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Asunto: EL ESCÉPTICO DIGITAL - Edición 2004 - Número 06
Fecha:Viernes, 9 de Abril, 2004  17:03:50 (+0200)
Autor:Óscar David Sánchez Jiménez <eed @........org>

=======================================================================

EL ESCÉPTICO DIGITAL

Boletín electrónico de Ciencia, Escepticismo y Crítica a la Pseudociencia
http://digital.el-esceptico.org/

© 2000-2004 ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico
http://www.arp-sapc.org/

Edición 2004 - Número 06 - 9 de Abril de 2004


=== SUMARIO =======================================================

EDITORIAL

ARTÍCULOS

1. Una carcajada...
Por Fernando L. Frías Sánchez.

2. Ni complementarias ni alternativas
Por Vicente Prieto González

3. La "farsa" de la Luna
Por Alberto Matallanos

4. Constatando lo que ya sabíamos: la poderosa atracción de lo "natural"
Por Sergio Gil Abán.

DOSSIER DE PRENSA

1. ¿Mientes?
Por José Javier Esparza

2. Laicismo: cinco tesis
Por Fernando Savater

3. Las dichosas letritas
Por Fernando L. Frías Sánchez

4.¿Quién mató a Jesucristo?
Por César Coca

5. Quevedo criticó a los astrólogos con virulencia

BUZÓN DEL LECTOR

ENLACES


=== EDITORIAL =======================================================

El pasado mes de marzo, la cadena de televisión Antena 3 daba una vuelta más
de tuerca a la moda de los "reality shows" y encerraba en un falso castillo
a un grupo de "freakies" que no desentonarían en la película de Tod
Browning "La parada de los monstruos" (1932). El Escéptico Digital no podía
permanecer impasible ante tamaño experimento científico, que cambiará
nuestra forma de ver el mundo (y las almorranas), y  Fernando L. Frías nos
escribe un divertido artículo sobre "El castillo de las mentes prodigiosas".
De todas formas, no todo han de ser críticas hacia Antena 3 hemos de
reconocer al menos el mérito de haber logrado encerrar a esos chalados. Sólo
resta esperar que tiren la llave al mar.

Uno de los campos donde más proliferan los charlatanes es en el de la salud.
En este número veremos dos ejemplos de esto: Vicente Prieto González analiza
las contradicciones en que incurren los defensores de las "medicinas
alternativas", cuando piden mismo trato que a la Medicina académica al mismo
tiempo que no aceptan someterse a los mismos controles. Sergio Gil Abán nos
relata su experiencia con la medicina tradicional berebere en Marrakech y
cómo la mayoría de la gente acaba dejándose engatusar por las "medicinas
naturales".

¿Aún hay gente que no se cree que el hombre fue a la luna? Aunque parezca
increíble, la respuesta es sí. Alberto Matallanos hace un minucioso análisis
de esta cuestión, complementando otro artículo titulado  "La ¿farsa? de la
luna" que ya fue publicado por Jesús Cancillo en la revista El escéptico
editada por ARP-SAPC. Podéis encontrar este artículo en la dirección
http://www.arp-sapc.org/articulos/luna/index.html.

En el dossier de prensa os ofrecemos una pequeña selección de los artículos
y noticias que más nos han llamado la atención en las últimas semanas. Así,
un historiador nos describe las críticas que hacía Quevedo a los astrólogos,
de los que se burlaba, o que la película "La pasión" de Mel Gibson está
batiendo records de taquilla en todo el mundo. ¿Cómo podrían los medios de
comunicación obviar el acontecimiento del año? No se pierdan el comentario
"¿Mentes?" de J.J. Esparza sobre el estreno del famoso programa de "Antena
 3". Si estos individuos son las que la practican, no me extraña que sean
ciencias "ocultas". Al menos, hasta ahora, tenían el poder de mantenerlos
escondidos.

Esperemos que disfrutéis de la lectura de este número y de las vacaciones
que se avecinan. Gracias otra vez por leernos, y os animamos al envío de
vuestros artículos, comentarios o sugerencias.

Un saludo,

La Redacción de El Escéptico Digital


=== ARTÍCULOS =======================================================

1. UNA CARCAJADA...
Por Fernando L. Frías Sánchez.

Suele atribuirse a Henry L. Mencken la regla de que "una carcajada vale por
mil silogismos". En principio la idea no está mal: muchas veces es más
sencillo rebatir una idea o una creencia mostrando lo patentemente absurda
que resulta que recurriendo a una argumentación larga, tediosa y en
ocasiones totalmente inútil.

Por ejemplo: ¿cómo demostraría usted que un supuesto adivino es en realidad
un charlatán? ¿Cómo conseguiría que los creyentes en los poderes místicos de
un sanador comprendieran que se trata de un farsante? Difícil, ¿verdad?
Salvo que se recurra a poner de manifiesto lo ridículo de estas
afirmaciones.

Desde hace algunos días, la cadena española Antena 3 TV viene emitiendo "El
castillo de las mentes prodigiosas". Un programa que generó ciertas
expectativas: según el planteamiento inicial, se trataba de encerrar en un
castillo a unos cuantos adivinos, curanderos, médiums y otros especímenes de
lo paranormal para someterlos a una serie de pruebas que permitieran
comprobar si realmente poseían las facultades que aseguraban tener. La
evaluación correría a cargo de un jurado, para cuya composición la
productora solicitó la colaboración de destacados escépticos españoles.

Pero, ¡ay!, la realidad resultó ser bastante distinta. Para empezar, basta
con echar un vistazo al elenco de "prodigios" concursantes, que son tan de
cartón piedra como el propio Castillo: la bruja Lola, el profesor Mercury,
Paco Porras, Leevon Kennedy... Un plantel que incluso hacía comprensible la
presencia en el jurado de Aramís Fuster o el profesor D'Arbó: en comparación
con las "mentes prodigiosas", la bruja del pelo rojo o el inefable
divulgador de lo paranormal resultan casi paradigmas de la racionalidad.
Junto a ellos Beatriz de Orleáns, el padre Apeles y, como único
representante del escepticismo -y casi podríamos decir que de la normalidad-
Javier Armentia.

Una presencia que, todo hay que decirlo, ha generado cierta polémica. Para
algunos la participación de Javier Armentia en un programa de este tipo
constituye una mancha en su impecable carrera escéptica. Y es difícil, sin
duda, meterse en la basura sin mancharse, pero por otro lado sería
lamentable que un programa que trata sobre lo paranormal no contase con una
voz racional. Una voz poco escuchada hasta ahora, y a veces hasta abucheada,
pero que representa esa luz de cordura que los escépticos no podemos
negarnos a encender incluso en los rincones más oscuros. La presencia de
Javier Armentia en el Castillo puede que de momento, como dice él mismo,
aporte más bien poco. Pero ese poco es muchísimo más que lo que aportaría un
Iker Jiménez, un Bruno Cardeñosa, un "Antonio David Salas" o cualquier otro
de los muchos "investigadores" que pululan en el circo mediático de lo
paranormal.

Además, a tenor de lo que hasta ahora hemos podido ver tampoco es que haga
demasiada falta que alce la voz. Para mostrar lo absurdo de los
planteamientos paranormales Javier Armentia no tiene ninguna necesidad ni de
usar silogismos, ni de provocar las carcajadas: los moradores del Castillo
se bastan y se sobran ellos solitos.

Y casi desde el principio. Los conjuros, hechizos y payasadas similares de
la primera noche de emisión no lograron invocar a espíritu alguno, pero
provocaron risas incontenibles incluso entre los asistentes al programa que
intentaban seguir los rituales. En fin, un espectáculo tan patético que las
cifras de audiencia fueron más bien discretas, probablemente porque muchos
televidentes cambiaron de canal abrumados por ese extraño sentimiento que
llamamos "vergüenza ajena".

Y si el resultado del primer programa fue desolador, no lo fue menos el del
segundo. Ni el jurado ni las pruebas diseñadas para probar las presuntas
habilidades paranormales de los fantasmas del Castillo embrujado, no: fue el
simple azar el que demostró sin lugar a dudas que las facultades
parapsíquicas (y puede que también las psíquicas) de los encerrados son
equiparables más o menos a las de un mejillón. Con perdón de los mejillones.
Y es que el techo del decorado se derrumbó sobre la mesa del comedor,
provocando el sobresalto, el susto y la alarma de los videntes -que por
supuesto no habían profetizado el suceso- y obligando incluso a que alguno
de aquellos portentos dotados de misteriosas facultades de sanación
recibiera una asistencia sanitaria de urgencia de lo más prosaica. Que eso
de las pócimas, los hechizos o los lengüetazos en las almorranas (que Paco
Porras asegura son un remedio infalible) queda para los pardillos, pero a la
hora de la verdad no hay nada como el betadine y unas tiritas.

En fin, se pueden imaginar el resto. Brujas tirándose de los pelos, magos
invocando al norte mirando hacia el este, una adivina sorprendida ante la
inesperada noticia de la enfermedad de su marido... Un espectáculo tan cutre
y tan patético que el obligado resumen-comentario diario sobre el programa
se ha convertido en un festival de risas, y que hace que el objetivo final
del concurso, comprobar cuál de los concursantes posee "la mente más
prodigiosa", se haya transformado simplemente en constatar cuál de ellos
resulta finalmente menos memo. Y créanme: lo están poniendo muy difícil.
Pocas veces se puede contemplar una competición más reñida.

Quien atribuye a Mencken eso de que "una carcajada vale por mil silogismos"
es Martin Gardner. Puede que se lo haya inventado, porque Gardner es muy
aficionado a este tipo de camelos. Pero, en todo caso, cuadra perfectamente
con el personaje, mordaz y sarcástico como pocos. Lo que no sé yo es qué
hubiera dicho ante "El Castillo de las mentes prodigiosas".

Supongo que se habría quedado sin habla. Como la bruja Lola, vamos.

Nota: el autor hace constar expresamente que su intención al escribir el
presente artículo ha sido simplemente la de hacer reír; por lo tanto pide
humildemente perdón a cualquier mejillón que pudiese sentirse ofendido por
la alusión del párrafo octavo.


