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EL ESCÉPTICO DIGIT Pedro Lu
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Asunto:EL ESCÉPTICO DIGITAL - Edición 2000 - Número 57 - 17 de octubre de 2000
Fecha:Martes, 17 de Octubre, 2000  00:19:03 (+0200)
Autor:Pedro Luis Gomez Barrondo <TXINBO @.....es>

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                           EL ESCÉPTICO DIGITAL

       Boletín electrónico de Ciencia, Crítica a la Pseudociencia y
Escepticismo
       © 2000 ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico

    Edición 2000 - Número 57 - 17 de octubre de 2000

Boletín de acceso gratuito a través de:
http://www.elistas.net/foro/el_esceptico/alta

=== SUMARIO =========================================================

  - La Batalla de la Biblia.

  - La solidez de la teoría.

  - El ridículo literal.

  - Ciencia contra Religión o por qué no creo en el alma.

  - Las tres M de la ciencia española.

  - Jaque al 7, número mágico por antonomasia. Con seis veces es
suficiente para conseguir la aleatoriedad.

  - La Casa de las Ciencias rinde homenaje al naturalista coruñés López
Seoane.

  - Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo, pionero en el
establecimiento de la identidad genética de diversas especies marinas
comerciales.

  - Philip Klass, conocido como el "Sherlock Holmes de la UFOlogía”, es
un veterano periodista y convencido escéptico del tema OVNI.

  - España: El retraso en los pagos ministeriales bloquea los proyectos
de cientos de investigadores.

  - El peso militar lastra el plan nacional de investigación.

=== NOTICIAS =========================================================

El Correo http://www.elcorreodigital.com/

LA BATALLA DE LA BIBLIA
Por: Luis Alfonso Gámez – Bilbao

Los electores de Kansas, además de elegir entre Gore y Bush, el 7 de
noviembre decidirán con sus votos si la evolución vuelve a la escuela,
de la que la echaron los creacionistas

Linda Holloway logró en agosto de 1999, como presidenta del Consejo
Educativo de Kansas, que se borrara cualquier referencia a la evolución
en los programas escolares de dicho Estado. Pero la victoria de esta
fundamentalista cristiana, abanderada de quienes en Estados Unidos
rechazan la teoría de Darwin y mantienen que Dios creó al hombre tal
cual es, ha sido efímera. Aunque invirtió miles de dólares para ser
reelegida como miembro del Consejo Educativo, los electores le dieron la
espalda a principios de agosto.

En las primarias republicanas de Kansas, los votantes del partido de
George Bush apoyaron a candidatos que prometieron dar marcha atrás a la
polémica decisión. Y Holloway, Mary Douglas Brown y Steve Abrams,
quienes hace un año impusieron su visión religiosa a la comunidad
escolar, fueron desbancados por moderados partidarios de la vuelta de
Charles Darwin a las aulas. «Creo que la consecuencia evidente es que en
enero tendremos nuevos programas de ciencias», augura esperanzado Bill
Wagnon, un demócrata que en 1999 se alineó con los opositores a
Holloway.

País de origen puritano

Será en la jornada electoral del 7 de noviembre cuando las urnas decidan
la composición definitiva del nuevo Consejo Educativo de Kansas. Sin
embargo, el hecho de que la mayoría de los candidatos de ambos partidos
se alinee en las filas evolucionistas apunta ya a que las aguas volverán
a su cauce: la evolución y la teoría del Big Bang -la gran explosión que
dio origen al Universo- serán materia de estudio en las escuelas. Pero,
aunque esta batalla vaya a tener un final feliz para los defensores de
la educación científica, la guerra declarada por los fundamentalistas
contra Darwin continuará.
Es posible que no tarde mucho en darse otro episodio que demuestre lo
poco que ha evolucionado en casi cuatro siglos la mentalidad de los
descendientes de los exiliados del ‘Mayflower’. Como señala el biólogo
Francisco J. Ayala, «no hay que olvidar que los colonizadores
americanos, que llegan de Inglaterra y Holanda, eran gente perseguida
por razones religiosas porque eran fundamentalistas». Son aquellas
primeras oleadas de inmigrantes las que están en el origen de la
enraizada «tradición fundamentalista y puritana» de Estados Unidos, de
cuyo legado forman parte, entre otras cosas, la caza de brujas de Salem
y, desde que en 1859 Darwin publicó ‘El origen de las especies’, la
cruzada antievolucionista.

El credo fundamentalista se basa en la consideración de la Biblia como
si se tratara de un libro de historia y de biología. Una lectura de la
que los sectores más reaccionarios de la sociedad estadounidense
extrapolan que Dios creó al hombre y al resto de las especies hace, como
mucho, 10.000 años, que no ha existido ningún tipo de evolución, que
hubo un diluvio universal en el que el agua cubrió hasta las más altas
cimas del planeta, etcétera. Poco importa que la ciencia haya demostrado
que el Universo tiene unos 14.500 millones de años o que la vida en la
Tierra es el producto de miles de millones de años de evolución y el ser
humano, una especie más.

El creacionismo, a juicio

Los creacionistas achacan, por ejemplo, la evidencia geológica y
paleontológica a la voluntad de Dios de poner a prueba nuestra fe,
cuando no a un intento del Diablo de engañarnos. Y denominan a su credo
‘creacionismo científico’ para legitimar su presentación como
alternativa al evolucionismo.

Durante décadas, los integristas intentaron que su dogma se enseñase en
las escuelas junto a la teoría de la evolución, y lo lograron a
principios de los años 80 en Arkansas y Luisiana, donde se aprobaron
leyes en ese sentido. Pero, en 1987, el Tribunal Supremo de EE UU
dictaminó que las ‘leyes pro creacionistas’ eran anticonstitucionales,
ya que suponían que el Estado impulsara una creencia religiosa.
Entonces, los fundamentalistas cambiaron de estrategia. Pasaron de
perseguir la inclusión de su credo en los programas educativos a tratar
de sacar a la evolución de los mismos.

