|
Mostrando mensaje 154
|
|
< Anterior | Siguiente >
|
|
|
| Asunto: | EL ESCÉPTICO DIGITAL - Edición 2002 - Número 09 | | Fecha: | Martes, 31 de Diciembre, 2002 20:50:07 (+0100) | | Autor: | Pedro Luis Gomez Barrondo <TXINBO @.....es>
|
=====================================================================
EL ESCÉPTICO DIGITAL
Boletín electrónico de Ciencia, Escepticismo y Crítica a la
Pseudociencia
© 2000-2002 ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico
http://www.arp-sapc.org/
Edición 2002 - Número 09 - 31 de Diciembre de 2002
Boletín de acceso gratuito a través de:
http://www.elistas.net/foro/el_esceptico/alta
=== SUMARIO =========================================================
- Por un año nuevo ¿sin traspiés?
Por: Zenón Sanz
- En el candelabro
Por: Luis Alfonso Gámez
- Se desarmó el belén
Por: José Luis Calvo
- El Agua Milagrosa De La Homeopatía (I) y (II)
Por: Javier Armentia
- El método científico versus la charlatanería
Por: Felipe Zylbersztajn
- Las investigaciones del Nóbel D. Kahneman y las creencias erróneas.
Por: Carlos J. Álvarez González.
- El mago y el científico
Por: Umberto Eco
- ¿Internet produce depresión y aislamiento?
Por: Helena Matute
- Cero en conducta
Por: Fernando Savater
- El índice del "tonto del bote"
Por: John Baez
- Disney post-mortem. La preservación criónica que nunca existió.
Por: Por Pablo Allegritti
- Creed en nosotros a cambio
Por: Javier Marías
- Ramón Núñez: "Prefiero provocar y hacer pensar a la gente"
Por: María Pilar Perla Mateo
- El evolucionista menos famoso
Por: Pablo Capanna
- Pero, ¡qué frágil es la memoria!.
Por: Julio Valer
- La obsesión por lo ‘maravilloso’
Por: Ricardo Campo Pérez
- Racionalistas indios cuestionan un milagro ovárico de la madre
Teresa
Por: Sanal Edamaruku
- La hora de irse
Por: Manuel Alcántara
- La NASA, en entredicho. Prueba lunar
Por: Luis Alfonso Gámez
- ¿Necesitamos sujetos?
Por: Manuel Cruz
- Televisión – la Otra Dimensión de los viajes en astral
Por: Rosa Belmonte
- La secta raeliana anuncia sin pruebas el nacimiento del primer bebé
clonado
Por: Luis Alfonso Gámez
- Los seguidores de Raël intentaron abrir una embajada alienígena en
Israel
Por: Luis Alfonso Gámez
- La comunidad científica no se cree el anuncio de clonación de los
raelianos
Por: Orlando Lizama
- Clonaid anuncia un nuevo nacimiento para 2003
Por: EFE
- Juan Lerma: “Los hechos científicos son inexorables”
Por: Javier López Rejas
- Salvador Martínez: “El uso de células madre es una decisión
política”
Por: Javier López Rejas
- La molécula que controla los genes, hallazgo del año según la
revista "Science"
Por: Ángela Boto y Pablo Jáuregui
- Un estudio concluye que “la raza” no está determinada por los genes
Por: Redacción El Mundo
- Desmantelan un laboratorio clandestino que fabricaba medicamentos
complementarios a los alimentos
Por: Agencias / Madrid
- Carta a Carballal y a Mundo Misterioso
Por: David de Cos Elices
- Comentarios sobre embriones y células madre.
Por: Erick Stengler
- Comentario a "Engañados por un... ¿escéptico?”
Por: Carlos Quintana
- El Colegio de Médicos de Alicante promueve las pseudomedicinas.
Por: Un médico de Alicante
- Presentada la solicitud para que el cielo sea declarado Bien de
Interés Cultural en la Comunidad Valenciana
Por: Juan A. García
- Viscosidad
Por: Carlos Xabier
=== NOTICIAS =========================================================
POR UN AÑO NUEVO ¿SIN TRASPIES?
Por: Zenón Sanz
Siempre que por estas fechas suena el teléfono, y oigo del otro lado de
la línea la zalamera voz de nuestro querido director, me hecho a temblar
y no puedo pensar mas que en los terribles e inconfesables actos que he
debido de cometer en alguna vida pasada, de esas en las que creen los
yuppies postmodernos de restaurante budista y pirámide de aluminio
orgónica en la testa, para merecer el encargo anual del “¡allá va la
despedida!”
Debo reconocer que siempre he sido un hombre fácil de convencer y es que
nunca he sido capaz de decir que no, sobre todo después de una copiosa
comida cubana, rematada con un buen cognac y un sabroso puro canario
(nuestro director prefiere los puros habanos pero yo se lo achaco a la
inexperiencia que acompaña a su juventud).
Total que, una vez más, heme aquí, acabando el año y pergeñando, de modo
totalmente apresurado, unas palabritas con las que desearles a todos
Uds., suscriptores y colaboradores de “El Escéptico Digital”, que el
nuevo año, que dentro de unas horas vamos a comenzar, sea, por lo menos
en lo referente al avance social del pensamiento crítico, algo mejor que
el que acaba. La experiencia, y créanme que acumulo incluso bastante más
de la que me gustaría reconocer, me indica que no ha de ser así pero
como el soñar es libre y por ahora no paga impuestos haremos la vista
gorda y, cuando den las doce campanadas, levantaré mi copa por que el
nuevo año nos traiga una programación televisiva en la que la estulticia
mediática deje paso a contenidos que, a la par de divertidos, sirvan
para formar a los ciudadanos. Levantaré mi copa porque, definitivamente,
los timadores de las mal llamadas “medicinas complementarias” – sean
reconocidos colegiados o intrusos – acaben en el lugar que les
corresponde, es decir, ante los tribunales. Levantaré mi copa porque los
videntes, nigromantes, quiromantes y demás “mantes” dejen de ocupar un
puesto tan prominente en el ocio con que todos los medios de
comunicación nos obsequian, sobre todo en estas fechas. Levantaré mi
copa porque nuestros políticos comprendan que aunque parezcamos tontos
no es porque realmente lo seamos sino porque nuestro instinto de
supervivencia nos ha enseñado a aparentarlo. Levantaré mi copa porque la
injusticia social y la incultura, que conlleva indefectiblemente
aparejada, deje paso a un sistema de valores humanistas, en el que el
individuo sea capaz de desarrollarse plenamente. Levantaré mi copa… por
tantas y tantas razones que sería arduo e inacabable transcribirlas aquí
una a una.
Sin embargo, hay tres muy especiales que no me gustaría dejar en el
tintero. La primera, hace referencia a todas esas personas que, día a
día, bregan en las costas de Galicia por retirar ese chapapote, galipote
o como quieran llamarlo que ennegrece todo lo que toca menos las
conciencias de quienes tomaron las decisiones equivocadas que nos han
llevado a tan difícil e irremediable situación. La segunda, tiene como
objeto el desear que quienes confunden el pseudoescepticismo con el
pensamiento crítico y consideran que en la lucha contra el charlatanismo
todo es válido, incluso las más burdas mentiras, reconsideren sus
postulados o amanezcan al nuevo año marginados del movimiento escéptico
internacional. Finalmente, la tercera, hace referencia a nuestra propia
comunidad escéptica, a todos y cada uno de quienes conformamos esta
colectividad del Escéptico Digital, que alcanza actualmente los 1.919
miembros, para que sigamos nutriéndonos mutuamente y creciendo
intelectualmente.
Recibid pues mis mejores deseos de paz, felicidad y prosperidad.
------------------
EN EL CANDELABRO
Por: Luis Alfonso Gámez
1. GEENOM Y JIMÉNEZ DEL OSO APUESTAN POR EL 'BIO-BAC'.
José Antonio Campoy y Fernando Jiménez del Oso han escrito sendos
editoriales en favor del 'Bio-Bac', el 'no medicamento' con que algunos
han hecho su agosto a costa de la desesperación de enfermos terminales o
crónicos. 'Discovery Dsalud' (http://www.dsalud.com), la revista que
dirige Campoy, es una publicación partidaria de toda pseudomedicina,
cuanto más delirante mejor. Su contenido está a tono con el talante de
su director, quien publicó hace unos años un libro dedicado a una
entrevista con un extraterrestre, prologado favorablemente por Fernando
Sánchez Dragó, entre otros 'intelectuales'. Geenom, que así se llama el
alienígena, llegó a contar con consultorio mensual en 'Más Allá'. De
Jiménez del Oso, qué les voy a contar que no sepan... Pues bien,
ambos -el primero en 'Discovery DSalud' y el segundo en 'Enigmas
Express'- achacan la retirada del mercado del fraudulento producto a una
conspiración urdida desde multinacionales, que Jiménez del Oso, título
de Medicina en mano, califica de “criminal campaña”. Era de esperar esta
reacción en medios de comunicación rentables gracias a la publicidad de
videntes, curanderos, astrólogos y demás engañabobos. A fin de cuentas,
defienden las alubias. Mejor nos iría en España si las autoridades no
fueran tan perezosas y actuaran más frecuentemente contra los buhoneros
que, alardeando de título de Medicina, venden productos como
'Inmuno-PFS', un suplemento vitamínico presentado por Citi
Pharmaceuticals, Corp. (http://www.citimiami.com), compañía radicada en
Miami y presidida por el español José Manuel Frías, como “la esperanza
natural contra el cáncer y el sida avalada por científicos”.
'Inmuno-PFS' se vende por Internet y, al igual que 'Bio-Bac', cuenta con
el aval de una serie de médicos cuya honestidad me merece el mismo
juicio que las de Campoy y Jiménez del Oso. Ya es hora de que las
autoridades sanitarias tomen cartas en el asunto, se dejen de campañas
de imagen y emprendan una lucha activa contra los vendedores de falsas
esperanzas. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA)
estadounidense anunció a mediados de diciembre que va “a ser agresiva”
con aquéllos fabricantes de complejos vitamínicos que incurran en
publicidad engañosa, cuyos productos se anuncien como el 'Inmuno-PFS' y
el 'Bio-Bac'. Bienvenida sea la medida y ojalá nuestro Gobierno tomara
nota.
2. BENÍTEZ, EL 11-S Y LOS PSEUDOESCÉPTICOS ARGENTINOS.
Ahora que va a regresar a Televisión Española con su serie 'Planeta
Encantado' alguien debería recordar a nuestros políticos y a la sociedad
en general quién es Juan José Benítez, autor cuyo currículo de
disparates e insensateces es tan amplio como miles los kilómetros que
dice haber recorrido tras el misterio. ¿La última? Que el ataque contra
las Torres Gemelas y el Pentágono fue organizado por altas instancias
del Gobierno de Estados Unidos. Lo dijo en septiembre, durante la
presentación de su libro 'Mi Dios favorito', que por prudencia sólo me
he atrevido a hojear. “Todo estuvo diseñado por los propios
norteamericanos”, afirma el novelista navarro sobre los atentados
terroristas. Otros dos hispanos, Christian Sanz y Norberto Maraschi,
tampoco creen que un avión se estrelló contra el Pentágono el 11 de
septiembre de 2001. Lo sorprendente es que hasta hace poco ocupaban la
presidencia y vicepresidencia, respectivamente, de la Asociación
Argentina de Lucha contra las Pseudociencias (ASALUP), que por cierto
carece de personalidad legal (http://www.asalup.org). Sanz dimitió
después de descubrirse que plagió un artículo y que un fax que presentó
como prueba en un debate televisivo era una burda falsificación. El
descubrimiento del fraude del fax corrió a cargo de auténticos
escépticos a quienes los responsables de ASALUP y Héctor Walter Navarro,
un pseudoescéptico encarnación de la telebasura en Argentina, intentaron
desacreditar. Sanz, Maraschi y Navarro respondieron con insultos a los
críticos hasta que tuvieron que callar aplastados por las pruebas del
plagio y de la falsificación. La historia es apasionante e inquietante:
los auténticos escépticos argentinos -Alejandro Agostinelli, Alejandro
Borgo, Enrique Márquez y Max Seifert - están defendiendo a capa y espada
la racionalidad frente a aquéllos que únicamente buscan el beneficio
personal y que, si no están en las filas de Benítez y compañía, es
porque hay demasiada competencia. Lean “¿Está el escepticismo organizado
argentino en manos de conspiracionistas?”