--------------------

2. NI COMPLEMENTARIAS NI ALTERNATIVAS
Por Vicente Prieto González

Una de las mayores obsesiones que tienen los practicantes de las "medicinas
alternativas" es gozar del mismo status que la, tan denostada por ellos,
Medicina "oficial". Recientemente, se ha reavivado la polémica por las
manifestaciones de representantes de organizaciones homeopáticas y
naturistas, solicitando la integración en la seguridad social de este tipo
de terapias de dudosa eficacia. Esta pretensión es apoyada por algunos
partidos políticos, entre los que destacan Los Verdes, cuyo eurodiputado
Paul Lanoye presentó hace 4 años un informe en el Parlamento Europeo
instando a las distintas Administraciones a incluir las terapias
alternativas en su sistema sanitario. En las últimas elecciones municipales
celebradas en España, el candidato de  Los Verdes a la alcaldía de Madrid,
José María Mendiluce incluyó esta propuesta en su programa electoral:

http://www.mendiluce.org/descargas/docusmar/prop/047.100.doc
PROPUESTA 47/100: "Los ciudadanos podrán elegir con libertad entre la
medicina convencional y la alternativa o natural"

Los Verdes proponen regular, desde futuros gobiernos progresistas, los
medios naturales de salud e incorporarlos a la Seguridad Social y a los
servicios sanitarios de ámbito municipal. Esta iniciativa generaría un
notable ahorro en el gasto público gracias al reducido precio de las
medicinas naturales.

Prometer en un político es fácil, y más cuando sabes que no vas a tener la
oportunidad de gobernar. Pero hagamos un poco de política-ficción e
imaginemos que Los Verdes logran el poder (lo cual es mucho imaginar)
¿Cuáles serían las condiciones para acceder al puesto de "medico
 alternativo"? . Lo primero que tendrían que hacer sería determinar cuales
son las terapias que realmente funcionan y cuales no. ¡Vaya! ¡Que
coincidencia! Si es lo mismo que pedimos los escépticos. Lo siguiente sería
establecer un temario de cada disciplina donde se recojan aquellos
conocimientos imprescindibles para ejercer la profesión, de nuevo habría que
establecer un criterio para decidir lo que funciona y lo que no dentro de
cada modalidad (esto también me suena). Y por último ¿Quienes formarían el
tribunal encargado de examinar a los opositores?

Los defensores de la equiparación de las terapias "no convencionales" con la
Medicina científica están utilizando, consciente o inconscientemente, un
argumento falaz, pues esa equiparación ya la hay en la actualidad. Cualquier
medicamento o terapia, debe demostrar su eficacia en ensayos clínicos
controlados. Lo que se está solicitando es justamente lo contrario, es
decir, que mientras los métodos de la Medicina científica deben someterse a
controles rigurosos antes de ser aceptadas, la variadísima gama de técnicas
que emplean estos pintorescos "galenos" sea aprobadas sin tener que
demostrar ningún efecto terapéutico, ni  estudiar sus posibles efectos
secundarios. Aunque los médicos naturistas suelen insistir en que no hay
apenas efectos secundarios, el Ministerio de Sanidad y Consumo ha prohibido
mediante la Orden del 28 de enero de 2004(BOE del 6 de febrero), la
comercialización de unas 197 plantas "medicinales" por los efectos tóxicos
que producían sobre los pacientes. Se puede consultar la lista de plantas y
sus efectos en la siguiente dirección:
http://www.diariomedico.com/sanidad/plantas060204.pdf

La lista de pseudomedicinas que se engloban en la denominación de "medicinas
alternativas" es amplísima y solo tienen en común la falta de estudios
científicos que corroboren su eficacia y en la mayoría de los casos una
concepción misteriosa y espiritual de las enfermedades. La lista es
interminable: Cromoterapia, homeopatía, lectura del aura, aromaterapia,
musicoterapia, curación con cristales, con radiestesia etc., En contra de lo
que pueda parecer, no tiene mas fundamento la homeopatía que la
urinoterapia, ni la acupuntura que la aromaterapia. Mientras no se demuestre
lo contrario, los métodos escatológicos de Paco Porras para curar las
almorranas tienen el mismo fundamento científico que la iridología o la
reflexoterapia.

El avance de la Medicina moderna, se ha logrado gracias a los rígidos
controles a que se somete, lo que permite diferenciar los efectos
terapéuticos ocasionados por una técnica o el suministro de un medicamento,
del efecto placebo o de las curaciones espontáneas por el propio organismo
del paciente. Imaginemos que, entre la gran variedad de técnicas que
utilizan las "otras medicinas", surgiese una que realmente funcionara ¿Cómo
se podría separar de las que son claramente ineficaces o fraudulentas si no
se somete a ningún control? Si yo estuviese realmente convencido que las
prácticas médicas que estoy empleando funcionasen, sería el primer
interesado en que se sometiese a prueba su eficacia. Hasta el momento, los
defensores de este tipo de "medicinas" se han mostrado reacios a someter sus
conocimientos a prueba, en los pocos casos que han aceptado someterse a una
prueba controlada, han fracasado estrepitosamente. El 26 de noviembre de
2002, la prestigiosa cadena de televisión BBC logró que la Sociedad
Homeopática Inglesa aceptase participar en un programa de la serie
 "Horizons" que trataba sobre la homeopatía,  los resultados fueron claros,
la homeopatía no funcionaba. Puede consultarse la trascripción completa del
programa en esta dirección
http://www.bbc.co.uk/science/horizon/2002/homeopathytrans.shtml

Dándole otra vuelta de tuerca a este asunto, la homeópata Otilia Quireza
pidió en el programa Habla Galicia del pasado 1 de abril, de Radio Voz que
se les llame «complementarias y no alternativas» dado que sólo utilizan
«métodos terapéuticos distintos»."  Muy sutil, así no se les podría acusar
de estar promoviendo que los pacientes abandonen los tratamientos médicos
que les fueron prescritos. Pero si pretenden ser "complemento" de algo,
entonces tendrán que seguir las mismas reglas del juego de lo que pretenden
complementar, por lo tanto seguimos dándole vueltas a lo mismo: Tienen que
demostrar su eficacia.

Lecturas recomendadas:
Monográfico sobre Homeopatía:
http://www.arp-sapc.org/articulos/homeopatia/index.html
Sobre medicinas alternativas:
http://perso.wanadoo.es/cibernesto/homeo.html
http://digital.el-Esceptico.org/leer.php?id=1565&autor=114&tema=122&bu=PSEUDOMEDICINAS


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3. LA 'FARSA' DE LA LUNA
Por Alberto Matallanos

El siguiente artículo pretende servir de guía a aquellos lectores
interesados en un acercamiento sensato y escéptico al asunto del presunto
montaje de las primeras misiones lunares tripuladas; busca asimismo ser un
complemento de otros trabajos publicados con anterioridad, dedicados a
analizar con detalle los argumentos relacionados con las fotografías. A lo
largo del texto, organizado en forma de argumentos y respuestas, se refutan
las afirmaciones no relacionadas con fotografías concretas, utilizadas para
desacreditar a las primeras exploraciones lunares.

Argumento. La temperatura media en la Luna varía entre los 260 F y los 280
F, demasiado caliente para que el celuloide de las fotos sobreviva. A esas
temperaturas, la película queda completamente inservible.

Respuesta. No es lo mismo la temperatura del aire que la de la superficie.
En la Luna, al no haber aire, sólo nos podemos referir a la temperatura de
la superficie lunar. Ésta puede llegar a los 280 grados Fahrenheit (138 ºC).
Sin embargo, eso no significa que los astronautas y sus instrumentos se
encontrasen a esa temperatura, porque ésta depende de las propiedades de
cada objeto. Aquellos objetos que reflejan un mayor porcentaje de la luz
solar, se encuentran a menor temperatura, y viceversa.

Por otra parte, esta temperatura máxima sólo se alcanza durante el mediodía
lunar (el día lunar dura unos 14 días terrestres). Durante las misiones
Apollo, no se alcanzaron temperaturas tan altas, ya que los vuelos a la Luna
se programaron de tal manera que, al realizar cada alunizaje, el Sol no se
encontraba muy alto en el horizonte, aproximadamente un día después de haber
amanecido en la zona del alunizaje, por lo que las temperaturas eran, en
realidad, relativamente moderadas. Adicionalmente, las cámaras utilizadas en
la superficie («Hasselblad 500EL Data Cameras») estaban dotadas de finas
capas de plata (tanto en el exterior como en los cargadores interiores) que
reflejaban parte de la luz recibida, y el celuloide de las cámaras se
mantenía en cargadores herméticos sin aire, que permitían un aislamiento
casi total frente al calor y proporcionaban protección contra las
variaciones de temperatura, permitiendo una temperatura interna más
uniforme. Así, la película era protegida eficientemente del calor producido
por la luz solar. De hecho, se mantenía a una temperatura de entre 50 y 100
Fahrenheit (entre 10 y 38 ºC).

A-. Ningún ser humano puede atravesar el cinturón de Van Allen, ya que el
nivel de radiación presente en esa zona del espacio es mortal. A no ser que
te proteja una capa de varios metros de plomo.

R-. Estas regiones se crean como consecuencia de la interacción del viento
solar (el flujo de partículas cargadas y electrones proveniente del Sol) con
el campo magnético de la Tierra, que retiene una gran cantidad de partículas
y radiación en esa zona. Los cinturones de radiación de Van Allen se
extienden desde unos 1.000 kilómetros hasta más de 65.000 kilómetros de
altura sobre la Tierra, alcanzando el máximo de radiación en torno a los
3.200 y 20.000 kilómetros por encima de la Tierra.