El de Kansas ha sido el primer intento. Que lo vayan a truncar los
votantes del Partido Republicano podría llevar a Bush, que se ha
manifestado a favor de que la enseñanza de la evolución y del
creacionismo se equiparen en las escuelas, a reconsiderar su apoyo a las
posturas integristas. Pero quizá pese más el hecho de que un 49% de los
estadounidenses está convencido, hoy en día, de que Dios creó al hombre
moderno hace menos de 10.000 años.

                           ------------------

LA SOLIDEZ DE LA TEORÍA
Por: Luis Alfonso Gámez – Bilbao

La de la evolución no es una teoría en el sentido popular de la palabra.
En la calle, hablamos de ‘teoría’para referirnos a poco más que una
sospecha -«mi teoría sobre la desaparición de...»-; pero, en ciencia,
una posible explicación no demostrada es una hipótesis, mientras que una
teoría es un hecho probado, «una explicación científica de amplia
envergadura y consecuencias importantes apoyadas por la evidencia», en
palabras de Francisco J. Ayala.

Desde su formulación por parte de Charles Darwin hace 140 años, el
evolucionismo ha ido acumulando un enorme arsenal de evidencia fósil,
geológica y biológica. «Entre los científicos serios, no se puede poner
en cuestión la evolución, como tampoco que la Tierra gira alrededor del
Sol», indica Ayala. Discrepancias existen entre los expertos, pero son
sobre matices, no acerca de la esencia de una teoría que describe la
evolución de la vida desde la soledad de la primera molécula hasta la
riqueza biológica actual. Ese recorrido vital está escrito en cada una
de nuestras células en forma de una molécula, la del ADN, cuyo ancestro
más remoto es común para todos los seres vivos del planeta, que somos
parientes en mayor o menor grado.

«Los argumentos de los ‘creacionistas científicos’ -explica Eustoquio
Molina, paleontólogo de la Universidad de Zaragoza- se basan en una
interpretación literal del ‘Génesis’ hoy superada por la mayor parte de
la jerarquía católica». Juan Pablo II ya dejó bien claro el 3 de octubre
de 1981, ante la Academia Pontificia de Ciencia, que la Biblia «no
pretende enseñar cómo se hizo el cielo, sino cómo se va al Cielo» y que
«las Sagradas Escrituras sólo pretenden declarar que el mundo fue creado
por Dios y, para enseñar esa verdad, se expresan en los términos de la
cosmología en uso en tiempos del escritor».

                           ------------------

EL RIDÍCULO LITERAL
Por: Luis Alfonso Gámez – Bilbao

«Si lo que me pregunta -respondí- es a quién prefiero como abuelo, si a
un miserable simio o a un hombre muy bien dotado por la naturaleza y en
posesión de grandes recursos e influencia, pero que, sin embargo, emplea
esas facultades y esa influencia con el único propósito de introducir el
ridículo en una importante discusión científica, proclamo sin titubear
mi preferencia por el simio». Corría 1860 cuando Thomas Henry Huxley
respondía así al obispo Wilberforce, quien, durante un debate sobre la
evolución organizado por la Asociación Británica para el Avance de la
Ciencia, le preguntaba si descendía del mono por vía materna o paterna.

Los herederos intelectuales del clérigo anglicano siguen hoy en día
intentando ridiculizar el evolucionismo, recurriendo a una lectura
literal de la Biblia. Sin embargo, llevan mal que los evolucionistas
respondan con la misma moneda, como ha demostrado el caso de la
organización Familias por el Aprendizaje de Teorías Fieles (FLAT). Este
grupo -formado por científicos y educadores norteamericanos- parodia lo
que hacen los creacionistas. Pide, por ejemplo, que no se enseñe en las
escuelas que la Tierra es redonda, porque la Biblia dice que tiene
cuatro esquinas (‘Apocalipsis’ 7: 1), que se indique que ú es 3 y no
3,14 (‘Reyes I’ 7: 23) o que se prohíba la enseñanza de idiomas, porque
Dios creó la variedad lingüística para evitar que el hombre
reconstruyera la torre de Babel.

Aunque ‘flat’ en inglés significa plano, no todos los miembros de este
grupo creen «necesariamente que la Tierra sea plana», ha indicado Philip
G. Kimball. El tesorero de la entidad asegura que otra posibilidad,
partiendo de la literalidad bíblica, es que nuestro mundo «sea un
tetraedro». FLAT, cuya ironía ha indignado a los fundamentalistas, ha
recurrido a la parodia porque «los argumentos razonados han fallado con
los creacionistas», ha señalado Adrian L. Melott, cosmólogo de la
Universidad de Kansas, en ‘Nature’.

                           ------------------

POR QUÉ NO CREO EN EL ALMA
Por: Gonzalo Puente Ojea

ENSAYO / CIENCIA CONTRA RELIGIÓN

“La existencia del alma es una falsedad prácticamente demostrada”, en
“el mito del Alma” (Siglo XXI), recientemente publicado, el ex embajador
en el Vaticano Gonzalo Puente Ojea predice que la ciencia desarbolará
los fundamentos de la religión.

“Las neurociencias explicarán como se forjó la idea de alma y los
traficantes en salvación tendrán que ceder ante mejores pedagogos de la
felicidad”.

El objetivo prioritario de este Ensayo es el de presentar la información
y la argumentación que fundamenten la tesis de que la creencia en la
existencia de un alma espiritual -personal o colectiva- con sus
atributos de inmaterialidad, indestructibilidad e
inmortalidad -denominador común de todas las religiones- se basa en un
mito, tan antiguo como la especie humana misma, y que hoy debe tenerse
por prácticamente demostrado que es una falsedad.