(http://www.superiores.blogalia.com) y les aseguro que se preguntarán el
porqué de los signos de interrogación.
3. BLAKE Y LA PASIVIDAD ESCÉPTICA
Lástima que, a pesar de que era sencillo, nadie desde el escepticismo
español retó públicamente al ilusionista Anthony Blake cuando anunció
que iba adivinar el 'gordo' de la Lotería de Navidad. Hubiera bastado,
para que quedara claro desde el principio que era un truco, retarle a
que escribiera el número premiado no en uno, sino en dos libros, y uno
fuera custodiado por ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico
(http://www.arp-sapc.org) y abierto en ausencia del mago después del
sorteo. No se hizo. Blake puso en escena el truco, 'acertó' y se montó
la gorda. Vamos, que parte del público quedó convencida de que había
adivinado el número premiado. Gente nada proclive a lo paranormal daba
crédito a algo que había visto con sus ojos: cómo el ilusionista sacaba
de una caja un libro y mostraba, después de salir el premio agraciado,
una página en la que figuraba el número del 'gordo'. Esas personas daban
por hecho que el ilusionista había escrito el número en el papel días
antes. No se les ocurría pensar que, si no lo había enseñado antes, es
porque allí no había nada escrito. ¿Ingenuos? Sí, claro. Pero también
una prueba de que nunca tienen los escépticos organizados que bajar la
guardia ante individuos como Blake que gustan de tontear con el 'lado
oscuro'.
4. LOS FINANCIADORES DE LO PARANORMAL.
La publicidad es la principal vía de financiación de las publicaciones
esotéricas. Al margen de las empresas del sector del misterio
(teleadivinos, vendedores de amuletos, etcétera), hay instituciones y
entidades que financian -mediante la inserción de publicidad- las
revistas paranormales. En diciembre, los anunciantes que han colocado
publicidad en 'Año Cero' (A), 'Más Allá' (M), 'Enigmas' (E) y 'Enigmas
Express' (EE) son:
Editoriales: EDAF (EE), Obelisco (A y M) y Robin Book (A y M).
Otras: CCC (A, E) y 20th Century Fox Home Entertainment (A, E y M).
5. FELIZ AÑO NUEVO
© Copyright Luis Alfonso Gámez, 2002.
Prohibida la reproducción.
------------------
SE DESARMÓ EL BELÉN
Por: José Luis Calvo
Siempre he visto algo poético en montar un belén, en reconstruir una
escena pretendidamente histórica. En un lado el portal, en otro la
anunciación a los pastores, la matanza de los inocentes, los reyes
magos... y si el presupuesto lo permite, una fuente de la que mana agua,
casas con luces incorporadas... Todo ello sobre un manto de arena y bajo
una capa de nieve de textura sorprendentemente similar a la de la
harina.
Quizás por ello, todos los 8 de diciembre procedo a abrir las cajas
guardadas de un año para otro, en una las escorias de carbón, (el mejor
material para construir montañas que pueda desearse), en otra las luces
de colores, en otra las figuras... y a montar un decorado teatral para
los distintos personajes, lavanderas, pastores, soldados... pero,
recordando el título de la obra de Pirandello ¿a qué autor deberían
buscar?
La mayoría de las personas responderían que a los evangelistas ¿no? Sin
embargo, las escenas representadas en un belén obedecen a una
acumulación de elementos míticos de diversas procedencias aglutinados a
lo largo del tiempo para paliar que lo que sabemos con certeza histórica
de la infancia de Jesús se resume en una sola palabra: nada. Oh, sí
existen dos relatos evangélicos de la Natividad, uno debido a Mateo y
otro a Lucas (Marcos y Juan guardan silencio sobre el tema lo que no
deja de resultar curioso) pero ambos ofrecen versiones imposibles de
conciliar, pese a lo cual, un belén es precisamente una mezcla de ambas
versiones (y alguna más, como veremos).
Del relato de Mateo puede inferirse que María y José vivían en Belén.
María esperaba un hijo sin haber mantenido relaciones sexuales con su
esposo por lo que éste decide repudiarla. José recibe en sueños la
visita de un ángel que le advierte que no lo haga porque la criatura
viene del Espíritu Santo. El niño nace en casa, en Belén.
Según el relato de Lucas, José y su prometida, María, vivían en Nazaret.
María recibe la visita de un ángel que le comunica que va a ser madre de
un niño que concebirá por acción del Espíritu Santo. A consecuencia del
censo de Quirino, el matrimonio se desplaza a Belén dónde nace el niño
que es recostado en un pesebre por estar llena la posada.
Después del nacimiento, según Mateo, llegan a Jerusalén unos magos de
Oriente que han conocido por una estrella que había nacido el rey de los
judíos y preguntan a Herodes que dónde pueden encontrarle. Éste les
dirige a Belén pidiéndoles que, cuando le localicen, se lo comuniquen
para ir, él también, a rendirle homenaje. Una estrella guía a los magos
hasta el niño al que ofrecen oro, incienso y mirra. Advertidos en sueños
de que no volvieran a ver a Herodes, los magos regresan a casa por otro
camino. José recibe, también en sueños, la advertencia de que abandonen
Belén pues Herodes va a matar al niño. La familia huye a Egipto. Herodes
ordena asesinar a todos los niños de menos de dos años en Belén y en sus
alrededores. Cuando Herodes fallece, José recibe una nueva visita
angélica y regresa a Judea pero temiendo al rey Arquelao, hijo de
Herodes, se traslada a Galilea, al pueblo de Nazaret.
Según Lucas, después del nacimiento un ángel anuncia la nueva a los
pastores de Belén que acuden a adorar al niño. A los ocho días el niño
fue circuncidado y después fue presentado en el Templo de Jerusalén.
Cumplidos los prefectos legales, la familia regresa a Nazaret.
Como vemos, los únicos elementos comunes a las dos narraciones es que
Jesús había sido concebido por acción del Espíritu Santo, que nació en
Belén y que acabó viviendo en Nazaret, aunque por motivos muy distintos.
Todos los demás elementos son únicos, la estrella, los magos, la matanza
de los inocentes y la huida a Egipto sólo existen en Mateo. El censo, el
pesebre, la anunciación y la adoración de los pastores sólo existen en
Lucas.
¿Algo de todo ello es cierto? Podemos descartar como pura fábula al
censo (como ya vimos en un anterior artículo) y la matanza de los
inocentes. Flavio Josefo dejó un relato muy vivo de las maldades de
Herodes y, sin embargo, no menciona en ningún momento tal fechoría. ¿Por
qué entonces la inclusión de tales elementos? El análisis de Mateo nos
dará la respuesta. En su relato incluye cuatro profecías mesiánicas que
quedaron cumplidas en la Natividad, (Is. 7,14, Miq. 5,1, Os. 11,1 y Jr.
31,15) además de una referencia inexistente a que según los profetas se
le llamaría Nazareno. Las profecías se relacionarían, por el orden
citado, con el nacimiento de una virgen, el nacimiento del Mesías en
Belén, el regreso de Egipto y la matanza de los inocentes. Vemos, pues,
que la razón para incluir la matanza de los inocentes fue, precisamente,
el de poder asegurar que se había cumplido la profecía. Si vamos a los
versículos citados y a su contexto veremos que a Mateo no le importó
tergiversar el sentido de las profecías (que, a veces, ni lo son) del
Antiguo Testamento con tal de presentar a Jesús como el Mesías
anunciado. El de Isaías se refiere a acontecimientos contemporáneos del
profeta: “Porque antes que sepa el niño rehusar lo malo y elegir lo
bueno, será abandonado el territorio cuyos dos reyes te dan miedo.” [1]
(Is. 7,16) Esos dos reyes eran “Rasón, rey de Aram, con Pécaj, hijo de
Romelias, rey de Israel...” [1] (Is. 7,1) y todo ello “En tiempo de
Ajaz, hijo de Jotán, hijo de Ozías, rey de Judá...” [1] (Is. 7,1). El
texto de Miqueas sí es una profecía mesiánica... que no puede hacerse
coincidir con Jesús: “Él será la paz. Cuando Asiria invada nuestra
tierra, y pise nuestro suelo, le opondremos siete pastores y ocho
capitanes. Ellos pastorearán a Asiria con la espada, y al país de Nemrod
con el acero. Él nos librará de Asiria, cuando invada nuestra tierra, y
pise nuestro territorio.” [1] (Miq. 5, 4-5). El de Oseas es una
referencia a la historia del Éxodo: “Cuando Israel era niño, lo amé, y
de Egipto llamé a mi hijo.” [1] (Os. 11,1). El de Jeremías tampoco puede
relacionarse con Jesús, en primer lugar porque menciona a Ramá que no a
Belén y, en segundo lugar, porque los hijos por los que lloran:
“volverán de tierra hostil, y hay esperanzas para tu futuro –oráculo de
Yahvé-: volverán los hijos a su territorio.” [1] (Jr. 31, 16-17). El
texto que no corresponde a ningún fragmento del A. T. parece ser una
mala interpretación de Is. 11, 1 en el que se dice del Mesías: “Saldrá
un vástago (nezer) del tronco de Jesé...” [1] y Mateo interpretó nezer
por Nazaret. No es la única vez en que Mateo confunde un texto hebreo.
La profecía de Isaías no hace referencia a una virgen sino a una joven,
aunque en este caso parece que la mala traducción podía no ser suya sino
de la Septuaginta (traducción de la Biblia al griego).
Queda pues demostrado el interés de Mateo en presentar a Jesús como un
ser excepcional desde el comienzo de su vida. A este recurso de
“cumplimiento de las profecías” añade varios tópicos comunes en su época
para ensalzar a una persona. La concepción por una acción divina no
hubiera sorprendido a los greco-latinos que tenían varios antecedentes
en su propia mitología: Hércules, Perseo... y que incluso concedían ese
carácter a personajes reales como Alejandro y Octavio al que tampoco le
faltó quién le atribuyera haber nacido pese a una prohibición del
Senado, asustado por un presagio de que nacería un rey, que su
nacimiento había sido anunciado por distintos fenómenos e, incluso, que
había ascendido al cielo (Véase la Vida de Augusto, XCIV y ss. en Los
Doce Césares de Cayo Suetonio).
Otro tanto puede decirse de Lucas, aunque en este caso los paralelismos
se pueden encontrar en las mitologías orientales como en las leyendas de
Krisna o Buda.
Otros elementos belenísticos, sin embargo, no provienen de los relatos
evangélicos canónigos sino de los apócrifos o de la literatura
cristiana. Por ejemplo, fue Orígenes el que convirtió la estrella de
Belén, mencionada por Mateo y en el apócrifo del Protoevangelio de
Santiago, en un cometa. También fue obra suya el dictamen de que los
magos (de los que Mateo no cita el número) fueron tres. En el S VII se
les convirtió en reyes y en el S VIII se les pusieron los nombres de
Melchor, Gaspar y Baltasar. El buey y la mula aparecen en el apócrifo
Evangelio del Pseudo-Mateo en cumplimiento de una profecía atribuida a
Habacuc, que resulta ser, nuevamente una mala traducción.
Otros elementos presentes en los apócrifos, sin embargo, no tuvieron la
misma suerte. Por ejemplo, la partera que ayuda a María o Salomé
comprobando con su dedo la virginidad de María tras el parto (episodios
narrados en el Protoevangelio de Santiago) no llegaron a convertirse en
figuritas.
Si las historias de la Natividad y, por consiguiente, su plasmación
belenística son producto de una mezcolanza de tradiciones de diverso
origen, lo mismo podemos decir de las Navidades como fiesta. Dado que
nadie tenía ni la menor idea del día en que nació Jesús (tampoco del
año) la Iglesia se apropió de unas fiestas romanas ya existentes, las
Saturnales que, desde un origen como celebración agrícola del solsticio
de invierno, fueron aumentando su duración y convirtiéndose en algo que
aún hoy podríamos identificar. Las escuelas se cerraban y los niños
recorrían las calles gritando: Io, Io, Saturnalia! lo que venía a
suponer el inicio del jolgorio. Durante esas fechas no se podían
emprender acciones militares para no perturbar la alegría y la paz. En
un ambiente de hermanamiento aparente, los esclavos podían sentarse a la
mesa con sus señores e, incluso, reprenderles sus vicios sin temer
ningún castigo. Se celebraban banquetes públicos y se bebía más de la
cuenta. También eran las fechas en que los conocidos se intercambiaban
regalos. Por último, se permitían los juegos de azar en público. Los
cristianos que hoy protestan por la comercialización de las fiestas, tal
vez deberían considerar que siguen siendo lo que eran antes de que
surgiera su religión.
