| Asunto: | EL ESCÉPTICO DIGITAL - Edición 2002 - Número 04 | | Fecha: | Viernes, 31 de Mayo, 2002 04:01:27 (+0200) | | Autor: | Pedro Luis Gomez Barrondo <TXINBO @.....es>
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EL ESCÉPTICO DIGITAL
Boletín electrónico de Ciencia, Escepticismo y Crítica a la
Pseudociencia
© 2000 ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico
http://www.arp-sapc.org/
Edición 2002 - Número 04 - 31 de Mayo de 2002
Boletín de acceso gratuito a través de:
http://www.elistas.net/foro/el_esceptico/alta
=== SUMARIO =========================================================
- En el candelabro
Por: Luis Alfonso Gámez
- Crónicas desde Magonia: El laberinto de Magonia.
Por: Luis Alfonso Gámez
- ¿A qué huele el dinero?
Por: José Luis Calvo
- Rumores de guerra
Por: Luis Alfonso Gámez
- La realidad inventada
Por: Luis Alfonso Gámez
- Cómo responder a los argumentos teístas. Diseño en la tierra.
Por: Víctor Stenger
- Fenómenos para anormales
Por: Fernando Frías
- La conjunción se ha ido... y el fin del mundo no ha ocurrido
Comunicado a la Prensa de ARP-SAPC
- Ojos que no ven
Por: Josep Catalá
- Falleció Stephen Jay Gould, fundador del movimiento escéptico
Comunicado a la Prensa de ARP-SAPC
- Condolencia al CSICOP por la muerte de Stephen Jay Gould
Por: ARP-SAPC
- Adiós Gould
Por: Javier Armentia
- S. J. Gould: un buen chiste no se repite dos veces.
Por: José Manuel Sánchez Ron
- La evolución en Stephen Jay Gould
Por: Antonio García-Bellido
- Stephen Jay Gould: el Darwin de la paleontología
Por: Felipe Cuna
- Mentiras piadosas
Por: Adela Torres Calatayud
- La campaña
Por: Fernando Frías Sánchez
- Grafología: la locura por escrito
Por: Christian Sanz
- En manos de curanderos
Por: José María Romera.
- Lapidadas
Por: Eduardo Haro Tecglen
- La ciencia y sus misterios
Por: Carlos Álvarez
- Física - investigación de un posible fraude: asombrosos experimentos
en entredicho
Por: Emilio Méndez
- David A. Harris: “La proteína priónica anormal está presente desde
el nacimiento
Por: María Poveda
- La nicotina disminuye la fabricación de neuronas en ratas, según un
estudio
Por: Europa-Press
- Las emociones sociales pueden surgir en la corteza orbitofrontal
Por: Patricia Morén. Barcelona.
- La NASA descubre grandes cantidades de agua helada bajo la
superficie de Marte
Por: Redacción El Correo
- El hielo detectado en el subsuelo de Marte «puede ser sólo la punta
del iceberg»
Por: Luis Alfonso Gámez y Juan José Olabarria
- Científicos japoneses dicen que el agujero de ozono habrá
desaparecido para 2050
Por: Agencias - Tokio
- Los Marcianos Sí Eran Verdes
Por: Javier Armentia
- El tigre de Tasmania volverá a la vida 75 años después de su
extinción
Por: Mónica Garriga
- Ghrelin, la nueva hormona del hambre
Por: Denise Grady - The New York Times
- La vida y la muerte del gran ejercito de Napoleón, a estudio
Por: Redacción Diario Médico
- Antenas. Un informe de Sanidad concluye que la exposición a campos
electromagnéticos no produce efectos adversos
Por: Europa-Press
- La Xunta constata que tras analizar el 80% de las antenas no se ha
detectado riesgo para la salud
Por: Redacción Faro de Vigo - Santiago
- El supremo condena a dos años de cárcel a un médium por estafar a
sus clientes
Por: Redacción Diario de Navarra
- Los dinosaurios viajaban acompañados de otros animales
Por: Reuters
- ¡Fin de los tontos!
Por: Ricardo
- Sobre alineaciones y alienaciones.
Por: Irving Rodríguez
- Suspendido el fin del mundo
Dr. José Luis Torres
- La Química y nosotros
Por: Sergio López Borgoñoz - Antares Producciones
=== NOTICIAS =========================================================
EN EL CANDELABRO
Por: Luis Alfonso Gámez
1. ADIOS A STEPHEN JAY GOULD.
Stephen Jay Gould, paleontólogo, divulgador científico y escéptico
militante, falleció en su casa de Nueva York el 20 de mayo víctima de un
cáncer. En diez años, el racionalismo ha perdido a tres de sus pilares:
Asimov, Sagan y Gould. No son días para la alegría, pero tampoco han de
serlo para la tristeza. Recoja quien recoja la antorcha de estas tres
figuras del humanismo y la divulgación -los tres miembros del Comité
para la Investigación Científica de los Supuestos Hechos Paranormales
(http://www.csicop.org)-, es el momento de que todos los que componemos
el movimiento escéptico nos mantengamos al pie del cañón para que la
semilla de la razón sembrada por ellos pueda algún día brotar en una
sociedad en la que imperan la superstición, la pseudociencia y la
ignorancia.
2. INMUNDICIA Y CONSPIRACIÓN.
Poco más de un mes ha tardado en publicarse en España 'La gran
impostura', el libro en el que Thierry Meyssan afirma que ningún avión
se estrelló contra el Pentágono en el 11-S y que los atentados de Nueva
York y Washington fueron maquinados desde el interior de la propia
Administración de Bush. (Menos mal que vimos los dos aparatos chocar con
las Torres Gemelas, que, si no, Meyssan también diría que nunca
existieron.) La edición de este subproducto conspiranoico ha corrido en
nuestro país a cargo de La Esfera de los Libros, sello del diario 'El
Mundo', el único de los grandes periódicos de españoles que ha caído
rendido en los brazos del autor. Para darle credibilidad, Meyssan, quien
ha lanzado su libro mediante una campaña en Internet orquestada por su
hijo (http://www.asile.org/citoyens/numero14/missile/temoins_es.htm) ha
sido presentado a los cuatro vientos como alma de la Red Voltaire. James
S. Robin, analista político y colaborador de 'National Review Online' ha
escrito indignado que el filósofo francés “tiene que estar revolviéndose
en la tumba tras haberse apropiado de su nombre este imbécil”. La Red
Voltaire está formada en realidad un grupo de amigos que cobró fama por
denunciar públicamente el peligroso avance de los fascistas de Le Pen y
no a un 'think tank' puro y duro, como han dejado caer los
propagandistas del libro. Meyssan ha pegado un pelotazo de mucho cuidado
a costa de la verdad, vendiendo sólo en su país 200.000 ejemplares. Su
éxito podría marcar el desembarco en Europa de la literatura
conspiranoica que tanto tirón tiene en Estados Unidos, como
acertadamente me comentó en su momento el historiador Julio Arrieta.
Desde luego, visto lo propensos a publicar inmundicias que son algunas
editoriales españolas, lo extraño sería lo contrario.
3. EL AVIÓN QUE CARDEÑOSA TAMPOCO VIO.
¿Tan proclive a ver platillos volantes y espíritus y, al mismo tiempo,
incapaz de ver los restos del avión que se estrelló contra el Pentágono?
No, sinceramente, no creo que Bruno Cardeñosa ignore las fotografías con
fragmentos del aparato ni que la postura de quienes dicen que no hubo
ninguna aeronave que se estrellara contra el cuartel general
estadounidense es equiparable a la de quienes mantienen que los nazis no
mataron, en los campos de exterminio, a millones de personas. Lo que
ocurre es que la conspiración es ante todo cuestión de pasta y el
periodista de los 700.000 genes anda necesitado de temas con los que
ganarse la vida tras haber sido despedido de 'Más Allá'. Ahora colabora
en varias revistas y cobra a pieza, así que, cuantos más artículos saca
de su factoría de patrañas, más dinero entra en su cuenta corriente. Y,
claro, quien nunca ha sido especialmente escrupuloso con la verdad, no
duda en tiempos de necesidad en revolver entre la basura y convertirse
en el profeta de Thierry Meyssan en España a cambio de cuatro euros. Lo
increíble es que después Cardeñosa tenga la desfachatez de decir a sus
acólitos: "Nunca he sido un defensor de teorías conspirativas". Que se
lo pregunten a Douglas O'Brien
(http://orbita.starmedia.com/genskeptic/archivo/ufo1a.html).
4. 'REVISTA DE ARQUEOLOGÍA', EL PASADO INVENTADO.
Dos décadas después de su nacimiento, 'Revista de Arqueología' ha
cambiado de dueños y, automáticamente, su credibilidad se ha ido al
garete. La ha comprado nada menos que MC Ediciones, el grupo que publica
la simpar 'Más Allá', y ha puesto en su dirección a una de las plumas
habituales de las revistas esotéricas. Porque eso es Nacho Ares, por
mucho que ante quienes no le conozcan se presente nada más que como un
joven egiptólogo. Este divulgador de la anticiencia no es de los que
defienden que las pirámides las hicieron los extraterrestres; es más
astuto. Pertenece a la línea del medio, como él mismo reconoce al
afirmar que, "cuando se está muy metido dentro de este tipo de
investigaciones, es relativamente sencillo separar el grano de la paja.
Ahora bien, para poder hacerlo hay que tener tras de sí un importante
bagaje en lo que respecta a la lectura de libros y artículos
'académicos'. Hay que estar al día de todo. Si solamente lees a Däniken,
Sitchin y compañía, estás totalmente perdido. Creo que hay un punto
medio de equilibrio en el que se encuentra el éxito". En su caso, ese
equilibrio le hace decir, entre otras cosas, que las pirámides de Gizeh
son imposibles de entender dentro de la 'cronología oficial', lo que da
alas a sus colegas más indocumentados, quienes le llevan cada dos por
tres a Egipto en sus viajes esotérico-místicos para que haga el papel de
experto heterodoxo. Por de pronto, la leve huella de Ares en el número
252 de la publicación hace temer lo peor y responde a su anuncio, en el
editorial, de que va a "añadir una serie de alicientes" que acerquen la
revista "al gran público". Así, entre otras cosas, en ese mismo ejemplar
recomienda la novela napoleónica de Javier Sierra -director editorial de
MC Ediciones- y el libro sobre los godos de Juan Antonio Cebrián, un
fenómeno de ventas que se basa en el éxito del locutor radiofónico, cuyo
estilo literario deja bastante que desear. Será interesante ver cómo
reaccionan, si lo hacen, los arqueólogos e historiadores que colaboran
en 'Revista de Arqueología' ante la previsible inundación de disparates
que sufrirán sus páginas en los próximos meses.
5. LAS PROFECIAS DEL 'HOMBRE POLILLA', ¿CENSURADAS?
La lectura del último número del boletín electrónico 'Saucer Smear'
(http://www.martiansgohome.com/smear), que edita James W. Moseley,
revela que algo raro ha pasado con la última edición del libro sobre las
andanzas del 'hombre polilla' (Tot Books, 2002). Moseley ha recibido una
carta de un lector que se identifica como Harry Lime y que dice que, en
la reedición de 'The mothman prophecies' con motivo del estreno de la
película protagonizada por Richard Gere, se incluye una nota con el
siguiente texto: "Ésta es una obra de ficción. Todos los personajes y
hechos descritos en este libro son producto de la imaginación del autor
o se usan en el marco de la ficción". Ni basado en hechos reales ni nada
parecido. Curiosamente, esa advertencia no existe en la edición española
del libro (Punto de Lectura). A falta de echar una ojeada a la original
con mis propios ojos, el descreído epílogo escrito por John Keel para la
reedición de 2002 -deja claro que no se cree nada- me hace sospechar de
que podríamos ante un caso de censura, y no precisamente por parte de
los pérfidos escépticos. ¿Por qué ningún hábil investigador de lo
paranormal se ha hecho eco ni del revelador epílogo de Keel ni de esa
advertencia?
6. EDENEX O EL RIDÍCULO HECHO UFOLOGÍA.
Había una pintada en la Euskadi de la Transición que decía: "Si tienes
un hijo tonto, no te preocupes. Algún día podrá llegar a ser rey".