Se ha comprobado experimentalmente que el mayor peligro de la radiación no
se encuentra en una exposición severa y corta, sino en una exposición
continuada o periódica (aunque sea de menor intensidad). El tiempo de
exposición de cada nave Apollo a esta radiación fue breve (unas cuatro horas
por misión, aproximadamente), y estaban bien protegidos en su nave espacial.
El principal peligro de los cinturones de Van Allen lo constituyen los
protones y electrones de alta energía, contra los que es relativamente fácil
protegerse (el casco de la nave y los cristales de las ventanas son
suficientes para frenarlos). Para ello no se necesita estar recubierto de
varios metros de metal pesado. El plomo sirve para frenar la radiación
proveniente de partículas cargadas (el caso de los cinturones de Van Allen),
pero no es el método ideal para hacerlo. Por ejemplo, actualmente se usa una
fina capa de polietileno en las naves espaciales para realizar esta tarea.

En [http://lsda.jsc.nasa.gov/books/apollo/S2ch3.htm] podemos ver los niveles
de radiación recibidos por la tripulación de cada misión, expresados en rads
(la unidad normalmente utilizada para cuantificar las dosis recibidas en la
piel de cada persona). Estos datos procedían de los dosímetros para medir la
radiación absorbida que todos los astronautas llevaban en su cuerpo durante
el vuelo. Además de esto, la nave llevaba sensores en el interior y en el
exterior para medir la radiación.

Como se puede ver, la dosis de radiación recibida por los astronautas
durante cada vuelo no es muy severa. La exposición más alta es la del Apollo
14, cuya dosis es equivalente a unos 2'85 rem (otra unidad de radiación
absorbida), unas diez veces la cantidad media de radiación de fondo por año,
y 1/140 la dosis letal (los estándares de seguridad establecen un máximo de
0'5 rem al año para el público en general, 5 rem al año para los
trabajadores nucleares, y 350-400 rem como dosis letal para el ser humano).

Por último, es imposible dejar de mencionar que el mismo James Van Allen ha
comentado públicamente que la idea de que la radiación durante los vuelos
lunares Apollo fuera mortal es un ejemplo más de la insensatez de los
argumentos de los pseudoescépticos.

A-. La propia NASA afirma que una gran erupción solar, acompañada de fuerte
emisión de radiación, es el mayor peligro que afrontarán los astronautas a
la hora de viajar a Marte. ¿Por qué no fue también un grave peligro en las
misiones a la Luna?

R-. Las misiones a la Luna duraban menos de dos semanas como máximo, y las
posibilidades de coincidir en ese tiempo con un evento de este tipo eran muy
remotas. Sin embargo, una misión tripulada a Marte podría durar unos dos
años (quizá más), por lo que tiene pocas posibilidades de evitarlo. Los
astronautas conocían la pequeña posibilidad de este riesgo y lo asumían
antes de realizar su misión.

A-. Es imposible que el vehículo lunar, con el que supuestamente paseaban
los astronautas por la Luna, cupiese en el pequeño módulo lunar.

R-. Éste es un argumento muy fácil de rebatir, sobre todo teniendo en cuenta
que cualquiera puede ver cómo los astronautas descargaban el vehículo de uno
de los laterales del módulo. Efectivamente, el «Rover» no cabía entero en el
módulo lunar, pero sí plegado. El armazón del vehículo eléctrico, incluyendo
las ruedas, los asientos plegables y los instrumentos principales, estaba
almacenado en uno de los lados del módulo, y los astronautas lo soltaban
fácilmente mediante poleas. Una vez en el suelo, sólo restaba añadirle otros
instrumentos, alojados a su vez en otra zona del módulo lunar. Ver, como
muestra, este vídeo [http://www.hq.nasa.gov/alsj/a15/DukeParker.mov], en el
que podemos observar a los astronautas practicando el despliegue del
vehículo en la Tierra.

A-. Las imágenes muestran claramente que no hay polvo lunar sobre las patas
del módulo. ¿Cómo puede ser?

R-. Este argumento parte de la idea de que durante la operación de alunizaje
se formaban grandes nubes de polvo alrededor del módulo, lo que es
completamente incierto. Debido a la ausencia de atmósfera en la Luna, no se
formaba ninguna polvareda, sino que las finas partículas eyectadas por los
gases del módulo seguían una trayectoria perfectamente parabólica durante
unos segundos hasta caer unos metros más allá. El motor del módulo empujaba
al polvo circundante hacia abajo y hacia los lados, y éste se movía sólo
hacia los lados (ya que no puede ir más abajo). No puede mantenerse flotando
ni volver hacia atrás, como ocurriría en un ambiente con aire, sino sólo ser
expulsado hacia afuera. Recordemos que el único motivo por el que existen
nubes de polvo en la Tierra es porque el aire existente las transporta,
contrarrestando momentáneamente la acción de la gravedad.

A-. ¿Por qué el polvo lunar levantado no permanece flotando más tiempo que
aquí en la Tierra? Con toda seguridad, la menor gravedad de la Luna hará que
flote durante mucho más tiempo.

R-. Éste es uno de los aspectos que más confusión crea. Como ya hemos
argumentado, el polvo no flota en el vacío. La única razón por la que
"flota" en la Tierra es el aire. En la Luna, debido a la ausencia de atmósfe
ra, todos los objetos, sean del tamaño que sean, caen con la misma
aceleración y velocidad, como se encargó de demostrar el astronauta Dave
Scott durante el tercer paseo lunar de la misión Apollo 15 al dejar caer al
mismo tiempo una pluma y un martillo de geólogo. La única razón por la que,
en la Tierra, una pluma se retrasaría con respecto al martillo es la
resistencia del aire. Por esto, y a pesar de que la gravedad lunar es seis
veces menor, el polvo cae más rápidamente que en la Tierra, debido a que el
efecto de falta de aire es significativamente más importante que la menor
gravedad.

A-. Las imágenes son todas perfectas, ninguna está cortada o borrosa. Por lo
tanto, fueron preparadas en un estudio. Es decir, todo trucado.

R-. Nada más lejos de la realidad. A pesar de que los astronautas
practicaron durante muchos meses para sacar buenas fotos y vídeos, una parte
de las más de 20.000 fotografías de las misiones Apollo (disponibles
íntegramente en la página del «Apollo Lunar Surface Journal» -ALSJ-) tiene
defectos, ya sean de encuadre, nitidez o 'sobreexposición'. Esto se debe,
como es lógico, a las enormes dificultades que comportaba el hecho de
trabajar con un traje espacial presurizado. Lo que pasa es que estas
imágenes "defectuosas" no se muestran en las revistas, periódicos o
reportajes sobre las misiones Apollo, que utilizan las imágenes más famosas,
sobre todo.

A-. Si tan exitoso fue el programa Apollo ¿por qué no han vuelto a la Luna
desde entonces?

R-. Porque, desafortunadamente, se terminó la voluntad política de seguir
financiando esos costosos viajes. Una vez alcanzados los objetivos
principales del proyecto (superar a la Unión Soviética en la carrera
espacial, obtener abundante material lunar para investigación, etc.), la
clase política no creía justificada la inversión en nuevos viajes lunares
tripulados, por lo que realizaron recortes presupuestarios. Durante la
primera mitad de la década de 1960, el presupuesto de la NASA alcanzó su
máximo (con motivo del desarrollo del cohete «Saturn» y la nave Apollo). Sin
embargo, a principios de la década de 1970 sufrió un considerable descenso
que, de hecho, obligó a la NASA a suspender las misiones lunares Apollo 18,
19 y 20.

A pesar de ello, como ya hemos comentado, los vuelos espaciales continuaron:
el programa Apollo fue seguido por el menos costoso (pero no menos
ambicioso) laboratorio espacial «Skylab», en órbita terrestre. Las
dificultades económicas continuaron, y la NASA se vio obligada a dejar en
tierra la estación «Skylab B» por falta de dinero para el lanzamiento y el
posterior mantenimiento de las tripulaciones en órbita terrestre. Desde
entonces, dedicó la mayor parte de su relativamente mermado presupuesto al
desarrollo de una nave reutilizable, el transbordador espacial. Es necesario
tener en cuenta que, desde el alunizaje del Apollo 11 en julio de 1969, el
interés de la opinión pública norteamericana en los viajes a la Luna había
decaído en gran medida. Aunque pueda parecer sorprendente, la última misión
(Apollo 17), sin duda la más próspera desde el punto de vista científico,
casi no recibió atención mediática en comparación con el primer alunizaje.

A-. ¿Por qué no se facilitan imágenes de telescopios que comprueben
definitivamente que los alunizajes fueron reales?

R-. Ni siquiera el telescopio espacial «Hubble» (el mejor en luz visible
situado en órbita terrestre) puede observar los instrumentos dejados en la
superficie de la Luna por los astronautas. Aplicando un poco de
trigonometría básica, se puede determinar que el ángulo visual desde órbita
terrestre que abarca el módulo de descenso (que permanecía en la superficie
lunar tras el despegue de regreso), incluso teniendo en cuenta su sombra
proyectada en la superficie, es algo mayor que 6 millonésimas de segundos de
arco. La cámara WFPC2 instalada en el «Hubble» tiene una resolución de
800x800 pixels con un campo de visión de 35 segundos de arco. Cada uno de
los pixels tiene un ángulo visual mínimo de unos 46 millonésimas de segundos
de arco. Es decir, la parte inferior del módulo lunar debería ser al menos
diez veces más grande para quedar reflejada en una imagen del telescopio
«Hubble» como un simple puntito. (Puede ver imágenes de la Luna tomadas por
el «Hubble» en  [http://oposite.stsci.edu/pubinfo/pr/1999/14/index.html].)

Enlaces:
Los viajes a la luna NO fueron falsos:
http://www.iespana.es/intercosmos/reportajes/luna/luna_principal.htm
ALSJ: http://www.hq.nasa.gov/alsj/frame.html
Apollo Archive: http://www.apolloarchive.com/
La ¿farsa? de la Luna: http://www.arp-sapc.org/articulos/luna/index.html
Ciencia@...: http://ciencia.msfc.nasa.gov/headlines/y2001/ast23feb_2.htm


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4. CONSTATANDO LO QUE YA SABÍAMOS: LA PODEROSA ATRACCIÓN DE LO "NATURAL"
Por Sergio Gil Abán.