En cualquier caso, tanto para romanos como para cristianos, había en
estas fiestas un valor coincidente que comparto y que desearía que se
hiciera realidad por encima de cualquier consideración formal: Paz en la
Tierra. Amén
NOTAS:
[1] Nueva Biblia de Jerusalén. Traducción: J. Moya et al. Dirección:
José Ángel Ubieta López. Editorial Desclée De Brouwer. Bilbao, 2000.
------------------
EL AGUA MILAGROSA DE LA HOMEOPATÍA (I)
Por: Javier Armentia
El pasado 26 de noviembre, la serie "Horizon" de divulgación científica
de la cadena pública británica de televisión, la BBC, emitía un polémico
programa sobre la homeopatía, una de las llamadas "medicinas
alternativas" que más popularidad están alcanzando en todo Europa. En
él, contando con las opiniones a favor y en contra de diversos expertos,
se sometió a prueba -una vez más- alguna de las afirmaciones de esta
práctica, como que la acción de algunos medicamentos se puede efectuar
incluso en dosis tan ínfimas que ni siquiera una sola molécula del
producto está realmente presente. Algo que, como calificaba el físico
Robert Park en el mismo programa "es simplemente ridículo", porque
desafía las leyes de la ciencia.
En cualquier caso, cabría pensar, aunque no se entienda por qué, o
aunque vaya en contra de lo que conocemos del Universo, si algo
funciona, se debería investigar, y aplicar. No en vano, la historia de
la práctica médica muestra cómo se han ido empleando terapias y fármacos
que funcionaban adecuadamente aunque no se supiera por qué lo hacían:
por ejemplo, la aspirina tiene más de cien años, aunque sólo hace un par
de decenios se comenzó a entender cómo afectaba el ácido acetil
salicílico a la síntesis de las prostaglandinas. Su uso como analgésico,
mucho antes, estaba bien atestiguado.
Con la homeopatía, sin embargo, las cosas no parecen tan sencillas. Las
bases de esta práctica se establecieron en 1810, cuando un médico
alemán, Samuel Hahnemann (1755-1843) publicó el Organon der Rationellen
Heilkunde, en el que establecía una teoría completa sobre el origen de
las enfermedades y sobre la manera de curarlas, utilizando mecanismos
similares a los que causan los males, de ahí el nombre "homeopatía"
(curar con lo similar) y el adagio en latín similia similibus curantur
conocido como "ley de la similitud". Esta idea no era nueva de
Hahnemann, sino un principio de la medicina medieval casi mágica de
Paracelso. En esencia, si una enfermedad produce una serie de síntomas
en una persona, y si conocemos una sustancia que provoque síntomas
similares, precisamente esa sustancia y no otra, será la que pueda
curarle. Evidentemente, Hahnemann comprendió que tal administración
podría sin duda empeorar la condición del paciente, por lo que intentó
diluir el fármaco de manera extrema, para que sus propiedades curativas
permanecieran, pero no sus efectos adversos.
¿Cómo se le pudo ocurrir a una persona de finales del siglo XVIII tal
idea? Normalmente se apunta a la manera en que entonces se trataba una
enfermedad mortal, la sífilis. La única curación posible era la
administración de vapores de mercurio, muy venenosos, que provocaban de
hecho la muerte de gran parte de los pacientes. Hahnemann intentó probar
otra manera, diluyendo los diferentes "venenos" hasta hacerlos inocuos.
En aquella época, la teoría atomista de la materia no era demasiado
popular, y la química moderna estaba comenzando a nacer, con las
contribuciones de Lavoisier y Dalton. Un coetáneo del padre de la
homeopatía, el italiano Amedeo Avogadro (1776-1856), establecía
exactamente un año después de la publicación del Organon un principio
fundamental para la química: "los volúmenes iguales de cualquier gas a
idéntica temperatura y presión contienen el mismo número de moléculas".
Este Principio de Avogadro se basaba en que la materia no se puede
dividir indefinidamente, sino que existe una unidad, la molécula, que es
la mínima cantidad de una sustancia que mantiene sus propiedades
químicas. El número de moléculas en un volumen característico de un gas
(lo que los químicos denominan un mol, 22,4 litros a 0ºC de temperatura
y 1 atmósfera de presión) es enorme, el llamado número de Avogadro:
6,023 x 10^23 , es decir, aproximadamente un seis y veintitrés ceros
detrás: ¡seiscientos mil trillones de moléculas!
Sin embargo, las disoluciones homeopáticas son incluso mayores.
Típicamente, se parte de una porción de una sustancia determinada y se
diluye por vez primera en cien veces ese peso (imaginemos 1 centímetro
cúbico de esencia vegetal en agua para completar un litro, por ejemplo).
Esta disolución es llamada 1C ("un centesimal hahnemanniano). Entonces
se le somete a una agitación específica (llamada "sucusión"), y se
vuelve a disolver: se toma 1cc y se completa hasta un litro, utilizando
agua. En este segundo centesimal (2C) tenemos una parte de sustancia en
diez mil de agua destilada. Una vez pasada la agitación, se sigue
diluyendo: el 3C tiene una parte en un millón, el 4C una parte en cien
millones... Cuando se repite este proceso y se obtiene un 12C (algunos
medicamentos homeopáticos afirman diluir hasta 30C) entramos en un serio
conflicto con la química. Porque hemos disuelto hasta tener una parte en
un cuatrillón, ya es menor que el número de Avogadro. Esto quiere decir
que si tuviéramos un mol de moléculas de la sustancia inicial, en esa
disolución ya no tendríamos probablemente ni una sola molécula.
Evidentemente, si seguimos diluyendo seguiremos igual: sólo tendremos
agua (o alcohol, a veces empleado como disolvente en homeopatía).
Si disolviéramos un grano de sal en todos los océanos de la Tierra, la
disolución resultante sería incluso mayor que la de un medicamento
homeopático. Pero pocas personas creerían que tomando una gota de esa
agua tomaríamos algo de aquel grano de sal. Sin embargo, se estima que
un 40% de los fármacos que se venden en Francia, pertenecientes a los
laboratorios homeopáticos, tienen aún menos concentración. Y la gente
los toma creyendo que realmente está tomando algo...
En el programa de la BBC se sometió a prueba, precisamente, esta
posibilidad. No era la primera vez, pero se utilizó una disolución
homeopática que se aplicó, en varios laboratorios, junto con otras
muestras que sólo contenían agua destilada, a cultivos de células, para
comprobar si tenían algún efecto. Las pruebas se realizaron con todos
los controles adecuados, y con el acuerdo de la principal sociedad
homeopática inglesa sobre los protocolos. Se ponía en juego algo más de
un millón de dólares que la Fundación James Randi, creada por el
ilusionista americano y firme opositor a las pseudociencias, ofrece a
quien pueda demostrar un fenómeno paranormal (como que la homeopatía
funciona). Los resultados volvieron a ser negativos para la homeopatía:
no funcionó.
¿Y Por Qué Tiene Tanto Éxito?
A lo largo de los años se han ido realizando numerosos análisis
científicos de las afirmaciones homeopáticas, y a menudo nunca se ha
encontrado efecto alguno, aunque otras veces ha habido algún indicio de
que podría estar sucediendo algo. Los médicos suelen achacar estos
resultados más al llamado efecto placebo, es decir: el mero hecho de
tomar una medicina hace que el paciente mejore. ¿Se trata de algo aún
más esotérico que las extremas diluciones de la homeopatía? Realmente
no, y dice más de la manera en que interactúan en las personas las
terapias y las expectativas. La semana que viene profundizaremos en este
asunto, siguiendo con el análisis de la homeopatía.
------------------
EL AGUA MILAGROSA DE LA HOMEOPATÍA (Y II)
Por: Javier Armentia
Nos referíamos anteriormente a la imposibilidad física de entender cómo
funcionan las extremas diluciones de los medicamentos homeopáticos.
Nacida a comienzos del XIX, esta práctica pseudomédica sufrió
precisamente de este problema, llevando desde entonces un desarrollo
paralelo y aparte del resto de las prácticas médicas que poco a poco
irían configurando la medicina científica: la mejor comprensión del
origen (o etiología) de las enfermedades, el descubrimiento de
microorganismos y agentes patógenos, el desarrollo de una farmacopea
basada en el efecto que ciertas sustancias tienen en el organismo chocan
frontalmente con los postulados más bien filosóficos de Hahnemann. Por
ejemplo, en homeopatía realmente síntomas y enfermedad son la misma
cosa, y se llega al extremo de afirmar que "no hay enfermedades, sino
enfermos": son los síntomas de una persona concreta los que se estudian
para buscar un remedio que, sin diluir, provoca el mismo cuadro. Algunas
veces se ha comentado que este proceso es la base de las vacunas, pero
realmente no es así: las vacunas utilizan la capacidad inmune del
organismo para "aprender" a atacar una versión débil de un patógeno. No
se trata por lo tanto de una curación, sino de medicina preventiva. Por
otro lado, a ningún médico se le ocurriría tratar una meningitis
meningocócica, ocasionada por una bacteria, con una disolución de un
preparado de las bacterias. Los homeópatas, afortunadamente, tampoco lo
hacen, y normalmente recurren a la medicina alopática (como ellos la
llaman) cuando se presenta una enfermedad seria en la que la ciencia
puede proporcionar una respuesta adecuada.
Éste es un factor muy importante que a menudo se soslaya: la homeopatía
se autolimita a un tipo de dolencias normalmente inespecífico o mal
definido, a menudo dolores con cierta tendencia crónica o de remisión
espontánea, que en la medicina convencional no disponen de una cura
completa, sino de paliativos farmacológicos principalmente de tipo
analgésico. Su propia vocación complementaria le ha permitido permanecer
frente al avance imparable de la ciencia médica. De esta manera, es
fácil comprender que cualquier proceso que permita al paciente sentirse
mejor será contado como un éxito por los homeópatas.
El otro factor que permite entender por qué los pacientes (y los
practicantes) de la homeopatía -y de muchas otras medicinas llamadas
alternativas- tienen la impresión de que se curan con estas terapias es
conocido en medicina con el nombre de efecto placebo. Placebo es
cualquier sustancia que, sin contener principio activo, se suministra a
un paciente con el "engaño" de que es un fármaco capaz de curarle.
Usados desde antiguo para complacer a los pacientes que querían una
solución a problemas que el médico no podía realmente solucionar, el
término (que viene del latín, "te complaceré") tuvo durante mucho tiempo
una connotación negativa.
Sin embargo, comenzó a valorarse en medicina especialmente a partir de
los trabajos de H.K. Beecher en 1955, quien comprobó que cerca de una
tercera parte de las personas que tomaban un placebo realmente acababan
curándose. Una primera interpretación sería de índole psicosomática,
como si la mente fuera capaz de, esperando curarse, llegar realmente a
la curación. Beecher es también responsable de que los ensayos clínicos
de cualquier fármaco se hagan con técnicas estadísticas "de doble
ciego", es decir, que ni los pacientes ni los médicos involucrados en la
prueba sepan a priori si el sujeto está tomando la medicina que se
quiere analizar o un placebo. Beecher comprobó que en muchas ocasiones
la existencia de un grupo de control (que no toma la medicina) no era
suficiente para comprobar si un medicamento era efectivo: a menudo
actuaban las expectativas del paciente, en otras procesos como la
regresión o curación espontánea durante el tratamiento. Para complicar
aún más las cosas, si no se tenía cuidado de que tampoco los médicos
conocieran si una persona estaba tomando la medicina o un placebo, como
se comprobó, los resultados resultaban dudosos: los propios
investigadores son humanos y, por ello, sujetos también a los mismos
efectos de querer que algo funcione o de interesarse por el trabajo.
