friso de los caballos, dos rinocerontes superan los
30.000 años, mientras que un caballo y la mancha de una antorcha dan
27.000 años. En la sala del cráneo, donde se ha encontrado un cráneo de
oso colocado sobre una piedra caída del techo, las cenizas halladas bajo
él han arrojado 32.000 años de antigüedad. En la sala de los ciervos
gigantes, donde se ha realizado gran parte de las últimas dataciones,
casi todas superan los 31.000 años.

Como señala en la revista National Geographic (agosto 2001) Jean
Clottes, director del equipo de investigación de la cueva de Chauvet,
32.000 años de radiocarbono equivalen a 35.000 años civiles, lo que
permite asegurar que 'unos cuantos miles de años después de que
aparecieran en Europa los humanos anatómicamente modernos, el arte
rupestre había alcanzado su máximo nivel de complejidad'.

Las pinturas se han conservado gracias a que un derrumbamiento selló el
acceso a la cueva hace más de 20.000 años. El radiocarbono ha permitido
saber que hubo dos periodos de uso de la cueva por los humanos, el
original y otro unos 6.000 años después. La cueva, explica Clottes, no
fue nunca habitada. Era un lugar mágico.

==== RINCÓN DEL LECTOR ================================================

RÉPLICA A RADICALISMO Y MISERIA
Por: Hernán Toro

No puedo dejar de emitir una opinión con respecto a la interesante
crítica publicada por ustedes sobre al artículo de Dawkins que
publicamos traducido en el website Escépticos Colombia: "Misiles mal
guiados de la religión", de Richard Dawkins. Estoy de acuerdo con una
buena parte de su crítica, sin embargo, hubo igualmente muchas,
muchísimas ideas que no puedo deglutir con facilidad.

En lo que concuerdo sería que el artículo de Dawkins es realmente una
gran simplificación: no analizó las causas sociales y políticas por las
cuales una persona pueda abrazar un fundamentalismo. Es claro que la
creencia en la religión no es la causa única ni suficiente para causar
el tipo de masacres ya vista.

Lo que no comparto es más extenso. La presentación que se hizo del
artículo de Dawkins me pareció casi una caricaturización frente a lo
que, en mi opinión, era lo que el autor intentaba señalar; esta imagen
fue facilitada por algunas opiniones bastante desviadas que había
emitido, como la de la testosterona y los poco atractivos jóvenes
rechazados por mujeres. No obstante, desde un punto de vista muy
personal, me pareció bastante claro que la intención de Dawkins con el
artículo era destacar el tipo de dinámica mental que debería tener un
terrorista para evadir el instinto natural de autoconservación. No me
parece que el enfoque más adecuado para entender qué ocurre en la psique
de un fanático que acepta gustosamente la autodestrucción sea un
análisis sociopolítico. En este sentido, me pareció claro que una
postura religiosa es un factor fundamental para obtener una mentalidad
capaz de destruirse a sí misma para aniquilar miles de personas. Por
supuesto, en la misma línea del autor cuando dice que: <<Vivimos en un
país predominantemente católico (...) pero nadie va estrellando aviones
contra edificios>> no podemos caer en el error de entender en esto que
todas las religiones sirven para imbuir pensamientos autodestructivos en
el hombre. Lo que sí hay que comprender es que una religión que prometa
un cielo a quienes mueran oponiéndose o luchando contra los fieles de
otros credos, es un camino directo a obtener este tipo de fanáticos. Tan
cierto es, que justo al final del análisis histórico de la zona
ejemplificada en la crítica, se toca el punto neurálgico (énfasis mío):

<<Una zona pobre y atrasada en la que los continuos agravios habían
creado un caldo de cultivo perfecto para la difusión de la visión
fanática del Islam que se impartía en escuelas coránicas. Sus
estudiantes (talibán) rechazaban todo lo que no fuera el Corán. Para
ellos, sólo la vuelta a la supuesta pureza de la fe primitiva les
devolvería el esplendor pasado que tanto contrastaba con su presente
mísero y su futuro sin expectativas. Cuando no se posee nada, nada puede
perderse y hasta la muerte puede parecer una liberación para el
desesperado.>>

Es bien claro en qué se basan las escuelas coránicas fanáticas para
adoctrinar al típico Talib. Sin el Corán de por medio, no habría un
mensaje de vida eterna instantánea por la cual valiera la pena la
autoinmolación. En esta misma línea, pero de forma más grave, viene el
segundo aspecto del cual discrepo. Bien al inicio de la crítica se dice
lo siguiente (énfasis añadido):

<<Para no dar pie a que se inicie una persecución contra los creyentes
de la religión musulmana tildándoles de fanáticos, nos apresuraremos a
explicar que lo antedicho no pasa de ser una lectura absolutamente
errónea de los mandatos coránicos. >>

El autor, entra en el resbaladizo y espinosísimo terreno de cuál debe
ser la "lectura correcta" de cualquier libro sagrado. Cualquier
historiador sabe cuál ha sido el resultado de las discusiones teológicas
(exacerbadas por posturas políticas) con respecto a lo que debe ser la
interpretación de una escritura.

El peligroso terreno al que se entra es una especie de versión islámica
de cuál es la verdadera fe Cristiana: ¿Escritura, Magisterio y
Patrística?... ¿Escritura y Patrística?... ¿Sólo Scriptura?... También
se podría asemejar a la discusión protestante: ¿Se puede perder la
salvación?... O incluso, se puede llegar al conflicto entre las
versiones liberales del protestantismo y las alas fanáticas y cuasinazis
como la del Reverendo Pat Robertson... ¿Quién tiene la razón?... Un
racionalista escéptico no tiene mucho que decir cuando lo que se juzga
es la "verdadera interpretación" de un texto sagrado (i.e: cúmulo de
mandatos e historias míticas y contradictorias), aunque no dejaré de
emitir una opinión más abajo.