Resumen
Recientemente he estado de viaje en Marrakech y he podido volver a constatar
cómo el ciudadano español medio es atraído por las pseudomedicinas
tradicionales a pesar de que muchos se consideran escépticos y declaran no
creer en ellas. El presente artículo describe precisamente la transición
entre un estado de escepticismo en el que ridiculizan las «medicinas
naturales» y otro en el que se compra de todo a cualquier precio.

Primera Fase: «Eso son charlatanes».

Cuando llegué a Marrakech se me ocurrió apuntarme a una visita guiada a la
Medina de la ciudad, visita que fue liderada por una marroquí que nos fue
enseñando los diversos gremios que trabajan en ese lugar: artesanos de todas
las clases entremezclados con vendedores y mendigos, pero también con
curanderos y místicos de diversas calañas.

Durante la visita, la guía hizo mención a la «medicina tradicional
berebere», la cual, nos dijo: «Suele ser utilizada por ancianos que no
confían en la medicina de farmacia o bien por personas con enfermedades
crónicas que prefieren usar remedios naturales a ingerir productos
farmacéuticos». Ante estas palabras, varios de los compañeros de viaje
comentaron que esas medicinas son fraudes, usando palabras como
«engañabobos» y diciendo que los que practican tales actividades «No son
médicos, ni farmacéuticos, son charlatanes». Con estas afirmaciones, ni que
decir tiene que estoy completamente de acuerdo.

Conforme pasaba la conversación entre nosotros, los compañeros aumentaban su
crítica a las pseudomedicinas y convenían conmigo en que eran hierbas y
productos no controlados, cuyos efectos secundarios, posología y posibles
contraindicaciones no quedaban claras. «Adivina lo que te estás tragando»,
dijo uno. La guía, en un intento de legitimar esas medicinas dijo que «Se
están organizando laboratorios para investigar los efectos de esa medicina
berebere». Le pregunté dónde había alguno de esos laboratorios, pero no
sabía de ninguno. Sólo sabía que «se estaban organizando». O eso decía la
prensa marroquí.

Segunda Fase: Visita a un Médico Berebere
Al terminar la visita a la Medina, la guía nos dijo: «Vamos a visitar la
tienda de un médico (sic) tradicional berebere cuyos productos se venden a
los habitantes de Marrakech». El tal berebere nos recibió en una tienda que
era exactamente igual a esas boticas de principios de siglo XX, con frascos
de cristal y de cerámica donde había letreros con letras pequeñas donde se
indicaba el nombre de las hierbas y hongos guardados en su interior en dos
notaciones: una notación popular (verbigracia, Comino) y otra notación más
bien científica:  Cuminum cyninum. Y aquí empieza la encerrona...

El berebere, junto a una ayudante, ambos vestidos con batas blancas de
farmacéutico, nos metió a los doce que íbamos en una habitación y, cerrando
la puerta, se situó detrás de un atril bien surtido de frascos con muchas
especias, derivados de plantas de la zona y productos milagrosos variados.

Su dominio del español era mediocre, de modo que había que ir traduciendo la
pronunciación con cuidado, pero eso no importó: todos comenzaron a mostrar
un inusitado interés cuando él empezó a hablar de los poderes curativos de
productos tan comunes como el azafrán, el comino, el ajo o la piedra pómez.
Mientras iba hablando, aquellos que eran antes escépticos iban cayendo en el
juego del berebere, que consistía en hablar muy rápido y soltar arengas
aprendidas de memoria sobre cada producto. Así, decía, por ejemplo: «Y
poniendo tres flores de azahar en agua hirviendo, dejándola hervir durante
tres minutos, tenemos un poderoso medicamento contra la aerofagia, el dolor
de estómago, las jaquecas y la migraña». Si se le preguntaba más adelante
por el mismo producto, contestaba siempre textualmente, sin variar una
palabra: era más una cinta magnetofónica que un vendedor. El número tres,
como iremos viendo, aparecía muchas veces, generando un pensamiento mágico
que es fácil de forjar. Desde siempre ha habido números mágicos: el Doce,
que parece el más común en la mitología judeocristiana, o el Siete. Casi
cualquier número, dicho varias veces en la misma argumentación, genera una
serie de relaciones que al profano le parecen hasta lógicas. Si echas tres
gotas, habrá que hervirlo tres minutos, claro...

Cada producto que nos enseñaba iba acompañado por una pequeña exhibición de
su aroma, hasta el punto de que éramos incapaces ya de distinguir uno de
otro porque tenías una mano manchada con esencia de flor de platanero, la
otra con azahar, la nariz llena de nuez moscada y te ponían delante un
frasco con guindilla seca... Era como para atontar el cerebro con  una
sobredosis olfativa.

Y, por supuesto, cada dos por tres, la consabida frase: «Producto cien por
cien natural, no tiene nada químico» y mi sonrisa maliciosa al escucharlo...
Si no tiene nada químico, ¿qué contiene?, me preguntaba yo.

Tercera Fase: Empezamos a caer en la trampa
Los asistentes empezaron a hacer preguntas y el berebere las contestaba con
una seriedad y una seguridad en sí mismo que machacaba cualquier intento de
crítica racional. Combinaba una arenga sobre las propiedades del pimentón
con un chiste popular marroquí, y desviaba cualquier pregunta peligrosa.

Nos presentó como doce o trece productos, pero en ninguno de ellos llegó a
decir que curaban, lo que sí hizo fue dar frases ambiguas como «Va muy bien
contra...» o bien «Es muy bueno para...», pero nunca dijo «Esto acaba
con...» ni nada que fuese taxativo o seguro. La gente empezó a tragar y
empezaban a reír sus chistes y a asentir con la cabeza.

De pronto, el berebere saca una pomada rosa que perfectamente ha podido
comprar en cualquier «Todo a Cien» y dijo que era un «hidratante natural de
la piel, especial para mujeres maduras» y aquello surtió un efecto
instantáneo: las mujeres preguntaban por las patas de gallo y la pomadita
las borraba milagrosamente. La celulitis también, y las espinillas (a pesar
de que era para mujeres maduras, las adolescentes también tenían su parte en
este maravilloso potingue). Viendo que por ese camino, el de la
dermatología, iba bien, sacó otro producto que, presuntamente «iba de
maravilla contra la psoriasis y las picaduras de los insectos». El berebere
jugaba con un miedo que tiene mucha gente que viaja a África: el de las
picaduras de insectos poco comunes en Europa. Cuando nombró este asunto,
muchos compraron el producto casi instantáneamente.

Un tipo que, minutos antes, despotricaba contra la naturopatía y las
medicinas tradicionales, ahora preguntaba cómo quitarse cierta piel reseca
de los codos. El berebere, cogido in fraganti, reaccionó muy rápido
ofreciéndole la pomada rosa. El tipo preguntó que porqué esta pomada y no la
de la psoriasis y el berebere, con su eterna sonrisa de prestidigitador, le
tomó el codo y lo miró detenidamente, hasta concluir: «Esto no es psoriasis,
es simple sequedad en la piel». Y le metió tres frascos de pomada rosa en la
bolsita de compra.

Otro tema que causó estragos fue el de las contracturas musculares y la
tendinitis, ambas dolencias resueltas con un aceite hecho mezclando aceite
de oliva con extracto de flor de azahar. Alguien preguntó por la proporción
y él contestó que «Bastan tres (de nuevo el tres) gotas en un vasito de
aceite y tienes producto para meses. Se conserva bien en el frigorífico,
hasta ocho años, sin perder propiedades». Un chico se prestó voluntario para
probar ese aceite en sus hombros y la ayudante del berebere le hizo un
masaje muy relajante en esa zona. Según él, se había «quedado nuevo», pero
pude constatar que, durante minutos, seguía frotándose la zona masajeada y
daba muestras de que le habían hecho daño con el masaje. Le pregunté si le
dolía y dijo «sí, pero es que un masaje tiene que doler para curarte». Como
la madre tras darle una colleja al niño: «me duele más a mí que a ti y es
para que aprendas», pensé yo.

El producto estrella era un extracto de otra flor (lo lamento, pero no
recuerdo bien el nombre y no tomé nota de ese producto) que, con apenas tres
gotas en un vaso de agua (antes eran tres gotas en un vaso de aceite, pero
parece ser que las proporciones en naturopatía son bastante simples y no
dependen del disolvente a usar), daban una sensación de relajación que
ayudaba a dormir. El berebere dijo (textualmente): «Este producto se vende
mucho a madres que se lo dan a sus hijos para que se duerman. Tres gotitas
(otra vez tres) en un vaso de leche y el niño se duerme de inmediato».
Hombre, no voy a ser yo quien se ponga ahora en plan presidente de una APA,
pero no creo que sea muy bueno drogar con hierbas a un niño para poder ver
la tele tranquilos por la noche...

Lo más alucinante es que el tipo te vendía un producto y, si le comprabas
dos del mismo tipo, te regalaba el tercero. Eso me pareció una prueba
bastante clara de que no funcionan, puesto que si para curarme una aerofagia
tengo que tomarme apenas tres gotas de producto, ¿para qué quiero tres
botes? Cuando le dije esto mismo a uno de los compradores, me contestó, muy
seguro: «Bueno, pero ha dicho que dura ocho años ». Y eso sí que no se lo
cree ni él.

Última Fase: Comprando como magufos
Pues eso precisamente. De los doce que estábamos allí, solo evitamos la
compra tres personas: un tipo que se enfadó porque entendió aquello como una
encerrona, mi mujer y yo. Era curioso que hasta el tipo enojado le daba
cierta credibilidad a la medicina berebere, pero se la quitaba al
pseudomédico: «Una cosa es la medicina tradicional y otra la de este
charlatán del tres al cuarto», me dijo. Este tipo de argumentos son los que
sostienen los charlatanes de todos los colores: existen algunos que son
fraudes, pero el resto son buenos. Nadie parece darse cuenta de que todos
dicen que los otros son los estafadores y ellos los buenos. Lo dicen los
naturópatas, los curanderos, los ufólogos, los parapsicólogos y, en
definitiva, todo aquel que necesita un hombre de paja al que desviar las
críticas.