Desde 1981, la Santa Sede parece que pudo percatarse de que la
irreflexiva y apologética adhesión -incluso si lo era de modo formal y
no oficial- a la cosmología del Big Bang constituía una nueva
imprudencia que podía entrañar graves consecuencias. En el Mensaje
pontificio de 1996 a la Academia de Ciencias, se dice cautelarmente que
«una teoría es una elaboración metacientífica, distinta de los
resultados de la observación pero consistente con ellos». Es probable
que las fisuras ya manifiestas en ese modelo cosmológico hayan motivado,
al menos en parte, esta declaración cautelar. Pero la Iglesia debe saber
que, aunque la ciencia no puede ni desea situarse -ni negativa ni
positivamente- en el terreno de las especulaciones teológicas, la
acumulación de resultados científicos bien conocidos ha legitimado una
sólida presunción de inverosimilitud de las concepciones
mítico-religiosas en general, incluida la católica. Sin embargo, el
estado fluido de las investigaciones científicas en el plano de la
cosmología añade un elemento más de indefinición a todo intento, por
parte de las religiones teístas, de invocar resultados de dichas
investigaciones para otorgar crédito a las cláusulas de su respectiva
fe. Es una empresa imposible, porque no parece que haya o pueda haber
fundamento epistemológico alguno para dar un salto que permita inferir,
a partir de las ciencias, la existencia de entes inmateriales -y que no
se someten a las leyes físicas-, tales como dioses, espíritus, duendes,
etc. Estos entes serían objetivamente inidentificables para la
experiencia intersubjetiva dirigida por las reglas de la observación
empírica en el contexto del criterio de falsabilidad; y, por
consiguiente, sin valor cognitivo real.

Inmaterialidad

Situados en esta coyuntura, tampoco resulta ya productivo para el
conocimiento objetivo de tales supuestos entes metaempíricos recurrir a
la discusión -en sí misma teóricamente agotada- de los argumentos
clásicos de la teología natural -ontológicos, cosmológicos (de
causalidad y de designio inteligente)-, o a los argumentos,
constitutivamente inconcluyentes, de orden subjetivo (revelación
histórica o personal, experiencia religiosa ordinaria o mística).

Pero el espectacular progreso de las llamadas ciencias de la vida
comienza a trasladar el debate sobre la cuestión de la religión a un
dominio de conocimientos que, quizá por primera vez, afecta directamente
al correlato del discurso sobre Dios: la existencia de almas
inmateriales e inmortales que, en virtud de los designios divinos, son
conducidas, en función de sus propias acciones, a un más allá
sobrenatural después de la muerte. Estimo que puede afirmarse, sin
hipérbole, que la cuestión de la religión en general, y la cuestión de
la existencia de Dios en particular, va a decidirse en el terreno de la
hipótesis de la existencia de “almas” personales o impersonales dotadas
de los atributos de inmaterialidad espiritual y de inmortalidad, a la
vista de los conocimientos científicos sobre la estructura física y
neural del ser humano. Así como la cláusula fundamental de toda religión
se refiere a la existencia de la divinidad en alguna de sus formas
ontológicas, y en este plano los resultados alcanzados por la cosmología
científica -y ciencias correlativas- hasta la fecha no ofrecen la
coherencia y la consensualidad indispensables para extraer conclusiones
que avalen la altísima improbabilidad de tal existencia, por el
contrario la otra cláusula necesaria para la construcción misma de toda
teología -es decir, la existencia de almas o espíritus inmateriales e
inmortales- está experimentando, en cuanto a su pretensión de verdad,
una creciente y estrecha dependencia de los novísimos conocimientos que
a ritmo cuasi-exponencial nos están suministrando ya las ciencias de la
vida, y dentro de éstas, particularmente, la biología molecular, la
bioquímica y las neurociencias. Ésta es la gran novedad derivada de los
fascinantes avances de estas ciencias por lo que se refiere al origen y
unidad psicofísica del ser humano. La psicología popular, hondamente
enraizada en la visión miticorreligiosa del mundo, está siendo
sistemáticamente sometida a un riguroso estudio de sus infraestructuras
materiales. Hasta ahora poseíamos ya hipótesis muy sólidas sobre la
génesis de la idea de alma en la mente del hombre prehistórico, y en
este aspecto sigue pareciéndome acertada, y fecundísima para explicar el
origen del sentimiento religioso, la hipótesis animista de E. B.
Ty1or -tal vez matizada con las importantes aportaciones de G. Bueno
sobre los númenes animales-.

Hay que hacer constar aquí, incidentalmente, que son tan esencialmente
animistas las religiones prehistóricas o las de los actuales pueblos
“primitivos”, como lo son los monoteísmos del Libro o las religiones
orientales, por ejemplo. El animismo es una concepción primaria del
mundo que constituye el cimiento roqueño y tenaz de la visión dualista
alma-cuerpo que sigue funcionando como el motor de todas las filosofías
espiritualistas que alimentan las innumerables formas de la fe religiosa
de nuestro mundo.

El «peligro» animista

La fenomenología religiosa dominante ha conseguido aparcar el término de
animismo para designar en exclusiva las creencias y prácticas religiosas
de ciertas etnias africanas, lo cual permite realizar estratégicamente
la exclusión de las grandes religiones -pretéritas y presentes- del
género animismo, término que las define a todas por igual en cuanto a su
propia esencia, aunque se vistan con diversos ropajes.

El peligro que entraña el fenómeno animista en el contexto del
nacimiento y evolución del sentimiento religioso es hondamente
inquietante para el crédito de las grandes religiones. Un ejemplo mayor
que hace patente la turbación que genera el animismo en el apologeta de
la fe, está representado por el fenomenólogo cristiano Rudolf Otto, en
su célebre ensayo “Lo santo. Lo racional y lo irracional en la idea de
Dios” (trad. esp. de 1925, de su obra Das Heilige), como puede
comprobarse consultando los Capítulos XIV-XVI, donde se esfuerza en
aislar lo santo, y la fe en el espíritu, de lo que para él solamente son
las aguas turbias de la mente primitiva (hechizo, magia, cultos
funerarios, etc.). Sin explicarnos cómo, afirma Otto que «es fácil
demostrar que las representaciones de los espíritus no necesitan para
producirse mediaciones fantásticas a que acuden los animistas. Pero el
origen de la representación de los “espíritus” no es aquí lo importante,
sino el aspecto sentimental que con ello se relaciona» (p. 156, c.m.).
Obsesionado por su concepto de lo numinoso (tremendo, inefable,
misterioso), olvida que las aguas turbias filtradas por la especulación
religiosa ulterior fluyen de la imaginación del hombre prehistórico que
creyó encontrar en la hipótesis animista un principio (falso) de
racionalidad.