Más adelante, se lee (énfasis añadido):

<<El concepto de martirio se limita al hombre que muere combatiendo por
el Islam, no incluye el asesinato de mujeres, niños y hombres inocentes.
Nada en el Corán justifica (y mucho menos
recompensa) un comportamiento como éste. >>

Me parece realmente incomprensible que unos estudiantes religiosos que
<<...rechazaban todo lo que no fuera el Corán...>>> pudieran dejar de
notar que supuestamente <<nada en el Corán justifica>> las masacres que
están cometiendo. En realidad, esta última afirmación es falsa, aunque
nos podamos escudar en el engañoso concepto de la "exégesis incorrecta"
para defenderla. No obstante,  puedo estar equivocado por ser sólo un
impío juzgando una "escritura sagrada". Aún así, no puedo evitar el
defender mi frágil exposición citando algo. En el Corán, Sura 2, aleya
190 y siguientes se puede leer esto (énfasis mío):

<<Combatid por Dios contra quienes combatan contra vosotros, pero no os
excedáis. Dios no ama a los que se exceden.  Matadles donde deis con
ellos, y expulsadles de donde os hayan expulsado. Tentar es más grave
que matar. No combatáis contra ellos junto a la Mezquita Sagrada, a no
ser que os ataquen allí. Así que, si combaten contra vosotros, matadles:
ésa es la retribución de los infieles. Pero si cesan, Dios es
indulgente, misericordioso. Combatid contra ellos hasta que dejen de
induciros a apostatar y se rinda culto a Dios. Si cesan, no haya más
hostilidades que contra los impíos. >>

¿Cuál puede ser la interpretación de este texto? Para mí, un impío, es
bastante clara: Los que tientan e incitan a apostatar de la fé islámica
están cometiendo un acto peor que matar, es prácticamente un combate por
la salvación. El infiel que fomenta la apostasía merece la muerte,
dondequiera se dé con él. Si dejan de inducir a la apostasía y rinden
culto a Dios, no hay que matarles. La única hostilidad que permanecerá
será contra los impíos (ateos).

Estas aleyas de ninguna manera son las únicas en este sentido. Y aunque
esta es sólo mi interpretación, la que le aplicaría igualmente a
cualquier otro texto, puede que yo esté equivocado. Es bien sabido que
los impíos no tenemos la iluminación necesaria y la calidad moral para
entender la palabra revelada de Dios. La verdadera interpretación debe
recaer sobre los fieles estudiantes del Corán, que dedican su vida a
estos menesteres "sagrados".

Por supuesto, me quedan más dudas en esta misma parte. Cuando el autor
de la crítica emite el concepto de que <<El concepto de martirio se
limita al hombre que muere combatiendo por el Islam, no incluye el
asesinato de mujeres, niños y hombres inocentes.>>, habría que tener
bien en claro lo que se considera como martirio y como "hombre inocente"
en cada una de esas culturas. En occidente, aunque un ateo (infiel) es
mal visto, hasta el punto en que algunos presidentes de países genocidas
pueden tener el descaro de decir que un ateo no puede ser un buen
ciudadano, dichos individuos no se consideran criminales ni
delincuentes. Por el contrario, para la fé islámica, los ateos no
merecen ningún tipo de consideración, a diferencia de los judíos y
cristianos, a los cuales se les puede dar algo de respeto. Esto, claro
está, desde una interpretación del Corán, que puede estar completamente
equivocada.

En esta misma línea argumental resbaladiza, en la cual me introduje
siguiendo el rastro dejado por la crítica, no puedo dejar de centrar la
vista en lo que considero otro equívoco:

<<De este concepto de compartir la misma divinidad surgen párrafos de
tolerancia y respeto
como el siguiente: “Los creyentes, los judíos, los cristianos, los
sabeos, quienes creen en Dios y en el Último Día y obran bien, ésos
tienen su recompensa junto a su Señor. No tienen que temer y no estarán
tristes.” (El Corán, 2-62) [2] Estos asesinatos no se han cometido por
los preceptos coránicos sino en contra de ellos.>>

Lo cual no quita que muchos otros textos Coránicos borren con la manga
lo escrito con la mano en el párrafo anterior:

<<¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura, no creen en
Dios ni en el último Día, ni prohíben lo que Dios y Su Enviado han
prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados,
paguen el tributo directamente! (Corán, Sura 9 aleya 29)>>

En esta línea, de una de las últimas Suras de Mahoma, se puede leer, a
menos que mi impiedad me impida captar el "sentido verdadero", que los
judíos y cristianos que no se pasen al Islam serán combatidos hasta que
tengan que pagar los impuestos respectivos. Y de nuevo, no es, ni de
lejos, la única aleya en este sentido.

Para recapitular, me parece que quienes extraen quirúrgicamente algunos
textos más o menos tolerantes de un texto sagrado, omitiendo otros que
pueden ser bastante virulentos, están cayendo en la misma dinámica
religiosa de los teólogos que se envuelven en enconadas disputas sobre
la verdadera interpretación de la fe con respecto a cientos de doctrinas
contradictorias dentro de un libro sagrado. El Corán, al igual que la
Biblia, está entretejido con mensajes que pueden ser muy misericordiosos
en algunos casos, y bárbaros, xenófobos, intolerantes, discriminatorios
y asesinos, en otros.