Todos los demás turistas compraron productos, especialmente los de cosmética
(hidratantes, exfoliantes...), los estéticos (productos para adelgazar o
para la celulitis) y los que «curaban» enfermedades de la piel. También
tuvieron bastante éxito los relacionados con el estómago, que incluían
aerofagias, cólicos, diarreas y las molestias ocasionadas por comidas
demasiado especiadas. Es curioso, pero en Marruecos no puedes comerte
absolutamente nada sin que esté muy especiado, así que casi todos lo
compraron por si acaso. Jugaba con el mismo truco de los insectos: el miedo
del turista que va al África.

Cuando hablé con los demás, ya afuera, se iban librando del «embrujo» del
charlatán. Yo les decía que cómo sabían que esos productos eran lo que él
decía, cuando resultaba que no había receta, ni prospecto, ni relación de
componentes. Ellos, entonces, se miraban entre sí y acababan por encogerse
de hombros, escudándose en que «Bueno, por probar no pasa nada» y en que «Al
fin y al cabo, cuestan cuatro perras». Claro, que pagar cuatro perras a
cambio de nada, sigue siendo hacer el tonto, pensaba yo.

Conclusión
Está de moda ser alternativo, pero a la gente le gusta aparentar que es
prudente y eso crea en las personas una doble moral que no saben
sobrellevar: por un lado, la propaganda de la naturopatía y las demás
pseudomedicinas nos hace creer que lo natural es mejor que lo artificial,
aunque no nos den siquiera una razón para pensar eso. Por otro lado, las
personas somos conscientes de que hay fraudes, aunque aquí entra en juego
esa constante de que «A mí no me la van a pegar».

Cuando el ciudadano medio es puesto frente a uno de estos excelentes
vendedores (porque eso sí, buen vendedor lo era), es confundido mediante
varios trucos burdos:
(a) Dar carácter científico y serio al producto y al pseudomédico. En este
caso, los frascos con notación científica y la bata blanca del berebere, así
como la referencia a que en la farmacia se vende este mismo producto, pero
más caro.
(b) No declarar nunca explícitamente que es un producto milagroso, ni hacer
referencias directas a la curación, sino usar circunloquios y extraños giros
lingüísticos para decirlo implícitamente. Así, los productos «van bien», «se
aconsejan» o «mejoran», pero no curan.
(c) Mostrar gran cantidad de información en muy poco tiempo (en nuestro
caso, doce productos en menos de diez minutos y, además, información
olfativa ya de paso): de ese modo, el comprador no tiene tiempo de preguntar
y de reflexionar, sino que reacciona de un modo más visceral. La retórica,
las bromas y la constante exaltación de teatralidad, evitan que el comprador
pueda pensarse dos veces en qué berenjenal se está metiendo.
(d) Mezclar la falsa seriedad del pseudocientífico con la originalidad
graciosa del charlatán, desviando de nuevo el tema cuando se pone difícil o
permitiendo tener tiempo para, mientras se suelta un chiste bien aprendido,
pensar en cómo salir de un pequeño aprieto.
(e) Dar información sobre precios y efectos que los compradores apenas
pueden contrastar o comprobar por su cuenta. De ese modo, el charlatán dice:
«Este mismo producto, vendido en una farmacia, cuesta 200 dirhams, mientras
que yo puedo vendérselo por 40». Sabe perfectamente que nadie va a ir a una
farmacia y comprobarlo: estamos de vacaciones y nos interesan otras cosas.
(f) Hacer la comprobación in situ en un par de voluntarios. Obviamente,
aunque el voluntario salga igual que entró, es muy difícil contradecir al
charlatán en esa situación, puesto que te ves sin camiseta, con una chica
monísima haciéndote un masaje y en clara desventaja dialéctica: ¿quién
protestaría en tal situación? Además, juegan con el miedo escénico de la
gente, que les impide montar un espectáculo cuando no funcionan las cosas.
De todos modos, tienen salidas ad hoc como decir que el efecto no es
inmediato, o bien que quizá la culpa sea de tu tipo de piel o la humedad
relativa del aire: cualquier excusa servirá para desviar la atención del
verdadero problema: que no funciona. Este truco es perfectamente válido para
hipnotizadores, videntes y curanderos por igual.
(g) Todas las enfermedades que, pretendidamente, se sanaban con esos
productos resultaban entrar en la lista de enfermedades crónicas, cíclicas o
de remisión espontánea, o bien en cuestiones meramente estéticas. ¿Cómo
saber qué es lo que te ha curado cuando resulta que tus jaquecas van y
vienen? La gente no suele hacer experimentos caseros con un placebo para
asegurarse. Es más cómodo y fácil creer que realmente funcionan. En cuanto a
las enfermedades crónicas, la esperanza en un producto que nos libre de ella
es un aliciente muy útil para el vendedor y muy nefasto para el comprador.
(h) La oferta pseudomédica cubre amplios campos: desde la cocina (mezclas de
especias para provocar olores y sabores afrodisíacos, por ejemplo) o la
higiene (jabones hechos con quién sabe qué demonios que es perfecto para
quién sabe qué) hasta la curación de enfermedades como la Artritis, la
artrosis, la osteoporosis o la psoriasis. Eso también desvía la atención. Si
un producto es presentado como capaz de curar una enfermedad estomacal, se
le presenta también como efectivo con otras enfermedades del mismo tipo,
generando una atribución causal engañosa similar a otras como que la luna
nos afecta porque afecta a las mareas y nosotros somos un 70% agua. La
relación entre ambas proposiciones solo existe en la mente del crédulo.

Pero por más simplones que sean los trucos, funcionan. Los mismos que,
minutos antes, decían que eso eran todo fraudes y que las medicinas
tradicionales no eran válidas, acababan por comprar, escudándose en
argumentos tan falsarios como «¿qué mal me puede hacer?». La pregunta
correcta, en todo caso, es «¿Qué bien me puede hacer?». La referencia a
cuestiones como «Este producto es cien por cien natural, nada químico» es
risible, pero no para el ciudadano medio, que ya identifica «químico» con
«laboratorio» y «laboratorio» con «malo». No comprende que los componentes
de un medicamento son los mismos que hay en un producto naturopático, pero
controlados, con estudios avalados detrás que garantizan su efectividad, con
notas claras sobre efectos secundarios, posología y modo de empleo, sobre
qué hacer en casos de sobredosis y demás advertencias. «No será malo tomarse
esas tres gotas de azahar estando embarazada o si tienes una úlcera
gastroduodenal, ¿verdad?», le pregunté a una de las chicas que compraron. Me
contestó: «Anda, pues es cierto... No se lo he preguntado». Tampoco serviría
de mucho: no te iba a contestar la verdad.

Nuestro berebere se embolsó un buen número de dirhams (quise calcularlo
exactamente, pero me fue imposible debido a la velocidad con que llenaba las
bolsas de los incautos), mis cálculos, aproximativos, me hacían pensar en la
friolera de 1500 dirhams recaudados en apenas veinte minutos entre la charla
y la venta. Para quien quiera saberlo, diez dirhams equivalen a un Euro,
aproximadamente, luego este tío cobró un pellizco muy suculento. En
Marrakech puedes ir a un restaurante y comer por 40 dirhams, más o menos.
Haciendo un cálculo bastante sui generis me atrevería a decir que ese tipo
se nos embolsó el equivalente a unos trescientos Euros españoles, calculando
la diferencia de precios que hay más o menos. En apenas veinte minutos.

Y es que, mentir, sigue siendo rentable.


=== DOSSIER DE PRENSA ===============================================

1. ¿MIENTES?
Por José Javier Esparza
(Artículo publicado en "El Correo", jueves 1 de abril de 2004)

Lo más llamativo de 'El castillo de las mentes prodigiosas', el nuevo
'intimity-show' de Antena 3, es el irónico talante del título: en este
programa no hay castillos, no hay prodigios y, por lo que se va viendo,
tampoco hay mentes. De momento, lo que hemos podido aprender es que Paco
Porras cura las hemorroides a lengüetazos, y con eso está dicho todo. A
pesar de semejantes argumentos, la trayectoria de este nuevo concurso
prosigue en medio de la general indiferencia, lo cual no es en absoluto
paranormal: las malas cifras de audiencia de su estreno (14%) no se han
visto mejoradas en la segunda entrega (10,6%).

Quizá por eso, los sabios guionistas han introducido una especia que nunca
puede faltar en este tipo de guisos: el escándalo, y así tenemos ahora entre
manos a una dama soliviantada por la presencia de otro caballero al que
acusa de estafador e, incluso, de criminal. Con todo, el episodio más
desternillante vinculado a estas mentes no se ha producido en el castillo,
sino en el prodigioso plató de Ana Rosa Quintana: allí, una señora de pelo
encarnado hablaba de la artificial polémica suscitada y decía que ella en
eso de las estafas no se metía y que, además, los gays tenían todo el
derecho del mundo a quererse, como las lesbianas, pero que lo que estaba muy
feo era lo de matar gatitos para hacer magia negra, primero porque pobres
bichos y luego porque esas cosas son peligrosas y uno nunca sabe si no se le
van a ir de las manos.

La argumentación de la doña revela una sabiduría de la vida tan fina que
casi no se ve. Pero lo mejor de la escena era el gesto que componía Belén
Esteban. Quién sabe: igual termina sumándose al coro y opta por aojar a
cierto torero. Mientras tanto la audiencia reacciona con frialdad. Quizás
ocurre que el programa está mal concebido: debería dejarse de zarandajas
'mágicas' y presentarse abiertamente como espectáculo cómico. Así el público
sabría a qué atenerse. No es prodigioso, pero tendría más cerebro que los
remedios curativos de Paco Porras.