Investigar el cerebro

Pero apenas conocíamos nada sobre cómo se generan las representaciones
mentales en el cerebro humano, en función de las percepciones
sensoriales y sus respuestas. Ahora empieza a conocerse algo, y están en
marcha importantes programas de investigación neurológica sobre ese
complejísimo sistema biológico de input-out-put que es el cerebro
humano. Es todavía poco lo que se conoce, más o menos
satisfactoriamente, de esta magna y decisiva cuestión. Sin embargo,
poseemos ya, en gran medida, lo principal, a saber: el planteamiento
metodológico fundamental para conocer la génesis de las funciones
mentales del cerebro, y las premisas epistemológicas esenciales para
desvelar los mecanismos biológicos que están detrás del repertorio de
significados con los que los seres humanos interpretan sus experiencias
externas e internas. Algún día, quizá no tan lejano, las neurociencias
podrán explicarnos, desde la complejidad y el orden creciente de la
evolución de las estructuras materiales del organismo humano, cómo se
forjó cerebralmente en la mente del hombre prehistórico la idea de
alma -pórtico de la religión y sostén primordial de la visión
miticorreligiosa de la realidad, que alimenta la conciencia de los
creyentes-, pero no sólo a través de las experiencias personales del
hombre prehistórico en su entorno cotidiano tal como las descubrió
genialmente Tylor, sino también, y sobre todo, mediante un conocimiento
de las funciones de las redes neuronales y demás estructuras del sistema
nervioso. Saldrá entonces la humanidad culta de las fantasías míticas
que nutren la fe religiosa, y paulatinamente los traficantes en
salvación tendrán que dejar su lugar a mejores pedagogos de la felicidad
humana, aun en las modestas cuotas que permite nuestro propio estatuto
ontológico.

                           ------------------

El País http://www.elpais.es/

LAS TRES M DE LA CIENCIA ESPAÑOLA
Por: Pere Puigdoménech

Cuentan de don José Pich y Pon, concejal del Ayuntamiento de Barcelona
por el partido de Lerroux y alcalde accidental en sus momentos, que, al
ser preguntado sobre el secreto del buen gobierno, respondió con una
fórmula magistral: "Las tres M: Ministrasión, Ministrasión y
Ministrasión". No hace falta conocer catalán para identificar que a lo
que refería don José era a la Administración, es decir, a lo que hoy
llamamos gestión. Tras los años de vacilaciones de los últimos Gobiernos
socialistas y tras diversas ideas que han ido formulándose en los
tiempos recientes, lo cierto es que el sistema publico de ciencia y
tecnología español está en un momento especialmente caótico y necesita
que se le aplique una dosis importante de rigor en la gestión.

En España los grupos de investigación no tienen ninguna seguridad de
obtener los medios que les permiten realizar su trabajo. Se trata de un
extraño colectivo de funcionarios que deben buscar afanosamente los
recursos que les permitan trabajar lo más posible. Ello quiere decir que
dependen de las distintas convocatorias de proyectos, becas,
infraestructura o convenios de cooperación que convocan las distintas
administraciones. Se trata de un sistema competitivo y homologable al de
muchos países de nuestro entorno, al que se han adaptado profesores de
universidad, investigadores públicos y de empresas. Si ocurre que las
convocatorias se retrasan o no aparecen, el resultado es desastroso, y
esto es lo que está ocurriendo en los últimos tiempos.

La convocatoria de proyectos de 1999 se publicó con meses de retraso y
todavía no se ha resuelto, haciendo que muchos grupos se queden sin
proyecto durante meses, lo que implica no poder solicitar nada más, ya
que, por ejemplo, becas y contratos dependen de tener proyectos en
marcha. Hace tres años que no han aparecido convocatorias de
infraestructura, y de ellas dependen la renovación y compra de
instrumental. En el Plan Nacional de I+D se preveían nuevos tipos de
contratos de personal que se esperan con impaciencia. Se preveían
acciones prioritarias como una específica de genómica que parecía pobre
de medios pero que no ha llegado ni a salir de los cajones del
ministerio. Esta situación comenzó antes de la creación del Ministerio
de Ciencia y Tecnología, y se entiende que los cambios en la estructura
de éste puedan explicar algunos de estos retrasos, pero la urgencia es
grande.

Sin embargo, no todo es gestión. El sistema de ciencia y tecnología
español está a medio hacer, y además los tiempos cambian. Por tanto,
dejar las tres M a la gestión puede ser excesivo. Deberíamos incluir una
segunda M que podríamos llamar iMaginación. Es obvia la oportunidad que
da el nuevo ministerio para plantearse una mejor coordinación del
sistema, reforzar los procedimientos de evaluación, decidir el marco de
la transferencia de tecnología y la creación de nuevas empresas, crear
una nueva carrera científica mediante contratación laboral o para
repensarse la función del CSIC y los demás OPI (organismos públicos de
investigación). Se ha perdido demasiado tiempo no afrontando éstos y
otros temas estructurales que debilitan nuestro sistema de I+D, y ello
necesita sin duda imaginación y decisión.

Pero todo ello no tiene sentido sin la tercera M, que procede de una
palabra universal: money. En esto, don José Pich hubiera estado
probablemente de acuerdo. A pesar de todas las declaraciones, el dinero
no acaba de llegar a los fondos de investigación competitiva. La
experiencia cotidiana nos dice que los proyectos se recortan, el número
de becas disminuye y la infraestructura no aparece. No se puede
gestionar bien ni reformar sin un aporte suficiente de dinero. Las
desgravaciones para las empresas son importantes y positivas, pero el
sistema público es todavía débil y está financiado por debajo del nivel
de subsistencia. Por tanto, gestión rigurosa del sistema, imaginación en
las reformas y dinero deberían ser prioritarias en la situación actual.
Esperemos que sin perder demasiado tiempo los responsables acierten o
tengan los medios suficientes para acertar. Lo que se ha perdido por el
camino son las tres M del señor Pich y Pon, aunque ya se sabe que en
esto de la lengua los catalanes no lo tienen muy claro.