Así, cuando algunos grupos islámicos hacen lecturas dispares,
discrepantes, no debemos entrar en el sinsentido de juzgar como erróneas
las interpretaciones que van en contra de la cultura occidental, y como
válidas sólo aquellas lecturas liberales y progresistas que nos agradan.
La intolerancia al igual que la tolerancia están inmersas en el Corán de
la misma forma contradictoria como están inmersas en la Biblia.

Por esa razón, considero equívoco el siguiente texto:

<<¿Por qué entonces algunas personas hacen una lectura de El Corán en
clave fanática transformando de forma perversa un mensaje de amor y
tolerancia en odio e intransigencia?>>

Es muy difícil para cualquiera el sostener racionalmente que la lectura
de una secta musulmana tolerante es la lectura correcta del Corán,
mientras que una lectura fundamentalista y orientada al martirio en la
Jihad es una tergiversación perversa. En mi opinión, cuando se lee el
libro con mentalidad neutral, se puede concluir que es un libro que
mezcla intransigencia e intolerancia con tolerancia medida. Aún así, no
es de extrañarse que un texto sagrado tenga mandatos morales. Lo que sí
extraña es que nos hagamos los de la vista gorda ante los pasajes que
mandan directamente a matar impíos, a menos que se conviertan, y que
terminemos catalogando la totalidad de la Escritura como mensaje de
<<amor y tolerancia>>. Podemos estar seguros de que si la fé Islámica no
tuviera el Corán, con sus pasajes que incitan al asesinato de los
enemigos del Islam, prometiendo a cambio de la muerte de mártir, un
jardín con fuentes inagotables y muchas esposas por toda la eternidad,
entonces ningún juicioso talib, al escrutar sus escrituras, habría
encontrado aleyas que respaldaran las actitudes asesinas. De seguro no
habrían sido musulmanes quienes se hubieran autoinmolado para acabar con
el enemigo. Pero casi con total seguridad, hubieran sido personas con la
mente lavada por mitos religiosos.

Por último, aunque estoy completamente de acuerdo con el impecable
análisis histórico que hace José Luis Calvo Buey con respecto a los
países enfrascados en este conflicto, tengo algo más que decir con
respecto al análisis de las causas históricas de la aceptación de una
lectura del Corán <<en clave fanática>>: aunque es posible que algunos
de los peones rasos que se autoinmolaron en los Boeings fueran guerreros
islámicos fanáticos provenientes de países destrozados por la guerra, no
necesariamente todos caían en esta categoría y no es totalmente oportuno
decir que la causa fundamental de una postura fanática sea la pérdida de
todas las posesiones y el desplazamiento por los conflictos militares.
Un solo vistazo al cerebro de la masacre, el multimillonario saudí Osama
bin Ladén, entrenado por la CIA, con redes terroristas en todo el mundo,
con la mejor educación que el dinero puede comprar, ídolo de la mayoría
de las multitudinarias manifestaciones que se ven hoy día en los países
islámicos, dista mucho de la representación patética que se hace de los
"pobres" fanáticos musulmanes.

En conclusión, aunque el autor acierta al decir que la opinión de
Dawkins es una gran simplificación, falla al tratar de presentar al
Corán como un libro tolerante, y a su vez, desvía la atención de una
realidad innegable: aunque la religión no fue causa única y suficiente
de la catástrofe, SI FUE UNA CAUSA NECESARIA. Si no hubiera sido por el
Corán y sus mandatos que instan al asesinato de los infieles a cambio
del Jardín, ningún grupo de personas hubiera tenido la inhumana y
antinatural actitud de autoinmolarse estrellando un avión en un edificio
con decenas de miles de personas. Aunque la causa del odio contra EEUU
sea innegablemente por la opresión imperialista que ha causado en el
resto del mundo, no se podría lograr un robot autodestructivo sin la
menor estima por la vida humana inocente (según nuestro estándar
occidental), si no fuera por las iluminadas e inspiradoras frases del
Corán que instan al asesinato de impíos e infieles. Y el difuminar esta
realidad citando a unos cuantos versículos aparentemente tolerantes, y
al poner como ejemplo creyentes "progresistas" que ignoran mucha parte
de sus escrituras sagradas para poder vivir con los privilegios de una
sociedad laica, hace muy poco bien en dilucidar los factores que
causaron esta hecatombe. Si hay abolición de la esclavitud y derechos
humanos hoy día, no es "gracias a" sino "a pesar de" las escrituras
sagradas esclavistas e inhumanas, tanto de los Judeocristianos como de
los Musulmanes.

Aunque el autor tiene razón absoluta al indicar que la religión no fue
la causa única ni suficiente de la motivación, omite algo muy importante
al no señalar que sí fue la "causa instrumental" para la mentalización
de los ejecutores; y una actitud "políticamente correcta" puede hacer
más mal que bien para una ponderación adecuada de los factores.
Claro que podría encontrarme en un error.
Respetuosamente,
Hernán Toro.