URL:
http://www.diario-elcorreo.es/vizcaya/pg040401/prensa/noticias/Television/200404/01/VIZ-TV-168.html


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2. LAICISMO: CINCO TESIS
Por Fernando Savater
(Artículo publicado en "El País", sábado 3 de abril de 2004)

El debate sobre la relación entre el laicismo y la sociedad democrática
actual (en España y en Europa) viene ya siendo vivo en los últimos tiempos y
probablemente cobrará nuevo vigor en los que se avecinan: dentro de nuestro
país, por las decisiones políticas en varios campos de litigio que
previsiblemente adoptará el próximo Gobierno; y en toda Europa, a causa de
los acuerdos que exige la futura Constitución europea y por la amenaza de un
terrorismo vinculado ideológicamente a determinada confesión religiosa. En
cuestiones como ésta, en que la ceguera pasional lleva a muchos a tomar por
enemistad diabólica con Dios el veto a ciertos sacristanes y demasiados
inquisidores, conviene intentar clarificar los argumentos para dar precisión
a lo que se plantea. A ello y nada más quisieran contribuir las cinco tesis
siguientes, que no pretenden inaugurar mediterráneos, sino sólo ayudar a no
meternos en los peores charcos.

1) Durante siglos, ha sido la tradición religiosa -institucionalizada en la
iglesia oficial- la encargada de vertebrar moralmente las sociedades. Pero
las democracias modernas basan sus acuerdos axiológicos en leyes y discursos
legitimadores no directamente confesionales, es decir, discutibles y
revocables, de aceptación en último caso voluntaria y humanamente acordada.
Este marco institucional secular no excluye ni mucho menos persigue las
creencias religiosas: al contrario, las protege a las unas frente a las
otras. Porque la mayoría de las persecuciones religiosas han sucedido
históricamente a causa de la enemistad intolerante de unas religiones contra
las demás o contra los herejes. En la sociedad laica, cada iglesia debe
tratar a las demás como ella misma quiere ser tratada... y no como piensa
que las otras se merecen. Convertidos los dogmas en creencias particulares
de los ciudadanos, pierden su obligatoriedad general pero ganan en cambio
las garantías protectoras que brinda la Constitución democrática, igual para
todos.

2) En la sociedad laica tienen acogida las creencias religiosas en cuanto
derecho de quienes las asumen, pero no como deber que pueda imponerse a
nadie. De modo que es necesaria una disposición secularizada y tolerante de
la religión, incompatible con la visión integrista que tiende a convertir
los dogmas propios en obligaciones sociales para otros o para todos. Lo
mismo resulta válido para las demás formas de cultura comunitaria, aunque no
sean estrictamente religiosas, tal como dice Tzvetan Todorov: "Pertenecer a
una comunidad es, ciertamente, un derecho del individuo pero en modo alguno
un deber; las comunidades son bienvenidas en el seno de la democracia, pero
sólo a condición de que no engendren desigualdades e intolerancia" (Memoria
del mal).

3) Las religiones pueden decretar para orientar a sus creyentes qué
conductas son pecado, pero no están facultadas para establecer qué debe o no
ser considerado legalmente delito. Y a la inversa: una conducta tipificada
como delito por las leyes vigentes en la sociedad laica no puede ser
justificada, ensalzada o promovida por argumentos religiosos de ningún tipo
ni es atenuante para el delincuente la fe (buena o mala) que declara. De
modo que si alguien apalea a su mujer para que le obedezca o apedrea al
sodomita (lo mismo que si recomienda públicamente hacer tales cosas), da
igual que los textos sagrados que invoca a fin de legitimar su conducta sean
auténticos o apócrifos, estén bien o mal interpretados, etcétera...: en
cualquier caso debe ser penalmente castigado. La legalidad establecida en la
sociedad laica marca los límites socialmente aceptables dentro de los que
debemos movernos todos los ciudadanos, sean cuales fueren nuestras creencias
o nuestras incredulidades. Son las religiones quienes tienen que acomodarse
a las leyes, nunca al revés.

4) En la escuela pública sólo puede resultar aceptable como enseñanza lo
verificable (es decir, aquello que recibe el apoyo de la realidad
científicamente contrastada en el momento actual) y lo civilmente
establecido como válido para todos (los derechos fundamentales de la persona
constitucionalmente protegidos), no lo inverificable que aceptan como
auténtico ciertas almas piadosas o las obligaciones morales fundadas en
algún credo particular. La formación catequística de los ciudadanos no tiene
por qué ser obligación de ningún Estado laico, aunque naturalmente debe
respetarse el derecho de cada confesión a predicar y enseñar su doctrina a
quienes lo deseen. Eso sí, fuera del horario escolar. De lo contrario,
debería atenderse también la petición que hace unos meses formularon medio
en broma medio en serio un grupo de agnósticos: a saber, que en cada misa
dominical se reservasen diez minutos para que un científico explicara a los
fieles la teoría de la evolución, el Big Bang o la historia de la
Inquisición, por poner algunos ejemplos.

5) Se ha discutido mucho la oportunidad de incluir alguna mención en el
preámbulo de la venidera Constitución de Europa a las raíces cristianas de
nuestra cultura. Dejando de lado la evidente cuestión de que ello podría
entonces implicar la inclusión explícita de otras muchas raíces e
influencias más o menos determinantes, dicha referencia plantearía
interesantes paradojas. Porque la originalidad del cristianismo ha sido
precisamente dar paso al vaciamiento secular de lo sagrado (el cristianismo
como la religión para salir de las religiones, según ha explicado Marcel
Gauchet), separando a Dios del César y a la fe de la legitimación estatal,
es decir, ofreciendo cauce precisamente a la sociedad laica en la que hoy
podemos ya vivir. De modo que si han de celebrarse las raíces cristianas de
la Europa actual, deberíamos rendir homenaje a los antiguos cristianos que
repudiaron los ídolos del Imperio y también a los agnósticos e incrédulos
posteriores que combatieron al cristianismo convertido en nueva idolatría
estatal. Quizá el asunto sea demasiado complicado para un simple preámbulo
constitucional...

Coda y final: el combate por la sociedad laica no pretende sólo erradicar
los pujos teocráticos de algunas confesiones religiosas, sino también los
sectarismos identitarios de etnicismos, nacionalismos y cualquier otro que
pretenda someter los derechos de la ciudadanía abstracta e igualitaria a un
determinismo segregacionista. No es casualidad que en nuestras sociedades
europeas deficientemente laicas (donde hay países que exigen determinada fe
religiosa a sus reyes o privilegian los derechos de una iglesia frente a las
demás) tenga Francia el Estado más consecuentemente laico y también el más
unitario, tanto en su concepción de los servicios públicos como en la
administración territorial. Por lo demás, la mejor conclusión teológica o
ateológica que puede orientarnos sobre estos temas se la debo a Gonzalo
Suárez: "Dios no existe, pero nos sueña. El Diablo tampoco existe, pero lo
soñamos nosotros" (Acción-Ficción).

URL: http://www.elpais.es


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3. LAS DICHOSAS LETRITAS
Por Fernando L. Frías Sánchez
(Artículo publicado en "Diario Información", martes 30 de marzo de 2004)

En 1975 un grupo de 186 científicos (entre ellos, 18 premios Nobel) hacían
público su manifiesto titulado "Objeciones a la astrología", en el que
planteaban la necesidad de que la astrología fuese considerada como lo que
es: una creencia sin el más mínimo fundamento científico. Quince años más
tarde, en 1990, el mismo manifiesto era publicado en España, esta vez
suscrito por nada menos que doscientos cincuenta y ocho científicos, entre
los que se encontraban la práctica totalidad de los astrónomos de nuestro
país.

La creencia en la astrología tiene motivaciones sociológicas y psicológicas
muy profundas. En "Objeciones a la astrología", los científicos decían que
"en estos tiempos de incertidumbre muchos buscan la comodidad de tener una
guía para tomar sus decisiones. Les gustaría creer en un destino
predeterminado por fuerzas astrales más allá de su control." Y evidentemente
es cierto: resulta mucho más cómodo creer en un destino ya fijado en las
estrellas, que podemos consultar para orientarnos y al que podemos achacar
lo bueno y lo malo que nos ocurre, que aceptar la realidad: que nuestro
futuro depende de nosotros y no de las estrellas.

Más aún: en esta época en la que predominan la cultura y la educación, sigue
diciendo el manifiesto, "debería quedar claro que quienes continúan teniendo
fe en la astrología lo hacen a pesar del hecho de que no existe ninguna base
científica verificable para sustentar sus creencias, y que realmente hay
evidencias, y muy fuertes, de lo contrario".

Y sin embargo, no ha ocurrido así. Catorce años después de que se publicara
el manifiesto en España, y a los casi treinta de su primera publicación en
EE.UU., las cosas siguen igual. En parte porque las creencias
supersticiosas, irracionales y a veces incluso abiertamente absurdas y
ridículas, gozan de un cierto auge en nuestra sociedad: todos conocemos
personas que nos explican con toda seriedad que han ido a que les echen las
cartas, o han acudido a una sesión de "chi kung", o han recurrido a algún
sortilegio contra el mal de ojo que padecen, y expresiones como "energía
positiva" o "buenas vibraciones", propias de ese conjunto de creencias
disparatadas llamado "New Age", han pasado ya al lenguaje corriente.

Pero la astrología juega, además, con una ventaja: la confusión. Y es que la
distinción entre la astrología (la creencia supersticiosa en la influencia
de los astros sobre las personas) y la astronomía (el estudio científico de
los cuerpos celestes) sigue sin estar muy clara para mucha gente.

Pongamos un ejemplo. Hace unos meses, la organización de la Vuelta Ciclista
a España difundió por los medios de comunicación el programa de la
competición de este año, y destacaba, entre otras novedades, la que puede
ser una de las etapas reinas de la prueba: la subida a Calar Alto. Una
subida de la que se destacaba su gran dificultad, entre otras cosas por la
gran altitud del monte almeriense; tan alto, tan alto, que en su cima hay
instalado, según el comunicado oficial, un "observatorio astrológico".

Semejante metedura de pata ha pasado, que yo sepa, absolutamente
inadvertida. Cosa nada extraña si tenemos en cuenta que también se habla del
"observatorio astrológico" en la propaganda de algún establecimiento de
turismo rural de la zona, y hasta en la página de Internet de la empresa que
construyó la cúpula del observatorio.