Cambien la profesión por periodista de lo paranormal y se abrirá ante
los necios un mercado laboral bastante más amplio. Buena prueba de ello
ha dado un tal Alberto Guzmán, de Edenex
(http://edenex.iespana.es/edenex), en el número de mayo de 'Más Allá',
la publicación que dirige Javier Sierra. Muy resumidamente, la historia
es la que sigue. Según Guzmán, desde hace años Edenex recibe detalladas
cartas de un 'hacker', que dice llamarse I. E. Romero y está recluido en
cárceles estadounidenses de máxima seguridad. El preso, quien les
escribe largas misivas, les ha contado a estos ufólogos españoles que se
infiltró en unos archivos informáticos de la CIA que contienen
revolucionaria información sobre el caso Roswell. Los de Edenex son el
típico grupo de ufólogos creyentes a pies juntillas en cualquier
disparate y, por lo visto, alguien ha decidido reírse un rato de ellos,
y se ha pasado dos años mandándoles cartas con dibujitos de marcianos y
afirmaciones sorprendentes poniendo en el remite la dirección de una
prisión estadounidense de alta seguridad. A no ser que estemos realmente
ante un preso burlón. Porque creerse que estos americanos son tan torpes
que a un tipo que han encerrado por saber supuestamente demasiado le
dejan que lo cuente todo por escrito a un grupo ufológico español es
digno sólo de quien cree en espías de la CIA adolescentes. Y va Sierra y
saca la tontería a la portada de su revista.
7. LOS FINANCIADORES DE LA INCULTURA.
La publicidad es la principal vía de financiación de las publicaciones
esotéricas. Al margen de las empresas del sector del misterio
(teleadivinos, vendedores de amuletos, etcétera), hay instituciones y
entidades que financian -mediante la inserción de publicidad- las
revistas paranormales. En mayo, los anunciantes que han colocado
publicidad en 'Año Cero' (A), 'Más Allá' (M), 'Enigmas' (E) y 'Enigmas
Express' (EE) son:
ONG: Cruz Roja (EE) y Greenpeace (E).
Editoriales: EDAF (A, M, E y EE), Ediciones Obelisco (A y M) y Oberón
(M).
Otras: CCC (A y E), Ceac (M), J&B (M) y M-80 Radio (EE).
© Copyright Luis Alfonso Gámez, 2002.
Prohibida la reproducción.
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CRÓNICAS DESDE MAGONIA
Por: Luis Alfonso Gámez
EL LABERINTO DE MAGONIA
El campesinado francés del siglo IX achacaba a unos hechiceros, los
tempestarios, la capacidad de arruinar las cosechas. Estaba convencido
de que esos brujos enviaban las tormentas contra los campos, para luego
recoger los frutos dañados y transportarlos en barcos que navegaban por
el cielo hasta una ciudad situada entre las nubes. A ese mágico enclave
se refirió Agobardo de Lyon (779-840) como Magonia en su libro Contra
insulsam vulgi opinionem de grandine et tonitruis (Contra las necias
opiniones del vulgo sobre el granizo y el trueno). San Agobardo –su
festividad se celebra el 6 de junio– ni creía en los tempestarios ni en
la existencia de Magonia. El clérigo consideraba tales creencias propias
de hombres sumidos en una “gran estupidez”, en una “profunda locura”, y
se enfrentó a ellas abiertamente hasta el extremo de salvar la vida de
cuatro supuestos tempestarios. Lo cuenta, con más detalle que el propio
interesado, el abate Nicolás de Montfaucon de Villars (1635-1673) en sus
Coloquios sobre las ciencias ocultas.
Sucedió un buen día, hace 1.200 años, que los habitantes de Lyon
capturaron a tres hombres y una mujer que, según el populacho, habían
bajado de un barco volador. Los lugareños estaban convencidos de que se
trataba “de magos enviados por Grimoaldo, duque de Benevent, enemigo de
Carlomagno, para perder las cosechas de Francia”. Los acusados adujeron
en su defensa que eran originarios de la región, pero que habían sido
“raptados poco tiempo atrás por hombres milagrosos que les mostraron
inauditas maravillas para que volvieran a contarlas”. Sus captores
estaban dispuestos a lapidarlos hasta que los presentaron ante Agobardo,
y éste medió en la disputa. Tras escuchar a ambas partes, el obispo de
Lyon no dio crédito a ninguna. Dictaminó que “no era cierto que esos
hombres hubieran bajado de los aires”, como mantenían los lugareños, ni
lo que los presuntos hechiceros decían haber visto. “El pueblo –concluye
Montfaucon de Villars– creyó más a su buen padre Agobardo que a sus
propios ojos, se apaciguó, liberó a los cuatro embajadores de los silfos
y se acogió con admiración al libro que Agobardo escribió para confirmar
la sentencia pronunciada”.
Tres siglos después de la publicación de los Coloquios, un ufólogo
francés, Jacques Vallée, rescató la ciudad de las nubes del olvido en su
obra Pasaporte a Magonia (1969). Según el hombre en quien se inspiró
Steven Spielberg para el personaje interpretado por François Truffaut en
Encuentros en la tercera fase, “los seres de los ovnis actuales
pertenecen al mismo tipo de manifestaciones que se describían en siglos
pasados secuestrando humanos y volando a través de los cielos”. Ángeles,
demonios, hadas, elfos y extraterrestres serían, en su opinión,
diferentes denominaciones de unos mismos entes de otra dimensión que han
influido en la historia humana desde hace milenios. “Magonia –sostiene
el ufólogo en Dimensions (1988)– constituye una suerte de universo
paralelo que coexiste con el nuestro. Se hace visible y tangible sólo a
gente elegida, y las puertas que a él conducen son puntos tangenciales
conocidos únicamente por los elfos y unos pocos de sus iniciados”.
Al igual que otros fracasaron antes en su empeño de demostrar que el
Olimpo, el Cielo, el Infierno o el País de las Hadas tenían una base
real, Vallée no ha logrado probar la realidad física de Magonia. De lo
que no hay duda, sin embargo, es de que existe, aunque no tal como
presume el ufólogo francés. Magonia está a nuestro alrededor. En todas
partes y en ninguna. Y los tempestarios y las hadas, seres en los que ya
casi nadie cree, han sido sustituidos en el imaginario popular por las
personas dotadas de poderes extraordinarios y las entidades de otros
mundos, sean extraterrestres o espíritus.
Ahí fuera –donde, según Expediente X, está la verdad–, hay individuos
que, entre otras muchas habilidades sorprendentes, dicen ver el futuro;
sanar graves enfermedades y lesiones mediante la imposición de las
manos; estar en contacto con alienígenas; comunicarse con los muertos;
doblar metales con el poder de la mente; leer el pensamiento de los
demás; diseccionar la personalidad a partir de los rasgos de la
escritura, y viajar en espíritu, escapándose del cuerpo. A pesar de que
la vida diaria de la mayoría discurre al margen de lo sobrenatural, lo
paranormal nos tiene cercados: enigmáticos humanoides habitan las más
altas cumbres y la espesura de los bosques; monstruos antediluvianos
viven en las aguas de algunos lagos; extraños dibujos aparecen de la
noche a la mañana en los sembrados; barcos y aviones se esfuman sin más
en ciertas regiones del planeta; estatuas de la divinidad lloran
lágrimas de sangre; hay rastros de continentes sumergidos donde, en un
pasado remoto, se desarrollaron civilizaciones más avanzadas que la
actual; millones de seres humanos han sido secuestrados por los
alienígenas que nos visitan a bordo de platillos volantes; la tecnología
empleada para erigir las pirámides y otros grandes monumentos del pasado
revela que sus constructores o bien tenían conocimientos extraordinarios
o bien eran extraterrestres...
El misterio nos rodea, y son muchos los ciudadanos de los países
desarrollados que se sienten perdidos en ese laberinto de espejos que es
Magonia, sin saber qué paredes son reales y cuáles, mera ilusión. Sin
estar seguros de si algo es cierto o ha sido deformado, consciente o
inconscientemente, por quienes dicen haber visto o vivido maravillas. La
culpa de esa desorientación no es únicamente de quienes la sufren, que
podrían paliarla si pusieran interés, sino también de quienes deberían
guiarles por ese laberinto de supersticiones. Como lamenta Robert L.
Park, director de la oficina en Washington de la Sociedad Americana de
Física, en su obra Ciencia o vudú (2000), “no es sorprendente que el
público tenga problemas a la hora de distinguir entre charlatanes y
expertos: no hay nadie que le diga quién es quién”. Porque la mayoría de
los científicos prefiere mirar para otro lado.
© Copyright Luis Alfonso Gámez, 2002.
Prohibida la reproducción.
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La Crucifixión de Clío http://clio.blogalia.com/
¿A QUÉ HUELE EL DINERO?
Por: José Luis Calvo
Según una anécdota muy conocida, Tito le afeó a su padre, el emperador
Vespasiano, el haber establecido un impuesto sobre las letrinas
públicas. La respuesta paterna fue colocar un montón de sextercios bajo
la nariz filial y decirle: "El dinero no huele".
Por una vez, me permitiré el contradecir a tan notable personaje
histórico. Hay dinero que sí huele, el obtenido con el tráfico del
sufrimiento ajeno.
El pasado día 22 de mayo, un tal Thierry Meyssan presentó en Madrid un
libro titulado "La gran impostura". Según las notas de prensa, su autor
es un periodista francés. No dudo de su nacionalidad, pero sí de su
profesión. El periodista tiene un compromiso con la verdad con la que
monsieur Meyssan parece estar reñido.
La teoría que presenta es sencilla, ningún avión se estrelló contra el
Pentágono el pasado 11 de noviembre. En realidad fue una maniobra de la
inteligencia estadounidense. Para realizar esa afirmación tan llamativa
(y estoy siendo muy benévolo con los calificativos) se basa en supuestos
datos tales como que sólo se vio afectado el sector exterior del
edificio, que el presunto impacto estaba a ras de suelo, que no hay
restos del aparato en el edificio... que ya desde la aparición del texto
original en francés han sido contestadas hasta la saciedad aunque nada
de ello haya impedido la publicación de este libro en nuestro idioma. La
razón para ello es tan prosaica como que ha sido un gran éxito de ventas
en su Francia natal.
Analicemos la tesis para ver si es consistente. ¿Es creíble que
simultáneamente al atentado contra el WTC en Nueva York, la inteligencia
militar estadounidense estuviera atentando contra el Pentágono? ¿Es
creíble que las personas que afirman haber contemplado cómo un avión se
dirigía contra el Pentágono estuvieran mintiendo? ¿Es creíble que los
aviones desaparezcan en pleno vuelo sin dejar rastro? Porque si ningún
avión se estrelló contra el Pentágono ¿dónde está el cuarto avión que
desapareció ese aciago día?
Ajena a esas inconsistencias (y a las puras y simples mentiras que el
autor cita como "pruebas" de sus afirmaciones) la prensa española (salvo
honrosísimas excepciones) no se ha enterado de nada. Han hecho mención
de la obra como si fuera un gran descubrimiento o, en el mejor de los
casos, con una neutralidad que en este caso concreto es un insulto. Nada
extraño si pensamos en la sucesión de "meteduras de pata" con que los
medios de comunicación españoles nos obsequiaron en esas fechas. ¿Se
acuerdan de la inexistente cuarteta de Nostradamus que nos vendieron
como auténtica?
Decíamos que con honrosas excepciones. Para deleite suyo, les aconsejo
que lean detenidamente el artículo doble que les adjuntamos a
continuación y que apareció publicado en el periódico El Correo con
fecha 14 de abril de 2002. Encontrarán en él un lúcido artículo de uno
de los periodistas que dignifican con su trabajo esta profesión, Luis
Alfonso Gámez.
Advertirán además, por la fecha, que se adelantó a los acontecimientos.
Por desgracia, como la mítica Casandra, Luis Alfonso Gámez tiene la
"desgracia" de hacer predicciones que nadie toma en consideración hasta
que se demuestran acertadas. Sin embargo, estoy seguro de que continuará
con su buen hacer, alertando a la sociedad de las mentiras que se
extienden de forma aparentemente imparable, fomentando el espíritu
crítico que nos conduce a poder diferenciar la verdad de las mentiras.