[Nota] * Hernán Toro es miembro del grupo “Escépticos de Colombia” cuya
página web puede ser consultada en
http://www.geocities.com/escepticoscolombia. Igualmente, es webmaster de
la página racionalista de Hernán Toro
http://www.geocities.com/torosaurio

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UN FERIANTE EN LA CORTE DE LUCY
Por: Luis Alfonso Gámez

"Quisiera señalar que ninguno de los involucrados en las investigaciones
sobre el Sasquatch ha creído nunca que ese muñeco fuera un Bigfoot",
escribió Jon Beckjord en 'The Skeptical Inquirer'  en 1982. Cazador de
monstruos, Beckjord no sólo cree que el Sasquatch -una de las
denominaciones del Bigfoot o Pies Grandes- habita los bosques
norteamericanos, sino que también está convencido de que esa supuesta
criatura tiene poderes paranormales. Sin embargo, hasta para él es
demasiado tragarse el cuento del Hombre de Hielo de Minnesota, una
atracción que recorrió Estados Unidos de feria en feria en los años 60
del siglo pasado y que consistía en un bloque de hielo en cuyo interior
había un presunto hombre-mono. La criatura llamó inmediatamente la
atención de los criptozoólogos -buscadores de monstruos- Bernard
Heuvelmans e Ivan T. Sanderson, quienes tras verla concluyeron que se
trataba de un homínido desconocido. La historia empezó a derrumbarse
cuando la Institución Smithsoniana manifestó su interés en examinar el
cuerpo de lo que Heuvelmans y Sanderson identificaban como un neandertal
que había sobrevivido hasta el siglo XX. Entonces, Frank Hansen, el
feriante, dijo que había devuelto la pieza a su propietario, un
millonario, y que lo que exponía en esos momentos era una réplica. Nunca
más se supo del 'monstruo original' y, al final, los criptozoólogos
tuvieron que dar marcha atrás en sus afirmaciones cuando salió a la luz
que el feriante había encargado la fabricación de un figura de látex a
una compañía de efectos especiales de Hollywood. Más claro, agua. Ahora,
el engaño de Hansen ha resucitado de la mano de Bruno Cardeñosa en un
libro, 'El código secreto' (Grijalbo, 2001), en el que el Hombre de
Hielo de Minesota es sólo una de las muchas atracciones fraudulentas,
reinventadas o tergiversadas que presenta el autor.
'El código secreto' es una antología del disparate cuya llegada a las
librerías españolas demuestra que ha fallado el mínimo control de
calidad al que habría de someterse todo original en una editorial seria.
Los despropósitos y falsedades se suceden línea a línea, desde la
primera hasta la última página. La mentira aflora ya en la solapa:
"Bruno Cardeñosa colabora en diversas revistas de divulgación
científica", dice. Lo cierto es que la carrera periodística del
autor -conocido, ante todo, por su actividad como ufólogo- se ha
desarrollado exclusivamente en publicaciones, como 'Más Allá de la
Ciencia' y la desaparecida 'Karma.7', que mantienen que es posible
adivinar el futuro, comunicarse con los muertos y entrar en contacto con
extraterrestres. En esa misma línea, 'El código secreto'  -subtitulado
'Los misterios de la evolución humana'- es un libro contra la ciencia y
los científicos, escrito, además, desde presupuestos antievolucionistas.
Porque resulta evidente que, a la hora de redactarlo, Cardeñosa ha
bebido hasta saciarse de uno de los principales adalides del
creacionismo hinduista, Michael A. Cremo, coautor, junto a Richard L.
Thompson, de 'Forbidden archeology: the hidden history of human race',
publicado en 1993 por la Sociedad Internacional para la Conciencia de
Krishna.
Las similitudes entre ambas obras son tan descaradas que cabe considerar
a 'El código secreto' un 'remake' de 'Forbidden archeology', una versión
española en la que el autor ha incluido, como mucho, un puñado de ideas
propias. Cremo y Thompson defienden en su libro que los humanos
anatómicamente modernos han existido desde hace cientos de millones de
años, que los arqueólogos y paleoantropólogos ocultan e ignoran las
pruebas que apuntan en esa dirección, y que el Yeti, el Bigfoot y otros
monstruos similares son homínidos de otras especies que han sobrevivido
hasta la actualidad en zonas aisladas del planeta. En apoyo de sus dos
primeras afirmaciones, recurren a supuestas evidencias fósiles y
tecnológicas; para respaldar la tercera, a los testimonios y las
pretendidas pruebas recopiladas por los cazadores de seres de leyenda.
El libro de Cardeñosa, una peligrosa mezcla de pseudociencia y ciencia
mal digerida, sigue el mismo esquema y llega a idénticas conclusiones
que el de Cremo y Thompson. Lo único a favor del autor español es que no
ha tenido la osadía de enviar un ejemplar a Richard Leakey, como
hicieron sus colegas estadounidenses.
Así que no tendrá que enfrentarse a críticas como la de Leakey, a quien
bastó echar un vistazo al libro para concluir que 'Forbidden archeology'
"es una completa tontería y no merece ser tomado en serio por nadie si
no es un tonto. Tristemente, hay algunos [tontos], pero eso es parte de
la selección [natural] y no hay nada que se pueda hacer al respecto".