"Astrólogos" eran, según la Agencia EFE, los científicos húngaros que
anunciaron hace poco el descubrimiento de un planeta extrasolar. Y
"astrólogos" son, según algún periódico, quienes han descubierto a Sedna, un
nuevo cuerpo del Sistema Solar que pone en entredicho la estructura que
hasta ahora hemos aprendido: o Sedna es considerado un planeta, en cuyo caso
sería el décimo de nuestro Sistema (y probablemente no el último), o bien se
le cataloga como planetoide, y entonces habrá que replantearse si no bajamos
también de categoría a Plutón, que es más o menos igual de pequeño. Cosa
que, de paso, afectará a los horóscopos: si Sedna es un nuevo planeta,
estarán equivocados, ya que hasta ahora la astrología sólo ha tenido en
cuenta a los nueve ya conocidos (y de ellos, a Urano, Neptuno y Plutón sólo
después de que los astrónomos descubrieran su existencia). Y si Plutón deja
de serlo, tendrán que borrar de las cartas astrales sus hasta ahora
poderosas influencias en nuestro destino. Digo yo, vamos.

En fin, que los científicos firmantes de aquellos manifiestos tenían razón,
pero no tuvieron en cuenta ese factor: la confusión entre astrología y
astronomía. Que viene a ser más o menos como confundir un libro de J. J.
Benítez con otro de Stephen Hawking, o tomar con la misma seriedad las
payasadas de los huéspedes de "El Castillo de las Mentes Prodigiosas" y los
documentales de "La Dos" de TVE.

Aunque, si comparamos lo que se lee a Benítez y a Hawking, o la audiencia de
ambos programas, me temo que el problema está mucho más allá de ese par de
letras de diferencia.

URL: http://www.diarioinformacion.es


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4.¿QUIÉN MATÓ A JESUCRISTO?
La película de Mel Gibson reabre la polémica sobre la responsabilidad de su
muerte
Por César Coca
(Artículo publicado en "El Correo", domingo 4 de abril de 2004)

¿Quién mató a Jesús: los judíos o los romanos? El estreno del filme 'La
Pasión de Cristo', dirigido por el cristiano tradicionalista Mel Gibson, ha
reabierto las heridas de una controversia que dura casi dos mil años y que
muchas veces ha enfrentado a cristianos y judíos. Incluso parece distanciar
ahora a los obispos católicos, porque, mientras los de países como Francia y
Alemania no han dudado en calificar la película de claramente antijudía, los
españoles la ven desprovista de ese rasgo.

El carácter escasamente riguroso de los Evangelios como documento histórico
y las diferentes interpretaciones a que se prestan han dado pie a versiones
muy diferentes sobre la responsabilidad de la muerte de Jesús. Gibson ha
optado por una que ha generado una polémica que le es muy rentable en
términos económicos -su filme arrasa en taquilla-, pero que no le deja en
buen lugar ante los especialistas. Aunque el guión introduce aspectos que no
están en los Evangelios, en general los sigue al pie de la letra. Y eso le
lleva sin duda, advierten teólogos e historiadores, a conclusiones falsas,
porque los textos de San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan presentan
numerosas divergencias en aspectos clave del episodio de la Pasión y no
pueden, de ninguna forma, ser tratados como documentos de rigor histórico
irrefutable.

Las razones para dudar de ese rigor son varias: en primer lugar, que los
evangelistas no vivieron los episodios que narran, sino que recogieron una
tradición oral; en segundo, y quizá más importante, que están escritos en
una época (entre el año 60 y el 110, aproximadamente) en la que el
cristianismo se estaba extendiendo por el Imperio Romano y quería mejorar
sus relaciones con el poder político, de manera que los evangelistas
pudieron ceder a la tentación de minimizar el papel de Pilato; por último,
porque sus autores están inmersos en una polémica contra las sinagogas, una
controversia «de judíos contra judíos», como apunta Rafael Aguirre,
catedrático de Teología de la Universidad de Deusto y autor de varios libros
sobre Jesús y el cristianismo primitivo.

Si se examinan esas doce horas de la Pasión, justo las que recoge Gibson en
su filme, hay episodios que permiten poner en tela de juicio la veracidad de
los relatos evangélicos. Uno de ellos es el de la reunión del Sanedrín.
Según algunos de los evangelistas, tuvo lugar por la noche, lo que a juicio
de Aguirre no es posible porque la ley hebrea lo prohibía. También parecen
haberse incumplido los plazos previstos entre la sentencia y la ejecución de
la condena. Aguirre coincide con el teólogo Juan José Tamayo, profesor de la
Universidad Carlos III y autor del libro 'Por eso le mataron', en considerar
que, aunque hubo una comparecencia de Jesús ante los sumos sacerdotes, es
improbable que se llegara a una condena formal.

Pilato, cruel y depravado
Para Mario Javier Saban, judío sefardí, historiador y conferenciante, autor
de los libros 'Las raíces judías del cristianismo' y 'El judaísmo de San
Pablo', no puede olvidarse tampoco que el Sanedrín estaba dominado por los
saduceos, judíos de la clase dirigente, colaboracionistas con el poder de
Roma, y despreciados por el pueblo llano. De manera que, hubiese o no
sentencia formal, quien pide a Poncio Pilato que dé muerte a Jesús es un
sector minoritario. Como dice el teólogo Manuel de Unciti, se trata de los
sumos sacerdotes y la élite del pueblo, no del pueblo llano. Asunto de
importancia capital a la hora de examinar responsabilidades.

Y en este capítulo parece que precisamente quien no podía lavarse las manos
era el procurador Poncio Pilato. Los evangelistas le presentan como un
hombre dubitativo, que intenta salvar a Jesús (en el texto de San Juan
parece hacerlo de una forma casi desesperada) porque no entiende la
acusación que recae sobre él. Tamayo recuerda que los historiadores no le
tienen precisamente por pusilánime. Y cita a Filón y Flavio Josefo, que le
califican de violento, cruel, represivo, depravado y arbitrario. Nada que
ver con el Pilato cuyo único pecado parece ser la debilidad, y por eso, en
el Evangelio según San Juan, Jesús se dirige a él para decir que «quien a ti
me ha entregado tiene mayor pecado», en clara referencia a los judíos. Ésta
es, junto al grito de «Recaiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros
hijos» (San Mateo), que fue finalmente suprimida del filme de Mel Gibson, la
frase más abiertamente antijudía de los Evangelios.

A partir de las aportaciones de la Historia, no parece probable, por tanto,
que Pilato mostrara tantas reticencias. Matar a un palestino era una
nimiedad para quien estaba investido por el poder de Roma y tenía una larga
práctica de represión violenta. Y no hay que olvidar que los delitos de
índole religiosa seguramente no preocupaban mucho a Pilato, pero éste en
cambio estaba muy interesado en cortar de raíz el desarrollo de cualquier
grupo que, en oposición al poder de Roma, intentara la restauración del
viejo reino de David. «Jesús tenía todas las características de los enemigos
de Roma, y por eso Pilato y los saduceos temían una nueva rebelión», dice
Saban. Una rebelión que no hubiese sido la primera ni habría de ser la
última, como muestra la Historia. Es decir, que, para la mayor parte de los
estudios contemporáneos, la razón de la muerte de Jesús es su carácter de
«sedicioso» y «subversivo» a los ojos del representante del Imperio y de sus
interesados colaboradores, los saduceos que controlaban el Sanedrín.

La forma de ejecución de la condena apunta también a Roma. Al margen de que,
como recuerda Unciti, el Sanedrín no podía dictar condenas a muerte, la
manera tradicional de ejecutar a los reos entre los judíos era la lapidación
y nunca la crucifixión. Ésta era un suplicio típicamente romano,
aplicado -por su carácter ignominioso- a quienes no eran ciudadanos del
Imperio y habían sido condenados por delitos políticos.

Responsabilidad
¿Sobre quién recae, entonces, la responsabilidad de la muerte de Jesús? La
doctrina oficial de la Iglesia, expresada en los sermones de los tres
últimos viernes por el predicador del Papa, el padre Raniero Cantalamessa,
es que Jesús murió a causa de los pecados de todos. Pero esa explicación
teológica no satisface a quienes desean una respuesta histórica.

En ese contexto, Unciti atribuye una cuota mayor a los judíos, pero sólo a
una parte de ellos: los líderes religiosos y los peregrinos -el sector más
intransigente- que esos días estaban en Jerusalén para celebrar la Pascua.
Tanto Aguirre como Tamayo y Saban son más radicales: a su juicio, la
responsabilidad casi total es de los romanos porque el trasfondo de la
condena es abiertamente político, «como parece demostrar la inscripción de
la cruz», comenta el catedrático de Deusto. Ésa es también la tesis de Paul
Winter, autor de un estudio considerado fundamental por todos los estudiosos
consultados por este periódico: 'El proceso a Jesús'. A partir de ahí, los
saduceos también son responsables a título de instigadores, pero para los
especialistas eso no supone que pueda trasladarse su culpa a todo el pueblo
judío, como ha sostenido una larga tradición.

Una tradición que, de todas formas, tiene raíces muy profundas y difíciles
de erradicar. Al margen de que la reacción de ciertos grupos judíos ante la
película de Gibson parezca «excesiva» a Unciti y Aguirre -«son
hipersensibles», dice el primero; «hay sectores que todo lo aprovechan para
hacer victimismo», explica el segundo-, el antisemitismo parece un
componente del cristianismo, al menos en algunos círculos. «El cristianismo
se ha reafirmado a partir de la negación del judaísmo, del que nace»,
sostiene Tamayo. «Jesús vivió la fe de sus padres desde su propia
subjetividad, pero no fue un antijudío, sino todo lo contrario. Compartía
sus anhelos de liberación».

Saban aporta una hipótesis más radical: «En el fondo, un cristiano no puede
aceptar que su Dios sea un judío. El cristianismo es un triunfo ideológico
del judaísmo», advierte. E ilustra su afirmación con un ejemplo: «Un
cristiano de cualquier país, un polaco, por ejemplo, lee como su historia
religiosa la historia del pueblo judío. El cristianismo es la
internacionalización de la historia judía».