Frente a los que consideran que el dinero no huele aunque apeste a
letrina, hay personas que sólo entienden de su compromiso ético con su
profesión, que no cambiarían por todo el oro del mundo su vocación de
servicio a la sociedad. No se van a hacer famosos ni ricos y lo saben y
continúan con su labor, necesaria y muchas veces minusvalorada. Por eso,
gracias, Luis Alfonso.
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El Correo http://www.elcorreodigital.com/
RUMORES DE GUERRA
Por: Luis Alfonso Gámez
Un libro de un conspiranoico que defiende que ningún avión chocó contra
el Pentágono se convierte en éxito editorial en Francia
«Dos hermanos serán separados violentamente por el caos... La tercera
gran guerra comenzará cuando la ciudad esté en llamas» (Nostradamus,
1654). Dos días después del ataque terrorista contra el World Trade
Center, esta cita, en la cabecera de un diario madrileño, daba visos de
autenticidad a una apocalíptica profecía. Los hermanos eran las Torres
Gemelas; la ciudad, Nueva York, y el desastre había sido predicho por
Michel de Notredame a mediados del siglo XVII. El presagio era, sin emba
rgo, tan falso como una moneda de tres euros. Para empezar, porque
Nostradamus murió en 1566, así que no pudo escribir esas palabras un
siglo más tarde; para acabar, porque no existe ninguna cuarteta del
astrólogo francés que diga algo parecido.
La primera parte del verso fue creada en 1997 por Neil Marshall, un
estudiante de la Universidad de Brock, en Canadá, para un
ensayo -titulado Un análisis crítico de Nostradamus - en el que
pretendía demostrar que un texto del pasado puede venderse como
predicción de un suceso siempre que su redacción sea abstrusa. «Si haces
las suficientes profecías y eres lo suficientemente inteligente para
escribir de una manera abstracta, serás considerado en el futuro un
vidente», argumentaba Marshall hace cinco años. La clave para él era
dejar reposar lo escrito hasta que una de las profecías encajase con la
realidad. Cuando, el 11 de septiembre, alguien añadió a su cuarteta
original lo de «la tercera gran guerra comenzará cuando la ciudad esté
en llamas» y envió el texto masivamente por correo electrónico, Marshall
vio su hipótesis demostrada y a sí mismo transmutado en adivino. El
tiempo le había dado la razón.
Pelotazo editorial
La falsa profecía de Nostradamus fue la primera de las mentiras
relacionadas con la tragedia de septiembre en difundirse a los cuatro
vientos. La última se ha plasmado en un libro que se ha puesto a la
venta en Francia y se ha convertido en todo un éxito de ventas. 11
septembre: l'effroyable imposture ( 11 de septiembre: el espantoso
fraude ) propugna que no hubo ningún avión que se estrellara contra el
Pentágono. Su autor, Thierry Meyssan, es periodista y preside la Red
Voltaire, una organización de izquierdas que combatió en su día al
Frente Nacional y que ha visto fulminada su credibilidad de la noche a
la mañana por el pelotazo editorial de su presidente.
Los primeros 20.000 ejemplares de 11 septembre : l'effroyable imposture
desaparecieron de las librerías en sólo dos horas. «Hemos vendido 2.500
ejemplares en diez días cuando una novela superventas puede llegar a
1.500 al mes», señalaba el 1 de abril un portavoz del local parisino de
la cadena Fnac en Les Halles a The Guardian . La operación de
mercadotecnia empezó el 10 de febrero, cuando Raphaël Meyssan colgó -en
francés, inglés, español e italiano- una sinopsis de la teoría de su
padre en la web de L Asile Utopique . Dos semanas después, la página
registraba 15.000 visitas diarias. La respuesta no se hizo esperar. A
principios de marzo, en el sitio Páginas de Referencia sobre Leyendas
Urbanas , se desmontaba punto por punto la tesis de Meyssan en un
trabajo que ha sido actualizado tras la publicación del libro.
El periodista sostiene que los destrozos del Pentágono no fueron
causados por un avión de pasajeros secuestrado, sino por el propio
Gobierno estadounidense. Meyssan llega a tal conclusión al no explicarse
cómo puede una aeronave de 100 toneladas que volaba a un mínimo de 400
kilómetros por hora dañar únicamente el anillo exterior del inmueble;
cómo pudo chocar justo contra la planta baja; dónde están los restos del
Boeing 757 ; por qué se echó arena sobre el césped próximo al edificio,
aunque no había sufrido daños aparentes; qué ocurrió con las alas del
aparato y por qué, a su juicio, no provocaron destrozos; por qué el jefe
de bomberos no pudo decir a los periodistas dónde estaba el avión, y
cuál fue el punto de impacto.
Retórica revisionista
Barbara y David P. Mikkelson, expertos en desenmascarar fraudes, dedican
un extenso artículo en las Páginas de Referencia sobre Leyendas Urbanas
a poner en su sitio cada una de las alegaciones del conspiranoico ,
apoyándose en imágenes que, por sí solas, sacan a flote la falsedad de
los argumentos de Meyssan. Así, comienzan por señalar que los efectos
del choque no se limitaron al anillo exterior del Pentágono, sino que se
extendieron a los cinco anillos del ala que sufrió el impacto, tras
perforar el avión un muro reforzado de 60 centímetros de espesor. La
aeronave, añaden, no se estrelló contra la planta baja del edificio,
sino entre la primera y segunda, y tras golpear el suelo.
A pesar de que explotó en una gigantesca bola de fuego, pequeñas piezas
del aparato quedaron diseminadas alrededor del edificio, y fueron
fotografiadas y filmadas por los periodistas. El vertido de arena y
piedras sobre el intacto césped que tanto intriga a Meyssan era para
preparar el terreno para el paso de la maquinaria pesada usada en las
labores de desescombro y reconstrucción. ¿Pero qué pasó con las alas?
«Vi cómo el morro del avión se rompía, vi las alas avanzar hacia
adelante», declaró a The Miami Herald un vecino que presenció el choque.
Las alas son una de las partes más frágiles de un avión y su huella en
el cuartel general militar estadounidense fueron dos zonas ennegrecidas
en la fachada a ambos lados del punto de impacto.
Meysan no ofrece una versión alternativa al desastre del Pentágono ni
explica cómo, si el avión no se estrelló contra el Pentágono, murieron
los 68 ocupantes del Vuelo 77 de American Airlines. Se limita a decir
que «el Gobierno americano miente». Para él, todo el desastre fue el
fruto de una conspiración urdida en las más altas instancias del
Ejecutivo de Bush. «Esta teoría agrada a todo el mundo: no hay
extremistas islámicos y todo el mundo es feliz», ha sentenciado Le
Nouvel Observateur . Para Libération , se trata de un conjunto de
«afirmaciones disparatadas e irresponsables, sin ningún fundamento»,
extremo en el que coincide el sociólogo Pierre Lagrange, para quien
Meyssan recurre a «la misma retórica» que aquéllos que niegan la
existencia de los campos de exterminio nazis. El Pentágono ha calificado
el contenido del libro de «bofetada» a la memoria de las víctimas de los
ataques del 11 de septiembre.
El club de la conspiración
El periodista francés ha entrado por la puerta grande en el club de la
conspiración, del que forman parte desde negadores de la existencia del
virus del SIDA hasta seguidores de los platillos volantes. Estos últimos
se dieron prisa, tras los ataques contra Estados Unidos, en revisar
montañas de material gráfico a la búsqueda de pequeñas manchas en el
cielo. Las encontraron y llegaron las naves extraterrestres. Numerosos
astrólogos dijeron, por su parte, que habían anunciado la catástrofe,
aunque ninguno presentó más prueba que una vaga frase que puede
significar cualquier cosa.
No faltaron tampoco quienes vieron en la humareda y la polvareda de
Manhattan los rostros del Diablo y de Dios, éste último en una
fotografía de la caída de la Torre Sur. Estas imágenes no son trucajes,
como la del supuesto turista en uno de los rascacielos momentos antes
del choque del primer avión. Las caras son creaciones de nuestro
cerebro, que busca constantemente formaciones familiares en el caos y es
capaz de ver un rostro hasta en un valle marciano. Lo inquietante es que
hay muchas personas que caen en las garras de conspiranoicos como
Meyssan, que no dudan en banalizar una tragedia y tergiversarla con tal
de hacer negocio. Ésa es la última razón de la conspiración.
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El Correo http://www.elcorreodigital.com/
LA REALIDAD INVENTADA
Por: Luis Alfonso Gámez
La cuarteta de Nostradamus: «En la ciudad de Dios habrá un gran trueno,
dos hermanos serán separados violentamente por el caos, mientras la
fortaleza aguante el gran líder sucumbirá, la tercera gran guerra
comenzará cuando la ciudad esté en llamas». Las tres primeras frases las
escribió Neil Marshall en 1997; la última, un autor desconocido después
del ataque contra Nueva York.
El Diablo y Dios, a escena: Las fotos en las que se ven rostros en el
humo de las Torres Gemelas no han sido manipuladas; pero eso no quiere
decir que estemos ante los rostros del Diablo y de Dios -o de un
'teletubbie', que también parece haber un personaje de ésos entre el
humo- como han propugnado los amantes de lo sobrenatural. El cerebro
humano intenta reconocer formas familiares en el caos, tenga éste forma
de humo, de nubes, de nudo de árbol o de mancha en la pared.
La fotografía del turista: Se presenta como procedente de una cámara
recuperada entre las ruinas del World Trade Center. Es un burdo montaje:
el turista viste ropa de invierno, cuando el 11 de septiembre fue un día
caluroso; el avión se aproxima por el Norte, luego tiene que tratarse de
la
Torre Norte, pero ésta no tenía terraza de observación (la de la otra
Torre se abría a las 9.30 horas, cuando el primer choque se registró a
las 8.49 horas); la aeronave es un 'Boeing 757' de American Airlines,
cuando el primer avión implicado fue un 'Boeing 767'.
La maldición del 11: La catástrofe ocurrió el 11 de septiembre, el 11
del 9 (1 + 1 + 9 = 11). Uno de los vuelos estrellados contra las Torres
Gemelas era el 11. New York City, Afghanistan y The Pentagon tienen,
cada una, 11 letras. Éstos y otros ejemplos de pseudociencia
numerológica llevaron a los amantes de lo paranormal a hablar de la
maldición del número 11. Tanta cháchara demuestra sólo que quienes la
difunden han sabido elegir qué sumar (¿por qué no se incluyen, por
ejemplo, el 2 y el 1 de 2001 en la suma de la fecha?). Cualquiera podría
hablar de la maldición del número que quisiera, siempre que eligiera
bien los sumandos.
Ningún israelí murió en el World Trade Center: Los 4.000 ciudadanos
israelíes que trabajaban en las Torres Gemelas no acudieron a sus
oficinas el 11 de septiembre porque se pusieron todos enfermos. Esta
mentira, que apareció en Internet el 18 de septiembre, es una de las
urdidas para poner a Israel en el origen de los ataques terroristas.
Hubo israelíes y judíos entre las víctimas de las Torres Gemelas.
Los ovnis estuvieron allí: Algunos ufólogos han visto, en las numerosas
imágenes tomadas aquel día, platillos volantes alrededor de las Torres
Gemelas y del Pentágono. Como la mayoría de la evidencia a favor de las
visitas extraterrestres, ésta es también insostenible. Se trata de
puntos claros u oscuros en el cielo que pueden deberse a defectos del
negativo o a aeronaves -aviones o helicópteros- lejanos.
Webs de referencia: Muchas de las mentiras relacionadas con el 11 de
septiembre se desenmascaran en las 'Páginas de Referencia sobre Leyendas
Urbanas' (www.snopes.com) y en un sitio habilitado por el Comité para la
Investigación Científica de los Supuestos Hechos Paranormales
(www.csicop.org/hoaxwatch).
Para más información:
Los dos artículos de Luis Alfonso Gámez en formato PDF y con todos los
gráficos pueden ser descargados desde
http://www.arp-sapc.org/docs/pentagono1.pdf y
http://www.arp-sapc.org/docs/pentagono2.pdf
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ARP-SAPC http://www.arp-sapc.org/
CÓMO RESPONDER A LOS ARGUMENTOS TEÍSTAS.