[Nota] *Pere Puigdomènech es profesor de Investigación del Consejo
Superior de Investigaciones Científicas.

                           ------------------

BASTA BARAJAR SEIS VECES LAS CARTAS PARA CONSEGUIR LA ALEATORIEDAD
Por Philip Bal – Londres

Dos matemáticos fueron noticia en 1990 cuando afirmaron que era
necesario barajar siete veces para que el orden de las cartas fuera
completamente aleatorio y sin vestigio del orden original. Ahora, esa
afirmación se ha puesto en tela de juicio. Al barajar cinco veces se
consigue prácticamente un orden aleatorio y con seis veces se consigue
con toda seguridad, según un estudio publicado en las Actas de la Royal
Society (8 de octubre).

Todo depende de cómo se defina aleatorio, según Nick Trefethen y Lloyd
Trefethen, que trabajan, respectivamente, en la Universidad de Oxford
(Reino Unido) y en la Tufts University de Massachusetts (EE UU).

El número mágico de las siete veces fue propuesto en EE UU por David
Bayer y Persi Diaconis, que estudiaron la forma en que el barajar
afectaba a un cierto parámetro. Bayer y Diaconis optaron por definir de
esta forma la aleatoriedad, porque les interesaba saber cómo el acto de
barajar podía afectar al juego en los casinos. La mayoría de los
crupieres de los casinos barajan entre dos y cuatro veces, totalmente
insuficiente. Pero el nuevo trabajo indica que con seis veces sí es
suficiente.

Para más información:
Página de “Proceedings of the Royal Society”
http://www.pubs.royalsoc.ac.uk/proc_maths/proc_maths.html
Página de “Nature Science Update”
http://helix.nature.com/nsu/001005/001005-8.html

                           ------------------

La Voz de Galicia http://www.lavozdegalicia.com/

LA CASA DE LAS CIENCIAS RINDE HOMENAJE AL NATURALISTA CORUÑÉS LÓPEZ
SEOANE
Por: Francisco Espiñeira – A Coruña

La exposición «El valor de una vocación» recrea el ambiente en el que
investigó el científico el siglo pasado

La Casa de las Ciencias inauguró ayer la exposición «El valor de una
vocación», con la que se pretende rendir homenaje a Víctor López Seoane,
uno de los naturalistas más destacados del pasado siglo en España. Para
ello, según Ramón Núñez, director del centro, «hemos huido de las
muestras tradicionales para introducir como novedad los olores, que
recrean el ambiente en el que trabajó Seoane», señaló Núñez. La Casa de
las Ciencias será durante un tiempo una fiel reproducción de un gabinete
de Historia Natural.

Los fondos donados por Víctor López Seoane a distintas instituciones
culturales coruñesas incluyen un total de 10.447 ejemplares. La
exposición cuenta con espacios especiales para 274 reptiles o 226 aves,
así como piedras, maderas, fósiles e infinidad de otras especies
naturales.
Ramón Núñez considera El valor de una vocación como «un ejercicio de
memoria obligado» que estaba pendiente para poder enseñar a la gente el
ambiente de trabajo en un laboratorio cualquiera de mediados del siglo
pasado.
Por eso, coincidiendo con el centenario de la muerte de López Seoane,
«se hace este pequeño homenaje a uno de los precursores de los museos de
historia natural, a un hombre que trabajaba por su ilusión en conocer
los secretos de un mundo por descubrir», según resaltó el director de la
Casa de las Ciencias.

Vocación de conocer

El comisario de la exposición, Francisco Armesto, encargado de ordenar
todo el material junto con Marcos Pérez, admitió que «lo que más me
llamó la atención fue precisamente la vocación de conocer su entorno que
tenía López Seoane», al tiempo que recordó su legado al identificar
especies desconocidas como la salamandra galaica o alguna especie de
batracio existente sólo en estos parajes.
Por eso, el espíritu general de El valor de una vocación es no sólo
evocar el legado del naturalista coruñés, sino también mostrar a todos
los visitantes el ambiente, los instrumentos y la metodología de trabajo
de los científicos del siglo XIX.

El concejal de Cultura del Ayuntamiento coruñés, José Luis Méndez, glosó
la importancia de la trayectoria vital y profesional de Víctor López
Seoane, no sólo en el ámbito científico, sino también en la vida social
y cultural coruñesa de su tiempo.
«Convivió con gente como Pardo Bazán o Manuel Murguía y eso los
enriqueció a todos», señaló el responsable de Cultura municipal.

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El país http://www.elpais.es/

DETECTIVES DE PRODUCTOS MARINOS
Por: Primitivo Carbajo – Vigo

En el mundo se comercializan como alimento unas 7.000 especies de
pescado, a las que hay que sumar ahora las transgénicas. Las hay de
todas las calidades y precios, y tienden a la confusión. El fraude
alimentario y comercial resulta relativamente sencillo, especialmente en
conservas y productos elaborados. En el Instituto de Investigaciones
Marinas de Vigo, los científicos han conseguido ya establecer la
identidad genética de 150 especies de interés comercial, con el objetivo
de que se conozcan e impedir las prácticas fraudulentas con las mismas.

Hasta ahora no hubo manera de comprobar el engaño más allá del buen ojo
o paladar subjetivos del consumidor. En el Instituto de Investigaciones
Marinas (IIM), del CSIC, están desarrollando algo así como la firma de
cada una de las especies de la fauna marina que llega al mercado para
atajar los fraudes al consumidor y la competencia desleal entre
empresas.

El objetivo, que será pronto obligación, es que todo producto marino se
venda con una etiqueta cumplida de datos y luego que exista la
posibilidad de que éstos, si dan mala espina, puedan ser contrastados
con rapidez en un laboratorio. No es lo mismo el atún (blanco, claro o
atún a secas) que la melva, la albacora, la bacoreta o el bonito, y no
digamos si es bonito del Norte. Todos son, sin embargo, túnidos, una
familia extensa de 20 especies, que a su vez se diferencian por los
mares que habitan, las migraciones que trazan, la época en que los
pescan. Hay túnidos, por ejemplo, que cruzan el Atlántico de un tirón y
llegan a las Azores exhaustos por abril. La travesía les deja sin pizca
de grasa, ni de gracia en la mesa. Tres meses después alcanzan la mejor
sazón.