Cuando la realidad resulta incómoda

El juicio del célebre miembro de la saga de los Leakey va como anillo al
dedo a 'El código secreto', una obra alumbrada desde la más profunda
ignorancia y con la única intención de sacar  tajada, a cualquier
precio, de la curiosidad del público por nuestros orígenes. Todo vale
para Bruno Cardeñosa a la hora de traficar con misterios inventados y
abrirse un hueco en el mercado editorial. Así, en el caso del Hombre de
Hielo de Minnesota, oculta a los lectores que en su tiempo se
desenmascaró el fraude y habla del hombre-mono congelado como de una
prueba de que la "'ciencia ortodoxa', que impone su 'verdad' desde los
púlpitos, ha ocultado, y sigue haciéndolo, sospechas, hallazgos y
pruebas suficientes como para volver a escribir algunos de los episodios
más trascendentes de nuestra historia como seres vivos" (p. 13). En aras
de la transparencia que predica, Cardeñosa -quien se define como alguien
que lleva "más de una década" enfrentándose "a realidades que los
científicos prefieren soslayar" (p.16)- cuenta la primera parte de la
historia de Hansen y su criatura, pero se 'olvida' del desenlace. "No es
cuestión de que la realidad estropee un buen titular", dice la máxima
del periodismo sensacionalista. Esta sentencia se hace libro en 'El
código secreto'. Porque el del Hombre de Hielo de Minnesota no es un
caso aislado de falsificación de los hechos por parte del autor, sino la
punta del iceberg, la primera de una larga lista de verdades a medias
con las que intenta llevar a su huerto al lector, engañándole.
No es el objetivo de estas líneas -requeriría de mucho más espacio y
tiempo- analizar una a una las presuntas pruebas presentadas por
Cardeñosa para apoyar sus disparatadas tesis. Pero sí me voy a detener
en dos ejemplos reveladores: las huellas del lecho del río Paluxy y las
piedras de Ica. Para el autor, se trata de evidencias que demuestran que
el hombre convivió con los dinosaurios. Nada más y nada menos.
El lecho del río Paluxy, en Glen Rose (Texas, EE UU), es punto de
referencia obligado cuando se habla de una Humanidad como la plasmada en
'Los Picapiedra'. Allí, indica Cardeñosa, hay huellas de dinosaurios
junto a otras de seres humanas que habrían vivido en la época de los
'lagartos terribles'. Sin embargo, no es eso lo que sostiene Glen Kuban,
un biólogo que demostró en 1989 que algunos de los 'pies' del río Paluxy
son en realidad parte de las huellas plantares de  dinosaurios. "Algunas
pretendidas 'huellas humanas' de Glen Rose -explicaba en la obra
colectiva 'Dinosaur tracks and traces'- no se distinguen de huellas
metatarsales de dinosaurios, cuyas impresiones digitales han
desaparecido rellenadas por el barro, a causa de la erosión o debido a
otros factores. Otras depresiones alargadas de Glen Rose incluyen
figuras producto de la erosión y posibles marcas de colas, algunas de
las cuales también han sido confundidas con huellas humanas". Los
trabajos de Kuban, mediante el análisis cromático y de texturas de las
improntas, han demostrado sobre el terreno que las huellas
pretendidamente humanas pertenecen en realidad a dinosaurios. Sin
embargo, en 'El código secreto', se desestima esta explicación con el
peregrino argumento de que no se ha "encontrado jamás una huella no
humana similar" (p. 103) -¿acaso no pueden ser las primeras?- y
recurriendo a otros 'expertos' -entre ellos, el "antropólogo Carl Baugh"
(p.103)- para quienes los rastros son humanos y datan de hace 140
millones de años. Baugh ni es antropólogo ni tiene ningún título
superior, por mucho que Cardeñosa le atribuya falsas credenciales; es
reverendo y, como su admirado Michael A. Cremo, un furibundo
creacionista cuyas afirmaciones ponen en duda sus propios
correligionarios. Una vez más, el fabricante de misterios español opta
por la explicación extraordinaria frente a la demostrada por la ciencia,
oculta información clave al público y toma partido descaradamente por
los antievolucionistas.
Algo parecido ocurre con las piedras de Ica (Perú), grabadas con escenas
de caza de dinosaurios, complejas operaciones quirúrgicas y viajes
aéreos a bordo de aves antediluvianas. El grupo de defensores de estas
piezas, cuyo propietario es el médico limeño Javier Cabrera, se reduce a
un puñado de 'fabricantes de paradojas' -como acertadamente los
denominaba el fallecido Carl Sagan- liderado por Juan José Benítez, que
exprimió este filón lítico en su libro 'Existió otra humanidad'. A pesar
de las confesiones de los campesinos, que han reconocido que realizan
los grabados para vender las piedras al crédulo de Cabrera, y de que
numerosos análisis han demostrado que las incisiones son recientes y se
han utilizado lijas, sierras y ácidos, Cardeñosa rebusca entre los
estudios para encontrar un par -uno ambiguo y otro escasamente fiable-
de los que colgar su tesis: "Que los grabados se efectuaron en la misma
era geológica en la que se formaron las piedras. Es decir, en la era de
los dinosaurios" (p. 98). La navaja de Occam vuelve a funcionar al
revés; curiosa forma de proceder en un autocalificado divulgador
científico.
Los burdos ejemplos de Paluxy e Ica están acompañados de otros muchos,
pobremente descritos, de descubrimientos paleontológicos y tecnológicos
que desafiarían, según el autor, nuestra concepción actual de la
evolución humana: huesos de 'Homo sapiens' en estratos de hace 280
millones de años -el hombre habría surgido en el camino evolutivo antes
que los mamíferos, pero eso no parece turbar al autor-, huellas de
zapatos de hace 500 millones de años, clavos de hace 360 millones de
años, herramientas de piedra de hace 5 millones de años en Portugal...
Muchos son 'hallazgos' del siglo XIX o principios el XX que, como las
malas películas, no han superado el paso del tiempo. Cardeñosa,
obviamente, sólo cuenta en estos casos una parte de la historia o,
cuando presenta las dos, tergiversa la explicación convencional para
engordar el misterio. En general, hace lo mismo que sus maestros Cremo y
Thompson, quienes ignoran que tan importante o más que una pieza
concreta es localizarla debidamente en su contexto y que el valor
histórico de los materiales recuperados en una excavación reside en que
se recuperen de forma sistemática, en que luego se pueda reconstruir en
el yacimiento en el laboratorio.
Por si eso fuera poco, vuelve a ocultar a al lector en numerosas
ocasiones que se ha demostrado hace tiempo que esos hallazgos que, en su
opinión, no encajan en el escenario abocetado por los especialistas o
bien no se encontraron donde se dijo en un principio o bien no
corresponden a lo que se pretende. Es decir, Cardeñosa lleva a la
práctica lo mismo que achaca a los científicos cuando afirma que "la
historia de la evolución humana se ha borrado de acuerdo con el guión
preestablecido. Si algo no encaja, se menosprecia. O se encaja a la
fuerza, a riesgo de faltar a la verdad y a la razón empírica" (p. 162).
Como sentencia el dicho castellano, "cree el ladrón que todos son de su
condición". Pero todo vale a la hora de trasladar la propia falta de
rigor a otros, incluido culpar de la situación a esas imaginarias
conspiraciones tan del gusto de los charlatanes pseudocientíficos: "Las
pruebas de tan arriesgadas afirmaciones [se refiere a la existencia de
'Homo sapiens' hace decenas de millones de años] están en esos 'archivos
secretos' que la ciencia y los científicos parecen empeñados en mantener
lejos del alcance del gran público, por la sencilla razón de que no se
ajustan a los patrones establecidos" (p. 147).