Diseño en la Tierra
Por: Víctor Stenger
Traducido al español por: Pedro J. Hernández
Teísta: ¿Crees realmente descender del mono?
Ateo: No. Creo que las evidencias disponibles indican que los monos,
humanos, elefantes, gusanos, guisantes y todas las formas conocidas de
vida en la Tierra descienden de un ancestro común.
T: No puedes probarlo. Nadie estuvo allí para verlo.
A: No podemos verlo todo con nuestros propios ojos. Los datos
científicos se obtienen de otras muchas maneras que la observación
visual. La existencia de numerosos fragmentos idénticos de ADN en todas
las formas de vida es una evidencia rotunda para la existencia de un
ancestro común a todas ellas.
T: ¿Y qué me dices de todos los científicos que no creen en la
evolución?.
A: Todos creen en algún tipo de cambio en el desarrollo de la vida en la
Tierra. Existe cierto desacuerdo en los detalles, y la teoría se ha
desarrollado enormemente desde Darwin, por lo que no deberías esperar
que todos los detalles permanezcan inalterados desde el tiempo de
Darwin. La inmensa mayoría de biólogos mantienen que el mecanismo básico
de la evolución por selección natural está confirmado con un alto grado
de probabilidad.
T: Pero, aún así, la evolución es sólo una teoría y no un hecho.
A: Es ambas cosas: una teoría y, con una alto grado de confianza, un
hecho. En ciencia, teoría no es lo mismo que especulación. Las Teorías
establecidas están construidas a partir de hipótesis y deducciones a
partir de dichas hipótesis bien apoyadas por evidencias empíricas. La
evolución por selección natural es un hecho tan establecido como la
existencia de la gravedad. De hecho, es observado en la naturaleza y en
el laboratorio. Un bonito ejemplo reciente es el de la evolución de los
elefantes africanos sin colmillos debido a que los que sí los tienen son
asesinados por el marfil.
T: Pero sólo la microevolución es observada. La macroevolución sin
embargo no se observa.
A: Define macroevolución. Yo denominaría así a la evolución de los
elefantes.
T: Macroevolución es evolución de una especie a otra.
A: La evolución de las especies sí ha sido observada (Véase
www.talkorigins.org/faqs/faq-speciation.html)
T: Pero ninguna forma de transición entre especies ha sido observada en
el registro fósil.
A: Las formas de transición entre especies sí que han sido observadas.
De hecho, toda especie es, en cierto sentido, una forma de transición
(Véase www.talkorigins.org/faqs/faq-transitional.html).
T: Si yo encontrara un reloj, podría decir después de mirarlo que éste
habría sido diseñado por un ser inteligente. Cuando me fijo en un órgano
humano, tal como el ojo, éste muestra evidencias de diseño.
A: Verdaderamente el reloj fue diseñado por un ser inteligente. Los
órganos humanos, sin embargo, no son como relojes. Estos muestran signos
definitivos de evolución con gran cantidad de azar, como expone el
biólogo Richard Dawkins en su libro El Relojero Ciego. Por ejemplo, los
receptores de luz en un ojo humano ¡apuntan al lado contrario!. Más aún,
¿qué ingeniero medianamente competente habría puesto un sistema de
eliminación de residuos tan cerca de una zona recreativa?.
T: ¿No ha calculado el famoso astrónomo y ateo Fred Hoyle una
probabilidad pequeña para ensamblar una bacteria por puro azar?. Hoyle
ha dicho que esto sería como si un tornado que barriera un vertedero
ensamblara por azar un 747.
A: Efectivamente. Su estimación fue de una parte en diez elevado a
40,000. Pero las bacterias no han evolucionado sólo por azar sino por
azar y selección natural. El libro de Dawkins muestra cómo la selección
natural aumenta las posibilidades de que organismos funcionales
evolucionen.
T: El bioquímico Michael Behe ha mostrado que ciertos sistemas
bioquímicos son irreduciblemente complejos y que, por tanto, no podrían
haber evolucionado. Dichos sistemas dejan de funcionar si uno quita una
parte, por lo que estas partes no habrían podido evolucionar de manera
separada. Un ejemplo es el flagelo de una bacteria.
A: Los biólogos evolucionistas han mostrado el error en el razonamiento
de Behe. Behe no ha considerado el hecho bien conocido de que la función
biológica de cada parte pueda cambiar a medida que la evolución tiene
lugar. Así, una parte puede evolucionar teniendo una función, y entonces
desarrollar una nueva a medida que empieza a formar parte de otro
sistema. Las críticas a los argumentos de Behe están recogidas en el
libro Find Darwin’s God, escrito por el creyente cristiano Kenneth
Miller (Alternativamente se pueden consultar
www.spacelab.net/~catalj/box/behe.htm y
www.talkorigins.org/faqs/behe.html).
T: La evolución Darwiniana es sólo una teoría científica sobre el
desarrollo de la vida en la Tierra. Una teoría alternativa conocida como
Diseño Inteligente es igualmente adecuada para explicar las
observaciones. Más aún, dicha teoría es superior a la evolución porque
muestra matemáticamente que la complejidad (información especificada)
contenida en las estructuras biológicas no puede ser generada sólo por
procesos materiales.
A: El teórico más destacado del Diseño Inteligente es el teólogo William
Dembski. Demski está graduado en matemáticas pero sólo ha publicado un
artículo en una revista de la especialidad y ni el propio Dembski u
otros promotores del Diseño Inteligente han publicado su teoría en una
revista científica. Por lo que ha aparecido en los medios populares, el
Diseño Inteligente no parece una teoría competidora de la Evolución.
Ésta no ofrece una alternativa a la Evolución más allá de “algún ser
inteligente y poderoso lo hizo”. Los teóricos del Diseño Inteligente
insisten en que ese “ser inteligente” no tiene por qué ser Dios. Pero el
libro de Dembski Diseño Inteligente es en su mayoría teología,
sugiriendo que su motivación es promover sus creencias religiosas más
bien que desarrollar una teoría científica. Por supuesto, él afirma lo
contrario. Lee el libro por ti mismo y decide. En cualquier caso,
Dembski comete errores técnicos elementales en teoría de la información
y física. Su definición de información no es la convencional; su
definición de información compleja especificada es ambigua; su “ley de
conservación de la información” es probablemente incorrecta. En su
último intento No Free Lunch utiliza resultados científicos de forma
inapropiada. Como con su colega Behe, existen numerosos críticos de su
trabajo (Las siguientes páginas contienen enlaces a textos
representativos de ambos lados del debate:
inia.cls.org/~welsberr/ae/dembski_wa.html y
www.freethought-web.org/ctrl/intelligent-design.html)
T: El hecho de que la teoría del Diseño Inteligente no está publicada en
la literatura científica no significa que no sea ciencia. Los editores
de las revistas científicas podrían tener prejuicios en su contra. De
hecho, La teoría de Dembski puede ser clasificada como ciencia porque es
susceptible de verificación empírica. Dembski ha propuesto un criterio
que selecciona con éxito objetos de los que sabemos que son diseñados.
Aplicando dicho criterio de selección a los organismos biológicos,
muestra que éstos están diseñados.
A: Estoy dispuesto a considerar, por el bien de la argumentación, que el
Diseño Inteligente sea, en algunos aspectos, ciencia. Una teoría
científica, sin embargo, no es considerada como probada con éxito cuando
simplemente está de acuerdo con los hechos empíricos ya conocidos, y
esto es aplicable al criterio de selección de Dembski. Cuando dicho
criterio nos dice que un reloj es un objeto diseñado y una roca no lo
es, éste no nos está diciendo nada que ya no supiéramos. Cuando el
criterio nos dice que un ratón es diseñado, no podemos decir que esto
sea o no correcto en función de las otras observaciones. Así, es
incorrecto decir que el criterio de selección de Dembski esté
comprobado. La única manera de que esto pueda ocurrir sería si el
criterio hiciera algunas predicciones que pudieran ser verificadas
empíricamente. Por ejemplo, supongamos que el criterio es aplicado a una
roca lunar e identificara algunas estructuras de la roca como objetos
diseñados. Los Geólogos sin embargo dirían que estas estructuras habrían
sido producidas por procesos naturales. Entonces si, en algún momento
posterior en el que todos los análisis ya hubieran sido publicados,
fuésemos visitados por extraterrestres que nos comunicaran que ellos
habían diseñado tal roca, el criterio de selección de Dembski habría
pasado el test.
T: Todavía me resulta difícil imaginar cómo la complejidad de la vida
podría ser el resultado de procesos materiales.
A: Quizás no sea más que falta de la imaginación. Déjame hacerte una
pregunta: ¿Por qué pones objeciones a la Evolución?
T: En realidad es el darwinismo lo que objeto, entendiendo como tal la
noción de que toda la vida evolucionó desde sus orígenes puramente por
procesos materiales, incluyendo una gran cantidad de azar. Si este fuera
el caso, la humanidad no sería más que un mero accidente. Esto entra en
profundo conflicto con mi fe religiosa que considera al hombre como
puesto en la Tierra por deseo divino.
A: Mencionas aquí varias cosas interesantes. Muchos teístas ven la
evolución como científicamente aceptable y perfectamente compatible con
su fe -La iglesia Católica por ejemplo-. Lo que no significa que acepten
el Darwinismo tal y como lo has definido -definición, por cierto, con la
que estoy completamente de acuerdo-. Los teístas evolucionistas todavía
creen en algún tipo de evolución guiada por Dios. Por ejemplo, Dios tuvo
que intervenir hace un millón de años o algo así para asegurar la
evolución del Homo Sapiens Sapiens de la manera que Él la quería. Esto
no es Darwinismo; sino una forma de Diseño Inteligente. Tienes toda la
razón al afirmar que el Darwinismo está en conflicto con la creencia en
que la humanidad es especial. Algunos teólogos han argumentado que la
humanidad es sólo una de las diferentes formas en las que Dios podría
realizar sus deseos. Dicha afirmación no puede ser descartada, pero ésta
parece difícilmente compatible con la creencia tradicional de las
grandes religiones monoteistas.
T: Estás tratando de invocar a Dios como una “explicación científica”.
Ésta no es la manera en la que yo veo a Dios. Para mí, Dios está
continuamente sosteniendo el universo.
A: Sí, entiendo la teología y no estoy afirmando que tal Dios sea
lógicamente imposible. Sólo estoy apuntando que si Dios actúa
continuamente o deja que las cosas sigan su curso y sólo interviene
ocasionalmente, tales acciones serían incompatibles con el Darwinismo.
Cualquier Dios que juegue un papel importante en el universo debería
producir efectos observables, y eso caería en el dominio de la ciencia.
© 2002 Víctor J. Stenger (vstenger@mindspring.com)
© Traducido con permiso por Pedro J. Hernández (phgt@correo.rcanaria.es)
Documento original: How to answer theist argument.
http://spot.colorado.edu/~vstenger/how.html
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El Yamato http://yamato.arp-sapc.org/fpa.htm
http://www.terra.es/personal8/m3l-yam/fpa.htm
FENÓMENOS PARA ANORMALES
Por: Fernando Frías
Hace unos años, Luis Alfonso Gámez publicaba en "La Alternativa
Racional" una sección cuyo título levantaba ampollas en el maguferío
nacional. "Fenómenos Para Anormales", se llamaba, con evidente disgusto
de quienes pensaban que en el Circo de lo Paranormal hay más que eso,
fenómenos para anormales.
Y hay más, claro: el espejismo de lo paranormal es capaz de engañar
incluso a personas inteligentes, cultas y preparadas. Pero los Fenómenos
Para Anormales son mucho más abundantes de lo que todos quisiéramos. Y
un buen ejemplo de ello -mejor dicho, un buen chorro de ejemplos- lo
tuvimos en el contenido de "Investigació TV", programa producido por "El
Mundo TV" y emitido por “Canal Nou-Televisión Valenciana”, y que el
pasado día 3 de mayo trató el tema del "Más Allá".
"¿Existe el Más Allá?", se planteaba la presentadora al empezar el
espacio. Que exista el “Más Allá", a secas, no quedó ni mucho menos
claro. Pero sí resultó incontestable que existe, y mucho, el "Más
Allá... de la cordura".