Los trabajos de Beecher y muchos otros análisis realizados en los
últimos cincuenta años han permitido entender mejor el mecanismo por el
cual un placebo (una simple píldora azucarada, por ejemplo) puede
funcionar como una medicina. Por un lado está el hecho de que muchas
enfermedades, incluso graves, tienen una evolución que de forma
espontánea llega a la completa remisión o, al menos, a la mejoría. Una
persona que está tomando un fármaco interpretará esa mejoría de su
condición como efecto de la sustancia. Por otro lado, hay factores
estadísticos, como la regresión a la media, que en muchos casos
funcionan (sobre todo cuando se realizan ensayos clínicos en los que
seleccionan enfermos por una determinada característica: por ejemplo, si
se eligen pacientes que tengan la tensión alta de entre una población
más amplia, existe un sesgo estadístico que, de forma matemática,
conducirá a que un porcentaje de ellos disminuya su tensión incluso sin
terapia alguna). Pero también hay que tener en cuenta efectos
psicológicos: el paciente tiene una "creencia" en que la enfermedad será
curada; además está el fenómeno de la sugestión, algo fundamental en la
relación entre médico y paciente. Muchas terapias, no sólo la medicina
homeopática, tienen en el efecto placebo la más probable explicación de
su funcionamiento.
¿Placebo Homeopático?
En el caso de la homeopatía, los análisis clínicos que se han realizado
en los últimos cincuenta años no consigue poner en claro si aparte del
efecto placebo hay algo más. Cierto es que se han publicado muchos
trabajos apoyando la acción de medicamentos homeopáticos extremadamente
diluidos, pero en revisiones y meta-análisis realizados, donde se valora
tanto el resultado como la corrección metodológica, el efecto
homeopático casi desaparece. Por no decir que desaparece por completo.
En uno de estos estudios, publicado en 1999 en "Cartas Médicas sobre
Fármacos y Terapias" (The Medical Letter on Drugs and Therapeutics, una
de las publicaciones más importantes del mundo sobre el tema) se
concluía que "el contenido químico de los productos homeopáticos está a
menudo indefinido, y algunos están tan diluidos que es improbable
encontrar en ellos nada del material original. No se han probado que
estos productos sean efectivos en condiciones clínicas. No hay buenas
razones para usarlos".
Para más información:
La transcripción completa del programa Horizon de la BBC
http://www.bbc.co.uk/science/horizon/2002/homeopathytrans.shtml
La declaración tras el programa de "The Society of Homeopaths"
http://www.homeopathy-soh.org/web/pages/horizon.htm
La página de la James Randi Educational Foundation http://www.randi.org/
[Nota] * Estos dos artículos sobre la Homeopatía, escritos por Javier
Armentia, aparecieron publicados, en el suplemento Territorios del
diario El Correo, los pasados miércoles 11 y 18 de diciembre de 2002
respectivamente. Ambos artículos pueden ser descargados en versión
original y en formato PDF desde
http://www.arp-sapc.org/eedigital/Homeopatia01.pdf y
http://www.arp-sapc.org/eedigital/Homeopatia02.pdf
------------------
Infociencia.net http://216.185.133.103/infociencia/fijo/index.cfm
EL MÉTODO CIENTÍFICO VERSUS LA CHARLATENERÍA
Por: Felipe Zylbersztajn / Núcleo de Mídia Científica (MIC-UFSC)
Un estudio detecta la presencia de las concepciones pseudocientíficas en
la enseñanza primaria y secundaria.
Cuando el profesor de física Paulo Sen Lee decidió investigar la
credulidad de sus alumnos en relación con las llamadas pseudociencias -
de los extraterrestres a la cromoterapia - se llevó un gran susto. No
podría imaginarse que la falta de escepticismo alcanzara de forma tan
significativa no sólo a los estudiantes, sino a los docentes de
ciencias. La investigación, realizada en cinco prestigiosas escuelas de
Curitiba (Brasil), fue parte de la disertación de maestría que Paulo
defendió el 30 de agosto de 2002, a través de una videoconferencia. El
trabajo "Ciências Naturais e Pseudociências em Confronto: uma forma
prática de destacar a ciência como atividade crítica e diminuir a
credulidade em estudantes de ensino médio" se presentó en Curitiba, con
el tribunal reunido en el Laboratório de Ensino a Distância da
Universidade Federal de Santa Catarina, en Florianópolis.
En su disertación, Paulo Sen Lee promueve la confrontación de las
ciencias naturales con las pseudociencias dentro de la clase. La
experiencia ha buscado destacar la ciencia como una actividad crítica,
disminuir la credulidad y, consecuentemente, aumentar el escepticismo en
los estudiantes de la enseñanza media. El trabajo ha contado con
cuestionarios distribuidos a los alumnos y a sus profesores de Física,
Química y Biología, además de una evaluación del material didáctico
utilizado.
Paulo nos cuenta que no tiene la intención de hacer afirmaciones
categóricas y definitivas a través de este trabajo, sino estimular la
discusión y reflexiones que puedan provocar determinados cambios en los
materiales didácticos en los cursos de licenciatura y en la práctica
educacional. "Procuré demostrar la necesidad de que los profesores de
ciencias comprendan mejor la filosofía de la ciencia, la ciencia
entendida como actividad crítica, reevaluando sus posturas crédulas en
pseudociencias", nos explica. "Creo que gran parte de los profesores de
ciencias enseña los productos y leyes científicas, pero no se para a
pensar ni a enseñar a sus alumnos a pensar de forma científica."
¿Lo crees?
Los cuestionarios de Paulo, distribuidos a 40 profesores de cinco
escuelas, dos públicas y tres privadas, constaban de dos partes: la
primera, acerca de la práctica pedagógica de profesores, la segunda,
referente al posicionamiento adoptado por ellos en relación con las
pseudociencias. La segunda parte del cuestionario incluía 10 preguntas
del tipo "¿Crees en algún tipo de horóscopo?", "¿Crees en la
premonición?", "¿Crees en curas espirituales?".
Según Paulo, muchos profesores de ciencias visten la "bata" racional,
pero practican y creen en muchos alegados irracionales.
Paulo ha investigado los profesores de ciencias naturales (Física,
Química y Biología) porque éstos tienen un contacto más intenso con la
ciencia y con la lógica de la investigación científica, y por lo tanto,
deberían presentar un escepticismo mayor frente a los temas
pseudocientíficos. Sin embargo, el tanto por ciento de profesores
crédulos acerca de determinadas pseudociencias ha sido considerado
sorprendente. Por ejemplo, como media, 32% de los profesores creen en la
telequinesia (la capacidad de mover objetos con el poder de la mente) y
28% creen en la premonición (la capacidad de conocer hechos que
sucederán en el futuro).
Además, ha percibido que varios profesores, que afirmaban no creer en la
astrología, tendían a creer que el signo de una persona podría tener, de
alguna forma, que ver con su personalidad. "Eso demuestra que muchos
profesores poseen ciertas creencias latentes, o sea, pueden afirmar que
no creen en determinada pseudociencia, pero en el fondo tienen dudas o
creen en ciertas situaciones debido a fuerzas culturales, poca reflexión
o poca comprensión de las críticas con fundamentos científicos",
concluye.
Proyecto Ciencia y Pseudociencias.
En 2001, Paulo desarrolló, junto con un profesor de Historia, un
proyecto con dos grupos de estudiantes de enseñanza media de una escuela
privada. El proyecto estimulaba a los estudiantes a confrontar las
pseudociencias con sus críticas científicas.
En primer lugar, los alumnos contestaron un cuestionario con las mimas
cuestiones de la segunda serie de preguntas realizadas a los profesores.
Los resultados revelaron un alto grado de incredulidad en pseudociencias
en los estudiantes. Luego, los alumnos de dos grupos fueron divididos en
grupos más pequeños e investigaron determinado tema pseudocientífico
elegido por el equipo durante un mes. En el siguiente mes, los
estudiantes asistieron a videos en clase con temas relacionados con las
pseudociencias, de manera que algunos de los vídeos incluían puntos de
vista escépticos, que procuraban proporcionar explicaciones científicas
o criticar los fundamentos analizados. Después de cada sesión, los
alumnos contestaban otra vez algunas de las preguntas de los
cuestionarios.
Convivencia en paz.
Toda la experiencia realizada por Paulo ha buscado una mejor comprensión
de la ciencia y el desarrollo del pensamiento crítico en los alumnos de
enseñanza media. Paulo Lee resaltaba a los alumnos la importancia de no
convertirse en un arrogante científico, utilizado los conocimientos
científicos adquiridos y el pensamiento crítico como una forma de
discriminación o intolerancia frente aquellos que creen en las
pseudociencias. Para él, "la convivencia pacífica entre las personas que
tengan creencias distintas, o incluso conflictivas, debería ser una de
las principales ideas de la humanidad". Sin embargo, lo que Paulo
percibe es que con una fachada de tolerancia, muchos profesores
incentivaban el pensamiento holístico, e incluso la intolerancia frente
a las ciencias, como si el pensamiento racional fuera el principal
culpable de los males de los productos de la ciencia.
En sus respuestas, los alumnos revelaron estar influenciados por ideas
presentadas en los vídeos, cambiando de opinión, en relación con el
cuestionario inicial, después de algunas presentaciones. Según Paulo
Lee, esta característica es intrigante y al mismo tiempo preocupante,
pues demuestra que los estudiantes son susceptibles a los productos de
los medios, a la charlatanería y a la manipulación de la opinión,
principalmente cuando poseen un pensamiento poco desarrollado y poco
fundamentado. "Hay mucho espacio en los medios para las pseudociencias y
poco espacio para la divulgación del pensamiento científico", demanda.
El profesor de periodismo de la Universidade Federal de Santa Catarina
Orlando Tambosi, miembro del tribunal de Paulo, cree que confundiendo la
ciencia y la pseudociencia, los medios se prestan a la difusión de la
charlatanería. "De forma absolutamente no crítica e irresponsable, los
medios de comunicación han transformado en normal lo paranormal",
reflexiona, y recuerda que "hace poco tiempo, revistas y periódicos que
se pretendían serios han abierto sus páginas a un tema como el
"chupacabras". Lo mismo hicieron algunos telediarios y los programas de
variedades". Para Tambosi, cuando se trata realmente de hacer ciencia,
los medios se fijan apenas en los resultados espectaculares y
maravillosos, algunas veces apocalípticos y maléficos - "los medios
jamás ven a la ciencia como un proceso de conocimiento", apunta este
profesor.
Después del proceso inicial dirigido por Paulo Lee, los estudiantes
leyeron sobre el método crítico científico, lo que les ha permitido
reflexionar sobre la importancia de la ciencia y analizar las
diferencias básicas entre ciencias y pseudociencias. "Es difícil opinar
acerca de aquello que desconocemos. Solamente es posible desarrollar el
pensamiento crítico cuando se dominan los temas, sean aquellos que se
quiere defender, sean aquellos que se quiere criticar. Al término de la
investigación, los alumnos elaboraron artículos en forma de discurso de
divulgación científica, bajo la idea principal de la divulgación
científica como medio imparcial para ofrecer el mayor número de
informaciones de calidad. Cada grupo hizo una presentación describiendo
las características principales de las pseudociencias estudiadas, además
de explicar porque el tema era considerado pseudocientífico. Para Paulo,
los vehículos serios de divulgación científica son imprescindibles para
que se alcance un pensamiento crítico.
Resultados.
Como última fase del proyecto, los estudiantes contestaron a las mismas
10 preguntas del cuestionario inicial, con el objetivo de comparar sus
respuestas con las del inicio del proyecto. Los resultados mostraron que
hubo una disminución de la credulidad y el aumento del escepticismo, en
relación con las preguntas y temas pseudocientíficos presentados. En los
dos grupos, el elevado porcentaje de credulidad había sido sustituido
por un elevado porcentaje de escepticismo. "Averigüé que es posible
desarrollar en los estudiantes un posicionamiento crítico que los
habilite a tornarse ciudadanos menos susceptibles a los fraudes y a la
charlatanería cuando se estimula la confrontación amigable entre la
postura científica y las pseudociencias", concluye Paulo.
[Nota] *El presente artículo de Felipe Zylbersztajn fue publicado
originalmente en el portal del Núcleo de Mídia Científica de la
Universidade Federal de Santa Catarina (UFSC-Brasil)
http://www.mic.ufsc.br/
La Redacción de “El Escéptico Digita” quiere agradecer tanto al autor
como a Don. Vinicius Kern, coordinador del MIC, los permisos de
publicación concedidos a nuestra publicación. Igualmente, queremos dar
las gracias a Don. Marcelo Sabbattini, editor de Infociencia.net
(publicación del Máster Ciencia, Tecnología y Sociedad de la Universidad
de Salamanca, España), por habernos puesto en contacto con el MIC y
darnos a conocer, a través de Infociencia.Net
http://216.185.133.103/infociencia/fijo/index.cfm, tan interesante
artículo.