Todo el genoma en un cromosoma

'El código secreto' es un libro que ataca a la ciencia, pero que, al
mismo tiempo, se sirve de ella para intentar disfrazar su mensaje hostil
de inocente y bienintencionada heterodoxia. Cardeñosa mezcla
indiscriminadamente información científica -muchas veces, erróneamente
interpretada- con otra procedente de fuentes pseudocientíficas. A ojos
del lector, coloca a la misma altura la posibilidad de que el hombre
conviviera con los dinosaurios que los hallazgos de Olduvai, a Lucy que
al Yeti.
Otorga, a charlatanes como Erich von Däniken, Peter Kolosimo, Jacques
Bergier y Zecharia Sitchin, la misma o más credibilidad que a
científicos como Glen Kuban, Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de
Castro y Eudald Carbonell. Todos ellos, sin distinción, son
investigadores. Así, abundan ejemplos de 'travestismo intelectual' como
el del ufólogo francés Aimé Michel, reconvertido en el mucho más digno
de crédito "antropólogo galo Aimé Michel", y hasta el más delirante
charlatán ibérico se transmuta en 'investigador'. A la hora de elaborar
el libro, Cardeñosa ha seguido esa misma línea y se ha nutrido, a partes
iguales, de literatura pseudocientífica y de auténtica divulgación. De
los 67 libros que cita y recomienda en la bibliografía, más de una
treintena corresponde a ufólogos y a quienes propugnan que la Tierra fue
visitada en el pasado por extraterrestres que enseñaron a nuestros
torpes ancestros a hacer maravillas: títulos como 'Astronaves en la
Prehistoria', de Kolosimo, y 'Los extraterrestres en la historia', de
Bergier, se recomiendan junto a 'El origen de las especies', de Charles
Darwin, y 'La especie elegida', de Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez.
Y, en lo que se refiere a las revistas, equipara, por ejemplo, las
demenciales 'Año Cero' y 'Enigmas' con 'Nature', 'Science' e
'Investigación y Ciencia'. Es una manera como otra cualquiera de sembrar
la confusión, de minar la capacidad crítica del lector poco informado,
que, desorientado, concederá el mismo crédito a todas las fuentes y
autores citados. Un juego sucio que no sólo practica, sino del que
también se beneficia personalmente el propio Cardeñosa.
El autor se presenta reiteradamente como divulgador o periodista
científico porque es indudable que, de un tiempo a esta parte, esa
denominación da una especie de pátina de credibilidad. Es posible que
engañe a los más incautos; pero a nadie medianamente informado, porque,
sin entrar en profundidades, su ignorancia es manifiesta respecto a la
evolución, a la paleoantropología, a la arqueología, y a la ciencia y a
la cultura en general. Concede la misma relevancia a pruebas
consistentes que a otras que no lo son, prefiere 'siempre' las
explicaciones extraordinarias a las ordinarias, pero pone la guinda a su
incompetencia cuando incurre en muestras evidentes de analfabetismo
científico. Algunas tan brutales que cualquiera que siga la actualidad a
la través de la Prensa es capaz de detectarlas. También sin ánimo de ser
exhaustivos, veamos un par de ejemplos.
Cardeñosa dedica parte de su obra a describir los conocimientos actuales
sobre la evolución humana -lo que sabe la que él denomina 'ciencia
oficial'- y, evidentemente, incluye información sobre los
descubrimientos realizados en los últimos años en los yacimientos de
Atapuerca. Lo primero que demuestra es una clara hostilidad hacia el
trabajo de Arsuaga, Bermúdez de Castro y Carbonell, los codirectores de
las excavaciones burgalesas, de quienes dice que "su ansia de
inmortalidad científica les ha llevado a vender más titulares que
verdades" (p. 280). "Atapuerca es, sobre todo, espectáculo", mantiene, y
añade que "los habitantes del pasado de Atapuerca son un monumento
nacional intocable, pero repleto de claroscuros. Tiene sus luces, y
muchas. Pero Atapuerca es, a mi entender, sinónimo de misterio y también
de polémica. Atapuerca está oscurecida por largas sombras y pronunciadas
sospechas. Hoy por hoy, el hombre de Atapuerca, llamado científicamente
'Homo antecessor', no es el primer europeo. Tampoco el primer español.
Y, ni mucho menos, el 'eslabón perdido'" (p. 163).
Eludamos la referencia al 'eslabón perdido' que el autor se saca de la
manga y concedamos que los vestigios de homínidos de hace 1,8 millones
de años hallados en Dmanisi (Georgia) se encuentran geográficamente en
Europa, ¿cuál es el primer homínido conocido que habitó la Península?
Cardeñosa afirma que el denominado 'hombre de Orce'. Y, para respaldar
su aseveración, no duda en volver a falsear la realidad. "Hay algo que,
según todos lo investigadores, no admite discusión: el 'hombre de Orce'
fue 'Homo'" (p. 63), dice en apoyo un fósil que, sin embargo, rechaza la