El programa consiste básicamente en una sucesión de vídeos rodados con
cámara oculta, y que son comentados por cuatro invitados. Generalmente
se distribuyen dos a dos, y eso parecía que iba a ocurrir también ese
día: dos defensores de la racionalidad (Gustavo Bueno, filósofo y socio
de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, y Fernando
Quintela, director de "El Mundo Televisión") y dos creyentes en lo
esotérico y paranormal (Francisco Máñez, Presidente de la Asociación
Valenciana de Investigaciones Parapsicológicas y Ovnilógicas, y el
"profesor Isaí", profundo conocedor y aplicadísimo Iniciado en casi
todas las religiones imaginables). Sin embargo, el contenido del
programa fue esta vez de tal calibre, que hasta los dos representantes
del bando crédulo tuvieron serias dificultades para resistir las
carcajadas.
Y si eso ocurría en la mesa, imagínense entre el público, donde este
servidor de ustedes se sentaba rodeado por todas las partes (y en todos
los planos astrales, sin duda) de videntes, contactados, brujas, médiums
y demás fauna al uso, todos absolutamente convencidos de la veracidad de
aquello que estábamos viendo en los vídeos. Y todos, todos, defendiendo
que aunque hubiesen pillado a otro haciendo barbaridades, sus propios
poderes sí que eran genuinos.
Pero vayamos por partes. En los vídeos que ofreció el programa, una
intrépida reportera recurría a los más variados servicios de lo
paranormal: desde un espiritista que, tras el oportuno paso por
taquilla, le puso en contacto con el espíritu de un ficticio hermano
fallecido, hasta una bruja que le practicó un exorcismo caro pero
eficaz: la propia periodista pudo comprobar que el aparato detector de
demonios que antes del ritual marcaba el máximo, mantenía luego su aguja
indicadora en un tranquilizador cero patatero.
¿Cómo? ¿Que no sabían ustedes que hay un "demoniómetro"? Por supuesto
que sí: por el módico precio de unas quince mil pesetas, la reportera se
hizo luego con uno de esos chismes, a pesar de la encarnizada
resistencia del vendedor, que prefería colocarle más bien una cámara
Kirlian, un medidor de energía biológica o algún otro cachivache más
aparatoso y más caro. Aunque es de suponer que con el mismo margen de
beneficio: tras la oportuna inspección técnica, el medidor de presencias
maléficas resultó ser una simple radio de fabricación casera, bastante
mal hecha, y cuyo precio de costo era de unas trescientas pesetillas.
Seguramente costaría incluso menos otro artefacto cuyos efectos, sin
embargo, eran mucho más inquietantes: se trataba nada menos que de un
muñeco vudú. Tras un oportuno bautizo potenciado por unas cuantas misas
negras, y por un precio que, tras diversas vacilaciones con esto del
euro, el vendedor fijó en unas anticuadas pero considerables quinientas
mil pesetas, lo que parecía un muñeco de arcilla bastante mal
confeccionado (el de cera costaba el doble) se convertiría en la
terrible arma de venganza de una joven despechada. Joven que, todo hay
que decirlo, pudo elegir a placer entre un completo surtido de
muñequitos, rituales y, sobre todo, un interesante elenco de demonios a
cual más malvado. Y a cual más caro, puesto que, según la tarifa que
leía el vendedor, cada uno de ellos cobraba unos honorarios
profesionales acordes con su categoría y con la gravedad de las
diabluras que cometía.
A la vista de unos montajes tan burdos, unos timos que añaden al daño
económico un auténtico insulto a la inteligencia de las víctimas, uno
podría preguntarse cómo se las han arreglado los investigadores de "El
Mundo TV" para dar con semejante tropa de sinvergüenzas. Pues no
tuvieron muchas dificultades: según me contaba el guionista del
programa, no tuvieron que ir peregrinando de médium en médium, de
vidente en vidente, hasta encontrar estos casos tan esperpénticos. Por
lo visto, acertaron siempre a la primera. Como diría cierto
"investigador", "¿casualidad o causalidad?"
Claro que no sé si fiarme de lo que me dijo el guionista, porque, verán
ustedes, resulta que en realidad es un fantasma. Concretamente un
espíritu burlón. O al menos así lo identificó un especialista en
"limpieza de casas", cuando la reportera le enseñó una foto de una
fiesta en la que, entre un grupo de amigas, aparecía la imagen borrosa
de este hombre. Naturalmente, la periodista fingía estar atribuladísima
por aquella aparición ectoplásmica, que amenazaba con perturbar la
tranquilidad del hogar.
Afortunadamente contaba con los servicios de este "limpiador", cuya
profesionalidad sólo vaciló levemente cuando comentó lo guapas que eran
las chicas y preguntó si todas salían con alguien. Pero fue una
vacilación momentánea; ante la sonrisa de cachondeo que se le escapó a
la reportera, el hombre se hizo cargo de la situación y, previo cobro de
una cantidad simbólica (que, ¡ay con el euro!, acabó fijando en 50.000
pesetas), accedió a ahuyentar al espíritu en cuestión.
Espíritu que resultó ser bastante resistente, porque, a pesar de que el
fulano recorrió varias veces la casa echando azufre a diestro y
siniestro y gritando a voz en cuello "¡Ilúmbrame, Señor!" (sic), no
acababa de irse. O eso aseguraba el "limpiador", mientras miraba a una
silla vacía y comentaba que, ante la terquedad del fantasma, no le
quedaba más remedio que elevar sus honorarios. Y es que debía andar mal
de dinero el hombre, porque, tras la última sesión, y mientras sus
clientes lo llevaban de regreso a casa, comentó con ellos la posibilidad
de conseguir una exclusiva para la tele y repartirse lo que obtuvieran.
No mencionó la posibilidad de darle una comisioncilla al fantasma. Una
vergüenza.
Como pueden imaginarse, ante lo visto el debate no pudo brillar a gran
altura. Ni siquiera cuando el último vídeo nos transportó nada menos que
al "Planeta Sirio", el lugar al que un tipo aseguraba ir fin de semana
sí, fin de semana no. Sus viajes le habían servido, aseguraba, para
adquirir notables poderes curativos, que se veían reforzados con
constantes consultas a sus colegas sirianos vía teléfono móvil. Lamento
decir que no pude averiguar quién pagaba la factura de las llamadas.
De los invitados al debate, tan sólo el "profesor Isaí" mantuvo a ratos
la compostura, explicando con erudición cuáles de las mamarrachadas que
veíamos eran mamarrachadas legítimas según tal o cual religión animista,
y cuáles eran tan sólo mamarrachadas sin denominación de origen
calificada. Mientras, Fernando Quintela y Gustavo Bueno hacían visibles
esfuerzos para contener la risa. Y en cuanto a Francisco Máñez, no sabía
si reír o llorar.
Porque los invitados del público tampoco contribuían demasiado a la
seriedad de la discusión. Un señor aseguraba constantemente que veía
muertos, y no tuvo reparo en intentar dar lecciones de filosofía a
Gustavo Bueno, que reaccionó como se pueden suponer: partiéndose de
risa. A su lado, otro tipo explicaba que sus exorcismos y sus limpiezas
de casas encantadas sí que eran serias, no como las que habíamos visto
en el vídeo. Lo malo es que justo en ese momento llamó una espectadora
para contar cómo había sido la "limpieza" (en un amplio sentido de la
palabra) que el tipo aquel había hecho en la tienda en la que trabajaba,
y los detalles que contó en antena y, sobre todo, los que contó fuera de
antena, bastaron para que el hombre cerrara la boca durante el resto de
la emisión.
Con lo cual el peso de los testimonios pasó al señor que se sentaba a mi
lado, y que contó con todo lujo de detalles, a cuál más disparatado, sus
muchas experiencias con los ovnis. En un momento dado, incluso, explicó
que los marcianos se le aparecían periódicamente a la puerta de su casa
para invitarle a dar un paseo en platillo. Naturalmente yo, que como
buen escéptico me pirro por ver un ovni de verdad, me ofrecí amablemente
para ocupar su plaza, pero por desgracia declinó mi ofrecimiento. ¡Otra
oportunidad perdida de ir a Ganímedes!
En cambio, tuve más éxito con la señora que nos relató sus contactos con
extraterrestres de Alpha Centauri y de la Galaxia de Andrómeda,
facilitándonos incluso el interesantísimo dato astronómico de que
nuestra Galaxia vecina tiene la atmósfera de color verde. Y digo que
tuve más éxito porque, a pesar de mis preguntas y mis no siempre
exitosos intentos de aguantarme la risa, la pobre mujer se me acercó
después del programa para ofrecerme sus servicios de gemoterapia, reiki
e industrias afines. Infalibles para el dolor de espalda, aseguró.
En definitiva, fue un programa con poco espacio para el debate (para el
debate serio, ninguno) y mucho, quizá demasiado, para la exposición de
lo sinvergüenzas que pueden llegar a ser algunos, y, ¡ay!, lo tontos que
llegan a ser otros: evidentemente, ninguno de estos negocios
disparatados existiría si no hubiese tanta gente dispuesta a creerse
esos disparates.
Y ese es precisamente el problema: que no todo son Fenómenos Para
Anormales. Que junto a los patéticos payasos que desfilaron en los
vídeos hay otros muchos que mantienen una apariencia seria. Y que junto
a los simplones que pican en unos montajes tan burdos, hay mucha, mucha
gente que cree que "algo hay", y que no vacilará en seguir acudiendo a
videntes, brujos, sanadores, espiritistas y demás fauna del "Más Allá".
Para los primeros, me temo que el programa no les hará "mucho daño",
como lamentaba el "profesor Isaí". La experiencia nos muestra que algo
así sólo sirve para quitarles de en medio algo de competencia. Y no
siempre.
Y para sus clientes, un programa como el del otro día sólo servirá para
hacerles reír un poco: difícilmente habrán adquirido algo de la
información o el sentido crítico necesarios para distinguir la paja del
grano y para darse cuenta de que, en lo paranormal, no van a encontrar
nada de grano, y, en cambio, mucha paja.
Mucha paja. Y, la venda un fantoche con túnica, un consultor bursátil
astrológico, un parapsicólogo diplomado o un "periodista de
investigación", muy cara.
Para más Información:
Versión completa e ilustrada en
http://www.terra.es/personal8/m3l-yam/fpa.htm
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LA CONJUNCIÓN SE HA IDO... Y EL FIN DEL MUNDO NO HA OCURRIDO
Comunicado a la Prensa de ARP-SAPC
Durante casi un mes hemos podido disfrutar de un espectáculo poco
habitual: los cinco planetas visibles a simple vista han estado en la
misma zona del cielo y, además, ha habido momentos en que casi se veían
formando una línea recta.
Los cinco planetas que podemos ver sin telescopio son: Mercurio, Venus,
Marte, Júpiter y Saturno. Al ocultarse el Sol, con los últimos
resplandores del día, primero se hacía visible Venus, luego Júpiter, y
un poco más tarde, cuando las estrellas resplandecían, aparecían Marte,
Saturno y Mercurio.
Mercurio, Venus, Marte y Saturno se veían en la constelación de Tauro,
un poco a la derecha de Orión. Júpiter, un poco más díscolo, se situaba
a la izquierda de Orión, en la constelación de Géminis.
Es un espectáculo realmente bello y extraño pues el que los planetas
estén casi sobre una línea recta sólo se repite cada varias decenas de
años.
Hace dos años, ocurría algo similar, aunque un poco diferente, era la
“gran conjunción” del 5 de mayo de 2000. No se trataba de que todos los
planetas estaban en una línea, sino que estaban agrupados en una pequeña
parte del cielo. En aquella ocasión muchos astrólogos y otros agoreros
anunciaron el fin del mundo, o al menos grandes catástrofes. Por
ejemplo, el libro “5/05/2000 el último desastre”, del autor Richard
Noone, profetizaba poco menos que el fin del mundo. Ésta es tan sólo una
muestra. Y no se crean que Richard Noone es un don nadie, su obra tuvo
gran repercusión y muchas personas, sobre todo en Estados Unidos,
vendieron sus casas y se fueron a refugios para esperar el 5 de mayo del
2000: el día del fin del mundo.
El fin del mundo no tuvo lugar y nadie pagó los platos rotos.