------------------
LAS INVESTIGACIONES DEL NÓBEL D. KAHNEMAN Y LAS CREENCIAS ERRÓNEAS.
Por: Carlos J. Álvarez González.
Las investigaciones del último premio Nóbel en Economía, el psicólogo
Daniel Kahneman (junto al ya fallecido Amos Tversky) sobre el
razonamiento y la toma de decisiones son fundamentales para entender
muchas creencias erróneas que los seres humanos mantenemos sobre el
mundo. Los heurísticos son de especial relevancia para comprender y
explicar muchos postulados relacionados con el mundo de lo paranormal y
las pseudociencias, tal y como lo evidencian los artículos publicados
sobre el tema en revistas como el Skeptical Inquirer. Ambos psicólogos
demostraron con sus experimentos que los humanos no somos totalmente
racionales en la toma de decisiones, además de malos estadísticos
intuitivos: por ejemplo, somos realmente imperfectos calculando
probabilidades reales. Kahneman y Tversky encontraron que no solemos
emitir juicios o tomar decisiones siguiendo procedimientos totalmente
racionales o estadísticos sino empleando los denominados heurísticos
(vg. Kahneman y Tversky, 1971; Tversky y Kahneman, 1974). Éstos
constituyen una especie de “atajos cognitivos”, estrategias no formales
para resolver problemas, que permiten la emisión de juicios. Es obvio
que existen ventajas adaptativas en su empleo, como es la velocidad a la
hora de tomar decisiones (imaginemos lo poco adaptativo que hubiera sido
a nuestros antepasados, como a nosotros, el tomar una decisión o
ejecutar una conducta calculando siempre probabilidades reales de
peligro, por ejemplo, y haciendo un análisis totalmente racional de un
fenómeno). Por otro lado, es cierto que muchas veces nos llevan a
soluciones adecuadas y correctas. Sin embargo, dichos heurísticos son
estrategias inexactas que pueden dar lugar a sesgos (el artículo
anterior del Dr. Carlos Santamaría es una excelente ilustración de
ello). Aquí me gustaría citar tan solo algunos ejemplos de estas
estrategias pero aplicados al campo de las creencias falsas, esotéricas
y paranormales, así como a las pseudociencias en general.
El heurístico de representatividad afirma que emitimos juicios de
probabilidad basándonos en el parecido de una información concreta con
el prototipo o, dicho de otro modo, en lo representativo que sea A
respecto a B, en vez de hacerlo de acuerdo con las probabilidades
reales. Un ejemplo de este heurístico aplicado a las pseudociencias es
la homeopatía: el pensar que “lo parecido cura lo parecido”, un
postulado que no se sostienen a la luz de la evidencia científica. Como
afirman Gilovich y Savitsky (1996), las medicinas antiguas están
repletas de razonamientos “representativos”: el prescribir cuerno de
rinoceronte para la impotencia, o pulmón de zorro para el asma. Además,
muchos ejemplos los tenemos en las medicinas y terapias “alternativas”:
el Rebirthing cree que muchos problemas psicológicos tienen su origen en
el hecho de haber nacido de forma “no natural”. Así, por ejemplo, si una
persona nació “de pie” (pies por delante), esa es la causa de que le
cueste ver las cosas correctamente, y por ello debe revivir su
nacimiento.
La astrología es otro excelente ejemplo. Muchas supuestas
características de los distintos signos tienen que ver con las
propiedades asociadas al nombre del signo: los leo son orgullosos y
lideres poderosos; los capricornio, tenaces y trabajadores; los libra,
equilibrados, etc. Lo mismo es aplicable a la grafología. La teoría
zonal de la grafología divide la escritura de la persona en zonas baja,
media y alta. Las cualidades instintivas, prácticas e intelectuales se
asocian a cada una de estas zonas (Gilovich y Savitsky, 1996).
En general, este heurístico es la base de muchas supersticiones, como
aquellas relacionadas con los juegos de azar (creer que si estamos “en
racha” seguiremos acertando).
El heurístico de accesibilidad consiste en que la emisión de juicios se
ve afectada por aquella información que se encuentra más accesible en
memoria, en vez de por las probabilidades reales de eventos. Este
heurístico tiene cierta justificación ya que los sucesos más frecuentes
son los que mejor se memorizan y mejor se recuperan. Pero adicionalmente
tiene mucho que ver con el carácter selectivo de la memoria y es el
causante del denominado sesgo confirmatorio: tendemos a buscar (y
encontrar) evidencia que apoye nuestras creencias, teorías o hipótesis
más allá de lo justificado por los datos reales y empíricos (Gilovich,
1997). No resulta nada difícil pensar en ejemplos de este heurístico en
las pseudociencias. Si creemos en los horóscopos y pensamos que los
sagitarios tienen unas características determinadas, el hecho de
encontrar un sagitario con dichas características confirmará y reforzará
nuestra hipótesis. Lo que ocurre es que no procesamos y retemos con la
misma fuerza todas las ocasiones en que encontramos sagitarios sin
dichas características o personas de otro signo que las posean.
Obviamente, esto es aplicable a cualquier creencia de tipo paranormal.
Este heurístico es de particular importancia a la hora de comprender lo
malo que solemos ser a la hora de estimar sucesos que ocurren por puro
azar. Nuestro cerebro busca continuamente patrones con significado,
incluso donde no los hay. De nuevo, esta propiedad tiene un alto valor
adaptativo pero, de nuevo, nos puede llevar a concepciones erróneas
sobre la realidad. Debido al heurístico de accesibilidad y al carácter
selectivo de la memoria, tendemos a encontrar relaciones significativas
donde sólo hay pura casualidad. Un ejemplo lo tenemos en los sueños que
se cumplen (no valoramos igual aquellos que no se cumplen), o en los
hechos premonitorios como el estar pensando en alguien y recibir una
llamada diciéndonos que esa persona se ha muerto (no somos conscientes
de todas las veces en las que hemos pensado en esa persona y no ha
ocurrido nada). En general, sobrevaloramos aquellos sucesos que ocurren
simultáneamente y que tienen una carga emocional, una posible
explicación paranormal o que son muy llamativos. Como muchos otros
sucesos que ocurren de forma conjunta pero a los que no les prestamos
atención, son fruto del azar. Sin embargo, será muy difícil que alguien
nos convenza de que ambos eventos no están relacionados.
Como he intentado reflejar en este artículo, las investigaciones y
teorías del reciente premio Nóbel en Economía, el psicólogo Daniel
Kahneman (junto a su colega Amos Tversky), tienen el atractivo y el
poder de aplicarse a cualquier actividad humana que requiera toma de
decisiones o emisión de juicios en condiciones de incertidumbre, como es
el caso de la Economía y, por supuesto, el de las creencias en lo
paranormal.
Referencias:
Gilovich, T. (1997). Some systematic biases of everyday judgment.
Skeptical Inquirer, 21 (2), 31-35.
Gilovich, T. y Savitsky, K. (1996). Like Goes with Like: The role of
representativeness in erroneus and pseudoscientific beliefs. Skeptical
Inquirer, 20 (2), 34-40.
Kahneman, D. y Tversky, A. (1971). Subjective probability: A judgment of
representativeness. Cognitive Psychology, 3, 430-454.
Tversky, A. y Kahneman, D. (1974). Judgment under uncertainty:
Heuristics and biases. Science, 185, 1124-1131.
------------------
Periodista Digital http://www.periodistadigital.com/
EL MAGO Y EL CIENTÍFICO
Por: Umberto Eco
Artículo enviado por: Helena Matute
Creemos que vivimos en la que Isaiah Berlin, identificándola en sus
albores, llamó la Edad de la Razón. Una vez acabadas las tinieblas
medievales y comenzado el pensamiento crítico del Renacimiento y el
propio pensamiento científico, consideramos que vivimos en una edad
dominada por la ciencia. A decir verdad, esta visión de un predominio ya
absoluto de la mentalidad científica, que se anunciaba tan ingenuamente
en el Himno a Satanás, de Carducci, y más críticamente en el Manifiesto
comunista de 1848, la apoyan más los reaccionarios, los espiritualistas,
los laudatores temporis acti, que los científicos. Son aquéllos y no
éstos los que pintan frescos de gusto casi fantástico sobre un mundo
que, olvidando otros valores, se basa sólo en la confianza en las
verdades de la ciencia y en el poder de la tecnología.
Los hombres de hoy no sólo esperan, sino que pretenden obtenerlo todo de
la tecnología y no distinguen entre tecnología destructiva y tecnología
productiva. El niño que juega a la guerra de las galaxias en el
ordenador usa el móvil como un apéndice natural de las trompas de
Eustaquio, lanza sus chats a través de Internet, vive en la tecnología y
no concibe que pueda haber existido un mundo diferente, un mundo sin
ordenadores e incluso sin teléfonos.
Pero no ocurre lo mismo con la ciencia. Los medios de comunicación
confunden la imagen de la ciencia con la de la tecnología y transmiten
esta confusión a sus usuarios, que consideran científico todo lo que es
tecnológico, ignorando en efecto cuál es la dimensión propia de la
ciencia, de ésa de la que la tecnología es por supuesto una aplicación y
una consecuencia, pero desde luego no la sustancia primaria.
La tecnología es la que te da todo enseguida, mientras que la ciencia
avanza despacio. Virilio habla de nuestra época como de la época
dominada, yo diría hipnotizada, por la velocidad: desde luego, estamos
en la época de la velocidad. Ya lo habían entendido anticipadamente los
futuristas y hoy estamos acostumbrados a ir en tres horas y media de
Europa a Nueva York con el Concorde: aunque no lo usemos, sabemos que
existe.
Pero no sólo eso: estamos tan acostumbrados a la velocidad que nos
enfadamos si el mensaje de correo electrónico no se descarga enseguida o
si el avión se retrasa. Pero este estar acostumbrados a la tecnología no
tiene nada que ver con el estar acostumbrados a la ciencia; más bien
tiene que ver con el eterno recurso a la magia.
¿Qué era la magia, qué ha sido durante los siglos y qué es, como
veremos, todavía hoy, aunque bajo una falsa apariencia? La presunción de
que se podía pasar de golpe de una causa a un efecto por cortocircuito,
sin completar los pasos intermedios. Clavo un alfiler en la estatuilla
que representa al enemigo y éste muere, pronuncio una fórmula y
transformo el hierro en oro, convoco a los ángeles y envío a través de
ellos un mensaje.
La magia ignora la larga cadena de las causas y los efectos y, sobre
todo, no se preocupa de establecer, probando y volviendo a probar, si
hay una relación entre causa y efecto. De ahí su fascinación, desde las
sociedades primitivas hasta nuestro renacimiento solar y más allá, hasta
la pléyade de sectas ocultistas omnipresentes en Internet.
La confianza, la esperanza en la magia, no se ha desvanecido en absoluto
con la llegada de la ciencia experimental. El deseo de la simultaneidad
entre causa y efecto se ha transferido a la tecnología, que parece la
hija natural de la ciencia. ¿Cuánto ha habido que padecer para pasar de
los primeros ordenadores del Pentágono, del Elea de Olivetti tan grande
como una habitación (los programadores necesitaron ocho meses para
preparar al enorme ordenador y que éste emitiera las notas de la
cancioncilla El puente sobre el río Kwai, y estaban orgullosísimos), a
nuestro ordenador personal, en el que todo sucede en un momento?
La tecnología hace de todo para que se pierda de vista la cadena de las
causas y los efectos. Los primeros usuarios del ordenador programaban en
Basic, que no era el lenguaje máquina, pero que dejaba entrever el
misterio (nosotros, los primeros usuarios del ordenador personal, no lo
conocíamos, pero sabíamos que para obligar a los chips a hacer un
determinado recorrido había que darles unas dificilísimas instrucciones
en un lenguaje binario). Windows ha ocultado también la programación
Basic, el usuario aprieta un botón y cambia la perspectiva, se pone en
contacto con un corresponsal lejano, obtiene los resultados de un
cálculo astronómico, pero ya no sabe lo que hay detrás (y, sin embargo,
ahí está). El usuario vive la tecnología del ordenador como magia.