El atún rollizo

Hace 20 años empezó a descubrirse en la industria conservera la
importación masiva desde mares remotos de especies de atún que se
vendían en España como el atún más rollizo de las Azores, pese a la peor
calidad y unos costes de producción significativamente menores. Los
propios fabricantes plantearon la necesidad de un método que permitiera
identificar las especies, como paso previo para autentificarlas en el
mercado, y ésta es la génesis de las investigaciones que ahora
desarrolla en Vigo el IIM.

En Escocia tenían un problema similar con el bacalao y el salmón, y
hasta allí se desplazó en 1987 Ricardo Pérez Martín, actual director del
IIM, para conocer cómo lo solventaban. "Intentaban detectar los fraudes
analizando las proteínas de los productos, pero las proteínas se
desnaturalizan en los procesos térmicos y tienden a confundir su origen
entre especies muy relacionadas", recuerda ahora Pérez Martín. La
alternativa la dio el ADN.

Entonces todavía no estaba perfeccionado, pero ahora sí, el método PCR,
que permite duplicar exponencialmente, en una secuenciación automática,
cualquier ADN. "La clave, en nuestro caso, era buscar un fragmento de
ADN que, por una parte, fuera igual en todos los individuos de la misma
especie y distinto al de otras especies semejantes, y por otra parte,
que resistiera los cambios, especialmente los térmicos, que se producen
durante el proceso industrial de la fabricación de conservas:
congelación, hervido... Nosotros hemos ido encontrando esos fragmentos
de ADN", explica el director del IIM.

Hasta hace tres años, nadie hubiera podido garantizar nada a propósito
de la autenticidad de un pescado. Ahora ya está registrada la identidad
genética de 20 grupos de túnidos, 10 de merlúcidos, de salmónidos, de
gádidos (bacalao, maruca, lirio...), de esturiones y de cefalópodos,
hasta centenar y medio de especies, en productos congelados,
precocinados, ahumados, salados y conservas.

Identificación

El procedimiento de autentificación consiste en buscar en el producto
que se somete a prueba el fragmento de ADN que se corresponde con el de
referencia, que se tiene desentrañado, y cotejar ambos. "Nosotros sólo
podemos garantizar que es o no es lo que se dice, y si no es, no podemos
identificar lo que es", dice Pérez Martín.

El Grupo de Autentificación de Productos Marinos del IIM lo forma un
equipo de 15 investigadores y ayudantes dirigidos por Ricardo Pérez
Martín y Carmen González Sotelo. Ha sido financiado (130 millones de
pesetas) por la Comisión Europea, el Plan Nacional de I+D y la Xunta de
Galicia, y trabaja en colaboración con otros institutos análogos de
Portugal, Alemania y Reino Unido, cuyo objetivo común es disponer, a la
vuelta de tres o cuatro años, del fragmento genético clave de todas las
especies que se comercializan en Europa, unas 500.

Después habrá que plantearse el mantenimiento y la utilidad de esos
descubrimientos. Lo natural apunta a la creación de un organismo que
centralice la información y atienda las consultas que puedan llegar
desde cualquier parte del mundo por correo electrónico. Bastará con
contrastar informáticamente la secuencia de ADN establecida para una
determinada especie y certificar, o no, su autenticidad. Pero será tarea
normativa de la Administración.

El agujero transgénico

Crecimiento rápido y resistencia a las enfermedades. Varias especies
piscícolas, como salmones y truchas, están siendo modificadas
genéticamente en piscifactorías con ese doble objetivo. En Estados
Unidos ya se ha logrado dotar a los salmones de una velocidad de
crecimiento cinco veces superior a la natural introduciendo en sus
huevos copias del gen de la hormona de crecimiento, y además se les
esteriliza, para impedir su mezcla con los naturales.

En el I Congreso Internacional de Autentificación de Productos Cárnicos
y Pesqueros, celebrado hace unas semanas en Vigo, científicos,
legisladores y empresarios coincidieron en señalar la necesidad de
etiquetar los productos transgénicos con toda la información precisa y
de especificar la cantidad de organismo transgénico que contienen los
alimentos. La toxicóloga Kryspin-Sorensen afirmó que no se han
constatado efectos dañinos de los mismos, pero subrayó: "Deben hacerse
exámenes más rigurosos". "La ingeniería genética nos ha metido en esta
situación, y será ella misma o la biología molecular la que nos dé las
respuestas", confió.

Hoy por hoy, sin embargo, no podría establecerse la autenticidad
transgénica de un pescado si previamente no se dispone de las
modificaciones de su ADN.

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PHILIP KLASS: CON 80 AÑOS Y AÚN DESVIRTUANDO A LOS OVNIS
(Titular original: un hijo de Iowa desvirtúa los OVNIs)

Philip Klass, octogenario, es un veterano periodista y un convencido
escéptico del tema OVNI. Klass, conocido como el "Sherlock Holmes de la
UFOlogía," ha consagrado la mayor parte de su vida profesional a la
labor de especialista en aeronáutica para la revista  Aviation Weekly
and Space Technology, pasando su tiempo libre desvirtuando a los
platillos volantes y otros asuntos relativos a las visitas espaciales.

Klass, de 80 años, creció en Iowa y se graduó en la Universidad del
Estado de Iowa en 1941. Trabajó para General Electrics como ingeniero
eléctrico durante 10 años antes de decidir que aquel no era el trabajo
de sus sueños. Fue entonces cuando vio el anuncio de Aviation Weekly.
En abril de 1953, escribió su primer informe OVNI para la revista.
"Nunca pensé que escribiría otro", dijo entonces.

En los años cincuenta, Klass comprendió que, mientras docenas de
personas defendían la existencia de los OVNIs, virtualmente nadie fue
calificado para tomar el punto de vista opuesto. Así, Klass, que estaba
soltero en aquel entonces, decidió tomar el desafío.