Lo ocurrido el año 2000 no es un caso aislado. En 1982 ocurría algo
semejante y varios libros anunciaron a bombo y platillo que aquel era el
año del fin del mundo. Cuando el fin del mundo no tuvo lugar, muchos
astrólogos que se habían hecho eco de la noticia dijeron que se habían
equivocado, que los cálculos no eran del todo correctos y que el fin del
mundo sería el 5 de mayo del 2000.
Para muchos, el fin del mundo del mundo anunciado por los astros para el
año 2000, tendría como brazo ejecutor a los ordenadores. Por un descuido
imperdonable, los informáticos únicamente habían reservado dos dígitos
para guardar el año, por lo que 2000 se traduciría en 00, es decir:
1900, y eso provocaría tales desastres que estaríamos cerca del fin del
mundo o, al menos, del fin de nuestra civilización.
Tampoco en esta ocasión ocurrió nada reseñable pero, una vez más, hubo
quien hizo un gran negocio.
Nuestra asociación (ARP-Sociedad para en Avance del Pensamiento Crítico)
pretende que todos nosotros seamos más críticos entre otras muchas cosas
con las noticias sobre astrología, parapsicología, ufología y demás
“paraciencias” tan en boga en nuestros días.
En ningún momento pretendemos restringir el derecho que todas las
personas tenemos a expresar y difundir libremente nuestras ideas; pero
si nos gustaría que, cuando nos llegasen noticias de este tipo, fuéramos
un poco más críticos de lo que habitualmente somos. Nos gustaría que, al
menos, fuésemos tan escépticos como lo somos de ordinario con las
noticias políticas.
Sin duda, son pocos los ciudadanos que creen “a pies juntillas” todo lo
que dicen los políticos, constituyendo mayoría quienes mantienen cierta
reserva personal, y, sin embargo, resulta alarmante comprobar la
cantidad de ciudadanos que están dispuestos a dar crédito a todos estos
dislates de los horóscopos, cartomantes, videntes, profetas del fin del
mundo, cazadores de marcianos trompeteros y demás vividores de lo
inexistente.
Con la conjunción planetaria que acabamos de vivir nos ha sorprendido la
falta de predicciones catastrofistas por parte de estos
“paracientíficos”. Ha habido alguna voz agorera, pero ha tenido poca
repercusión. Sinceramente nos alegramos de ello. Probablemente sea que
ha pasado aún muy poco tiempo, tan solo dos años, de su estrepitoso
fracaso del año 2000 y los medios de comunicación han considerado que
estas predicciones no eran tan noticiables como las referentes a quien
ha de ser el ganador del Gran Hermano de la presente temporada.
A los escépticos también nos gusta soñar pero preferimos hacerlo con una
sociedad en la que el pensamiento crítico del público aumenta un poquito
cada día. En este sentido, nos gustaría pensar que la labor desarrollada
por nuestra asociación ha contribuido a ello de algún modo.
¡Ojalá que así haya sido!
Dr. Félix Ares De Blas
Presidente de ARP-SAPC
Apdo. Correos 310
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OJOS QUE NO VEN
Por: Josep Catalá
He participado, en Madrid, en unas jornadas sobre telefonía móvil y
salud, organizadas por la Universidad Complutense. Y uno, que ya ha
doblado la línea de los 50, acude a encuentros de este tipo con una
notable carga de escepticismo sobre lo que va a explicarse como novedad.
Sobre todo porque, a diferencia de los camándulas que suelen pulular por
la península sembrando la zozobra en la ciudadanía, vendiéndoles la
especie de los terribles efectos de la telefonía móvil sobre el
organismo humano, ha bregado en su momento con las ecuaciones de
Maxwell, con las PIRE, con los lóbulos y espectros de emisión, con los
paralelepípedos de prudencia, etcétera, etcétera. Vamos: lo que hay que
conocer y haber masticado si se quiere ofrecer una opinión fundamentada
en la ciencia, y no en el feng shui o en el dolor de muelas que una
vecina dice que atormenta a su cuñada, desde que instalaron en el barrio
una antena punto-multipunto que, además, no es ni de telefonía móvil.
Quiere decirse que uno suele acudir a encuentros como el de la
Complutense correspondiendo a la invitación que ha recibido, pero con el
convencimiento de que poco o nada va a aprender. Gran error: a veces la
liebre salta donde no se la espera. En algunos simposios no sólo se
consigue intercambiar opiniones con verdaderos expertos internacionales
en el tema, sino también lograr ver una misma cosa desde otra óptica. Y
aún más: constatar que una hipótesis de trabajo acaba convirtiéndose,
por la fuerza de los hechos, en una realidad incontrovertible, como es
el caso. Vamos, que uno teorizaba sobre la naturaleza real de presuntos
demonios electromagnéticos, que afligen a cierta ciudadanía crédula, y
en la reunión los expertos confirman la certeza de sus elucubraciones.
Unos demonios, por cierto, que son lo suficientemente malignos -al menos
en localidades como Valladolid y Figueres- como para infligir graves
enfermedades sin ni siquiera estar presentes. Por decirlo más claro: que
un conjunto de antenas induzca leucemias antes incluso de haberse
instalado.
La sorpresa, en esta ocasión, la dio (o me la dio) la ingeniero
representante de una de las cuatro compañías que explotan en España el
sistema GSM, el habitual en móviles. Al hablar de las reacciones de las
operadoras ante el absurdo pero real espanto de las gentes, por la
presencia de las antenas de las células telefónicas, y de cómo están
aquéllas estudiando no tropezar otra vez con la misma piedra ante el
desarrollo del estándar UMTS, la tercera generación de móviles,
habló -más aún: apoyó sus palabras con imágenes- de cómo su compañía
está implantado un método, no ya tranquilizador, sino de alta prevención
sanitaria. Casi, casi, la panacea soñada. O, como mínimo, un eficaz
antídoto contra la actuación de los demonios citados.
Imagino que las cuatro empresas deben hacer ya algo parecido, pero lo
que los asistentes a las jornadas conocimos de primera mano fue que, en
diversos lugares particularmente sensibilizados ante el peligro antenil,
se están disfrazando las antenas como chimeneas, tubos de aireación,
etcétera. O cómo se consiguen finalmente todas las bendiciones y
consensos para instalar una antena, y la caseta con todos los aparatos
correspondientes, en una zona especialmente protegida y mimada por
razones de medio ambiente. Se trata de camuflar el conjunto como una
rústica casita, con su chimenea-trampa, entre otras cosas. Para las
necesidades de otros entornos, existe en España una firma industrial que
suministra antenas que semejan totalmente árboles, con un follaje en
plástico recubre-antenas, que incluso a poca distancia da el pego, tanto
han logrado imitar los pinos y cipreses.
Más claro, el agua: ojos que no ven, corazón que no siente. Al decir de
la representante de la operadora, el método es mano de santo. «En
ninguno de estos lugares hemos tenido ninguna queja de que nadie padezca
dolores de cabeza, cansancio, mareos, o que sospeche de la antena ante
un caso de cáncer». Son sus palabras. Por ahí van las cosas, anda que
no. En Bilbao, sin ir más lejos, existe un céntrico y conocido hotel,
sin tacha por otra parte, que consigue disuadir de nuevas visitas a los
huéspedes que reciben alojamiento en las habitaciones posteriores, si
son especialmente temerosos de los efectos de las antenas. Basta con
abrir la ventana para contemplar un inmenso torreón metálico en celosía,
lleno y rematado de tambores para transmisión LMDS, radiantes de GMS ,y
toda suerte de artilugios para telecomunicaciones. Vamos, que los
crédulos de las profecías de los impostores no pegan ojo, creyendo haber
descubierto tal o cual daño personal ocasionado por la muy cercana
torre.
Es posible profetizar, sin apenas riesgo: en el plazo de 10 años -o
menos- cuando el sistema UMTS o un sucesor de éste ya se haya
implementado, con lo que supone de disminución en el tamaño de las
antenas emisoras, y cuando las células actuales haya dado paso a las
subcélulas o microcélulas a las que basta, como quien dice, un pedazo de
alambre para radiar, la exagerada percepción del riesgo que actualmente
se tiene, como consecuencia del desconocimiento, se habrá extinguido. Ya
no habrá ni dolores de cabeza ni leucemias en masa asociadas a los
campos electromagnéticos. Oh, milagro. Muerto el perro, se acabó la
rabia. El mejor medicamento tecnológico: no se ven las antenas, luego no
hay enfermedades por su causa
Pero, ay, puede profetizarse más: tan pronto -y como ya se está
detectando- los temores de la ciudadanía frente a las antenas hayan
decrecido, los agoreros de las catástrofes van a iniciar otra campaña,
esta vez contra los propios teléfonos móviles. Y si no, al tiempo.
[Nota] * Josep Catalá es Doctor en Biología, ingeniero químico y
periodista científico
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FALLECIÓ STEPHEN JAY GOULD, FUNDADOR DEL MOVIMIENTO ESCÉPTICO
Comunicado a la Prensa de ARP-SAPC
El 14 de mayo salía a la venta en Estados Unidos el libro de Stephen Jay
Gould “I have Landed: The End of a Beginning in Natural History”,
décimo y último de la serie que estaba basada en los ensayos que
mensualmente publicaba en la revista Natural History. Seis días después
fallecía de un cáncer que arrastraba desde hace muchos años.
Muchísimos medios se han hecho eco de su muerte y han rememorado sus
obras de divulgación sobre la vida y su evolución, que han tenido gran
aceptación entre los lectores de habla castellana: Brontosaurius y la
nalga del ministro, El pulgar del panda, Dientes de gallina y dedos
caballo, La vida maravillosa , Las piedras falaces de Marrakech, La
sonrisa del flamenco, Ocho cerditos, Un dinosaurio en un pajar, etc.
Algunos medios han mencionado que fue el autor de la teoría de los
“equilibrios puntuados”, en la que defiende que la velocidad de la
evolución no ha sido uniforme en el tiempo, sino que ha procedido “a
saltos”; ha habido épocas de quietud, con aparición de pocas especies
nuevas, y épocas de cambio vertiginoso.
Varias de esas personas que creen en la Biblia como relato absolutamente
fidedigno y que llamamos creacionistas, a veces han usado su nombre como
científico de la Universidad de Harvard que no cree en el darwinismo, ni
en la evolución y que, por tanto, apoyaba sus tesis. Obviamente no es
así. Gould claro que está convencido de que las especies evolucionan y
que todas las actuales proceden de otras más antiguas. Con lo que no
está de acuerdo es con la idea de Darwin de que el cambio era gradual.
Siempre a la misma velocidad. Pero no ser “gradualista” no significa que
no cree en la evolución.
Pocos han mencionado que también es el autor de Milenio, una preciosa
obra sobre la fecha de origen del siglo XXI. Una obra desmitificadora y
escéptica respecto a los gurús que dogmatizan sobre una u otra fecha. ¿
Se acuerda usted de las discusiones que hubo a finales del año 1999?
Lo que he echado a faltar en los medios es señalar que fue uno de los
fundadores del movimiento “escéptico” mundial. Ocurrió hace algo más de
veinticinco años. Muchos intelectuales estaban hastiados de la cantidad
de espacio que dedicaban los medios a temas pseudocientíficos tales como
los ovnis, la astrología, el tarot o la parapsicología . Y sobre todo,
estaban hartos de que expresasen sus, muchas veces absurdas, opiniones
sin una cortapisa; sin que nadie les dijera que estaban equivocados o
que había otras explicaciones más racionales. Para subsanarlo se creó el
CSICOP (Comité para la Investigación Científica de los Supuestos
fenómenos Paranormales). Uno de los socios fundadores fue Stephen Jay
Gould, que colaboró activamente bien escribiendo artículos para la
revista de la Asociación (The Skeptical Inquirer), bien dando
conferencias, bien incluyendo algún toque “escéptico” en sus muchos
escritos.
Poco tiempo después nació en España ARP-Sociedad para el Avance del
Pensamiento Crítico, con los mismos objetivos que el CSICOP y, aunque
independiente, colaborando activamente con la asociación estadounidense.
Para acabar sólo me resta decir que, como presidente de ARP-SAPC y como
asesor científico del CSICOP, siempre que le hemos pedido ayuda, Stephen
Jay Gould nos la ha prestado desinteresadamente.
Sin duda todavía tenía muchas cosas que decir; ello hace más cruel, si
cabe ,su muerte prematura por causa de esa terrible enfermedad que es el
cáncer.