Podría parecer extraño que esta mentalidad mágica sobreviva en nuestra
era, pero si miramos a nuestro alrededor, ésta reaparece triunfante en
todas partes. Hoy asistimos al renacimiento de sectas satánicas, de
ritos sincretistas que antes los antropólogos culturales íbamos a
estudiar a las favelas brasileñas; incluso las religiones tradicionales
tiemblan frente al triunfo de esos ritos y deben transigir no hablando
al pueblo del misterio de la trinidad y encuentran más cómodo exhibir la
acción fulminante del milagro. El pensamiento teológico nos hablaba y
nos habla del misterio de la trinidad, pero argumentaba y argumenta para
demostrar que es concebible, o que es insondable. El pensamiento del
milagro nos muestra, en cambio, lo numinoso, lo sagrado, lo divino, que
aparece o que es revelado por una voz carismática y se invita a las
masas a someterse a esta revelación (no al laborioso argumentar de la
teología).
Querría recordar una frase de Chesterton: "Cuando los hombres ya no
creen en Dios, no es que ya no crean en nada: creen en todo". Lo que se
trasluce de la ciencia a través de los medios de comunicación es, por lo
tanto -siento decirlo-, sólo su aspecto mágico. Cuando se filtra, y
cuando filtra es porque promete una tecnología milagrosa, "la píldora
que...". Hay a veces un pactum sceleris entre el científico y los medios
de comunicación por el que el científico no puede resistir la tentación,
o considera su deber, comunicar una investigación en curso, a veces
también por razones de recaudación de fondos; pero he aquí que la
investigación se comunica enseguida como descubrimiento, con la
consiguiente desilusión cuando se descubre que el resultado aún no está
listo. Los episodios los conocemos todos, desde el anuncio
indudablemente prematuro de la fusión fría a los continuos avisos del
descubrimiento de la panacea contra el cáncer.
Es difícil comunicar al público que la investigación está hecha de
hipótesis, de experimentos de control, de pruebas de falsificación. El
debate que opone la medicina oficial a la medicina alternativa es de
este tipo: ¿por qué el pueblo debe creer en la promesa remota de la
ciencia cuando tiene la impresión de tener el resultado inmediato de la
medicina alternativa? Recientemente, Garattini advertía que cuando se
toma una medicina y se obtiene la curación en un breve periodo, esto no
es aún la prueba de que el medicamento sea eficaz. Hay aún otras dos
explicaciones: que la enfermedad ha remitido por causas naturales y el
remedio ha funcionado sólo como placebo, o que incluso la remisión se ha
producido por causas naturales y el remedio la ha retrasado. Pero
intenten plantear al gran público estas dos posibilidades. La reacción
será de incredulidad, porque la mentalidad mágica ve sólo un proceso, el
cortocircutio siempre triunfante, entre la causa presunta y el efecto
esperado. Llegados a este punto, nos damos cuenta también de cómo está
ocurriendo y puede ocurrir, que se anuncien recortes consistentes en la
investigación y la opinión pública se quede indiferente. Se quedaría
turbada si se hubiese cerrado un hospital o si aumentara el precio de
los medicamentos, pero no es sensible a las estaciones largas y costosas
de la investigación. Como mucho, cree que los recortes a la
investigación pueden inducir a algún científico nuclear a emigrar a
Estados Unidos (total, la bomba atómica la tienen ellos) y no se da
cuenta de que los recortes en la investigación pueden retrasar también
el descubrimiento de un fármaco más eficaz para la gripe, o de un coche
eléctrico, y no se relaciona el recorte en la investigación con la
cianosis o con la poliomielitis, porque la cadena de las causas y los
efectos es larga y mediata, no inmediata, como en la acción mágica.
Habrán visto el capítulo de Urgencias en que el doctor Green anuncia a
una larga cola de pacientes que no darán antibióticos a los que están
enfermos de gripe, porque no sirven. Surgió una insurrección con
acusaciones incluso de discriminación racial. El paciente ve la relación
mágica entre antibiótico y curación, y los medios de comunicación le han
dicho que el antibiótico cura. Todo se limita a ese cortocircuito. El
comprimido de antibiótico es un producto tecnológico y, como tal,
reconocible. Las investigaciones sobre las causas y los remedios para la
gripe son cosas de universidad. Yo he perfilado una hipótesis
preocupante y decepcionante, también porque es fácil que el propio
hombre de gobierno piense como el hombre de la calle y no como el hombre
de laboratorio. He sido capaz de delinear este cuadro porque es un
hecho, pero no estoy en condiciones de esbozar el remedio.
Es inútil pedir a los medios de comunicación que abandonen la mentalidad
mágica: están condenados a ello no sólo por razones que hoy llamaríamos
de audiencia, sino porque de tipo mágico es también la naturaleza de la
relación que están obligados a poner diariamente entre causa y efecto.
Existen y han existido, es cierto, seres divulgadores, pero también en
esos casos el título (fatalmente sensacionalista) da mayor valor al
contenido del artículo y la explicación incluso prudente de cómo está
empezando una investigación para la vacuna final contra todas las gripes
aparecerá fatalmente como el anuncio triunfal de que la gripe por fin ha
sido erradicada (¿por la ciencia? No, por la tecnología triunfante, que
habrá sacado al mercado una nueva píldora).
¿Cómo debe comportarse el científico frente a las preguntas imperiosas
que los medios de comunicación le dirigen a diario sobre promesas
milagrosas? Con prudencia, obviamente; pero no sirve, ya lo hemos visto.
Y tampoco puede declarar el apagón informativo sobre cualquier noticia
científica porque la investigación es pública por su misma naturaleza.
Creo que deberíamos volver a los pupitres de la escuela. Le corresponde
a la escuela, y a todas las iniciativas que pueden sustituir a la
escuela, incluidos los sitios de Internet de credibilidad segura, educar
lentamente a los jóvenes para una recta comprensión de los
procedimientos científicos. El deber es más duro, porque también el
saber transmitido por las escuelas se deposita a menudo en la memoria
como una secuencia de episodios milagrosos: madame Curie, que vuelve una
tarde a casa y, a partir de una mancha en un papel, descubre la
radiactividad; el doctor Fleming, que echa un vistazo distraído a un
poco de musgo y descubre la penicilina; Galileo, que ve oscilar una
lámpara y parece que de pronto descubre todo, incluso que la Tierra da
vueltas, de tal forma que nos olvidemos, frente a su legendario
calvario, de que ni siquiera él había descubierto según qué curva
giraba, y tuvimos que esperar a Kepler.
¿Cómo podemos esperar de la escuela una correcta información científica
cuando aún hoy, en muchos manuales y libros incluso respetables, se lee
que antes de Cristóbal Colón la gente creía que la Tierra era plana,
mientras que se trata de una falsedad histórica, puesto que ya los
griegos antiguos lo sabían, e incluso los doctos de Salamanca que se
oponían al viaje de Colón, sencillamente porque habían hecho cálculos
más exactos que los suyos sobre la dimensión real del planeta? Y, sin
embargo, una de las misiones del sabio, además de la investigación
seria, es también la divulgación iluminada.
Y, sin embargo, si se tiene que imponer una imagen no mágica de la
ciencia, no debieran esperarla de los medios de comunicación, deben ser
ustedes quienes la construyan poco a poco en la conciencia colectiva,
partiendo de los más jóvenes.
La conclusión polémica de mi intervención es que el presunto prestigio
de que goza hoy el científico se basa en razones falsas, y está en todo
caso contaminado por la influencia conjunta de las dos formas de magia,
la tradicional y la tecnológica, que aún fascina la mente de la mayoría.
Si no salimos de esta espiral de falsas promesas y esperanzas
defraudadas, la propia ciencia tendrá un camino más arduo que realizar.
Y he aquí que mañana los periódicos hablarán de este congreso vuestro,
pero, fatalmente, la imagen que salga será aún mágica. ¿Deberíamos
asombrarnos? Nos seguimos masacrando como en los siglos oscuros
arrastrados por fundamentalismos y fanatismos incontrolables,
proclamamos cruzadas, continentes enteros mueren de hambre y de sida,
mientras nuestras televisiones nos representan (mágicamente) como una
tierra de jauja, atrayendo sobre nuestras playas a desesperados que
corren hacia nuestras periferias dañadas como los navegantes de otras
épocas hacia las promesas de Eldorado; ¿y deberíamos rechazar la idea de
que los simples no saben aún qué es la ciencia y la confunden bien con
la magia, bien con el hecho de que, por razones desconocidas, se puede
enviar una declaración de amor a Australia al precio de una llamada
urbana y a la velocidad del rayo?
Es útil, para seguir trabajando cada uno en su propio campo, saber en
qué mundo vivimos, sacar las conclusiones, volvernos tan astutos como la
serpiente y no tan ingenuos como la paloma, pero por lo menos tan
generosos como el pelícano e inventar nuevas formas de dar algo de
vosotros a quienes os ignoran.
En cualquier caso, desconfiad más que nada de quienes os honran como si
fueseis la fuente de la verdad. En efecto, os consideran un mago que,
sin embargo, si no produce enseguida efectos verificables, será
considerado un charlatán; mientras que las magias que producen efectos
imposibles de verificar, pero eficaces, serán honradas en los programas
de entrevistas. Y, por lo tanto, no vayáis, o se os identificará con
ellas. Permitidme retomar un lema a propósito de un debate judicial y
político: resistid, resistid, resistid. Y buen trabajo.
[Nota] *Umberto Eco es escritor y semiólogo italiano. Este texto es un
amplio resumen de la intervención del autor -titulada La recepción de la
ciencia por parte de la opinión pública y de los medios de comunicación-
en la Conferencia Científica Internacional, recientemente celebrada en
Roma.
El presente artículo fue originalmente publicado en el periódico El País
de donde fue recogido por Periodista Digital.
------------------
Divulcat http://www.divulcat.com/
¿INTERNET PRODUCE DEPRESIÓN Y AISLAMIENTO?
Por: Helena Matute
La alarma saltó a la prensa cuando el New York Times publicó las
conclusiones del estudio Pittsburgh: el uso de Internet genera depresión
y soledad. Sin embargo, el estudio contenía una serie de errores
metodológicos que impiden extraer conclusiones de él. Las
investigaciones más recientes muestran resultados muy distintos.
"El uso de Internet disminuye las relaciones sociales y provoca
aislamiento social, soledad, y depresión". Ésta era una de las
principales conclusiones del estudio Pittsburgh, realizado por Robert
Kraut (en la imagen) y sus colegas de la Universidad de Carnegie Mellon.
El estudio fue publicado en el número de septiembre de 1998 del American
Psychologist y ya el 30 de agosto el New York Times reproducía sus
principales conclusiones: "Un mundo triste y solitario descubierto en el
ciberespacio", rezaba el titular.
Todavía hoy es frecuente encontrar en cualquier medio noticias y
comentarios alarmantes sobre los posibles efectos nocivos de Internet
sobre la salud psíquica de las personas. Si fuera cierto, la principal
implicación del estudio sería la inmediata necesidad de implantar
políticas sociales encaminadas a prevenir los efectos nocivos de
Internet sobre la salud mental.
Errores metodológicos
Pero las críticas de los muchos científicos que mostraron que el estudio
Pittsburgh contenía errores metodológicos que hacían imposible extraer
conclusiones de él, nunca llegaron a la prensa. Una de estas críticas,
publicada por Judith Shapiro (1999), también en el American
Psychologist, ponía de manifiesto que el estudio Pittsburgh carecía de
una condición de control, algo imprescindible en cualquier investigación
que pretenda sacar conclusiones causa-efecto.
Si se hubieran utilizado personas con menos contactos sociales, es muy
posible que el uso de Internet se hubiera mostrado beneficioso para la
salud.
El estudio Pittsburgh estaba hecho con una muestra de personas sociables
y participativas, en las que se observó que tras dos años de utilización
de Internet había disminuido pequeña pero significativamente (en
palabras de los propios autores) su nivel de participación social y de
bienestar psicológico.
Como indica Shapiro, para estar seguros de que esos resultados se debían
al uso de Internet y no a cualquier otra cosa, era necesario haber
dividido a todos los participantes en dos grupos de igual tamaño e
idénticos en todas las características antes de comenzar el estudio y
haber dado acceso a Internet solo a la mitad de ellos. Solo de esta
forma sería posible concluir con garantías que el uso de Internet, y no
cualquier otra variable, era la causa de los resultados observados en el
grupo con conexión a Internet.