mayoría de los especialistas. Porque el autor de 'El código secreto'
vuelve aquí a mentir: Josep Gibert se ha quedado prácticamente solo en
la defensa de la humanidad de los restos de Orce, lo que no significa
que los yacimientos de la vega granadina no vayan a deparar en los
próximos años sorpresas deseadas por todos los paleoantropólogos
españoles. Si Cardeñosa hubiera hablado alguna vez con Arsuaga, Bermúdez
de Castro y Carbonell -cosa que no ha hecho- les habría oído decir
repetidamente que la carrera por 'el más antiguo de' es estúpida y
anticientífica, que esa imagen que él presenta de la investigación
paleoantropológica como una competición en la que los protagonistas poco
menos que se apuñalan por defender 'sus' fósiles y someten la evidencia
al orgullo no tiene nada que ver con la realidad.
Reducir Atapuerca al 'primer europeo' es un despropósito: estamos
hablando de unos yacimientos que resumen el último millón de años de
historia humana en Europa, en los que se ha encontrado una nueva
especie, con una riqueza de fósiles humanos inigualable, con abundancia
de restos de cultura material, etcétera. Pero, aún siendo una muestra de
frivolidad supina, no es esto lo más grave. Se puede entender que, en su
ánimo de reescribir la historia a su gusto, Cardeñosa tergiverse una vez
más la realidad. Lo difícilmente comprensible es que alguien que firma
una obra sobre la evolución humana se haga un lío de proporciones
mayúsculas con lo hallado en Atapuerca, un lío que, en esta ocasión, no
creo malintencionado, sino simplemente consecuencia de la ignorancia.
Como casi todo el mundo sabe, hay dos zonas particularmente famosas en
las excavaciones de Atapuerca: la Sima de los Huesos y la Gran Dolina.
La primera es una cavidad situada al fondo de una caída vertical de
trece metros en las profundidades de Cueva Mayor. La segunda es una
cueva que se excava al aire libre porque salió a la luz cuando se abrió
la Trinchera del Ferrocarril a finales del siglo XIX. En la Sima de los
Huesos, se han encontrado restos de una treintena de 'Homo
heidelbergensis', que datan de hace 300.000 años y cuya disposición
lleva a sospechar a Arsuaga, Bermúdez de Castro y Carbonell que nos
encontramos ante el primer enterramiento conocido. En aquella época, la
sima estaba conectada con el exterior por una boca después cegada, y los
investigadores creen que por allí tiraban los 'Homo heidelbergensis' a
los cadáveres para que quedaran depositados al fondo de la cavidad. Los
restos de la Gran Dolina son muy diferentes y mucho más antiguos. Datan
de hace unos 800.000 años y corresponden a individuos de 'Homo
antecessor' que, a partir de las huellas de descarnación que presentan
los huesos, fueron víctimas de un banquete caníbal. De un fenómeno
cultural que, en opinión de Arsuaga, no era habitual. Pues bien, este
simple puzzle es de imposible comprensión para Cardeñosa, que, gracias a
la publicación de su libro, transmitirá su ignorancia a los lectores que
se acerquen por primera vez a los hallazgos de Atapuerca.
El autor de 'El código secreto' dice que "aquellos supuestos antecesores
no vivían en el interior de la Gran Dolina, sino que fueron arrojados,
es de suponer que ya sin vida, por otros homínidos de la época. En
realidad, la cueva vendría a ser el primer cementerio del que tendríamos
constancia" (p. 175). Los adjetivos sobran ante esta muestra de
ignorancia. Cardeñosa confunde la Sima de los Huesos con la Gran Dolina,
y 'Homo antecessor' con 'Homo heidelbergensis', juntando de un plumazo
medio millón de años de historia y mezclando episodios que no tienen que
ver entre sí. Por ello, provoca la risa que alguien capaz de plasmar con
tanta desvergüenza su ignorancia para que quede memoria histórica de
ella en forma de libro -la existente en forma de artículos y programas
de radio es apabullante- afirme que "todos podemos" elaborar nuestros
propios árboles genealógicos sobre el origen del hombre, "no olvidemos
la figura del más conocido experto del mundo, Richard Leakey, que
decidió abandonar la universidad para investigar" (p. 44). Una
desfachatez que se entiende mejor cuando Cardeñosa tampoco duda en
adentrarse como elefante en cacharrería en el campo de la genética y nos
descubre que "cada cromosoma [humano] puede tener más de 30.000 genes"
(p. 202). ¡Impresionante! El número de nuestros genes oscila entre
30.000 y 40.000, según las estimaciones de los especialistas, frente a
los alrededor de 100.000 que se creía hace unos años. Sin embargo,
Cardeñosa habla de "más de 30.000 genes" en ¡cada cromosoma!, lo
que -multiplicado por los veintitrés cromosomas- supondría que el genoma
humano tendría unos 700.000 genes. Este error demuestra su categoría
profesional y pone en su justo término la credibilidad que merece.