Estamos convencidos de que venceremos a esa terrible enfermedad y
estamos convencidos de lo haremos desde la racionalidad, desde el
fomento del pensamiento crítico. Ese pensamiento que él ayudó a difundir
y a hacer universal.
¡Gracias Stephen!
Dr. Félix Ares De Blas
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CONDOLENCIA AL CSICOP POR LA MUERTE DE STEPHEN JAY GOULD
ARP-SAPC
Estimados Barry Karr y Paul Kurtz,
Por las noticias hemos conocido que Stephen Jay Gould ha muerto. Sin
duda es una gran pérdida para todos los que estamos interesados en
vulgarizar la ciencia y en promover el pensamiento racional y critico.
En mi propio nombre y en el de la sociedad que presido: ARP-SAPC,
queremos mostrar el pesar que sentimos ante la muerte de una persona tan
valiosa.
Reciban nuestro más sentido pésame.
Dr. Félix Ares De Blas
Presidente de ARP-SAPC
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[Nota] *El presente mensaje de condolencia fue remitido por Don. Félix
Ares de Blas, en nombre de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento
Crítico, a nuestros compañeros escépticos norteamericanos del Comité
para la Investigación Científica de los Supuestos fenómenos Paranormales
(CSICOP). El amable mensaje de respuesta de Barry Karr no se hizo
esperar.
Desde la Redacción de “El Escéptico Digital” queremos sumarnos al pesar
de la comunidad escéptica internacional por la sin duda dolorosa pérdida
de Stephen Jay Gould y agradecerles la acogida que una vez más han
sabido dispensar a nuestra comunicación.
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Por La Boca Muere El Pez http://javarm.blogalia.com/
ADIOS GOULD
Por: Javier Armentia
La Vida Maravillosa Stephen Jay Gould (1941-2002)
El lunes pasado, 20 de mayo, murió, a los 60 años de edad, Stephen Jay
Gould, reconocido como el científico más famoso de los Estados Unidos,
sobre todo por ser uno de las más finos divulgadores de la ciencia, un
activo hombre de la cultura que supo hacer partícipe a sus lectores de
la aventura de la vida, consiguiendo llegar a las masas (pocos
científicos se han llegado a convertir en personajes de la serie de
animación “Los Simpsons”: Gould “participó” en un episodio defendiendo
la evolución contra la intolerancia religiosa).
En general, la ingente producción de este escritor y científico
(paleontólogo, geólogo, zoólogo, historiador de la ciencia... si tenemos
en cuenta las posiciones académicas que fue ocupando en los últimos
veinticinco años), podría resumirse en intentar explicar y comprender lo
maravilloso que resulta que estemos aquí. En sus propias palabras: “el
Homo sapiens no apareció en la Tierra, justo hace un segundo geológico,
porque la teoría evolutiva prediga tal resultado basándose en cuestiones
de progreso y complejidad neuronal creciente. Los humanos aparecimos,
sin embargo, como el resultado contingente y fortuito de miles de
sucesos enlazados, cualquiera de los cuales podría haber ocurrido de
forma diferente y así, haber mandado la historia por un camino
alternativo que no nos habría traído a la consciencia”. Es decir,
preocupación por la evolución, por la forma en que se produce, y sobre
todo, por la manera en que estudiamos nuestra propia condición de
especie en este planeta vivo.
Muy crítico con el papel de la ciencia, Gould reconocía que el problema
actual es que de ella se han derivado tecnologías potencialmente
asesinas en una escala mucho mayor de la que nunca el ser humano había
dispuesto antes. “Cuando la humanidad tenía sólo flechas, arcos y lanzas
a su disposición, el genocidio era más improbable. Ahora no”. Para Gould
el uso racional del poder era fundamental para asegurar el futuro. Las
preocupaciones de un hombre de ciencia como Gould, no es de extrañar,
iban desde la historia a la política, pasando por la literatura o el
arte. Su capacidad de utilizar en sus ensayos (un estilo que Gould mimó
especialmente) claves provenientes de multitud de lugares, conseguía
rápidamente la complicidad del lector. Así, partiendo de la historia de
unos fósiles falsificados que compró en Marruecos, analizaba en uno de
sus últimos libros, Las piedras falaces de Marrakech (Ed. Crítica,
2001), una colección de artículos sobre el desarrollo de la historia
natural, la paleontología y la biología modernas. Muchos de ellos habían
sido publicados en la revista Natural History, para la que colaboró
durante años. Otras obras como La vida maravillosa, Brontosaurus o la
nalga del ministro, Dientes de gallina y dedos de caballo, El pulgar del
panda o La montaña de las almejas de Leonardo (todas ellas en Crítica)
son buena muestra de su labor divulgadora (y de la forma tan llamativa
de titular sus ensayos).
Igualmente, al tomar partido por la ciencia, Gould entabló una feroz
lucha contra la pseudociencia, en especial defendiendo la biología
frente a los ataques no sólo intelectuales sino políticos de los
creacionistas, quienes defienden la veracidad literal del relato
bíblico. Ese posicionamiento lo colocó en el punto de mira de grupos
integristas que lo consideraban una especie de anticristo. Algo que
quizá influyó en su ensayo Ciencia versus religión, un falso conflicto
(Ed. Crítica, 2000), donde intentaba establecer la tesis de los
magisterios separados: la ciencia y la religión hablan de mundos
diferentes: "mucha gente cree que hay un conflicto intrínseco entre el
cristianismo y la evolución, pero no es así. La religión habla de ética
y valores, y la ciencia de hechos. Uno necesita ambas cosas, pero
realmente no interactúan demasiado”.
Su último gran libro publicado, La estructura de la Teoría Evolutiva
(editado en marzo de este año por la Harvard University Press, de
próxima aparición en castellano) era, sin embargo, un denso tratado, más
académico, en el que hacía un recorrido por el marco teórico evolutivo,
fundamental para las ciencias de la vida actuales. En sus casi mil
quinientas páginas, Gould realizaba en cierto modo su testamento
científico, recogiendo el trabajo de más de un cuarto de siglo como
catedrático de zoología y paleontología. Ha sido acogido con cierto
escepticismo por el mismo mundo académico del que Stephen Jay Gould fue
uno de los principales comunicadores. Ciertamente, como tratado que
intenta compendiar una ciencia en desarrollo, resulta incompleto, pero
pocas veces, y desde luego contadas personas, podrían permitirse el
atrevimiento enciclopédico en un tema así. Por otro lado, las teorías
evolutivas de Gould no son del todo compartidas por sus colegas, en
especial la proposición de que la evolución sucede en momentos
determinados de rápido cambio, frente al modelo usual que propone
escenarios más graduales (una discusión que se ha mantenido viva durante
varios decenios, por cierto). En cualquier caso, se ve una vez más algo
que Gould había criticado en numerosas ocasiones: la manera en que un
sector de la ciencia es incapaz de entender que sólo accediendo al
público, al ciudadano, se podrá asegurar que la empresa científica sea
asumida como parte integrante de la cultura, como algo necesario y
rentable para el futuro de todos.
La divulgación científica ha perdido una de las voces más cualificadas
y, como sucedió con la desaparición de Isaac Asimov o Carl Sagan, la
ausencia no se llenará fácilmente: aunar interés, precisión, estilo y
capacidad de entusiasmar no es algo sencillo.
Una Larga Lucha
Cuando en 1982 le diagnosticaron un cáncer abdominal mortal, Gould
convirtió su amargura y sorpresa en un delicioso artículo titulado La
mediana no es el mensaje, analizando la forma en la que entendemos las
estadísticas. La literatura sobre los mesoteliomas abdominales (la
enfermedad de Gould) hablaba de una enfermedad irreversible con una
supervivencia de ocho meses (la mediana: es decir, la mitad de los
enfermos morían antes de los ocho meses). Escribió: “Cuando supe de
ello, mi primera reacción intelectual fue: bueno, la mitad de la gente
vivirá más, veamos qué probabilidades tengo de pertenecer a esa mitad.
Leí durante una furiosa hora y concluí, con alivio: ¡cojonudo!. Poseía
cada una de las características que daban mayor probabilidad de
supervivencia: era joven; mi enfermedad se había diagnosticado en un
estadio relativamente temprano; recibiría los mejores tratamientos
médicos; tenía un mundo por vivir; sabía como leer los datos
adecuadamente, y no desfallecería”. La lucha siguió durante diez años. Y
finalmente, el cáncer ganó, como cabía, estadísticamente, pensar. Gould
supo entender no solamente la estadística, pero sobre todo seguir
adelante con su trabajo a pesar de ella.
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S. J. GOULD: UN BUEN CHISTE NO SE REPITE DOS VECES
Por: José Manuel Sánchez Ron
Stephen Jay Gould, catedrático de Zoología de la Universidad de
Harvard, y asociado también (desde 1996) como catedrático visitante de
investigación de Biología a la Universidad de Nueva York, paleontólogo y
biólogo evolutivo eminente, desde hace décadas uno de los mejores, sino
el mejor, de los ensayistas y divulgadores de la ciencia, falleció el
día 20 del presente mes, victima de un cáncer, a los sesenta años de
edad, en su casa de Nueva York, en, se nos dice, una cama situada en su
biblioteca, entre sus queridos libros, que incluían auténticas joyas
bibliográficas (sobre todo de historia natural), a las que se refirió
más de una de vez en algunos de sus ensayos.
Había nacido en la ciudad de Nueva York en 1941, y a los cinco años
decidió ser paleontólogo, tras haberle llevado su padre, taquígrafo de
tribunales, al Museo de Ciencias Naturales, donde contempló el
impresionante esqueleto del tiranosaurio que se exhibe en el hall de
entrada. Una profesión sorprendente para un hijo de emigrantes judíos
procedentes de la Europa del Este, en cuya familia no existía tradición
alguna de educación universitaria, como recordó en uno de sus libros,
'Ontogeny and Phylogeny' (1977), cuando agradecía a sus padres por el
ánimo que le habían proporcionado, «frente a la confusión de algunos
familiares ancianos que no sabían lo que significaba paleontología y
que, al descubrir lo que era, solamente podían murmurar (con una
inflexión que no puedo transcribir en papel):”¿Es ésa una profesión para
un chico judío?”.
Se licenció en Geología en el Antioch College de Ohio en 1963,
doctorándose en 1967 por la Universidad de Columbia (Nueva York), por
las investigaciones que había llevado a cabo en la historia evolutiva de
serpientes de tierra durante el Pleistoceno. El mismo año que se doctoró
se convirtió en profesor ayudante de Paleontología de Invertebrados de
la Universidad de Harvard y conservador ayudante del Museo de Zoología
Comparada de esta misma universidad. A partir de entonces Harvard sería
su lugar de trabajo definitivo, como catedrático desde 1974 (lo que no
le impidió, después de su segundo matrimonio, en 1995, establecer su
domicilio principal en
Manhattan).
Fue, como he dicho, un notable paleontólogo, pero también uno de los
mayores expertos en la teoría de la evolución (Darwin fue uno de sus
amores). Un matrimonio éste -teoría de la evolución y Paleontología- no
imposible en absoluto, pero tampoco necesario. «Yo tuve la
suerte –explicó en uno de sus libros, 'El pulgar del panda' (1980)- de
tropezar con la teoría de la evolución, uno de los campos más excitantes
e importantes de toda la ciencia. Jamás la había oído mencionar cuando
emprendí mi andadura en mis primeros años; simplemente me sentía
fascinado por los dinosaurios.
Yo estaba convencido de que los paleontólogos se pasaban la vida
desenterrando huesos y juntándolos, sin ir jamás más allá del
trascendental momento en que decidían cómo unirlos. Entonces descubrí la
teoría evolutiva. Desde aquel instante, la dualidad de la historia
natural (su riqueza en particularidades y su potencial unión en una
explicación subyacente) ha sido el motor de mi existencia».