En ausencia de una condición de control, los resultados del estudio
pudieron ser debidos a demasiadas causas; incluso al fenómeno conocido
como regresión a la media, que significa que siempre que se selecciona
una muestra por su alto valor en alguna variable, en este caso, el alto
nivel de sociabilidad de los participantes, la muestra tiende a regresar
a los valores normales de la media con el paso del tiempo.
Tal y como reconocieron incluso los propios autores del estudio
Pittsburgh, si en vez de una muestra compuesta por personas sociables y
participativas hubieran utilizado una muestra de personas con menos
contactos sociales, es muy posible que el uso de Internet se hubiera
mostrado beneficioso en vez de perjudicial para la salud.
Resultados recientes
De hecho, las investigaciones realizadas con posterioridad están
mostrando resultados totalmente distintos. Al contrario de lo que
sugerían Kraut y colaboradores en el estudio original, se ha observado
que la gente utiliza Internet para mantener el contacto con sus seres
queridos más que como sustituto de estas relaciones (Pew Research
Center, 2000; Wellman y Gulia, 1999), y que en algunos casos el uso de
Internet puede servir incluso para disminuir la depresión y la soledad
más que para aumentarla (LaRose y cols., 2001, McKenna y Bargh, 2000).
El estrés de la red desaparece con la experiencia
Sí se ha verificado, no obstante, que pueden darse ciertos niveles de
estrés con el uso de Internet. Pero esto ocurre, por lo general, en los
usuarios que llevan menos de dos años conectados. Según el artículo
publicado en 2001 por LaRose y sus colegas en el Journal of Online
Behavior, el estrés de la red desaparece con la experiencia, y se debe
probablemente a que los usuarios noveles carecen de los recursos tanto
técnicos como humanos para moverse con soltura en Internet.
Parece, por tanto, que facilitar a los usuarios noveles una mayor
educación, no solo en cuanto a los aspectos técnicos, sino sobre todo en
cuanto a los aspectos de seguridad y de relación social necesarios para
desenvolverse adecuadamente en el mundo virtual, podría ser suficiente
para reducir sensiblemente el estrés que puede producir la red en los
primeros años de conexión.
BIBLIOGRAFÍA
McKenna, K. Y. A. y Bargh, J. A. (2000). Plan 9 from cyberspace: The
implications of the Internet for personality and social psychology.
Personality and Social Psychology Review, 4 (1), 57-75
Shapiro, J.S. (1999). Loneliness: Paradox or artifact? American
Psychologist, 54 (9), 782-783.
Wellman, B. y Gulia, M. (1999). Virtual communities as communities: Net
surfers don't ride alone. In. M. A. Smith & P. Kollock (Eds.),
Communities in cyberspace (pp. 167-194). NY: Routledge.
Para más información:
Estudio Pittsburgh http://www.apa.org/journals/amp/amp5391017.html
LaRose y cols., 2001 http://www.behavior.net/JOB/v1n1/paradox.html
Pew Research Center (2000)
http://www.pewinternet.org/reports/toc.asp?Report=11
[Nota] *Helena Matute es catedrática de psicología en la Universidad de
Deusto y una entusiasta de la divulgación científica. Ha publicado
numerosos artículos de investigación y colabora en el comité editorial
de varias revistas científicas. Su página web está en
http://sirio.deusto.es/matute/
El presente artículo forma parte de las Comunicaciones – Grupo 21
publicadas en el 1er Congreso ONLINE del Observatorio para la
CiberSociedad http://cibersociedad.rediris.es/congreso/
------------------
CERO EN CONDUCTA
Por: Fernando Savater
En un colegio de Vitoria, unos cuantos alumnos de entre trece y quince
años acaban de cometer una simpática travesura. Filmaron en vídeo a uno
de sus compañeros fornicando con otra colegiala y después exhibieron
alegremente la cinta ante el resto de la clase. El protagonista del
filme porno era cómplice, la chica en cambio no sabía nada de nada.
Según algunos, parece que vendieron copias de la emocionante película a
un precio bastante razonable, aunque este interesante extremo comercial
no ha quedado suficientemente probado. Lo único claro es que se
divirtieron mucho y que fue su algazara y la del resto de los
espectadores la que terminó denunciándoles.
Soy de los que no se asustan por el sexo entre adolescentes (ni entre
adultos, ni entre ancianos...) y, con las debidas precauciones
higiénicas para evitar contagios o embarazos, estoy dispuesto a
reconocer su ocasional delicia poética: después de todo, Romeo tenía
quince años y Julieta no más de catorce. Una buena edad para confundir
el canto de la alondra con el del ruiseñor en las horas tiernas del
alba. Lo primero que se me viene a la cabeza cuando oigo la expresión
«corrupción de menores» es un cura amenazando a los niños con el
infierno si se tocan por la noche la cosita. O un negrero haciendo
trabajar diez horas diarias a críos en edad escolar, pagándoles luego
menos de un dólar diario. O un psicópata farsante convenciendo a unos
adolescentes de que deben poner bombas a sus convecinos porque son
«invasores» llegados del extranjero para arrebatarles sus derechos
nacionales. Gozar o hacer gozar no me parece corruptor: intimidar o
explotar, desde luego que sí.
Pero es evidente que algo muy serio falla en la educación de esos
chavales alaveses. Y ese algo no tiene nada que ver con el sexo, sino
con el respeto a la dignidad y la intimidad de los demás. No se portan
simplemente como mayores antes de tiempo, sino como los más
impresentables y aprovechados de los adultos que les rodean:
precisamente ésos, ay, a los que ven todos los días en las pantallas de
la televisión y los reportajes de las revistas. Los que retozan
balbuciendo groserías en ese puticlub en que se ha convertido 'Gran
Hermano', por ejemplo, los que venden o roban las fotos supuestamente
clandestinas de famosos infames cuyo renombre viene precisamente de la
frecuencia con que aparecen sus fotografías 'comprometidas' en las
páginas y programas de cotilleo. Así han aprendido esos novatos que la
celebridad es cuestión de rentabilizar la desvergüenza y que uno puede
hacerse rico traicionando confidencias o manipulando comercialmente los
momentos de mayor abandono en la compañía placentera de otros. De modo
que practican lo que parece que todo el mundo busca, lo que todo el
mundo ríe, lo que todo el mundo premia...aunque sea con un poquitín de
asco.
¿Qué puede hacer la escuela o qué pueden hacer los padres ante este
permanente bombardeo no ya de obscenidad sino de menosprecio de la
dignidad ajena y subasta de la propia? Desde luego no creo que la
solución consista en reinventar otra vez el puritanismo ni en agitar las
llamas del Averno ante los hijos de Internet. Es preciso algo más
difícil: hacer regresar con palabras y con ejemplos la ternura
desterrada, recuperar la pasión como oficio de la libertad, no del abuso
o del comercio. En efecto, en el amor sexual y en la aventura erótica
hay mucho de curiosidad por nuestros semejantes: tenemos cuerpos de
exploradores y cuando los sentidos se aguzan hacen retroceder las
fronteras y se vislumbran nuevos continentes. Pero el verdadero asombro
no consiste en buscar otras formas de someter a nuestros cómplices
carnales sino en el júbilo placentero de entregarse a lo que nos ofrecen
de inesperado, aunque sea mil veces repetido y ya lo cantasen los poetas
de antaño. Lo que revela la caricia es que cada cual es un misterio de
angustia pero también gozoso, que sólo podemos ir desvelando juntos:
mirando por el agujero de la cerradura entre risotadas, en cambio, nunca
se aprende nada y terminamos ignorándonos a nosotros mismos. Lo que
robamos para la publicidad lo perdemos para nuestro conocimiento.
¿Estamos aún a tiempo de enseñar a los más jóvenes a disfrutar sin
remilgos pero con respeto? ¿Podemos prevenirles contra el espectáculo
estéril que convierte la violación y el cotilleo en míseros sustitutos
del enigma enriquecedor de la intimidad compartida? Y sobre todo: ¿nos
interesa de veras conseguirlo?
[Nota] *Fernando Savater es catedrático de Filosofía en la Universidad
Complutense y miembro de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento
Crítico.
------------------
EL ÍNDICE DEL "TONTO DEL BOTE"
Por: John Baez
Traducido al español por: Gorka Moral López (ARP-SAPC Traductores)
Un sencillo método para valorar contribuciones a la física
potencialmente revolucionarias.
1. 5 puntos de salida.
2. 1 punto por cada afirmación comúnmente aceptada como falsa.
3. 2 puntos por cada afirmación vacía de contenido.
4. 3 puntos por cada afirmación que no tenga una consistencia lógica.
5. 5 puntos por cada afirmación de las anteriores que se siga
manteniendo después de una cuidadosa corrección.
6. 5 puntos por cada experimento inventado que contradiga los resultados
de experimentos reales ampliamente aceptados.
7. 5 puntos por cada palabra escrita en mayúsculas (excepto aquellas
debidas a teclados defectuosos).
8. 5 puntos por cada mención a "Einstien", "Hawkins" or "Feynmann".
9. 10 puntos por cada afirmación de que la mecánica cuántica está
fundamentada en falacias (sin una buena prueba)
10. 10 puntos por hacer notar que han ido al colegio, como si eso fuera
una prueba de su cordura.
11. 10 puntos por comenzar la descripción de su teoría explicando cuánto
tiempo han estado trabajando en ella.
12. 10 puntos por enviar su teoría a alguien que no conocen
personalmente pidiéndole que no la divulgue, por miedo a que les roben
sus ideas.
13. 10 puntos por ofrecer algún premio o dinero a quien encuentre algún
fallo a su teoría.
14. 10 puntos por cada línea del tipo "no soy bueno en matemáticas, pero
conceptualmente mi teoría es correcta y sólo me hace falta alguien que
haga las ecuaciones".
15. 10 puntos por defender que una teoría bien fundamentada es "sólo una
teoría", como si hubiera algo en su contra.
16. 10 puntos por decir que cuando una teoría bien fundamentada predice
correctamente un fenómeno, no explica "por qué" ocurre, o no es capaz de
ofrecer un "mecanismo".
17. 10 puntos por cada comparación favorable de sí mismo con Einstein, o
por cada afirmación de que la teoría especial de la relatividad está
fundamentada en falacias (sin una buena prueba).
18. 10 puntos por afirmar que su trabajo está rozando un "cambio de
paradigma"
19. 20 puntos por sugerir que se merece un premio Nobel.
20. 20 puntos por cada comparación favorable de sí mismo con Newton, o
por cada afirmación de que la mecánica clásica está fundamentada en
falacias (sin una buena prueba).
21. 20 puntos cada vez que se utilicen trabajos de ciencia ficción como
si fuesen reales.
22. 20 puntos por traer a colación las burlas (reales o imaginarias) que
suscitó su última teoría.
23. 20 puntos por el uso de la frase "reaccionario hasta la médula".
24. 20 puntos por el uso de la frase "autodenominado defensor de la
ortodoxia".
25. 30 puntos por sugerir que una figura famosa desconfiaba en secreto
de una teoría que apoyaba en público (Por ejemplo: que Feynman era un
opositor en la sombra de la teoría especial de la relatividad, como se
deduce al leer entre las líneas de sus libros de texto sobre física).
26. 30 puntos por sugerir que Einstein, en sus últimos años, se dirigía
a tientas hacia las ideas que su teoría defiende.
27. 30 puntos por afirmar que sus teorías fueron desarrolladas por una
civilización extraterrestre (sin una buena prueba).
28. 40 puntos por comparar a aquellos que discuten sus ideas con Nazis,
terroristas, camisas grises o cabezas rapadas.
29. 40 puntos por afirmar que la "clase científica" está involucrada en
una "conspiración" para que su teoría no consiga la tan merecida fama y
el éxito que merece.
30. 40 puntos por compararse con Galileo, sugiriendo que una nueva
Inquisición está en su contra, y cosas así.
31. 40 puntos por reivindicar que cuando su teoría sea finalmente
aceptada, será la ciencia oficial la que quede como una impostora (30
puntos más por fantasear con experimentos públicos donde los científicos
que se mofaron de él, son forzados a desdecirse).
32. 50 puntos por afirmar que se posee una teoría revolucionaria sin
ofrecer ninguna predicción comprobable y concreta.
[Nota] *Esta útil herramienta de trabajo ha sido extraída de la página
de John Baez http://math.ucr.edu/home/baez/crackpot.html, a quien
agradecemos su permiso para la traducción al castellano. Esperamos,
queridos lectores, que les preste un buen servicio.