Una evolución teledirigida

Podría extenderme mucho más en esta crítica, pero voy, en este último
tramo, a presentar en pocas pinceladas las disparatadas conclusiones del
autor, deteniéndome, eso sí, en la idea que da origen al título.
Cardeñosa se carga lo que sabemos de la evolución humana, basándose en
pruebas que ningún científico considera como tales y apoyándose en
material recopilado por antievolucionistas confesos como Michael A.
Cremo y Richard L. Thompson. Así, concluye que ya había seres humanos en
la época de los dinosaurios y que existieron 'Homo sapiens' en Europa,
África y América hace decenas de millones de años. Todas esas
Humanidades, sin embargo, se extinguieron  y nosotros somos los
descendientes de otra que surgió hace unos 150.000, lo que dice la
'ciencia oficial'. Mantiene Cardeñosa también que tenemos algo de
neandertales, por mucho que hasta el momento lo que se ha demostrado es
que no es así, y que de hecho  homínidos que se creen extintos siguen
habitando entre nosotros:  neandertales serían los abominables hombres
de Rusia y Asia Central, pero también algunas poblaciones de Marruecos;
'Homo erectus' serían "los 'hombres salvajes' de algunas islas
asiáticas"; 'Australopithecus', los monstruos humanoides africanos; y
'Gigantopithecus', el Yeti y otros. "En definitiva, los eslabones de la
cadena humana permanecen aún vivos sobre la faz de la Tierra, esperando
el momento en que la ciencia se ocupe de ellos" (p. 378), sentencia el
autor.
Bruno Cardeñosa titula su libro 'El código secreto' por la sencilla
razón de que cree en una evolución teledirigida o, lo que es lo mismo,
en una evolución que no es otra cosa que un creacionismo disfrazado.
Para él, la vida no sólo llegó del espacio -abraza la tesis de la
panespermia-, sino que "los mecanismos primigenios que dieron origen a
la vida estuvieron regidos por unas 'leyes' ajenas a la evolución" y que
"aquellas primitivas formas de vida tenían en su soporte interno algo
parecido a una 'orden': evolucionar hacia formas más complejas.
Disponían, en suma, de un 'código secreto' que señala que el objetivo
último de la evolución es el 'Homo sapiens'" (p. 397). Ésta es la
conclusión de una obra que pretende ser "un libro de denuncia que quiere
poner sobre la mesa cientos de pequeñas pruebas e indicios que deberían
obligar a los científicos a reescribir la historia", y que se desinfla
como un globo en cuanto se leen las primeras líneas.
Aún así, dada la carga de profundidad antievolucionista y anticientífica
de 'El código secreto', dados los disparates, las interpretaciones
erróneas y las tergiversaciones que se suceden párrafo a párrafo, dado
que el libro puede llegar a manos de lectores ingenuos que confíen en la
veracidad de sus contenidos y en la sabiduría del autor,  la comunidad
científica en general  y, en especial, los estudiosos de nuestro pasado
más remoto -arqueólogos y paleoantropólogos- no han de permanecer en
silencio y deben informar a la editorial (mail@...) de la
basura que ha publicado.
Si no, que nadie se queje si alguna vez la magnífica labor de
divulgación que se está haciendo en nuestro país sobre hallazgos como
los de Atapuerca sucumbe ante el empuje de los abanderados de la
sinrazón y el oscurantismo.

Bruno Cardeñosa: 'El código secreto. Los misterios de la evolución
humana'.
Editorial Grijalbo (Col. "Huellas Perdidas"). Barcelona. 418 páginas.

Agradecimientos
A José María Bello por haberme guiado en algunos tramos oscuros, haber
colaborado desinteresadamente en la búsqueda de información y haber
aportado mejoras sustanciales al original. A Julio Arrieta, Pedro Luis
Gómez Barrondo, Borja Marcos y Víctor R. Ruiz por haber leído el
original con minuciosidad y haber detectado errores que, gracias a
ellos, han sido subsanados. Cualquier error en este texto es
responsabilidad exclusiva del autor.

© Copyright Luis Alfonso Gámez, 2001.

[Nota de la Redacción] *Agradecemos al autor del presente artículo el
habernos hecho notar que en la versión publicada anteriormente, en el
número 36 del 4 de Septiembre de 2001 de “El Escéptico Digital”, se
habían omitido una serie de comillas con la consiguiente distorsión del
sentido general del texto. Igualmente, en la trascripción del texto se
omitió una partícula negativa con lo que los restos encontrados en la
Gran Dolina se presentaban como pertenecientes a individuos que habrían
sido víctimas de banquetes rituales, concepto este absolutamente
erróneo.
En la versión que  tenemos el gusto de presentar hoy dichos errores
quedan subsanados.

==== ARCHIVOS ESCÉPTICOS ==============================================

* Astroglífica. Artículo del Dr. César Esteban y la Dra. Inés Rodríguez
Hidalgo, del Instituto de Astrofísica de Canarias y del Departamento de
Astrofísica de la ULL respectivamente, en formato PDF. Descarga desde
http://www.arp-sapc.org/docs/Astroglifica.pdf.

* Carta Escéptica a Paco Padrón.  Artículo de Ricardo Campo Pérez, en
formato PDF, en el que se da contestación al que a su vez publicase
Francisco Padrón Hernández en la revista “Atlantes. Enigmas de la
ciencia”, bajo el título de “Decálogo del perfecto escéptico” . Este
archivo incorpora el artículo original publicado por Paco Padrón.
Descarga desde http://www.arp-sapc.org/eedigital/carta_esceptica.pdf

==== La Selección de “El Escéptico Digital”
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