Fue la teoría de la evolución de las especies, efectivamente, el
auténtico motor de su existencia, pero terminó proponiendo, en 1972 y en
compañía de Niles Eldredge, una teoría evolutiva diferente de la
darwiniana: la teoría del equilibrio puntuado. La tesis central de esta
formulación es la de la de que los cambios evolutivos se producen no
lenta y continuamente, poco a poco, como pensaba Darwin, sino por medio
de transformaciones relativamente repentinas (esto es, a escala de
tiempo geológico), separadas por largos intervalos en los que apenas se
producen cambios morfológicos. Aparte de en trabajos técnicos,
popularizó esta todavía controvertida visión de la evolución en uno de
sus mejores libros de divulgación: 'La vida maravillosa' (1989).
Es difícil para aquellos cuya vida se encuentra ligada de una u otra
forma al estudio del mundo natural no sucumbir a sus encantos, no
deleitarse en la exaltación de la belleza que se encuentra por doquier
en la naturaleza. Frente a este enfoque 'franciscano', Jay Gould se
proclamó siempre un 'galileano': «Me gusta - escribió en otro de sus
libros, 'Brontosaurus y la nalga del ministro'- la buena escritura
franciscana, pero me considero un galileano puro, ferviente e
impenitente... No soy insensible a la belleza natural, pero mis gozos
emocionales se centran en los trabajos, improbables pero a veces
prodigiosos, de esta minúscula y accidental ramita evolutiva llamada
Homo sapiens. Y no encuentro entre esas obras nada más noble que la
historia de nuestra lucha para comprender la naturaleza». Pero todo buen
galileano debe, además de contribuir al desarrollo científico,
esforzarse
por hacer la ciencia accesible a los no especialistas. Gould fue un
maestro en ese arte, siguiendo unas pocas reglas sencillas: «Nada de
pasar por alto las ambigüedades o lo que se ignora; eliminar la jerga,
naturalmente, pero no sacrificar las ideas (cualquier complejidad
intelectual puede ser transmitida en el lenguaje corriente)»; y «La
belleza de la naturaleza reside en el detalle; el mensaje, en la
generalidad. La apreciación óptima requiere de ambos, y no conozco mejor
táctica que la ilustración de principios excitantes mediante pormenores
bien escogidos». Fue en este difícil equilibrio entre lo particular y lo
general, uno de los lugares en los que más brilló Stephen Gould, como se
puede comprobar sin más que leer muchos de sus relatos sobre temas
aparentemente -sólo aparentemente- menores, como, por ejemplo, el pulgar
del panda, la relación entre la nalga (izquierda) de George Canning
(secretario de Exteriores del Gobierno británico) y el origen de las
especies, la cuestión de si cinco es un número apropiado de dedos, el
interés de Darwin por los gusanos, la historia del arzobispo inglés
James Ussher, que en el siglo XVII dio no sólo el año de la creación (el
4004 antes de Cristo), sino también la fecha exacta (el 23 de octubre),
o el golpe relámpago, en béisbol, de Joe di Maggio, su «héroe personal»
y «mentor desde la infancia». Relatos que aparecen en una legión de
libros, que al mismo tiempo que enseñaban conmovían; libros como
'Dientes de caballo y dedos de gallina' (1983), 'La sonrisa del
flamenco' (1985), 'Ocho cerditos' (1993), 'Milenio' (1998), 'Las piedras
falaces de Marrakech' (2000) o 'La falsa medida del hombre' (1981), en
el que con la sabiduría e implacabilidad del científico, la pasión del
hombre comprometido con sus semejantes y el amor del descendiente de
emigrantes mostró con toda crudeza las debilidades del denominado
'determinismo biológico', la idea de que la inteligencia humana puede
determinarse con mediciones (del tamaño del cráneo, por ejemplo) y
pruebas determinadas, ideas que se habían llevado a la práctica a
primeros del siglo XX con, por ejemplo, emigrantes europeos que llegaban
a Manhattan desconcertados y asustados, y a los que se obligaba a pasar
absurdas pruebas de inteligencia, o con personas a las que se calificó
de 'idiotas' y en algunos casos incluso esterilizó.
La curiosidad de Gould no se detenía ante nada. Ni siquiera frente a su
propia desgracia. En julio de 1982 supo que estaba sufriendo un
mesotelioma abdominal, un cáncer raro y extremadamente difícil de curar.
Cuando se despertó de la operación a la que fue sometido, lo primero que
preguntó a su doctora fue: «¿Cuál es la mejor bibliografía sobre el
mesotelioma?». Compasivamente, ésta le dijo que no había nada que
valiera la pena leer. Pronto descubrió el porqué de tal consejo: la
literatura especializada era meridianamente clara, se consideraba que el
mesotelioma era incurable, con una mortalidad mediana de sólo ocho
meses después del diagnóstico. Sin embargo, Gould reaccionó
interpretando tan abrumadora sentencia a la luz de sus conocimientos de
estadística: por pequeña que fuese la probabilidad, algunos se salvaban;
él terminó siendo uno de ellos. Aunque ahora otro tipo
de cáncer le ha derrotado. Con su humor profundo, tal vez habría dicho
que «un buen chiste no se repite dos veces».
El mejor legado de un científico, intelectual y escritor como fue
Stephen Jay Gould es su obra, sus libros, puesto que, más pronto que
tarde, terminará desapareciendo la memoria que deja a los que fueron sus
coetáneos y supieron de su vida. Hasta el último momento Gould
enriqueció ese legado.
En marzo del presente año, Harvard University Press publicó lo que él
consideraba como su obra magna, 'The Structure of Evolutionary Theory',
un grueso volumen de 1.433 páginas, y este mismo mes ha aparecido otro,
'I Have Landed: The End of a Beginning in Natural History', en el que
incluía la última entrega de los 300 artículos que publicó a partir de
1974 en la revista Natural History y que por decisión propia concluyó en
enero de 2001.
[Nota] * José Manuel Sánchez Ron es Catedrático de Historia de la
Ciencia de la Universidad Autónoma de Madrid
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El País http://www.elpais.es/
LA EVOLUCIÓN EN STEPHEN JAY GOULD
Por: Antonio García-Bellido
El pasado día 20 murió un gran científico y una gran pensador en el
fascinante problema de la evolución biológica. Stephen Jay Gould fue en
vida un paleontólogo dedicado al campo específico de la evolución de los
moluscos gasterópodos, que muestran una gran riqueza de detalle en sus
formas fósiles. De sus estudios en los años sesenta llegó a concluir que
la aparición de nuevas especies ocurría de forma discontinua, después de
largos periodos de estabilidad morfológica. Esta observación iba en
contra de la noción gradualista darwinista o neodarwinista de los años
cuarenta, que proponía una evolución continua basada en una adaptación
continua a cambios ambientales también continuos. La nueva hipótesis
ponía en duda la idea clave de Darwin de una 'selección natural' que
elige a partir de una proposición de mutaciones en individuos discretos,
aquellos que dan mayor descendencia fértil o que están más adaptados.
Los cambios morfológicos en los fósiles aparecían en poblaciones
enteras, y por lo tanto, la selección debía operar sobre especies más
que sobre individuos. Los genetistas de poblaciones neodarwinistas
argüían que los cambios en frecuencias génicas en los individuos de una
población podrían ocurrir más rápidamente que los intervalos geológicos,
y que la discontinuidad podría ser un artefacto del registro fósil.
El advenimiento de la biología molecular y los análisis comparativos de
genomas iban a sugerir aún otro nivel de selección: el de los genes y su
tendencia a replicarse y transponerse en el genoma: la idea del gen
egoísta de Richard Dawkins. La genética del desarrollo, y sobre todo su
estudio comparado entre organismos, empezó a mostrar en los años setenta
y ochenta que no sólo los genes están conservados en especies muy
distantes, sino que también lo están grupos enteros de genes que
funcionan en equipo para realizar operaciones de desarrollo tales como
la división celular o la organización de territorios celulares en ejes
embrionarios y tejidos. Esta conservación resulta del reconocimiento
molecular, una limitación (constraint) que da inercia a la evolución.
Así, la evolución no resulta de selección de alelos mutantes en las
zonas codificantes de los genes, sino de combinaciones diferenciales de
estos mismos genes en diferentes células en el tiempo y en el espacio
del desarrollo embrionario. Y esto a su vez resulta de cambios en las
zonas reguladoras de los genes conservados, sin afectar a los genes
mismos.
El mundo interno, las proposiciones de combinatorias génicas nuevas,
aparece así más potente causa de variación que los cambios graduales en
el mundo externo. Para que estas novedades se establezcan y propaguen en
nuevas especies es sólo necesario que el medio externo sea tolerante al
cambio genético interno. Como si los organismos estuviesen más
interesados en su construcción que en su apariencia final. Y esto es lo
que Gould (en su libro La vida maravillosa) ve operando en la explosión
cámbrica [la rápida aparición, hace 540 millones de años, de gran parte
de la diversidad animal actual] y en las radiaciones de nuevas especies
que siguen a las grandes extinciones geológicas, asociadas a cambios
morfológicos mayores en intervalos de tiempo cortísimos, de pocos miles
o millones de años. ¿Cómo puede esto ocurrir por una selección gradual
con estadíos intermedios adaptados?
En sus consideraciones más filosóficas, Gould da a la contingencia
histórica más valor que al determinismo adaptativo. De hecho, pone en
tela de juicio la noción de adaptación, que está en la base del
darwinismo. ¿No será la adaptación una interpretación antropomórfica del
mero hecho de que los organismos están ahí y se mantienen? La noción de
evolución escapa al experimento, pero el creciente conocimiento de los
mecanismos por los que se generan las formas biológicas están en la
línea de Stephen Gould de que el mundo interno da una riqueza de
variación y de constancia que no tiene el mundo externo.
[Nota] *Antonio García-Bellido es profesor de investigación en el Centro
de Biología Molecular Severo Ochoa.
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STEPHEN JAY GOULD: EL DARWIN DE LA PALEONTOLOGÍA
Por: Felipe Cuna
La paleontología moderna perdió ayer a uno de sus más geniales eruditos
y a un científico e intelectual que siempre provocó el interés y la
polémica por sus teorías sobre la evolución de las especies con las que
trató de revisar y actualizar la obra de Charles Darwin.
Stephen Jay Gould, el genial biólogo neoyorquino padre de la teoría del
«equilibrio puntuado», falleció ayer en Manhattan de un adenocarcionoma
a los 60 años de edad.
Al conocerse su muerte, los estudiantes de la universidad de Harvard que
durante años se habían beneficiado de su afición al debate y que
llenaban a rebosar sus clases y conferencias guardaron un minuto de
silencio en su honor. Y por la tarde, cuando acabaron las clases, en los
bares que rodean la célebre universidad de Boston se brindó en honor de
este provocador intelectual y culpable de que tantos estudiantes no se
rindieran ante lo evidente y buscaran siempre profundizar aún más en lo
impreciso.
Gould fue, quizás, el biólogo evolucionista más influyente y mejor
conocido desde Darwin. Un honor que rechazó en vida y que en su muerte
se convertirá, seguramente, en parte de los muchos reconocimientos
públicos que le acompañen con motivo de su desaparición.
Una visita al museo de Ciencias Naturales de Nueva York cuando era un
niño de cinco años fue la culpable de su interés por la Ciencia. El
pequeño Stephen quedó impresionado por una reproducción de un
tironasurio rex que da la bienvenida a los visitantes del conocido museo
neoyorquino del Central Park. De esas salas salió su inusitado deseo de
conocer la forma en la que las especies habían vivido y evolucionado
durante miles de años y una vez licenciado con honores en paleontología
por la universidad de Columbia comenzó a profundizar en las teorías que
le hicieron mundialmente famoso y muy influyente en las ramas de la
Ciencia que estudian la evolución humana desde los fósiles y las
actuales metrópolis.
Junto con su compañero de aventuras, socio y amigo del alma, Niles
Eldredge, Gould formuló en 1972 su teoría del «equilibrio puntuado» que
señala que durante largas etapas, incluso de millones de años, la
especies no cambiaron nada. El estudio de los fósiles les permitió
concluir que muchos de los animales cuya presencia había sido detectada
hace miles de millones de años eran similares, sin cambios aparentes
durante largas etapas. Y, sin embargo, en otras especies estos cambios
eran impresionantes, rápidos y la evolución es evidente casi de año en
año.
Eldredge, hoy profesor de paleontología del Museo de Ciencias Naturales
de Nueva York, y Gould bautizaron sus ideas con el nombre de
«equilibrio» (relacionado con la mesura y contemporizaci& |