El Evangelio según San Juan, el más antisemita de los cuatro, concluye así:
«Muchas cosas hizo Jesús, que si se escribieran una por una creo que no
cabrían en este mundo los libros que se escribirían». Sólo sobre su muerte
se han escrito muchos miles de textos, y la polémica continúa.


El prendimiento
Versión Mateo, Marcos y Lucas: Judas Iscariote ha negociado con los sumos
sacerdotes la entrega de Jesús y ha dado una contraseña a la gente que le
acompaña hasta el monte de los Olivos con espadas y garrotes: «A quien yo
besare, él es». Durante el arresto, uno de quienes van con Jesús, sin
especificar, saca su espada y hiere a un soldado, cortándole una oreja.

Versión Juan: Este evangelista apenas narra de pasada que es Judas quien
vende a Jesús. Cuando los soldados llegan al monte de los Olivos, Jesús les
pregunta: «¿A quién buscáis?» Y ellos responden: «A Jesús de Nazaret». En
esta versión, por tanto, no existe el famoso beso de Judas. Además hay otro
cambio sustancial: el seguidor de Jesús que desenvaina su espada y hiere al
soldado aparece identificado como Simón Pedro.

El Sanedrín
Mateo: Desde el monte de los Olivos, Jesús es conducido a casa de Caifás,
sumo pontífice, «donde los escribas y los ancianos estaban congregados».
Después se narran el interrogatorio y los testimonios, hasta que, «venida la
mañana, todos los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo
tuvieron consejo contra Jesús para hacerle morir». No se especifican los
delitos de que le acusan ante Pilato.

Marcos: Tras el prendimiento, Jesús es llevado a casa del sumo sacerdote (no
se dice su nombre). Es de noche, y allí están reunidos «todos los príncipes
de los sacerdotes, y los escribas y los ancianos». Se produce un
interrogatorio, aparecen algunos testigos y «luego que amaneció» atan a
Jesús y le llevan ante Pilato. Se sabe que le acusan «en muchos puntos»,
pero no se dice cuáles.

Lucas: Jesús espera hasta el amanecer para ser juzgado en casa del sumo
sacerdote (no se cita su nombre). Al terminar, le llevan a casa de Pilato, y
le acusan de «pervertir» a la nación, «prohibir» que se paguen los tributos
y «decir» que es el Mesías.

Juan: Jesús es llevado a casa de Anás, suegro de Caifás «que era pontífice
aquel año». De allí, tras un interrogatorio, Anás le envía, atado, a Caifás.
Y más tarde le trasladan a donde Pilato. La acusación que se plantea ante el
representante de Roma es la de ser «un malhechor».

Ante Pilato
Mateo y Marcos: Pilato interroga a Jesús, quien apenas si pronuncia una
frase. Por tres veces Pilato insiste ante los pontífices en su intento por
salvar a Jesús, pero finalmente se lo entrega. Es después de ese episodio
cuando los soldados visten a Jesús de púrpura, tejen una corona de espinas
que colocan sobre su cabeza y le escupen y se burlan de él. Pilato no vuelve
a aparecer en escena. Sólo en la versión de Mateo Pilato se lava las manos.

Lucas: Pilato interroga a un Jesús que sólo pronuncia una frase, pero al
enterarse de que es galileo entiende que entonces se trata de un asunto que
debe dilucidar Herodes, y le envía ante él. Herodes no consigue que responda
a ninguna de sus preguntas, de forma que le desprecia, se burla de él, le
cubre con una brillante vestidura y le devuelve a Pilato. Éste, tras
preguntar tres veces a magistrados, sacerdotes y pueblo, les entrega a
Jesús. Aquí no hay escarnio de los soldados.

Juan: Pilato trata de eludir el asunto sugiriendo que le juzguen los
pontífices, pero éstos le dicen que a ellos no les «está permitido matar a
nadie». Pilato interroga a Jesús, que responde en varias ocasiones de forma
extensa. El representante de Roma ordena que le azoten, y es entonces cuando
se produce el escarnio de los soldados. Pilato vuelve a consultar a los
«pontífices y sus ministros», quienes insisten en que debe crucificarlo. En
numerosas ocasiones Pilato reitera que no halla culpa en él. En un momento,
Jesús le dice: «Quien a ti me ha entregado tiene mayor pecado». Finalmente,
ante la pertinaz insistencia de los pontífices, les entrega a Jesús.

El cartel de la cruz
Mateo, Marcos y Lucas: No se dice quién escribe el cartel sobre la cruz que
pone 'Éste es el rey de los judíos'.

Juan: Es el propio Pilato quien escribe un letrero en el que reza «Jesús de
Nazaret, rey de los judíos» en hebreo, griego y latín, que es el que se pone
sobre la cruz. Los pontífices advierten a Pilato de que debía haber puesto
que era el reo quien aseguraba ser el rey de los judíos, pero el
representante de Roma les contesta: «Lo escrito, escrito está».

Algunos datos sobre Judea
La organización política
Régimen: Judea fue parte de la provincia romana de Siria desde el año 63 a.
de C. En el 40 fue nombrado rey Herodes el Grande, y no se volvió al régimen
de administración provincial hasta el año 6 d. de C.

Autoridad: La administración de Roma se ejercía a través de los
procuradores, que residían en el palacio donde había habitado Herodes el
Grande. Estaban sujetos a la autoridad superior del gobernador imperial de
Siria.

Competencias: El procurador era competente en cuanto a la jurisdicción
penal, en los casos en los que la sentencia era una condena a muerte. No
obstante, a veces los procuradores debían dar explicaciones a Roma por sus
decisiones. Cualquier pena capital impuesta por el Sanedrín (consejo supremo
judío) requería de la preceptiva sanción del procurador.

Sanedrín: Estaba compuesto por la élite religiosa y política de Judea. En su
mayoría, lo integraban judíos de la rama saducea, la clase alta de la
provincia, abiertamente colaboracionistas con Roma.

Gobierno local: Algunas ciudades, como Jerusalén, tenían órganos para el
gobierno local.

URL: http://www.diario-elcorreo.es


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5. QUEVEDO CRITICÓ A LOS ASTRÓLOGOS CON VIRULENCIA
Madroñal estudia el reflejo de los descubrimientos astronómicos en la
literatura de los siglos XVI y XVII
(Artículo publicado en "El Correo", domingo 28 de marzo de 2004)

Historiador de la literatura, Abraham Madroñal ha estudiado el reflejo del
pensamiento científico en las obras de los autores del Siglo de Oro, además
de rastrear los textos astronómicos de la época. Este investigador del CSIC
ha participado en el ciclo de conferencias 'Vive la Ciencia', organizado por
la Fundación BBVA.

-¿Quién observaba el cielo en la España de los siglos XVI y XVII?

-Gente muy distinta. Había auténticos científicos junto a verdaderos
falsarios que se dedicaban simplemente a comerciar con la credulidad de la
gente. Pasaba lo mismo con otras disciplinas, como la medicina. Había gente
que investigaba, poca, junto a los que se dedicaban a repetir lo que habían
heredado.

-¿La ciencia estaba en minoría?

-Lo que dominaba era el astrólogo que se dedicaba a hacer pronósticos, en
los que predominaban las grandes desgracias. Sobre todo con los cometas, que
generaban una literatura que se vendía mucho.

-¿Se impartían estas materias en las universidades?

-En las universidades había cátedras de astrología, efectivamente, que
estaban muy apegadas al tradicionalismo científico, al escolasticismo y a la
física que enseñaba Aristóteles. También hubo excepciones, centros no
universitarios en los que sí se hacía investigación científica. Me estoy
refiriendo al Colegio Imperial de los jesuitas de Madrid y la Casa de
Contratación de Sevilla.

-Los telescopios se extienden por Europa durante el siglo XVII. ¿Sucede lo
mismo en España?

-Se habla de unos hermanos de Barcelona que se dedicaban a perfeccionar unos
'anteojos de larga vista'. Lo curioso es que, según los datos que yo tengo,
la palabra telescopio no aparece en España hasta el siglo XVIII.

-Felipe II tenía cierta inquietud por estos temas. ¿Sucedió lo mismo con los
demás Austrias?

-Felipe II tenía una riquísima colección de libros sobre astronomía.
Inquietud que también tuvo Carlos I. No sé si Felipe III y Felipe IV
estuvieron muy vinculados a este tipo de cuestiones. Sobre todo Felipe IV,
que es el que más he trabajado. Era un hombre dedicado a otro tipo de
inquietudes...

-Era más frívolo...

-Bueno, más frívolo... Digamos que es el rey poeta. Se interesaba menos que
sus antepasados por las cuestiones científicas. Y de Carlos II no puedo
hablar mucho. Su reinado es muy curioso, pero no sé hasta qué punto pudo
tener inquietud por la astronomía.

-¿Y los grandes de la literatura?

-Yo soy historiador de la literatura y bibliógrafo. Intento demostrar que
todo esto calaba en la mentalidad de la gente y por supuesto tiene que
aparecer en las obras de los escritores de la época.

-¿Por ejemplo?

-El caso de Quevedo, que para mí es paradigmático. Era un hombre muy culto y
poseía en su biblioteca una gran cantidad de libros relacionados con la
astronomía y la astrología. Reaccionó contra los astrólogos de una forma
bastante virulenta.

-¿Era muy escéptico?

-Se burla muchísimo de ellos. Siempre los ridiculiza. En uno de los 'Sueños'
cuenta que un astrólogo aparece en el Infierno y le dicen «cómo es que
mirabas tanto al cielo y no te ocupaste del único cielo al que tenías que
mirar», que se supone que es el de la salvación.

-¿Y Cervantes?

-Cervantes siempre fue un hombre más equitativo y ponderado en sus
afirmaciones. Concedía más crédito a lo que se llamaba la astrología
natural, la que interpreta el reflejo de la posición de los astros en el
mundo natural. En un momento del 'Persiles' dice que la astrología es
productiva cuando se hace bien pero que, cuando se hace mal, que es con
frecuencia, produce disparates.

URL:
http://www.diario-elcorreo.es/vizcaya/pg040328/prensa/noticias/Sociedad/200403/28/VIZ-SOC-063.html


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