------------------
Página 12 http://pagina12.feedback.net.ar/
DISNEY POST-MORTEM. LA PRESERVACIÓN CRIÓNICA QUE NUNCA EXISTIÓ.
Por: Pablo Allegritti
Artículo enviado por: Enrique Márquez
En 1995 se logró dilucidar un insólito trascendido que aseveraba que
Walt Disney (1901-1966), yacía en el interior de una “cripta criónica”,
para ser resucitado en el lapso de unos cien años. Veloz, el rumor se
había propalado en los años ‘60 y ‘70, desde los corrillos de Disneyland
(California) y de Epcot Center (Florida). En verdad, todo ello se debió
a una distorsión de las ideas de Disney que quería diseñar su “community
of tomorrow”, provocada sin duda por una maquinación de su hermano, y
socio, Roy O. Disney. Y así, inefablemente, tal correveidile hizo cundir
(hacia finales de enero de 1967) en complicidad con Marc Davis, un
afamado caricaturista de esa corporación, la patraña de una virtual
resurrección del ya fallecido “genio” gracias a una híper-gélida ciencia
de la más alta tecnología... la criónica: una pavorosa manera de
desafiar al futuro. Lo real del asunto fue que los señalados
propaladores de esta farsa manejaron y usurparon con argucia el caso
resonante del profesor James H. Bedford, un doctor en psicología
residente en Glendale, quien tomó contacto con un catedrático en física
de Michigan, Robert Ettinger, autor de la obra futurista The prospect of
inmortality (1965), y asimismo un iniciador de esta temática, cuyo
trasfondo especulativo resultó ser el detonante de la aspiración en gran
escala de la “experimentación con la muerte”. El mencionado doctor
dispuso, de manera expresa, que su cuerpo fuera sometido a un
tratamiento de congelamiento momentos previos a su muerte, y debido a
que él padecía de cáncer recurrió a la criobiología para preservar el
organismo por largo tiempo, quizá cientos de años, hasta que la medicina
del futuro lograse la curación cabal de esa enfermedad. Bedford falleció
el 12 de enero de 1967 (menos de un mes después de muerto Disney). De
inmediato, y apenas el corazón del doctor cesó de latir, se le inoculó
heparina para evitar que su sangre se coagulara; acto seguido se le
practicó respiración artificial y masaje cardíaco externo con el
propósito de que la sangre oxigenada circulase a medida que su cuerpo
era enfriado gradualmente con hielo, se le inyectó una solución
preservativa y crioprotectora, y finalmente se procedió a congelarlo con
el sistema de anhídrido carbónico (sic) descendiendo a niveles sub-cero.
Se cree que James H. Bedford hiberna, al presente, en una unidad de
cryo-care a una temperatura de -195 Celsius, abastecida en forma
permanente con nitrógeno líquido BF5 System. Y, quien esto escribe, a
partir de una investigación in situ, consultó a médicos legistas y
también a especialistas de UCLA y de la misma organización criónica
Alcor Life Extension Foundation, en Scottsdale (Arizona), quienes
ratificaron que esta última es una de tantas que tiene a su cargo el
proceso, y tratamiento, de criopreservación con seres humanos,
incluyendo su transporte y perfusión (es decir, la sumersión del
“cadáver” en un baño de congelación técnicamente constante). Además
señalaron que el peligro mayor reside en el deterioro, o destrucción, de
las células cerebrales por los cristales de hielo, o por una accidental
descongelación. Aditivamente y rayano al deceso, con frecuencia, se
utilizan compuestos médicofarmacológicos tales como HES y Mannitol
(Viaspán o su equivalente) que son aplicados por vía carótida y femoral,
especialmente para combatir eventuales edemas cerebro-vasculares.
Incluso, para evitar daños eventuales, se han diseñado prodigiosos
nano-robots que no sólo vigilan el grado de congelación sino también
aquellos niveles de femtoenergía celular o n-micromolecular. En
determinados laboratorios de cryo-care se cercena la cabeza del cuerpo a
crionizar, para poder así controlar, específicamente, el proceso de
congelamiento de la masa encefálica con un criotratamiento diferencial
por nanoprotección.
En contraste, Walt Disney había muerto a consecuencia de un carcinoma
pulmonar en el hospital St. Joseph de Burbank (Los Angeles County,
California), luego de un intensivo cuidado posoperatorio con
quimioterapia y radiaciones de cobalto, a las 9.30 A.M., el 15 de
diciembre de 1966. Hoy, después de ser leído el correspondiente
certificado de defunción –del cual quien esto escribe tiene una copia–,
no caben dudas de que los restos mortales de Disney –poco antes de su
funeral secreto– fueron cremados en un columbario de Los Angeles County,
para más tarde dejar reposar sus cenizas en un pequeño y embozado jardín
privado, colindante al ala izquierda de la entrada al Freedom Mausuleum,
del Forest Lawn Memorial Park, coincidentemente en Glendale. Sus cenizas
fueron depositadas en una urna cineraria, a unos 7 pies de profundidad,
precisamente por debajo de una blanca escultura de unos 40 centímetros
de altura, sobre el verde césped y a modo de cariñosa lápida, que
alegoriza una a modo de Tinker Bell tan encantadora como desconsolada.
Acaso, una grácil ofrenda a perpetuidad. Y además, a escasos metros de
la propia estatuilla puede observarse, en una muralla aledaña, a una
placa de bronce con los nombres de: Walter Elias Disney, Lillian Bounds
Disney (su esposa), Robert B. Brown (un hijo político de Walt) y Sharon
Disney Brown Lund (una de sus hijas) acompañada por una conmovedora
leyenda (ver foto).
En su propio testamento quedó revelado que Disney no formalizó ningún
deseo atinente con “su” tan trillada crioconservación. Y es insólito que
ni Lillian, ni sus 2 hijas, refutaran oficialmente el rumor referente a
la “animación suspendida” de ese memorable ser querido. Pues,
paradójicamente, lo único real de esta falsedad fue que el experimento
post mortem, concerniente al doctor James Bedford, se transfundió hacia
la persona de Walt Disney por obra y maniobra de un allegado.
[Nota] * Pablo Allegritti es Profesor y licenciado en Historia;
investigador en Antropología Forense.
------------------
El Semanal Digital http://www.elsemanaldigital.com/
CREED EN NOSOTROS A CAMBIO
Por: Javier Marías
Mi arrojado vecino el Duque de Corso se ha topado con la Iglesia
últimamente, o más bien con sus beatas y monaguillos más coléricos.
Durante semanas he asistido a la furia de los lectores, bien
representada aquí en la sección de cartas, y luego he leído, hace dos
domingos, el eco que se hacía Pérez-Rafferty de las que no han visto más
luz que la de sus fatigados, hartísimos ojos ("Resentido, naturalmente",
tituló su columna). No pretendo terciar, cada cual libra las batallas
que elige y al Capitán Sadwing no le hace falta ayuda en las suyas, ya
pega mandobles y suele cargarlos de razón, encima. Pero la larga
escaramuza me ha llevado a reflexionar un poco (no suelo: encuentro el
tema carente de todo interés) sobre esta Oficial y Privilegiada Iglesia
de nuestro país, aconfesional país en teoría. Y, de paso, sobre mi
relación con ella y con las religiones en general.
Y lo primero de que me he dado cuenta es de que difícilmente me habría
yo visto metido en una como la que le ha anegado el buzón a Corso, por
una sencilla razón, a saber: la Iglesia Católica me trae tan sin
cuidado; espero tan poco de ella en cualquier terreno (en el
intelectual, en el social, en el humanístico, en el de la consolación,
en el compasivo, en el de la inteligencia, no digamos en el
comprensivo); y, en suma, la considero tan ajena a mis inquietudes y
preocupaciones, y tan lerda en sus argumentos e interpretaciones, y tan
afanosa en sus influencias y sus bienes seculares (tanto en el sentido
de los muchos siglos como en el de mundanales), que apenas presto
atención a lo que dice, propone, manda, predica, condena o prohíbe. En
realidad los católicos más indignados deberían agradecerle a mi vecino
artúrico que se haya tomado la molestia de dedicar unos pensamientos y
líneas, y por tanto de dar cierta importancia, a institución tan
apolillada y necia. "Necio" significa "que no sabe lo que debía o podía
saber", esto es, el que ignora con voluntad de ignorancia.
La Iglesia, cómo explicarlo, es para mí una de esas cosas que cuanto más
lejos mejor. Ni siquiera quisiera rozarme con ella para combatirla,
porque uno acaba siempre en el cuerpo a cuerpo y hay contrincantes que
lo contaminan a uno con su solo contacto, aun si acaba derrotándolos.
Esa Iglesia no me atañe, excepto cuando invade territorios políticos (y
claro, eso sucede a menudo), o abusa del dinero de los contribuyentes (y
eso ocurre cada año), o impone sus ortopédicos e intolerantes criterios
fuera de sus jurisdicciones (y eso lo intenta sin pausa). Tuve una
abuela y una madre muy religiosas, y tengo un padre creyente, pero para
mi suerte fui a un colegio laico y mixto en tiempos en que éstos estaban
prohibidos (ya he contado aquí cómo los chicos y chicas corríamos a
cambiarnos de aula cuando aparecían inspectores franquistas), y mi
contacto con curas fue en la niñez casi tan escaso como más tarde (he
procurado que fuera nulo). No dudo de que los haya estupendos, y también
monjas: en todo colectivo o gremio hay gente admirable, o eso creo
optimistamente: los que AP-R llamó "la fiel infantería", los que de
verdad ayudan sin ayudarse de paso a sí mismos, los que ni
siquiera -pero estos no sé si existen- hacen proselitismo a cambio. Lo
malo es que a esos se los ve poco por aquí, fuera de hospitales y
residencias de ancianos. Tal vez estén la mayoría en sus perdidas
misiones, en el África, en Sudamérica, jugándose a menudo el cuello. Los
que aquí llevo viendo mi vida entera, en persona (pese a todo, unos
cuantos) o en los medios, son, cómo decirlo, individuos que jamás van de
frente. Y cuanto más alta la jerarquía (vaya ejemplares los obispos
vascos; bueno, los obispos peninsulares casi en pleno), más esquinados y
oblicuos, más manipuladores, más melifluos y más falsos.
¿Saben cuál es el principal problema de esa religión y de cualquiera,
incluidas las sectas engañabobos que proliferan tanto? Que, por su
definición y esencia, jamás actúan desinteresadamente. Siempre hacen
proselitismo (lo llaman "apostolado"), siempre esperan conseguir algo a
cambio de sus supuestos favores, enseñanzas, consuelos o buenas obras.
Cualquier religión, así, me merece en principio desprecio, porque va
siempre a captar clientes, aunque ellas los llamen "fieles" o
"acólitos", no sé si no son peores estas dos palabras: la segunda,
fíjense, significa etimológicamente "los que siguen o acompañan". Esto
no quiere decir que, tal como ha ido el mundo, las religiones no haya
que conocerlas, saber de ellas. Sin ese conocimiento nadie entendería
nada, de la historia pasada ni de la presente. Y cómo no va a ser
comprensible (quizá hable otro día de eso) la larga necesidad de los
hombres de pensar en un Dios o en unos dioses. Pero ese es otro asunto:
el Dios o los dioses -su idea- poco tienen que ver con las Iglesias; y
si bien se mira, éstas son casi la negación de aquellos. Porque, ¿hay
acaso alguna que no dé órdenes y no legisle, que no influya en las vidas
de sus creyentes y no aspire a controlarlas, que no prohíba y no
manipule y no amenace y no castigue y no atemorice, y que no saque
provecho?
------------------
Tercer Milenio http://milenio.heraldo.es/
RAMÓN NÚÑEZ: "PREFIERO PROVOCAR Y HACER PENSAR A LA GENTE"
Por: María Pilar Perla Mateo
Motivar las preguntas espontáneas, sembrar la inquietud, provocar
emociones, es lo que Ramón Núñez ha logrado hacer desde la Casa de las
Ciencias, la Domus y la Casa de los Peces de La Coruña, las cuales
dirige. Todas son el fruto de buscar la manera de «fomentar la materia
prima más abundante en un niño, la curiosidad, en vez de decirle desde
el aula "Olvida tus preguntas y toma las preguntas y respuest |