Klass escribía sobre OVNIs y los problemas extraterrestres en las
páginas de su Skeptics UFO Newsletter, una revista mensual de 300
lectores que empezó a editar en 1989.

Klass escribió seis libros sobre el tema, el más reciente, El Verdadero
encubrimiento del platillo estrellado en Roswell.
Roswell, N.M., caso que se remonta a julio de 1947, es uno de los casos
OVNIs más famosos. Klass dijo después que parecía muy raro que si un
ingenio extraterreno se había estrellado en Roswell, todos nos
hubiéramos olvidado de contárselo al presidente en Washington, D.C.

Su libro de 1989, Abducción OVNI: UN Juego Peligroso, prometía  $10,000
a cualquier víctima cuya abducción alienígena pudiera ser confirmada por
el FBI.

Klass afirma que hay organizaciones suficientes para los creyentes de
los OVNIs. Entre ellas está el millonario Instituto Nacional de la
Ciencia del Descubrimiento de Robert Bigelow. Joe Firmage, un experto
del software, puso dinero en "la Organización Internacional de la
Ciencia Espacial," destinada a la investigación UFOlógica.

El padre de Klass era un abogado en Cedar Rapids, y Klass le honra
enseñando "el celo del cruzado por mostrar lo que es “correcto”, en
contra de lo que pueda parecer por aclamación popular."
Sus padres permanecieron en Cedar Rapids hasta su muerte. Su madre
publicó su segundo libro, UFOs Explained, ampliamente considerado como
el mejor escrito sobre el tema.

Klass lleva casado 20 años con Nadya, quien escapó con su hijo de
Bulgaria en 1973.
En tributo a sus esfuerzos desvirtuando las teorías OVNI, Klass es
también uno de los dos únicos periodistas nombrados hijo adoptivo por un
Instituto de Ingeniería Eléctrica y Electrónica.
También ha ganado cinco veces el premio de la Asociación del Escritor de
Aviación y Espacio, y posee un asteroide con su nombre en su honor.

[Nota] *Historia de originalmente publicada por • The Des Moines
Register / IA | By Kenneth Pins - 3 de julio de 2000

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El país http://www.elpais.es/

EL RETRASO EN LOS PAGOS MINISTERIALES BLOQUEA LOS PROYECTOS DE CIENTOS
DE INVESTIGADORES
Por: Mónica Salomone – Madrid

Científicos denuncian una demora de seis meses que afecta a trabajos
sobre enfermedades humanas

El elogio de la investigación básica que a menudo realiza la ministra de
Ciencia y Tecnología, Anna Birulés, casa mal con los hechos. Decenas de
biólogos de distintas especialidades denuncian serios retrasos en la
financiación de sus proyectos, problema que amenaza con paralizar
investigaciones a menudo relacionadas con enfermedades humanas. La
situación más extrema afecta a varios centenares de grupos en áreas de
biomedicina, cuyos fondos debían haber llegado hace medio año. Algunos
investigadores lo atribuyen a recortes presupuestarios encubiertos;
otros, a la lentitud en montar el nuevo ministerio. Todos alertan contra
el "desmoronamiento de una estructura que empezaba a funcionar bien".
Fuentes del ministerio dicen que el retraso se debe a los cambios de
organización, e insisten en que la investigación básica se va a
potenciar.

La letanía se repite en un laboratorio tras otro: grupos cuyo proyecto
de investigación acabó hace meses y que no han recibido aún los fondos
del siguiente, ya evaluado y aprobado. Dicen subsistir con dinero de
otros proyectos aún en marcha, adelantado por su centro, o pedido en
préstamo a otros grupos. A menudo sus becarios trabajan sin cobrar, ya
que las becas y los contratos se asocian a los proyectos. Aldo González,
del Centro de Investigaciones Biológicas que pertenece al Consejo
Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dice que están
"estirando miserias".

Los científicos españoles obtienen financiación presentando proyectos a
diversas instituciones, sobre todo a la Administración central, que
dentro del plan nacional de I+D celebra una convocatoria anual para cada
área de investigación. Los proyectos se remiten a la Agencia Nacional de
Evaluación y Prospectiva (ANEP), que emite su dictamen gracias a una red
de evaluadores anónimos. El ministerio toma en cuenta esta opinión que
le lleva a decidir si da dinero a cada proyecto y qué cantidad. Las
convocatorias no debían tardar más de ocho meses en resolverse y solían
convocarse de forma que el plazo de resolución coincidiera con el final
del proyecto anterior -los proyectos del plan nacional duran tres años y
no pueden solaparse-.

Sin embargo, a principios del pasado verano, varios grupos denunciaron
que el sistema hacía aguas. Unos 400 proyectos del Programa de Salud y
de algunas áreas del de Promoción General del Conocimiento
(investigación básica) presentados en la convocatoria cerrada en
septiembre de 1999 aún no habían sido resueltos. En otras áreas de
ciencia básica de la misma convocatoria -que salía con meses de retraso-
ya se sabía el estado de las solicitudes, pero no cuándo se recibirían
los fondos.

Nuevo ministerio

Fuentes de Ciencia y Tecnología explicaron entonces que los retrasos se
debían a la puesta en marcha del nuevo ministerio, creado tras las
últimas elecciones generales y en cuya cúpula no se incluyó a los
autores del plan nacional de I+D 2000-2003 -los dirigentes de la
disuelta Oficina de Ciencia y Tecnología-. El ministerio dijo que las
convocatorias pendientes se resolverían antes del verano. Así fue: el 31
de julio se notificó a los solicitantes el estado de los proyectos. Pero
los fondos, que según muchos han sufrido apreciables recortes, siguen
sin llegar.

Los retrasos no afectan sólo a la convocatoria de septiembre de 1999. La
última convocatoria del plan nacional se cerró en mayo, cuando debía
haber salido a finales del año pasado. Se han presentado 4.500
proyectos, más de lo habitual, que la ANEP está evaluando. "Hubiera
debido quedar resuelta en julio, para tener el dinero en septiembre.
Pero, con suerte, se resolverá a finales de año", dice González.

Esta primavera no se admitieron solicitudes de las áreas pendientes de
la anterior convocatoria (las del Programa de Salud y del área de
biomedicina de Promoción General del Conocimiento), que entonces estaban
aún evaluándose. Los investigadores de esas áreas, según fuentes del
ministerio, deberán esperar a la próxima convocatoria para todas las
áreas, previsiblemente a finales de año. Para entonces habrán estado más
de un año sin poder presentar proyectos.

Muchos coinciden con la opinión de Isabel Varela, del Instituto de
Investigaciones Biomédicas: "La salida de una convocatoria se convierte
en un hecho impredecible, aleatorio. Es un sistema que se está
desmoronando. Se han hecho esfuerzos para crear una maquinaria bien
engrasada, con convocatorias que se resolvían en seis meses, con un
criterio para dar becas. Ahora no sabes cuándo van a salir ni las
convocatorias ni las becas, y la gente está desorientada y pide
proyectos a todo, le cuadre o no, por miedo a quedarse sin dinero".

Alberto Ferrús, del Instituto Cajal de Neurociencias (CSIC) cree que
"nunca tuvieron intención de resolver los proyectos pendientes" y que
"aún está por ver cuándo lo harán". Su último proyecto del Plan Nacional
acabó en mayo. Sabe desde julio que se le han concedido 30 millones de
pesetas -seis menos de los que solicitaba-, pero no cuándo los recibirá.

"Mendigando dinero"

"Me ha costado dos millones de pesetas mantener el laboratorio abierto,
dinero que no recuperaré nunca, porque el ministerio no contempla los
pagos retroactivos. Estamos literalmente mendigando dinero, y en estas
condiciones es imposible trabajar", dice.

En una carta remitida al ministerio el 29 septiembre con copia a
Birulés, Ferrús afirma: "Es evidente que ustedes no saben absolutamente
nada de cómo funciona un laboratorio de investigación y, a juzgar por
sus propias respuestas telefónicas, creen que la investigación se puede
parar cuando no hay financiación". En su opinión, el hecho de que las
áreas "a la cola" de los retrasos sean las de investigación básica
obedece al desinterés del ministerio por la ciencia básica.
Su situación es similar a la de Varela, que espera el dinero de un
proyecto cuya aprobación se le notificó en mayo. "Voy a pasar medio año
sin financiación", dice. Y teme que el descontrol suponga la vuelta a lo
que un colega suyo llama la era digital: "Cuando los proyectos se daban
a dedo".
También hay críticas sobre la tardanza del ministerio en explicar sus
intenciones. Las comparte Jesús Ávila, del Centro de Biología Molecular
(CSIC). Carlos Avendaño, presidente de la Sociedad Española de
Neurociencias, cree que el malestar no es sólo por los retrasos, sino en
general por el poco peso de la ciencia en España. Y le parece
"escandaloso que pase más de un año desde que se presenta el proyecto
hasta que llegan los fondos".

Fuentes de Ciencia y Tecnología explicaron de nuevo la semana pasada que
los retrasos se han debido a la reorganización del sistema y reiteraron
la importancia que se quiere dar a la ciencia básica. "Parte del aumento
de fondos para I+D que se ha anunciado serán para la ciencia básica, así
que los investigadores deberían estar contentos", dicen estas fuentes
oficiales, que piden "un poco de paciencia". Y afirman que los pagos se
están efectuando con normalidad.

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EL PESO MILITAR LASTRA EL PLAN NACIONAL DE INVESTIGACIÓN

El 1 de enero de este año arrancó el VI Plan Nacional de Investigación y
Desarrollo (que en esta edición recibió el añadido de Innovación) para
el periodo 2000-2003. Los objetivos, según el Gobierno, eran elevar el
nivel de la ciencia y la tecnología españolas, incrementar los recursos
humanos cualificados, aumentar la competitividad de las empresas,
mejorar la utilización de los resultados de I+D, fortalecer el proceso
de internacionalización de la ciencia y la tecnología españolas y
depurar el nivel de conocimientos científicos.

Sus previsiones presupuestarias para el año 2000 son de 508.120 millones
de pesetas, que incluyen 266.000 millones destinados en gran parte a
iniciar la construcción de equipos militares. Los restantes 239.000
millones son los que debían destinarse a financiar proyectos de
investigación, en gran parte afectados por los retrasos denunciados.

En cuanto al proyecto presupuestario para 2001, el gasto total propuesto
asciende a 571.000 millones, de los que 298.000 millones corresponden a
la partida de créditos sobre todo para la construcción de unidades de
Defensa (esencialmente las fragatas F-100, los aviones supersónicos de
combate EF-2000, los tanques Leopard y los aviones patrulla P-3 Orión).
También se incluyen en esta partida programas de desarrollo, de cuantía
comparativamente menor, del avión civil Airbus.

Pocos Investigadores

El número de investigadores en España es muy bajo en comparación con la
media europea, 3,3 por cada 1.000 habitantes. También es bajo el
porcentaje del producto interior bruto (PIB) destinado a investigación y
desarrollo, que no alcanza el 1% (1,17% si se incluyen los proyectos
militares). El objetivo del plan es alcanzar el 1,29% en 2003,
porcentaje del cual el 65,3% correspondería a la inversión privada. Es
decir, el Gobierno pretende que sea la inversión privada (ahora cercana
al 50%) la que financie el crecimiento de la ciencia española y la
acerque a la media europea, que supera el 2% del PIB.

El nuevo Plan Nacional se gestó en la Oficina de Ciencia y Tecnología
(OCYT), adscrita a Presidencia del Gobierno en el anterior Gabinete, que
dio paso tras las elecciones generales de 2000 al nuevo Ministerio de
Ciencia y Tecnología. Sin embargo, se produjo una ruptura en esta
reorganización ministerial, ya que el equipo de la OCYT, que había
gestado el plan, dirigido por Fernando Aldana, no pasó al nuevo
ministerio, ya que la titular, Anna Birulés, formó su propio equipo.